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martes, 2 de noviembre de 2021

Miguel Hernández, 111 años de su nacimiento. "Miguel Hernández y las generaciones" Por Fulgencio Martínez. Revista Ágora digital. Diario político y literario de FM


 

MIGUEL HERNÁNDEZ, 111 AÑOS DE SU NACIMIENTO

 

Un 30 de octubre de 1910 nacía en Orihuela Miguel Hernández. Se han cumplido 111 años y han nacido seis o siete generaciones después. Si nos atenemos (con Ortega y Gasset) a la escala temporal de quince años para una generación: la de los niños y adolescentes de la guerra, nacidos entre 1925 y el 39, a la que perteneció mi padre y entre los que han caído muchos por la covid o el covid; la de la posguerra (entre el 40 y el 55), la del desarrollo económico (entre el 56 y el 70), a la que yo pertenezco; la de la crisis y la democracia (entre el 71 y el 85); la de fin de siglo (entre el 86 y el 99), la milenial (entre 2000 y el 2015) y la actual baby (a partir de 2016).

Miguel Hernández fue de la generación enérgica que, tanto en el bando republicano como en el nacional, se alistaron en las filas de los combatientes de la guerra civil del 36-39. Sin embargo, esta generación había sido, en España, la generación de la paz, de la paz neutral española durante el primer gran conflicto bélico europeo del siglo XX.

Algunos de la anterior generación de jóvenes fueron enviados, para cumplir con el servicio militar, a los conflictos de África (como fue el caso de Ramón J. Sender, nacido en 1901, quien alcanzó el grado de alférez provisional en la Guerra de Marruecos, entre 1922 y 1924). Y más atrás de esa generación del fin del siglo XIX, se cuenta la que sufrió el desastre del 98, la generación que cumplió su servicio militar en Cuba o en Filipinas; generación mártir, diezmada por las guerras y las enfermedades, que se cebaron sobre muchos soldados de extracción proletaria que no podían pagar su redención del servicio. No vayamos más atrás para hacerse cada uno de los lectores una idea de la situación y de su situación en ella. Alguno de ustedes aún recordará la historia de algún abuelo en la guerra de Cuba.

Tengo a Miguel Hernández por título de abuelo. Mi verdadero abuelo Fulgencio, al que no conocí, fue guardia de asalto. (Ya sé lo del chiste: que no es lo mismo ser guardia de asalto que dar saltos alrededor de un guardia) Mi otro abuelo, el materno, desertó de soldado forzado republicano (que no todos eran milicianos alegres, armados hasta los dientes de ideología, tanto en uno como en otro bando). Y la razón que nos dio una vez a sus nietos, nos convenció: “Es que no tenía odio a nadie”.

Ya está bien de presumir de odios y de abuelos o bisabuelos. Pongamos de moda el pacifismo, la no confrontación entre españoles, no enseñemos el odio porque el odio envejece, incluso a los niños.

Miguel Hernández escribió casi a finales de la guerra su libro El hombre acecha (1938-39). Este libro, compuesto de 19 textos, contiene siete u ocho poemas mayores (entre otros, desgastados y menos valiosos poéticamente). Pero los genios están para crear tres o cuatro piezas inolvidables, no para hacer carpintería y bulto.

El hombre acecha es la cumbre de la poesía social. Atrás queda Viento del pueblo, su poemario épico; y en pocos meses Miguel será arrastrado al calvario de las cárceles de Franco, donde escribirá su, quizá, definitivo testamento lírico (y humano), su gran Cancionero y romancero de ausencias, y los poemas últimos, póstumos (grandiosos, tremendamente verdaderos y emocionantes) que reunió para su publicación su amigo, el genial, pacífico Vicente Aleixandre. Nadie más opuesto a Miguel y nadie más igual a él en grandeza, humanidad y generosidad que este Vicente, que dio de comer a la viuda y al hijo del poeta oriolano en la más dura posguerra.

¿Por qué valoro tanto El hombre acecha de Miguel Hernández y sin embargo cuestiono hoy la poesía social? Repara en que en nuestros días hasta alguien corregiría su título por no ser “poligénero”. Escribí en enero de este año una reflexión sobre Miguel Hernández y la poesía social, que ha publicado la Fundación Miguel Hernández de Orihuela en un libro colectivo, y en el mismo periódico La opinión de Murcia publiqué también una “poética errática” donde dejo un poco asomar mi perplejidad y termino diciendo que solo se puede hacer hoy una poesía de crítica política o personal. ¿Por qué no gusto de la etiqueta social? Mire, aquí pasa como en todo: las marcas se confunden con las cosas, como lo de "desarrollo sostenible" o "feminismo" con las realidades y problemas que esas marcas invisibilizan bajo pretexto de visibilizar, pero solo parcial e ideológicamente: estoy en contra por sistema, preventivamente, de todas esas marcas (palabras-eco trampas). Igual me pasa con "valores", "democracia". Yo, hace unos años, más ingenuo que hoy pero con olfato de la diferencia, que es lo que Heráclito recomienda aplicar a las cosas, distinguí entre poesía cívica y poesía social. Yo en 2010 y hasta 2014 creía en la poesía cívica, que habla desde la conciencia ciudadana, etc… Incluso lo social, que era en el siglo XX el realismo social (en el fondo, todo lo que fuera procomunista o compañero de viaje del comunismo) habría de reescribirse en nuevos términos cívicos, incluso cívico-ilustrados, valores, derechos humanos, democracia, libertad, justicia, etc, etc.

Ocurre que a) los "valores" y demás son otras palabras trampa, tal como las han reacuñado -Nietzsche diría: transvalorizado, como la moneda cambiando el valor pero manteniendo la palabra-efigie misma, y qué grande fue aquel Diógenes falsificador de monedas por hacer la contraria. Lo suyo era ya propaganda por el hecho, como hacían los anarquistas con sus atentados; como ya hizo, antes que el cínico, incluso Sócrates, o el Sócrates al que se atribuye haber dicho, ante el escaparate de una tienda, ¡cuántas cosas...no necesito!

Pero b) no les podemos dejar el campo libre a los que se fingen demócratas para que se apropien de esas armas dialécticas. Esa es su táctica, que te autoexcluyas, digas que no eres demócrata o renuncies a las palabras y las cosas que ellos han secuestrado, y te quedes al margen. Dialécticamente, no hay que darles esa ventaja, hay que vencer con el argumento circular (Aristóteles), como el que vence en un pulso, aprovechando la fuerza del contrario, es decir, desentendiéndolos y poniéndoles contra sus propias palabras-trampa. ¿Fascistas? También hay fascistas de izquierdas: que se acostumbren a oírlo... Solo así puede uno de verdad plantearse una búsqueda equilibrada, entre la crítica y el compromiso en la situación.

Los valores están bien custodiados en los poetas (en Vallejo, en García Lorca, en Hernández, en el mejor Machado, Antonio, y en Manuel, grandísimo poeta este, en Rubén sobre todo, el más grande de los grandes). Los valores, que los políticos tanto manosean y desgastan... convertidos en palabras consignas ideológicas, y muchas veces hipócritas. Pero, ¿por qué nos siguen gustando tanto versos como estos de El hombre acecha, el mejor libro de poesía social, o cívica, fuera de un contexto concreto bélico? “Para la libertad sangro, lucho, pervivo, / para la libertad mis ojos y mis manos / como un árbol carnal, generoso, cautivo, /doy a los cirujanos...

O cuando leemos La voz a ti debida, de Salinas, nos volvemos al puro sentido del amor que alguna vez y siempre... Y es no entender el arte, ni un poema, que es creación total única en el momento y en lo eterno, querer releer los valores del mismo por la biografía sentimental del poeta. Casi no importa, no afecta y distrae del valor de la iluminación del texto escrito en un momento (de enamoramiento o de fulgurante vida), qué me importa lo que haga o hizo después el escritor, como si se mete a húsar. La poesía es, el poema, unos pocos poemas, como unos pocos textos, novelas, cuadros, sinfonías, justifican a un gran autor.

En este otoño, estación en que vio su primera luz, recién cumplidos 111 años de su nacimiento, invito a las generaciones de mis contemporáneos a leer a Miguel Hernández, ya un clásico a prueba de su utilización sectaria; y a mirar más allá de nosotros, y vosotros, a la situación. Como escribí en otro lugar: “Hoy, igual que mañana, compadres, necesitamos a este poeta grande, rescatado de los puños y las banderas enfrentadas” (“Encuentros con la poesía”, Fundación Cultural Miguel Hernández, 2021, p. 41).

 

 

Fulgencio Martínez

escritor, fue profesor de filosofía

  

    REVISTA ÁGORA DIGITAL/ artículos

domingo, 19 de septiembre de 2021

Noofobia y dictaduras. (En apoyo del escritor nicaragüense Sergio Ramírez)/ Diario politico y literario de FM /Ágora digital/ septiembre 2021

 

                                                                               Sergio Ramírez, escritor, Premio Cervantes

 

Noofobia y dictaduras. En apoyo del escritor nicaragüense Sergio Ramírez

 

Artículo publicado en el periódico La Opinión de Murcia. (21-9-2021)

https://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2021/09/21/noofobia-dictaduras-57500703.html

 

El escritor Sergio Ramírez no tiene la suerte de vivir en una dictadura de derechas-derechas, sino en una de pseudo-izquierdas, es decir, en un régimen militar y paramilitar (ambos términos suelen coimplicarse) que niega la libertad de pensamiento y expresión, así como vulnera los principios más elementales de la democracia, disfrazando el terror con la pátina de marchitas gestas revolucionarias. 

Sergio Ramírez ha sido víctima de la feroz dictadura de la familia Ortega, negreros y dueños absolutos de un pequeño país llamado Nicaragua -¡nada menos que la patria del revolucionario de la poesía moderna en español, el gran Rubén Darío! Esta revolución rubeniana sí que no ha envejecido.

Un país que en sus tiempos pasados dio cuna y palabra a uno de los mejores poetas de la historia del español ha degenerado en un inframundo, una infraCuba, tras la apropiación de la revolución sandinista por el comandante Ortega y sus deudos ávidos (de dólares, que no de versos ni prosas profanas).

Un país que nos manda exilados, emigrantes, niños para educar (yo mismo he sido, en un instituto, profesor de algunos adolescentes nicaragüenses, a los que devolvía parte de su autoestima perdida el tener noticias de que su país era cuna de Rubén Darío, cuya foto aparecía en el libro de Literatura). Un país, Nicaragua, del que también, hace unas décadas, nos vino un Premio Cervantes, Sergio Ramírez, perseguido ahora en su tierra.

Amnistía Internacional, la militancia de los partidos democráticos españoles y europeos deberían no cesar de pedir para Ramírez el mismo amparo que recibiría este si fuera perseguido en una dictadura de derechas. La experiencia del siglo XX enseña qué poco va de una etiqueta a otra (derecha o izquierda) cuando se trata de regímenes que persiguen, amordazan, encarcelan y odian la inteligencia en todas sus expresiones.

Daniel Ortega encabeza una dictadura noofóbica, caracterizada por el odio a la inteligencia y, en especial, a las letras críticas y a la libertad cervantina y rubeniana.  Sin embargo, en el patio mundial, muchos (miles o millones de fantasmas) perdonan con su silencio a quien es un dictador "de los suyos".

 

PS: admita el lector el término “noofobia” (odio a la inteligencia; de noos, inteligencia, y fobos, miedo y odio) a semejanza, en otros órdenes, de términos como noosfera y noogénesis. El vínculo de noofobia y dictadura quedó inmortalizado, icónicamente, en el grito ¡Muera la inteligencia! que se atribuye a Millán Astray, fundador de la Legión, ante el rector Miguel de Unamuno el 12 de Octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca.

 FULGENCIO MARTÍNEZ

editor, poeta y fue profesor de filosofia

dirige la revista Ágora-Papeles de Arte Gramático

 

 

viernes, 18 de junio de 2021

¿Puede el Gobierno negarse a conceder los indultos a cambio de los apoyos parlamentarios que necesita? Diario politico y literario de FM / JUnio 2021

 

                         FUENTE; RTVE

 

¿PUEDE EL GOBIERNO NEGARSE A CONCEDER LOS INDULTOS?

 

La gran pregunta que habría que hacerse no es si el Rey puede negarse a firmar los indultos sino si puede el Gobierno presidido por Sánchez negarse a concederlos como pago a los apoyos parlamentarios que necesita.

En la lógica del partido Sánchez (un partido creado a imitación del partido Podemos y radicado en un líder monoteísta como fue Pablo Iglesias) la respuesta es no: y no es no, si lo dice él, o , si hubiera otra estopa para quemar y mantener la hoguera del poder encendida en sus manos. 

Entonces el Pere Sànchez de hoy se volvería del revés la careta y tornaría al Pedro Sánchez de hace unos años, cuando condenaba a los golpistas, ultranacionalistas y preconstitucionales, en Cataluña y pedía que se ampliaran las penas por sedición a rebelión y se mostraba en contra de los ahora traídos y llevados indultos.

Pero la pregunta, en realidad, es una falsa pregunta, o si quieres, una pregunta metafísica, para Sánchez. La política, tal como la entienden políticos como él, es un juego de poder donde se juntan unos y otros incapaces y ambiciosos para eliminar a los más aptos. El resultado es que la política, así entendida, se convierte a medio y largo plazo en la selección de los más necios e ineptos, los cuales se montan, generación tras generación, sobre las espaldas de los trabajadores manuales e intelectuales. 

- Eso es la política, sin más, amigo mío: desengáñate. Bien que hubo en la Antigüedad y en los tiempos modernos algún Pericles, algún Winston Churchill, pero, en términos estadísticos, esos buenos políticos no suman más de un cero con cero, cero y uno.

- Puede ser.

Sánchez no tiene capacidad de seducir ni a la mitad del país, como hizo en su tiempo Felipe Gónzalez, quien aunó el espíritu del cambio que necesitaba España. Ni siquiera le veo compitiendo, en el mismo peso, con la señora Ayuso. Saldría noqueado. 

Es un personaje de paja, un instrumento necesario para los ultras nacionalistas que tratan de destruir el Estado español, la soberanía del pueblo español y la Nación española; no solo desde Cataluña, también desde el País Vasco y desde aquellas otras regiones que encuentran en esa guerra ideológica un supuesto beneficio propio.

Hace unas pocas fechas el Presidente de la Comunidad catalana, Pedro Aragonés (en castellano) no recibió ninguna amonestación ni protesta institucional de parte de Pere Sànchez (entre Pedro y Pere anda el ovillo), como debió de recibir de este último, del Presidente del Gobierno de la Nación. Aragonés cometió una torpeza y descortesía hacia el Rey y jefe del Estado de España Felipe VI, en su visita a una región española. Si una autoridad extranjera hubiera sido tan maleducada con una autoridad política española, hubiera habido una protesta diplomática. En el caso de la falta de educación de Aragonés, la falta fue de una autoridad española de rango menor con el Rey, y merecería un apercibimiento por dejación de la función institucional y de las obligaciones del cargo que representa en nombre de la Constitución y del Rey de España.

-Merecería un tipo así cenar con los puercos.

Estamos, sin embargo, mal acostumbrados a tipos torpes y descorteses. Pero no nos acostumbraremos nunca a la deslealtad. Como en octubre de 2017, la de aquellos otros tipos desleales a España, como los llamó, desenmascarándolos, el Rey, en su decisivo discurso tras el golpe de palacio. Los felones Junqueras, Puigdemont, Jordi ac Jordi, y todo esa cuerda de presos, algunos todavía sin entrar en la sala, como el  boti  Rufián; llamado así, en algún momento, por los suyos el que con tanta convicción había lanzado el calificativo de botifler contra otros: quien a hierro mata... 

¿Qué saca Pedro Sánchez con indultar a los que fueron y siguen declarándose desleales con España?  A corto plazo, como bien he oído decir a César Antonio Molina, gana tiempo, para mantenerse en el poder y en el campanario de su ego. Se comporta igual que esos porteros que pierden tiempo para que no se jueguen los últimos momentos del partido: estoy de acuerdo con esa descripción de Sánchez poniendo el tema de los indultos en las primeras páginas todos los días. Pero me temo (a largo plazo) que el sanchismo críptico,  lo que se cuece detrás de la firma Sánchez, es más peligroso para los españoles.

Una nación no es destruida en un solo tiempo (salvo por guerra o catástrofe natural). El lenguaje críptico de Sánchez (últimamente habla de "reconstrucción") casi siempre significa lo contrario de lo que literalmente dice:  Reconstruir un país dividido (¿por qué? ¿por quiénes?, ¿por qué frentes de guerra? ¿por qué invasores?) significa seguir cavando la fosa en que quieren él y los golpistas enterrar la nación de España. 

- Si preguntas a muchos de tu generación, te dirán que piensan muy mal de los nacionalismos, mal de las naciones, y solo un poco menos mal de las nacionalidades. 

- Casi tenderán a achacar a las naciones todo el mal del mundo.

Cuando Dante Alighieri, en el siglo XIII, se esforzaba por unir voluntades, lenguas, almas, y hacer de las ciudades-Estado italianas una unidad política y cultural más grande, estaba dando un paso de progreso. Ni siquiera nuestros admirados griegos (Atenas, Corinto) pasaron de ser pequeñitas naciones. La solidaridad y la protección mutua de los hombres y las mujeres agrupados en Estados-Nación modernos supusieron ampliar (respecto a la Antigüedad) el campo de los derechos y libertades de los ciudadanos. En el siglo XX fue posible, por fin, una Carta de los Derechos Universales del Hombre. Pero eso ha sido posible precisamente por las naciones comprometidas con ellos (y lo sigue siendo, y en el plano ético se han hecho valores que cuentan en la evaluación y mejora de las leyes positivas).

No existe ninguna Metanación que construya y funde actualmente los Derechos Humanos. La ONU no es otra cosa que una organización de Naciones, donde, por cierto, las más poderosas tienen veto y más voz. Esto es así.

¿De dónde, sin embargo, ha surgido el argumento interesado de que las Naciones son hoy en día una barrera, una antigualla, para el progreso? Más bien, al contrario: las Naciones nos protegen de las grandes Corporaciones, de los grandes poderes viscosos, no transparentes, y de las mafias que dominan partidos políticos, tanto democracias como dictaduras.

Fue grande Atenas. La "polis", o Ciudad-Estado. Pero, en otro momento, surgieron las grandes Naciones modernas (España, la primera, Francia, Inglaterra... hasta al fin, en el siglo XIX, Alemania e Italia).

Cuando alguien te quiera vender el argumento de que está desfasada la nación, mándalo a paseo, si no quieres que él se haga fuerte y tú débil. Quiere montar una suya, pillando un trozo de la de todos los españoles, de los que han sido y son, y de los nuevos españoles que vendrán a la existencia. Esa continuidad soberana, ancha, es tu poder: que nadie te lo quite. 

A diferencia de mi admirado César Antonio Molina, creo que Sánchez es solo un síntoma, un nadador a favor de la corriente, en todo caso; es un político oportunista, sin duda, con un carisma menor de lo que él cree y de un peso y de un carisma inferiores a los de la señora Ayuso.

Pero en su alma se cuecen muchos de los ingredientes del aquelarre al que ciertas fuerzas oscuras quieren llevar a España. Esos que apoyan la poca o nula estima que tiene Sánchez de la cultura, la historia y la ciencia españolas (y su sustitución por supuestos valores modernamente correctos: feminismo, ecologismo, antifranquismo, etc); los que  aplauden y justifican su entrega amistosa a los ultranacionalismos preconstitucionales (como el vasco, el catalán, el gallego y en alza, el valenciano y el balear), y en fin, los que tienen su mismo sectarismo anacrónico, adicto a ejercer de Gran Hermano sobre la historia y la cultura (quitando, por ejemplo, nombres de calles de los que consideran sus enemigos, y propagando el enfrentamiento de una España progresista y de izquierdas frente a otra de derechas o de ultraderechas, caraalsol, facha).

- Con estos bueyes hay que arar.

- Solo queda seguir dando la batalla en la cultura.

-Tienen en sus manazas la democracia, y harán una higa al Rey mientras lo aplauden para que firme sus indultos...

 - Un republicano dice. ¡Viva el Rey!


Fulgencio Martínez


 18 de junio 2021