SIMAS DEL ALIENTO DE CELIA CARRASCO GIL: "ALGO PARECIDO A SALVARSE"
Por Marta del Pozo Ortea
Simas del aliento
Libro y CD
Olifante Ediciones.
Moncayo, Zaragoza, 2026
Simas del aliento, de Celia Carrasco Gil, es el título de un poemario que también podría habernos sido presentado bajo el lema "floración de lo callado", "el afuera de la escucha", "el tiempo percutido", "suspiro hacia lo abierto" o "incensario del decir", expresiones todas ellas diseminadas por sus páginas y variaciones de un mismo eje vertebrador: el más allá de la piel como eco de interior. Porque sus versos no estipulan un linde claramente demarcado por la subjetividad, el todo emite su aliento, florece, escucha, percute, suspira y se inmola. Y de ahí, el sesgo claramente ecopoético del libro en tanto continuidad entre el yo y el mundo.
Comparten estas Simas genética con las sensibilidades poéticas que se convocan, entre ellas, Hugo Mujica, Clara Janés, Luis Cernuda, José Ángel Valente, Roberto Juarroz, Chantal Maillard, Ada Salas o Alfredo Saldaña: variaciones paratextuales que participan de la hondura de lo elemental ("lo profundo es el aire" de Jorge Guillén) y que amparan, con la irradiación de una suerte de ética del cuidado, estas páginas. Bajo sus ecos custodios, el aliento del libro se desplaza por los territorios esenciales de su ecosistema interior: de la herida (musicada) a la grieta, de la grieta al mundo orgánico, del mundo al tacto, del tacto al agua. Y finalmente, de regreso, al aire y a sus notas. Un ciclo elemental que atraviesa, perfectamente orquestado, estas páginas, deshaciendo la dicotomía entre interior y exterior, porque "hay una afuera . . . donde la piel no desconoce / sus misterios".
Celia Carrasco Gil, autora de Simas del aliento.
El Preludio nos presenta el poema que da título al libro con su variación musical (la autora es compositora y, por ende, sabe también "hablar desde los dedos"). En este poema, el motor del libro se manifiesta como un "nombrar de cada herida de vivir / en su extensión abierta a lo posible". Simas del aliento se anuncia pues cual bálsamo para una interioridad herida que se proyecta en su decirse para salvarse.
Gruta del ser nos adentra en la llaga esencial. Aquí, lo seco, la fisura, la cripta, la sed y la oquedad dibujan el imaginario desértico donde tiene su aparición la "flor del tiempo / que ha agrietado la roca del olvido". Y la voz, subterránea, es trasunto de un "silencio [que] expande sus dominios como garganta oscura". Así, el yo del poemario se nos presenta receptor de un tiempo llagado y en la condición agrietada de su existencia: "este halo que anega tu mirada / queda solo en herencia / de lo que se fisura".
En la siguiente sección, Ecosistema, el aliento emerge de su sima y se expande hacia la organicidad del mundo: "Clorofila", "Ramas", "Serpiente"... son los títulos de algunos de sus poemas y ejemplifican las múltiples formas que va tomando la voz poética que ahora se expande metamórfica, cual Dafne. Aquí, la carne es la "carne en flor de tu existencia", la mente es alentada ("En el claro del bosque, [donde] detenido, respira el pensamiento"), y la voz exhala "su verdor hasta su dicha". En esta organicidad plena, el ser se entrega finalmente a una "Danza" en el poema que, con el mismo nombre, clama "Ya no somos desierto. Somos / un poco más de árbol (¿o era carne?").
Sigue Tocar-para-creer: reino del tacto, del gesto, de lo pulsátil, donde el yo poético se nos presenta como instrumento que rememora "Esa infancia de luna / que sabe cómo hablar / desde los dedos". Se exploran aquí los territorios físicos y fónicos de la palabra. Así, la sección se abre con el poema Cuer(p)o y (P)alma, donde el juego parentético establece conexiones entre cuerpo, alma y percusión en el verso que reza "De tambor y vitela nació un cuer(p)o / con su lenguaje móvil /, códice percutido por la luz / en la noche del gesto". Por su parte, el poema "Manos", nos muestra su raíz compartida con los vocablos "manar" y "manantial" donde leemos: "Porque es manar el verbo de la mano / vinimos a la noche a pronunciar, / líquido y palpitante, un alfabeto, / este leve tocar-para-creer / donde los dedos ya confluyen, / convertidos / en manantial de gestos". Así, el alfabeto, es en el líquido fluir de esta poética, también emanación, que nos arrastra a la siguiente sección - terreno del agua:
En Memoria del salitre desembocan, en un silencio glacial, transparente y azul, las varias fugas del libro. El poema "Marisma" concentra en su ecosistema algunas de ellas: la interioridad herida volcada hacia la imagen del afuera ("qué herida la mirada, / su isla que se expande y condensa), la oquedad o grieta entre el ser y su origen ("la piel limitaría con la luz / de no ser por el hueco / o el intervalo hecho comisura / que ahoga la existencia") o el íncipit percutivo del decir ("En el principio fue la boca"). Por su parte, el poema "Azulejo" reitera la razón analógica del libro para hacer que esa marisma se convierta en agua humana cuando llegamos a la "lítica intemperie / tallada en sus dos rostros / por las lágrimas". Y como lágrimas, pues, (o "pétalo[s] de agua") se deslizan los diez poemas numerados que anuncian el corolario de la obra. "Solo partir" cierra la sección con el conocimiento adquirido: "No es suficiente / esta agua que sueña con ser aire". Y por ello, la coda la constituye el poema "Alas", de nuevo musicado, con su exhortación a agitar "el lenguaje contra el viento". La palabra ha nacido.
Simas del aliento, de Celia Carrasco Gil, me parece uno de los libros más esenciales, orgánicos y vivos del panorama poético español contemporáneo. Nos agrieta para colmarnos de luz, nos expone al mundo para mudarnos, nos percute para avivarnos, y nos llora para cantarnos. "Y en todo esto hay algo, sin embargo, parecido a salvarse".
Marta del Pozo Ortea
Marta del Pozo (Avilés, 1980) estudió Filología Inglesa en la Universidad de Oviedo, tiene un máster en Escritura Creativa por la Universidad de Nueva York (NYU) y un doctorado en Literatura Española por la Universidad de Massachusetts-Amherst.
Ha publicado los poemarios Escuela de geómetras (Editorial Devenir, 2015), Hambre de imágenes (Premio Internacional de Poesía Antonio Gala, Editorial Alhulia, 2016) y Nigredo (Bartleby editores, 2026), este último galardonado en la segunda edición del premio Entreversos de Literatura Iberoamericana con un jurado integrado por los poetas Raúl Zurita, Juan Carlos Mestre y José María Zonta.
Sus poemas han aparecido, entre otros, en una muestra de poetas hispanounidenses en Guaraguao, revista de cultura latinoamericana (n.º 78, 2025); en Acento: antología poética para el siglo XXI (RIL Editores, 2024); en la revista AÉrea (Chile, 2020); y en La Galla Ciencia: el octavo pasajero (2018).
Ha traducido al español obras de autores como James Joyce, Richard Jackson, Robert Bringhurst, Jenny Xie y Leonard Schwartz. Ejerce la docencia en la Universidad de Massachusetts-Dartmouth y es fundadora de la editorial neoyorquina Quantum Prose.
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El libro se acompaña también de un CD al cuidado de Fernando Rivera y Alberto Lamora, contiene la lectura del poemario en la voz de su autora, Celia Carrasco Gil.
Más información sobre Simas del Aliento (editorial Olifante, 2026), de Celia Carrasco Gil:
https://www.olifante.com/publicaciones/simas-del-aliento
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