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domingo, 2 de octubre de 2022

Entrevista a Fulgencio Martínez en El Post Antillano (25-9-2022, entrevista de W. Román Samot). /Ágora, octubre 2022/ actualidad literaria

 

Fulgencio Martínez López [nuestro entrevistado]

 El Post Antillano publicó el 25 de septiembre (2022) esta entrevista de Wilkins Román Samot a Fulgencio Martínez, a propósito de su última publicación, "La segunda persona".

La podéis leer en este enlace:

 https://elpostantillano.net/index.php?option=com_content&view=article&id=30701:fulgencio-martinez-lopez-nuestro-entrevistado&catid=293&Itemid=1002

lunes, 29 de noviembre de 2021

La poesía en su contexto. Reproducimos la entrevista a Fulgencio Martínez, autor de ""Línea de cumbres", publicada en la web de la editorial Adarve

La poesía en su contexto. Reproducimos la entrevista a Fulgencio Martínez, autor de Línea de cumbres, publicada en la web de la editorial Adarve. El libro salió el 30 de de enero de 2020 y su difusión fue dificultada por el inicio de la pandemia en España, en febrero y marzo de 2020.

Enlace a la entrada original:

https://editorialadarveblog.blogspot.com/2020/01/fulgencio-martinez-linea-de-cumbres.html

 

Entrevista a Fulgencio Martínez, autor de Línea de cumbres


El autor ( o FM) a orillas del padre Ebro, el río ibero, en Zaragoza



Con Línea de cumbres Fulgencio Martínez vuelve a la escena poética luego de algunos años de silencio.  Este poemario representa una especie de renacer para el poeta interior. Conoced más a través de esta entrevista.

 

 

Háblanos un poco de ti.

Me gustaría decir de mí que soy solo un poeta.
  
¿Qué podremos encontrar entre las páginas de Línea de cumbres?

Lo que yo he tratado de poner en el libro es esto que hay escrito en él: «Mi sentimiento y mi pensamiento más desnudo y sincero. Porque creo, con el poeta Miguel de Unamuno, que la poesía es una invitación a pensar el sentimiento y a sentir el pensamiento, y, con Jorge Guillén, que la poesía es el poema, la rosa escrita».

¿En qué ingrediente reside la fuerza de este libro?

 

Como digo en la nota que precede a Línea de cumbres, hay en este libro un centro que no soy yo, mi yo común y lógico. Espero que al buen lector le sorprenda, como a mí, su respiración, su temblor, ese desafío a la razón y a las razones lógicas a las que nos vemos impulsados cuando tratamos de mirar dentro de nosotros con sinceridad.

La poesía está viviendo un renacer muy exitoso, sobre todo entre la juventud. ¿Cómo percibes esta nueva poesía?

El año pasado publiqué una antología de poetas españoles actuales, que se llama La escritura plural (Ars poética, Oviedo, 2019). Creo, en efecto, que vivimos un buen momento para la escritura poética, pero también hay que estar prevenidos contra la trivialidad y el «todo vale».

¿Qué quieres transmitir a través de este libro?

Este libro, en concreto, viene después de una etapa de silencio, y tras otra etapa anterior en que me interesó más la poesía cívica y la denuncia social. Con este libro vuelvo a mis sendas perdidas, a estar en la soledad conmigo y a veces sin mí siquiera.

¿Cuáles son tus referentes literarios?

Muchos autores, pero sobre todo César Vallejo, Antonio Machado, y no españoles, T.S. Eliot y Hölderlin.

 

¿Cuál fue el último libro que leíste? ¿Por qué lo elegiste?

Uno de César Vallejo: Antología poética. (Alianza Ed Prólogo y selección de José Miguel Oviedo). Lo he leído para revivir el Vallejo que me influyó tanto en mis años formativos como poeta, allá en la primera juventud.

¿Por qué crees que nuestros lectores debiesen leer tu libro?

La poesía es el género con menos lectores, ¿no? Sin embargo, a veces me siento, una hora, con un buen libro de versos y me olvido del mundo y de mis problemas. Conviene, por salud, leer poesía.

Y ahora qué, ¿algún nuevo proyecto?

Tras este libro no he vuelto a escribir poesía. La necesidad de escribirla es algo incontrolable e impredecible. Mientras tanto, quiero reunir en un libro mis ensayos y artículos de crítica literaria. Y, a lo mejor, reanudo la publicación de la revista Ágora-Papeles de Arte Gramático, o emprendo un nuevo proyecto de publicación periódica.

 

 Ed. Adarve (Madrid, 2020)

 ISBN:  978-84-18097-58-4

Número de páginas: 118

Formato: 150×230
Autor: Fulgencio Martínez 


Sinopsis: 

Esta obra incide en la apuesta del autor por una poesía reflexiva, dialógica, de tono coloquial a veces y siempre fruto de un arte depurado en la presentación del sentimiento metafísico y lírico, que al poeta le dicta su propia condición de hombre. Influido por el alemán Hölderlin, el libro nos lleva, como lectores, a ser partícipes de una conversación sobre las cosas que de verdad importan. La poesía se reivindica, así, como ese «mientras» del diálogo sin finalidad y de la escucha poética, como un espacio de tiempo real salvado del mundo de los datos impostores e invasores. De este modo, Fulgencio Martínez retoma la comunicación de su mundo poético, tras cinco años de silencio, y da un giro desde sus preocupaciones de poeta cívico hacia los dominios del misterio y la honda rebelión que entraña la poesía.
 
 
 
                PRIMER POEMA DEL LIBRO


 
APRENDIENDO LAS REGLAS DE LA CASA
 

N
o tienes obligación de sorprender,
 
solo de agarrarte, fielmente,

a un ritmo inexperto

esperando que la inquietud

retorne, a su hora,

con la cuchilla más fina.

                                         Sin otro

afán (como cuando niño subías,

pálido, en el vértigo de la noria)

ni otra excusa que medir tus brazos

con lo inasible.
 
                           Recuerda que, entonces,
 
canturrear o decir
 
unas palabras en voz alta,

alejaban el miedo.

N
o tienes obligación de sorprender.

N
ecesario es hablar por los otros

que cayeron, por una escala

de grises, en lo negro.
 
La suma predecible o el azar
 
de su resultado incierto, eres tú:

la conciencia de este instante

que huye y que tratas de apresar

con la palabra.

                        Deja, recién llegado,

deja que el aire te instruya

en las reglas de la casa.



martes, 29 de septiembre de 2020

Entrevista a Fulgencio Martínez. Por Ada Soriano y José Luis Zerón Huguet. Publicada en www.lasnuevemusas.com/ septiembre 2020

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 https://www.lasnuevemusas.com/fulgencio-martinez/

 

En el enlace de arriba, pueden  leer una entrevista, que firman los poetas Ada Soriano y José Luis Zerón Huguet, al escritor Fulgencio Martínez, director de la revista Ágora. La entrevista fue realizada a mediados de septiembre de 2020 y publicada en la página Las nueve Musas. Trata sobre la filosofía poética del autor y sobre dos de sus libros, de reciente publicación; uno de poesía, Línea de cumbres (ed. Adarve, Madrid, febrero 2020) y otro de narraciones breves: El taxidermista y otros del estilo. (Diego Marín editor, 2019).

lunes, 2 de diciembre de 2019

Entrevista de Fulgencio Martínez en 2014, precedida de nota autocrítica / Ágora digital/ textos de mano





ENTREVISTA DE FULGENCIO MARTÍNEZ EN 2014, PRECEDIDA DE NOTA AUTOCRÍTICA EN 2019  
(Respuestas del poeta y editor Fulgencio Martínez al Cuestionario de Nieves B. Jiménez para una reportaje en La opinión de Murcia. 22 de julio 2014) (1)


(1) Hoy (1.12.2019), no me fiaría tanto de un modelo de zapato italiano, ni de ningún modelo teórico; tampoco me creería más joven de lo que me dicen los años, he aprendido que a cierta edad adulta la ira no le convierte a uno en un joven airado,  que esa es una aleación que solo funciona en los años post-adolescentes. A cambio de un corto desengaño he notado que pienso y siento con menos prejuicios.






Fulgencio Martínez. Puebla de Soto, 1960. - profesor de instituto y Editor.  Enseño Filosofía. “Enseña a niños y aprenderás a tener miedo”,  escribí una vez.  No me quiero plantear, en serio, qué futuro les espera, ni en qué les estamos preparando. Sufro de hipergrafía, de una necesidad convulsa de escribir casi a todas horas…  Estoy casado con Soledad Inglés Saura, y la amo, la amo.

TRAYECTORIA
Salí de la huerta de Murcia para estudiar en Madrid, cuando tenía 18 años. Me becaron los jesuitas en la Universidad Pontificia de Comillas, en Cantoblanco.  También una beca de estancia en el campus de Comillas. Pero yo tenía en la cabeza los pájaros de ser escritor. Busqué una pensión en el centro de Madrid. En esos tiempos, finales de los 70, aún no había comenzado la movida madrileña... Dejé Comillas y los jesuitas, y me matriculé en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad Autónoma. Luego me saqué las Oposiciones de Filosofía, en 1984. Entonces creía que ya era funcionario del Estado, de carrera… ahora, y desde que nos nacionalizaron las autonomías, somos un poco menos funcionarios. Luego hice turismo pedagógico, por Aínsa, Arganda (en Madrid), Mahón, Huesca, y de ahí volví a Murcia un día en que me dio un aire. 

He publicado varios libros de poemas, Cancionero y rimas burlescas, en la editorial Renacimiento de Sevilla, El año de la lentitud, editado por Huerga y Fierro, en Madrid…En 1998, fundé el Taller de Arte Gramático, que mereció el Laurel de Cultura de la Asociación de la Prensa. Fundé también la revista Ágora- Papeles de Arte Gramático. Como se podía prever, tarde o temprano no encontró apoyo y las actividades que hacíamos en la Biblioteca Regional para ganarnos el pan de la revista, fueron suspendidas por el Sobrino. No le gustaban los poetas de izquierdas. Pero ahí seguimos. Sacamos un monográfico dedicado a la escritora Dionisia García a finales del año pasado. Ahora vamos a sacar una antología actual de poesía española, con la nueva editorial Alacena Roja, que lleva Luisa Navarrete en Ceutí.(2) “Escribir en España es llorar”, dijo Larra. Publicar es una heroicidad. Estos años he sacado tiempo para hacer colaboraciones, con artículos de opinión en prensa, también para sacarme un máster de Filosofía y completar la carrera de Filología Hispánica, que siempre soñé hacer
(2) La antología citada aparecería por fin en enero de 2019, en la editorial Ars Poetica, de Oviedo, con el título: La escritura plural. Antología actual de poesía española.




-Tu ADN murciano... 
Hay una foto fija de mi memoria infantil: un niño en medio de un bancal de panizo mira pasar el tren…Una nostalgia de distancias y horizontes abiertos, como la que sentiría un survietnamita en su aldea de la jungla. Mi Murcia aún es esa aldea, incluso después de ser bombardeada de napalm.
-Tus días libres  los llenas de... 
Me gusta ir de vez en cuando a Madrid, en tren, para sentirme viajero y volver a Murcia.
-Estás muy unido a... 
Al olor de la lluvia y la tierra mojada en septiembre y a la membrilla de temporada, carnosa, agridulce y apetecible.

-Necesitas acudir siempre que puedes a... 
A la casa de Miguel Hernández, en Orihuela: es mi Santuario de la Fuensanta; esa humilde casa  del poeta, hoy convertida en Museo, es el centro espiritual de Murcia. Tendríamos que reivindicarla a pesar de la frontera interprovincial, o conseguir que se la declarase patrimonio de todas las culturas, como es la ciudad de Jerusalem para cristianos, musulmanes y judíos.

-El último regalo que has recibido y especial ilusión... 
Han sido dos: un vino francés que mi hija Beatriz me trajo de su escapada a París con un amigo; y un consejo que he leído en Antonio Machado: “Nunca traces tu frontera / ni cuides de tu perfil;/ todo eso es cosa de fuera”.  Con un regalo así, espero sobrevivir a las redes sociales y a la muerte, incluso. No viviré con lujo extrínseco, sino cada día haré de mi propia compañía una fiesta lujosa.
-¿Cuál ha sido tu última compra? 
Aunque fue hace unos cuantos años, fue mi última compra: Me compré en el rastro de Madrid un coche de segunda mano; a la semana, me avisaron de que estaba requisado por la policía el vehículo. Desde entonces no voy nunca solo a comprar. 

-¿Eres fiel a una marca de ropa o al estilo de un diseñador porque te queda mejor, eliges siempre unos zapatos porque nunca te fallan?

Me gusta mucho el zapato italiano, en chico. Hace unos meses tuve el honor de conocer a Gianni Vattimo, el filósofo italiano que inventó el pensamiento débil y lo posmoderno. Paseamos por unas calles en la Ciudad Universitaria de la Complutense de Madrid. Íbamos en un momento dado andando de prisa porque apretaba el calor, no encontrábamos taxi y queríamos llegar a la Avenida del pintor Rosales a un restaurante. Me fijé en los preciosos zapatos del filósofo turinés, elegantes, sabios, resistentes a la desorientación y al tráfico intempestivo. Paramos ante un semáforo y reflexioné, para mí: he de fiarme siempre en unos “escarpe” italianos.
- ¿Cómo está afectando la crisis a la cultura? 
La crisis y el elevado IVA a la cultura están haciendo que seamos secuestrados por los programas de televisión para ver cada vez un mayor tiempo de anuncios. Los locales, como cines o teatros, céntricos, en las grandes o pequeñas ciudades, son víctimas de la caza inmobiliaria por las empresas capitalistas de siempre. Los niños no reciben becas de estudio, a los universitarios les suben la tasa de matrícula, he sabido que incluso han debido pagar mis alumnos 150 euros de derechos de examen de selectividad. Un fiasco.
Yo creo que todo esto de los malos tiempos para la cultura afecta incluso al amor, y  a las relaciones íntimas. Cada día hay menos imaginación disponible, libre, o sea, no encauzada por el consumo; de ahí, creo, una de las posibles causas del descenso de la natalidad en España (y en Europa, hay que decirlo también). Y a más descenso de la población habrá menos base para el fondo de las pensiones de los que trabajamos ahora.
Todo empieza, ves, por la cultura. Si el señor Wert supiera esto…
-La experiencia en tu profesión... 
Soy profesor de instituto.  Enseño Filosofía. “Enseña a niños y aprenderás a tener miedo”,  escribí una vez.  No me quiero plantear, en serio, qué futuro les espera, ni en qué les estamos preparando. Ahora, todavía saben decir “pijo”, mañana cuando todos bilingüen en inglés, ni eso.  

-¿Eres de costumbres? 
Mi hábito más raro y constante es tomar la cerveza en el aperitivo, con o sin platito de aceitunas. Pero me gusta especialmente tomarla cuando llego a casa. Saboreo ese momento, mentalmente, ya desde la once de la mañana. Tenía yo una compañera mallorquina, cuando estuve destinado en el instituto de Mahón, en Menorca, que, siendo ella rica, de familia, y esposa del capitán general, era profesora de literatura y solía decir que ella trabajaba para ganarse el aperitivo. Esa sensación del deber cumplido, de haberse ganado ese pequeño lujo del aperitivo, me acompaña siempre. Aunque hoy es casi una injuria decirlo, ante tanto paro, “el trabajo interrumpe las vacaciones”, suelo decir yo. 
-¿Te encanta el mar o la montaña? 
Me gusta el mar y la montaña. He vivido en el Pirineo de Huesca, en el pueblecito de Aínsa, y sé lo que es sentirse protegido por la montaña. Una sensación  inolvidable, entonces se me hacía raro estar en tierra llana. Pero el mar es mi infancia, las excursiones a Mazarrón en autobús, con un chusco que nos daban durante el viaje, y a la Torre de la Horadada, cuando había una gran franja de arena en la playa. Recuerdo que mi madre tenía que correr a buscarme, al caer la tarde, para meterme en el autobús que arrancaba sin el niño.
- Un olor en especial, perfumes cítricos, maderas...césped...lluvia... 
Mi olor preferido es el tabaco, mi mejor recuerdo es cuando iba al estanco de La Puebla, donde viví mi infancia en casa de mi abuela; allí, al entrar, se notaba un olor sagrado de tabacos holandeses.
-¿Qué contiene tu bolso de viaje (material o inmaterial)? 
Llevo siempre una novela de Baroja y si viajo al extranjero, una novela de Baroja y un diccionario del idioma de los nativos que visito. ¿Sabes que Baroja le llamaba a Londres “la ciudad de la niebla? Solo le gustaba pasear por los muelles y dársenas del Támesis.
Una vez, la primera vez que fui a Londres, me llevó mi mujer Soledad. Yo la convencí, primero, de que iríamos antes a Bilbao, luego, a Londres. Por cuestión de vuelos, conseguimos un billete de bajo coste a Londres ¡desde Vitoria! Vitoria tiene un bellísimo y coqueto aeropuerto, muy práctico, nada como ese que pretendía hacer Valcárcel (ex presidente de la Comunidad autonóma de Murcia, por el PP) con mi dinero y el tuyo. Desde Vitoria se salta a Londres en un pispás. Esperando la hora de salida en la sala del aeropuerto de Vitoria-Gasteiz escuché comentar a una señora de mediana edad (podía pasar por una ama de casa) que iba a Londres a inspeccionar su negocio de lavandería automática. Hay que tener ese espíritu para que sea rentable un aeropuerto, a una media hora de Londres, claro. En fin, que desde Vitoria llegué a Bilbao, a tiempo de entrar en un bar que estaba a punto de cerrar y de hecho ya no servían platos de cocina. No me arredré ante la insistencia del Patxi de que estaba cerrada la cocina, y le dije si me podía preparar un tomate partío. Me miró el de la barra como si no supiera nada y no me lo quiso servir, pero a cambio, me obligó a tomar un queso camembert increíblemente delicioso. ¡Estos vascos! ¿No sabrán ellos bien lo que es un tomate partío? Pero no les da la gana, no, señor. De ahí llegué, al fin, a Londres, era verano y el Londres más caluroso de las últimas décadas. En los hoteles londinenses no hay costumbre del aire acondicionado. En fin, que la ciudad de la niebla se me vino abajo. Años después volví y reconocí el Londres de Baroja.

-¿Llevas algo especial contigo, que te da fuerza especial? 
Llevo en la cartera una foto de mi hija de pequeña; es un punto invencible.

-La buena educación, el buen gusto, ¿qué es para ti? 
La buena educación, cuando es sincera y no es “kinismo”, de formas hipócritas, es esencial, creo yo. Y el buen gusto nos hace humanos entre los humanos; a mí, el buen gusto me abre mucho el apetito.

-Restaurantes o bares de Murcia y de fuera que tengan un sabor y un recuerdo especial , platos inolvidables... 
No lo dudo: un bocadillo de calamares con tomate en Los Zagales, con un bolito de cerveza. De estudiante iba mucho por ahí. Ver el bocadillo mojado de salsa de tomate, apretarlo sin que escape el solitario trozo de calamar, y llevarlo a la boca leyendo las glorias deportivas en los recortes de periódico en la pared del bar… Era la gloria. Ya apuntaba, por cierto, maneras yo en lo del deporte: soy, como muchos españoles, un aficionado al deporte que hacen otros.

- ¿Qué tipo de libros o autores sueles leer más? ¿Dedicas diariamente tiempo a escribir? 
Leo, sobre todo, poesía: Lo último, una antología de nuestro poeta Eloy Sánchez Rosillo, en la editorial Cátedra. Me gustan poetas que he tenido la suerte de conocer en Murcia, como Eloy, Dionisia García, Andrés Salom, el maestro, que vive retirado en una lujosa residencia de señoritas que atienden a ancianos. Y a rachas, según la estación del año y las condiciones anímicas y climáticas ambientales, agarro el teclado del ordenador y escribo… de todo, versos, artículos, cuentos, aforismos. Sufro de hipergrafía, de una necesidad convulsa de escribir casi a todas horas… Pero, por suerte (mía y del lector), como dije, solo por temporadas.

-¿Has descubierto algo últimamente que recomendarías y a lo que te has aficionado (un deporte, una web, algo artesanal, etc)? 
Lo que he descubierto últimamente es que no es tan fácil como creía preparar y aliñar unas olivas partidas; cómo les quitas ese gusto amargo que se les queda… y se puede, sí.

-¿Qué museos recomiendas? 
Me gustan los museos pequeños, como el de Sorolla en Madrid, con acceso al jardín familiar y al patio moruno interior, donde puedes echar un cigarrillo, después de ver un rato los cuadros con atención. No me gustan esas maratonianas sesiones de visitante, apenas contemplador, de exposiciones multifavoritas, aunque paso un par de veces al año por el Prado y el Reina Sofía.
-¿Manías? 
Ser radical en todo y no soportar la injusticia. Me llevo las manos a la cabeza cuando veo pasar por la calle a un cura o a un gato negro.

- Tu música... 
Me muero por la ópera y por algunas zarzuelas. Pavarotti y Frank Sinatra son mis músicos de cámara.
-Una escena de cine que te encante por algo, te refleja en ti o algún recuerdo especial...
De una película “Paseo por el amor y la muerte” (de John Huston, con su hija Angeline de actriz principal). En la Edad Media, cierran las facultades universitarias en La Sorbona de París, un joven estudiante decide recorrer Francia para ver el mar por primera vez. Encuentra el amor de Angeline Huston, una dama cuyo castillo había sido incendiado.
- ¿Qué o quién te motivó para tu profesión? 
¿La verdad? Lo que más me motiva es la mala conciencia de no hacer bastante por el futuro de este país llamado España y por los que vendrán a ser hombres del mañana. Simpatizo con Podemos, que ha sabido recuperar la ilusión política y ciudadana de mi generación (la de los 50, biográficamente me refiero) y la ilusión de los jóvenes.

-Tu inspiración.... 
El amor es siempre la fuente. Fíjate que no es el amor que nos deben ni el amor que los demás nos tengan, mucho o poco, eso no es lo que importa. Es el que nosotros damos. Solo se madura cuando empieza a importarnos el amor que tenemos para dar y el que damos de verdad. En esa balanza se juega la realización y la felicidad, y claro que mantener viva la fuente del amor es lo mismo que nos inspira. Y esto nada que ver con Gala ni Paulo Coelho; no hay comercio en lo que digo. Es un test para uno, una cuenta que uno solo ha de saldar; si tiene y da mucho o poco amor a los demás. Se deja de ser inmaduro cuando se deja de esperar siempre que nos amen los otros, y empieza uno a mirarse si uno ama a alguien o algo. Yo, en las temporadas en que caigo en la decepción de que no amo a una persona, me aferro al amor a la poesía y al arte. También eso es importante, y, como antes decía, la cultura es necesaria por muchas cosas, pero sobre todo para mantener una reserva de amor. Nadie que ame la cultura puede querer la destrucción del mundo.



-¿Podrías resumir en una cuartilla tu trayectoria personal y profesional? 
Yo salí de la huerta de Murcia para estudiar en Madrid, cuando tenía 18 años. Me becaron los estudios los jesuitas en la Universidad Pontificia de Comillas, en Cantoblanco. Me ofrecieron beca también de estancia en el campus de Comillas, a unos 20 kilómetros de Madrid. Pero yo tenía en la cabeza los pájaros de ser escritor, y de llegar a triunfar en los ambientes literarios, como había leído en los libros de Francisco Umbral

Lo más importante para el joven escritor recién aterrizado es encontrar una buena pensión. Así lo hice y me busqué una en pleno centro de Madrid (abandoné el campus de Comillas); me instalé en la calle Relatores, entre Atocha y el Rastro. En esos tiempos, finales de los 70, aun no había comenzado la movida madrileña ni se había puesto de moda comprarse un ático restaurado en una sucia calle del centro. En Relatores vivió un tiempo Joaquín Sabina. Yo estuve medio año en esa pensión, para viajeros y estables, con derecho a comida y cena y a habitación con dos camas, la libre ocupada por algún viajero ocasional. Recuerdo que uno era policía secreta y le acompañaba a desayunar en un bar que estaba esquina con el bar Las Bravas. Juro que vi una vez que extendía el periódico frente a sí y sostenía una pistola a este lado de las páginas. Como en las películas… Cuando le pregunté con un gesto de sorpresa, me dijo, por lo bajo, “estoy espiando a ese”. De vecinos de balcón, en otra habitación de la pensión, vivía una pareja muy joven, de mi edad aproximadamente, que hacían un número sexy en un club de la plaza Benavente. Me pasaron una tarde un porro por el lado del balcón y me invitaron a verlos actuar esa noche. Esa era otra, hambre de literatura y de gloria, pero más que nada, de hembra… a esas edades, vírgenes, hablamos de otrora. 

Desde el Ateneo, que estaba cerca, estudié la carrera, casi sin ir a clase (dejé Comillas y los jesuitas, y me matriculé en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad Autónoma, que también estaba lejitos del centro de Madrid, vaya). Luego me saqué las Oposiciones de Filosofía, en 1984. Entonces yo creía que ya era funcionario del Estado, de carrera… ahora, y desde que nos nacionalizaron las autonomías, somos un poco menos funcionarios. Trabajadores de la enseñanza, dicen los sindicatos del ramo. Yo reivindico mi condición peleada y ganada (a costa también de mucho sacrificio y dinero de mis padres) de ser funcionario del Estado español. Un funcionario napoleónico, no uno de estos autonómicos y cuasifuncionarios. 

Luego hice turismo pedagógico, por Aínsa, Arganda (en Madrid), Mahón, Huesca, y de ahí volví a Murcia un día en que me dio un aire.
He publicado varios libros de poemas, el más reciente ha salido el pasado mes de junio: Cancionero y rimas burlescas, publicado en la editorial Renacimiento de Sevilla. En 2013 publiqué El año de la lentitud. La poesía es siempre una bomba que explota con mucho retraso, pero explota. No escribo libros para pasar el rato ni yo ni el lector.


En 1998, fundé en Murcia el Taller de Arte Gramático, que se dedicó durante diez años a difundir la cultura y mereció el Laurel de Cultura de la Asociación de la Prensa. Lo recibí, en nombre de la asociación, en el centro cultural de Torre Pacheco. Agradecí, en mi discurso, que allí hubiera personas, pues por el camino solo había encontrado grúas y campo roto. Se enfadó mucho un cierto señor de unos negocios de especulación inmobiliaria, y no quiso hacerse foto conmigo, siendo su obligación como fuerza viva y anfitrión. El ex concejal de Cultura de Murcia, Antonio Barnés, me echó un capote y templó a la fiera que se sintió aludida, total por una observación poética que hice… Ay, Jesús, qué habrá sido, desde entonces hasta hoy, de todos esos buenos ladrones. 
Monográfico en homenaje a Miguel Hernández

Monográfico dedicado a Luis Alberto de Cuenca


Fundé también la revista Ágora-Papeles de Arte Gramático (cf. Portal del Hispanismo: https://hispanismo.cervantes.es/publicaciones/agora-papeles-arte-gramatico-0 ). La revista, como se podía prever, tarde o temprano no encontró apoyo y las actividades que hacíamos en la Biblioteca Regional para ganarnos el pan de la revista, fueron suspendidas por el Sobrino (se refiere al consejero de Cultura y sobrino del ex presidente Valcárcel). No le gustaban los poetas de izquierdas, pero lo que me dejó estupefacto fue oir a su Director de Cultura, que hoy escribe en este periódico, que tampoco les gustaba Sabina. (Lo había llevado al Archivo Regional, como poeta, junto a Benjamín Prado). “Si tu me traes a Sabina yo invito a Pío Moa”, me sentenció el Director. No quería seguir yo la apuesta: se me pasó seguirla, pero no; ¿o sí? Y fue sí.
“Y si yo invito a Ángel González (vivía este poeta aún), tú a Federico Losantos”; y así… 

La revista ha continuado hasta hoy, con la módica aportación de los lectores y de su editor, yo. Sacamos un monográfico dedicado a la escritora Dionisia García a finales del año pasado. Y ahora vamos a sacar una antología actual de poesía española, con la nueva editorial Alacena Roja, que lleva Luisa Navarrete en Ceutí. “Escribir en España es llorar”, dijo Larra. Publicar es una heroicidad, una tragedia griega. 

Estos años he sacado tiempo para hacer colaboraciones, con artículos de opinión, en este periódico, La Opinión, y antes en La Verdad; también para sacarme, por la UNED, un máster de Filosofía y completar la carrera de Filología Hispánica, que siempre soñé hacer, aunque me decidí de joven por la Filosofía. 

Estoy casado con Soledad Inglés Saura, y la amo, la amo.




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