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miércoles, 28 de octubre de 2026

UNAS NOTAS SOBRE "EL ÚLTIMO CASO DE UNAMUNO". Por Luis García Jambrina. Avance de Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 43. Nueva Col. Invierno 2026 / Dossier El último Unamuno

 

UNAS NOTAS SOBRE EL ÚLTIMO CASO DE UNAMUNO

 

     Por Luis García Jambrina

 

 

 

Incluso imaginó que, tiempo después, tal vez en el siglo siguiente, alguien escribiría una novela o nivola con su historia, esa de la que no hablarían los libros académicos ni las biografías oficiales de Unamuno.

 

LA NOVELA

 

El último caso de Unamuno (Alfaguara, 2026). Otoño de 1936. En una Salamanca conquistada por el ejército sublevado, Franco acaba de ser nombrado jefe de Estado y Unamuno está investigando el misterioso suicidio de un catedrático de Derecho. Solo tres meses más tarde, el escritor muere repentinamente, y Teresa Maragall, anarquista y eterno amor de Unamuno, junto con el abogado Manuel Rivera, antiguo amigo y colaborador en las pesquisas del rector, se propone averiguar qué ha ocurrido. Ambos saben que la prensa oficial miente.

En una ciudad ocupada por miles de fascistas y militares, mientras España vive sus días más oscuros, la investigación parece imposible, pero Unamuno será capaz de sorprender a sus amigos, y al lector, gracias a unas misteriosas pistas que irán desmontando pieza a pieza uno de los grandes rompecabezas del franquismo. Una refinada novela de misterio y filosofía política que desvela una sorprendente trama histórica.

Esta novela o nivola o lo que sea, pues como autor no me atrevo a calificarla, es una interpretación libre, personal y literaria de sucesos históricos y biográficos y está basada, hasta donde me ha sido posible, en hechos y personas reales. Inevitablemente, debido al complejo asunto que trata, lleno de lagunas y misterios, contiene una buena dosis de ficción e invención en las situaciones, los personajes y los diálogos, pero todo ello ajustado de forma creativa y, a la vez, coherente con los datos históricos y biográficos y con la personalidad del principal protagonista, don Miguel de Unamuno, que en una parte de la trama es sujeto y, en la otra, objeto de una investigación criminal. Dada la naturaleza literaria de este relato y la libertad de creación y de expresión que ella conlleva, su objetivo no es lograr la verdad histórica y jurídica, sino la verosimilitud y la justicia poética.

 

LOS PERSONAJES

 

Miguel de Unamuno. Tiene setenta y dos años y está jubilado, aunque sigue siendo rector vitalicio de la Universidad de Salamanca. Vive entonces con dos hijas, un hijo y un nieto. Aunque al principio apoyó lo que él consideraba un mero pronunciamiento militar, enseguida se distanciará de los sublevados y comenzará a hacer declaraciones contra ellos para que todo el mundo sepa que es lo que está pasando en Salamanca. También intenta ayudar a algunos detenidos y sentenciados. Morirá el 31 de diciembre del 36.

Teresa Maragall. Amiga y enamorada de Unamuno desde hace unos treinta años. Sigue siendo una activa militante anarquista. Al enterarse de la muerte del escritor, viajará a Salamanca con una falsa identidad para asistir al entierro de don Miguel y allí se quedará para investigar lo que ella piensa que es un asesinato. Fingiendo ser corresponsal de prensa extranjera, entrevistará a aquellos que puedan saber algo sobre la muerte de su amigo y especialmente al único testigo.

Manuel Rivera. Amigo y antiguo colaborador de Unamuno en sus pesquisas. En los últimos meses, se ha distanciado de él por discrepancias políticas. Tras enterarse de su muerte, decide investigarla junto a Teresa Maragall. Él se encargará de indagar en el ámbito familiar y los papeles de Unamuno de esos últimos meses.

Aurelia Bernal. Sirvienta de la familia de Unamuno. Persona honrada y fiel. Es la única que, aparte de don Miguel y de su visitante, se encuentra en el domicilio del escritor cuando muere y sospecha que algo podría ocurrirle. Sus aportaciones serán fundamentales para la resolución del caso.

La familia de Unamuno. En la casa de don Miguel siguen viviendo sus hijos Felisa, María y Rafael, así como un nieto, Miguelín, que asisten, cada vez más preocupados, a los últimos meses del escritor. Durante ese tiempo el escritor pasa mucho tiempo con su nieto. También aparece Fernando, el hijo mayor, que vive fuera de Salamanca. Todos ellos serán fundamentales para la investigación.

Adolfo Núñez. Médico y cirujano de prestigio, examinó el cadáver de Unamuno e hizo el certificado de defunción. Amigo y compañero de tertulia de don Miguel, había sido concejal del Ayuntamiento de Salamanca, dentro de la Conjunción Republicano-Socialista. Después del Alzamiento, había sido militarizado con el grado de teniente.

Eloísa Cifuentes. Mujer valiente y piadosa. Es la viuda del catedrático jubilado de Derecho Penal Daniel Carbajo, uno de los que colaboraron con los sublevados en la legitimación del Alzamiento. Ella le pide a Unamuno que investigue su muerte, pues le parece muy sospechosa.

Juana Vila. Maestra represaliada. Amiga de la familia de Unamuno; hermana de Salvador Vila, fusilado por los sublevados, que era amigo y discípulo de Unamuno.

Filomena Domínguez. De unos diez años. Vecina de Unamuno, con el que estaba fascinada; siempre jugaba a la rayuela delante de la puerta del edificio.

María Luisa González Rodríguez. Joven bibliotecaria y profesora; antigua alumna de Unamuno y amiga de la familia. 

Anselmo Sánchez. Viejo militante anarquista y pintor aficionado. Fue amigo de Unamuno hasta que este apoyó a los militares sublevados.

Andrés Galán. Catedrático de Derecho Civil y confidente de Unamuno.

Francisco Franco. General del ejército y uno de los militares conjurados contra el gobierno de la República. Por una serie de circunstancias, pronto acabará encabezando el bando sublevado y convirtiéndose en Generalísimo de los ejércitos y jefe del Estado de la España nacional. Como tal, instalará su Cuartel General a principios de octubre en Salamanca, desde donde dirigirá la guerra con mano de hierro y comenzará a sentar las bases del futuro Estado.

Carmen Polo. Esposa del Caudillo. Mujer con ínfulas religiosas y espirituales. Lectora devota de El Cristo de Velázquez de Unamuno, pero detractora de este por su carácter herético y heterodoxo.

José Millán Astray. Apodado el Glorioso Mutilado por sus heridas de guerra. Viaja desde Argentina para sumarse al Alzamiento. Fundador de la Legión, militar experimentado y, durante varios meses, jefe de la oficina de Prensa y Propaganda. Tiene una extraña fijación con Unamuno, al que se enfrenta en el paraninfo de la Universidad.

Salvador Múgica. Coronel del ejército sublevado y jefe del recién creado Servicio de Información Militar (SIM), encargado de todo lo relacionado con el espionaje y el contraespionaje.

Mario García Giner. Sargento del ejército sublevado con destino en Salamanca.

Bartolomé Aragón. Joven profesor de la Escuela de Comercio y de la Facultad de Derecho. Falangista y admirador de Mussolini. Es el único testigo de la muerte de Unamuno. Durante los primeros meses de la guerra, desarrolló una gran actividad en favor de los sublevados en Huelva, tanto en el frente como en la retaguardia, dado que era jefe de Prensa y Propagan de la Falange en esa ciudad.

Ernesto Giménez Caballero. Escritor de vanguardia y destacado falangista. Fundador y director de La Gaceta Literaria, la principal revista de la Generación del 27. Admirador de Unamuno y número dos de la oficina de Prensa y Propaganda.

Enrique Pla y Deniel. El obispo de Salamanca. Apoyó de forma decidida a los sublevados; de hecho, escribió una pastoral en la que justificaba lo que él consideraba una cruzada y le cedió su palacio a Franco para situara en él su residencia y su Cuartel General. Despreciaba profundamente a Unamuno por su pensamiento y sus actitudes.

Gonzalo de Aguilera Munro. Oficial de prensa encargado de atender a los corresponsales de guerra extranjeros. Su carrera militar había sido mediocre y ahora ejercía como terrateniente y aristócrata, ya que era conde de Alba de Yeltes. Se lo conocía con el apodo de Capitán Veneno, pues veneno era todo lo que brotaba de su boca.

Francisco Bravo. Periodista y jefe de la Falange salmantina. Se declaraba admirador de Unamuno, si bien lo atacó duramente en la prensa en diferentes ocasiones. Su actitud hacia el escritor era bastante ambigua.

Víctor de la Serna. Periodista y escritor falangista. Hijo de Concha Espina. Fue el principal organizador del entierro de Unamuno.

Eugenio Montes. Joven escritor, periodista y catedrático de instituto; destacado falangista. Acompañó a Unamuno en algunos de sus paseos hacia el final de su vida.

Esteban Madruga. Rector de la Universidad de Salamanca; antiguo vicerrector con Unamuno.

La mayoría de los citados son personajes históricos o reales.

 

LOS LUGARES

 

La ciudad de Salamanca. Estamos en las Salamanca de los primeros meses de la Guerra Civil. En ella el Alzamiento triunfa de inmediato. Pronto se convertirá en la sede del Cuartel General de Franco y de la oficina de Prensa y Propaganda; también de las delegaciones italiana y alemana. Además del ejército y las milicias, la ciudad se llena de soldados italianos, militares nazis, diplomáticos, falangistas convencidos y arribistas, espías, periodistas, buscavidas... 

La casa de Unamuno. Se trata de la última casa en la que Unamuno vivió. Allí sufrió una especie de confinamiento después del incidente del 12 de octubre y allí murió el último día del año 36. Todavía se conserva, en la calle Bordadores, y en ella puede verse una lápida alusiva a su muerte.

El Edificio Histórico de la Universidad. En él varios catedráticos ilustres de Derecho se ocuparán de legitimar el Alzamiento, deslegitimar el gobierno de la República y construir las bases de una Nueva España. En su paraninfo, tuvo lugar el célebre enfrentamiento de Unamuno con Millán Astray el día de la Hispanidad o de la Raza.

El palacio de Anaya. Sede de la oficina de Prensa y Propaganda y último lugar en el que Unamuno dio clase y se jubiló con honores en una celebración a la que asistió el presidente de la República.

El palacio episcopal. Situado junto a la Universidad y la catedral, en él estuvo desde principios de octubre el Cuartel General de Franco y la residencia de este y su familia. Al menos Unamuno lo visitó una vez para tratar de interceder ante el Caudillo por varios detenidos y represaliados.

El cementerio de san Carlos Borromeo. En él enterraron a Unamuno con honores de falangista caído y, detrás de sus tapias, los sublevados fusilaban a diario a muchos detenidos por sus ideas republicanas o de izquierdas o por simpatizar con el enemigo.

A estos, hay que añadir, entre otros, el cuartel de las milicias de Falange y la sede local de esta organización, la casa del catedrático jubilado Daniel Carbajo, el convento de San Esteban y diversas calles de la ciudad.


EL CONTEXTO Y TRASFONDO HISTÓRICO

 

La novela reconstruye, en toda su complejidad, los primeros meses de la Guerra Civil en Salamanca, pues son esas circunstancias las que explican la muerte de Unamuno y su comportamiento durante los últimos meses de su vida. El Alzamiento militar triunfó sin demasiados problemas en la ciudad. Aunque no hubo apenas enfrentamientos, el 19 de julio tuvo lugar, eso sí, un trágico incidente en la plaza Mayor, el célebre “tiro en la plaza”, que causó la muerte de cuatro hombres y ¡una niña de cinco años y dejó varios heridos de gravedad, algunos de los cuales murieron posteriormente. Se trataba de las primeras víctimas de la guerra en Salamanca. A partir de ahí se desató una cruel represión con la detención y el fusilamiento de numerosas personas debido a sus ideas y simpatías políticas, empezando por su alcalde Casto Prieto, que fue sacado por los falangistas de la cárcel y fusilado junto a una zanja.

A los pocos días de la declaración del estado de guerra, se organizó una manifestación espontánea de apoyo y adhesión al alzamiento que recorrió algunas calles de la ciudad. Estaba claro que, desde el principio, Salamanca era una ciudad azul y pronto llegaría a ser la sede del Cuartel General de la España sublevada y de la oficina de Prensa y Propaganda. El ambiente en la ciudad del Tormes era de gran excitación bélica y las calles estaban llenas de soldados que desfilaban de un lugar para otro con uniformes de todos los colores, desde el negro de los oficiales fascistas italianos hasta el rojo de las boinas requetés, pasando por el caqui de los aviadores de la Legión Cóndor. Su antigua y prestigiosa Universidad se puso de inmediato al servicio de los sublevados, que harán uso de buena parte de sus edificios e instalaciones y se servirán de algunos de sus catedráticos para legitimar el alzamiento, deslegitimar el gobierno de la República y sentar las bases del futuro nuevo Estado.

En tales circunstancias, Unamuno pasará de su apoyo inicial a los sublevados a su inmediato distanciamiento, hasta acabar posicionándose claramente y con gran valentía contra ellos, con todas las consecuencias.

martes, 27 de octubre de 2026

ADELANTANDO EL RELOJ DE ESPAÑA. EN EL CENTENARIO DEL LYCEUM CLUB FEMENINO (Sobre el libro de Rocío González Naranjo "Marisabidillas, frívolas y peligrosas: El Lyceum Club Femenino de Madrid (1926-1936)"). Por Francisco Javier Díez de Revenga. Artículos / Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 43. Nueva Col. Invierno 2026




 

EN EL CENTENARIO DEL LYCEUM CLUB FEMENINO

 

 

ADELANTANDO EL RELOJ DE ESPAÑA

 


POR FRANCISCO JAVIER DÍEZ DE REVENGA

 

 

Rocío González Naranjo ha publicado un libro de la máxima actualidad: Marisabidillas, frívolas y peligrosas: El Lyceum Club Femenino de Madrid (1926-1936), editado por Hoja de Lata en su colección Mecanoclastia. El Lyceum Club Femenino fue la institución pionera del feminismo en España. En 1926 las abogadas y políticas Clara Campoamor y Victoria Kent, las escritoras Zenobia Camprubí, Concha Méndez o Elena Fortún, la pedagoga María de Maeztu o las activistas María Lejárraga e Isabel Oyarzábal, entre muchas otras, se unieron con la firme determinación de crear un espacio en el que las mujeres pudieran desarrollar un proyecto de emancipación propio. 

 

                                                                                                                                 Clara Campoamor

 

        Hace ahora cien años estas mujeres imprescindibles en nuestra historia cultural, política y social iniciaron su insólita aventura en la suntuosa Casa de las Siete Chimeneas, en la calle Infantas, actual Ministerio de Cultura en Madrid. Aunque tuvo una segunda sede en la calle de San Marcos, entre enero de 1931 y julio de 1936, en la sede de la antigua Asociación de la Prensa.

Durante una década desarrollaron una intensa actividad cultural, política y social, con la que rompieron moldes y se granjearon enemigos a diestra y siniestra. Como señaló María Teresa León, «adelantaron el reloj de España» y demostraron un gran ejemplo de actividad colaborativa en todos los ámbitos del saber. «Marisabidillas, frívolas y peligrosas», «fumadoras de cigarrillos egipcios» o «burguesas, aburridas y jugadoras de bridge y mahjong», fueron algunas descalificaciones que recibieron, mientras creaban el primer servicio laico y gratuito de cuidado de niños, organizaban conferencias de las principales figuras intelectuales del momento o lograban dinamizar un espacio en el que, por primera vez, eran ellas las protagonistas y los hombres se limitaban a ser «los maridos de sus maridas». En 1919 María de Maeztu escribió que el despertar de la mujer moderna española ocurrió como resultado de la crisis nacional que motivaron la guerra con los Estados Unidos de 1898. Con el movimiento de 1898 «aprestáronse las mujeres de España para una más alta cultura, para una mejor educación».

Durante la existencia del Lyceum Club realizaron grandes cosas que parecían imposibles en la España de ese momento. Se expusieron públicamente y participaron en los debates políticos más polémicos de aquellos días, y ya durante el período de la II República, sobre todo en el del voto femenino y en el de la abolición de la prostitución. Pero el Lyceum también fue un trampolín para artistas, músicas, actrices, escritoras, dramaturgas y poetas, mujeres todas que comenzaban su actividad. La significación del Lyceum está ligada a la riqueza de la Edad de Plata, a la vanguardia y la generación del 27, al fenómeno de la «mujer moderna», al movimiento de las sinsombrero, a las sexualidades diferentes. Pero lo más tremendo es que los vencedores consiguieron que toda su labor quedara relegada al más absoluto de los olvidos, como si no hubieran existido.

Políticamente sucumbió por la creación de la sección femenina de la Falange, y solo muy recientemente se ha luchado por superar una imagen que se trasmitió de que eran un entretenimiento de mujeres de la clase media reunidas en un centro donde «por pocas pesetas se tomaba un buen té», como señaló Pilar de Valderrama en su libro Sí, soy Guiomar. Se ha combatido por recuperar y contar de verdad de lo que estas mujeres se propusieron y consiguieron, entre otros aspectos como el de completar la nómina de la generación del 27. Tania Balló visibilizó el esfuerzo con el movimiento de las sinsombrero y poco a poco se fueron valorando los trabajos de mujeres como Carlota O’Neill, Victoria Durán, Maruja Mallo, Concha Méndez, Margarita Manso; y que María Lejárraga y María Teresa León, dejaran de ser una mujer a la sombra de un hombre.

 

                                                                                                                                                        María de Maeztu

 

Sin duda hay que destacar la significación de María de Maeztu, impulsora del despertar de la mujer moderna española, orgullosa de su papel que ha quedado documentado en cartas, entrevistas y memorias. Gran pedagoga, directora de la Residencia de Señoritas del Instituto Escuela, nacida en el ámbito la Institución Libre de Enseñanza, luchó por la educación igualitaria para el acceso de las mujeres a los espacios públicos y profesionales, superando la idea de que el magisterio era la única salida profesional para la mujer y luchando por hacerla superar en otros dominios: comercio, idiomas, música, telégrafos, o la profesión «de cuidados».

El final vino en abril de 1939. Serrano Suñer, ministro de la Gobernación decreta el cierre del local del Lyceum y encarga a Pilar Primo de Rivera que lo convierta en el Círculo Medina. Lo curioso es que Serrano Súñer fue uno de los primeros conferenciantes del Lyceum en 1927, pero jamás volvió...

 

 ___

El artículo ha sido publicado originalmente en el diario La Opinión, de Murcia, el 23 de octubre de 2026. Lo reproducimos por gentileza de su autor.

 

 


 

Francisco Javier Díez de Revenga es Catedrático emérito de Literatura en la Universidad de Murcia. Escritor, ensayista, autor de libros de referencia sobre Miguel Hernández, Carmen Conde, Azorín, y sobre la Generación del 27. Publica semanalmente un comentario sobre libros de actualidad en el periódico La Opinión, de Murcia.

lunes, 26 de octubre de 2026

TESORO (Comentario al libro de poemas "Mística del bosque", de Paz Hinojosa"). Por Fulgencio Martínez. Avance de la revista Ágora-Papeles de Arte Gramático. N. 43. Nueva Colección. Invierno 2026 / Bibliotheca Grammatica / Poesía

 

                                                                    Paz Hinojosa Mellado, autora de Mística del Bosque. Fuente; La Verdad.

 

TESORO (Comentario al libro de poemas "Mística del bosque", de Paz Hinojosa")

 

 

Paz Hinojosa 

Mística del Bosque 

OléLibros, Valencia. 2026 

 

 


Paz Hinojosa Mellado, doctora en Filología Hispánica y profesora de Lengua y Literatura en el IES Cervantes de Murcia, tiene ya a sus espaldas una breve pero muy interesante escritura de prosa narrativa. Sus tres libros publicados de cuentos o narraciones cortas (Poetas como dioses, Miradas perdidas y Algunas metamorfosis) muestran, en nuestra opinión, el progreso de una de las mejores escritoras actuales. Desde el primer título citado Paz Hinojosa confía al componente poético (lenguaje cuidado, abierto a la participación del lector y autorreferente, que apela a la propia simbología del texto, etc) una parte esencial del relato. La calidad de su escritura se acrece con los recursos de la ironía, de la intertextualidad, e incluso del erotismo (especialmente, en algunos de los mejores cuentos de Algunas metamorfosis, libro publicado en fechas aún recientes, en 2025).

    En noviembre de 2023, Paz Hinojosa obtiene el Premio de Poesía Andrés Salom en su quinta edición, con un conjunto de poemas reunidos bajo el título "Brasas". (1) Algunos poemas de esa colección pasarán al primer poemario publicado por la autora granadina, Mística del bosque (Olé Libros).

    Nos centramos ya en Mística del bosque. Es importante, creemos, retener que su autora es una excelente narradora, dotada de amplios recursos, entre ellos, el principal y fundante desde origen de su obra: el punto de vista poético, con su capacidad de sugerir, con los menos elementos; con su arte de crear atmósferas y también de incluir al lector en una subescritura emocional, bajo el texto en superficie abierto pero cosido a sus claves simbólicas y términos codialogantes...Ese punto de vista poético implica, pues, no solo un lenguaje poético (este es consecuencia del punto de vista previamente elegido por el autor de un texto). La narradora Paz Hinojosa sabe bien aprovechar lo poético en sus narraciones, como ella otros (casi diríamos los grandes de la narrativa) han partido del punto de vista poético (Joyce, Virginia Woolf, Unamuno, Borges, Rosa Chacel, Hermann Broch, Kafka, hasta un poeta como Pedro Salinas en sus magníficos relatos cortos, por citar solo unos pocos casos).

    Sin embargo, hemos de preguntarnos si hay diferencias al pasar a escribir poemas. Sí. En principio, el punto de vista narrativo puede ser incorporado como elemento a un poema, pero, donde no esté al servicio de algo más substancial a la poesía, el poema decae (se hace plano, relación casi siempre anecdótica, aunque dé como resultado una historia bella, sincera, incluso rara. Le falta un escalón para ser poesía de verdad). Quizá, por eso, Hinojosa prescinde, en la casi mayoría de sus poemas, de lo narrativo, condensa y toca la cuerda esencial. Nos esperaríamos una poesía larga, de versos extendidos y poblada de mil anécdotas, nombres y direcciones, como una agenda, o incluso, como un diario. No. Mística del Bosque es un poemario dividido en cinco secciones que nos presentan un discurso seguido, in crescendo en su intensidad y belleza. Solo, prestando alguna atención a lo sugerido, se puede adivinar alguna confidencia personal, algún suceso digno de constatar en un diario (quizá la expectación ante un futuro hijo). La poesía de Paz Hinojosa ahonda en el misterio de donde surge el poema; y en esa quête o búsqueda (elemento, por cierto, común con lo narrativo, pero sutilmente utilizado en la poesía de Paz Hinojosa): en la búsqueda de la palabra justa, del poema como cifra del sentido de todo, esta poesía nos lleva al centro de ese mismo todo. El bosque representa, en nuestro entender, la imagen sensible de ese Todo, ante el que apenas la poesía puede balbucear.

        Los elementos presocráticos, sobre todo, el fuego (el fuego como símbolo del poema, que se consume en su propio sentido); la llama, las brasas; el pájaro o los pájaros en la primera parte del libro, o los árboles, en la tercera (y quizá la más compacta, llena de megapoemas brevísimos) son notas que confluyen en la melodía final, en la quinta y última parte de Mística del bosque, donde en contraposición a todo lo anterior se nos presenta un poema largo, hermosamente dialogado, donde adivinamos, en lo hondo, algunos rasgos biográficos, psicológicos y, ante todo, espirituales de su autora.

    Nos limitaremos a marcar algunas sendas del poemario (sabiendo que otros lectores pueden seguir y trazar las suyas propiamente).

    El poemario está dedicado por su autora: "a mi hijo". Se abre con varias citas de poetas; a destacar, por su interés para la poética y el fondo del libro, la de Ernestina de Champourcin, la poeta de la Generación del 27, presente en la celebrada antología de Gerardo Diego (2ª ed. del año 34. Antología de Poesía española).

"¿Poesía sin misterio es acaso poesía?" 

    Ernestina de Champourcin 

 

 

                                                Ernestina de Champourcin

     

    En un paratexto al final del libro, su autora nos revela las fuentes en que se inspiran los títulos de las cinco secciones o partes del poemario. La primera de ellas, "Sílabas son incandescencias", inspirada en Octavio Paz (en su poema "El fuego de cada día"; y hay un guiño o juego con el apellido del mexicano y el nombre de la autora en esta alusión de apertura), inicia la búsqueda del poema, que aquí comienza, en el fuego; y que seguirá luego en el aire (los pájaros), y en la conjunción de cielo y tierra (los árboles). de las dos secciones siguientes.

Destaca el poema titulado "Brasas" (p. 12. op. cit).

   Armadas de su fuego,

   portadoras de teas,

   incendian nuestros ojos.

   Palabras que arden,

   piras de voces ígneas,

   llamas que hieren

   y queman las miradas.    

 


     La apuesta por las palabras nítidas, incandescentes, perfiladas a la luz de la llama, evocan también a un oyente, igual que a un narrador (o un rapsoda; seguimos los hilos secretos de la narradora/ poeta Paz Hinojosa). La complicidad con el que recibe los poemas es también una invitación a indagar la grieta, el secreto, el misterio, el intersticio, la fractura, términos que, cada uno con sus diferentes matices, aproximan al campo semántico del canto, del poema, que tiene refugio en lo pequeño, en la brevedad, en el instante, en su mismo momento y decir en que se consume, y como el fénix, tal vez renazca en otra mirada o lectura. 

    El poema titulado "Humildad" nos da todos los motivos que hemos glosado en el anterior párrafo (la complicidad con el lector, ante el que la autora se presenta, con el pronombre personal: "Yo") y una auténtica poética (de la que hemos destacado los términos propios en el poema), una poética que vale tanto por lo expresado explícitamente como por la sugerencia que nos da en mano un saber indiciario y quizá más oculto. Hemos de seguir leyendo, pero antes reparemos en cada linea de este poema, extraordinario (desde el título):

 

HUMILDAD

 

Canten otros lo inmenso del paisaje.

Yo prefiero la grieta,

con su fragilidad y su secreto,

el misterio que oculta el intersticio,

las palabras que esconde la fractura,

apenas un rasguño.

Canto lo pequeño,

refugio del poema.                                                                                                                                                

        (p. 15) 

 

    En esas ocho líneas se ofrece una poética a la que se atiene la autora en todos los poemas de Mística del bosque. (Tendremos ocasión de comentar la aparente excepción: el poema final).

    El agua, los ríos, el fuego, la sangre, el sol son actantes-símbolos en los poemas de esta primera sección. La búsqueda se va adentrando, personalizando en el interior del yo, en la carne y en la sangre del yo que enuncia. Hasta salpica en las pupilas del que lee. En el poema "Ardo" leemos:

Llevo en mis venas

poemas en llamas,

antorchas de versos,                   

teas ardientes.   

Si sajas las células       

flotantes en la sangre

y extraes su fuego, 

puedes quemar el sol.


        (p. 23) 


    La búsqueda del poema solo se realiza con una condición previa: la entrega del poeta al objeto de su desvelo, una entrega parecida a un acto amoroso: (con una cierta ambientación religiosa, ritual, de "sacrificio"). Veamos este poema, uno de los mejores del libro: (p. 25)            

        CANDIL                                                                                                                                                              

En vela toda la noche, 

como virgen prudente. 

Encendida mi lámpara,  

humildad en su luz.    

Soy antorcha en llamas,        

paciencia y vigilia, 

por si adviene el poema 

como esposo al que aguardo.

 

   Qué delicada joya. Qué maravilla de poema, ¿no? Obsevemos de paso la decantación de esta poesía por las composiciones de ocho versos (o a veces también las composiciones asimismo monoestróficas pares, de cuatro). 

   MASA

 Tengo en la punta de la lengua                                                                                                                        una palabra que tú me entregaste,                                                                                                                amasada con saliva y fermentada luego.                                                                                                    Alzada como una catedral o un pan.

        (p. 32) 


    Hay otro tipo diferente de composiciones en el libro, pero, creemos que es en esta especie de octavilla libre donde la autora rinde lo mejor de su poética. 

    Pero para desmentir mis propias palabras, no me resisto a traer otro poema de esta primera parte, tan rica en poesía sencilla, pura, difícil y sorprendente en algunas de sus imágenes (catedral, pan):

   ESPERA

Como la arcilla antes 

del preciso instante 

en que la toma el alfarero, 

me esperan mis palabras.

Me aguardan

con el temblor de la rama 

que va a florecer.

        (p. 34) 

 

   Es una composición de siete versos. Por su fraseo, natural, y su sabiduría compositiva, recordando casi una acuarela o un haiku, podría ser el mejor poema del libro, a nuestro parecer.

 

    La segunda parte, "Que bien sé yo la fonte que mana y corre" (cita de San Juan de la Cruz), se presenta como un nuevo estadio en la persecución del poema (observemos que queda muy corto aquí y en todo el poemario que comentamos el socorrido referente a la metapoesía; no es ajeno este término, que huele un poco a laboratorio; pero la búsqueda del poema es vivencial en la autora). Destaca, con mucho, el poema dedicado a Dionisia García, poeta y maestra de poetas (decimos "maestra" en sentido de ejemplo vivo y aleccionador):

     POESÍA

                    a Dionisia García 

   En silencio y sosiego

   desciende siempre el don.

   Con llamarada de agua, 

   así llega la lluvia cuando callo.  

   Alzados mis océanos 

   para unirse con ella. 

   Mis líquidos se elevan,    

   marea alta íntima.    

   Celebro entonces liturgia pluvial.                                                                                                                         

                         (p. 42)                                                                                                                                            

Composición de 9 versos, impar, con el verso final de recapitulación o conclusión. (¿De nuevo, nos equivocamos?)

Esta segunda parte presenta los efectos anímicos causados por la búsqueda del poema. No siempre se presenta con la subida de la expectación, con cierta euforia y estado de enajenamiento positivo. El agua, la lluvia, el fruto son los nombres-símbolos que acompañan esa espera. "Fruto" (p. 49) es el poema donde el anhelo de ese ser espiritual se asimila con el hijo, con la comunicación /comunión con un ser de carne y sangre:

    De tanto mirarlas 

    se enraízan mis pupilas en las tuyas  

    y comienzo a habitarte. 

    Mi calcio se instala en tus huesos, 

    me late ahora tu pulso. 

    Estoy brotando. 

    Fruto en la sangre que mana.                                                                                                                             

                       (p. 49)                                                                                                                                                            

 Siete versos. Impar (¿Seguimos sin dar una?, señor crítico).

 

    En este poema (en el verbo: "enraízan", no solo fíjate en el recuento de los versos, lector, pero me gusta que lo hagas para que te demores) tiene su origen una gran parte de la simbología clave de la tercera parte del libro: donde raíz, sin raíz, árbol y estrella, vuelo a las alturas, reparten juego; recordemos que para la mitología medieval el cielo o firmamento es un arvore inversa: un árbol invertido, con las raíces en lo alto, quizá en el empíreo o región divina que no alcanzamos más que con el intelecto puro o con la fe (Dante):

    La tercera sección, titulada "Vuestras músicas vienen del alma de los pájaros", inspirada en uno de los poemas -"Árboles"- del joven García Lorca (del Libro de poemas) representa el clímax del poemario, que visto de principio a fin nos muestra un crescendo poemático, y un descenso y recapitulación en sus secciones cuarta y quinta, respectivamente.

    Es el momento de encuentro con el poema. Véase este primer texto de esta sección (que representa bien todo el desarrollo, y, por mor de la brevedad de este comentario, nos evita traer cualquiera de los otros poemas de esta parte tan plenos individualmente y ensamblados en su discurso):

        HILO

  Con hilo vibrante apreso al pájaro.

  Huellas en su plumaje de cuerdas vocales. 

  Ahora está vacía mi garganta. 

                                   (p. 61)                                                                                                                                

     Tres, Impar. (Ruina, señor crítico).

    "Raíz" (poema universo: "Con mi raíz escalo el cielo"); "Inspirada", "En clausura", "Inspiración", "Sed, "Osamenta", "Red", "Pájaro", "Vuelo": esta parte tercera quita el aliento al lector, herido y consolado con la belleza de la palabra. Los títulos de los poemas -algunos de los citados, por ejemplo- son significativos de la simbología mística, pertenecientes a la mejor poesía española (San Juan de la Cruz, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Dionisia García), convocados por Paz Hinojosa en su búsqueda del poema, identificado al fin con el pájaro que revive en la llama; en la voz y en la mirada en torno al poema esbozado con palabras, escrito con signos mudos, y finalmente cantado y escondido en la memoria/ bosque del lector.

 

     "Escribir es como la segregación de las resinas" (José Ángel Valente): La cuarta parte es un descenso, donde la reflexión tiene protagonismo. Destaca el poema más largo de esta parte, y uno de los mejores del libro: "Gramática desconocida". 

    Y, por fin, llegamos a la quinta y última parte, compuesta de un solo poema, a modo de "suite", una composición larga de versos, sin título. El de esta parte final es "Un bosque ardiendo bajo el mar desnudo", y se inspira en un verso del granadino Luis Rosales. (Dos granadinos excelsos, dos grandes poetas, aludidos en este poemario, lo que supone un homenaje implícito a su tierra por parte de la autora, Paz Hinojosa).

    Renuncio al comentario de este poema extraño (en nuestro tiempo) y válido para leer en compañía de textos de los grandes poetas citados anteriormente. El bosque, como lugar donde encontrarían sentido las pérdidas, en cuyo umbral se doblaría la apuesta:

Me despojé de oscuridad para recibirle. 

Me liberé de limos.

Desalenté a todas mis tinieblas. 

Me vacié de vísceras. 

 

    El lenguaje se vuelve cardíaco, sincopado. Nos dispara. Los versos se suceden yuxtapuestos, sin apenas sintaxis subordinada o coordinada. Metonimia continuada de un caminar. Al fondo, Él.

 

Avanzo hasta Él. (,,,)

Soy tronco para su voz de hiedra.

 

    (Hay un diálogo interior en este poema largo, que necesita ser largo, extenderse al ritmo que avanzan el poema y el tema: se desplaza, avanza el Bosque es el leitmotiv). 

    El Bosque, Dios, lo absoluto, el todo (y yo en el todo); pero esa plenitud de identidad "no lo puedo decir.../ No sé escribirlo..." (concluye la autora).

    Entretanto, Paz Hinojosa ha compuesto un libro de poemas. Mística del bosque, que aconsejo leas con atención. Descubrirás mucho más.

 

Fulgencio Martínez

Huesca, domingo 25 de octubre de 2026 

 

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NOTA 

(1) Para leer "Brasas", de Paz Hinojosa, ganadora del Premio Andrés Salom de poesía en su Quinta edición, en la modalidad de poesía en español. Noviembre, 2023. Publicación en digital del Taller de Arte Gramático y la revista Ágora.

 https://www.calameo.com/read/002827296e16d8ed4fc33

 

 También disponible en Dialnet (Universidad de La Rioja).

 file:///C:/Users/USUARIO/Downloads/Dialnet-Brasas-9232468-1.pdf