ÁGORA. ULTIMOS NUMEROS DISPONIBLES EN DIGITAL

martes, 7 de julio de 2026

Metáfora e identidad: apreciación de la lírica en la música popular mexicana. Por Gustavo Jiménez Arenas. Ágora-Papeles de Arte Gramático Nueva Colección. N. 41. Núm doble. N. 40-41 Verano 2026 / Ensayo. Musicología y Literatura / Desde México

 

                                                Gustavo Jiménez Arenas

 

 

Metáfora e identidad: apreciación de la lírica en la música popular mexicana

 

  

Por Gustavo Jiménez Arenas

 

 

Resumen

 

La lírica de la música popular mexicana tiene presencia en la sociedad desde tiempos de la Nueva España. Sus compositores han plasmado versos llenos de metáforas reflejando idealizaciones de nosotros mismos, nuestro entorno, costumbres, idiosincrasia y paisajes. Definir a la música popular mexicana es una tarea compleja cuando se es consciente de la variedad de elementos que la componen; se trata tanto de la obra de autores anónimos, como de autores poco conocidos, o de autores consagrados; en ocasiones también puede ser producida desde la industria discográfica. Para apreciarla se requiere vivirla, ya sea desde la experiencia in situ (ejecución en vivo), o a través de otros medios de comunicación; lo relevante es la conexión con el lenguaje expresado en una pléyade de estilos (boleros, canción clave, huapangos, sones, bambucos, cantos rondas infantiles…), que muestran una visión de la identidad mexicana vigente pese al embate de la cultura globalizada.

Palabras clave: lírica, metáfora, música popular, identidad, apreciación musical.


 

 

Introducción

 

La lírica de la música popular mexicana y su profundo sentido metafórico ha fungido, desde tiempos de la Nueva España, como una amalgama que tiende un puente de comunicación entre diversos sectores de la sociedad, frecuentemente polarizados; dado que en ésta se resaltan elementos identitarios que, en mayor o menor medida, nos son comunes.

Actualmente, la lírica de la música popular concentra en sus entrañas la dicotomía de ser, por un lado, un producto emanado de voces anónimas o poco reconocidas y, a la vez, de ser el resultado de la industria disquera. De ahí que la definición y concepción de la misma sea difícil de establecer; sin embargo, pese a que los gustos musicales del escucha se diversifican, éste encuentra lugares seguros en donde logra identificar elementos que le parecen cercanos a sí mismo (uno de esos lugares se encuentra en la lírica).

La música popular mexicana coexiste con muchos otros géneros que ocupan el privilegiado lugar del gusto colectivo, tienen presencia masiva y están latentes en los oídos de los escuchas, tras su introducción a la sociedad a través de los implacables medios de comunicación. Ese efecto ha provocado una disociación entre la música actual y la de antes; dejándola, en el imaginario, particularmente entre la población joven, como una expresión destinada para la gente que vivió en épocas pasadas y en lugares lejanos a los centros urbanos (Luengas, 2006).

La lírica de la música popular, continúa siendo una forma de expresar la identidad mexicana y se mantiene presente en los festejos populares: bodas, cumpleaños, serenatas (aún se practican), bailes, posadas, jaripeos…Se le escucha en múltiples espacios: hogares, cantinas, salones de fiestas, restaurantes…y en muchos rincones íntimos dentro de la memoria colectiva.

La música popular ha sido un elemento literario en la producción de varios escritores mexicanos y latinoamericanos (Rosario Castellanos, Juan Rulfo, Octavio Paz, José María Arguedas, Alejo Carpentier, Julio Cortazar, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez…). Toño Azpilcueta, protagonista de la novela Le dedico mi silencio de Mario Vargas Llosa (2023), creía firmemente que las canciones populares (música criolla) de su país [Perú] tenían el poder de unificar a la sociedad tendiendo un puente entre los distintos sectores que la conforman. Ello sería válido para un país y para el resto de América Latina, así como, probablemente, para la humanidad en su conjunto. Si bien este planteamiento es utópico, debe considerarse que persiste, pese a la globalización de la cultura, un punto de encuentro entre generaciones de distintos contextos en México a través de las canciones populares y música tradicional.

 

La lírica en la canción popular mexicana

Se trata de una forma de expresión creada por el ingenio de copleros, trovadores, repentistas y poetas; es un medio de registro del testimonio de la vida de muchas generaciones en torno a uno o varios nichos culturales (Méndez, 2008). La metáfora es el elemento fundamental de la lírica, a partir de este ingrediente nace el carácter romántico de las canciones, aun cuando la temática no gire en torno al amor erótico, permitiendo la construcción de múltiples imágenes tanto en el intérprete como en la audiencia.

Las canciones abordan una gran variedad de temas, por ejemplo: el fenotipo: Soy el negro de la costa, de Guerrero y de Oaxaca…; la fauna (idealizada como alegoría del comportamiento humano): Dos palomas al volar dejaron su palomar en el olvido…; personajes históricos: Gabino Barrera no entendía razones…; lugares: A Guerrero canto yo, hermoso rincón suriano.

En ocasiones, la lírica ha reflejado algunas modas literarias, lo cual la acerca al habla culta (Díaz, 1987), a la vez que gran cantidad de canciones están escritas con un lenguaje sencillo, cotidiano y accesible. Aunado a lo anterior, D. García (1992) apunta que los vacíos en el registro de los autores de muchas obras, ha generado la existencia de múltiples versiones de una canción, pues cada intérprete tiene la libertad de realizar las adaptaciones y variantes según su gusto musical y la época en la que la ejecuta.

 

Música popular (algunas definiciones)

El maestro Daniel García Blanco (1992), quien fuera miembro fundador y director de la extinta Casa de la Música Mexicana, describió a la música popular como aquella que:

“/…/ se configura con las canciones y piezas instrumentales que, con el paso del tiempo y mediante un proceso natural de selección, un pueblo, una región o un país, hacen suyas para expresar sus sentimientos y estados de ánimo reflejando su propia idiosincrasia” (p.12).

A su vez, el investigador René Villanueva (1998) se refirió a ésta como un medio de expresión de la vida, sentimientos e historia de la cultura mexicana. Por otra parte, Díaz (1987) propuso dividirla en dos grupos generales, ubicando en primer lugar a la música popular tradicional como producción, aparentemente, exclusiva de una región o población. Esta categoría musical vive entre los miembros de la comunidad y es frecuentemente transmitida de manera oral. En esta actividad se transmiten valores, lenguaje, ideas, costumbres, percepción del entorno, personajes, sabores, olores, sentimientos, anécdotas…

En segundo lugar, tendríamos el grupo de la música propiamente popular comercial, ésta nació como producto de alguna moda; la población la identifica y percibe rasgos compatibles con su propia identidad. La duración de este tipo suele ser corta o no mayor a dos o tres generaciones, pues su transmisión se realiza a través de los medios de comunicación o algunos soportes tecnológicos (discos, cintas, radiodifusoras, internet). Una canción de origen comercial se populariza una vez que sobrevive al paso del tiempo y, tras décadas, logra integrarse en el repertorio del colectivo tras ser identificada como parte de la música popular.

          El género musical vernáculo puede ser entendido como tradicional, a partir de criterios culturales, sociales y geográficos; no obstante, existe una mezcla entre la lo popular comercial y lo tradicional donde la lírica está adaptada al ritmo y métrica de huapangos, polkas, canción clave, bambuco, bolero, entre otros. Algunos autores e intérpretes de este tipo de esta clasificación han alcanzado fama internacional y se han posicionado en el gusto popular por muchas generaciones.

 

Los cancioneros de música popular

Desde finales del siglo XIX, se tiene registro de la existencia de la publicación de transcripciones musicales plasmadas tanto en partituras como en cancioneros populares sin notación musical. Se trata de recopilaciones que fueron escritas por personajes anónimos o por autores altamente reconocidos (Kuri-Aldana & Mendoza, 2001). Solo por citar algunos: Coplas y versos de la Costa Chica, Guerrero, música y cantos, La canción cardenche, tradición musical de la laguna; La canción mexicana, ensayo de clasificación y antología; ¡Ah, qué la canción! Música mexicana en la escuela.

 

Apreciación de la lírica en la música popular

La lírica es una manera de contestar la pregunta ¿Quiénes somos? Es una manera de pensarse a sí mismo desde la colectividad. Las posibles respuestas son tan variadas como múltiples las regiones donde la lírica se produce, múltiples los autores, múltiples las visiones en torno a la vida, el amor, el entorno, la familia y los valores (Altez, 2000).

Frente a este amplio panorama cabe preguntarse ¿Cómo apreciar la lírica de la música popular? Nos enfrentamos a un problema un tanto difícil de resolver pues la apreciación musical, dentro del contexto de las escuelas formales, está dirigida principalmente al estudio de obras canónicas del repertorio europeo. El análisis de las obras considera el contexto de creación, estructura estricta (rondó, sonata, obertura, canon, sinfonía, fuga…) y, por último, el estudio de elementos técnicos de las obras partiendo del supuesto de que el oyente conoce terminología musical del lenguaje y su ejecución (Latham, 2008).

Aplicar tales aspectos de la apreciación escolástica a lo popular, implicaría aunar el reconocimiento básico de la geografía musical de México (Huasteca, Costa Chica, Costa Grande, Sotavento, Bajío, Istmo de Tehuantepec, Tierra Caliente, Península de Yucatán…), instrumentación característica (conjunto de arpa grande, trío romántico, conjuntos jaraneros, trío huasteco, mariachi, tambora zacatecana…), géneros y sus variantes (sones huastecos, sones planecos, sones istmeños, trova yucateca, polka, chotis, canción clave, pasodoble, arrullo, pirekua, bolero, habanera, gusto, valona, jarabe, chilena…). Además, se torna imprescindible el conocimiento básico de la biografía de los compositores, en caso de haber datos sobre ellos; y, por último, vivir la experiencia in situ de escuchar la interpretación de canciones en cualquier espacio donde se lleve a cabo una manifestación de música popular tradicional.

 

Diversidad musical en la lírica

La temática abordada en la canción popular es diversa, destaca el ingenio de los compositores para articular versos con la variedad de géneros musicales mexicanos. Aquí algunos fragmentos:

      Mis blancas mariposas (1948) de Julio César Enriquez de la Fuente (1884-1972) con la música de Cecilio Cupido Rosaldo (1883-1959), es una canción clave que se refiere a la orquídea mariposa blanca Phalaenopsis, donde sus hojas sirven como pergamino para escribir cartas de amor (Archivo General de la Nación, s.f.): No guardes esas flores de blancas mariposas, ni mires esas frases que en ellas escribí…

 

      La sátira es un elemento fundamental en la producción de Salvador Flores Rivera, Chava Flores, conocido como el Cronista musical de la Ciudad de México, quien caricaturizó el carácter despreocupado de muchos mexicanos con la canción ¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?, el ritmo de polka mexicana enfatiza el sentido humorístico de la pieza (Flores, 1969, 1998): ¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano? ¿A hacerte rico en loterías con un millón? 

 

      La trova yucateca, en la cual frecuentemente se representa el idealismo del paisaje regional, tiene una fuerte influencia de la producción literaria europea del siglo XIX traída a territorio yucateco desde la ruta comercial del Caribe. En ella se combinan ritmos de países caribeños y antillanos (danzas, guaracha, rumba, joropo, clave, pasillo, bambuco), además de músicas europeas (valses, mazurca, polka, chotis, lanceros) (Esquivel, 1999). El vals Mi Mérida de Jesús Herrera Ramírez, Chucho Herrera, es un ejemplo de la idealización de un espacio geográfico: Vergeles floridos que me hacen soñar…es Mérida alegre y serena con amaneceres de raro esplendor.

 

      Durante el período de la Nueva España, el Santo Oficio prohibió varias expresiones musicales por considerarlas escandalosas y, en ocasiones, obscenas, “influyen y prueban la falta de respeto a la casa del Señor” (Toribio, 2010). Se tiene conocimiento de la prohibición del Jarabe Gatuno, La Tirana, El Bayle [sic] de las Ánimas”. En 1766 se prohibió el son El chuchumbé tras acumular once denuncias debido a sus escandalosos versos (Ponce, 2009): En la esquina está parado un fraile de la merced con los hábitos alzados enseñando el chuchumbé.

 

      El huapango huasteco, además de ser el nombre de una fiesta regional en la Sierra Huasteca, es un tipo de música propia de esa zona. Tiene raíces literarias en la quintilla y la sextina española, mismas que fueron adaptadas por sus ejecutantes a versos octosílabos, siendo estos últimos los más cantados (Alvarado,1999): Cecilia, lindo amorcito, te adoro con devoción, te adoro con devoción, Cecilia lindo amorcito.

      Se reconoce como el primer bolero mexicano a la canción compuesta por Armando Villareal Lozano (1902-1976) Morenita mía (ca. 1912). Está marcadamente influida por el ritmo de danza habanera y el cinquillo cubano; se trata de un bolero centrado en la temática del amor feliz (Bazán, 2001): Conocí una linda morenita y la quise mucho, por las tardes iba enamorado y cariñoso a verla.

      La canción ranchera es una expresión musical presente en el ambiente campirano de todo el país, describe algunas características del entorno al cual pertenece: paisaje, flora, fauna, pobladores, oficios, costumbres, amores, etcétera (García, 1992). Dos arbolitos es una canción ranchera a ritmo de huapango de Chucho Martínez Gil, que emplea la figura literaria de la pareja de arbolitos como representación del amor erótico: Han nacido en mi rancho dos arbolitos…con sus mismas ramas se hacen caricias.

      Mi madre me dio un consejo, es una canción cardenche de autor anónimo -como casi todos los cantos cardenches- que habla sobre la añoranza de la mujer amada. Este estilo nació a finales del siglo XIX en la Comarca Lagunera (entre Coahuila y Durango). Se ejecuta a tres voces masculinas sin ningún acompañamiento instrumental, la rítmica y métrica de cada voz no está establecida, lo cual provoca un efecto de desfase entre ellas a manera de contrapunto (Flores, 2007): Mi madre me dio un consejo que no anduviera tomando…Te quero porque te quero, en mi querer naiden manda, te quero prietita linda [sic].

      Los sones jarochos son característicos de los fandangos de la región del Sotavento en Veracruz, contienen cantos llamados coplas, décimas o trovos; pueden tener de cuatro, cinco, seis o diez versos. Los versadores suelen ser sumamente hábiles para combinar versos establecidos (obligados) con la improvisación de décimas, dando pie al repentismo. Este fenómeno está presente en los versos llamados de reto o controversia donde los versadores se pican compitiendo por ser el intérprete más ingenioso (Delgado, 2004). Durante la versada el acompañamiento instrumental baja el volumen y no hay zapateado en tarima solo un suave deslizamiento de los pies sobre ésta: Un sabio contó un millón siete veces en un día, y en siete meses no pudo contar las décimas mías…contó con justa razón los vellos de una señora, y en el minuto de una hora un sabio contó un millón.

      La lírica infantil fue desarrollada desde el período virreinal, expresa el ambiente del juego, arrullo, ronda, adivinanza, cuento, fórmulas de sorteo; asimismo, los festejos navideños y sus piñatas, muñeiras, romances y romancillos, entre otros; son cantadas con o sin acompañamiento instrumental, algunas incluyen coreografías (Mendoza, 1980). El piojo y la pulga es una canción-juego cantada con el ritmo chotis, cuenta las dificultades para consumar la boda entre aquellos insectos: El piojo y la pulga se van a casar, no se harán las bodas por falta de pan. Responde la hormiga desde su hormigal: ¡Que se hagan las bodas, que yo daré el pan!

 

Conclusiones

 

La lírica de la música popular mexicana representa mucho más que versos románticos cargados de metáforas, es un medio a través del cual se describe la identidad cultural de los habitantes de este país y su paso por distintas épocas. Se conjugan tradiciones, concepciones sobre la vida, la muerte, el amor y el desamor, el entorno natural y el paisaje urbano, la manera en que se vive en él, el habla y las particulares formas de expresarse. La lírica se transforma en sonido a través de las canciones, es el medio que nos permite transitar de la realidad a la fantasía de la metáfora. El mensaje transmitido en los versos de sus intérpretes, entreverado con la sonoridad de los instrumentos musicales, es, sin duda, un elemento de identidad cultural que ha acompañado a la sociedad mexicana durante siglos.

Finalmente, queda preguntarse si la música popular mexicana tradicional será capaz de sobrevivir por muchas generaciones tras el embate de la globalización de la cultura. Si perdura, quizá Toño Azpilcueta (Le dedico mi silencio) tendría razón al haber creído que la sociedad es capaz de unificarse a través de la música que la identifica.

 

 

Gustavo Jiménez Arenas

Junio 2026

 

 

Referencias

Altez, Y. (2000). Hacia una hermenéutica de la identidad cultural. RELEA, (12), 119-133. 

https://saber.ucv.ve/jspui/bitstream/10872/5917/1/Hacia%20una%20Hermen%c3%a9utica%20de%20la%20Identidad%20Cultural%20-%20Yara%20Altez%202000.pdf

 

Alvarado, F. (1999). El huapango. En Casa de la Música Mexicana (Ed.),

Cuadernos de la Casa de la Música Mexicana vol. 2 (7-19). Casa de la Música Mexicana S.C.

Archivo General de la Nación. (s.f.). Mis blancas mariposas. [Cédula] Memórica.

https://memoricamexico.gob.mx/swb/memorica/Cedula?oId=LbU2ZncBn-xGavYkEulJ

Bazán, R. (2001). Los primeros boleros mexicanos. En FCE (ed.), Y si vivo cien

años…antología del bolero en México (23-25). Fondo de Cultura

Económica.

Díaz, M. (1987). Panorama de la lírica popular mexicana. Cahiers Du Monde

Hispanique et Luso-Brésilien, (48), 27–36. http://www.jstor.org/stable/40851440

Delgado, A. (2004). Historia, cultura e identidad en el Sotavento. CONACULTA.

Esquivel, R. (1999). Breve historia de la canción yucateca. En Casa de la Música

Mexicana (Ed.), Cuadernos de la Casa de la Música Mexicana vol. 2 (20-26). Casa de la Música Mexicana.

Flores, S. (1969, 1998). ¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano? [Canción]. En 

M. Flores (Ed). Cancionero de Chava Flores, cronista musical de la Ciudad de México (edición póstuma, pp. 16-17). Ediciones Ageleste, 1998.

Flores, A. (2007). La canción cardenche, tradición musical de la laguna.

CONACULTA.

García, D. (1992). Cuadernos de la Casa de la Música Mexicana Vol. 1. Edición de

Casa de la Música Mexicana.

Kuri–Aldana, M. & Mendoza, V. (2001). Cancionero popular mexicano, Tomo 1.

CONACULTA

Latham, A. (2008). Apreciación de la música. En Diccionario enciclopédico de la

música (pp.94-95). Fondo de Cultura Económica.

Luengas, R. (2006). Xica Yaa, la música que camina. En Híjar, F. (Ed.), Música sin

fronteras, ensayos sobre migración, música e identidad. (pp.131-153). CONACULTA.

Méndez, C. (2008). Coplas y versos de la Costa Chica. CONACULTA

Mendoza, V. (1980). Lírica infantil de México. Fondo de Cultura Económica.

Ponce, G. (2009). Las coplas, cantos y bailes prohibidos por la inquisición. En O.

Cruz, T. Da Cunha, C.M. Dienheim, M. T. Vizcaíno (Coords.) Estudios de Historia del Derecho y de las Instituciones (pp. 302-301). Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales https://goo.su/XmLMRez

Toribio, J. (2010). Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en México.

CONACULTA.

Vargas, M. (2023). Le dedico mi silencio. Alfaguara.

Villanueva, R. (1998). Música popular de Michoacán. Instituto Politécnico Nacional.

 

 

 


 

Gustavo Jiménez Arenas es maestro en Educación Musical por la TECH-México Universidad Tecnológica, Licenciado en Desarrollo Comunitario por la UNADM, Associate Amus TCL por el Trinity College London. Se desempeña como docente en la academia de música del Instituto de Educación Media Superior de la CDMX. Sus líneas de investigación se centran en el desarrollo de la música popular tradicional mexicana y las técnicas de enseñanza musical. Es marimbista y fundador del Ensamble Típico de la Ciudad de México y miembro de la Orquesta Típica García Blanco.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario