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jueves, 9 de julio de 2026

PENSAMIENTOS Y PALABRAS. Por Francisco Javier Díez de Revenga (Sobre "Elucubraciones", de Ginés Aniorte). Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 41. Nueva Col. Verano 2026 (Número doble 40-41) / Bibliotheca Grammatica / Ensayo / Bibliotheca Francisco Javier Díez de Revenga

 

 


 

PENSAMIENTOS Y PALABRAS

  

Por Francisco Javier Díez de Revenga

 

Ginés Aniorte (Murcia, 1960) une a su ya larga trayectoria de escritor y poeta de referencia, una nueva muestra de su producción insólita pero penetrante y sincera. Su nuevo libro se titula Elucubraciones, y lo publica Renacimiento en Sevilla en su colección Los Cuatro Vientos, con el subtítulo bien sugerente de Y otros pensamientos con más o menos fuste. Lo que ofrece al lector ahora Aniorte es una serie de 90 prosas breves y un epílogo titulado Del viento, en el que nuestro escritor, rompiendo el mantenido esquema de las 90 sucintas reflexiones, se extiende en una explicación autobiográfica sobre las inquietudes que han acompañado a su existencia en los últimos años, tras una ruptura y unas pérdidas familiares íntimas, cercanas y dolorosas. Todas ellas han influido en su manera de ser y de vivir hasta convertirlo en un escritor trashumante en busca de un espacio en el que entender los avatares de su existencia en el inicio de la posmadurez. Si este capítulo conclusivo y final es revelador de realidades, poco o nada tiene que ver con lo que ha ocurrido en las 90 reflexiones que le preceden y que el lector ha podido leer y con sus palabras reflexionar sobre el mundo y sobre la vida, sobre el destino y sobre la muerte, sobre la palabra y la creación literaria, e incluso sobre el sentido de la poesía en nuestro mundo. Porque este prosista sintético y distendido en ningún momento ha renunciado en sus cavilaciones a su intrínseca condición de poeta con una obra dilatada, consagrada y hecha.

Estas reflexiones atraen sin duda al lector porque son tan impulsivas como directas, libres y espontáneas, que surgen a partir de un motivo inicial que se desarrolla y desenvuelve entre otros reclamos para llegar a determinada conclusión. Todo perfectamente ordenado, con una prosa directa y limpia, con un dominio perfecto de la palabra creadora y sugerente, pero en todo caso precisa e incisiva. Son las virtudes del estilo y de idioma de un escritor que ya había demostrado tales cualidades y dotes en sus libros anteriores.

Interesan todos estos textos porque desarrollan pensamientos personales y propios que pueden afectar a cualquiera y en eso basan su máximo y mantenido interés a través de 90 estancias, nada menos. Con toda intención se han presentado como elucubraciones, y la cita del diccionario académico encabeza el volumen para recordar lo que en verdad una elucubración es una divagación sin mucho fundamento, imaginativa y con apariencia de profundidad. Si irónico parece el diccionario en su definición, acierta plenamente en lo que al contenido de este volumen se refiere, porque en efecto las 90 reflexiones, desde una aparente banalidad, intensifican inquietudes que van sucediéndose en cadena, una tras otra…

En este contexto destacan, como no podía ser de otro modo, en un escritor apasionado de la palabra y creador de la poesía, sus preocupaciones sobre el hecho de escribir. Y desde luego más enigmático aun cuando se interroga directamente por qué escribe poesía cuando el mundo ignora la poesía. La intención de expresar algunas ideas, de ofrecer a través de la palabra un lenguaje creativo que sea capaz de detener el tiempo y ver las cosas con más claridad pueden ser algunos de los objetivos confesados en esta repentina autopoética contenida en páginas centrales del volumen. Y las reflexiones sobre la escritura van mucho más allá y entran en los misteriosos espacios de la imaginación y de la ficción. Cuando la ficción muestra su luz al escritor, este confiesa que le ciega, pero no la luz, sino la verdad de esa ficción.

Algo absolutamente definidor del propósito de este libro es la revelación de la presencia del autor es su obra. Ginés Aniorte había demostrado, en algún libro anterior, su pasión por la palabra, y por lo que la palabra representa con su significante y su significado. Ahora se plantea con claridad que las palabras en este libro lo están delatando y transmiten propósitos que ni él mismo sabía que anidaban en su pensamiento o en su corazón. En realidad, cuando escribe estas palabras tal como confiesa, se está descubriendo. Pero ese es en definitiva el destino de un escritor de raza, que sabe muy bien que las palabras no solo descubren, sino que además crean mundos y permanecen sobre el tiempo, aunque esas palabras sean sencillamente revelaciones de pensamientos y de inquietudes que residen en el interior del alma. Y con esos pensamientos, la propia vida, con su mantenida autobiografía, en la que también están con su imagen indeleble los suyos, los familiares que forjaron su mundo, en el que el poeta inició y fue viviendo su propia existencia.

 

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El artículo de Francisco Javier Díez de Revenga "Pensamientos y palabras" se publicó en el periódico La Opinión el lunes 6 de julio de 2026. Lo reproducimos por cortesía de su autor. 

 

 

Para conocer más sobre el libro de Ginés Aniorte "Elucubraciones", en página de editorial Renacimiento:

 https://www.editorialrenacimiento.com/los-cuatro-vientos/3414-elucubraciones.html

 

 

 

 

Francisco Javier Díez de Revenga es Catedrático emérito de Literatura en la Universidad de Murcia. Escritor, ensayista, autor de libros de referencia sobre Miguel Hernández, Carmen Conde, Azorín, y sobre la Generación del 27. Publica semanalmente un comentario sobre libros de actualidad en el periódico La Opinión, de Murcia.

lunes, 23 de junio de 2025

"Hojarasca", de Ginés Aniorte (La Fea Burguesía, 2025). Por José Luis Martínez Valero. ÁGORA-PAPELES DE ARTE GRAMÁTICO N. 33. Nueva Col. Verano 2025 / Bibliotheca Grammatica / Poesía / Novedades




                                                             HOJARASCA

 

 

GINÉS ANIORTE

   HOJARASCA

LA FEA BURGUESÍA

  MURCIA, 2025

 

                             


 

A veces el otoño y sus aires arrastran de aquí para allá esas hojas secas y forma montones que, al pisarlos, parece que quebrásemos sus nervios. Con Hojarasca, obra de Ginés Aniorte, editado por La Fea Burguesía, Murcia, 2025, estamos en presencia de esos restos que el verano, tiempo de plenitud, deja.  En este caso, “hojarasca”, está formada por los versos y poemas que han sido descartados, cuya lectura, años después, produce la extraña sensación de que, quizá su supresión, podría haber sido un error.

Son los textos quienes conforman el libro. Puede que no fue su tiempo o el autor no los estimó como debiera y, ahora, lejos de ese interés, orden, manera que delimitan, encontramos que podrían haber sido publicados. Por tanto, helos aquí, en toda su entidad, como esa hojarasca que, tras ir de aquí para allá, se amontan en algún rincón, como si fuesen ellos mismos y no el capricho del autor quienes los ha reunido.

De los textos aquí reunidos se dice:

“Hojarasca”, como su nombre pretende sugerir, contiene aquellos poemas que, a lo largo de los últimos veinte años, se fueron cayendo de mis libros de poesía anteriores como se caen las hojas de los árboles.

Ginés Aniorte ha decidido poner en orden los inéditos que fueron excluidos, quiere darlos a conocer. Sus lectores podrán recorrer esos ángulos oscuros para entender definitivamente aquellos libros de los que fueron eliminados, razón por la que se convierten en piezas necesarias para completar el mosaico.

Tras el poema “El mar de los fracasos”, que sirve de introducción para unificar, quizá justificar, suceden las cuatro secciones que contiene este texto, la primera: Aquellos, los de entonces, se refiere a la infancia, familia, aficiones y actitudes que, de algún modo, permiten aproximarnos al que fue, y al mismo tiempo reconocer la dependencia, así lo expone en los aforismos que le dan entrada: El sueño del pasado está siempre cumpliéndose. Más: Lo perdido, al cantarlo, es más nuestro que antes.

El primer aforismo es más enigmático, el sueño del pasado, abre el libro, manera de evocar el conjunto de posibilidades o proyectos que somos, afirma que está siempre cumpliéndose, ¿significa que somos lo que hemos querido ser? Imagino que no, se propone afirmar que, de un modo u otro, ese sueño, nunca deja de serlo, por tanto, su presencia es constante, no precisa cumplimiento alguno, se trata de una carencia permanente que nos acompaña.

En cuanto al segundo, podemos considerarlo una paradoja. Perder algo, echarlo de menos es una constante, y es verdad que, al contarlo, puesto que lo hemos salvado del olvido, sin duda se convierte en nuestro. Ginés, rescata para él y para nosotros en esta primera parte las luces y sombras de la infancia, la presencia de la familia, los días señalados, los sucesos que conforman la historia del padre y la madre. Comparte aficiones, miedos, juegos, primeras experiencias. Recuerdos hermosos, sagrados, conforman el relato. Poemas narrativos que encierran la emoción de la infancia. Hay uno que quisiera destacar, lo titula “El mar”, cuenta que su abuela murió sin ver el mar. Elijo estos versos: El mar no aportó nada a la familia; / al fin y al cabo, nadie / fue pescador ni obtuvo / del mar un beneficio. / Tampoco pidió ella jamás que la llevaran, / y ambos pudieron ser el uno sin el otro. / Como yo puedo ser, lector, sin conocerte, / y tú, sin conocerme. / Pero ¿qué habría dicho me abuela al ver el mar? / Y yo, de ti ¿qué habría pensado / si alguna vez te hubiese conocido?

El encuentro con el mar que nunca se produjo, la presencia de su inmensidad, su horizonte celeste, se pone en paralelo con el desconocido lector. Ambos se unen en ese: ¿qué habrían dicho? El misterio que resulta me, parece comparable a la presencia del infinito que estas ausencias sugieren.

 

“Del tiempo y sus afanes”, comprende la segunda parte. Reúne experiencias de adulto, que contrastan con la del niño, preceden estas palabras: Sin pasado no hay vida que merezca la pena. (La memoria es el único tesoro. Quien la repudia nada tiene.) Relata episodios conflictivos, desencuentros. Ahora, el tiempo, pasa a ser el protagonista, la conciencia de que su fugacidad, la confusión, el olvido, la pérdida, la ruindad constituyen el espacio donde transcurre, desaparecen la ingenuidad, la inocencia, la eternidad que residen en la niñez.

Esta segunda parte constituye un homenaje a la memoria, quizá debería decir un juicio, ese poner las cosas en su sitio que, por edad, madurez experiencia el poeta se permite. Desahogo: Aguachirle el tiempo es la memoria. Advierte del engaño de los ojos. Hojarasca se convierte en un texto reflexivo, por supuesto no es un ensayo, aunque su intención coincide y sobrepasa el curso sereno. Los títulos exponen con claridad, la vida como dificultad: No me llenes más mi copa; Confusión; Confesión; Buitre; El desvelado; Eterno retorno; De corderos y lobos; Maleza; Moneda; Desconcierto; Preguntas: Fosa séptica; Celos; Pesadilla; Por la herida: Selva; Tiempo de descuento; Conjetura.

Elijo este último: Con mis imperfecciones y tropiezos, / con tus abusos y mis faltas, / con los golpes que doy y he recibido, / escribo yo poemas impecables / como este de ahora donde el metro se atiene/ a aquello que el manual ha decretado / -salvo alguna asonancia distraída, / un tedioso y monótono anacrusis / o el uso eventual de un eneasílabo, / eso sí, con acento siempre en cuarta, / como dicta mi oído de poeta inflexible / que, obstinado, persigue la cadencia / por encima de todo,/ inmolando a su costa, si es preciso, / los hondos pensamientos, la razón, / que en estos tiempos últimos / cotizan a la baja, importan menos…

Asistimos al taller del poeta, donde compone sus versos y expone el rigor formal del que se sirve. No es Ginés un poeta tolerante con las asonancias y otras “libertades”, conoce y razona el porqué. Analiza y contrasta los propósitos del poeta y sus resultados, quizá marcado con un pesimismo que acompaña determinados poemas. ¿Significa que hay un enfrentamiento entre razón y creación o lógica y lírica? El lector es advertido de la alquimia que supone el poema, asunto que le lleva a pensar que no nos vuelve mejores, pese a todo el poeta escribe, se debate entre la abundancia y la escasez. Hay algo que quizá conviene precisar, aunque este debate sea clásico, no por ello deja de ser personal, el autor vive la angustia de su existencia, haber elegido la poesía equivale a pasear sobre el abismo.

 

La sección tercera es un poema, se titula “Ave Fénix”, dedicado a Bilal Bed-Fadil, precede este aforismo: La voz de quien amamos nos dota de sentido. Sin ella sólo somos meros significantes.

La voz humana no es un soliloquio, por el contrario, se dirige a otro, aunque puede que ese, a quien nos dirigimos, sea uno mismo. El poeta, el pintor, el artista necesita un alguien con quien dialogar, ya sea lector o espectador. No es sólo compañía lo que busca. La presencia o la llegada de su interlocutor es la esperanza que alienta al autor. El arte no fue originado para la soledad, el espacio sagrado donde vive el místico, su entrega, trato con lo otro, que sublima y establece un diálogo definitivo, aunque, a veces, este círculo cerrado, se refiera a la ausencia de palabras, la nada, el vacío, pues se alcanza una profundidad donde vocales y consonantes serían un mero ruido, sin sentido. En el tiempo, olvido y recuerdo, somos parte de algo, podemos volver a empezar: A deshora comprendo que la suerte / es una rosa antojadiza / que a veces se abre en pleno invierno, entre la nieve.

Qué tarde he descubierto / que mi sino no es el que creía, / que siempre puede un páramo convertirse en oasis / que existen los milagros, que nunca es tarde.

 

“Inventarios”, sección cuarta, cierra este libro. Precede este aforismo: El solo hecho de nombrar nos ennoblece. Con este otro finaliza: Y rendiremos cuentas por lo que dijimos. La tipuana es un árbol que a veces sobrepasa los veinte metros, originaria de América del Sur, tiene una flor amarilla que tapiza el suelo y abre el verano. Al nombrar referimos el objeto, hablamos de su origen, tiempo de floración, deja de ser una cosa para convertirse en sujeto, de tal modo que su nombre en los meses de invierno quizá nos evoque el verde y el amarillo, naturalmente este calor y las tormentas que preceden al principio del verano. ¿Por qué ennoblece? Quizá porque responde a la pregunta, nos convierte en descubridores. En cuanto a las palabras finales, testimonian que el escritor debe dar con la palabra adecuada, no la torpe y tópica, sino aquella que alumbra, claro que esta luz también alude a la verdad de lo dicho, compromiso ético, razón por la que rendiremos cuentas.

Los sustantivos que comprende esta sección cuarta, aparecen todos sin artículo que los concrete, en plural, tal como si quisiera dar cuenta de las diversas experiencias que sus nombres comportan, nombres que podemos comparar a las piezas de un sistema, asteroides dotados de múltiples sentidos así: Fuegos, Sombras, Espejos, Lágrimas, Piedras, Aguas, Vientos, Rosas, Heridas, Sueños, Nubes, Manos, Islas, Palabras, Miradas, Pasos, Luces, Silencios.

Voy a elegir de Piedras su primera estrofa: La piedra irregular que es la vida / y tienes que esculpir para ganarla. / La piedra que es mi pecho si no escribo. / La que sabe que al cabo será polvo/ y sueña con ser polvo enamorado. / La que rompe el cristal y no es culpable. / La piedra en que cincelo mi epitafio / y aquellas que Virginia, melancólica, / con tanta fe pusiera en sus bolsillos.

La piedra aparece en este primer verso como algo irregular que exige años para conseguir que se parezca a aquello que deseamos. El cincel de nuestra voluntad corrige sus irregularidades. La segunda piedra remite a la escritura, llamamos pétreo a una masa que se caracteriza por la dureza, la insensibilidad ante los acontecimientos, de ahí que el escritor se exija el escribir, el dar cuenta de aquello que vive, su toma de posición. Aquí aparece una alusión al soneto de Francisco de Quevedo, “Amor constante más allá de la muerte”: Polvo serán, más polvo enamorado. Recuerda lecturas que constituyen todo proceso de formación. Como resto de la infancia refiere la piedra que rompe el cristal. La tercera, remite al epitafio y a Virginia Woolf y su suicidio…

Ginés Aniorte, propone un texto que reconcilia y enriquece, reúne poemas que parecían olvidados y, con ellos, ha compuesto este libro. Importa poco, si las páginas pertenecen o no a descartes. Este es uno de esos libros que marcan el camino que nos lleva a nosotros mismos, ese desconocido que siempre es compañía.

   

  José Luis Martínez Valero

 

 

José Luis Martínez Valero es catedrático emérito de Literatura. Ha publicado recientemente Antología del 27 en Murcia (ed. La fea Burguesía). Su extensa bibliografía incluye, entre otros libros: Poemas (1982), La puerta falsa (2002), La espalda del fotógrafo (2003), Tres actores y un escenario (2006), Tres monólogos (2007), Plaza de Belluga (2009), La isla (2013), El escritor y su paisaje (2009), Libro abierto (2010), Merced 22 (2013), Daniel en Auderghem (2015), Puerto de Sombra (2017), Sintaxis (2019) y Otoño en Babel (2022, ed. La fea burguesía, Murcia).

 

martes, 2 de abril de 2013

La vida en verso (Sobre "Liquidación por reformas", libro de Ginés Aniorte). El cazadero de los libros, cuaderno de crítica de F. M/ 6. Bibliotheca grammática. Revista Ágora Digital Abril 2013




LA VIDA EN VERSO

(SOBRE LIQUIDACIÓN POR REFORMAS, DE GINÉS ANIORTE)

 


Ginés Aniorte 
Liquidación por reformas
Ed. Renacimiento, Sevilla 2013


En las pasadas vacaciones de Pascua hemos abusado de la lectura de los poetas. Tres libros publicados por autores admirados, incluso queridos paisanos: Liquidación por reformas, de Gines Aniorte, editado por Renacimiento; Si tocamos la tierra, de Aurora Saura (Libros de la Frontera, colección El Bardo), y Antes del nombre, de Eloy Sánchez Rosillo (Tusquets). En esta página nos ocuparemos del primero de ellos.

Ginés Aniorte (Sangonera, Murcia, 1960) anuncia, con el mismo título de este último libro publicado, Liquidación por reformas, el cierre de un ciclo formado por los libros suyos anteriores Los azares y Nosotros (también en la editorial sevillana). En mi opinión, es precisamente en esta última entrega donde el poeta logra con más claridad transmitirnos su peculiar universo poético. En este libro, que pareciera mero apéndice de los anteriores, el poeta se rasga la camisa y nos muestra la hoja del papel donde escribe por las dos caras. Tarde o temprano esa la "norma de la casa" de los poetas auténticos: mostrarse enteros.

El mundo del poeta Ginés Aniorte nos puede gustar menos o más; pero es el suyo; cosa nada fácil para un poeta y derecho que no se puede hacer constar en ningún registro, si no es en la propia obra.

Mundo doméstico, a veces, apartado e idílico, a lo Gabriel y Galán; mundo de poeta Narciso náufrago dentro de su botella de licor poema; mundo, en fin, hecho de palabras y de fe en las palabras, y de tesón por la escritura, de gusto por la belleza y su alma captada en rostros humanos, familiares y amados, o en el paisaje y los recuerdos de una huerta de Murcia lindante con el campo abierto, el secano y el cielo.

De ese mundo Ginés Aniorte arrancó en otros libros anteriores (los citados antes, y otros como Cuanto quise decir, de 2004, y Las condiciones del pájaro, de 2012) un canto emocionado, a solas con la elegía y la contemplación extática. Pero ya a través del latido de sus versos se asomaba a escena la voz de un poeta personal, existencial. La reflexión sobre la memoria y la herida del tiempo que guarda la memoria, iba ya derivando a una poesía clara, sobria, humana hasta lo testimonial. En este nuevo libro de 2013, Liquidación por reformas, esas notas testimoniales ocupan el primer plano. Hasta en unos versos que pueden parecer un descanso lúdico, en un haikú, dice el poeta: 

Insatisfecho,
me pongo a escribir
la vida en verso. 
           ("A modo de haikus", p. 109) 

La vida en verso es -nada menos- a lo que aspira Ginés Aniorte; quiere el poeta transmitirnos el pulso de la vida, sin más (en apariencia) pero con esa intención prometeica, fáustica; desea hacernos cómplices, como lectores, de su sentido y, a veces, de su desaliento personal. Admiro la poesía que quiere decir del presente.

Ginés Aniorte, con este nuevo libro, parece que ha llegado a él definitivamente, del fondo de la memoria y la herida del tiempo inscrita en ella; y desde la elegía -con el entretiempo de un cierto misticismo pajaril- consigue desembarcar un pie en las mismas aguas del presente. En ese él que era el poeta.




Fulgencio Martínez

  (2-4-2013)