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viernes, 13 de febrero de 2026

NECESIDAD DE UNA ALTERNATIVA DE GOBIERNO QUE ESCUCHE EL VIENTO DEL PUEBLO / Diario político y literario de FM / T-2026

 


NECESIDAD DE UNA ALTERNATIVA DE GOBIERNO QUE ESCUCHE EL VIENTO DEL PUEBLO

 

Escribo estas notas un jueves 12 de febrero de 2026, en una ventosa Huesca, la ciudad del filósofo Gracián, tan admirable y admirado por lectores como Schopenhauer y Nietzsche. Recientes, el pasado domingo, las elecciones a las Cortes de Aragón, apenas he salido de la catarata política cuando entro en otra y en otra. No, decididamente no podemos ser sino animales sociales, o políticos, ya que vivimos en póleis, en Estados. Y no en un mundo sin dioses, ni Dios ni Estados, al que aspiraba Nietzsche (o, al menos, su personaje Zaratustra), ni tampoco, aún no, en la sociedad sin clases comunista, desaparecidos el Estado, el Capital y la Nación y superada la fase de la Dictadura del Partido (aunque siempre nos quedará el Partido, por eso a la pregunta de si te gustaría vivir en un país comunista, algunos responden: sí, pero como dirigente del Partido; esos sí que viven bien, querido Gabi). La mundialización anunciada a finales del siglo pasado, sí, se ha realizado en forma de flujo de comunicación virtual global, lo cual tiene algún inconveniente, ante todo, para autócratas y dictadores (vean los casos donde se limita el internet y las redes sociales a los propios gobernados, siervos indóciles, como en China, en Cuba; o donde se intentan decapitar y controlar, como en la socialista España de don Catrín de la Fachenda Sánchez). Pero, a fin de cuentas, todo nos ha producido y produce descontento. Hasta el punto de añorar la felicidad en el rostro de nuestros padres y nuestros abuelos, de nuestras madres y nuestras abuelas, que no teniendo nada, o mucho menos que estas generaciones quejosas en las que yo mismo milito, tenían algo muy importante: la alegría, la alegría, que no es un nombre de una petarda, comensal en la mesa de un zafio. Hablo de esa alegría que se aneja a los corazones y sale por los rostros, cuando se respira esperanza. Como en aquella España -cada cual puede situar la data de esa España amoldándola a su vivencia- en que reían los españoles sanamente frente al futuro. Se quería entonces una cosa tan humana, sencilla y difícil de negar a cualquiera: prosperidad, progreso, que las cosas permitieran vivir con dignidad y comodidades, merecidas gracias al esfuerzo, a uno o a varios trabajos ejercidos con voluntad y no siempre entusiasmo pero con expectativas de mejor futuro. Los hijos disfrutarían de una cultura más rica o refinada, de una posición en la vida, se decía; lo que les diera la gana.

    Todo ese clima ha devenido (me refiero ahora a España, en particular) en esta bazofia en ruinas, fachada de socialismo y progresismo fake.

    Hay que decirlo alto y claro, a ver si se enteran: los españoles, en general -y sé que hablo desde mí, vaya que sí, pero también puedo pensar en lo que piensa un español ideal, tipo, siguiendo el método de la sociología de Max Weber, ojo, no de Tezanos el bombo (sic)- queremos progreso de verdad, seguridad para uno y su familia, respeto a la igualdad, al intocable derecho a los bienes que uno ha obtenido honradamente, acceso a una sanidad eficiente, a la que uno ha contribuido con sus aportaciones, no regalada como limosna; a un país donde se pueda vivir, viajar, en tren o en coche y si fuera posible en avión, entre sus ciudades y pueblos; a un campo cuidado, comenzando por recibir sus gentes el trato que merecen... En igualdad, en respeto al derecho a defender su supervivencia. Sin embargo, desde arriba son motejados de no ser progresistas. Lo progresista, al parecer, es lo contrario: que una ciudadana, tal de nombre Begoña Gómez, consiga muceta de doctora sin méritos ni estudios; disponer de licencia para acudir o no a un juzgado, si es llamada por un juez para tal día y tal hora; a poder dilatar su causa y esconder pruebas, pasaportes o documentos pedidos por un representante legal del pueblo. Aquí no hay igualdad, si no todos comemos carnero, aunque no seamos la esposa del Catrín. 

 

                                           El catrín de la Fachenda.
 

    Tanto no hay igualdad, en este falso progresismo discursivo, que incluso al Rey de España, don Felipe VI, se le exige la renuncia a la herencia de su padre, el anterior Rey, don Juan Carlos I. Bien, el Rey cumple y renuncia a lo que sería una fortuna vergonzante. Porque previamente los progresistas y los cómplices asesinos etarrones, fascistasunos, como Otegi, decidieron con ellos y cacarearon que aceptar tal legado el Rey le comprometía. ¡Qué fineza moral! Como si a ellos, matadores de más de ochocientas personas, les importara mucho o poco la ética, la ética del Rey o la de ellos mismos.

    Lo estrecho para ti, y lo ancho para mí...que soy socialista, o progresista. No es posible que nadie en las filas del Progreso y la Moral haya exigido o simplemente sugerido que la familia Gómez-Sánchez Pérez-Castejón (incluidos descendientes mayores de edad) renuncie notarialmente a la herencia de Sabiniano Gómez, el abuelo de las hijas del Catrín, presuntamente amasada con la honrosa prostitución y el no menos honroso proxenetismo. Los papeles de Sabiniano, ¿cuándo se harán públicos, como lo son ya los papeles del proxeneta y traficante Epstein? ¡Qué escándalo, aquí se juega! El PSOEZ se tapa la nariz y mira a la ultra, y no al Plus Ultra.

    Si la igualdad ha sido prostituida, no digamos que anda con mejor salud la libertad. Se respira el miedo, Fromm, tronco: miedo a escribir, miedo a ser cancelado, a no ser de los buenos ni estar en el lado no facha del "muro" que ha levantado, para uso de unos españoles, el gran mago y Catrín del progresismo -ojo, presidente de la internacional catrinesca -el presidente de la Internacional-Fake socialista (o lo que queda de socialismo que es sinónimo de crimen y violencia contra los derechos humanos, en Cuba, en la Venezuela del Helicoide, en China... ¡y en España!, también en España, porque los que callan otorgan y aquí han callado y otorgado mucho los votantes de los partidos como el PSOE y sus clanes "progresistas"). 

    Si este Gobierno antisemita y racista (recuérdese la indignidad de atacar a todo lo judío, ordenado por Sánchez y la televisión que manda), si este Gobierno disfrazado de social y progresista fuera un adalid de la igualdad y la justicia, ya estaría pidiendo la extradición de los asesinos jefes de ETA que ampara el régimen de Venezuela todavía. No hubiera pactado con los etarrones para acercar los infectos criminales a Euskadi, ni dado la manija de las cárceles vascas a quien se la exigió a cambio de apoyo a la investidura del Catrín de la Moncloa. Los asesinos múltiples, como un tal Txeroki, no pueden ser más "iguales" que otro ciudadano ante la justicia. Ni dos años ha estado en la mazmorra, ese etarrón, gracias a Sánchez y a su corazón de Jesús.

 

                                                    Matar es barato. Txeroqui en semilibertad. Fuente: El Español
 

    Alto y claro, como prometí decir: los españoles no queremos sino vivir bien, tenemos aspiraciones liberales y socialdemócratas que no satisfacen, ni pueden nunca satisfacer, los partidos fake progresistas. Aquel partido que recoja esas aspiraciones, tendrá mi voto. No será ya un partido de izquierda ni de derechas, ni de extrema derecha ni de extrema izquierda; ni siquiera nacionalista o estatalista centralista. Sería un partido que, como diría Miguel Hernández, tiene el oído puesto al viento de lo que pasa hoy y escucha las demandas del pueblo, como hacen los poetas que han crecido entre ese pueblo.

    Ese partido, o coalición de partidos que recoge el viento del pueblo, lo primero que debe hacer es elaborar un programa para toda la nación. Con unos puntos básicos, pocos puntos en común asenso. Será una alternativa de gobierno para ahora ya, o para dentro de dos años, enérgica y eficaz, preparada y decidida a levantar y limpiar la mierda.

      Ya hemos arreglado el mundo...

 

Fulgencio Martínez

director y editor de Ágora-papeles de Arte Gramático. Profesor de filosofía en prácticas. 

jueves, 12 de febrero de 2026

EL LACONISMO NECESARIO ("Luz de Juventud", de Ralf Rothamann). Artículo de Anna Rossell / Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 37 Nueva Col. / LITERATURA ALEMANA DEL SIGLO XX

 



LITERATURA ALEMANA DEL SIGLO XX

EL LACONISMO NECESARIO

                                                                            (Luz de Juventud, de Ralf Rothamann)

 

Artículo de Anna Rossell

 

 

Ralf Rothmann,

Luz de juventud

Título original: Junges Licht (2004)

Traducción de Marina Bornas

Libros del Asteroide, Barcelona, 2018, 230 págs.

 

 

 

Cuando a una pluma de calidad se le suma una extraordinaria y sensible capacidad para la observación, la escritura ya no solo es excelsa sino, además, auténtica. Estas son dos cualidades que reúne la narrativa de Rothmann, que se caracteriza por rasgos a mi entender definitorios de la mejor literatura: el profundo conocimiento de sus personajes y el preciso laconismo para transmitir lo que estos personajes son en lo más recóndito, sin descripción pormenorizada. La virtud más preciada de la prosa de Rothmann es la abominación de lo superfluo. El autor alemán es un verdadero maestro en dar a entender estados de ánimo, situaciones, incluso historias enteras, de modo indirecto y con escasísimas palabras, a partir de un gesto, un pequeño detalle en el modo de vestir o en el movimiento de una mano. Ralf Rothmann (Schleswig, 1953) sabe depurar su prosa hasta dejarla en lo estricto, necesario y esencial, ofreciéndola al buen lector capaz de leer las palabras para trascenderlas. Es el autor de la insinuación significativa, y ello hace de su literatura una delicia.

          Luz de juventud, publicada en Alemania por Suhrkamp bajo el titulo de Junges Licht en 2004 y ahora en España, tiene por protagonista a un adolescente de doce años, Julian, hijo de una familia minera de la Cuenca del Ruhr. La historia se ubica temporalmente en los años sesenta, momento en que la industria del carbón del Ruhr se había sumido en la crisis que acabaría con el cierre de las minas. Sin embargo, Rothmann no cuenta esta crisis; de hecho, parece que no cuente nada; su narración fluye del modo más natural a partir de la vida cotidiana de la gente humilde, de las familias de los mineros, de la relación entre ellos y de las estrecheces en las que viven. El mérito más destacado es precisamente esta naturalidad con que discurre la historia, en la que el autor evita el recurso al dramatismo. A partir de la secuencia de los cuadros —los capítulos sin numeración en que divide la novela—, en la mina y en la casa familiar o en el barrio, nos adentramos en el ambiente más íntimo del mundo proletario de la minería de aquellos años sin necesidad de recurrir a los Protocolos de BottropBottroper Protokolle—, de Erika Runge, publicados en Alemania en 1968 y, en segunda edición, en 2008, inéditos en nuestro país, una serie de entrevistas que Runge hizo a muchas de las familias del Ruhr, en los años de la crisis. Porque la historia de Rothmann parece ser la de Julian en la crítica edad en que su adolescencia manifiesta los primeros síntomas del despertar a la sexualidad, una sexualidad que el protagonista no acaba de entender en muchas de sus manifestaciones, una ingenuidad que pone de manifiesto la capacidad de Rothmann para la ternura.

          La novela está escrita predominantemente en primera persona, la voz de Julian. Sin embargo, un narrador omnisciente se ocupa de dar cuenta de la vida del minero en la mina, con descripción directa y detallada, ahora sí, de cómo transcurre su trabajo. Una y otra voz se van alternando, lo cual evidencia la intención del autor de situarnos en una realidad, solo desde el punto de vista técnico-literario separada de la otra, que condiciona la vida de las personas inmersas en ella de modo determinante. Todo en la prosa de Rothmann va dirigido a la objetividad. Aunque parezca una paradoja, también la narración en primera persona persigue al máximo la intención objetiva. Y la consigue. Loable es el buen trabajo de la traductora Marina Bornas que no traiciona en ningún momento la naturalidad y espontaneidad de la prosa de Rothmann en un español igualmente natural y fluido, y también está a la altura del lenguaje especializado de la minería.

          Del mismo autor se ha publicado en España con buena crítica Morir en primavera, de la mano de Libros del Asteroide. 

          La novela fue llevada al cine en 2016, bajo dirección de Adolf Winkelmann.

 

 

 

Anna Rossell nacida en Mataró (Barcelona), es filóloga alemana, escritora, poeta, crítica literaria y gestora cultural. Ha publicado últimamente Poesia per al nostre temps (2024, InVerso edicions de poesia), y en la misma editorial Us deixo el meu llegat, per si algun dia (Oratori en XVII cants).

Profesora de literatura alemana en el Departamento de Filología Inglesa y Germanística de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha desarrollado una amplia labor de crítica literaria y desarrollado a la par una obra creativa en casi todos los géneros, en especial la poesía. Entre sus últimas obras, en poesía: Auschwitz-Birkenau. La prada dels bedolls / La pradera de los abedules (2015, e-book, Amazon); en narrativa: Aquells anys grisos (Espanya, 1950-1975) (2014, e-book, Amazon). En 2017, con (Falsa) paradoja fue premio Amnistía internacional de microrrelatos. Colabora en la revista Quimera, dirige la sección de crítica literaria de Las nueve Musas. 

 


Anna Rossell

 

http://www.annarossell.com/

http://es.wikipedia.org/wiki/Anna_Rossell_Ibern

https://www.facebook.com/annarossellliteratura


ARTHUR SCHNITZLER, EXPONENTE DE LA LITERATURA VANGUARDISTA DE FIN DE SIÈCLE JUNG-WIEN. "Doctor Graesler. Médico de balneario". Artículo de Anna Rossell / Ágora-papeles de arte gramático N. 37. Nueva Col. / Literatura alemana del siglo XX

 

 


 

LITERATURA ALEMANA DEL SIGLO XX

 

ARTHUR SCHNITZLER, EXPONENTE DE LA LITERATURA

VANGUARDISTA DE FIN DE SIÈCLE JUNG-WIEN

 

 

 

Arthur Schnitzler

Doctor Graesler. Médico de balneario

Edición Original en alemán: Doktor Gräsler, Badearzt. (1917).

Traducción al español de María Esperanza Romero

Marbot Ediciones, Barcelona, 2012, 152 págs.

https://www.criticadelibros.com/sin-clasificar/arthur-schnitzler-exponente-de-la-literatura-vanguardista-de-fin-de-siecle-jung-wien-2/

 

 

                                                                                   ARTÍCULO DE ANNA ROSSELL

 

 

La editorial Marbot, de Barcelona, y María Esperanza Romero dieron en 2012 una traducción al español de este relato, “Doctor Graesler. Médico de balneario”, nunca publicado antes en España. Su autor, Arthur Schnitzler, fue un vienés vanguardista y rompedor de los moldes y tabúes de su tiempo, de quien sí se conocía en nuestro país la obra narrativa más destacada, si bien no su obra teatral –con excepción de La ronda (Der Reigen) y Anatol-, que, sin embargo, no ha perdido actualidad.

 

 


          Arthur Schnitzler (Viena 1862–Viena 1931), médico y escritor interesado desde joven en la psicología, conoció y mantuvo correspondencia con Freud y supo reflejar este interés en su obra, lo cual habría de provocar escándalo y reportarle problemas con la censura, el estamento militar y la justicia (Liebelei, Professor Bernhardi, Der Reigen, Leutnant Gustl…). Su desenfadada presentación del deseo, la seducción, el poder o el adulterio chocaban con las convenciones morales de su tiempo que en buena parte siguen vigentes aún. Recuérdese la película Eyes Wide Shut, de Stanley Kubrick, que hace pocos años dio a conocer al gran público la novela corta de Schnitzler Relato soñado. Su obra es valiente y rompedora no sólo en los temas sino también en lo formal –El teniente Gustl (1900) fue el primer relato en lengua alemana escrita en forma de monólogo interior, seguiría en este mismo registro La señorita Elsa (1924). La prohibición de representar sus obras teatrales estuvo vigente hasta 1982.

          Probablemente porque conocía mejor sus ambientes y su psicología, la mayoría de sus personajes tienen que ver con su propia vida; sus protagonistas son a menudo oficiales del ejército, médicos o artistas y éste es de nuevo el caso de Doctor Graesler. Médico de balneario. En consonancia con su interés por la ciencia freudiana, Schnitzler dedica muchas de sus narraciones a individuos –como el título anuncia- y al estudio de su idiosincrasia. El subtítulo, Médico de balneario, avanza un prototipo profesional de connotaciones negativas, que entra en conflicto con la convención social de fin de siglo: el supuesto refinamiento de los “pacientes” y de la atmósfera de los baños termales. Porque este médico soltero de cuarenta y ocho años, que ejerce su profesión a caballo entre balnearios de Tenerife y Berlín, se nos presenta como un individuo inseguro, egocéntrico y superficial que anda por la vida con el único objetivo inmediato de satisfacer su necesidad de compañía femenina, sin importarle nada más que la apariencia física y sin ser siquiera un Don Juan. Su debilidad de carácter y su egoísmo se manifiestan en todos los niveles: la ausencia de verdadera vocación médica en la reticencia que manifiesta de asistir a la única paciente realmente enferma que se le presenta, la nula relación que ha tenido con su hermana, con quien ha convivido muchos años antes del suicidio de ésta; la incapacidad de adquirir responsabilidad o compromiso también en lo personal, lo cual le lleva a cambiar constantemente de pareja sin pestañear ni sufrir la más mínima agitación emocional. La mediocridad esencial de Emil Graesler queda más subrayada aún por el carácter del personaje que el autor vienés le inventa como contrapunto: Sabine, una joven mujer resuelta, de notorio intelecto y segura de sí misma, que contrasta fuertemente con el “maduro” doctor.  

          El relato ha sido llevado al cine en varias ocasiones; las más recientes A Confirmed Bachelor, por Herbert Wise, en 1973, en Gran Bretaña (BBC), con Sheila Brennan, Rebecca Saire y Robert Stephens, y en 1991, en Italia, Mio caro dottor Gräsler, por Roberto Faenza, con Keith Carradine, Kristin Scott Thomas, Sarah-Jane Fenton y Miranda Richardson.