ÁGORA. ULTIMOS NUMEROS DISPONIBLES EN DIGITAL

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Tras el desorden. Musa epigramática: la poesía diversa de Fulgencio Martínez. Por Javier Puig. Bibliotheca Grammatica / Poesía. Novedades /Avance de Ágora. N. 42. Otoño 2026 Nueva Colección

 


 

 

Tras el desorden. Musa epigramática: la poesía diversa de Fulgencio Martínez

 

 

 

Tras el desorden. Musa Epigramática (Olélibros, 2026) es el segundo poemario que he leído de Fulgencio Martínez (me he perdido, de momento, la mayor parte de su larga trayectoria). El anterior, Sendas de invierno (Ars Poética, 2025), coincide con este en una presentación previa muy suigéneris. En ese libro se refería la relación del autor con la también poeta Dionisia García. Esta le devolvió su manuscrito con la recomendación de numerosas correcciones, de las que el poeta aceptó apenas una docena, explicitándose los cambios efectuados. Este tema, el de la corrección de la poesía por cuenta ajena, daría para una reflexión bien meditada. Como también lo pueda ser la corrección propia, que, en Tras el desorden, Fulgencio Martínez aplica a una serie de poemas ya anteriormente publicados.

          Si en Sendas de Invierno la entrada del libro incidía en la relación con la poeta albaceteña, aquí el autor antepone al poemario −aparte de un excelente prólogo de Alfredo Rodíguez−, por una parte, la reproducción de una carta que le envía a uno de sus posibles editores, y que es la respuesta a un informe de lectura en el que se achaca al libro precisamente cierto desorden, así como la inclusión de esos poemas cuya revisión es informada sin tapujos, dando idea de una continua provisionalidad, de una sucesiva viveza, que no parece gustarle al lector de la editorial. Fulgencio afirma: “En otros libros míos, en revistas, en blogs, en papeles de internet, hay versiones de las que no me arrepiento, porque el texto está vivo”. Y acaba diciendo: “Bueno, esto no es una defensa de mi libro, sino una defensa de la verdad de mi libro Tras el desorden”.

          Y es que estoy ante un poeta especialmente rebelde −como casi todos lo son, o deberían serlo, en su grado y a su manera−, que nos informa sin ambages de sus insobornables procesos constructivos. Un poeta que transige solo con algunas observaciones, aquellas que no cuestionan la autenticidad que tanto desprenden sus poemas. Un poeta contundente que busca la intrépida verdad. En una de las citas de Miguel Sánchez-Ostiz, que también preceden al poemario, recoge: “Tienes necesidad de poesía, de palabras verdaderas…”. Y añade otra afirmación del rotundo poeta navarro: “En nuestro siglo hay que ser mediocre, es la única posibilidad de no fastidiar a nadie”. Y es tanto así que Fulgencio se une a la consideración de esas palabras al elegir para el libro una dedicatoria tan provocativa como esta: “A quien pueda molestar”. Y es que hay que saber entenderla. Si uno no puede hacerlo sin ayuda, puede recurrir a esta que se ofrece en el epílogo, en carta a Miguel Sánchez-Ostiz: “Como ves, me gusta liarla con el lector, generar con paratextos, comunicación. Mi libro estará dedicado: “A quien pueda molestar”. Estos son mis mejores lectores, los que se molesten”.

 

          Ya el título interior del poemario añade un paréntesis que nos indica que estamos ante una antología, parece que fundamentalmente centrada en los últimos años, partiendo desde la pandemia, aunque hay algún poema fechado con anterioridad. El subtítulo también nos habla del tono del libro, que nunca acaba de mecerse en un lirismo blando, aunque incluya poemas que transmiten una contemplación serena. Estos se nutren de una postura encendida, de una profundidad como la que alberga uno de sus poemas breves: “Escribo con una mitad de mí. / Y voy de esta parte a la otra por la / sola pasarela de las palabras”. Y es que, en algunos momentos, encuentro cierta cercanía con lo aforístico, como en “Conócete a ti mismo”: “He conocido a alguien, pero no sé si soy yo”; o en “Contraataque”: “Ni es el eco el que me sigue, soy yo a él. / Esa servidumbre es lo que me angustia”. Y ese tono de la brevedad paradojal, reflexiva, juguetona y seria al mismo tiempo, se declara explícitamente en esa pieza titulada “Perplejidades (diez aforismos)”.

          Y es que estamos ante un libro muy bien surtido de múltiples enfoques, en el que también tiene cabida lo narrativo, como en “Paradoja del deseo”, además de algún poema en prosa. Aunque su mayor recurrencia sea la demoledora crítica satírica que promete el título, como en el poema “Sombras en el salón del juego (Diatriba)”, en el que se habla del culto de Narciso, de esqueletos sin canto, de los que apuestan en la mesa del becerro de oro, para terminar con un: “Sabed cuánto os desprecio”. Ese desprecio es el que expresa por los políticos. Así comparecen en los epigramas algunos nombres gastados por la penosa actualidad, como Ábalos o Zapatero. En sus “Ditirambos” se vuelca en afirmar: “Calígula entronizó a su caballo. / En España, puede ser / ministro un burro”. Estos ditirambos están dedicados a los “políticos fuleros” que “no son peores que nosotros, / son lo peor de nosotros. / Pobres diablos y diablas, rebuznantes”.

 

          Entre los poemas, en los que la mirada se remansa, están los magníficos “Una grieta” o “Me queda atrás una juventud desordenada”. Y es que, como digo, me equivocaría demasiado si quisiera describir una sola dirección de este poemario. También encontramos emotivos poemas elegiacos como “Laude a Leopoldo Hércules de Solás”: “La bondad de Leopoldo no era de ángel / pero como si lo fuera: / era, incomprensiblemente, humana”. Las setenta y tres piezas de este libro parecen brotar de un jardín global muy reconocible, aun estando formado por unas unidades que pertenecen a planteamientos muy diferenciados.   

          Uno de mis poemas favoritos es esa bella y amorosa reflexión cuyo título es “Todo es confuso”: “No hay que preguntarle al sino, / que nos fuerza como el rayo. / Hay que dar a la amistad / el corazón abierto y la sonrisa / abierta. Todo es confuso, / siempre ha sido así, y quizá ahora / mucho más. / Pero tus días / se rijan por el ordo amoris / de los maestros del Medievo, / la ratio affectiva prime / sobre tus razones”.

 

          Podría servir como poética del autor “El poeta y el sueño”, donde se dice que “el poeta no deja de escribir mientras duerme”; o que: “En el sueño late vivo lo inexpresable, / lo que le empuja a emborronar poemas, / a destruir y rehacer sus versos, / para preservar el sentido en su alma”. Son ese espíritu alerta, esa hambre de expresar en versos lo que conmueve, lo que altera, lo que interpela, el motor de unos poemas que se alzan sobre sí mismos, integrados en una panorámica que busca acercarse a una totalidad de lo sentido como necesario y verdadero. Tras el desorden se convierte así en una muestra de liberada versatilidad, aquella de la que es capaz y a la que se atreve un poeta cabal como lo es Fulgencio Martínez.


                                                                                                  Javier Puig

 

 


 

 

 

 

 

Javier Puig (Barcelona, 1958). Poeta, narrador y crítico literario y cultural. Ejerce su magisterio literario desde Alicante, y Orihuela en concreto. Detrás tiene una obra poética ya considerable, y un amplio trabajo de curiosidad y comentario de la actualidad cultural que se ha concretado en más de quinientos artículos sobre literatura pero también sobre cine. Es colaborador del periódico digital Mundiario. Ha publicado, en poesía, recientemente el poemario En la espesura de lo invisible (ed. Ars poetica, Oviedo, 2026), y con anterioridad, Estancias en la finitud (2020, Elche, Frutos del Tiempo) y En la mirada (2023, Ars poetica). Además, publicó en 2025 un libro de relatos (La cercanía de los extraños, 2025, Frutos del Tiempo).

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario