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domingo, 5 de octubre de 2025

"Ascensión". Libro de Javier Lostalé. Comentario de Fulgencio Martínez. Estudios de poesía española IV / Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 34. Nueva Col. Otoño 2025

 

 


ASCENSIÓN. LIBRO DE JAVIER LOSTALÉ

 

                            De tanto ver ya ciego

                            me inclino ante lo que no entiendo

                                Javier Lostalé 

 

Mentar el nombre de Javier Lostalé es referirse a la lectura de poesía. Recordamos aquel programa de radio, La estación azul (también es el título de un libro suyo) que nos acercó semanalmente a los libros. Y, antes, su colaboración en El ojo crítico. 

    Javier Lostalé ha recibido premios en su doble dedicación a la poesía; el "Francisco de Quevedo", por el libro que he mencionado, y el "Premio Nacional al Fomento de la Lectura", por su labor crítica cultural. Lostalé no sólo "anima" a leer los libros, sino, sobre todo, a gozar de ellos, a vivirlos, o, mejor, "habitarlos". Entre sus más recientes publicaciones (en los últimos años, su jubilación de Radio Nacional le ha permitido concentrarse en su propia obra), destacan La tormenta transparente (ed. Calambur), Cielo (ed. Vandalia) y Ascensión (Ed. Pretextos). En La rosa inclinada (Calambur) recogió su obra publicada anteriormente, incluido el poemario en prosa La estación azul. Quien lee vive más, título de evocación quijotesca, reúne textos en prosa escritos o pensados para la comunicación de tú a tú con el oyente o, más tarde, con el lector. (Lo editó Polibea).

    Javier Lostalé publicó también la Antología del mar y la noche, con poemas de Vicente Aleixandre, antología consultada con el poeta sevillano y Premio Nobel de Literatura. 

    Rosa y Tormenta es una selección de la obra poética de Javier Lostalé (publicada por Ediciones Cálamo). 

 



He tenido ocasión de escribir sobre algunos de los poemarios nombrados. Tanto como en los libros de Javier Lostalé, tengo la suerte de aprender de su conversación, de su ejemplo. Lo que yo pueda aportar al conocimiento y disfrute de este poeta, y orfebre de una obra personal, recatada y perfilada en décadas de escritura y lectura de poemas ajenos, ha de ser, por fuerza, escaso, corto. Aún así, me atrevo a pedir que me acompañen por las páginas de Ascensión, el libro de Lostalé que, a día de hoy, me parece la suma de su mundo poético. El poemario fue publicado el 21 de octubre de 2022, se van a cumplir casi tres años.

    A diferencia de los poemas en prosa de su autor, en Ascensión -al igual que en otros poemarios, como es el caso de un extraordinario libro publicado con anterioridad, Cielo-, el poeta nos somete como lectores a una disciplina. Nos impone con suavidad su propia disciplina ascética y amorosa; su mirada pausada, no exenta de pasión, de entusiasmo en algunos pasajes.

    Ascensión trata, esencialmente, del recuerdo del amor, pero en su última parte -a partir del poema "Calígene" (p. 38. op. cit)-, el discurso se gira hacia la desaparición del propio amante-autor, y el libro contiene, entonces, varios de sus mejores poemas, que están dedicados a una meditación (apenas susurrada) sobre la muerte y el olvido.

      

          CALÍGENE

 

    ¿Por qué, de pronto,

    me envuelve la calígene?

    ¿Quién la envía?

    porque no viene sola

    está acompañada

    de un latido fantasma

    que reconozco,

    pero que ya no tiene nombre. 

 

            (fragmento)

 

    Los poemas de recuerdo del amor (que ocupan las dos primeras partes del poemario) son, en su conjunto, maravillosa secuencia de una conversación (a veces, intercalada con monólogo) del autor con el alma y el cuerpo amados. Poemas en ausencia, que nos traen cierta melodía de Pedro Salinas y otras veces del primer Luis Cernuda. Pero el vocabulario, el tono, la sustancia misma de las palabras y de los versos en que se hilan son tan reconocibles de la poesía de Javier Lostalé, que estamos, muchas veces, como lectores, a punto de anticiparnos a su paso por la lectura del poema. Como ocurre con aquellas buenas canciones cuyos versos se grabaron en la memoria y asoman en nuestros labios antes de volverlas a recitar su cantor. Evidentemente (y he ahí el misterio) este libro de poemas es nuevo, no lo conocíamos hasta su lectura. Términos como calígene, cencellada, quizá no se encuentren -o sí- en la poesía amorosa, ni en la poesía mística castellanas. Otros muchos términos nos transmiten inmediatamente el color y signo de la escritura poética del autor de Cielo y La tormenta transparente: claustro, revelación, soledad insomne, frente a solitud, mirada, serenidad, etc. Hay versos que nos entregan, por sí solos, todo el aroma de una alta música:

        "Tan veloz surca la memoria el pensamiento"

                        (del poema "Pensamiento", p. 28, op. cit.)

        "consumarse en hermoso latido solitario"

                        (verso final de "Adviento", p. 12)

 

    Hay algo, muy sutil, con firma propia, en el gradual cambio de tono, como ocurre con la secuencia final del poema "Último reinado", donde, tras una primera serie versal de evocación de "tu voz", que culmina en los dos versos donde el mismo término vuelve a mencionarse: "El canto completo de mi ser / está unido a tu voz", que la resumen en un tono más íntimo y grave; el poema concluye con esos tres versos finales de honda confesión y tono desgarrado y liberador, al mismo tiempo. Cito todo el poema (p. 33):

 

ÚNICO REINADO

 

Es tu voz el único reinado

en el que nunca anochezco.

Cada día en ella me engendro

para ser contigo de mí desposeído.

Por eso aunque no la escuche

se me aparece 

y me entrega su sonido

sin tiempo ni lugar,

pues es sólo advenimiento,

bautismo sin presencia.

El canto completo de mi ser

está unido a tu voz.

Si algún día ella se apagara,

dejaría que el deseo navegase virgen

hasta abrazarme a su cielo desprendido. 

 

    Quizá el poema más significativo, de donde toma título (citamos de manera completa, p.13):

 

        MIRADA SOLAR

 

En el claustro de tu mirada

voy escribiendo mi vida.

En la intersección de sombra y luz

donde una fuente secreta se abre en silencio

te escucha mi deseo

dentro de la llama quieta de tu sueño.

En el claustro de tu mirada

el cielo de tu paisaje

con su brisa suave me quema.

De tanto ver ya ciego

me inclino ante lo que no entiendo

para concebirme a solas en su misterio.

En el claustro de tu mirada

no hay alba ni atardecer

pues sin tiempo transparecen

dos almas en ascensión. 

 

     La pasión serena propicia, en este poemario, el discurso de un pensamiento poético tan arrimado a las cosas humanas, signo de una sabiduría sencilla, nada ostentosa en palabras cromáticas y rebuscadas. Basta una imagen extraída de un fenómeno natural, la cencellada, para indicarnos todo el mundo del recuerdo y nuestra condición de seres que pasan con su carga de memorias hacia la niebla final (la "calígene" del origen mítico y el fin, del olvido o la consumación máxima del amor). 

 

CENCELLADA

 

En todo lo vivido

hay cencellada,

su calambre blanco.

Nada muere sin antes dejar su rocío.

Tocar un objeto es en otra mano atardecer.

Mientras alguien nos mira desde una fotografía

respondemos empañados de cuanto no está.

No hay memoria sin olvido

ni lugar que nos reciba

sin la compañía de lo que fue.

 

            (fragmento, p. 23) 

 

    La simbología es distinta en Aleixandre, Cernuda y Lostalé, pero hay cierto recurso común a estos tres poetas: la tendencia a unir lo humano con la naturaleza y el amor pleno con el olvido.

 

Los poemas del libro se presentan sin separación estrófica, acorde con la melodía interna de un sentir reflejado en la corriente de los versos, que de manera discreta, en clave a veces, aspiran a seducir al lector y abrirle camino a la "ascensión" (de su espíritu o de su sentimiento de la vida). La obra de Lostalé, como toda o gran parte de la poesía excelente, lanza una llamada al alma y la estimula a más alta aventura. Aunque el libro contenga un sentir profundo en sus dos grandes momentos (ausencia-recuerdo del amor- previsión de la muerte-olvido y/o consumación del amor), culmina con un poema final, casi a modo de "cabo" del libro. "Solitud". En dicho poema, como en el reverso, están escritos todos los poemas anteriores en una clave positiva, casi diríamos, por contraste, optimista. Solitud, advertimos, tiene aquí el sentido de soledad benéfica, acepción que, quizá proveniente de otro idioma, se ha introducido recientemente en el nuestro. El autor lo ha captado con buen olfato. El poema es, también, una poética, a la que pone broche una alusión al músico más callado: Juan Ramón Jiménez. (Gracias, Javier Lostalé, por tu palabra clara).

 

   SOLITUD

 

Tu lugar es no tener lugar,

estar siempre en el tránsito. 

Arder en la pureza

de tu propia compañía. 

Transformar el desierto

en la belleza de una lágrima. 

Entre ti y la niebla

en silencio aún sucede

la estación total. 

 

 

Fulgencio Martínez

En Huesca, miércoles 1 de octubre 2025 

 

 

 

miércoles, 12 de marzo de 2025

"Vivir es un asunto personal", itinerario poético de Rafael Soler. Artículo de Fulgencio Martínez. / Estudios de poesía española IV / Revista Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 33. Nueva Col. DOSSIER VIVIR ES UN ASUNTO PERSONAL. RAFAEL SOLER

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIVIR ES UN ASUNTO PERSONAL, ITINERARIO POÉTICO DE RAFAEL SOLER

 

 

El poeta valenciano Rafael Soler ha recogido en un solo volumen de hermoso título (Vivir es un asunto personal) sus seis libros de poesía publicados hasta la fecha, a lo que hay que añadir los poemas publicados en revistas.

Rafael Soler fue Premio de la Crítica Literaria Valenciana con uno de esos libros, editado en 2014: Ácido almíbar. Los títulos de las obras de poesía de este autor son siempre una significativa alusión a su contenido, como en este último citado; expresan una cualidad de la poesía de Soler: la unidad de los contrarios, la superación de la aparente contradicción (u oxímoron) desde una más profunda visión poética de las cosas.

Bien es cierto que dicha “visión” se ancla en unas vivencias, que el poeta desmonta y con las que el poeta alza el vuelo en el poema. Así, el vivir pero también el escribir poesía son los asuntos en los que se desnuda el ser humano de sus disfraces superficiales, de las máscaras sociales y hasta de su propias grandezas y miserias adheridas en el ordinario transcurrir de sus trabajos y sus días. Para que aparezca el ángulo personal escondido detrás de cada uno de sus actos cotidianos. Ganar esa posición, ese ángulo personal es la gran apuesta de esta poesía de Rafael Soler.

Vivir es un asunto personal está publicado por Olé libros. Es una hexalogía poética que sigue a través del orden sucesivo de publicación de sus seis libros el itinerario de la evolución del mundo poético del autor, muy variado en temas y estilos. Como lector, me han emocionado especialmente los poemas de amor. Cito uno de mis favoritos:

 

En voz muy baja todo

 

Del cristalino al pubis todo es calma

que se altera cuando vas del mentón a la rodilla

 

y de allí a la planta descalza de los pies consecutivos

 

el izquierdo y su zapato

el derecho y sus temores infundados

 

para volver fémur arriba al ombligo proletario

a la cintura esquiva

a la médula espinal sin coartada

 

cuerpo anatómico forense

a minuciosa autopsia sometido y consentido

con otra copa la música sonando.

 

                                                                                                         Vivir es un asunto personal. p. 75

 

 

El poema pertenece a uno de los libros de la hexalogía: “Maneras de volver” (2009).

La libertad del poeta es casi una rara avis en el nuevo puritanismo a que ha retrocedido el presente. En ese poema la mirada amorosa, a lo Vicente Aleixandre, que se deleita en la visión del cuerpo bello (no precisamente amado pasionalmente, sino bello, y que por tanto es contemplado con mirada amorosa y morosa), va sorpresivamente dejando lugar a una mirada clínica, a una autopsia fría (“cuerpo anatómico forense”), que distancia del cuerpo de amor vivo. Sin embargo, el poema delicadamente deja también, en su verso final, como el eco de una música de evocación abierta a la belleza. Misteriosa nota última en ese poema original y extraño, que quizá pueda volver a leerse desde el título: “En voz muy baja todo” (Ya nos hemos referido a la clave significativa de los títulos de los textos en Rafael Soler).


Otro poema que nos ha llamado la atención en especial, es de muy otra armazón estilística y temática. “Fundación de la hoguera”. Dice:

 

            Fundación de la hoguera

 

En el atardecer del mundo desterrado

 

por mi culpa

por mi grandísima culpa

y el pendenciero perdón de los pecados

que puso en mi camino

este desván de piel a oscuras

 

perdiendo por un tris

la entera vida eterna

 

y el disfrute celestial

de una palmera.

 

                                                                               Vivir es un asunto personal. p. 161

 

 

   Este poema es el arranque de la sección 6 de Las cartas que debía (2011), quizá el poemario más complejo, por abierto a lo humano, de los recopilados en Vivir…

Por debajo de la metaforización hay también un asunto oscuro, misterioso, como de insatisfacción ante el placer (símbolo de la “palmera”, un signo anfibológico, ambiguo, tanto de ascesis, así en los místicos o en Miguel Hernández -véase el extraordinario poema juvenil “Silbo de afirmación en la aldea”- como de sensualidad y deseo del placer). Lo religioso, pecaminoso, lo tentativo, junto con una vocación de elevación -frustrada: “perdiendo por un tris / la entera vida eterna”- confluyen en esta pieza sencilla y hermosa, que tiene, como es de destacar, metáforas y versos herméticos muy hermosos. “Este desván de piel a oscuras” como signo de la corporalidad o de la existencia; “la entera vida eterna”, expresión que de forma sutil transforma y recrea, eso es lo difícil en poesía, otra expresión tópica: "vida eterna" (solo con anteponerle el poeta el adjetivo “entera”).

 

 

Los lectores ya pueden hacerse una idea de la temperatura y la variedad de este poeta y del libro que comento. Quisiera solo dejar constancia de otro tema, la ancianidad, la senectud, tema poco usual en la poesía, sobre todo, en la poesía española actual, pero en el que también Rafael Soler coincide con Vicente Aleixandre, el de los últimos libros como Poemas de la consumación. Sólo citaré un fragmento de una “suite”:

                       

   El anciano que ha perdido la paciencia

                 aparta la urgencia de los tubos

                            …

                  final en soledad

                  que anuncia un negro pozo

    

                  el anciano que bien dijo

                  morir a los veinte pido

                  ser eterno

 

 

                                                                     Vivir es un asunto personal, p. 442      

 

El poema pertenece a la primera sección (titulada “Ensayo general con vestuario”) del libro Las razones del hombre delgado (2021).

Salen a escena también los temas de la enfermedad, de la soledad última (nos recuerda el título de José Machado, Últimas soledades de Antonio Machado) y la reivindicación (irónica, al menos) de la inmortalidad.

Poesía, en fin, madura y sustancial la de Rafael Soler.

 

Fulgencio Martínez

editor de Ágora-Papeles de Arte Gramático

 

 

 

___

Más información sobre el libro de Rafael Soler Vivir es un asunto personal (Olé Libros, Valencia, 2021):

 https://olelibros.com/comprar-libros/poesia/coleccion-vuelta-de-tuerca/signifying-nothing-duplicate-1/

 

CUATRO POEMAS DE RAFAEL SOLER, ENTRADA PUBLICADA EN ESTE MISMO BLOG:

 https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2025/03/cuatro-poemas-de-rafael-soler-seleccion.html


jueves, 20 de abril de 2023

Aleixandre, Cernuda y la poesía de Cervantes. Por Francisco Javier Díez de Revenga. Revista Cervantina. La sonrisa de Cervantes / Ágora-Papeles de Arte Gramático. N. 18. Lecturas del Quijote /3

 


 

ALEIXANDRE, CERNUDA Y LA POESÍA DE CERVANTES

 

por Francisco Javier Díez de Revenga

 


V. Aleixandre. Fuente: Agencia Carmen Balcells.

 

La admiración de Vicente Aleixandre por la poesía de Cervantes no debió de ser escasa, cuando lo denomina el «grande poeta, el mayor poeta» y descubre en sus versos la poesía que está en toda su obra, pero que en sus poemas se ofrece virginal, sin alambiques, sin tópicos ni influencias, como una doncella pura, como aquella que utilizara Don Quijote para definir a la poesía, como su propia Gitanilla, Preciosa.

          La ocasión de hablar sobre nuestro primer novelista se le presentó al premio Nobel de Literatura, en 1950, cuando hubo de prologar una colección de poemas que un grupo de escritores había reunido como homenaje a Cervantes. Era una buena oportunidad, porque era la glosa inicial a una «corona poética» tejida por poetas, y Aleixandre se refiere  a diferentes aspectos del escritor, ya sea del Quijote o de las novelas ejemplares: «Mientras Cervantes recibe el homenaje de los poetas, mientras se canta a su española inglesa o al vizcaíno inmortal, o a tal mozo arriero, o mientras el poeta señalado ensalza la melancólica luz que en la hora del atardecer baña piadosamente el espiritual rostro vivido, estamos viéndole adelantar su desnuda mano y repasar estos papeles que la voz de los poetas viene a recordarle: «Mientras Preciosa el panderete toca / y hiere dulce son los aires vanos...»»

          Aleixandre se plantea entonces el enfrentamiento de Cervantes con la realidad, y cómo es su poesía la muestra desde un ángulo distinto, diferente especial: «La realidad preciosa —escribe Aleixandre— se le entró a diario a este hombre por los ojos, y le movió y le obligó mucho más que por los sentidos. Melancólicamente repasa unos versos, tan poco alabados, esa es la verdad, y tan suyos cuando aciertan a serlo. «...esto humildemente escribe / el que por ti muere y vive / pobre, aunque humilde amador»».

          En la poesía de Cervantes ve sobre todo Aleixandre la ilusión de un poeta que quiso serlo y que lo consiguió con el esfuerzo de quien, grande en otros géneros, logra trasmitir en sus palabras el aura de una fantasía poética sin terminación final, sin entrega a los tópicos de la tradición, tan fuerte y tan poderosa a principios del siglo XVII. Por eso sus palabras dejan poco lugar a la duda: «No es precisamente esta fantasía, tópica y servida en los conceptos y tropos troquelados por la tradición renacentista, lo que roza a la misteriosa reina deseada, esa Poesía siempre reconocible, cuya figura está tan clara en la pupila de Cervantes. Es un misterio».

          Y, desde luego, en Aleixandre, todo lo que Cervantes expresa en verso llega a ser original, porque el poeta quiere hacer vivir en su poesía la realidad, la realidad de una doncella de carne y hueso, enteramente pura, como la que el preceptista Cervantes, por boca de Don Quijote, definió al hablar con don Diego de Miranda, y que recordábamos al principio. En la evocación aleixandrina surge esa misma doncella, extraída, no de los tópicos, sino de la realidad visionaria, de la realidad fantástica del propio poeta Cervantes. «La mano la toca cuando la dibuja —escribe Aleixandre—. Atento a un frescor de la realidad Cervantes acierta en el verso a dar bulto a la poesía. Color y sonidos, carne palpitante, datos inmediatos, emoción directa: por ahí, sí, raramente, pero verdaderamente, la fresca realidad se entrega: la realidad de una poesía no acarreada en la fatigada herencia, sino descubierta, sonreída, tentada, como una vívida doncella no del todo rendida, pero sí perfectamente vista, gratísimamente limitada, limpiamente fragante y duradera. También en un soneto le dio nombre y parece un símbolo: Preciosa».

 

 

         

Pero será al final de este magnífico prólogo cuando Vicente Aleixandre exprese el máximo entusiasmo por el poeta, cuando consiga fundir la poesía de Don Quijote y las ejemplares con la poesía de sus versos, como una sola realidad poética, como una sola visión de la lírica cervantina: «Los versos cervantinos duermen con debilidad bajo el ya oscurecido aire. La enorme criatura poderosa que apenas los dejó caer, está lejos ahora, más allá, con toda su fuerza y toda su altísima poesía. La más alta creación, la más desplegada invención y poesía posible hasta ahora en la lengua, existe con su honda ciencia y con toda su inconsumible magia. Sí, los poetas pueden alabar siempre al grande poeta, al mayor poeta Miguel de Cervantes».

 

 

 

Cernuda fue el más admirador de Cervantes poeta entre los poetas del siglo XX. Seguramente para llevar la contraria a los demás, a todos aquellos, antiguos y modernos, que pusieron en duda las condiciones de poeta de Cervantes. Cernuda, desde luego, no tiene dudas, y no se esconde, como hacen tantos, en buscar el poeta Cervantes en su prosa narrativa, en su Quijote, donde hay tanta y tan refinada poesía del espíritu. Pero Cernuda deja muy pocas dudas: la poesía de Cervantes que a él le gusta es la de la prosa, pero también la del verso, desde los de La Galatea hasta los del Quijote.

          Parece interesante recordar sus argumentos, que contrastan con los de algún otro poeta de su generación, como Gerardo Diego, que mide a Cervantes con la severidad de la técnica. En Cernuda todo es más intuitivo, más por gusto, más por puro entusiasmo. Entusiasmo que desde luego viene de antiguo.

          Y es que los dos trabajos que sobre Cervantes se conservan el más antiguo es de 1940, y está referido no exclusivamente a la poesía cervantina, aunque a ella hace referencia. Años después, en 1962, poco tiempo antes de su muerte, dedicará un estudio en exclusiva a la poesía cervantina. Pero en el de 1940 ya sienta las bases de lo que será su entusiasmo, ya que en él se dice con toda claridad, a la hora de defender la unidad profunda de la obra toda de Cervantes: «Se origina dicha unidad, en la amplitud de visión poética del autor, cuyas diversas facetas quedan representadas en cada una de las partes que integran su obra, la cual es, en verso o en prosa, obra poética por excelencia, teniendo nosotros en Cervantes nuestro máximo poeta. Por lo demás, no creo exista escritor a quien le falte la visión poética de la realidad, porque dicha percepción poética, en mayor o menor grado, es lo que confiere alteza y permanencia a una obra literaria. Esto no suele reconocerse hoy, con la injusticia consiguiente para con Cervantes, injusticia que no parece manifiesta, ya que Cervantes es escritor de un país de cuya grandeza nadie quiere acordarse».         

          Desde luego, el sentido de estas palabras hay que situarlo en el momento en que se escriben. Cernuda, en 1940, en Inglaterra, siente ya el pesar del exilio y España para él es nostalgia y en cierto modo rencor. Los poetas ven en Cervantes al gran desgraciado que también tuvo que estar lejos de España, como hará más adelante Rafael Alberti.

          El artículo más decididamente defensor de la poesía de Cervantes es el de 1962, en el que se proclama, recogiendo argumentos ya expuestos en 1941 que «Cervantes era mayor poeta en verso, no me cabe duda, de lo que sus contemporáneos creyeron y dijeron. Si es manifiesto que en Don Quijote, las Novelas, el Persiles y La Galatea, es el mayor poeta de nuestra lengua, supone considerable falta de respeto, y de atención a quien el es, no examinar nuevamente esa cuestión con interés diferente y menos viciado que aquél con el que se le ha venido observando hasta ahora. Porque semeja que Cervantes era poeta más original y valioso de lo que se cree, tanto como poeta lírico que como poeta dramático...»             

          Cernuda revisa, para confirmar, estas observaciones suyas diversos aspectos de la obra poética cervantina, y escoge algunos textos memorables, como los versos de El cerco de la Numancia, en los que pone en boca de España uno de los mejores trozos líricos que compuso, aquel que empieza: «Alto, sereno y espacioso cielo», tras el que Cernuda hace una emocionante actualización de las palabras cervantinas, que, como hemos de ver, no son las únicas entre los poetas de su generación: «No sólo porque al autor de estos se le considera todavía con desvío tan injusto, sino por la visión profética que en ellos hay, me he permitido citarlos. Quienes atravesamos una guerra civil durante la cual uno de los bandos atacó a su tierra y a sus paisanos  con la ayuda de nazis alemanes, fascistas italianos y (última desvergüenza) de soldados marroquíes, la voz de Cervantes nos suena ahí con acento inolvidable: «Y así con sus discordias convidaron / Los bárbaros de pechos codiciosos». Sí, el gran poeta que Cervantes era tuvo vislumbres del destino futuro y desdichado de su tierra y de su gente».         

         

 

 

Las referencias cernudianas respecto a poemas muy significativos del autor del Quijote como la «Epístola a Mateo Vázquez», el poema de Rinconete y Cortadillo «Por un sevillano rufo a lo valón...» o sus comentarios sobre la que Cervantes consideraba —no sabemos si irónicamente— el mejor de sus poemas (el soneto al «Túmulo») o sobre el soneto «Cuando Preciosa el panderete toca», se cierran con conclusiones que hemos de considerar muy valiosas, cuando menos muy originales: «Examínense los versos de Cervantes a la luz de lo que aquí trato de indicar, y véase si es posible calificarlos según la opinión injusta y parcial, dominante hasta hoy, de que no son de un poeta. Aunque tan varia y rica sea la poesía española ¿puede prescindirse en ella de las diferencias que le aporta el verso de Cervantes? No repitamos aquí, una vez más, lo que aún en nuestro siglo repiten, en su edición de las obras, los señores Schevill y Bonilla, diciendo en su introducción a las Poesías sueltas: «La mayoría de ellas distan mucho de acreditar la inspiración de la musa cervantina y sólo merecen conservarse por el renombre del autor». La obstinación de los españoles para sostener y no enmendar sus prejuicios, tiene una consecuencia funesta: la de que los extraños, que, viendo con ojos distintos, y procediendo de ambiente distinto, pudieran estar limpios de nuestros perjuicios, incurren también en ellos; sin duda por no querer ser menos papistas que el Papa, y repiten así la misma injusticia española con energía redoblada. Reconozcamos, al menos, que a Cervantes no le faltan «soltura, fluidez, dominio del verso» (como los dos profesores insisten que les falta), y leamos ya sus versos con menos telarañas en los ojos, porque muchos dones líricos y saber de poeta hay en ellos, por desdeñado que su autor esté de propios y extraños».

          Como vemos la interpretación de Cernuda no puede ser más apasionada y defensora de la poesía cervantina, aunque en ella influyan de manera decisiva los propios avatares vitales de este gran poeta y feliz intérprete de la poesía cervantina.

 


 


  FRANCISCO JAVIER DÍEZ DE REVENGA es catedrático emérito de Literatura Española en la Universidad de Murcia. Ha publicado (entre otros libros de investigación literaria) Estudios sobre Miguel Hernández, y el volumen Miguel Hernández: En las lunas del perito, editado por la Fundación Cultural Miguel Hernández. De entre sus numerosos libros publicados cabe destacar también Los poetas del 27. Tradiciones y vanguardias (Editum, Univ. de Murcia). Es Académico de Número de la Real Academia Alfonso X el Sabio y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.

 

REVISTA CERVANTINA. LA SONRISA DE CERVANTES / ABRIL 2023