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jueves, 9 de abril de 2020

Los sonidos de la historia. Reseña de Anna Rossell de la novela "DESIERTO SONORO", de VALERIA LUISELLI. Revista Ágora digital Abril 2020/ CRÍTICA





LOS SONIDOS DE LA HISTORIA (RESEÑA DE LA NOVELA DE VALERIA LUISELLI DESIERTO SONORO)


Valeria Luiselli
Desierto sonoro
Traducción de Daniel Saldaña París y Valeria Luiselli
Ed. Sextopiso, Barcelona, 2019, 459 pp.

   



                                                                                   por Anna Rossell





Atractiva y original esta novela de Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983), que plantea un tema de la más acuciante actualidad: la de los niños que emigran solos huyendo de la desesperanza, los niños perdidos. Y, si bien el escenario nos sitúa en el Sur de los EEUU y hace referencia a los niños mexicanos, las peripecias que se nos describen adquieren significación universal y tienden un hilo de conexión con otra persecución y exterminio histórico: la de los indios aborígenes estadounidenses.

Pero, aunque este sea el motivo que conduce la materia narrativa, el libro tiene la prerrogativa de sumergirlo en unas circunstancias que amplían considerablemente la panorámica a otros campos de interés: los nexos de pareja, la relación entre padres e hijos, la imaginación infantil y, algo muy novedoso por poco tratado, la importancia del universo sonoro que nos rodea y que tiene la capacidad de contar historias y, sobre todo, la Historia.

Dividida en dos partes diferenciadas por ópticas distintas —en la primera, la de la madre; en la segunda, se alternan la de la madre y la del hijo mayor dirigiéndose a su hermana—, asistimos en primera persona al viaje de trabajo que emprende en sus vacaciones de verano una pareja con dos niños de cinco y diez años, desde Nueva York hasta la esquina sureste de Arizona (un valor añadido, el viaje). La pareja, que se conoció en un proyecto de grabación del paisaje sonoro de la ciudad, ha decidido separarse cuando el periplo concluya; cada uno con un propósito de documentación sonora diferente: ella, los niños perdidos (en 6 o 7 meses, más de 80.000 niños indocumentados provenientes de México y del Triángulo del Norte de Centroamérica habían sido detenidos en la frontera Sur de EEUU); él, la historia de los Apaches en Chiricaua (Arizona), el corazón de la Apachería, donde vivieron los últimos apaches libres.

El relato del trayecto ofrece al lector una ventana abierta al paisaje y a las vivencias de la pareja con los personajes del camino, así como la posibilidad de acompañar a los protagonistas en su viaje y a la madre y al niño en sus reflexiones, e instalarse en el vehículo familiar como un pasajero más: las conversaciones entre padres e hijos, casi siempre relacionadas con su trabajo, las preguntas infantiles que suscitan las explicaciones de los padres o los audiolibros que comparten los cuatro en las largas horas de recorrido. 

Numerosas son las alusiones a la literatura (Cormac McCarthy, Juan Rulfo, Ralph Ellison, Carson McCullers, Jack Kerouac, Susan Sontag, R. Murray Schafer, William Golding, Nathalie Léger, Marguerite Duras, Ezra Pound, Roberto Bolaño, Joseph Conrad, Charles Baudelaire, Vladimir Nabokov…), a la música, incluidas distintas versiones (Philip Glass, Odetta, Rolling Stones, The Clash, The Highwaymen, Jordi Savall…) y a los trabajos fotográficos de Emmet Gowin.

Si bien se trata de una traducción —el original es inglés— la autora es a su vez cotraductora a un español mexicano estándar, que, lejos de interferir la lectura a un lector español, tiene la ventaja de ubicarlo estrictamente en el lugar de los hechos.

Los últimos capítulos constituyen la condensación destilada del aprendizaje de los niños con un significativo toque de realismo mágico.

El libro, fiel a su espíritu documental, se cierra con la colección de fotos que ha hecho el niño sobre el viaje y, ya fuera de novela, con una relación de notas sobre las fuentes citadas y sobre los créditos de las imágenes.

De la misma autora Sexto Piso ha publicado Los ingrávidos, La historia de mis dientes y Los niños perdidos: un ensayo en cuarenta preguntas.   

© Anna Rossell


     REVISTA ÁGORA DIGITAL  ABRIL 2020

miércoles, 8 de abril de 2020

ANTOLOGÍA DEL SONETO DEL SIGLO XX. (1). Yo sé que ver y oír a un triste enfada (soneto 19 de "El rayo que no cesa"), de Miguel HERNÁNDEZ/ G.A. BÉCQUER EN VERUELA (de "Cosas que quedaron en la sombra"), de Fulgencio MARTÍNEZ/ REVISTA ÁGORA DIGITAL ABRIL 2020




ANTOLOGÍA DEL SONETO DEL SIGLO XX


SONETO XIX 

Yo sé que ver y oír a un triste enfada
cuando se viene y va de la alegría
como un mar meridiano a una bahía,
a una región esquiva y desolada.

Lo que he sufrido y nada, todo es nada
para lo que me queda todavía
que sufrir, el rigor de esta agonía
de andar de este cuchillo a aquella espada.
 


Me callaré, me apartaré si puedo
con mi constante pena instante, plena,
a donde ni has de oírme ni he de verte.
 


Me voy, me voy, me voy, pero me quedo,
pero me voy, desierto y sin arena:
adiós, amor, adiós, hasta la muerte.


             
                     Miguel Hernández
          de El rayo que no cesa (1936)





G.A. BÉCQUER EN VERUELA

Yo quería decirte que vinieras 
a plantar mi corazón donde yace,
en el abismo. Te necesitaba
y quise escribirte desde mi celda

cómo paso la vida sin vivirla,
pues tú te has llevado toda la lumbre
de sus horas y se la has prometido
como miel a los muertos. Ahora lucho

entre mi orgullo y tu olvido, ahora
me da igual morir solo, como un perro
en una cuneta; ahora maldigo

mi voluntad si, allá, en el fin, 
al llenar mi vaso en el agua helada,
se inclina a hacerte el último brindis.


                     Fulgencio Martínez
       de Cosas que quedaron en la sombra 
                                                           (2006) 





ANTOLOGÍA DEL SONETO DEL SIGLO XX.
Publicamos hoy (miércoles, 8 de abril de 2020) la primera entrega: el soneto 19 de El rayo que no cesa, de Miguel Hernández, y G. A. Bécquer en Veruela, de Fulgencio Martínez, de su obra Cosas que quedaron en la sombra. Ópera plúrima. (2oo6).

El soneto de Miguel Hernández lo redactó el poeta, en su primera versión, para El silbo vulnerado: un proyecto de libro de 1934. Al parecer la primera destinaria del poema, la amiga amada, sería la poeta María Cegarra, la gran olvidada de la poesía española, a quien Miguel conoció en 1932 en Cartagena, y quien después de la Guerra Civil vivió discretamente en su pueblo murciano natal, La Unión.

"G.A. Bécquer en Veruela" se inspira en las Cartas desde mi celda, y en el temple de desengaño amoroso que el poeta sevillano sintió. Pertenece al libro Ciudad y desierto (1999-2000), inédito hasta que se incorporó a Cosas que quedaron en la sombra. Ópera plúrima, publicado en 2006, un volumen que recoge una especie de antología o autoantología ficticia de los ortónimos o voces poéticas de Fulgencio Martínez. El poema fue escrito, pues, a finales del siglo XX o en el limes del XXI, y entra en la perspectiva que hemos querido dar a la antología sonetil del siglo XX (o desde el siglo XX)


REVISTA ÁGORA DIGITAL /ABRIL 2020



lunes, 6 de abril de 2020

"Mi padre no era un héroe". Carta de Marta Pérez López, hija de Luis Pérez, primer médico del Summa fallecido en Madrid.




"MI PADRE NO ERA UN HÉROE"


 Para escuchar la entrevista a Marta Pérez López en Tiempo de juego:


https://www.cope.es/deportes/noticias/noticia-marta-perez-tiempo-juego-05-04-20-20200405_670698



El pueblo español está cumpliendo con resignación el confinamiento decretado. La seriedad del compromiso de la gente llana y sencilla que aguanta en sus casas no se corresponde con la seriedad que están demostrando las autoridades que gobiernan el país. No es lógico que se esté pagando tan alto precio en vidas humanas (de médicos, de enfermeros y trabajadores sanitarios, de ancianos en residencias y en sus domicilios, así como de policías) debido a la falta de éxito de las medidas de los "expertos", a la mala improvisación y sobre todo a la ausencia de autocrítica y reciclaje de unas autoridades autocomplacientes, que mantienen a la ciudadanía en una ilusión óptico-ideológica: "nosotros lo estamos haciendo bien, hoy hay 600 muertos, pero lo positivo es que...". Siempre el "pero" justificando la culposa complacencia. Y obviando a los muertos. 

El Gobierno, a costa de parecer ignaro en biopolítica (lo que es la primera asignatura de cualquier poder), prefiere anticiparse no a la lucha contra el virus, sino a la lucha por el relato partidista y por el juicio de las postrimerías. Hacemos lo que nos dicen hoy nuestros expertos, mañana el comité científico, pasado mañana lo que recomiende la OMS. Foucault hubiera alucinado con esta aparente falta de discurso del biopoder, de la biopolítica, o, como la llamó Agamben, tanatopolítica.

Ese estado de cosas dibuja un poder nihilista y cínico, carente de la más mínima autocrítica y sensibilidad hacia los muertos “necesarios”. Transmite una gobernanza tan banal como escandalosa y narcisista, tan escandalosa que ya ni causa escándalo al habituado a escuchar la cifra de muertes en un tono optimista y tan narcisista que aún presume exhibiendo su vacío de discurso.

A este estado de cosas muchos empiezan a llamarlo genocidio. Es la misma estrategia nazi, que justifica la muerte, el holocausto de un grupo en beneficio supuestamente de la nación. Aquí los "judíos" son los muertos por el coronavirus. 


Mi dolor por todos ellos, y por sus familias. Pero, especialmente, porque me toca más cerca, por Luis. A quien conocí, como marido de mi prima Anabel, y del que recuerdo su bondadosa y luminosa sonrisa. 

Está siendo muy comentada en redes la emocionante, reivindicativa y valiente carta de su hija Marta Pérez. 


Luis Pérez Suárez, padre de tres hijos, radicado en Alcalá de Henares, con raíces gallegas, trabajador y bueno, obtuvo el dudoso premio de ser el primer médico del Summa fallecido en Madrid a causa del coronavirus, murió sin que se le hubiera hecho un test a tiempo. A diferencia de algunos políticos, quienes han disfrutado con rapidez, una o varias veces, de los fantasmales test.

¿Por qué aceptamos inermes y callados esta desvergonzada ley del embudo: lo ancho para los políticos, lo estrecho para los ciudadanos y para los que nos protegen? 

Su hija Marta ha escrito en twitter: "Hola papá, sabes lo cabezota que soy cuando me propongo algo. Te voy a echar mucho de menos. Quiero ser tu voz, para reivindicar todos los errores y admirar y proteger a quienes te cuidaron". #VoyASerTuVoz

Y ha publicado una hermosa, lúcida y humanísima despedida a su padre, que recomiendo leáis.




"Mi padre no era un héroe; están obligando a que los sanitarios se jueguen la vida".  Marta, que ha terminado Medicina y es jugadora de Baloncesto en el club Baracaldo, ha dejado también su grito de denuncia en un conocido programa de radio, "Tiempo de juego".  


"Ha habido desorganización por parte de nuestros gobernantes. No estoy de acuerdo con cómo están actuando, echando balones fuera y obligando a que los sanitarios se jueguen la vida por nosotros. Mi padre no era un héroe, era un ser humano, humilde y trabajador, y era padre y amigo, y como él todos los sanitarios de toda España" (Podéis conocer la entrevista en Radio Marca: https://www.marca.com/baloncesto/basketfeb/2020/04/06/5e8a6685268e3e1c7e8b460a.html


Grande eres, Marta, una gran hija, por ti nos debemos sentir orgullosos de pertenecer a la familia de la especie humana, que aún es capaz (a pesar del ruido adormecedor de la propaganda), de producir lo mejor: un espíritu valiente, inconformista y generoso como el tuyo. Ese espíritu te lo transmitieron tu padre y tu madre, y nunca podrá morir, al menos mientras haya un humano que lo valore y recoja.


Marta, alcalaína y madrileña. (Y un poco/mucho murciana, por tu madre Anabel). A pesar, o quizá, gracias a lo joven que eres, haces honor, mejor que muchos literatos de la hora, a Francisco de Quevedo y a Miguel de Cervantes, que nunca conocieron la mordaza.


Marta, ojalá tus palabras se escuchen en esta hora neroniana en que ni siquiera los humanos pueden despedirse de sus muertos queridos. Quiera el Amor que tus palabras, Marta, sean un bálsamo para todos los que sufren, para enfermos y sus familiares y para los ciudadanos confinados que sin duda se merecen mejor consideración.


Tus reivindicaciones nos deberían hacer pensar, en adelante todos deberíamos actuar con ese sentido común que reclamas por los que no lo han tenido. Una de las estrategias de la tanatopolítica que practican los gobiernos irresponsables es la utilización de los supuestos héroes sanitarios junto a la implementación de los aplausos acríticos que sirven de tapadera a sus culpas como gestores y de dormidera a los que ya tienen la tentación, la vocación o la irreprimible necesidad de sestear. Aplausos que cuando se repiten mecánicamente pasan de ser expresión de ánimo a ser manifestación de indecente falta de sensibilidad, no digamos ya de falta de un ápice de conciencia crítica, para la cual se ha dictado oficialmente temporada de veda. Prohibida la crítica como en China: Como allí, un solo líder y un solo rebaño. 


Esperemos, sin embargo, que las cosas aquí sean distintas, y que no se lleve el coronavirus la libertad de expresión y de conciencia, ante todo. Ni tampoco arrase con esos valores antiguos y modernos de la ética y la bioética, tales como, por ejemplo, el respeto al duelo, la dignidad de la vida personal y el derecho a protección frente a riesgos laborales: más ahora en que se habla tanto de proporción, no se pide más que una protección proporcionada al peligro a que se enfrentan los llamados "héroes". Aquiles o Áyax no iban con un trapito al campo de batalla de Troya, sino con buenas armas y protecciones de bronce. 

  
Bien lo dices, Marta:"Mi padre no era un héroe, era un ser humano, humilde y trabajador, y era padre y amigo".


Descanse en paz. 

(Hasta siempre, Luis).




FULGENCIO MARTÍNEZ
Poeta, profesor de Filosofía