Alberto Chessa. La Opinión
PALABRAS SIN TIEMPO *
por Francisco Javier Díez de Revenga
Alberto Chesa
Elefantes de nube (Bordones)
(La Nube de Piedra Ediciones)
Aforismos. 2025
62 páginas
Alberto Chessa (Murcia, 1976), tras una venturosa trayectoria como poeta, traductor y una actividad intelectual incesante, ha publicado, en Cartagena (La Nube de Piedra Ediciones) un nuevo libro Elefantes de nube (Bordones), que evidentemente es una gran reflexión sobre la existencia escrita desde la madurez, en el mejor sentido de la palabra. Porque el nuevo género que ahora practica el poeta no es otro que el aforismo, que él denomina, como se indica en el subtítulo del libro, bordón, algo así como un retoque, un margen o una anotación breve que contiene un pensamiento y una reflexión. Por eso se apoya en un verso, bien conocido, de Jorge Guillén, para evocar las pretensiones y el sentido de su libro: «Humilde eternidad por calle corta», del célebre poema «murciano» Calle de la Aurora. Y siguiendo a Alejandra Pizarnik revela el poeta que no hay que nombrar a las cosas por sus nombres, porque las cosas tienen bordes dentados, como una vegetación lujuriosa… En realidad, son esos bordes, apotegmas, sentencias, adagios o máximas, los que pueblan este libro tan intenso y tan sugeridor.
Ni que decir tiene que es un libro excepcional y que sus trescientos aforismos y algunas reflexiones extensas ponen de relieve la estatura intelectual y la intensidad psicológica de Alberto Chessa en plena actividad creadora. Es muy cierto que cada aforismo posee su argumento y las breves líneas que lo constituyen articulan pensamientos que revelan diversidad, aunque todo el volumen está cohesionado por la propia naturaleza subjetiva, intensamente personal, de un género como el aforismo. Variedad que supone riqueza y que deviene en amenidad y sobre todo que exige al lector atenciones constantes sobre multitud de intereses que finalmente son comunes a cualquier lector, atrapado por la intensa palabra intensa de Chessa convertida en sucinta reflexión.
Hay un diálogo sustancial de estas sentencias con la naturaleza, pero por encima de todo su compromiso intelectual, que se desenvuelve aún mejor cuando el aforismo se despliega en un extenso texto que se emparenta con el poema en prosa, aunque en ocasiones surge desde la extensa reflexión de una lectura o de la evocación de un mito.
Algunas reflexiones son evidentemente metapoéticas como no podía ser de otro modo, y plantean con severidad el papel del poeta y de la poesía en el mundo, los escollos y los peligros que la acechan y que tanto inquietan a quien ha dedicado algunas semanas de su vida a la escritura, como pueden ser la vanidad, la falacia enmascarada, el engaño de la inautenticidad: «No siempre escribe uno para su mejor yo» ... «Hay una ironía poética de lo más excelente: aquello que el poema sabe, pero el poeta ignora». Alberto se asombra ante el milagro de la creación, ante la pasión por la escritura, ante el fruto bien logrado. Por eso algunos pensamientos y muchas sentencias retienen lecturas y surgen del aprecio ante los admirados maestros evocados en las lecturas extensas.
Irónico e incluso sarcástico se muestra nuestro escritor ante la pedantería de los intelectuales falsos y los artistas de pacotilla. Las lecturas que recoge en sus despliegues Chessa revelan reflexiones que van más allá de la brevedad inmediata de un aforismo. Surge entonces el rebelde descreído que roza la iconoclastia, sobre todo en los sectores en los que es inflexible y severo, y que no se salvan de su atisbo riguroso. Siempre en busca de la verdad y de lo auténtico, sin artificios vanos, sin alambiques, llamando a las cosas por su nombre. Y, desde luego, la trascendencia domina todas las sentencias, sobre todo cuando se reflexiona sobre la vida, la muerte, el destino, la permanencia sobre el tiempo…
En todo caso, vuelve Chessa a crear una obra nueva que revela su vitalidad y su esperanza en el mundo, visto desde luego desde su personal atalaya, examinando con serenidad distante reacciones humanas que a él mismo le sirven de lección de vida y le ayudan a sobreponerse ante las dificultades del presente. Una mente limpia y clara, enriquecida por una experiencia vital interesante, muestra el lado más humano de su estilo, de su forma de escribir, desde la naturalidad, aunque en el cultivo del aforismo surge un idioma distinto y un lenguaje sintético y conciso, en los que la imagen o la metáfora adquieren, como en la greguería ramoniana, un poder decisivo para atrapar la realidad con agudeza e ingenio. Y todo en el ámbito de un proyecto argumental un tanto onírico que se revela en el título del libro, en esos enigmáticos elefantes de nube que conducen al lector a creer en un laberinto que no es sino un anagrama de su propio nombre. **
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* El artículo se publicó originalmente en el diario La Opinión, de Murcia, el viernes 13 de marzo de 2026, en la sección semanal que escribe Francisco Javier Díez de Revenga: “Entre Letras”.
**Agradecimientos al profesor Díez de Revenga por su cortesía que nos ha concedido publicar su artículo para los lectores de Ágora.

