Garcilaso de la Vega, militar, poeta y escritor español
OTROS VENDRÁN QUE MEJOR TE HARÁN. GARCILASO, GÓNGORA Y
JOAN ROÍS DE CORELLA
A mi profesor de Literatura Venancio Iglesias y a mi profesora de Griego María Jesús Fernández
I
Maravillémonos con ese estrés en la segunda vocal
abierta, que es marca rítmica pero, ante todo, espuela al ánimo si este
estuviera abatido o plano:
En tánto que de rósa y azúcena
y después los dos versos que continúan el primer
cuarteto:
En tanto que de rosa y azucena
se
muestra la color en vuestro gesto
y vuestro
mirar ardiente, honesto,
y
el cuarto y final de cuarteto, con cambio terso de música, inesperado y bien
recibido como una dulzura al ánimo que hechiza,
con clara luz la tempestád seréna.
y donde el
poeta toledano anuda sirena y tormenta en una sola figura, ampliando el
universo mitológico de los seres imaginarios o fantásticos, que tanto admiraría
Jorge Luis Borges.
De esa
variante, la
más célebre quizá de la poesía española, y más afortunada, este comentarista
ignora aún su historia textual (supongo que estudiada fehacientemente; prometo
preocuparme por ella y escribir en otra retahíla de palabras).
Quiero resaltar cómo se reúnen en este sintagma concreto (tempestad
serena) del soneto XXIII de Garcilaso los motivos de la tempestad y de la sirena (que viene
desde por supuesto el pasaje de la Odisea homérica, si no de antes, asociado a
la idea de cantar en mal tiempo, o sea, presenta el peligro de una voz dulce,
atractiva, imagen de calma y placer, frente a tormenta, mal tiempo; o escilas y caribdis,
abismos amenazantes). Sirena, símbolo ambiguo, antítesis y sinónimo de tempestad. Y síntesis.
Que en el mal tiempo bien cante la sirena, sin duda cuando
mejor cante, y que sea la ocasión, el peligro, de la mejor expresión de la voz
melodiosa, seductora de la sirena (del artista, ya podemos decir) es algo que
podemos aplicar a la creación poética y a la pasión creadora. Por ese lado,
devino el romanticismo alemán. Pero en los autores clásicos y en nuestros
poetas prerrenacentistas o ya de los plenos siglos de Oro, valenciano, catalán,
castellano, se asocia la idea de la voz que transmite calma y seducción en el
peligro con la misma imagen de la muerte. “La veu de Mort li ès melodiosa” (canta
Ausiàs March);
o Joan Ruiz de Corella: "Si en lo mal temps la serena bé canta,"
io dec cantar,
puix dolor me turmenta
en tant
extrem, que ma pensa és contenta
de presta
mort; de tot l’altre s’espanta.
March dramatiza en muchos de sus
poemas, existenciales para los lectores de hoy, tan auténticos y duros como
cantos de roca, bellísimos. La muerte es presentada con buena figura, con voz melodiosa,
ante un desesperado ser humano. La vida, en cambio, con mala figura,
harapienta, nada deseable.
El poeta se consuela con la imagen
dulce (placebo) de la muerte, de la sirena que canta en el aprieto de la
agonía.
Joan Roís (o Ruiz) de Corella, gandense, eclesiástico, teólogo, humanista y poeta italianizante, aristócrata de ascendencia aragonesa.
En cambio, Corella refina la imagen, le
da un sesgo también erótico, necesita no solo la voz melodiosa o el rostro
afable de la sirena; sino también el calor, no el contacto bruto, obsérvese, la
proximidad de una caricia o protección cerca de la muerte y, con sutileza,
alterando y refinando más el juego de antítesis (calma-tempestad, sirena/
serena /tempesta, muerte/ vida), introducirse bajo la manta en el lecho de
ella, pros vós:
Mas, si voleu
que davall vostra manta
muira prop
vós, hauran fi mes dolors:
seré l’ocell
que en llit ple de odors
mor, ja
content de sa vida ser tanta.
Garcilaso muestra una especie de mayor
pudor, en apariencia al menos. Un pudor castellano, que no es mala estrategia
de seducción, si ese fuera el propósito final del soneto que recrea, como
conocen, el carpe diem horaciano y el collige virgo rosas de
Ausonio.
Pero consigue: 1, a mi entender de
hombre casi abatido en ocasiones, elevarnos el ánimo desde el primer metro del
poema. En TANTO que (con diferencia, creo, en el ánimo al “mientras” del
soneto de Góngora “Mientras por competir con tu cabello”, el
que acaba con el tópico de forma nihilista: “en tierra, en humo, en polvo, en
sombra, en nada.”, en su genial verso último. Ambos sonetos, el de Garcilaso,
al que acudimos para alegrarnos el ánimo -y pensar en el reconocimiento que sus
afortunados lectores le debemos, solo constatar que somos capaces de captar esa
maravilla es ya otro motivo de elevación del ánimo, en los malos días y en los
indiferentes: la voz del poeta se hace sirena-; y el otro, el inmenso canto de
Luis de Góngora, el gran soneto barroco, con nihilismo entreverado, pero que
retuerce y lleva a su máxima la belleza del motivo del carpe diem, la seducción
de la sirena).
…Y otro logro,
2: Si la poesía es creación, como la novela, que es poesía y creación, cuando
es de verdad novela, los poetas como March, Corella, Garcilaso, Quevedo,
Góngora, crean con sus imágenes (sirena, tormenta, ruiseñor que canta anunciando
una tragedia, o la otra antítesis célebre del fénix que renace entre olores de
sus cenizas) realidades que son mitos vivientes, o viceversa, creados y recreados
por la corriente meliodosa de una voz, un verbo de sirena que sabe que el
destino del hombre es morir, no estar muerto en vida.
Ausiàs March, militar valenciano y poeta universal.
II
Garcilaso de la Vega comienza a decirnos (por
medio de la dedicataria del poema) un soneto que estimamos continuación y
superación de algunas de las "cançons" que tan maravillosamente
perviven en el cancionero escrito en catalán/ valenciano de Ausiàs March
y de su continuador y casi discípulo genial Joan Roís de Corella, dos de
los autores que sobresalen en El Siglo de Oro valenciano. De este poeta
gandiense hemos comentado en la anterior conversación su espléndida copla de
ocho versos, "Si en lo mal temps la serena ben canta...", que
sigue y mejora en musicalidad y ritmo endecasílabo italiano las coplas de Juan
de Mena y el verso de los sonetos del gran Marqués de Santillana. (cf. https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2026/06/si-en-lo-mal-temps-joan-roic-de-corella.html)
El barcelonés Joan (Juan) Boscán, humanista y poeta.
El poeta toledano vivió en el primer
siglo de Oro español, fue amigo de Joan Boscán: la generación posterior a la de Isabel
y de Fernando, los reyes más cultos de Europa, políticos, en el buen
sentido de esta palabra, y decisivos para el destino de una cultura, la
española. Su contemporáneo, Carlos I de España y V de Alemania (por ese orden, cuando estamos
hablando desde España) protegió a esos dos poetas renovadores: Boscán, que
procedía de Barcelona y tuvo como propósito escribir el mejor español de su
tiempo, solo mejorado por su alumno, amigo y discípulo Garcilaso. Boscán animó
al poeta toledano a ensayar con los metros y ritmos italianos, y las formas
neoclásicas latinas (oda, elegías, etc), sin
que dejara este en menosprecio la lírica tradicional castellana que había
cultivado, en la que compuso coplas octosílabas, en modo villancico, o en modo danças,
algunas tan pimpantes como esta copla castellana, poco conocida, y que cito
de la página del Instituto Cervantes: Centro Virtual Cervantes. 500 años de Garcilaso:
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COPLA I
Villancico del mismo Boscán y de Garcilaso de
la Vega a don Luis de la Cueva porque bailó en palacio con una dama que
llamaban La Pájara
¿Qué testimonios son éstos
que le queréis levantar?
¡Que no fue sino bailar!
Garcilaso
¿Ésta tienen por gran culpa?
No lo fue, a mi parecer,
porque tiene por desculpa
que lo hizo la mujer.
Ésta le hizo caer
mucho más que no el saltar
que hizo con el bailar.
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Es
un pícaro diálogo del poeta y de Boscán a la espalda, o a la cara, de su amigo Luis de la Cueva que se había lanzado a bailar
con una dama con fama de “pájara” (sin comentarios desde nuestro trono actual,
o trona de infante que se escalda mientras se le da de comer, y no traga). El
juego del lazo, el pie y la trampa, bellísimo. ¿Quién cayó en la trampa, quién
fue el pájaro o fue la pájara? ¿Qué clase de liga salió desde entonces de aquel
baile? ¿Fue una pura improvisación, jovial? ¿Un pasatiempo, o hubo más, un lance posterior
o, por vida, un romance tórrido?. Ojalá lo imaginemos, salvo el honor de la dama, y guardado el recato de
nuestros mayores avances libidinosos.
*
Finalmente,
reproducimos la versión más “clásica” del soneto XXIII de Garcilaso, para
recordarnos cómo a veces hay que esperar a segundas versiones para mejorar.
SONETO XXIII
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
y en tanto que el cabello, que
en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento
helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.

Variante
al verso que se recoge en
ediciones contrastadas del soneto XXIII:
enciende al corazón y lo refrena.
Donde “enciende”
(fuego, pasión) queda suprimido pero también el inmediato freno. Juego de
atrevimiento y de vuelta al pudor, que denota un acercamiento más sensitivo.
Maravilla más la variante, a mi entender:
con clara luz la tempestad serena.
Sin la “y” que se añade por error en
alguna edición o cita. Un endecasílabo tan perfecto, terso, esculpe en luz
(belleza espiritual) la imagen del bestiario sirena-tempestad.
Mientras por
competir con tu cabello,
oro bruñido, el sol relumbra en vano,
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;
mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;
goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lirio, clavel, cristal luciente,
no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello, juntamente,
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
(Soneto
de Góngora. Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).
Góngora, pintado por Velázquez. Solo eso.
El veneciano Andrea (Andrés) Navagero, Navajero o Navagiero.
ANDRÉS ACEDO
20 de junio 2026.
Nuestros maestros II. Ágora 40 Nueva Col. Verano 2026