HABLEMOS SOBRE DIOS. ("Sobre Dios. Pensar con Simone Weil", de Byung-Chul Han)
Sobre Dios. Pensar con Simone Weil
Byung-Chul Han
Paidós, 2025
Mi segunda lectura del filósofo surcoreano1: Sobre Dios (Pensar con Simone Weil) es una obra sintomática de nuestros tiempos, que llamaremos post-wokistas (pues, a falta de otro término menos ambiguo, no encontramos una mejor rotulación para aludir a una circunstancia en que el pensamiento filosófico creativo está aún despertando de la modorra de la ideología del "despertar-woke" que vino para plegarse como un guante a la globalización y al pseudocosmopolitismo de las dos primeras décadas del siglo XXI). El ensayo de Han ha sido publicado por Paidós, la primera edición en octubre de 2025. Mi ejemplar se presenta como parte de una sexta edición, lanzada en noviembre de 2025. Tal fue el éxito de público que tuvo esta obra; si bien entre un exiguo pueblo reflexivo. La traducción al español desde el original alemán es de Lara Cortés.
Sprechen über Gott: El título de la obra en alemán es aún más significativo que su título castellano, donde falta el verbo hablar: sprechen, en alemán. Indica ya el título el propósito del ensayo: ponernos a hablar de nuevo sobre Dios. Ortega en ¿Qué es la filosofía?, o en En torno a Galileo, libros que recogían conferencias y artículos del maestro, ponía el énfasis -como bien saben los retóricos para captar la atención del lector- en la actualidad y en la urgencia de los temas de dichos libros: respectivamente, la metafísica o en general la filosofía (la necesidad de hacerse una idea o proyecto vital para orientarse); y la ciencia, la física en concreto, el ápice de la racionalidad despuntando desde comienzos del siglo XX: la gente debería correr en masa a enterarse de las novedades diarias que salen de los laboratorios de física y en menor cuantía de los gabinetes de filosofía. Lejos de ser un "tema palpitante" el tema de Dios.
Ni entonces ni mucho menos ahora, a pesar de una actual moda (en cine, en música, en ensayos como este de Han) que ha vuelto a tratar del más importante tema de la "filosofía perennis", después del tema del alma. San Agustín -hagan memoria conmigo- ya decía que solo esos dos eran los temas que le interesaban como pensador.
La coyuntura en que surge el ensayo de Byung-Chul Han -tercera década del siglo XXI- es muy distinta a cualquier otra de la Historia, y decir esto es evidentemente una perogrullada. Todas las circunstancias históricas son, como tales circunstancias, distintas, y hasta cierto punto únicas. La circunstancia actual es la crisis y agonía del wokismo, del pensamiento correcto superior (hay otro inferior, derrotado o marginado, desde este pensamiento triunfante durante las dos o tres pasadas décadas, si nos remontamos hasta la última del siglo XX).
El wokismo se resiste a morir, decretó muerto el pensamiento correcto inferior o ultra, que aún le sirve de marco hostil, de adversario frente al que definirse y marcar territorio; se fijó con el horizonte de la Agenda 2030, o sea, dos mil treinta (los cursis no anglos dicen veinte-treinta, como si hubieran olvidado expresarse en otra lengua que el inglés), y en sus términos fijados ha venido ejerciendo un apostolado omnívoro en la casi totalidad de los órdenes y subórdenes. Desde el céntimo que pagamos todos los días para el bono social de las víctimas de pobreza energética que la misma Agenda ha creado con la impostura del culto al clima (yo lo he comprobado en mi recibo mensual de la luz: la compañía eléctrica me impone, en nombre del Gobierno verde de mi país, ese recargo. No me hace gracia que me impongan su generosidad y buenas prácticas piadosas, a mí, que no soy un negacionista, sino un ateo del culto al clima, de cualquier culto, lo siento, wokistas agendosos). Desde los miles de impuestos que se desvían de una economía y una cultura vivas, a un esquema de una sociedad "utopista" realizada, pero solo emocionalmente, en el deseo y en la entrega y obediencia a un culto fantasmagórico, que ha sustituido el altar de Dios por la "naturaleza".
Ese culto tiene conciencia de ser un sucedáneo de religión, pero ha descubierto (descubrió pronto) que no necesita más que el mecanismo de la conciencia culpable (propio de la verdadera y falsa religión) para hacerse fuerte y dueño del rebaño humano. Sin embargo, es compatible su laicismo con una admiración vergonzante a las religiones fuertes aún vivas, como el Islam radical.
También es compatible con aquellas filosofías "orientales", o cristianas occidentales que han venido o vendrán a hacernos más culpables -por la mala dieta (hay que ser vegetarianos o incluso abstenerse de comer en lo posible; un acto feo: comer), por el uso de las nuevas tecnologías (digitalización que nos somete). Hay que recuperar lo que sea -la atención, el sentido de obediencia a una entidad superior-, hay que recuperar pero avanzando, en sentido progresista, wokista. Esta es la filosofía de Han que percute en el fondo de los siete capítulos del libro que comentamos: Atención. Descreación. Vacío. Silencio. Belleza. Dolor. Inactividad.
Son esos siete términos positivos frente a sus correspondientes opuestos: dispersión, afirmación del yo, información atosigante (mundo lleno de datos), ruido, banalidad, simulacro de felicidad y búsqueda incesante de paliativos, actividad frenética sin sentido.
Los análisis derivados del método que se impone Han en este libro son muy interesantes, aunque sus conceptos fundamentales no estén desarrollados. Primero parte de una exposición de ambiente, psico-sociológica, que conocemos de textos anteriores, como La sociedad del cansancio, un ensayo crítico de lo que Han llama la sociedad del rendimiento, en la que estamos presos actualmente. El capitalismo en su fase neoliberal (términos como "neoliberal", "capitalismo", etc, que provienen de una tradición marxista que Han asume acríticamente, al comparecer, en sus obras) habría creado una "jaula de Hierro", para usar el término de Max Weber, más sutil y desprovista de salida que la que hubo en la época de la sociedad productiva de los siglos XIX y XX. La digitalización no ha venido sino para descrearnos como seres humanos, con voluntad autónoma e inteligencia personal, con libertad de acción y de deseos y elección. Ha sustituido esas facultades clásicas de lo humano por ídolos, apariencias.
Sin embargo, parece decir el libro de Han, en consonancia con su lectura de la filósofa Simone Weil2, solo se puede salir de esa jaula descreándonos, renunciando a la libertad y a la voluntad autónomas, descubriendo una nueva sumisión, un nuevo amo, que vendrá a ser el libertador: Dios, o el Super-No-Hombre.
Fulgencio Martínez
Martes, 24 de Febrero 2026
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NOTAS
1. Ver el artículo de F. Martínez en este blog:
https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2025/11/la-sociedad-del-cansancio-comentario.html
2. El autor del ensayo dialoga, en efecto, con la filósofa Simone Weil, una gran referencia de la espiritualidad y de la filosofía del siglo XX, quien goza, hoy en día, de un cada vez más amplio número de lectores. Pero también lo hace con Martin Heidegger, Nietzsche, Giorgio Agamben, Maurice Merleau-Ponty, George Steiner, Hugo von Hofmannsthal, Platón, Walter Benjamin, Ernst Jünger, Michel Foucault... Las constantes citas de Weil pero también de esos autores dan pie a la meditación de Byung-Chul Han, o más bien, son traídas a sus conclusiones e ilustran su filosofía a modo de argumentos de autoridad, positivamente frente a otros argumentos negativos, como el de Sartre o a veces de Agamben, con quien polemiza desde el primer capítulo, pero de quien parte para su inmersión en el espíritu de la obra de la filósofa Simone Weil.
Han omite, la mayoría de las veces, los nombres de los autores citados en el correspondiente paso y capítulo (solo al final del libro aparecen los nombres y obras de los autores citados, en la edición de Paidós). Esto por un lado puede facilitar la lectura seguida, por otro, da la impresión confusa de un totum revolutum de masa de argumentos traídos ad hoc para apoyar el hilo de la reflexión y derivarlo a la conclusión prevista; en apoyo del pensamiento de Weil o en el del propio autor, o en apoyo de ambos. Da cierta falsa idea de que todas las citas fueran de Weil o a propósito de Weil, cuando proceden de autores y filosofías muy dispares.
Lo que sí es de agradecer es el minimalismo de la escritura de Han, que facilita la lectura del libro. Sin adornos, barroquismos seudofilosóficos, casi en frases de teletipo, el orden de la escritura de Han avanza en la dirección que desea. Un libro que se lee de un tirón, pero que hay que releer, sin duda.