Aitor Larrabide, frente a la Fundación Miguel Hernández. Orihuela (Alicante)
MIGUEL HERNÁNDEZ
Por Aitor Larrabide
Fundación
Miguel Hernández. Orihuela
Miguel
Hernández tuvo una educación reglada hasta los catorce años, que ha sido motivo
de interés entre la crítica. De sus cuatro hermanos Miguel fue el único que
disfrutó de algo similar a una formación aceptable. Pero la educación no
reglada, enraizada en el ámbito de lo popular, construyó su formación y también
su carácter. Los trovos, el fútbol o el teatro clásico fueron motivos
inspiradores que lo unen con la naturaleza misma de lo popular, sin desdeñar la
alta literatura clásica. Estas dos líneas (culta y popular) lo sitúan en el
centro del debate sobre la esencia o personalidad de la literatura de entonces,
muy del ámbito del 27, herederos de la Institución Libre de Enseñanza. Su
participación en las Misiones Pedagógicas es la constatación de todo ello. En
Miguel Hernández se percibe una corriente subterránea, íntima y circular hacia
lo popular. Al final de su obra regresa al neopopularismo del que partió en sus
orígenes (y del que, de alguna manera, nunca permaneció ajeno), métricamente
más rico y desde los temas planteados más profundo. Vemos
cómo su poesía va creciendo en calidad, riqueza de metros empleados y temas.
Hay palabras-tipo con una fuerte carga semántica que emplea desde el inicio de
su obra, como luna, viento o mar, elementos de la naturaleza que irán variando
su significado conforme él mismo va madurando.
Recordemos que, en los apenas doce años
de afanosa dedicación a la escritura, percibimos en sus obras un amplio recorrido por la poesía
española del siglo XX: posmodernismo, regionalismo, vanguardias, poesía
clasicista, poesía comprometida o de combate, y poesía de corte intimista. Sus
libros de poesía están bien construidos y diseñados desde el punto de vista
editorial. Y murió a los 31 años, con toda una vida por delante, que fue cercenada
por la Dictadura.
El compromiso político hernandiano no
nació, en nuestra opinión, motivado por una sola circunstancia, por muy
importante que fuera, o por influjo “dañino” de amigos que lo querían atraer a
las filas comunistas por proselitismo. El compromiso político hernandiano hunde
sus raíces en el contexto social, histórico, económico y cultural de su pueblo
natal, Orihuela, y en su pertenencia (e identificación plena) a una clase
social humilde y trabajadora. Miguel Hernández empezó a darse cuenta de que el
mundo no estaba bien hecho cuando se percató de las grandes injusticias y
desigualdades sociales. Ya escribió poesía con tintes “sociales” antes, como
“¡En mi barraquica!” o “Al trabajo”, y en su obra teatral Los hijos de la piedra, pero con un paternalismo que defiende el
sistema heredado de terratenientes y se opone al sindicalismo de clase. Sin
embargo, una vez despojado de ese influjo del entorno (Luis Almarcha, Ramón
Sijé, etc.), gracias a la educación, impulsada por la Segunda República,
decisiva para esa toma de conciencia, Miguel Hernández afirmará: “Sonreídme, que voy / a donde
estáis vosotros los de siempre, / los que cubrís de espigas y racimos la boca
del que nos escupe, / los que conmigo en surcos, andamios, fraguas, hornos, / os
arrancáis la corona del sudor a diario” (En Viento
del pueblo, precisamente, se incluye el poema “El sudor”, uno de los de más
altura lírica de ese libro).
Desde la Revolución de Octubre de
Asturias en 1934 el país se encontraba alterado y la literatura se convirtió en
reflejo fiel de esa anómala situación y de ese desasosiego. Se despierta en
Miguel Hernández la conciencia del poder transformador de la palabra y la
función social y política de la poesía. Su poema “Sonreídme” marca esa nueva
etapa, vital, estética y literaria.
Miguel Hernández fue un escritor
perfectamente consciente de la clase a la que pertenecía. Cierto es que esto no
sucedió hasta la primavera de 1935, cuando empezó a residir de manera permanente en Madrid. Sus amistades,
nuevas lecturas y los dramáticos sucesos ocurridos en ese tiempo le abrieron
los ojos y el corazón “hacia las cumbres más hermosas”, esto es, hacia el
pueblo, de donde procedía.
(Fragmento antológico, elegido por el autor)
Aitor Luis Larrabide Achútegui (Bilbao, 1969), residente en Orihuela. Es director de la Fundación Miguel
Hernández y reconocido especialista en la obra del poeta oriolano. La revista Ágora
le ha reconocido en abril de 2026 con el Premio María Moliner a la transmisión
cultural.
Aitor Larrabide ha recibido el Premio María Moliner, en la edición de 2026 de LOS PREMIOS CERVANTES DE ÁGORA O DE LA SONRISA DE CERVANTES resuelta el 22 de abril de 2022, Día del español global y del aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, el autor de La gitanilla.
El Premio María Moliner valora la labor realizada por particulares o instituciones a favor de la transmisión cultural, antropológica, filológica y en especial literaria y poética que ha engrandecido la lengua española y es impulso a la continuidad y excelencia de la cultura española en los tiempos actuales y venideros.
El jurado, 12 personas de diversas orientaciones y culturas (poetas, criticas, profesores de Universidad, escritores rumanos, directores de revistas literarias, novelistas, periodistas de radio y televisión) ha "reconocido en D. Aitor Larrabide la importante labor de la transmisión cultural, literaria y, en especial, de la poesía española y miguelhernandiana", y agradece, con este modesto premio, a D. Aitor Larrabide, "su energía al frente de la Fundación Miguel Hernández en Orihuela desde hace muchos años". (extracto del punto 3 del Acta Oficial de los Premios Cervantes de Ágora 2026).
PLIEGO DE MÉRITOS DE AITOR LARRABIDE.
Opiniones y valoraciones de algunos jurados:
Z: Además de su
dedicación a la investigación de la obra hernandiana y de autores de la
Generación del 27, destaca por su encomiable labor al frente de la Fundación
Miguel Hernández, que desempeña prácticamente en solitario, sin personal a su
cargo y pese a las numerosas dificultades institucionales, incluidos recortes
presupuestarios. Cabe subrayar también su apoyo constante a escritores y
creadores de la Vega Baja mediante publicaciones, asesoramiento y difusión de
sus obras. Considero acertada su convicción de que apoyar el presente literario
y artístico de Orihuela y su comarca constituye una de las mejores formas de
mantener viva la memoria de Miguel Hernández.
A: Por cierto,
ha sufrido en más de una ocasión recortes en los presupuestos, incluso trabaja
mayormente sin empleados a su cargo. Doy fe de ello porque lo conozco desde que
llegó a Orihuela, hace muchos años, para elaborar su tesis doctoral sobre
nuestro reconocido poeta. Me llamó la atención, siendo él de Bilbao, su
entusiasmo y su incansable trabajo como investigador de Miguel Hernández.
Asimismo, publica obras de autores actuales de Orihuela y otros pueblos. Es,
por tanto, un difusor del arte y la cultura, un apoyo constante, un hombre que
trabaja muy de corazón.
F: Aitor
Larrabide merece el Premio María Moliner por su labor longuincua y siempre
seria, no partidista, al frente de la Fundación Miguel Hernández en Orihuela,
que ha sabido mantener al margen de prebostes y comisarios la dirección de la
preservación y difusión del legado de uno de los grandes poetas europeos del
siglo XX, Miguel Hernández Gilabert. De acuerdo totalmente con las razones
también expuestas por A y por Z, académicos (in
sombra) de la de Oleza.
R: Apoyo.
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Más información sobre el flamante "Premio María Moliner":
Diario Información de Alicante. 22-4-2026 (Artículo de Juan Fernández)
https://www.informacion.es/cultura/2026/04/22/cervantes-premian-director-fundacion-miguel-hernandez-ilicitano-juan-carlos-lozano-felices-129405166.html
Los "otros Cervantes" premian al director de la Fundación Miguel Hernández y al ilicitano Juan Carlos Lozano Felices
El
galardón, concedido anualmente por la revista cultural Ágora, también
reconoce la labor del oriolano José Manuel Ramón con su obra Vanitas y homenajea al poeta Ángel Guinda a título póstumo
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La revista Ágora
agradece a Aitor Larrabide la aceptación del premio, y su apoyo a las
iniciativas que esta revista ha tenido en el pasado, como la publicación de
varios números impresos y digitales de Ágora dedicados a Miguel Hernández,
donde él y la Fundación Miguel Hernández han colaborado.
HISTORIA DE PREMIO MARIA MOLINER, desde 2023
En anteriores ediciones han sido PREMIO MARÍA MOLINER de la revista Ágora:
Juan Guerrero Ruiz (2023)
Jesús López García (2024)
Francisco Javier Díez de Revenga (2025)
Aitor Luis Larrabide Achútegui (2026)

Juan Guerrero

Francisco Javier Díez de Revenga. Fuente: La Verdad.