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jueves, 25 de junio de 2026

"El día de la revelación". (2026) Traca y caca. Comentario de la última película de Spielberg. Comentarios sobre cine por Fulgencio Martínez.

 


 

"El día de la revelación". (2026)  Traca y caca. Comentario de la última película de Spielberg

 

Si tuviera humor y ganas escribiría sobre El día de la revelación (Disclosure day, EE.UU., 2006), la película que vi en sala de cine el martes pasado. No quisiera dejar la ocasión de escribir sobre películas recientemente vistas, aunque sean malas. Es una excusa para pensar, rezar, merodear la pantalla del ordenador, cruzar las fronteras del solipsismo... O tal vez, para no aburrirse con lo que uno no sabe hacer pero quiere hacer o piensa que sabe o debe hacer.

    La peli de Spielberg, decepcionante. Ni siquiera es mala, es una caca, simplemente. Y es caca porque es falsa falsa caca, llena de tontos trucos de guion y de dirección.* Ni siquiera, dice mi esposa, que me acompañó al cine, vale como película infantil. Ella recuerda una gran obra de Spielberg en este género: E.T. También sobre el tema de la revelación de la verdad de vida extraterrestre, el director americano judío hizo Encuentros en la tercera fase. Y claro, las grandes, de aventuras: Tiburón, o de conciencia histórica: La lista de Schindler.

    ¿Qué ocurre cuando el talento muere? ¿Cuando no hay historia ni guion, y apenas una mano contando dólares a puñados, a vista de un público menos que infantil, idiotizado en la barra de un bar de guardería sentimentaloide?

    Pues unas dos horas de insoportable relato visual más tieso que un plástico abandonado en la calle al solano.

 


 

    Había oído, por comentarios previos, que la media o quizá la hora última de la película apuntaba maneras, daba algo de pulso a la historia. Al contrario me pareció. La película o el películo se fue deshaciendo como un bloque de algodón a poco que el director-guionista contaba. Primera vez, confiésolo, que de una película me interesó apenas la media hora inicial: los preliminares, la presentación de los personajes- no de todos, solo de una de las chicas protagonistas, interpretada por Emily Blunt, gran actriz, a quien sigo desde la segunda parte de El demonio viste de Prada, me parece muy brillante en su versatilidad, de la que esperaba menos y al final concluyó dando menos, restando a su primera presentación, quizá por la torpeza del guion facilón de David Koepp. (¿Culpa? No sé, quizá no dé la talla aún de gran actriz...Pero, recordaré que sostengo que el autor del relato visual, el director, en este caso, Steven Spielberg, es el total responsable de lo filmado).

    Más allá del timo tonto, me pregunto, sociológicamente, para qué tipo de espectadores idiotas se hace una pretendida obra de relato visual así, ni siquiera a un espectador joven, a un adolescente, le puede divertir el espectáculo redicho y estereotipado, preferiría, creo, un videojuego u otro pasatiempo más interesante para sus neuronas. A no ser que tenga un secreto morbo, por odio o venganza del padre, hacia los mayores, presentados como imbéciles en la nueva película de Steven Spielberg. 

    El recurso a lo que en los primeros momentos de la película parece recordarnos al realismo mágico (sé que es mucho comparar, permitídmelo, por favor) se disuelve por la repetición manida y sosa: el extraterrestrismo (y el secretismo que conlleva detrás y ha de ser desvelado) se convierte en un plaga endémica de idiotez que aniña y disocia, so pretexto de empatía, a las almas y a los cuerpos que transitan sobre una parte del planeta, EE.UU, o Kansas City, punta de cabo de donde se extiende la "revelación" de compañía para una humanidad vuelta al jardín de infancia, que va a recibir o no con grandes dosis de angustia, o con grande vuelco de novedad, el novum. Un novum no es una noticia, ni una novedad más: es algo inaudito, "revelador". ¿Qué ocurre entonces? Se terminó el guion. Dos horas de persecuciones, vueltas, y revueltas, y de lo decisivo, nada. La "divulgación" se ha completado. Que el público salga ordenadamente de la sala. Yo me moría de calor porque habían apagado una hora antes el aire acondicionado.

 

 

 Fulgencio Martínez

Huesca, 25 de junio 2026 

 

 

*Solo citaré la alusión cursi, estereotipada, a la Creación de Miguel Ángel. No merece más comento.

domingo, 15 de febrero de 2026

Lo malo y lo inmoral en "Hamlet" de Shakespeare (Sobre la película "Hamlet", de Franco Zeffirelli, 1990). Por Fulgencio Martínez / Comentarios sobre cine T. 2026

 


 

Este fin de semana, en previsión de tormentas, nos quedamos en casa. Sacamos de la Biblioteca Pública Luis Buñuel cuatro películas. Doctor Zhivago, de David Lean; Del rosa al amarillo, de Summers, Hamlet, de Franco Zeffirelli, y A complete Unknown (Un completo desconocido), de James Mangold, sobre los inicios de la carrera del músico de Minnesota.

    Puesto que en mi último comentario sobre cine, hablé de la película "Hamnet"1, para seguir la hebra, comentaré aquí la impresión que he tenido al ver el film de Zeffirelli, con un reparto soberbio, donde destaca un joven Mel Gibson, en el papel de Hamlet.

    Hamlet, el honor de la venganza se lanzó en 1990, y recibió en su día una crítica despiadada con unos juicios vacíos, o más bien, prejuicios, sobre el director Zeffirelli y sobre el actor principal. Ambos habían hecho otros trabajos de índole muy distinta a este sobre el clásico de Shakespeare. Parece que la crítica no podía otorgarles nueva palma por este nuevo trabajo cuya maestría le rompía los clisés adjudicados al director italiano y al actor australiano. (Mel Gilson había tenido que realizar la película creando su propia productora: Icon Production. Tan poco creían en su trabajo, que esa creencia previa influyó posiblemente en la fría recepción).

 

 


    La impresión del castillo de Elsinore es soberbia, así como la ambientación, el vestuario, la caracterización; el inicio es magistral y fantástica la tensión dramática que adquieren pronto las imágenes, las cuales te atrapan nada más sentarte delante de ellas y no te sueltan hasta el final. En pocos minutos consiguen trasladarte al centro de un relato gótico (con el fantasma del Padre de Hamlet clamando venganza), y a un drama metafísico sobre el sentido de la vida, en el que resuena la filosofía estoica, se abordan radicales asuntos humanos (la muerte, la conciencia, el suicidio, el sentido de la acción) y todo ello sin aparente censura religiosa.

    Además de lo narrativo maravilloso, y de lo filosófico, "Hamlet" está lleno de referencias a la poesía, a motivos de la tradición de la gran poesía tanto latina como europea, medieval y moderna (Ronsard).2  También es un drama psicológico, que tiene ribetes psicoanalíticos. 

    La interpretación de Hamlet por parte de Gibson es, a mi juicio, un recital de encanto y de maestría, a la altura de la complejidad del Hamlet literario. Un personaje que representa tanto la duda, la determinación a la venganza, la debilidad y la dependencia afectiva materna, como el honor, la constante mira al ejemplo inalcanzable del padre; un personaje por momentos histriónico, bufonesco, taimado o fingidor y por momentos transparente, sensible al amor, a la belleza y a amistad leal. Nunca es un personaje con moral de culpa, de moral cristiana, sino despiadado, vengativo y que incluso tras matar accidentalmente, sin intención, a Polonio, no siente ningún remordimiento o culpa, ni cree que deba tenerlos, vaya.

    La madre de Hamlet y reina de Dinamarca corre a cargo de Glenn Close, actriz extraordinaria. La actriz venía de brillar en "Atracción fatal" y en "Las amistades peligrosas", destacadas películas de la década de los 80. En "Hamlet" vuelve a deslumbrar por su versatilidad para expresar la sensualidad, y ese ambiguo terreno entre lo inmoral y lo sensible. Ahora bien, cuando decimos "inmoral", en la tragedia de Shakespeare, como en otras grandes obras, hemos de referirnos a otra cosa diferente al criterio moral al uso.

    ¿Quiénes son los malos o inmorales en esta película, en suma, en la tragedia de Shakespeare en que se basa? Observemos que el más malo es el rey traidor, asesino del anterior rey y hermano. Todo el leitmotiv de la obra está basado, aun con cierto aire de suspensión de credibilidad, en la venganza por la muerte del anterior rey, padre de Hamlet, y en el subsiguiente castigo del nuevo, quien desposa a la reina y madre de Hamlet al mes de morir el rey Hamlet por supuesto veneno de serpiente. (Hay, sin embargo, cierta duda de si toda su maldad no es delirio de Hamlet hijo y realmente el mensaje que da a este el fantasma del rey muerto que clama venganza no es sino un deseo monstruoso que se realiza al final, a costa del propio Hamlet). Cabe al menos la duda, durante parte de la acción. Porque realmente la actuación del malo, del rey Claudio (interpretado genialmente por Alan Bates) es inmoral según los parámetros morales al uso (envenena, mata y ordena matar, traiciona...pero solo a lo que amenaza su poder; en todo lo demás, puede mostrarse piadoso, compasivo, etc, como muestra ante la locura de Ofelia).3 Esta psicología del personaje inmoral es sumamente dañina, porque le vuelve muchas veces un tipo corriente, moral, amable...En todo cuanto no le afecte a su juguete predilecto, como un niño egoísta.

    En este sentido, no sería inmoral si para defender su reino emplea cualquier medio a su disposición. Entonces, ¿en qué radica su condición de malo, de villano de la obra? En su condición de usurpador, que le obliga a ser además fementido, taimado, cómico y adulador (ya desde el principio, contradiciéndose en llamar a Hamlet "mi sobrino y nuestro hijo", etc).4 No es inmoral porque defienda el poder con el veneno si es necesario; sino por su condición espuria de rey. 

 Un acierto, en fin, la apuesta personal de Mel Gibson por incorporar a su Hamlet; logro que repetiría luego el actor australiano con otro símbolo: Jesucristo.5 

 

Fulgencio Martínez

domingo, 15 de Febrero 2025 

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1. Cf: https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2026/02/hamnet-entre-el-drama-familiar-y-el.html

2. Como yo, creo que muchos españoles tenemos pendiente leer a Shakespeare en una buena traducción en verso (si no en su versión original). Los primeros diálogos de la obra de Zeffirelli respetan el ritmo del verso de Shakespeare, acorde con la primera escena: la escena ritual del funeral de Rey Hamlet. A partir del diálogo entre Hamlet hijo y Horacio, quien le anuncia las apariciones del espectro del antiguo rey, comienza a desarrollarse con más viveza la acción y a sonar en prosa. Es de agradecer que algunas grandes películas -recordemos la española "El perro del hortelano", de Pilar Miró (1996)-, nos regalen los oídos con el verso cuando este está bien servido a la presentación de la acción y la versión cinematográfica se basa en grandes obras en verso, como las de Shakespeare, Lope de Vega o García Lorca.

3Ofelia. Personaje magistralmente representado por Helena Bohan Carter; su muerte, ahogada en un arroyo, evoca leyendas del folklore, en que se inspirarán luego muchos poemas sobre ahogados, como el famoso "Niña ahogada en un pozo", de Federico García Lorca. Por otra parte, el fantasma del rey Hamlet lo representa Paul Scofield; así como el del consejero Polonio, Iam Holm. Destacables todos, y también el actor que incorpora a Horacio Stephen Dillane, cuya entrada vivifica la acción que se volverá asombrosa, inquietante, en la noche del castillo.

4. Ya el toque de humor y de ridículo en esa frase del rey Claudio, al principio de la obra, denota al villano. Es un guiño de complicidad también hacia el público, que no salvaría nunca al malo ridículo, cuya doblez y felonía van unidas en un alma maligna a lo cómico. (siniestro).

5. The Passion of the Christ / "La pasión de Cristo" (2004), dirigida por Mel Gibson.

martes, 10 de febrero de 2026

HAMNET, ENTRE EL DRAMA FAMILIAR Y EL DRAMA HISTÓRICO. Comentarios de cine. Por Fulgencio Martínez / 2026

 

 


HAMNET, ENTRE EL DRAMA FAMILIAR Y EL DRAMA HISTÓRICO

  

No es una película sino un conjunto de piezas, de agregados, sin apenas conexión interna entre las tres partes o cuadros de la obra; que al final se desbalanza en una escena prevista desde el principio y en la que se pone todo el quid de la película. Lo orgánico de la acción, que en algunos momentos parece recuperarse, está teledirigidamente roto por esa pretensión de un final predeterminado.

 

Con cierta inocencia comencé a ver la película Hamnet, recientemente proyectada en el cine Mundo (en Huesca), que como mis lectores saben bien, es mi gran pantalla habitual. Hamnet ha sido producida en 2025; está dirigida por Chloé Zhao y coescrita por la misma directora china y Maggie O’Farrell basándose en una novela de esta; en la producción de la peli se encuentra el omnipresente Steven Spielberg. Es habitual que la propaganda nos lance un motivo de curiosidad, un cebo, en este caso: sabíamos, pues fui acompañado por mi amor, que la película abordaba aspectos de la vida del dramaturgo moderno más universal, el mismo que es sinónimo de una lengua, el inglés, la más hablada hoy en todo el mundo (que no la más ni la mejor escrita). La lengua de Shakespeare conoció en efecto, para su fortuna, mejores tiempos: no solo en escritores, poetas y dramaturgos, también en críticos, entre estos: quizá el más grande, Samuel Johnson, quien un siglo después del autor de El rey Lear, Otelo y Hamlet editó las obras completas de teatro de Shakespeare y escribió unas pocas páginas lúcidas de crítica literaria profunda que ensalzaron al autor al entorchado de la literatura de todos los tiempos. Recuerdo de nuevo aquí una observación del poeta valenciano, del 70, Guillermo Carnero: qué importante es que a un grupo de poetas, a una generación, le acompañen unos críticos de su mismo nivel. En el caso de Shakespeare, como en el de otros muchos grandes, hubo de transcurrir un siglo para que surgiera un crítico de su talla. En otros casos, en nuestra tradición española: Lope o Góngora, debieron esperar más de dos o tres siglos. Cervantes mismo fue realmente considerado como grande de la literatura moderna en 1905, en el tricentenario de la publicación de su primer Quijote: Unamuno (Vida de don Quijote y Sancho), y sobre todo, Rubén Darío,  también en ese año 1905, con su poema Letanía de Nuestro Señor don Quijote en un homenaje a Cervantes organizado por el Ateneo de Madrid. Pero no sería hasta 1914, con la aparición de Meditaciones del Quijote, de Ortega y Gasset, cuando la obra cervantina sea entendida como paradigma del pensamiento contemporáneo, perspectivista, superando la interesante pero parcial visión noventaiochesca del quijotismo como representación del sentimiento español. Las interpretaciones tanto las de Rubén Darío como las de Azorín y Unamuno se centraban en la voluntad y en el personaje de don Quijote, no tanto en el autor Cervantes; dejando de lado otras obras del que sin duda es el mayor escritor moderno, con mucha ventaja sobre Shakeapeare  -y esta verdad se irá haciendo camino cuando los españoles lo lean más; ahora hemos tenido, recientemente, hasta el 1 de febrero, la oportunidad de ver su obra teatral “El cerco de Numancia” en los teatros madrileños del Canal de Isabel II. Estuve en la antepenúltima sesión, y gocé y sufrí con la tragedia: una maravilla, teatro en acción, y tan poético como el teatro del autor isabelino (de otra reina Isabel, anglicana, aunque un Shakespeare era al parecer criptocatólico, educado en el catolicismo por su madre,* lo cual debió notarse en el papel de la mujer en su teatro, en apariencia secundario, pero siempre de carácter fuerte, prudente y mejor situado en el mundo que los fanfarrones masculinos. Pero hay otro Shakespeare que escribe sonetos homoeróticos, y otro Shakespeare “pagano”, mágico, que podría gustar a Richard Wagner, y aun otro y otro Shakespeare, violento, idílico, otro Shakespeare juguetón y malabar de la lengua, que podría enamorar a James Joyce, y así… Como hay múltiples Cervantes y múltiples Fernando Pessoa, Walt Whitman, Nietzsche, Platón, etc. "Como gustéis", diría el propio genio de Stratford).

    Pues bien, el cine americano actual no sabe de mundos y escritores de problemático y rico espesor. Sabe mucho, en cambio, de filtros ideológicos, vivimos aún en la era post-woke y claro, si usted decide ver una película actual, tanto en cine como en Netflix, ha de saber de antemano lo que le están vendiendo y metiendo por los ojos. Por encima de una obra de arte o entretenimiento, le meten ideología.

    Es evidente desde el inicio de Hamnet que el punto de vista de la narración es un personaje, Agnes (nombre que equivoca también el nombre de la esposa de Shakespeare, Anne, quien casó embarazada con 26 años con el joven William Shakespeare que apenas había cumplido a la sazón los 18, cuando el futuro talento tenía todo por demostrar). El esquema de esa pareja podría no ser en principio propicia a la manipulación post-woke (que incide en el sentimentalismo bobo), pero se conoce, por testimonios y alusiones indirectas del propio Shakespeare, que el matrimonio no fue un idilio, a pesar de las imágenes tipo La casa de la Pradera que la guionista y el director de Hamnet nos presentan en una primera parte del film. ¿Dónde buscar el enganche con un público sensible y previamente adocenado por el woke? En la ira de la señora Agnes contra su esposo, ira justa, justificada en la película, por estar ausente Shakespeare cuando muere el hijo de ambos que da nombre a la película en cuestión.

    La película exhibe torpezas gloriosas, realmente patosas, como la escena en la que el actor que interpreta a William Shakespeare, tras ser maldecido por la ira de su esposa y tras recibir su descarga sádica que lo responsabiliza prácticamente de filicidio involuntario, vuelve con pensamiento de suicidio a la ribera del Támesis y allí, entre pena y pena, decide declamar textualmente el monólogo de Hamlet: to be, or not to be….

    Pero más grave que esos injertos extraños en el guion de la obra es la falta de organicidad de la película. Este es un defecto que ya hemos resaltado en otras películas birrias de la última producción hollywoodiense, baste citar “Una batalla tras otra”. No hay una sino varias películas, varios cuadros agregados. Si vemos, por comparar, aunque dicen que toda comparación es odiosa, películas clásicas como “Río bravo” o “Casablanca” o cualquiera otra película no tan conocida ni lograda, vemos que la acción sigue, nunca es previsible, se sucede como una historia que progresa desde una situación, pasión o conflicto-fuerza germinal (a partir de ese desarrollo como natural, como la vida misma, tienen sentido lo que Aristóteles llama peripecias, rupturas o catástrofes que intensifican o marcan un rumbo o giro diverso, pero todo parece como natural no escrito como una sucesión de pantallas, como por agregados).

    Ese defecto nos importa menos en una mala peli como “Una batalla tras otra”, que no tiene más interés que la violencia de las imágenes y la interpretación bizarra de los grandes actores mal aprovechados en la misma.

    Pero en Hamnet, que es una película que tiene interés, por el tema y la tensión en algunos momentos, y  quea pesar de su fondo intencional ideológico demasiado evidente, presenta muchas facetas emocionantes, no previstas en el mando final de la obra (de las que luego hablaré) el mal guion entorpece la historia y hace que la película no sea en general verosímil. No son los datos equivocados o equívocos que utiliza la guionista, no es la ucronía (la presentación del bosque y sus escenas de sabor medieval pagano, incluido el halcón y la chica amazónica), no. Tampoco es el desprecio a los valores católicos, o religiosos en general, el orgullo o hybris de Agnes ** enfrentando sus poderes a la vida y la muerte, ella está siempre empoderada ante el nacimiento de sus hijos y lo pretende ante la muerte de Hamnet, de ahí, de su fracaso, el odio derivado a su marido, esa especie de culpa vicaria que le adjudica y que a punto le lleva al marido al suicidio… si no fuera por el teatro, en cuya emotiva función se salvan todos… ¡ridículo!….

    Todos esos ingredientes, aun mal compuestos, no hacen mala la peli. Lo ucrónico (ahora está de moda inventar ucronías sobre datos históricos, biografías como las de Shakespeare o Cervantes, por ejemplo) podría ser verosímil. Se sabe que Shakespeare se inspiró para su teatro en historias preexistentes en ciclos narrativos, no en su vida personal; pero es igual, vale el posible nexo Hamnet-Hamlet; como cuando, en el caso de Cervantes, interviene lo autobiográfico inventado pero verosímil; aunque en un caso como “El cautivo”, la mediocre producción de Amenábar, salte a contrafáctico y gruesamente manipulador desde una ideología que exalta lo gay como summum de libertad en un falso, por antihistórico, paraíso del Profeta y desde un foco presentista deformador***). El empoderamiento de la mujer podría ser un tema interesante, como también lo emotivo (realmente las escenas emotivas componen lo mejor de la película, para algunos están en la parte final, en la representación de Hamlet en el teatro The Globe londinense, para mí lo están en las escenas familiares, tipo La casa de la Pradera, de la segunda parte de la película, cuando se dan la mano y disfrutan del sol y del bosque los cinco de la familia o en las escenas de esgrima del niño Hamnet y su padre, en el cariño mutuo de hijo y padre, bien…)

 


 

    Me interesó Hamnet como drama familiar, menos como drama histórico, que no lo es, por más que digan dueñas publicitarias. La película me emocionó, a pesar todo lo dicho, como una versión actual de la televisiva serie La casa de la Pradera, versión retro-woke; aquella serie que veía por la tele en blanco y negro en la siesta de los domingos. Por momentos, en que me recordaba a ese serie, me embargó de sentimiento positivo.

    Hamnet, en mi opinión, es una película no lograda porque falla la composición, el guion y su puesta en imágenes. No es una película sino un conjunto de piezas, de agregados, sin apenas conexión interna entre las tres partes o cuadros de la obra; que al final se desbalanza en una escena prevista desde el principio y en la que se pone todo el quid de la película. Lo orgánico de la acción, que en algunos momentos parece recuperarse, está teledirigidamente roto por esa pretensión de un final predeterminado.

 

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Mary Arden -representada en la peli que comentamos por la actriz Emily Watson, que es de lo mejor del reparto. Procedía de una clase con acceso a la cultura, lo que explica la formación latina de William, bien recogida en la película. Por otra parte, el padre, John Shakespeare, un comerciante próspero y luego venido a menos, quizá fuera también católico, y como católico, violento, maltratador de sus hijos (que para la partida anglicana los católicos eran violentos y comeniños, como la película Hamnet refleja en las escenas de maltrato del padre de William a su hijo, incluso cuando este ha dejado atrás su mocedad).

** La tragedia ateniense, por ejemplo, se basa como elemento desencadenante en la hybris del protagonista y eso no es un punto contra la obra, sino al contrario. Tampoco lo es en Hamnet la ira y la pretensa omnipotencia de Agnes. Aunque en unos y otro caso la resolución son distintas. El héroe o la heroína griega es seguido por el pueblo y su final supone una catarsis diferente a la que la película de Zhao propone, aun remedando aquel recurso del teatro. Hay que hacer un esfuerzo, por una parte de los espectadores al menos, para empatizar con Agnes. 

*** Sería una gran obra de arte aquella que rompiera con el canon y propusiera desde el principio una lectura heterodoxa, disidente o revolucionaria de un personaje o de un acontecimiento histórico. Más aún, de una tradición cultural o literaria. Eso mismo hizo Cervantes en El Quijote con las novelas de caballerías, los romances y refranes castellanos populares y con los mismos tipos de españoles de su siglo. El Quijote sigue siendo revolucionario, como gran obra. Las obras mediocres aprovechan algún pequeño resquicio a contrapelo de la ignorancia generalizada para publicitarse y obtener sus cinco minutos de fama. 

 

Fulgencio Martínez 

Huesca, 10 de febrero de 2026 

 

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P. D.  Después de ver este fin de semana "Hamlet", de Zeffirelli, con Mel Gibson, se me queda aún más corta la obra comentada, "Hamnet". Sin embargo, he de agradecer a esa película, pese a mi crítica, que llevara a mi compañera a buscar el video de aquella extraordinaria versión cinematográfica de "Hamlet", de 1990. Para leer algunas otras consideraciones mías sobre este film y sobre la tragedia de Shakespeare en que se basa:

 https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2026/02/lo-malo-y-lo-inmoral-en-hamlet-de.html

 

 Actualizado a 15-2-2026.