Rocinante. —Don Quijote, I.A.'hora ¿qué?
ROCINANTE
TEXTO DE MARÍA LUISA ORTEGA HERNÁNDEZ
En un lugar de la Tierra —de caballeros que antes era—, un aire seco cabalga, sin rumbo la Triste Figura, sonámbula. Por el campo desnudo, recordando sus andanzas, ahora polvo se respira, mas no «polvo enamorado»[1] —aquél que sostenía la esperanza de sus días—, sino pobre materia desnutrida, deshechos los amores que soñaban otra vida.
Ya se han ido las hayas, los romeros; —desterradas, no quedan más encinas. No hay arbustos que alimenten sus raíces de verduras, de promesas de retoños que llenaran de alegría. No se escuchan las sentencias de sus labios, las andanzas, correrías —tanta algarabía—, en su mente de libros día y noche, danzando, concurrida.
El
buen espectro contempla el paisaje desolado desde arriba. Casi ciego por el
clima, por la tala de la flora, por las máquinas altivas, Rocinante no ve que el
peligro se avecina; clavado en el borde, apenas lo adivina.
La Tierra grita, —se abre en un parto donde el verde ya agoniza—. Fórceps de hierro hace tiempo la dominan, controlan del génesis el delicado ciclo de sus lunas, largos lustros y centurias que de óxido sus venas fluviales contaminan. Baipases acuchillan la tierra firme, arrasan con el delicado ecosistema, invaden el sagrado centro, cortan el telar invisible que hamacaba el palpitar de sus orillas. Manglares vivos extirpan los mecanismos y la tierra suda angustia, sangra en oscuros borbotones de sus manos la avaricia. El plástico de violentas cirugías sigue socavando nuestros pasos, de Babel otra torre de datos conformando, pretendiendo controlar el espacio en la Tierra, hacia el cielo, hacia el Cielo códigos orando, portentosos signos elevando, macrodatos en cadenas, cegándonos.
En dispositivos ambulantes, el zumbido vacío de mensajeros reclamándonos, sintético abejorreo a la colmena sin reina convocando. (Conectados a máquinas que no cosen, a cochecitos que no andan, los peques casi ya no juegan; no ven los pocos parques que nos quedan; atrapados por la luz de la pantalla, azules sus pupilas, cabizbajos, apenas hablan de sus cuentos en la escuela).
Intubados Algoritmos, fríos ingenios, de hidalgos vacíos, de ojos que sueñen, que se vean en el silencio de noches de luna llena, sus raíces de verduras plenas abrazadas en marismas antiguas, misteriosas entretelas, Pachamama de amor, vasija de barro, soplo de vida nueva.
Yerma, la tierra se abre y exhala sus penas. A lo lejos y casi dormida, con el suave vaivén de su espuma, la mar quedita sobre la arena una nana susurra. En algún lugar de la Tierra, se escucha un limpio pentagrama de notas aladas, cante jondo de poesía, ojos que descubren secretos eternos, pies empapados de algas marinas, manos que sienten, que se tocan, que hacen castillos de palabras, de sonrisas y lamentos, de sutiles esperanzas que se riegan en campos de jazmines, pintando con el verde verde de su alma la pobre materia seca y desnutrida.
Don Quijote. —Rocinante, aparcero querido, despierta. Date la vuelta, sacúdete el polvo inerte. Recuérdame presente, «polvo enamorado», en otro mundo sintiente, y de tus lágrimas sin vendas nacerán margaritas al alba, nuevos versos de perlas, una pluma que hoy te escribe y el sabor de una flor que, elevada en el altar de tus sueños, eterna te sustente.[2]
NOTAS
[1] Francisco de Quevedo. «Amor constante, más allá de la muerte».
[2] Inspirado en el poema de Rubén Darío. «A Margarita Debayle».
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Dibujo:
F.C. (2026). Rocinante. —Don Quijote, I.A.'hora ¿qué? [Lápiz acuarela sobre papel, 22.86 x 30.48 cm].
Texto:
María Luisa Ortega Hernández, PhD, desde Chicago, Illinois, EE. UU.
María Luisa Ortega Hernández. Criolla e hispanounidense. Docente, poeta y traductora. Doctora en Literatura del Siglo de Oro y Colonial por la Universidad de Pensilvania. Profesora contratada doctora, Universidad DePaúl, Chicago. Comité editorial, Creating Knowledge, Universidad DePaúl. Colabora en el Certamen de Traducción de Poesía La Crátera de Ártemis, Universidad de Leeds, Inglaterra. Autora del poemario bilingüe Housed Under Glass / Tras paredes de cristal (2006). Arraigada en una belleza mística y en los derechos humanos, su voz ilumina espacios cerrados a la razón: «Entre nuestras preocupaciones, un canto a la vida» (2020), «Refranes que matan: hacia la concienciación social desde el aula» (2022), «Romería flamenca entre temblores, treguas y tiempos de guerra: cincuenta años del Ballet Español Lelia González en Nicaragua» (2023). Editora adjunta, traductora y coautora de la antología Chicago Mosaic (2023). Selección de poesía: Revista de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, vol. XI, n.º 21-22 (2023), pp. 317-18. Página web de la autora: https://www.conmarialuisa.com/index.html

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