LA COMEDIA HUMANA:
PAPÁ GORIOT
Por LUIS QUINTANA TEJERA
Luis Quintana Tejera. Enciclopedia de la literatura en México
Introducción. Resumen.
En 1843 Balzac integró Papá Goriot a la Comedia
humana en el tomo I de “Las escenas de la vida parisiense”. En nota póstuma
dejó establecido que esta novela debía incluirse en “Las escenas de la vida
privada” indicación respetada en la versión definitiva según lo comenta Rafael
Cansino Assens en la nota preliminar del tomo I (1967: 177).
Como analista de la obra de Balzac me
parece asombroso no sólo la extensión de esta “Comedia”, sino también la calidad
de su prosa y los juicios de diverso alcance que intercala en la narración de
los hechos, los cuales ponen en controversia los modos de ser de la sociedad de
la época, los vicios y las aparentes virtudes que caracterizan a esos tipos
literarios que aparecen en el devenir de sus reflexiones.
Ciertamente, el inquieto escritor
francés tuvo presente al componer tal monumental creación a la otra comedia que
la tradición nos ha legado, La divina comedia de Dante Alighieri. Quizás
el carácter escatológico y místico de ésta la aleja de la composición a la cual
pertenece Goriot, pero tienen muchos elementos en común que iré
desbrozando en posteriores escritos sobre una y otra de las creaciones aquí
trabajadas.
Me ajustaré primero al análisis de determinados
pasajes de esta novela de 1834, sin dejar de lado la enorme pasión que me
domina al leer y comentar la obra de este gigante de las letras universales.
Palabras claves
Paternidad, desapego filial, pobreza, topoi, cronos.
Résumé
En 1843, Balzac inclut Papa
Goriot dans la Comédie humaine du tome En 1843, Balzac inclut Papa Goriot dans la
Comédie humaine du tome I des "Scènes de la vie parisienne". Dans des
notes posthumes, il a été établi que ce roman devait être inclus dans "Les
scènes de la vie privée", une indication respectée dans la version
définitive, comme le commente Rafael Cansino Assens dans la note préliminaire
du tome I.
Mots clés
Paternité,
détachement filial, pauvreté, topoi, cronos.
Dedicatoria a Geoffrey Saint-Hilaire.
Esta dedicatoria al zoólogo francés no es casual, sino
que Balzac sustenta muchos de los perfiles de sus protagonistas en aspectos
biológicos que Saint-Hilaire había estudiado detenidamente. La relación
hombre-animal es notable en el análisis del zoólogo francés y Balzac la toma en
cuenta en el momento de describir a sus personajes.
Papá Goriot: La
novela. Análisis parcial.
Este relato presenta los siguientes aspectos en los cuales resaltarán las figuras de los personajes:
Una
pensión burguesa. El topoi del relato.
La
narración comienza diciendo:
Madame
Vauquer, née de Conflans, est une vieille femme qui, depuis quarante ans, tient
à Paris une pension bourgeoise établie rue NeuveSainte-Geneviève, entre le
quartier latin et le faubourg Saint-Marceau. Cette pension, connue sous le nom
de la Maison Vauquer, admet également des hommes et des femmes, des jeunes gens
et des vieillards, sans que jamais la médisance ait attaqué les mœurs de ce
respectable établissement.
El
relato empieza con la presentación de un personaje aparentemente secundario:
Madame Vauquer, quien es la dueña y administradora de la pensión ubicada en el
barrio latino. De acuerdo con el estilo que el realismo impone, el narrador se
detiene en detalles representativos del ambiente que está ofreciendo. En estas
referencias destaca: la anciana señora, el tiempo que lleva al frente de este
establecimiento, la calle en que se halla emplazada la pensión, el nombre del
hospicio: Casa Vauquer y los huéspedes que recibe, tanto hombres como mujeres,
jóvenes y ancianos; un detalle final: las calumnias y embustes —que nunca
faltan— no han podido desmerecer el buen nombre de lugar.
En
seguida entabla un diálogo con su lector implícito, en el cual se atreve a adelantar,
a modo de una lúdica prolepsis, que este mismo lector —cómodamente sentado en
un mullido sofá— pueda llegar a decir que el presente relato lo va a divertir:
Ainsi
ferez-vous, vous qui tenez ce livre d’une main blanche, vous qui vous enfoncez
dans un moelleux fauteuil en vous disant: Peut-être ceci va-t-il m’amuser
(180).
Pero, contra
toda lógica, el lector se sentirá muy bien —ha de comer con buen apetito— y
llegará a pensar que el escritor
ha exagerado un poco y se atreverá a catalogar al discurso de éste, como si se
encontrara en un nivel lírico; “lo acusará de poesía”, dice. El narrador
continúa con su actitud lúdica, mediante la cual interpreta por adelantado lo
que su descifrador está pensando. Juega con el lenguaje y su ironía se hace presente
una vez más:
Après
avoir lu les secrètes infortunes du père Goriot, vous dînerez avec appétit en
mettant votre insensibilité sur le compte de l’auteur, en le taxant
d’exagération, en l’accusant de poésie
(180).
Este
mismo narrador aclara que el drama aquí contado no es ni una ficción ni una
novela. “Todo es verdad” afirma, con lo cual insiste en los términos del
contrato de veridicción de Greimas (1980): “Todo es tan verdadero, que cada
cual puede reconocer los elementos de éste en su casa, quizá en su propio
corazón”.
Ah!
sachez-le: ce drame n’est ni une fiction, ni un roman. All is true, il est si
véritable, que chacun peut en reconnaître les éléments chez soi, dans son cœur
peut-être!
La
argumentación que se ofrece es relativa y, de alguna manera, inocentemente
tramposa; esto lo digo porque en la vida real encontraremos, no hay duda de
ello, los elementos aquí representados; pero es absolutamente subjetivo el que
también puedan hallarse en “su propio corazón”. El narrador acude a la
predisposición de su lector quien, después de leerlo, se involucra con él y termina
aceptando “su verdad”.
En lo
que tiene que ver con la creación literaria propiamente dicha, el narrador
adelanta una ilustración parcial en donde pretende explicar cuáles han de ser
los factores que se tomarán en cuenta en el momento de leer y entender su
propuesta narrativa. Dice al respecto:
La
rue Neuve-Sainte-Geneviève surtout est comme un cadre de bronze, le seul qui
convienne à ce récit, auquel on ne saurait trop préparer l’intelligence par des
couleurs brunes, par des idées graves; ainsi que, de marche en marche, le jour
diminue et le chant du conducteur se creuse, alors que le voyageur descend aux
Catacombes. Comparaison vraie! Qui décidera de ce qui est plus horrible à voir,
ou des cœurs desséchés, ou des crânes vides?
En
primer término y en lo que obedece al topos del relato, la rue
Neuve—Saint—Geneviève será el “marco de bronce” que le atañe a esta narración. Pienso
que el bronce es un metal menos noble —digámoslo así— que la plata o el oro;
por lo tanto, a un contexto de esta condición corresponde una anécdota
sencilla, natural y llana. Sé que la historia de Goriot no es la de un héroe
tradicional, ni siquiera la de una figura moderna. Pero opino que se trata de
un individuo muy humano y profundo en el amor que siente por sus hijas. Será un
verdadero prototipo de cariño paterno que no conoce límites para llegar a
expresar ese mismo afecto. El narrador
hace uso de la antítesis entre el proceder de este padre abnegado y la falta de
respuesta de las hijas, que sólo lo han de ver como un medio para conseguir sus
fines egoístas y mezquinos.
A su
vez, es necesario preparar la mente; para ello, en consonancia con el bronce ya
aludido, habrá que recurrir a colores pardos e ideas graves; de modo que, al ir
avanzando de peldaño en peldaño en el proceso de creación, irá disminuyendo la
luz. ¿Serán los corazones resecos que ya están anestesiados para el amor o los
cráneos vacíos en donde ya no anida, ni una idea? A esta noción el narrador la
apostrofa como “¡Comparación exacta!” Se me ocurre pensar en Delfina y Natasha
—las hijas expósitas del destino— y, en el otro extremo, papá Goriot, el padre
abnegado ante el cual un lector sensible debería derramar al menos una lágrima.
En fin,
hablaré de Goriot a quien conocemos desde el principio de la narración como un
hombre astuto para esas cosas del dinero y que ha conseguido amasar una fortuna;
dice al respecto el narrador:
Jean-Joachim
Goriot était, avant la révolution, un simple ouvrier vermicellier, habile,
économe, et assez entreprenant pour avoir acheté le fonds de son maître, que le
hasard rendit victime du premier soulèvement de 1789. Il s’était établi rue de
la Jussienne, près de la Halle-aux-Blés, et avait eu le gros bon sens
d’accepter la présidence de sa section, afin de faire protéger son commerce par
les personnages les plus influents de cette dangereuse époque. Cette sagesse
avait été l’origine de sa fortune qui commença dans la disette, fausse ou
vraie, par suite de laquelle les grains acquirent un prix énorme à Paris. Le
peuple se tuait à la porte des boulangers, tandis que certaines personnes allaient
chercher sans émeute des pâtes d’Italie chez les épiciers. Pendant cette année,
le citoyen Goriot amassa les capitaux qui plus tard lui servirent à faire son
commerce avec toute la supériorité que donne une grande masse d’argent à celui
qui la possède. Il lui arriva ce qui arrive à tous les hommes qui n’ont qu’une
capacité relative. Sa médiocrité le sauva.
Es tal la generosidad para con sus
hijas que les entregó, mediante una cuantiosa dote, todo su caudal. Delfina y
Natasha, a quienes aludíamos supra, quedaron huérfanas de madre cuando
eran aún muy pequeñas. A partir de ese momento, el protagonista se entregará a sus
pequeñas en cuerpo y alma. Les dará una cuidada educación, con los mejores
maestros que el dinero puede comprar, además se comportará como un padre fuera
de lo común; al seguir el ejemplo de Saint-Hilaire amará a sus hijas con el
instinto de una leona feroz, sustituyendo la dolorosa ausencia de la madre. Con
temor de caer en una postura feminista, como lo hizo Saint Beuve al acusar a Balzac
por la proliferación de mujeres en sus relatos,
opino que Papá Goriot se feminiza al renunciar al mundo para atender sólo y
exclusivamente a sus hijas. Dice al respecto el autor de este artículo: “La
acusación de ser mujer o al menos de degradarse al servirlas como lectoras, ya
lo hemos visto, era arrojada lo mismo al crítico Saint Beuve que al novelista
Balzac, en aquel siglo XIX. Para quienes pensamos, contrarios a la ideología de
géneros políticamente correcta impuesta dos siglos después, que el genio tiene
los dos sexos del espíritu (Jules Michelet), es claro que tanto Saint Beuve
como Balzac cultivaban cierta androginia. No podían ser del todo ajenos a la
misoginia de su tiempo, pero, por su lectura y escritura de “estudios de
mujer”, fueron, en aquellos términos, muy honrosamente femeninos. Alentados por
la Revolución de 1830 y por el sansimonismo, uno y otro, bajo la influencia de
Madame Sand, compartían una forma progresista de vindicar al llamado “sexo
débil” (2022: 16).
El comerciante de fideos asumirá no
sólo el cariño de un padre protector, sino también el afán y ternura de la
madre muerta. Dirá el narrador al respecto:
L’éducation
de ses deux filles fut naturellement déraisonnable. Riche de plus de soixante
mille livres de rente, et ne dépensant pas douze cents francs pour lui, le
bonheur de Goriot était de satisfaire les fantaisies de ses filles: les plus
excellents maîtres furent chargés de les douer des talents qui signalent une
bonne éducation, elles eurent une demoiselle de compagnie, heureusement pour
elles, ce fut une femme d’esprit et de goût, elles allaient à cheval, elles
avaient voiture, elles vivaient comme auraient vécu les maîtresses d’un vieux
seigneur riche; il leur suffisait d’exprimer les plus coûteux désirs pour voir
leur père s’empressant de les combler ; il ne demandait qu’une caresse en
retour de ses offrandes. Goriot mettait ses filles au rang des anges, et
nécessairement au-dessus de 167 lui, le pauvre homme! il aimait jusqu’au mal
qu’elles lui faisaient
Además, el rústico negociante hará de
sus hijas unas señoras facultadas para pertenecer a la clase nobiliaria. Lo
único que no alcanzó a enseñarles es que el dinero no puede comprarlo todo y su
decepción fue in crescendo a medida que las vio entrar poco a poco en la
edad adulta.
Dice el narrador aludiendo al momento
en que ambas señoritas llegan al matrimonio:
Quand
ses filles furent en âge d’être mariées, elles purent choisir leurs maris
suivant leurs goûts : chacune d’elles devait avoir en dot la moitié de la
fortune de son père. Courtisée pour sa beauté par le comte de Restaud,
Anastasie avait des penchants aristocratiques qui la portèrent à quitter la
maison paternelle pour s’élancer dans les hautes sphères sociales. Delphine
aimait l’argent : elle épousa Nucingen, banquier d’origine allemande qui devint
baron du Saint-Empire. Goriot resta vermicellier. Ses filles et ses gendres se
choquèrent bientôt de lui voir continuer ce commerce, quoique ce fût toute sa
vie. Après avoir subi pendant cinq ans leurs instances, il consentit à se
retirer avec le produit de son fonds, et les bénéfices de ces dernières années;
capital que madame Vauquer, chez laquelle il était venu s’établir, avait estimé
rapporter de huit à dix mille livres de rente. Il se jeta dans cette pension
par suite du désespoir qui l’avait saisi en voyant ses deux filles obligées par
leurs maris de refuser non seulement de le prendre chez elles, mais encore de
l’y recevoir ostensiblement.
Anastasia
llega a satisfacer sus ideales de nobleza en los brazos del conde Restaud y
Delfina será la esposa de un banquero de origen alemán de apellido Nucingen. De
este modo, ambas se incorporan a la alta sociedad y, sus respectivos maridos,
verán con avaricia el doble tesoro que el ingenuo Goriot les entrega: la
fortuna de la dote y la gracia sin igual de las jóvenes doncellas. Muy pronto
el aburrimiento e intereses diversos irán separando a las respectivas parejas.
Pero lo primero que hacen los ingratos esposos es repudiar al padre, quien se
verá obligado a ver a sus hijas furtivamente.
Observo
en el proceder de las dos jóvenes hijas de Goriot mucha ambición, pero además
las caracteriza una particular inocencia que las lleva a creer que ellas valen
por sí mismas. No hay duda de que los tramposos varones que las reciben, al
principio al menos, se enamoran de dos cuerpos atractivos y, al verlas
poseedoras de una educación bien cimentada —artículo de lujo en la Francia de
aquel siglo—, caen —aparentemente— rendidos a sus pies. Con el tiempo ellos las
empezaran a utilizar para sus propios fines egoístas prestando especial
atención a la fortuna que habían alcanzado. En fin, Delfina y Natasha serán
esclavas en una sociedad conyugal que las atrapa mientras su pobre padre irá columbrando,
paulatinamente, como se desmoronan sus ilusiones.
Para ubicar mejor la nueva relación
que este padre lleva con sus hijas, leamos lo siguiente:
Les
filles, qui aimaient peut-être toujours leur père, ont voulu ménager la chèvre
et le chou, le père et le mari ; elles ont reçu le Goriot quand elles n’avaient
personne; elles ont imaginé des prétextes de tendresse. « Papa, venez, nous
serons mieux, parce que nous serons seuls ! » etc. Moi, ma chère, je crois que
les sentiments vrais ont des yeux et une intelligence: le cœur de ce pauvre
Quatre-vingt-treize a donc saigné. Il a vu que ses filles avaient honte de lui;
que, si elles aimaient leurs maris, il nuisait à ses gendres. Il fallait
donc se sacrifier. Il s’est sacrifié,
parce qu’il était père : il s’est banni de lui-même. En voyant ses filles
contentes, il comprit qu’il avait bien fait. Le père et les enfants ont été
complices de ce petit crime.
El
lenguaje del narrador se vuelve marcadamente irónico, sobre todo para desnudar
la hipocresía de esas mujeres, quienes se disponen a quedar bien con sus
esposos y con su progenitor al mismo tiempo. Pero para lograr este fin deberán
sacrificar el amor que aparentemente sentían por su padre. Se produce en Goriot
una letal anagnórisis porque, como lo dice la voz que cuenta los hechos: “los
sentimientos verdaderos tienen ojos e inteligencia”, mediante este
reconocimiento comprende que sus hijas se avergonzaban de él y que sus yernos
lo repudiaban; ¿qué hacer, entonces? Alejarse es lo más adecuado, porque si sus
hijas están contentas, él también lo estará.
Agrega en seguida:
Nous
voyons cela partout. Ce père Goriot n’aurait-il pas été une tache de cambouis
dans le salon de ses filles? il y aurait
été gêné, il se serait ennuyé. Ce qui arrive à ce père peut arriver à la plus
jolie femme avec l’homme qu’elle aimera le mieux : si elle l’ennuie de son
amour, il s’en va, il fait des lâchetés pour la fuir. Tous les sentiments en
sont là. Notre cœur est un trésor, videz-le d’un coup, vous êtes ruinés. Nous
ne pardonnons pas plus à un sentiment de s’être montré tout entier qu’à un
homme de ne pas avoir un sou à lui.
Las
reflexiones autorales están llenas de amargura. El hombre, al igual que le
sucede a papá Goriot, termina solo en un mundo que lo desconoce. La imagen:
“Mancha de grasa en el salón de sus hijas” posee un agridulce sabor decadente,
es la representación del deshonor y de la falta de dignidad de quienes,
habiéndolo recibido todo, no son capaces de dar nada a cambio; peor aún,
traicionan a su benefactor y me recuerdan el asombro de Julio César al ver a
Bruto empuñando el puñal: “Tú también hijo”. Las traiciones de los
descendientes son las que más duelen.
Por otro lado, me parecen muy
importantes y bellos, estéticamente hablando, los juicios de valor sobre el
mundo y sus injusticias que corren a cargo de la prima de Eugenio Rastignac —la
vizcondesa de Beauseant— y la condesa de Langeais. El diálogo entre ambas se
expresa de la siguiente manera:
Ce
père avait tout donné. Il avait donné, pendant vingt ans, ses entrailles, son
amour; il avait donné sa fortune en un jour. Le citron bien pressé, ses filles
ont laissé le zeste au coin des rues. –Le monde est infâme, dit la vicomtesse
en effilant son châle et sans lever les yeux, car elle était atteinte au vif
par les mots que madame de Langeais avait dits, pour elle, en racontant
cette histoire. –Infâme! non, reprit la
duchesse ; il va son train, voilà tout. Si je vous en parle ainsi, c’est pour
montrer que je ne suis pas la dupe du monde. Je pense comme vous, dit-elle en
pressant la main de la vicomtesse. Le monde est un bourbier, tâchons de rester
sur les hauteurs. Elle se leva, embrassa madame de Beauséant au front en lui
disant: Vous êtes bien belle en ce moment, ma chère. Vous avez les plus jolies
couleurs que j’aie vues jamais. Puis elle sortit après avoir légèrement incliné
la tête en regardant le cousin.
El
texto en el idioma original supera la traducción que aquí presento. La anáfora
de la expresión verbal: “Il avait donné” remarca la entrega de Goriot a sus
ingratas hijas y la injusticia que ello conlleva, al mismo tiempo que el relato
adquiere un ritmo elegante y tierno, casi romántico diría, sin la intención de
contradecir a Balzac. La enumeración de lo que ese padre les ha entregado es
digna de destacarse también: les ha dado todo, veinte años de abnegación y
ternura doliente, sus entrañas, su amor, en fin, su fortuna. Leo en seguida una
bella y doliente metáfora: “El limón bien exprimido”, del cual sus hijas han
dejado las ralladuras en las esquinas de las calles. Eso es Goriot para ellas,
un objeto tan sólo que después de usarlo se desecha.
La
vizcondesa agrega: “El mundo es infame”. A lo cual la duquesa complementa:
“¡Infame! […] va por su camino, eso es todo”. Y continúa el lenguaje figurado:
“El mundo es un lodazal, tratemos de quedarnos en las alturas”. Este juicio axiológico sobre el universo en
que nosotros, los hombres, habitamos, es trascendente en palabras del narrador
francés, porque testimonia una forma de pensamiento que ha permeado en la
humanidad desde el siglo XIX hasta el oprobioso siglo XXI en que vivimos. ¿Será realmente así? Pienso que los seres
humanos no llegamos a ponernos de acuerdo en temas verdaderamente trascendentes
y nos enfrentamos y peleamos por asuntos que no lo son tanto.
Quienes han recibido mucho se dan el
lujo de rechazar o ignorar al padre que, con el cariño de una madre, les había
proporcionado bienestar y placeres. Sus yernos también se avergüenzan de Goriot
y prohíben el ingreso de éste a la casa.
El drama se va apoderando de la
narración y lo que podría haber sido un verdadero happy ending para
este padre que había llegado a cumplir con sus más caras aspiraciones, se
vuelve un sad ending; un
doloroso final que, a pesar de todo, Goriot lo asume con resignación mientras
se conforma con una sonrisa tan sólo, cuando las veía en secreto.
Podemos contemplar de esta manera el
“sino trágico” de Papá Goriot, cuya existencia puede ser observada desde la
doble perspectiva: la crianza de sus hijas y el presente ingrato que el
personaje columbra desde la triste y miserable pensión de Madame Vauquer. Este
hospicio es el topoi en que se desarrollan los hechos, al igual que el cronos
está dado por esa miserable temporalidad en el que tanto el personaje central
como los otros habitantes del hospicio se desenvuelven.
Insistimos en el término Sad ending
porque de un modo desgarrador concluye la novela. Desenlace doloroso que
conduce a sucesivas anagnórisis de los personajes, sobre todo de Eugenio
Rastignac.
Conclusión: la muerte y el entierro de Goriot
Papá Goriot ha muerto en medio de la indiferencia de
todos. El discurso del narrador es contundente y nos revela lo que ya
conocíamos, nadie extrañará a Goriot y el propio Eugenio, amigo del personaje y
amante de su hija Delfina, se irá acostumbrando a su ausencia. Dice al
respecto:
–
Oui, monsieur Eugène, dit Christophe, c’était un brave et honnête homme, qui
n’a jamais dit une parole plus haut que l’autre, qui ne nuisait à personne et
n’a jamais fait de mal. Les deux prêtres, l’enfant de chœur et le bedeau
vinrent et donnèrent tout ce qu’on peut avoir pour soixante-dix francs dans une
époque où la religion n’est pas assez riche pour prier gratis. Les gens du
clergé chantèrent un psaume, le Libera, le De profundis. Le service dura vingt
minutes. Il n’y avait qu’une seule voiture de deuil pour un prêtre et un enfant
de chœur, qui consentirent à recevoir avec eux Eugène et Christophe. – Il n’y a
point de suite, dit le prêtre, nous pourrons aller vite, afin de ne pas nous
attarder, il est cinq heures et demie. Cependant, au moment où le corps fut
placé dans le corbillard, deux voitures armoriées, mais vides, celle du comte
de Restaud et celle du baron de Nucingen, se présentèrent et suivirent le
convoi jusqu’au Père-La-Chaise. À six heures, le corps du père Goriot fut
descendu dans sa fosse, autour de la quelle étaient les gens de ses filles, qui
disparurent avec le clergé aussitôt que fut dite la courte prière due au
bonhomme pour l’argent de l’étudiant. Quand les deux fossoyeurs eurent jeté
quelques pelletées de terre sur la bière pour la cacher, ils se relevèrent, et
l’un d’eux, s’adressant à Rastignac, lui demanda leur pourboire. Eugène se
fouilla, il n’avait plus rien, et fut forcé d’emprunter vingt sous à
Christophe. Ce fait, si léger en lui-même, détermina chez Rastignac un accès
d’horrible tristesse. Le jour tombait, il n’y avait plus qu’un crépuscule qui
agaçait les nerfs; il regarda la tombe et y ensevelit sa dernière larme de
jeune homme, cette larme arrachée par les saintes émotions d’un cœur pur, une de
ces larmes qui, de la terre où elles tombent, rejaillissent jusque dans les
cieux. Il se croisa les bras et contempla les nuages. Christophe le quitta.
Rastignac, resté seul, fit quelques pas vers le haut du cimetière et vit Paris
tortueusement couché le long des deux rives de la Seine, où commençaient à
briller les lumières. Ses yeux s’attachèrent presque avidement entre la colonne
de la place Vendôme et le dôme des Invalides, là où vivait ce beau monde dans
lequel il avait voulu pénétrer. Il lança sur cette ruche bourdonnante un regard
qui semblait par avance en pomper le miel, et dit ces mots grandiose: – À nous
deux maintenant! Il revint à pied rue d’Artois, et alla dîner chez madame de
Nucingen. Saché, septembre 1834.
Subrayamos los siguientes momentos para concluir con este doloroso relato:
1. Escuchamos el discurso conciliador que siempre
oímos ante la tumba del difunto. La muerte es la gran liberadora de la vida:
“Era un hombre bueno y honrado”. Quizás los hombres con esas características no
deberían pertenecer a este mundo egoísta, que tan bien definiera la vizcondesa
y la condesa de Langeais según lo comentado supra.
2. Los que participan de la ceremonia
de despedida de este padre ejemplar, lo hacen con una indiferencia
perturbadora.
3. Sólo dos carruajes acompañan al
cortejo; pero esos carruajes, que pertenecen a Restaud y Nucingen
respectivamente, están vacíos. Los maridos ni siquiera se rinden ante el poder
de la muerte, las hijas, ausentes ellas también, prefieren empezar a olvidarse
de este padre amoroso sin mirar atrás.
4. A las seis de la tarde, el cadáver
de papá Goriot descendió a su tumba y se perdió en la inmortalidad de su alma.
Todo había terminado para él o, mejor aún, apenas empezaba.
5. Eugenio no tiene ni siquiera dinero
para darle una retribución al sepulturero y se ve obligado a pedirle
veinte sueldos a Cristóbal. La pobreza de esos humildes seres humanos que
acompañan al féretro contrasta con la riqueza que otrora poseyera el
protagonista, riqueza que ha ido a parar a los bolsillos avaros de los esposos
malditos. Éste es el mundo “infame” en que habitamos todos nosotros como lo
decían las dos damas ya citadas.
6. Rastignac contempla las orillas del
Sena; allí está París con sus historias y con sus pesadumbres. París, el gran
personaje silencioso de Balzac que no falta a la cita para despedirse de su
fiel Goriot.
7. Parece que todo vuelve a empezar
cuando Eugenio, como primer acto de su desafío a la sociedad, se dirige a la
casa de la hija lejana, de Delfina, para comer con ella. La vida continúa y la
ausencia de Goriot no es más que un vacío que, de antemano, todos lo han
llenado.
Bibliografía
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. Zweig, Stefan (2019). La
novela de una vida, Madrid, Paidós.
NOTAS
La señora Vauquer, de
soltera De Conflans, es una anciana que desde hace cuarenta años regenta una
pensión en la calle Neuve-Sainte-Geneviève, entre el barrio latino y el de
Saint-Marceau. Esta pensión, conocida bajo el nombre de Casa Vauquer, admite
tanto a hombres como mujeres, jóvenes y ancianos, sin que las calumnias hayan
atacado nunca las costumbres de tan respetable establecimiento. (2003: 179).
Así mismo
haréis vosotros, los que sostenéis este libro con una mano blanca, que os
hundís en un mullido sofá, diciéndoos: «Quizás esto va a divertirme.» Después
de haber leído los secretos infortunios de papá Goriot comeréis con buen
apetito, poniendo vuestra sensibilidad a cuenta del autor, tachándole de
exagerado, acusándolo de poesía. ¡Ah!, sabedlo: este drama no es, una ficción
ni una novela. All is true, todo es
tan verdadero, que cada cual puede reconocer los elementos de este en su casa,
quizás en su propio corazón. (2003: 180).
La rue
Neuve-Sainte-Geneviève, sobre todo, es como un marco de bronce, el único que le
cuadra a este relato, para el cual hay que preparar la mente mediante colores
pardos, por medio de ideas graves; de modo que de peldaño en peldaño va
disminuyendo la luz, y el canto del guía va expirando cuando el viajero
desciende a las Catacumbas. ¡Comparación exacta! ¿Quién decidirá lo que es más
horrible: corazones resecos o cráneos vacíos? (2003: 180)
La
educación de sus dos hijas fue naturalmente irracional. Rico de más de sesenta
mil libras de renta, y no gastando ni mil doscientos francos para él, el señor
Goriot cifraba su dicha en satisfacer los caprichos de sus hijas: los más
excelentes maestros recibieron el encargo de instruirlas cabalmente; tuvieron
una señorita de compañía; afortunadamente para ellas, fue una mujer inteligente
y de buen gusto; montaban a caballo, iban en coche, vivían como habrían vivido
las amantes de un rico señor anciano; les bastaba con expresar los más caros
deseos para ver a su padre desvivirse por realizárselos; no pedía más que una caricia
en pago de sus ofrecimientos. Goriot ponía a sus hijas en la categoría de los
ángeles, y necesariamente por encima de él mismo, ¡el pobre! Amaba incluso el
mal que ellas hacían (2003: 229).
Cuando
sus hijas estuvieron en la edad de casarse, pudieron escoger a sus maridos
según su gusto: cada una de ellas había de tener como dote la mitad de la
fortuna de su padre. Cortejada por su belleza por el conde de Restaud,
Anastasia tenía tendencias aristocráticas que la indujeron a abandonar la casa
paterna para lanzarse a las altas esferas sociales. A Delfina le gustaba el
dinero: casó con Nucingen, banquero de origen alemán, que llegó a ser barón del
Santo Imperio. Goriot no pasó de fabricante de fideos. A sus hijas y a sus
yernos pronto les escandalizó verle continuar su comercio, por más que éste
hubiera constituido su vida entera. Después de haber resistido durante cinco
años a sus instancias, consintió en retirarse con el producto de su capital y
los beneficios de aquellos últimos años; capital que la señora Vauquer, en cuya
casa fue a establecerse, había calculado que le reportaba de ocho a diez mil
libras de renta. Fue a encerrarse en aquella pensión como consecuencia de la
desesperación que se había adueñado de él al ver que sus dos hijas habían sido
obligadas por sus maridos a negarle no sólo el acogerle en su casa, sino
incluso el recibirle en ella de un modo ostensible (2003: 230).
Las
hijas, que quizá seguían amando a su padre, quisieron quedar bien con la cabra
y con la col, o sea, con el padre y con el marido; recibieron a Goriot cuando
no tenían a nadie en casa; imaginaron pretextos de cariño: «Venid, papá;
estaremos mejor, porque estaremos solos», etc. Pero, querida, creo que los
sentimientos verdaderos tienen ojos e inteligencia: el corazón de este pobre Noventa
y Tres ha sangrado. Ha visto que sus hijas se avergonzaban
de él; que, si ellas amaban a sus maridos, él molestaba a sus yernos. Era
preciso, pues, sacrificarse. Él se sacrificó, porque era padre: se desterró de
sí mismo. Al ver a sus hijas contentas, comprendió que había hecho bien. El
padre y las hijas fueron cómplices de este pequeño crimen (2003: 229).
Vemos
esto en todas partes. ¿No sería el padre Goriot una mancha de grasa en el salón
de sus hijas? allí se habría avergonzado, se habría aburrido. Lo que le pasa a
este padre le puede suceder a la mujer más linda con el hombre que más amara:
si ella lo aburre con su amor, él se va, es cobarde y escapa de ella. Todos los
sentimientos están ahí. Nuestro corazón es un tesoro, vacíalo de repente, estás
arruinado. No perdonamos más a un sentimiento por haberse manifestado por
completo que a un hombre por no tener un centavo propio (2003: 229).
[11]
Este padre
lo había dado todo. Había dado, durante veinte años, sus entrañas, su amor;
había regalado su fortuna en un día. El limón bien exprimido, sus hijas dejaban
la ralladura en la esquina de las calles. -El mundo es infame -dijo la
vizcondesa, deshaciendo su chal y sin levantar los ojos, porque estaba
profundamente conmovida por las palabras que la señora de Langeais le había
dicho al contarle esta historia. - ¡Infame! no, respondió la duquesa; va por su
camino, eso es todo. Si te hablo así, es para demostrar que no soy el engañado
del mundo. Pienso como tú, dijo, apretando la mano de la vizcondesa. El mundo
es un lodazal, tratemos de quedarnos en las alturas. Se levantó, besó a la
señora de Beauséant en la frente y le dijo: "Estás muy hermosa en este
momento, querida". Tienes los colores más bonitos que he visto. Luego
salió después de inclinar un poco la cabeza, mirando al primo (2003: 230).
Sí,
señor Eugenio —dijo Cristóbal—; era un hombre bueno y honrado, que nunca dijo
una palabra más alta que otra, que no perjudicaba a nadie y nunca hizo mal
alguno. Los dos curas, el monaguillo y
el capillero llegaron y dieron todo lo que se puede dar por setenta francos en
una época en la que la iglesia no es lo suficientemente rica para rezar gratis.
Los clérigos cantaron un salmo, el Libera,
el De profundis. El servicio duró
veinte minutos. No había más que un solo coche para un sacerdote y un monaguillo,
que consintieron en recibir con ellos a Eugenio y a Cristóbal.
—No hay comitiva —dijo el cura—; podemos ir
deprisa para no llegar tarde; son las cinco y media.
Sin embargo, en el momento en que el cadáver
fue colocado en el coche fúnebre, dos carruajes con escudo de armas, pero
vacíos, el del conde de Restaud y el del barón de Nucingen, se presentaron y
siguieron el convoy hasta el Padre Lachaise. A las seis, el cadáver de papá
Goriot fue bajado a la fosa, alrededor de la cual se hallaban los criados de
sus hijas, que desaparecieron con el clero tan pronto como fue dicha la breve
oración pagada al buen hombre con el dinero del estudiante. Cuando los dos
enterradores hubieron lanzado unas paletadas de tierra encima del ataúd para
ocultarlo, se incorporaron y uno de ellos, dirigiéndose a Rastignac, le pidió
la propina. Eugenio buscó en su bolsillo y no encontró nada, y viose obligado a
pedirle prestados veinte sueldos a Cristóbal. Este hecho, poco importante en sí
mismo, provocó en Rastignac un acceso de horrible tristeza. Caía el día y un
húmedo crepúsculo irritaba los nervios. Eugenio miró la tumba y sepultó en ella
su última lágrima de joven, aquella lágrima arrancada por las santas emociones
de un corazón puro, una de aquellas lágrimas que, desde la tierra en que caen,
vuelven a saltar hacia el cielo. Cruzóse de brazos, contempló las nubes y, al
verle así, Cristóbal le dejó. Rastignac,
habiendo quedado solo, dio unos pasos hacia la parte alta del cementerio y vio
París tortuosamente recostado a lo largo de las dos riberas del Sena, donde
empezaban a brillar las luces. Sus ojos se clavaron casi con avidez entre la
columna de la plaza de Vendôme y la cúpula de los Inválidos, allí donde vivía
aquel mundo en el que había querido penetrar. Lanzó a aquel lugar una mirada
que parecía querer libar la miel por anticipado, y dijo estas palabras:
—Ahora
nos toca a nosotros dos.
Y como primer acto de desafío a la sociedad,
Rastignac fue a comer en casa de la señora de Nucingen (2003: 332-333).
LUIS QUINTANA TEJERA, escritor y profesor mexicano, nacido en Uruguay
(1947), es doctor en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y
miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Conacyt. Se desempeña
como profesor de literatura en la Facultad de Humanidades de la UAEM e imparte
las materias de “Narrativa breve” y “Tragedia” en la Licenciatura de esa
Facultad. Ha publicado libros y artículos de crítica literaria en numerosas
revistas especializadas. Su participación en el área de la investigación tiene
que ver con la obra narrativa y con los aportes que en ese contexto se han
ofrecido desde el XIX hasta el siglo actual.
En mayo de 2016 fue distinguido con el Premio a
Obra Publicada 2016, otorgado por la Universidad Autónoma del Estado de México
y la UAEM; en reconocimiento a la amplia trayectoria de Luis Quintana Tejera
y, específicamente, por la publicación de su libro Literatura y
Contemporaneidad 2, bajo el sello de la Editorial Patria Cultural de
México.
Más información en: Enciclopedia de la literatura en México.
http://www.elem.mx/autor/datos/107516


REVISTA ÁGORA-PAPELES DE ARTE GRAMÁTICO/ Clásicos de la Literatura Universal. Bibliotheca Grammatica/ Septiembre 2022