Portada del libro de Antonio Marín Albalate,Tributo a Serrat (2007)
EL VICIO DE SERRAT
26
de abril. Correo de Fulgencio. Recado de escribir para su revista de Arte
Gramático Ágora. Como siempre y como cantó Rosendo: Agradecido.
Andaba yo un tanto espeso, gruñéndole a la
pantalla del ordenador, y en eso que asoma el amigo Fulgencio Martínez,
por la bandeja de entrada de mi (con perdón) computadora invitándome a despachar
unas palabras sobre Serrat con motivo de su más reciente Premio de las
Artes Princesa de Asturias «verde de montes / y negra de minerales» (Pedro
Garfias dixit para que tiempo después Víctor Manuel le
pusiera voz y música), o lo que viene ser el Premio Alteza Leonor, tan
bellísima ella moviéndose entre el ballet y la música de todos los tiempos. Conviene
recordar que con motivo de su 18 cumpleaños la Banda Sinfónica de la Guardia
Real, entre los trece temas interpretados, versionó “Ángel” de Jon Secada,
“La misión” de Ennio Morricone o “Mediterráneo” de Joan Manuel Serrat.
Esto lo sé por San Google, no por haber sido invitado. Si yo fuera Francisco
Umbral hubiese estado allí para contarlo como él solía. Ah, Umbral, niño de
provincias que a principios de los ochenta se fue a vivir en La bestia rosa,
también niña de provincias, niña Mozart, niña Rimbaud en su Chagall refugiada
entre poemas de Álvaro Cunqueiro, como aseguró el propio Paco en A la
sombra de las muchachas rojas. Ah, Umbral… Por cierto, cómo se nota la
ausencia de este inmenso poeta de la prosa más fresca que tan bien conoció mi
amigo Ramoncín. Ríos de tinta, acerca de él, derramó el maestro en sus
columnas y libros. No en vano fue su colega, su tronco, su ángel de cuero. Salud
querido Ramón Ramoncín que estás «en el Umbral de una calle cualquiera» (Antoñín
dixit) envuelto en la blanca cabellera de ese endecasílabo sin melanina («mi
cabeza cana, los años perdidos», ay, Alberti) que te piensa como El
hijo de Greta Garbo, en este tiempo miserable de ruido, silencio y
melancolía extrema.
Ustedes
perdonen la digresión. Siguiendo la senda de las paraules, «sencillas y
tiernas», hacia mi admirado Joan Manuel digo que me alegro y mucho de este merecido
galardón a toda una trayectoria músico-literaria. Porque Serrat, no descubro
nada nuevo, es un poeta, tanto en catalán como en castellano (eso lo sabe hasta
el barrendero de la esquina), que ya ha trascendido más allá de sí mismo para
ser todos nosotros. Quien más y mejor ha escrito (el puto corrector, va a su
bola y escribe escroto) sobre Serrat, digo, es mi querido Luis García Gil
que no podía faltar en este número. Léanlo. Léanlo. Yo no he querido hacerlo
todavía, aunque recibí su texto para enviárselo a Fulgencio, porque si lo hago
dejaría automáticamente de disponer aquí estas palabras. Ante escritores así,
no es coba y él lo sabe (aunque «si yo tuviera una escoba…», pero eso son otros
López), uno se quitá el cráneo y ya está.
El caso es que, como tantos de mi
generación, crecí escuchando a este noi del Poble Sec. Primero en la
radio, siendo yo un crío, cuando lo de Eurovisión y eso. Curiosamente por las
emisoras murcianas de entonces escuché algunas de sus primeras canciones en
catalán, verbigracia: Cançó de matinada. Me hice serratiano hasta la
médula y hasta el punto de darles la brasa a las sombras de mi niñez y
adolescencia, cuando nadie me veía (eso pensaba yo), destrozando canciones como
Mis gaviotas, Tordos y caracoles y cosas así. Y, mientras tanto, entre
barquitos de papel y canales mancomunados (casi una vida tirada a la basura),
el tiempo que pasa. Así una década y otra y otra...
Más de una vez, cuando venía a Cartagena o
a Murcia, tuve el momento fan de hacerme una foto con él con la excusa de algún
autógrafo y, más adelante, proposiciones literarias.
1999 fue el año en que le conocí un poco
mejor. Sucedió en La Unión minera y cantaora, venía a presentar aquel magnífico
Sombras de la China que, sí o sí, sonaba en modo bucle en el RadioCD de
mi utilitario. Fuese solo o bien acompañado, sonaba y sonaba. Cuando más era en
mis dominicales viajes con la familia a la capital del Segura, mi hija (por
aquel entonces con ocho años y medio) lo escuchaba sin rechistar y mi hijo (con
siete) lo mismo que su hermana y además encantado; mi mujer también encantada,
o eso creo. Ida y vuelta, sonaba y sonaba.
Pasó el tiempo y vinieron nuevos
discos y, por consiguiente, nuevas presentaciones. ―«¿Éste es tu hijo? ―dijo un
día Serrat al vernos― Cómo ha crecido». Unos creciendo y otros decreciendo, así
es la cosa. Todavía con cierta ilusión y dándole vueltas a cómo olvidar la
enfermedad de vivir, me dio la insensatez (o no) de pergeñar un par de
proyectos (siempre dos mejor que uno) para mi Serrat personal. El
primero de ellos, pasado un tiempo y sin necesidad de ir a Londres, sufrió un
aborto espontáneo. Visto ahora, desde la distancia, creo que fue lo mejor que le
pudo pasar al no nato. Ara descansa en pau. El otro, tras cinco o seis
años de darle el coñazo a amigos, conocidos, reconocidos y no tanto, de todas
las disciplinas habidas y por haber, saldría en 2007 bajo el título de Tributo
a Serrat gracias a la generosidad del veterano escritor y periodista
musical José Ramón Pardo en su sello Ramalama Music. Ese libro recogía,
por capricho del azar, una anécdota que recordar aquí quiero. Perdón por la
pequeña vanidad.
Fue a principios de febrero de 2007. Daniel
Viglietti a punto de enviarme su texto (que él llamaba “nota”) para Serrat
(en otro correo), vino a decirme: «Antonio, ya estamos llegando casi al envío
de la nota. No pude ver mano a mano a Joan Manuel, apenas una telefoneada.
Cantó muy bien y sale al interior, yo atado en Montevideo por otros
compromisos. Me había llamado a un número que no es el directo mío y recién
hace un rato me ubicó. Yo dormía y él estaba saliendo en viaje y en la breve
charla olvidé pedirle su email, que alguna vez me dio y no encuentro. Me
gustaría avisarle algo a Joan sobre Benedetti y ya por teléfono ahora es
complicado. Le pido a usted si me puede mandar el
e-mail de Joan para contactarlo por esa vía. Gracias. Seguramente al recibir su
mensaje ya le estaré enviando el texto. Disculpe las demoras pero la vida es a
veces como un vértigo. Salú: Daniel Viglietti. PD: Si quiere llamarme, estoy en
casa (teléfono personal:**
*** * *******)». Serrat
andaba por Latinoamérica con la gira Serrat
100 x 100 y Mario Benedetti quería verle. Por supuesto, llamé a Viglietti y
le di lo que me pedía. Luego supe que Joan y Mario pudieron verse. Pocas veces
en mi vida he tenido la sensación de haberle sido tan útil.

Fe de vida. 2019
Ateniéndonos a lo escrito por mí en el Tributo
que nos ocupa, debo decir que no quedé en absoluto satisfecho del resultado.
Siempre sucede cuando las prisas hacen presa en cuanto uno quiere decir y,
claro, luego viene el tirarse de los pelos por las cacofonías varias, excesivos
gerundios, etcétera, etcétera. De ahí que en 2019 saliese el mismo libro con
enfoque distinto, revisado y actualizado, gracias a la generosidad de Francisco
Mesa, editor de Dalya, con quien me conectó el gran García Gil y que se
llamó Serrat: Fe de vida. Queriendo rizar más el rizo (mi osadía, a
veces, no tiene límites) le di otra vuelta más a este segundo libro para, con
la excusa de la calle Poeta Cabanyes (donde nacieran el noi y el galáctico
Jaume Sisa, tan diversos como geniales), dar forma al artefacto Sisa/Serrat
y la calle que los cruzó que el bueno de Francisco Mesa publicaría en 2023.
Sisa/ Serrat. 2023
Serrat. Siempre Serrat. Así es porque así
ha de ser. El vicio de cantar vino a llamarse la gira con la que se
despedía, mundialmente, de su público. Comenzó su andadura en abril de 2022 en
el histórico Beacon Theatre de Nueva York, para seguir allende los mares y las
nubes. En España la comenzaría en Murcia, en junio (yo estaba allí) y tras
volver a volar allende los mares y las nubes, finalizó en su Barcelona ciudad
ese mismo año de 2022.
¿Y ahora qué? Nos preguntamos entonces sus
devotos seguidores. Porque vale que, tras sus años de privilegiada profesión,
le mole y tenga más que ganado su derecho a ejercer de jubiloso jubilado. Pero
quienes nos quedamos en 2010, con aquel Hijo de la luz y de la sombra,
tenemos mucho “mono” de oír algo nuevo. Estoy seguro de que seguirá componiendo
para él. Y que, cuando venga a darse cuenta, tendrá material para un nuevo
disco que podrá presentar (acaso sin maratonianas giras) en las ciudades que
desee. Ya me daría yo con canto en los dientes si eligiera Cartagena, puestos a
pedir sería lo ideal, por aquello del Mediterráneo. Tengo ese prurito. Lo de la
picazón es otra historia. Y todo por el vicio de Serrat y porque no hago otra
cosa que pensar en mí.
P.D.: Ahora, por fin, voy a leer el texto
de Luis García Gil.
Antonio
Marín Albalate
Mi Choza, Mayo de 2024

Antonio Marín Albalate y Joan Manuel Serrat.1999.
ANTONIO MARÍN ALBALATE. Nacido en
Cartagena en 1955, escribe poesía desde el pasado siglo. Parte de su obra
lírica se halla recogida en el disco En boca ajena (2014), donde Germán
Coppini canta tres poemas, y en los libros Infierno y nadie. Antología
poética esencial. 1978-2014 (2015); Mal bien nada. Diversos reunidos
1979-2019 (2019). Junto a Luis García Gil, en 2017, publicó el libro Patxi
Andión.
Ha coordinado libros en homenaje a autores como José
Agustín Goytisolo, José Hierro, Serrat, Pablo Guerrero, Patxi Andión, Aute…
Seguidor de la obra de Leopoldo María Panero es
antólogo y prologuista de Sobre la tumba del poema. Antología esencial
(2011); Narciso en el acorde último de las flautas (reedición 2012); Last
River Together (reedición 2014); Rosa enferma (2014).
Componente del grupo Antonio Fidel y Los Navegantes es
autor de algunas letras del disco Canciones del otro (2017) y Una
mosca en la pared (2023). También es autor de la letra del tema
“Desterrado” incluido en el disco Trogloditas 2 de Trogloditas (2019)
así como de “Dispara” de la banda Desterrados (2024).
Sus últimas publicaciones, entre otras, son: Ramoncín,
el corazón de la ciudad (2018); Serrat, fe de vida (2019); Contra
el aplauso de un puñado de idiotas (2019); Bienvenidos al infierno
(2019); Serrat, fe de vida (2019): El lamento de la bestia
(2020); Germán Coppini, colecciono moscas (2020); Una vieja chistera
sin gracia ninguna (2020); Leonard Cohen/Demis Roussos. Una isla en
clave de sol (2021); Manolo Tena. El único habitante de la luna
(2021); Sisa/Serrat y la calle que los cruzó (2022); Ruleta musa
(2022); Morcuende. Un cosmos en el caos (2023); Hombre despatriado
(2023).