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sábado, 25 de abril de 2026

DOSSIER 2. AITOR LARRABIDE. PREMIO MARÍA MOLINER (EN PREMIOS CERVANTES DE "ÁGORA" O PREMIOS DE LA SONRISA DE CERVANTES" EN LA EDICIÓN DE 22 DE ABRIL 2026. / TEXTO ANTOLÓGICO DE AITOR LARRABIDE: "MIGUEL HERNÁNDEZ". ÁGORA 38. Nueva col.

 

                                           Aitor Larrabide, frente a la Fundación Miguel Hernández. Orihuela (Alicante)

 

 

MIGUEL HERNÁNDEZ

 

Por Aitor Larrabide

Fundación Miguel Hernández. Orihuela

 

 

Miguel Hernández tuvo una educación reglada hasta los catorce años, que ha sido motivo de interés entre la crítica. De sus cuatro hermanos Miguel fue el único que disfrutó de algo similar a una formación aceptable. Pero la educación no reglada, enraizada en el ámbito de lo popular, construyó su formación y también su carácter. Los trovos, el fútbol o el teatro clásico fueron motivos inspiradores que lo unen con la naturaleza misma de lo popular, sin desdeñar la alta literatura clásica. Estas dos líneas (culta y popular) lo sitúan en el centro del debate sobre la esencia o personalidad de la literatura de entonces, muy del ámbito del 27, herederos de la Institución Libre de Enseñanza. Su participación en las Misiones Pedagógicas es la constatación de todo ello. En Miguel Hernández se percibe una corriente subterránea, íntima y circular hacia lo popular. Al final de su obra regresa al neopopularismo del que partió en sus orígenes (y del que, de alguna manera, nunca permaneció ajeno), métricamente más rico y desde los temas planteados más profundo. Vemos cómo su poesía va creciendo en calidad, riqueza de metros empleados y temas. Hay palabras-tipo con una fuerte carga semántica que emplea desde el inicio de su obra, como luna, viento o mar, elementos de la naturaleza que irán variando su significado conforme él mismo va madurando. 

        Recordemos que, en los apenas doce años de afanosa dedicación a la escritura, percibimos en sus obras un amplio recorrido por la poesía española del siglo XX: posmodernismo, regionalismo, vanguardias, poesía clasicista, poesía comprometida o de combate, y poesía de corte intimista. Sus libros de poesía están bien construidos y diseñados desde el punto de vista editorial. Y murió a los 31 años, con toda una vida por delante, que fue cercenada por la Dictadura.  

        El compromiso político hernandiano no nació, en nuestra opinión, motivado por una sola circunstancia, por muy importante que fuera, o por influjo “dañino” de amigos que lo querían atraer a las filas comunistas por proselitismo. El compromiso político hernandiano hunde sus raíces en el contexto social, histórico, económico y cultural de su pueblo natal, Orihuela, y en su pertenencia (e identificación plena) a una clase social humilde y trabajadora. Miguel Hernández empezó a darse cuenta de que el mundo no estaba bien hecho cuando se percató de las grandes injusticias y desigualdades sociales. Ya escribió poesía con tintes “sociales” antes, como “¡En mi barraquica!” o “Al trabajo”, y en su obra teatral Los hijos de la piedra, pero con un paternalismo que defiende el sistema heredado de terratenientes y se opone al sindicalismo de clase. Sin embargo, una vez despojado de ese influjo del entorno (Luis Almarcha, Ramón Sijé, etc.), gracias a la educación, impulsada por la Segunda República, decisiva para esa toma de conciencia, Miguel Hernández  afirmará: “Sonreídme, que voy / a donde estáis vosotros los de siempre, / los que cubrís de espigas y racimos la boca del que nos escupe, / los que conmigo en surcos, andamios, fraguas, hornos, / os arrancáis la corona del sudor a diario” (En Viento del pueblo, precisamente, se incluye el poema “El sudor”, uno de los de más altura lírica de ese libro).

        Desde la Revolución de Octubre de Asturias en 1934 el país se encontraba alterado y la literatura se convirtió en reflejo fiel de esa anómala situación y de ese desasosiego. Se despierta en Miguel Hernández la conciencia del poder transformador de la palabra y la función social y política de la poesía. Su poema “Sonreídme” marca esa nueva etapa, vital, estética y literaria.

        Miguel Hernández fue un escritor perfectamente consciente de la clase a la que pertenecía. Cierto es que esto no sucedió hasta la primavera de 1935, cuando empezó a residir de manera permanente en Madrid. Sus amistades, nuevas lecturas y los dramáticos sucesos ocurridos en ese tiempo le abrieron los ojos y el corazón “hacia las cumbres más hermosas”, esto es, hacia el pueblo, de donde procedía. 

 

(Fragmento antológico, elegido por el autor)

 

Aitor Larrabide Achútegui (Bilbao, 1969), residente en Orihuela. Es director de la Fundación Miguel Hernández y reconocido especialista en la obra del poeta oriolano. La revista Ágora le ha reconocido en abril de 2026 con el Premio María Moliner a la transmisión cultural.

 

 

Aitor Larrabide ha recibido el Premio María Moliner, en la edición de 2026 de LOS PREMIOS CERVANTES DE ÁGORA O DE LA SONRISA DE CERVANTES resuelta el 22 de abril de 2022, Día del español global y del aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, el autor de La gitanilla.

El Premio María Moliner valora la labor realizada por particulares o instituciones a favor de la transmisión cultural, antropológica, filológica y en especial literaria y poética que ha engrandecido la lengua española y es impulso a la continuidad y excelencia de la cultura española en los tiempos actuales y venideros.

El jurado, 12 personas de diversas orientaciones y culturas (poetas, criticas, profesores de Universidad, escritores rumanos, directores de revistas literarias, novelistas, periodistas de radio y televisión) ha "reconocido en D. Aitor Larrabide la importante labor de la transmisión cultural, literaria y, en especial, de la poesía española y miguelhernandiana", y agradece, con este modesto premio, a D. Aitor Larrabide, "su energía al frente de la Fundación Miguel Hernández en Orihuela desde hace muchos años".  (extracto del punto 3 del Acta Oficial de los Premios Cervantes de Ágora 2026).


 


PLIEGO DE MÉRITOS DE AITOR LARRABIDE.

Opiniones y valoraciones de algunos jurados:

 

Z: Además de su dedicación a la investigación de la obra hernandiana y de autores de la Generación del 27, destaca por su encomiable labor al frente de la Fundación Miguel Hernández, que desempeña prácticamente en solitario, sin personal a su cargo y pese a las numerosas dificultades institucionales, incluidos recortes presupuestarios. Cabe subrayar también su apoyo constante a escritores y creadores de la Vega Baja mediante publicaciones, asesoramiento y difusión de sus obras. Considero acertada su convicción de que apoyar el presente literario y artístico de Orihuela y su comarca constituye una de las mejores formas de mantener viva la memoria de Miguel Hernández.

A: Por cierto, ha sufrido en más de una ocasión recortes en los presupuestos, incluso trabaja mayormente sin empleados a su cargo. Doy fe de ello porque lo conozco desde que llegó a Orihuela, hace muchos años, para elaborar su tesis doctoral sobre nuestro reconocido poeta. Me llamó la atención, siendo él de Bilbao, su entusiasmo y su incansable trabajo como investigador de Miguel Hernández. Asimismo, publica obras de autores actuales de Orihuela y otros pueblos. Es, por tanto, un difusor del arte y la cultura, un apoyo constante, un hombre que trabaja muy de corazón.

F: Aitor Larrabide merece el Premio María Moliner por su labor longuincua y siempre seria, no partidista, al frente de la Fundación Miguel Hernández en Orihuela, que ha sabido mantener al margen de prebostes y comisarios la dirección de la preservación y difusión del legado de uno de los grandes poetas europeos del siglo XX, Miguel Hernández Gilabert. De acuerdo totalmente con las razones también expuestas por A y por Z, académicos (in sombra) de la de Oleza.

 

R: Apoyo.

 

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Más información sobre el flamante "Premio María Moliner":

Diario Información de Alicante. 22-4-2026 (Artículo de Juan Fernández)

https://www.informacion.es/cultura/2026/04/22/cervantes-premian-director-fundacion-miguel-hernandez-ilicitano-juan-carlos-lozano-felices-129405166.html

 

Los "otros Cervantes" premian al director de la Fundación Miguel Hernández y al ilicitano Juan Carlos Lozano Felices

El galardón, concedido anualmente por la revista cultural Ágora, también reconoce la labor del oriolano José Manuel Ramón con su obra Vanitas y homenajea al poeta Ángel Guinda a título póstumo

 

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La revista Ágora agradece a Aitor Larrabide la aceptación del premio, y su apoyo a las iniciativas que esta revista ha tenido en el pasado, como la publicación de varios números impresos y digitales de Ágora dedicados a Miguel Hernández, donde él y la Fundación Miguel Hernández han colaborado.