ÁGORA. ULTIMOS NUMEROS DISPONIBLES EN DIGITAL

Mostrando entradas con la etiqueta Clásicos y Vanguardias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Clásicos y Vanguardias. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de enero de 2024

LA RECUPERACIÓN DE UN CLÁSICO (Miklós Bánffy. Trilogía transilvana). Artículo de Anna Rossell / Ágora n. 25 (Nueva Col.) / El Mono Gramático / Clásicos

 

 

 

LA RECUPERACIÓN DE UN CLÁSICO

      (Miklós Bánffy. Trilogía transilvana)

 

 

Miklós Bánffy, Los días contados

Traducción del húngaro de Éva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes Graviño.

Libros del Asteroide, Barcelona, 2009, 666 págs

 

Miklós Bánffy, Las almas juzgadas

Traducción del húngaro de Éva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes Graviño.

Libros del Asteroide, Barcelona, 2010, 528 págs.

 


     


Miklós Bánffy, El reino dividido

Traducción del húngaro de Éva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes Graviño.

 Libros del Asteroide, Barcelona, 2010, 408 págs.

 

                                                                Por Anna Rossell

 

Deslumbradora y apabullante esta magna novela del escritor húngaro Miklós Bánffy, que publicó en tres volúmenes Libros del Asteroide. Increíble, a juzgar por la amplitud de los conocimientos y la maestría de su pluma, que Europa haya tardado tanto tiempo en recuperar a uno de sus autores, que sin duda merece el calificativo de clásico. No es fácil de entender, a pesar de los avatares que su persona y su obra sufrieron a causa de la historia europea en los convulsos momentos que les tocó vivir.

Miklós Bánffy, que nació en 1873 en la ciudad húngara de Kolozsvár, capital histórica de la región transilvana –hoy Cluj-Napoca, Rumanía, y murió en Budapest en 1950, nos lega con esta novela no sólo una valiosa pieza de la tradición del canon occidental sino también un documento histórico de una de las épocas más agitadas de nuestro no tan lejano pasado, que cambió significativamente el mapa de Europa. Porque Los días contados (1934), Las almas juzgadas (1937) y El reino dividido (1940), aunadas bajo el título de Trilogía transilvana, son un prolífico y exhaustivo retrato de los primeros años del siglo XX, los que condujeron a Europa a la Primera Guerra Mundial.

Bánffy pertenece a la prestigiosa saga de narradores que han dejado testimonio literario del hundimiento de un mundo. Lo hicieron también otros coetáneos suyos reconocidos mucho antes: Giuseppe Tomasi di Lampedusa con El Gatopardo en otra latitud geográfica, pero en la suya propia Stephan Zweig con La impaciencia del corazón o El mundo de ayer, Joseph Roth con su Marcha de Radetzky, Arthur Schnitzler, en El teniente Gustl y, aunque en un registro diferente, también Robert Musil en El hombre sin atributos.

Con excepción del primero, todos ellos dan cuenta del ocaso del vasto Imperio Austro-húngaro desde la óptica de Viena; Bánffy viene ahora a completar la visión, del lado de Budapest y Transilvania, hasta ahora sólo documentado por Sandor Marai en sus Memorias de un burgués. Es cualidad añadida el hecho de que Bánffy conde de Losoncz, perteneciente a una familia transilvana nobiliaria de tradición secular conoce al dedillo, desde dentro, la sociedad que describe y, como político activo que fue, también protagonizó y fue testigo directo de los acontecimientos históricos del momento. Nadie mejor que él para pintar con información de primera mano este colosal y dilatado retablo histórico a través de matizadas atmósferas y tan variopinto elenco de personajes. Como si de un grandioso espectáculo se tratara, el autor pone en escena los acontecimientos de los ocho años que precedieron a la caída de la Doble Monarquía –la Kakania de Musil, y en la primera línea de los focos a la clase política que la protagonizó, la nobleza. Enlazando con el más puro estilo de la novela realista y naturalista decimonónicael de La Regenta de Alas, Madame Bovary de Flaubert, Ana Karenina de Tolstoi o Effi Briest de Fontane, Miklós Bánffy despliega una palestra de protagonistas cuyo carácter plasma con autenticidad hasta los últimos rincones de su psicología. Ellos sirven a Bánffy para conducir al lector por los ambientes y situaciones necesarios para entregarnos un cuadro completo, rico en matices.

 

Tres son los pilares en los que se basa el autor para tejer su compleja trama social: el conde Bálint Abády, embajador regresado a su tierra donde ocupará un escaño de diputado como político independiente, su amiga de la infancia Adrienne Milóth, víctima de un fracasado matrimonio y amante de Bálint, y el primo de éste, el músico László Gyeröffy, que nos adentra en el mundo de la vida disipada y de las deudas a donde le conducen su adicción al juego y al alcohol. Alrededor de estos tres ejes toman vida, dibujados con excelente pulso, un sinfín de caracteres representantes de la extravagancia enajenada, la frialdad calculadora, del chismorreo venenoso, de la ensimismada petulancia, la frivolidad amorosa, del honor ofendido, el enamoramiento apasionado, el zalamero servilismo o el cinismo recalcitrante, por nombrar sólo algunos atributos que recorren aquella sociedad. El autor húngaro no sólo se nos revela como maestro en la construcción de los personajes sino también en la de los ambientes, como cuando describe las tensiones entre los partidos políticos o las exuberantemente pormenorizadas escenas de caza y los fabulosos y matizados paisajes, que desgrana con todo lujo de detalles y en los que se entretiene con una exquisitez preciosista, que saben reflejar bien los traductores –excelso el trabajo léxico desplegado. Trasciende aquí, y en general en toda la novela, la biografía del polifacético y culto autor, que además de político y novelista fue también pintor, dramaturgo, escenógrafo, músico e impulsor de la cultura húngara. En la voz narradora omnisciente, que pretende guardar la equidistancia del cronista neutral, se percibe claramente la simpatía del autor por el protagonista, Bálint Abády, que sobresale precisamente entre sus congéneres políticos por ser el único que se toma seriamente su quehacer en el parlamento. Así, la clase política de la época, representada por la aristocracia y la nobleza y dominada por la ambición de poder y las luchas internas de los partidos, nada atenta a las necesidades de la gente sencilla ni a los abusos de los aprovechados de turno sin escrúpulos, se nos presenta como la primera culpable del naufragio del imperio. Frente a todos ellos –no por casualidad le arrogará la cualidad de político independiente- el autor perfila una contrafigura que destaca como excepción, no sólo por su actitud responsable sino también por ser el único que persigue el objetivo de modernizar su sociedad. Bálint Abády –en muchos aspectos una réplica del autor- ejerce de político en el parlamento y fuera de él, detecta los males que aquejan a la sociedad de su tiempo porque conoce a la gente que los sufre y, como su creador –que había leído El Capital de Marx y colaboró con Mihály Károlyi, el político líder de la Revolución de 1918- simpatiza con el sistema de cooperativas, que intenta poner en práctica en los neveros de Transilvania.

Publicada originalmente en cinco tomos y concebida para un volumen más -que se perdió y del que tenemos conocimiento por el testimonio de la última criada de Bánffy y del párroco de Bonchida, el castillo propiedad de la familia del autor-, el texto adolece de algunas repeticiones, que se explican técnicamente por la intención de recordar al lector detalles que pudiera haber olvidado en la dilatada lectura. La novela, que como sus hermanas decimonónicas es muy extensa y apunta al gran público, roza en algunos momentos lo folletinesco –en las numerosas escenas amorosas por la recurrente utilización de epítetos manidos, que no casan con la elegancia estilística predominante. Ambas deficiencias podrían tener su justificación en una posible publicación por entregas.

Bánffy, ya conocido como dramaturgo –Leyenda del Sol y Gran Señor, Attilay como novelista por su Trilogía transilvana en los años cuarenta con éxito de crítica y autor también de cuentos, fue inhabilitado para la política en Rumanía, país al que en 1922 por el Pacto de Trianon, quedó anexionada Transilvania. Sus obras fueron prohibidas por los gobiernos comunistas de Hungría y Rumanía y el autor fue olvidado hasta los años setenta, cuando la crítica lo rescató tímidamente. En Transilvania su obra se reeditó en 1982, en Hungría no ha sido reeditada hasta 2006, después de que su hija publicara una versión inglesa de Los días contados. 

La Trilogía transilvana es sin duda la historia de la decadencia y desaparición de la aristocracia húngara y transilvana, la de una pérdida y la de los errores que condujeron a ella. Sin embargo no es nostalgia lo que el texto destila, sino la acusación de quien sabe que hubo una oportunidad que se perdió.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anna Rossell (Mataró, Barcelona, 1951), doctorada en Filología Alemana. Profesora de literatura alemana en el Departamento de Filología Inglesa y Germanística de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha desarrollado una amplia labor de crítica literaria y desarrollado a la par una obra creativa en casi todos los géneros, en especial la poesía. Entre sus últimas obras, en poesía: Auschwitz-Birkenau. La prada dels bedolls / La pradera de los abedules (2015, e-book, Amazon); en narrativa: Aquells anys grisos (Espanya, 1950-1975) (2014, e-book, Amazon). En 2017, con (Falsa) paradoja fue premio Amnistía internacional de microrrelatos. Colabora en la revista Quimera, dirige la sección de crítica literaria de Las nueve Musas, forma parte del equipo de redacción de la revista Ágora desde su reinicio en 2013.

Mantiene el blog: http://www.annarossell.com/

 

jueves, 23 de marzo de 2023

"Altazor": La estrategia del fracaso. Por Antonio Gracia. Avance de Ágora n. 18 (Nueva Colección). Clásicos y Vanguardias / El Mono Gramático

 


 

 

 

“ALTAZOR: LA ESTRATEGIA DEL FRACASO

                                                      

                    (yo soy un buscador que odia encontrar)

 

 

El profesor y poeta alicantino Antonio Gracia analiza en este ensayo las claves del poema-libro “Altazor”, de Vicente Huidobro. Podéis seguir el texto de referencia en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: 

https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/altazor--0/html/ff25e1d4-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html

 

 

                                                 Por Antonio Gracia

 

1. La poesía moderna es un itinerario desde la razón lírica como herencia del pasado hasta la sinrazón poética que legar al futuro: del pensamiento sensibilizado y versificado hasta los significantes sin significación aparente del irracionalismo visio­nario o alucinatorio, pasando por la búsqueda de la experimentación para otros paisa­jes expresivos. Tal itinerario, viaje o aventura lo encarna esa grandiosa anábasis de la poética academicista que es Altazor”.

Inmerso en la tradición del gran poema de Perse, Pound, Eliot o Tzara, lo que intenta Altazores la originalidad absoluta: si toda obra es la confesión la etopeyade su autor, su retrato indeleble, Huidobro intenta que el vidrio del espejo sea construido también por él mismo: aunque no logra evitar que a veces aparezcan las muecas que ensaya rémora del juego dadaístapara buscar su propio rostro, nunca conseguido. Mejor dicho: el rostro inconseguible es el de la poesía. El suyo es el del gran frustrado pintor y cincelador de esta.

        

                                                             Vicente Huidobro
 

Altazor ofrece una estructura de dispersión. La desorganización interior es la asun­ción de una antipreceptiva: Huidobro es consciente de ese fragmentarismo y autobiografismo emocional y metapoético: Y os daré un poema lleno de corazón / En el cual me despedazaré por todos lados(I, 573...). Probablemente: 1) su poética inorganicista le induciría, originariamente, a huir de un poema cerrado y nexuado, tendiendo más a la porosidad y permeabilidad a la inacababilidadcomo obra en continua gestación; 2) y probablemente intentó trepar la cima de la creación en mu­chas ocasiones a lo largo del tiempo y en diferentes estados emocionales, y siempre caía, por el desfiladero de la búsqueda, en el precipicio del fracaso. El poema se publi­ca en 1931: pero diversos fragmentos ya habían aparecido con anterioridad y él mismo escribe: Soy yo que estoy hablando en este año de 1919(I, 113). Tal vez, sin verle probabilidad a la ascension, reunió esas tentativas dispersas en cuanto tenían de cohe­sión la búsqueda como pérdida del hallazgoy lo dio con sus lagunas, a imagen de obra abierta, como un poema sobre la necesariedad de la creación poética que conlle­va e ilustra al mismo tiempo la impotencia de la misma. En ese sentido, es un labora­torio en el que el lector halla el instrumental de construcción y destrucción del lengua­je poético convencional y, aun en su traumático abandono, es una probeta que orienta sobre las posibilidades del éxito. Porque eso es lo que falta: la conclusión, el fragmen­to —el hallazgoque confirme el proceso de búsqueda: el poema creado a partir de esa destrucción. La conquista del texto poético posibilitado por la inquisición de las texturas poéticas convencionales, de las hablastradicionales de los autores, siempre inmersas en el automatismo mimético de la tradición como referencia. Le fala el logro autónomo y demostrativo: una dicción auténticamente lírica, liberada ya de la parafemalia y la impedimenta del investigador. Tal como se publicó es como un nuevo sistema solar al que le faltara el sol, como una diadema sin la esmeralda ansiada.

 

2. Altazor-Huidobro busca un horizonte interno, una interioridad humana me­diante la introspección como poeta: Cosas que pasan fuera del mundo cotidiano(III, 49). La investigación experimentadora en el tubo de ensayo del significante no es más que la búsqueda de nuevas formas de expresión para darle idoneidad a esa dicción interior. Pero el texto avanza como un río cayendo de cascada en cascada, canto tras canto, ensayando y pirueteando, probando y desaprobando, descubriendo y caricaturizando, acertando y desaforando, construyendo, elevando una torre y babelizándola, abriendo posiblidades expresivas y burlándolas como ineficaces. Sen­cillamente: porque la poesía es precisamenteel único rostro de la inefabilidad. Eso es lo que se le ha olvidado al creador, a cualquier creador. Y esa es la respuesta a quien se pregunte el porqué de esa vuelta de tuerca rota de Huidobro que es Altazor”.

         

Así como existe la novela de aprendizaje en la que solo se aprende a aceptar la frustración de que la vida es un fracaso (y tal género es su mostración), Altazorviene a de-mostrar que por mucho que se aprenda a domeñar el rebelde idioma, cualquier experimentación o intento resulta mezquinoy baldío. Ninguna definición más conveniente para Altazorque la proporcionada por el mismo texto: Aventura de la lengua entre dos naufragios / catástrofe preciosa en los rieles del verso(III, 140-1).

 

Altazor” está volando sin creer pero ansiando creeren su propio vuelo. De ahí que se tope con escollos y aerolitos que le rompen las alas y dejan ver fisuras por las que desciende para remontarse: pero siempre escéptico como un Clavileño que pretendiese ser Pegaso: Altazores el viaje de un Midas terrible: pretendiendo metamorfosear las palabras en oro las convierte en ceniza. Y el terrible Midas debe seguir su viaje argonáutico canto tras canto por el océano verbal hasta que las palabras, lejos de ser acrisoladas por la piedra filosofal, se convierten en plomo que se derrite en sus manos y acaban formando un puñado de gotas de lluvia disgregadas al final del cami­no: como un Ícaro disuelto por el fuego de la luz con la que pretendía iluminarse. Y es que las catedrales de fuego también guardan detrás de su belleza espeluznante los esqueletos de las ruinas vandalizadas.

 

3. Puesto que la intención es crear, mostrar que el poeta es un pequeño dios(como había consignado en el Arte poética), urge primero signar que el poeta es su propio demiurgo (Cambiemos nuestra suerte, I, 163), ya que (Niesztche:) Dios ha muerto', esa es la razón por la que Huidobro escribe: Abrí los ojos en el siglo / en que moría el cristianismo(I, 91...) y Adiós hay que decir a Dios(IV, 240). Y a Larrea le escribiría (carta del 4-6-1944): Dios debe ser enterrado para siempre y su sitio en el mundo será ocupado por la Poesía”. Por eso la progresión independentista del arte con respecto al objeto al que alude, elude o inventa (comparación, metáfora, visión), la tentativa de crear algo no deudor de la realidad exterior (el cuadro-objeto cubista, la imagen poética sin referente o autorreferente), para que sea un objeto nuevo”, la creación pura, tiene tal vez como inducción la raíz sicológica de ma­tar al padre” —Naturaleza, Dios, poesía al usoy la teoría del superhombre(Raskolnikov, Zaratustra): el artista es un dios y como Dios debe crear un mundo de la nada. Pero como la nada no existe porque ha sido colmada con el vacío de las poéticas espurias y los poetas apócrifos, hay que limpiar el mundo, caotizarlo y descaotizarlo hasta nadificarlo nuevamente: de ahí el proceso de destrucción y tenta­tiva de construcción.

 

Es decir: hay que crear un nuevo orden lírico: que es tanto como decir vital. Y para eso hay que quebrantar y desjarretar el caos de la poética la existenciacon­vencional, establecida como un orden amable: No acepto vuestras sillas de segurida­des cómodas / Soy el ángel salvaje que cayó una mañana / en vuestras plantaciones de preceptos(I, 366...). Es la rebelión del hombre y el poeta esclavizados por el conven­cionalismo y academicismo: que ven en la experimentación cerebralizada del lenguaje la redención de la poesía y de la vida. Huidobro se presenta y manifiesta como un híbrido de ilustrado y romántico que persigue una utopía salvadora que acaba por aniquilarlo. Eso el existencialismo expresado como irracionalismo, la huida del romanticismo sin abandonar el visionarismolo convierte en uno de los último poe­tas rebeldes y de los primeros entre los modernos. Y Altazores el diario de a bordo de esa singladura: que todo fracaso es una victoria porque supone un intento.

 

Lo que se pretende es la búsqueda de la panacea poética: la Poesía; más: la poesía como panacea de la vida. Hacer que el planeta Tierra esté cruzado de Poesía por todas partes. Que cuando nos miren de Marte vean largos canales de Poesía que atraviesan la Tierra, escribe en la misma carta a Larrea. De ahí el reincidente y monocorde Silencio, la tierra va a dar a luz un árbol”, del Canto I. Y de ahí que este primer canto se cierre confiado y esperanzado, permutando la visión como acción y como acto: Silencio la tierra acaba de alumbrar un árbol” (I, 642). Sin embargo ese acto” —expresado más como mesianismo que como advenimiento, anticipado como fe en la escritura más que como propia escritura, más como probable consecuencia del intento que como consecu­ción de la tentativanunca tendrá lugar. Y, después del paréntesis del Canto II tan lejano del resto como el Canto a Teresa, también segundo, de El diablo mundo esproncedianoel mesías de ese universo, con una maltrecha sensación de ridículo por lo iluso de su ilusión visión, de su propio mesianismo y adanismo inconseguible, escribe los cantos III al VII, más unitarios entre sí y verdaderos acosos poéticos y metapoéticos (desde luego corresponden los cantos a diferentes tiempos sicológicos, a distintos estados de humor y embriaguez poética: hay angustia y juego, angustia como juego y juego como angustia, desolación lúdica y ludismo existencialista: patetismo. Este rasgo les confiere cohesión, ya que no absoluta unidad orgánica): todo el texto es, así, una vanguardia conquistadora que deviene retaguardia vencida y horcaudinada, una batalla que va descubriendo en la conquista el escondido agazapadorostro de la derrota. La factura tradicional del primer Canto y su temática de ia confianza en el en­cuentro de una nueva expresividad da paso a un desenfreno buscador y desechador de estrategias y recursos: al poner el lenguaje en libertad no puede o no quiereevitar caer en el libertinaje como juego y parodia de la propia libertad. Es un arte nuevo de hacer poesía cuya clave no se esconde: se sabe que consiste en liberarse de los mecanis­mos ya convencionales y en una búsqueda convertida en una experimentación anárquica y lúdica porque se entrevé el final castrante y amordazante del silencio.

 

4. El método de búsqueda y hallazgo en este arte nuevo de hacer poesía no teorizando como Lope o Luzán, esa es la diferencia: haciendo que la práctica sea la predicaciónes la permutación: la alteración y dislocación de los elementos tradicionales: empieza por el rechazo de la lira apolínea: Basta señora arpa de las bellas imágenes(III, 65). Y continúa con una serie progresiva de cuestionamientos, tentativas y caricaturas.

 

He aquí algunos ejemplos:

1) refutación de la estética convencional y academicista: Matemos al poeta que nos tiene saturados (III, 50).

 2) denostación de los recursos y el utillaje topificados, como el símil anafórico visionariode la enumeración caótica ecuacionante de elementos disímiles: Basta... / de los furtivos como iluminados (III, 66...).

 3) arbitrariedad metafórica: ojo por ojo / ojo árbol... (IV, 56...).

 4) Permutación: puesto que se pueden alterar trasladarlos significados, por qué no permutar deportivamente, ludificando con las propias palabras: la permutación como un hipérbaton léxico capri­choso, a la manera de los quevedianos la jeri aprenderá gonza siguientey el Matusgongorra”: Al horitaña de la montazonte / la violondrina y el goloncelo... (IV, 162...); o la permutación pentagramática para hallar la nota —¿la clave?escondida, como en unas variaciones enigmaelgarianas notación musical con la que ya jugara en Tour Eiffel”—: ...rodoñol / ...rorreñol / ...romiñol / ...rofañol / ...rosolñol / El rosiñol” (IV, 193...); o permutación por amplificación semántica explicativa: Aquí yace Clarisa clara risa... / Aquí yace Altazor azor fulminado por la altura (IV, 277);  o por significantes adyacentes (otra vez Quevedo: pretendiente—> pretenmuelas, mariposas> marivinos, de quien sin duda aprendió mucho, aunque afirmase que no había ningún poeta español después de Góngora): meteorometeplata > metecobre> meteópalo (IV, 335..,).

5) Caos lúdico: a partir del canto V (Aquí comienza el campo inexplora­do”) la libertad esgrimida se convierte en un auténtico libertinaje asumido como autocrítica lúdica, de tal forma que el vértigo del juego creativo le lleva a que el molino(V, 240...) vendavalizado por esa furia creadora nacida de la rebeldía colérica ante la impoten­cialance sus aspas a la vorágine del sport de los vocablos(III, 144) y la montaña rusa de la trituración, desenfreno y descoyuntamiento arbitrario pero no gratuitode la lengua.

El método permutatorio adquiere, así, la categoría de la trascendentalización imposible de la receta para hacer poemas dadaístas de Tristan Tzara: a) dislocaciones de género: La montaña y el montaño / con su luno y con su luna... (V, 110...); b) la rima le confiere legitimidad supuestapara ecuacionar palabras como metáforas capricho­sas y luego intensifica o amplifica esos términos uniéndolos como en una siembra y recogida”— en frases irracionales cuya coartada justificatoria es que eran” metáforas: El horizonte es un rinoceronte / El mar un azar / El cielo un pañuelo / La llaga una plaga / Un horizonte jugando a todo mar se sonaba con el cielo después de las siete plagas de Egipto / El rinoceronte navega sobre el azar como el cometa en su pañuelo lleno de plagas (V, 217...); c) hipérbatos transignificables: La herida de luna de la pobre loca / La pobre loca de la luna herida (V, 231...); d) progresiones jitanjafóricas basadas en juegos anteriores y causantes o determinantes de las palabras autónomas autorreferentesde la algarabía de los cantos finales: Empiece ya / la farandolina en la lejantaña de la montanía... La faranmandó mandó lina / Con su musiquí con su musicá... (V, 476...); e) verbalización y sustantivación de nombres y verbos (fundamen­tado en el símil y la elipsis que cae como una cabellera, acuesta en la o como una cama”...desumetaforización): La cascada que cabellera sobre la noche / mientras la noche se cama a descansar... (V, 497...); f) puesto que la visión interior no tiene nombre, nombre para la visiónen un gesto entreverado de autoparodia por la búsque­da y huida de un vocabulario, gramática y semántica de un idioma particular o idiolalia que no es sino una presunta idiocia personal (que le impulsa a caricaturizar el creacionismo e, igualmente, la escritura clásica, reescribiendo a Espronceda en este caso): Soy todo móntalas en la azulaya / Bailo en las volaguas con espurinas... (V, 547), Zzí lona en el mar riela / En la luna gime el viento / Y alza en blanco crujimiento / Alas de olas en mi azul (V, 565...). Los cantos VI y VII constituyen la extrernización, el cul de sac”, de esa utopía o idioglosia esquizofrenia, al fin, entre el ser y el no ser (que debe ser), escritura apuntalada con elementos tradicionales, trepanación de nexos —a la manera de Un cup de dés”—, paronomasias, aliteraciones... sustituyendo el texto por el silencio, el puente por el abismo: gruñidos de un estertor o de un aprendizaje: ¿palingenesia o palinodia? Huidobro no engaña ni se miente: ante este estrépito, tras la esperanza ini­cial (Yo poblaré para mil años los sueños de los hombre”, I, 572) y el aullido soberbio de todo buen ególatra y falso mistificador (Soy el único cantor de este siglo”, V, 537), pensaría como Hita: Parió mezquino topo. O como Shakespeare: Mucho ruido para nada. Por ello el Canto V finaliza así: Y yo oigo la risa de los muertos debajo de la tierra". Ya, incluso en plena euforia, había previsto su propio cadaverismo: Aquí yace Vicente antipoeta y mago (III, 282). El sueño de que la poesía es el habla superior de la lengua y del lenguajese ha roto.

 

La permutación busca la clave de la utopía: del eterfinifrete” (obsérvese la abso­luta capicuidad del palabro). Y esa clave resulta ser por impotencia o consustancialidadel silencio: la onomatopeya de la afasia significativa o de un len­guaje cuyo referente hay que inventar: un unipacioy un espaversode los que para el creador solo existe -por el momento- el grafema, el letrismo: El pájaro tralalí canta en las ramas de mi cerebro / Porque encontró la clave del eterfinifrete / rotundo como el unipacio y el espaverso / Uiu uiui / Tralalí tratalá / Aia ai ai aaia ii(IV, 355...). Se ha construido una progresión hacia la voz pronunciadora desfallecida en una regresión al silencio alusivo, una algazara preidiomática o gestación onomatopéyica como esperma de otro mundo. Ya en el Canto I hay una prefiguración o profecía de ese silencio final: Volvamos al silencio(555...). Y en el último verso del III: Rumor aliento de frase sin palabra”.

 

Altazor se constituye, de esta forma, en la negación del lenguaje heredado y la búsqueda de otro que legar: en la poematización castrada y frustante de una poética fértil y ambiciosa: al no hallar más que el vacío, se lanza al suicidio de la incoherencia. Es un intento de cerebralización de la palabra como neurona del mundo. Se trata de hallar la latitud en la que el mundo se hace verbo. Y al no hallarla se renuncia a la objetivación: tal como Poe obliga a Gordon Pym a cegar los ojos y abandonarse ante el horizonte presentido.

 

5. Frente a la estética de que el arte imita a la naturalezao la de que la natura­leza imita al arte, Huidobro se decide no por aquella como podría parecer: sino por comportarse como la propia naturaleza: imitarla como creadora, no tomarla como mímesis: porque el poeta es debería sertambién un dios: la consigna Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol” lo atestigua: sólo es una imagen como crea­ción desde la nada. Huidobro quiere hacer brotar un poema desde su propia naturaleza de hombre poeta: tomar ejemplo de la naturaleza, no imitarla transcribiéndola. La na­turaleza del poeta es no imitar el arte ya acto”—, sino crearlo como Baudelaire había dicho: sumergirse en lo desconocido para encontrar lo nuevo. Esta fe en un nuevo lenguaje es la que lleva a Huidobro a escribir: Yo hablo en nombre de un astro por nadie conocido / Hablo en una lengua mojada en mares no nacidos (I, 609...). En esa formade creación o afán creador están sin duda Góngora y Mallarmé. Y en su punto de partida Rimbaud y Lautreamont. En esencia Huidobro opera con la simplici­dad ya como sustratoaprendida en Góngora cuando escribe: Media luna las armas de su frente”: Góngora crea una metáfora sobre otra metáfora en un texto ya hermético por contexto: la media luna” es (la forma de) las armas” —que son los cuernos del toro: que es Júpiter constelado: (cuernos=) > armas > = media luna. Es el paso de la comparación semejanza entre objetos identificables por autor y lectora la metáfora identificación de los elementos no siempre identificables por estey a la visión ecuación entre los elementos cuyo canon de relación estable­ce la arbitrariedad mental del autor. La causalidad espacio-temporal del poeta tradi­cional deviene arbitrariedaden el autor moderno: el libre albedrío la experimenta­ción, la fuga de la norma” estética es consecuencia de esa libertad: al alterar el orden naturalde la naturaleza se ofrece el orden artificialdel hombre: el simultaneísmo espacio-temporal en lugar de la sucesividad: la permutación es el leit­ motiv transgresor una rebelión referencial, léxica, sintáctica, fonética, semántica: negadora de la voz como ortodoxia desde la heterodoxia de un mundo que inventar a partir de la voz, la palabra, inventadade ese non serviam: la voluntad de afirma­ción de la propia conciencia como engendradora del mundo: una otredad nacida de la mismidad oculta. Lo que se predica es utilizar la mente como un instrumento creador de nuevas realidades y no solo como receptor o sintonizador de las ya existentes. La permutación es el hilo de Ariadna que hilvana esta transgresión utópica: pero también muestra la gran terribilidad: los límites del hombre: el poeta el hombreni siquiera es un pequeño dios. Que escribir no es crear. Que la escritura no es más que una criatura. (Además, por ese camino la utopía malentendida y malperseguidase llega a una contumacia en el otro extremo de la de los poetas mestureros, apócrifos, falsarios, sicarios de las modas y la plebe del éxito: tomar el lenguaje como fin y no como medio para el conocimiento: la identidad. Lo que importa de los experimentalismos es abandonarlos una vez practicados como desamordazamiento: salir ilesos del riesgo que comportan: como hace el propio Góngora después de trope­zar, cegado por su fulgor culterano, con la innecesariedad del valga el ejemplo como paradigma— hipérbaton como tropelía: de cuantos pisan faunos la montaña”).

 

6. Altazor es un texto que identifica la creación con la imposibilidad de conseguir­la: y esta impotencia, lejos o además de herir al poeta, le otorga el honor de ser creador fracasado, pero creador (perdedor: a la manera, por ejemplo, del cortazariano perse­guidor): ya lo he dicho e insisto: la derrota como victoria porque la poesía es, por definición, indefinible, inescribible, innombrable: inefable. La inefabilidad de la poe­sía paradójicamenteconcede legitimidad poética al poeta: su destino es el fraca­so: pero intentar ser un prometeo irrestricto como un sísifo contumaz que acepta su castigo como un tántalo recalcitrante es conseguir la gloria de la rebeldía frente a la limitación del conformismo, perseguir la utopía a pesar de su imposibilidad: esa es la esencia del malditismo. La soberbia como obstinación y salvación redencióndel orgullo descoyuntado. La afasia: pero también la soledad por incomunicación por castración expresivadel vate.

 

Tal vez esta reflexión sirvió de coartada para que un poema fragmentario, pergeñado, ambicioso, inconcluso como un túnel que ciega a quien cava buscando la luz en las tinieblas, pudiera presentarse como terminado: pero dejándolo eufemísticamente— “abierto(para posibles añadidos o inextricables interpretacio­nes): lo ignoto y hermético, lo gongorino y mallarmeano es también maldito: rimbaudiano. Es un error” asumido como contumacia jánica: cuyo otrorostro es el de la auténtica verdad: no (se) quiere crear el mundo mediante el lenguaje, sino suplantarlo con este. Su creacionismo el acto creador no solo huidobrianosería una supuestaimpostura categorizada como verdadera identidad. La palabra, el verbo, como icono de las cosas aún inexistentes. Se propone el reverso: el unipacio y el espaversose consolidan como la forma nueva buscada, inencontrabledel otro mundo: en vez de la naturaleza primero y luego los nombres, al revés: la consecuencia inductora de la causa: en lugar de nombrar la naturaleza, crear una naturaleza para sus nombres. Es el sueño, la utopía de todo creador. Se pretende nombrar de nuevo el mun­do para sacarlo del caos poético en el que lo han sumido el convencionalismo y academicismo de todas las tribus cretinistas y conformistas adoctrinadas y dogmatizadas en el arte” de la simulación: así en la vida como en la poesía: pero tal tentativa y pretensión sumerge al autor en un caos más profundo: la dislexia grafémica: la esquizografía graforrea: el significante sin significado: porque en este mundono se pueden crear primero las palabras y después el mundo al que aquellas aluden esta es la suprema esperanza y deseo del creador y ahí el origen de su malditismo (luzbelismo) al saberse impotente: crear un mundo poético cuyo referente sea ese mismo mundo poético u otro creado para él. Ese espíritu el de ser o no ser”— es el residuo o la presunta conquista que asoma a los cantos finales de Altazor”.

 

El eterfinifrete” —la buscada Beatriz muerta en el camino solar tras haber con­ducido solo ante el rostro del Enemigo: la Afasiase convierte así —con su palindromía (círculo creativo-destructivo-impotente-afásico)en el viaje de ida y vuelta a ningu­na parte y desde parte ninguna: un solipsismo por el espacio sin fin y sin finalidad: la permutación es una movilidad sin movimiento: ilustra la inutilidad de la alteración de los factores respecto al producto: el unipacioy el espaversosiguen tan fútiles como su reverso. Y con esa permutación se muestra ademásla arbitrariedad del signo lingüístico. La vorágine iconoclasta como desorden ordenable es un vértigo translatorio igualmente anquilosante y anquilosable: la heterodoxia es otra ortodoxia.

 

Altazor ha realizado un viaje visionario la concepción del poema como anagnórisis de sí mismopor un espacio no geográfico, sino por un firmamento mental, trazando una cosmología poética que se inicia con el lenguaje como expresión conven­cional, continúa con la búsqueda de otras idoneidades expresivas y su rechazo o fracasopor insuficientes y acaba con el silencio como única palabra pronunciable. De modo que Altazor-Huidobro ejercita su viaje miciático como un Dios creador creacionistaque juega, inventa, ludifica, metamorfosea la lengua para darle es­plendor y luz y limpiarla, pero no fijarla, quedando cegado por el lenguaje y acabando en el infierno de la afasia o el signo sin significado, útero sin feto ni parto. En suma: es la trayectoria de Luzbel. El flamigerio de un ángel buscador de un paraíso verbal que había pretendido reencarnarse en un adán de la palabra.

 

Altazores, en fin, un malabarismo verbal que se burla a su pesarde los malabarismos vanguardistas que el propio Huidobro había protagonizado: porque no hay significante que pueda dar voz pronunciarla poesía. Es la culminación y la denostación como El Quijote en su casodel creacionismo y otras vanguardias en nuestra lengua: no se puede hacer "florecer" una rosa en el poema porque el hombre no se comporta como la naturaleza cuando hace un árbol: el mundo no está hecho con palabras ni de ellas. Su creación es un descreimiento del hallazgo como creación y se encamina a ser s que una construcciónuna destrucción. Por eso va ensayando, esbozando y desechando escrituras, experimentando en la probeta de los recursos y teniendo como eje la permutación. Se juega con metátesis, combinaciones, jitanjáforas, correspondencias... al fondo escucho el dodecafonismo, para acabar aceptando que los juegos juegos son y que la vida tampoco, por tanto, la poesía- no es un juego.

 

El tema de Altazor es el de la búsqueda y pérdida de la identidad de la poesíaque vale tanto como decir la viday su contigüidad o consustancialidad con el poeta que equivale a decir el hombre. (Porque escribir es no nombrar el nombre del hombre en vano). Pérdida aparente porque se identifica identidad con identifica­ción comunicaciónentre los hombres: pero las palabras de la tribuya no comu­nican entre sí a sus atribulados componentes: y el poeta ha reducido la tribu a la indi­vidualidad: las palabras para la tribu ya solo son para sí mismo: se ha deslenguado el lenguaje y la lengua es nada más que una fonación unipersonal: porque frente a las otras artes la poesía es la más abstracta de todas: la música se representa en el pentagrama y se oye con el cuerpo; la pintura se ve en el lienzo: sus signos son representaciones de una tangibilidad; pero la palabra es un signo intangible que representa una intangibilidad: la mente: la incoercibilidad. A esa caverna la soledad como único reducto de la mismidad: la única libertadnos ha conducido la civilización inculta llamada socie­dad. Qué lejos ha quedado la afirmación kantiana —“La cultura es el propósito final de la naturaleza”— de esta cultura incivilizada y socializadora alienatoriaque Rousseau denunciaba: supongo que ese es el motivo que le obligó a escribir: Heme, pues aquí, solo en la Tierra, sin más hermanos, amigos próximos, sociedad, que yo mismo”.

 

 

 


ANTONIO GRACIA es autor de La estatura del ansia (1975), Palimpsesto (1980), Los ojos de la metáfora (1987), Hacia la luz (1998), Libro de los anhelos (1999), Reconstrucción de un diario (2001), La epopeya interior (2002), El himno en la elegía (2002), Por una elevada senda (2004), Devastaciones, sueños (2005), La urdimbre luminosa (2007), Hijos de Homero, La condición mortal y Siete poemas y dos poemáticas (2010). De 2012, Informe pericial, La muerte universal y Bajo el signo de eros. Además, Cántico erótico (2018) y En nombre de la luz (2023).

Otros títulos ensayísticos son Pascual Pla y Beltrán: vida y obra, Ensayos literarios, Apuntes sobre el amor, Miguel Hernández: del amor cortés a la mística del erotismo y La construcción del poema. Dispone de un portal en la Biblioteca Cervantes Virtual.

Su obra está recogida selectivamente en las recopilaciones Fragmentos de identidad (Poesía 1968-1983), Fragmentos de inmensidad (Poesía 1998-2004), El mausoleo y los pájaros y Devastaciones, sueños.

Entre otros, ha obtenido el Premio Fernando Rielo, el José Hierro y el Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana.

REVISTA ÁGORA DIGITAL / EL MONO GRAMÁTICO/ Marzo 2023