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miércoles, 23 de septiembre de 2026

LA VIDA DE MIGUEL HERNÁNDEZ (sobre el libro "Un poeta en la Historia: vida de Miguel Hernández" de Mario Amorós). Por el profesor Francisco Javier Díez de Revenga. Bibliotheca Grammatica / Biografías / Historia/ Avance de Ágora N. 42. Nueva Col. Otoño 2026 / Bibliotheca Francisco Javier Díez de Revenga / artículos

 


 

LA VIDA DE MIGUEL HERNÁNDEZ

 

      por Francisco Javier Díez de Revenga

 

 

Mario Amorós (Alicante, 1973) acaba de publicar en Akal una excepcional biografía: Un poeta en la Historia: vida de Miguel Hernández, asegurando que la suya, frente a otras biografías consagradas del poeta de Orihuela, es distinta porque está escrita por un historiador, ya que ha basado su investigación en una revisión exhaustiva de toda la documentación existente y alguna inédita o desconocida. También ha tenido muy en cuenta todo lo aportado por numerosos investigadores, estudiosos y editores de Miguel Hernández a través de una bibliografía muy detalladamente consultada y bien asumida como fuente y aportación necesaria e imprescindible.

Si advertimos que el volumen supera las quinientas setenta páginas y que el aparato crítico está compuesto de casi dos mil notas a pie de página, objetivamente hay que concluir que el trabajo realizado por Amorós es extraordinario y desde luego, a partir de ahora, imprescindible para conocer mejor al gran poeta de Orihuela y descartar, por inverosímiles o no documentadas, algunas leyendas urbanas en torno al escritor: su propia condición de pastor pobre, las vacilaciones de su evolución ideológica y su militancia política comunista, su participación en la guerra como combatiente y agitador y su destino final, sus detenciones, su cárcel y su muerte. A la luz de los documentos escritos, sobre todo los ricos epistolarios y los testimonios familiares y de amigos y vecinos, así como el parecer, ya en Madrid, de los grandes poetas que lo acogieron (Pablo Neruda, Vicente Aleixandre o Raúl González Tuñón), se puede llegar a conocer la verdad frente a tantas historias urdidas, y algunas falsas, durante años en torno a la vida de Miguel Hernández.

          Se trata entonces de una biografía total que relata detalladamente todos los sucesos de una vida, desde que comenzó a escribir sus primeros poemas y fue publicando sus libros de poesía hasta los últimos versos escritos ya en la cárcel, sin olvidar sus aspiraciones como dramaturgo y desde luego los numerosos textos, en verso y en prosa, escritos antes y durante la guerra.

          Dada la especialización del historiador como conocedor de la Guerra de España, no puede sorprender que haya analizado con todo detalle la participación de Miguel Hernández en la guerra, su militancia en el partido comunista desde septiembre de 1936, su trabajo en las trincheras como zapador en el frente de Madrid y sus actuaciones como comisario de cultura, a través del Altavoz del Frente, en Jaén, en Extremadura, en Valencia y en otros muchos lugares de la España republicana. Y, al terminar la guerra, la detención y el peregrinaje por distintas cáceles de España es oportunidad que se le presenta al historiador para aportar nuevos documentos y examinar otros muchos sobre la condena a muerte y conmutación de pena, con el fin de aclarar, hasta donde ha sido posible, la intervención y el protagonismo de algunos personajes relevantes en la historia personal de Miguel Hernández hasta el día de su muerte. A pesar de ser una visión histórica, afortunadamente no prescinde Amorós de la reproducción de algunos textos fundamentales del poeta, desde la Elegía a Ramón Sijé, a los inolvidables Canción del esposo soldado, Aceituneros, Nanas de la cebolla o Eterna sombra…

          Se demuestra una vez más que, en pocos casos, la vida de un poeta contemporáneo es tan interesante para comprender su obra como en el de Miguel Hernández, cuya trayectoria existencial desde orígenes casi de autodidacta hasta un final patético, pasando por espacios de autoformación cultural y de compromiso político activo, tanto ha llamado la atención de los numerosos estudiosos que a su obra se han aproximado. Poeta excepcional, de gran fuerza y vitalidad juvenil mantenida siempre, fue también atento escucha de las novedades literarias más avanzadas de su tiempo, que le capacitaron para crear una poesía avanzada en cuanto a su formación, y personal en lo que a su ejecución se refiere.

La lectura de esta biografía de Mario Amorós no despeja, sin embargo, la duda siempre latente de lo que el futuro de un poeta, muerto a los treinta y un años, podía habernos deparado. Porque está claro que, si bien logró, como nadie en su tiempo, en el que tantos y tan buenos poetas hicieron su aparición en España, crear una poesía personal en las distintas facetas que cultivó, no es menos cierto que su obra comenzaba a madurar cuando sufrió las dos grandes calamidades que la delimitaron y la condujeron por caminos inesperados: la guerra y la cárcel. La muerte, temprana y singularmente cruel, vendría a dar al traste con lo que se ofrecía como gran promesa de la poesía lírica española en la época de mayor esplendor de su siglo.

 

El texto ha sido publicado originalmente en el diario La Opinión, de Murcia, el 11 de septiembre de 2026. Lo reproducimos para los lectores de Ágora por gentileza de su autor. 

 

 El catedrático emérito Francisco Javier Díez de Revenga ...

Francisco Javier Díez de Revenga es Catedrático emérito de Literatura en la Universidad de Murcia. Escritor, ensayista, autor de libros de referencia sobre Miguel Hernández, Carmen Conde, Azorín, y sobre la Generación del 27. Publica semanalmente un comentario sobre libros de actualidad en el periódico La Opinión, de Murcia.

 

 

 

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Más información editorial sobre el libro de Mario Amorós "Un poeta en la Historia: La vida de Miguel Hernández":

https://www.akal.com/libro/un-poeta-en-la-historia_55173/

 

martes, 22 de septiembre de 2026

US DEIXO EL MEU LLEGAT, PER SI ALGUN DIA. CANT I / Os dejo mi legado, por si algún día. Canto I. (POEMA EN CATALÁN DE ANNA ROSSELL. TRADUCIDO POR LA MISMA AUTORA). Ágora N. 42. Nueva Colección. Otoño 2026 / Per-versiones. Literatura catalana / Poesía catalana actual

 

 


US DEIXO EL MEU LLEGAT, PER SI ALGUN DIA. CANT I / 

Os dejo mi legado, por si algún día. Canto I

 

(POEMA EN CATALÁN DE ANNA ROSSELL. TRADUCIDO POR LA MISMA AUTORA)

 

 

 

Anna Rossell ha publicado en la editorial InVerso el texto completo del oratorio. Se encuentra en dos volúmenes: en catalán, Us deixo el meu llegat, per si algún dia. Oratori en XVII cants; y en español, Os dejo mi legado, por si algún día. Oratorio en XVII cantos, con traducción de la misma poeta. Ambos libros están disponibles en la web de In-Verso ediciones, donde pueden, además, leer una valiosa nota introductoria sobre la obra.

https://inversopoesia.com/us-deixo-el-meu-llegat/

 

 

                           I

 

Una boira de llum em trenca els ulls

per l’escletxa oberta entre el runam:

 

el cel, polsós de cendra i enderroc.

 

El cos no és el meu cos, només els ulls,

la sorra m’embolcalla, m’oprimeix,

el cos és el meu cos, la llengua es mou

a penes lenta pel vòmit fangós,

aspre i llefiscós, grinyolen les dents,

i el pes, el pes, la llosa sobre el pit

en respirar; més avall el no-res,

el cos és un mig-cos, és el meu cos,

ofec de l’aire dens. És fosc el lloc

on soc, on soc? On soc és la foscor,

una blancor de pols fereix el clot

i el cos. Després tremola el sòl —un tro—,

i el meu no-res d’eruga s’estremeix

dins l’embolcall.

 

A fora, el silenci clamorós.

Una planura immensa de no-res.

 

Amb cada contracció un cop de dolor

arrossega el ventre penosament

per una orografia ara punyent,  

la pell s’arrapa als vèrtex afilats,

al ciment esventrat; fusta i cadàvers

de ferralla arreu, façanes d’ulls cecs

aboquen al crepuscle la buidor

per on transita l’aire en llibertat

per a ningú; tot és desert, cap ésser

viu, cap so; columnes de fum, vestigis

de l’espant, s’alcen en un horitzó

erm, un Sodoma on el temps s’ha aturat,

on el passat s’ha pres, on el futur

ha esdevingut present i eternitat,

on res ja no esdevé perquè no és.

Retruny l’estrèpit dins del meu cervell,

retruny l’esgarrifança de les veus,

retruny vertigen sota els ulls pesants.

 

«Després vingué un dels set àngels de les set copes

i em parlà: ‘Vine, i et mostraré la condemna, la

gran prostituta, que viu vora les aigües. Els reis

de la terra s'hi han prostituït, i els habitants del

món s'han embriagat amb el seu vi’».

 

El seu vi em regalima pels cabells,

amara de dolç líquid el meu cos,

l’eruga que ara sóc, que encara sóc.

Repetim el diluvi universal,

és aigua de Jahvè. Jahvè, Jahvè,

m’has elegit, Jahvè, un femení

Noè que salvi un altre cop la teva

Humanitat. On són els fills, Jahvè?,

on són els fills que em vas donar? Jafet

on és?, on són els seus germans?, on és

Jerusalem, que visqué en harmonia

tant de temps, l’esperança clau d’aquell

Harmagedon on havies de vèncer

Satanàs, expulsar-lo al llac de foc,

alliberar les teves criatures

del seu jou? On són els profetes teus,

aquells que tu ens havies enviat 

per escampar la gran mentida arreu?

No són enlloc, el seu missatge, enlloc,

la seva veu, enlloc, les seves goles

s’han secat, tot s’ha extingit, cap vestigi

suporta el seu record. On ets, Jahvè?

Ens vas fer creure que el Bé s’alçaria

sobre el Mal i la nostra innocència

no s’havia perdut al paradís:

la nostra fe ens alimentà les ments,

la il·lusió va esdevenir l’esquer,

miratge de la nostra perdició.

Tan arrogants com érem i covards,

no suportàvem nostra condició,

amb mites —inveterada catarsi,

perenne coartada de la culpa—

varem crear-nos déus de creació:

érem febles sotmesos al destí,

el fat que ens eximia dels errors;

ho delegàvem tot —érem fills seus—;

exonerats dels nostres propis crims,

evitàvem mirar-nos al mirall

i així no veure el monstre que ens viu dins.

Quin Déu, Jahvè, quina excelsa bondat

hagués creat un ésser de paor,

un ésser posseït per l’ambició,

capaç de maquinar tant patiment?

Quin Déu del Bé, Jahvè, hagués volgut

per Ell els cruents sacrificis que hem

comès? No, necessitàvem profetes

que anunciessin la fera que incubem;

justificats els Hitler i els Stalin,

podíem deixar anar els nostres instints,

la paraula s’havia d’acomplir.

I ara ja és tard, Jahvè, és massa tard

per aturar aquell mal que estava escrit,

la Gran Babilònia ens ha arribat,

l’estirp mortal toca a la seva fi.

Què se n’ha fet d’aquells homes de bona

voluntat, de què ha servit el seu zel;

el Drac crida les Bèsties de l’avern,

les trompetes dels àngels han sonat

proclamant el fracàs del seu anhel.

L’humà, la criatura més sublim

—la teva imatge—, s’ha mostrat als déus,

i el món ha tremolat pel crit dels déus.

La gran Comèdia Humana s’ha acabat,

i no hi ha actors que puguin ser aclamats,

públic i actors han fet el seu paper,

seguit el seu dictat fins a la fi,

tu feies de bufó, Jahvè, però cap

acotació prescrivia al final

un histrió; un espectacle magne

sense director, sovint assajat:

els mateixos que et varem inventar

varem crucificar Jesús, aquell

que pretenia ser el teu fill, i varem

imaginar noms diferents per a tu.

Per veure en el proïsme un enemic,

ens varem fer creuats i així poder

arrasar Jerusalem i signàrem

la pau per rearmar els nostres exèrcits

altre cop; varem mutilar i violar,

i varem ensenyar-ho als nostres fills

i als fills dels nostres fills, varem matar

per gust, deixar morir en la misèria

continents; cecs per l’ànsia de poder

varem envair, varem idear

modes de matar, indústries perfectes

massives de la mort de Zykon B,

varem fer forns de solució final,

vam espoliar el seu or, el seu cabell,

vam reciclar la pell; laboratoris

d’àtoms i neutrons varen gestar bombes

de raïm i míssils intel·ligents,   

mines fabricadores de monyons.

Insaciables de més coneixement,

l’economia va maquinar una altra

vessant, provar estratègies de mercat:

la fam va jugar a borsa per a uns quants.

La ciència invertia en inversions,

inversions per ordir més inversions.

Era el progrés, cap Cassandra el podia

deturar; en nom del progrés vam

progressar, però volíem encara

més progrés; era el progrés d’aquell Àngel

dels Nous Temps, ho anunciaven els seus ulls

desencaixats, ensems la seva boca

oberta de paor: mirada greu

clavada en el passat, pretén fugir

de la devastació, la tempesta

l’empeny vers el futur, però el futur és

més devastació; cap Ésser Suprem

el podrà redimir.

 

Jo sóc, Jahvè, aquell àngel presoner.

Amenaça de tota humanitat,

m’he forjat la pròpia perdició

i ara espero la fi.

 

 

Anna Rossell

     Primer cant del llibre Us deixo el meu llegat, per si algun dia. Oratori en XVII cants; publicat a InVerso Edicions de poesia, 2021

 

 


                           I

 

Una niebla de luz rompe mis ojos

por el resquicio abierto en los escombros:

 

el cielo, gris de polvo y destrucción.

 

El cuerpo no es mi cuerpo, solo ojos,

la arena me aprisiona, me atenaza,

el cuerpo es mi cuerpo, se desliza

la lengua apenas lenta por el acre,

denso vómito viscoso, los dientes

crujen y el peso, el peso, la losa

en el aliento de mi pecho;

más abajo la nada, el cuerpo

es solo medio cuerpo y es mi cuerpo,

ahogo de aire denso. ¿Dónde estoy?,

donde estoy está oscuro, ¿dónde estoy?

Es todo oscuridad donde yo estoy,

el polvo blanco hiere la oquedad

y el cuerpo. El suelo tiembla —un trueno—,

y se espanta mi ser de nada-oruga

en su crisálida.

 

Fuera reina un silencio clamoroso.

Es la inmensa llanura de la nada.

 

Con cada espasmo un golpe de dolor,

penosamente serpentea el vientre

por una orografía lacerante,

mi piel recorre las agudas puntas

del cemento abierto; por todas partes

madera y esqueletos retorcidos

de chatarra, fachadas de ojos ciegos

arrojan al crepúsculo el vacío

donde transita libremente el aire 

para nadie en un erial inmenso,

ningún ser viviente, ningún sonido,

nada; columnas de humo —vestigios

del espanto— se elevan a lo lejos,

el horizonte yermo, un Sodoma

donde el tiempo se detuvo,

donde el pasado permanece inerte,

el futuro ha fraguado en hoy y siempre,

donde nada fluye, porque no es.

Retumba el estruendo en mi cerebro,

retumba el espasmo de las voces,

retumba en los párpados el vértigo.

 

«Y vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo, diciéndome: ‘Ven, y te mostraré la condenación de la gran ramera, la cual está sentada sobre muchas aguas; con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los que moran en la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación’»

 

Ese vino embriaga mi cabello,

impregna de dulce licor mi cuerpo,

la oruga que ahora soy, que aún soy.

Es un nuevo diluvio universal,

es agua de Yavé. Yavé, Yavé,

me has elegido, Yavé, una mujer-

Noé para salvar tu Humanidad.

¿Dónde están tus hijos, Yavé? Los hijos

de mi vientre, ¿dónde están?, ¿tu Jafet?,

¿dónde su estirpe?, ¿dónde la Ciudad

Santa, en paz y armonía tanto tiempo,

la esperanza de aquel Harmagedón

donde habías de vencer a Satán,

expulsarlo a las llamas de tu lago,

librar a tus criaturas de su yugo?

¿Dónde están tus profetas, encargados

de esparcir la mentira por el mundo?

¿Dónde su mensaje?, su voz no está;

sus bocas se han secado, no hay mensaje,

siquiera un leve vestigio sostiene

su memoria. ¿Dónde estás, Yavé?

Nos prometiste que el Bien se alzaría

sobre el Mal; no enterramos la inocencia

en el Edén: alentamos las mentes

con la fe, cebo para la ilusión,

espejismo de nuestra perdición.

Éramos arrogantes y cobardes,

no aceptábamos nuestra condición:

con mitos —inveterada catarsis,

perenne coartada de la culpa—

nos creamos dioses de creación; 

timoratos, sujetos al destino,

el hado exoneró nuestros errores;

hijos suyos, lo delegamos todo;

eximidos de nuestras fechorías,

evitamos mirarnos al espejo

y así no ver el monstruo en nuestro seno.

¿Qué dios, Yavé, qué excelsa bondad pudo

crear tan espantoso ser, un ser

ávido de poder, capaz de urdir

tanto dolor?, ¿qué dios del Bien, Yavé,

hubiera consentido las cruentas

ofrendas perpetradas en su honor?

No, urgían profetas que anunciaran

la fiera que incubamos; eximidos

los Hitler y los Stalin, pudimos

soltar nuestros instintos, la Palabra

debía cumplirse. Y es tarde ya,

Yavé, tarde para impedir el mal

que estaba escrito, la Gran Babilonia

llegó, expira la mortal estirpe.

¿Qué ha sido de aquellos hombres de buena

voluntad?, ¿de qué sirvió su fervor?;

el Dragón llamó a las Bestias del orco,

las trompetas angélicas sonaron

proclamando el fracaso de su anhelo.

El humano, la excelsa criatura

—imagen tuya—, se mostró a los dioses,

y el grito horrorizado de los dioses 

ha estremecido al mundo. Terminó

el postrer acto de la Gran Comedia,

y no hay actores dignos de ovación,

público y actores actuaron,

siguieron su dictado hasta el final,

tú hacías de bufón, Yavé, y ninguna

postilla prescribía un histrión;

una magna función sin director,

con gran esmero ensayado: los mismos

que te ideamos vendimos a Jesús,

aquel que aseguraba ser tu hijo,

e imaginamos nombres muy diversos

para ti. Y devenimos cruzados

por ver un enemigo en nuestro igual

y poder arrasar Jerusalén,

y firmamos la paz por rearmar

a nuestros escuadrones otra vez;

mutilamos, violamos y adiestramos

en ello a nuestros hijos y a sus hijos,

matamos por el gusto de matar,

continentes han muerto en la miseria

por nosotros; cegados por el ansia

de poder invadimos, inventamos

maneras más perfectas de matar,

las industrias de muerte colectiva

de Zyklon B, fabricamos los hornos

de solución final, expoliamos

su oro, su cabello, reciclamos

su piel; con átomos y con neutrones

se gestaron en los laboratorios

inteligentes bombas de racimo

y misiles, minas fabricadoras

de muñones. Codiciosos de más

saber, la economía maquinó

estrategias de mercado: el hambre

jugó en bolsa para lucrar a algunos.

La ciencia invertía en inversión,

inversión por crear más inversión.

Era el progreso, ninguna Casandra

podía detenerlo; progresamos

en nombre del progreso, y quisimos

aún más progreso; era el progreso

de aquel Ángel de los Nuevos Tiempos,

lo anunciaban sus aterrados ojos,

su boca abierta de puro espanto:

la mirada clavada en el pasado,

se propone escapar de los estragos,

y el huracán le empuja hacia el futuro,

pero el futuro le depara más

estragos; no hay Ser Supremo que pueda

redimirlo.

 

Yo soy, Yavé, aquel ángel prisionero.

Amenaza de toda humanidad,

me he forjado la propia perdición

y ahora espero mi fin.

 

 

Traducción de la propia autora, Anna Rossell

 

  (Primer canto del poemario Os dejo mi legado, por si algún día. Oratorio en XVII cantos; publicado en Inverso Ediciones de poesía, 2021)

 

 


 

Anna Rossell nacida en Mataró (Barcelona), es filóloga alemana, escritora, poeta, crítica literaria y gestora cultural. Ha publicado últimamente Poesia per al nostre temps (2024, InVerso edicions de poesia), y en la misma editorial Us deixo el meu llegat, per si algun dia (Oratori en XVII cants).

Profesora de literatura alemana en el Departamento de Filología Inglesa y Germanística de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha desarrollado una amplia labor de crítica literaria y desarrollado a la par una obra creativa en casi todos los géneros, en especial la poesía. Entre sus últimas obras, en poesía: Auschwitz-Birkenau. La prada dels bedolls / La pradera de los abedules (2015, e-book, Amazon); en narrativa: Aquells anys grisos (Espanya, 1950-1975) (2014, e-book, Amazon). En 2017, con (Falsa) paradoja fue premio Amnistía internacional de microrrelatos. Colabora en la revista Quimera, dirige la sección de crítica literaria de Las nueve Musas. Es colaboradora también de la revista Ágora desde su refundación en 2013.


Página web de Anna Rossell: La tertulia de Anna Rossell.

https://www.annarossell.com/

 

Página de Anna Rossell en la revista Ágora:

 https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/search?q=Anna+Rossell