La transformación de Aquiles. Antología. Fulgencio Martínez
SEGUNDA PARTE
POEMAS DE SÉPTIMO ALBA
DE Línea de cumbres (2019)
LA TRANSFORMACIÓN DE AQUILES
Ahora llega a una casa donde nadie le espera,
y a este marzo después de cuatrocientos
plenilunios que vive aquí. Le sorprendió
el frío del primer domingo de Cuaresma
y echó atrás sus pasos en la ciudad, y ahora,
metiendo la cabeza en su caparazón,
la tortuga duda…Cómo va a poder
despistar tantas hojas que ha visto en su paseo
y el agua de aquel charco
que le miró y le siguió a su calle
sabe que no va a poder olvidarla,
después de oír susurrar en ella la vida.
Línea de cumbres
MAÑANA DE DOMINGO
Una mañana de domingo,
después de despedirse
el sol, me encuentro solo,
temblando en mi cuerpo
como en un astro remoto y frío.
He recogido mi alimento
solitario, y sentado a la mesa
con mi vida, sonrío
frente a mi invitada,
llevándole a mi boca, despacio,
el aroma de mis palabras.
(29 de octubre de 2000)
Línea de cumbres
APRENDIENDO LAS REGLAS DE LA CASA
No tienes obligación de sorprender,
solo de agarrarte, fielmente,
a un ritmo inexperto
esperando que la inquietud
retorne, a su hora,
con la cuchilla más fina.
Sin otro
afán (como cuando niño subías,
pálido, en el vértigo de la noria)
ni otra excusa que medir tus brazos
con lo inasible.
Recuerda que, entonces,
canturrear o decir
unas palabras en voz alta,
alejaban el miedo.
No tienes obligación de sorprender.
Necesario es hablar por los otros
que cayeron, por una escala
de grises, en lo negro.
La suma predecible o el azar
de su resultado incierto, eres tú:
la conciencia de este instante
que huye y que tratas de apresar
con la palabra.
Deja, recién llegado,
deja que el aire te instruya
en las reglas de la casa.
Línea de cumbres
PUT YOUR HEAD ON MY SHOULDER
a Soledad Inglés
No volverá más el verano
que está tomándose ahora su tiempo.
Me sonríes, mujer, con el encanto
de una ola que acaricia
mi piel tan lentamente
que parece que nunca ha de pasar;
pero cuando nado hacia ti y casi te alcanzo
huyes hacia la orilla y te desprendes
y, otra vez jugando, detrás, me esperas
y al fin vienes a mi lado, y me dices,
con la tersa voz del recuerdo ya,
put your head on my shoulder…,
acompañando con un signo,
un gesto de cabeza,
la melodía de tu voz. Por ti sé
que la voz humana puede ser más
dulce que cualquier signo;
la escritura se queda a medio camino:
apenas un poco más que un lenguaje de signos;
pero la voz humana grabada en la memoria
tiene la cualidad más pura del tiempo, es invencible:
de esto estoy seguro, amor, es invencible.
(9 de Junio 2019)
Línea de cumbres
NO MÁS PARQUES
Cumplí los cincuenta, perdí la línea,
perdí el hambre y engordo.
Los deseos se acumulan en bolsas de plástico
que las horas por venir
invitan a cerrar herméticamente.
Me vence la torpeza
de bajar otro escalón,
el del portal, para depositarlos
afuera..., en un basurero horrible,
hacia el que elevar los brazos requiere
el vigor de un gigante,
el esfuerzo con que un dios mueve el mundo.
Si hubiera un descampado...
para que mis deseos
descansen, por fin, en ningún lugar;
y no continúen despiertos
en otros enjambres paralizados.
Algún sobrio y funcional descampado
donde esos cometas vacíos cesen
de esperar un nuevo y descomunal ímpetu
que los derrumbe en alto rodar en llamas.
Oye mis quejas, tú, Municipio.
No más parques para viejos,
ni verdes piscinas de reciclaje.
Un descampado sería tan funcional...
Línea de cumbres
CUERPO COMPAÑERO
No estaba dentro sino a flor de tierra
el sustento que buscabas, tan honda
y peregrinamente, compañero.
Cuerpo, compañero mío, servido
tan bien, y tan mal a veces, cuando
abría tus páginas y leía
su letra muerta solo, el espejismo,
exento de alma, de mis pensamientos.
Esos renglones con que me hablas tú
no los entiendo ni a veces los oigo
porque estoy quizá ocupado en cosas
profundas y que no tienen sentido.
Ahora que atardece ya, te libero
del peso de mis culpas
de mis penas y de mis alegrías;
y me redimes ya de tu servicio.
La noche nos hermana.
Vayamos juntos, cuerpo,
sin hacernos promesas
de amistad eterna, por esta noche.
Línea de cumbres
FIDES (Poción mágica)
Toda la fe en la escritura vuelve
en la escritura misma
cuando estamos a punto
de renunciar. Toda la mar abraza
a esta única gota que se hace cuenta
de la vida. Mirándome la mano
en lo oscuro, pasa un río de ceniza.
Un ápice de deslumbramiento mágico.
Un fondo de rocío bulle a ráfagas…
evoca el cielo nocturno estrellado.
Por verlo contigo valió la pena
deambular como un ciego muchos días.
Que nadie se equivoque: no elegimos.
Tan solo se decide perseverar o no.
Los ojos del niño se divertían
cazando en un estanque
sus pensamientos, como ahora yo
sobre la hoja verde que gira en blanco.
Hoja de menta, delirio de olor
que nos quita el relente del aliento
y nos dora con ilusión los frutos
extraños que dejamos en la sombra
madurar. Los fantasmas sin sonido.
Los versos en los que se labra el alma
su vuelo sobre el olor a podrido…
Que nadie se confunda, que lea bien,
que nadie añada: “y su mortaja”.
Por verlo contigo valió la pena
deambular como un ciego muchos días.
Que nadie se equivoque: no elegimos.
Tan solo se decide perseverar o no.
Línea de cumbres
TRAS LA PÉRDIDA DEL REINO SEGURO
No veo más que una extensión de piedras
desde aquí, mecido en la copa del barco.
Los bárbaros se han sentado en los tronos
vacantes de los reyes. Vaga la locura
por el campo de batalla que ya es todo
el reino. Mudos son los ojos que ven
esta escena y no dan señales de alarma.
¿Dónde están mis almenas? ¿Dónde la ira
y el metal de los brazos que protegieron
a mis tiernos retoños? ¿Qué se hizo de ellos?
¿Dónde las lágrimas por lo huido lejos?
¿Y adónde el cuidado de nuevo se torna?
¡Qué terror en la mar de fieros vikingos!
Línea de cumbres
DEFENSA DE LA UTOPÍA
Son espejos, son islas
que cruzan de pie la noche.
Dos cuerpos apretados uno al otro
alejan cualquier pacto con el miedo;
se acuestan a levantar, desde sus ojos,
un nuevo mundo; por sus venas corre
una escala de verdes que no existen
-formidables, ágiles, fieros animales
recorriendo la selva sin espanto ni odio,
pese al humo insensato que avanza de la codicia,
contra el tiempo y la realidad, que les azuzan sus flechas.
Los brazos se han fundido en los brazos.
Las rocas ya se mueven en el mar
para posarse, blandas, bajo sus cabezas.
(30-8-2006)
Línea de cumbres
POEMA NOTICIA
(En el centenario de Ernst Jünger)
En su gruta-retiro de Wilflingen ha cumplido recientemente un siglo
el escritor alemán Ernst Jünger. Quienes amamos la literatura como
el mejor disolvente de la banalidad de esta época y contemplamos
cada día la historia, en las páginas de los periódicos o en la tópica de
las charlas con los conocidos, de tarde en tarde nos sentamos con un
libro para leer a algún genio que justifica por él solo el continente y
el contenido de nuestras rebeliones.
En la era de la hipersimplificación un puñado de escritores sinuosos,
dotados de todos los resortes de un pulpo y esquivos a la conformidad
programada. Kafka, Céline, Bergman, Thomas Mann; y el más odioso
y amado por nosotros, Ernst Jünger.
Se les estudia, sí, se ocupan de ellos… Nunca sabremos cómo vivir
contra ellos después de haberlos leído. Hijos deformes, imbéciles,
nihilistas profundos. Lúcidos hasta reconocerse los poetas de nuestro
delirio. Disecaron al monstruo que ya se veía venir en el alba de la
simplificación; a pesar de todo, el monstruo siguió instalándose, en
nuestro lenguaje, en nuestras categorías vacías. Confundido con el
hombre de la calle, ya no nos visita con sus colores reales.
(1995)
Línea de cumbres
EL PAÍS DE MIS PADRES
MEMORIAL A LA DEMOCRACIA
En el frente de Rusia murieron mis capitanes
En el invierno de Rusia la nieve se cubrió de cadáveres
Apenas hay un recuerdo suyo esta primavera de diciembre
en la que los jóvenes exsoviéticos comen un bocadillo
a la puerta de una dacha
y miran las pantallas de sus móviles
En el campo de Argelès-sur-mer se contaba el deshielo
por cada ración de hambre, de muerte y exilio.
Los españoles internados por el gobierno francés
en aquellos silos murieron a golpes de piojos
La España roja y la División azul
descansen en paz, libres de la canalla
revendedora de la leyenda cainita
contra un país por el que madrugaron
los brazos de mi padre, la inteligencia
de mi madre. Descansen en paz los muertos.
Sois vosotros los españoles fieles,
los descontaminados del cromo del odio,
los que os levantáis cada día
a vuestros trabajos y a decir alto
cómo habitar un mundo sin fieras.
Fulgencio Martínez
2019
La segunda persona
LEÓN BUSCA GACELA
LA VELA DEL DEMONIO
a Luis Cernuda (2002)
En la sospecha de que tu voz recuerde
la voz del demonio,
ve ahí reunida tu familia erudita
con el Consejo de la ciudad. Dirimiendo
ante los jueces nocturnos la querella
de tu homenaje, al cumplir tú cien años.
Como el marino al que un caprichoso azar,
una nube divina lo devuelve a su patria,
volviste tú a la tuya
cuando te daban ya por muerto entre los muertos.
Temen los eruditos el misterio del que estaban guardados,
y te presentan reducido a una corona marchita.
Insultan, así, a la inteligencia
de la vida y a la historia,
que hizo sitio a tu muerte en tierra extraña.
Aunque, comprende: sólo les mueve la rutina
de conseguir un poco de dinero.
Su servil inconsciencia les bendiga,
el aire que les ata a su columna.
León busca gacela
UN SUEÑO EN EL SUEÑO
León busca gacela
en la cima del mundo.
Un león,
un animal de crin dura y espejos
duros como el latido de la tierra
avanza solo por la luz del día,
recorre todo el día la sabana
majestuosa de fuego y de silencio.
A la hora de Venus, se detiene.
Mira al azul remoto, y a la nada
dora que transporta su cuerpo
más allá del río donde ve
reflejados sus tristes ojos,
y la inquietud que se abría paso
en su rostro tira de él,
echa abajo su casa
de fieras y le hace
soñar por un instante
reunido en la Esfinge.
León busca gacela
LA EXPULSIÓN DE LOS ESPÍRITUS DEL INVIERNO
Nada alegra tanto como una tempestad
que trae, del brazo, una luz
dura y larga y una despedida de seda.
Nada es tan leve después de oprimir tanto.
Nada tan grácil
como un águila real en su vuelo
ni tan decidido a aplastar cualquier presa.
Nada, en fin, tan alegre
como ese águila de vuelta a su nido,
caminando sin pasos,
sin pasado, libérrima en el aire.
¿Por qué no podría tener mi ansia
forma de ave que expulsa a los espíritus
acomodados del invierno y genera
un río de música en las alturas?
En un mundo inocente
quiero estar indefenso
como agua que mana en la noche
y, al alba, se muestra llena de barcos.
León busca gacela
UNA VICTORIA MORAL
Los días de enero trabajan el corazón
con duras materias de melancolía.
Aún es corta la mano que trae la luz
y el palacio del invierno aún nos tiene
sumergidos en la fragua de nuestras intenciones
que no aciertan apenas a romper un cristal.
Como los búhos rodamos torpes de día,
esperando la mancha de un filo caliente
o una tensión de pasos sobre carbón al rojo:
Nada nos duele más que permanecer
despiertos cerca de la telaraña
hueca y casta de la nocturna inquietud,
que gira acusadora en nuestra noria,
inaprensible como agua podrida.
Los linderos más altos nos demandan:
salid ya, los muertos, a tomar el aire.
Y el pecho fija su faldón al asiento,
torpes zancadas a impulsos tasados
desvanecen los prestos pies del afán.
Camino de retorno a la melancolía,
escribimos la oda a una victoria
moral, fácil contento para el poeta,
dura piedra de angustia para el hombre.
León busca gacela
RUIDO, RUIDO
Oímos, sólo, el ruido
de un elefante;
la gruta despierta,
cada día, con ese ruido
que maneja sus brazos
como las tormentas, cuando se acercan
con ruido sordo en el cielo.
Los que vivimos abajo
somos igual que hormigas,
tenemos hábitos poco singulares:
trabajamos, comemos y dormimos
y practicamos nuestras aventuras
a unas horas determinadas,
lo que nos vuelve predecibles
y un objetivo, sin duda, al alcance
para el ruido de las tribus nocturnas.
Despertamos y es todavía el ruido
de ese ruido, un estruendo banal
que nos corrige el ánimo pacífico,
y nos hace recitarle a la luz
una imprecación y un ruego
de auxilio, que se pierde
en esa ciénaga de puños y de pedos
que sigue toda la noche y todo
el día envenenándonos de ruido.
León busca gacela
IBERIA PERDIDA
Cuando busca mi sangre más amplitud cordial
escribo en el paisaje nostalgias inmemoriales
de aquella dulce Iberia perdida como un sueño
al despertar de la Historia.
En las frescas mañanas aún escucho
voces de barro en los cerros dormidos,
tiemblan en los costales de los campos
diminutas hogueras azules, y rebaños
de gigantes surcan la faz de la lejanía.
El añil y la verbena florecen
en cualquier estación
sobre gargantas blancas
de polvo sin camino.
Frutos jugosos, armados de espinas,
aguardan al caminante sediento.
León busca gacela
CADA TARDE VENGO
Trato de ser amigo
de mi mitad oscura.
Cada tarde vengo
a mirar las sombras.
Despidiendo el día
me alzo a vislumbrar
el vuelo de una paloma
sobre la maleza.
Comprendo, entonces,
que el deseo mío
es ya una forma
de presentimiento.
León busca gacela
CANCIÓN TARAREADA
De un momento a otro
se aproxima
y me estremece
una canción
cuya letra no puedo recordar nunca.
Sé un estribillo,
un ritmo,
el tono desnudo
de la tierra en noviembre,
que sonaba en mi primer poema.
La ternura fanática,
desusada, del mozo
con su canario mudado,
que a cantar comienza
al oído del primer deseo.
León busca gacela
CORPO D´AMORE
Me gusta en las tardes
lentas de verano
escuchar canciones
de mis diecisiete años.
Pasear desnudo
en mi habitación
con otro cuerpo
desnudo, y vivir
lo que de adolescente
soñaba.
Entonces,
una satisfacción menor
era engañar al tiempo.
Ahora que he mordido
su manzana, voló la culpa,
me reconozco en lo escrito
por su mano.
Versión del poema publicado en León busca gacela.
EL CUERPO DEL DÍA
HAIKÚ
En la calle de Agosto
la golondrina
que volvió antes de tiempo.
......................
Cuando abrí mi balcón,
la perdí; las nubes la llevaban
en su red tupida,
las palabras, más que una vida robándome,
no la pudieron retrasar, ni un momento.
Ella, a la tierra,
al aire, al más allá. A la tierra.
El cuerpo del día
CEMENTERIO DE PALOMAS
El servicio de limpieza del Ayuntamiento ha retirado las palomas muertas, por veneno, bajo la fachada de la Catedral.
Diario de Murcia.
Qué desaliento el de la paloma
envenenada bajo la gran torre.
Cómo se apagan las cuerdas que, un día,
iluminaron nuestro paso triste
por aceras y plazas y jardines
polvorientos de esta ciudad.
Extrañas
se han vuelto nuestras huellas
aquí,
como un aleteo
de una vida que pasó hace mucho.
BALTASAR, REY
DANIEL: ¡Ay de ti, reino infelice!
Pedro Calderón de la Barca. La cena del rey Baltasar
La soledad es poder.
Marqués de Sade
Una argolla de opio, sediciosa
como un sueño de ledas máscaras forjadas por idolatría,
azora orbicular a mi pensamiento:
imágenes tristes se mezclan con letíficas imágenes;
en las fuentes de mi jardín
medra mi rostro estremeciéndome por la belleza de un dios
y luego, de entre las ondas, una clepsidra asoma
que agrieta mi melodía de líquidas flautas.
Mi reino representado sobre un quimérico corcel;
sirena de los cielos, hechiza al León,
sus saetas prevalecerán sobre la justicia de Helios,
como una astilla de fuego prevalece sobre la liendre.
Podré crear nuevamente el Huevo primigenio,
extirpado su instinto de dispersión,
abortada la fealdad circunvalante a sus futuros dioses:
el tiempo que destruye sin fe, como un bacilo mecánico.
Mas, ay, que ya ciñen mi aurora almenada
muchedumbre de cuervos encapuchados:
rústicas mujeres hijas de Diana,
conducidas a la hoguera para lúbrico divertimento de Crucifer;
oiga llamar a una: Doménica Barbarelli…
anarquistas rusos de 1905,
el poeta de la Gran Presnaïa cantará con sus lenguas…
populacho del París de 1793, fantasmas encallecidos…
(El Arpista, que me solaza con sus alegorías
y se convida de mi cena,
unas veces modula su instrumento
para ensalzar la inmortalidad de mi tumba;
otras, afirma que la tumba del Rey-Sol será asolada).
Fulgencio Martínez, La docta ignorancia
LA SEGUNDA PERSONA. CAMINOS
CAMINOS
Caminos que me aguardan
o que por siempre quedaron atrás,
no sé quién los trazó. Quieto, respiro,
respiro: respirar es suficiente.
No tengo que pensar en reunirme
con alguien, a alguna hora, en algún sitio.
Miro, a lo lejos, con expectación
e inquietud durante un breve tiempo,
solo por ver si han vuelto los gorriones
a posarse en aquella rama cerca
de la ermita de la Virgen de la huerta.
A la Virgen de la huerta
le ofreciera mi exvoto
de adoración supersticiosa. Esos dos gorriones.
A falta de cigüeñas, los aguardo
como buenos augurios,
¡queridas figuras de mi destino,
que no pueden señalar ya mi rumbo
ni su presencia tampoco hacerme daño;
vuestro saludo agudo no me lacera más
que un breve naufragio en mi memoria!
1 de febrero 2021
La segunda persona
EN LA VIDA DE ENFRENTE
1
La luz de la mañana
de invierno silenciosa
brilla hoy para mí
en la vida de enfrente.
La luz –va por calles–
ahora para su ronda,
se desnuda ante mí
en la casa de enfrente.
Como siempre que llega,
me faltan las palabras;
me sorprende vivir
esa vida de enfrente.
2
Llega, y ya presiento
aquí el gran abandono
de su cuerpo dorado.
Toco muy solamente
las briznas, los cabellos
que suelta, que desgrana.
Sin abrirle mi puerta,
para que no se vaya…
Sin apenas rozarla,
la dibujan mis dedos
en la vida de enfrente.
22 de enero, 2015
La segunda persona
VIDAS AL CONTADO
(a la memoria de mi padre)
Esta tarde mañana ya fue cumbre
aguda torre en el cielo desnudo
trago de luna, cornamenta del sol,
clara alondra enmudecida.
Saben los latidos a tierra viva
cuando ausculto el campo con mis pasos.
Seca la esperanza, amarilla pronto
en el verde hilo del cereal amarillo
demasiado pronto. No pesa el aire
y las tijeras del agua no lo encuentran.
Mirad: esa huerta pequeña, esas
vidas nuestras al contado
reclaman
un rayo restallante en la roca,
y nuestra voluntad
y nuestro trabajo a diario.
También
la bendición del padre.
Fulgencio Martínez
Tarazona, abril 2023
Sendas de invierno
PASIÓN DE ESCRIBIR
Ayer -era yo muy joven hasta ese ayer-
escribía no sé para qué, ni os importa;
escribía por algún motivo hondo
o eso me parece ahora.
Descubrir la pasión
de uno y lanzarse boca abajo en ella,
sin pensar cada doble movimiento
del miedo y del esfuerzo…
Recuerdo que el resultado era
una liberación, como de un mecanismo.
Un vuelo corporal
intenso, no ficticio (o literario)
más intenso, incluso, en horas de siesta.
Escribir -hoy- me hace daño.
Me acuesto
para dormir y sigo desvelado y herido,
con taquicardia casi toda la noche,
el día en que he escrito una línea.
La segunda persona
ESPACIO PARA UNA URNA
INÉDITOS DE ESPACIO PARA UNA URNA. Exposición temporal 4
PASEO POR EL AMOR Y LA MUERTE
(JOHN HUSTON, 1969)
Desde la profunda Francia caminaron
hacia el mar, y se perdieron en el tiempo.
Ella, una mujer noble desarraigada,
él, un estudiante en París, de teología.
Había cerrado la Universidad,
ardían como piras los castillos.
Sus almas se dieron la mano
para huir de la violencia
de su mundo,
de cualquier mundo.
Espacio para una urna
ESE DOLOR ANTERIOR AL AMOR
Infinidad de gentes
pueblan este mundo, y es natural
pensar que pudimos vivir
sin conocernos el uno al otro.
Solo este pensamiento nos une
en las horas más desiertas de la ausencia
cuando ya ninguno de los dos se perdona
haber encendido el arma del olvido.
Así, no habrá más dolor que aquel
que corre en el agua, que suena en los frutos,
que baja en las mareas y sube con la pleamar;
ese dolor que muerde con apetito
las semillas de las cosas que van a nacer,
ese dolor junto a la madre y el padre,
ese dolor de todo lo efímero de este mundo.
Fulgencio Martínez
13 de junio 2023
Espacio para una urna
TODO ESTÁ EN EL CIELO Y EN LA TIERRA
La fuerza de una casa no está en sus cimientos
sino en el tiempo que se vive en ella.
Las casas abandonadas, o aquellas que transcurren
habitadas durante pocos meses o semanas al año,
se ajan con presura, se resquebrajan
a paso de lebrato sorprendido, y mueren
antes de criar afectos. Sin el calor
del río próximo
que sube su mano mansa a sus habitaciones,
la casa semivacía es un desierto en ciernes:
una plaza que ya ha sido entregada.
Mira a tu lado y comprende
que todo está en el cielo
y en la tierra. Llega con tus brazos
adonde puedas tocar algo: cualquier cosa:
astilla, o piel, allí está todo
el cielo: lo moldeas con tus dedos, lo salvas,
le das cobijo a su vivir desamparado.
Igual es el proyecto de construir
una casa estable para tu perdida existencia,
una casa en un lugar no lejos de un río,
no demasiado lejos en el tiempo
que se acaba.
Espacio para una urna
DESCRIPCIÓN DE UNA VIDA
Son los lugares tránsito a otros lugares.
Y las vidas cambian su destino,
o, no sé, lo llevan a otras,
siguen siendo sombras y luego estelas.
Diciembre me alumbró
y cada diciembre muero y renazco.
No encuentro un filo adonde cogerme
mas no sé si gano o pierdo
cuando me pierdo o me gano. Avanzo
tenso, por una tormenta de hormigas,
como un funambulista por un fino alambre,
sin mirar a los dientes de la cuerva
que me sonríe allá abajo, compadecida.
Toda mi vida es una esfera y se mueve
sin solución hacia la extrema nada.
Espacio para una urna
SON ÁNGELES
En las flores viven seres muertos, antepasados.
No vayas al bosque de noche
y tengas rojas pesadillas.
No cantes en el silencio del arroyo
noctívago, ni en la mano lleves luz
porque asusta a los búhos que cazan a oscuras…
No lleves prisa, si vas a un bosque de noche.
No traigas una trampa,
ni traigas un mapa, ni una corvilla
para segar el muérdago venenoso.
Si vas de noche a un bosque, a un callejón
desconocido, lento, infinito
y serpenteante como el vacilar en el estómago
de una nuez alucinógena;
si vienes a un bosque de noche,
conviene que sigas las voces de tu cuerpo,
que reces mentalmente en un latín desacostumbrado,
recibido por ti ex profeso de los ángeles
y, sobre todo, se aconseja no preguntar
a esos seres salvíficos si son de veras
ángeles de purísima luz o son demonios
que pasan a este lado en las alucinaciones
fingiendo arrepentimiento para perderte,
voluntad de enmienda y buenas obras
de caridad, como esa de guiar al extraviado.
Sola la fe aleja a los lémures y a los lobos.
Acuérdate de esto
si vienes a la fogata en mitad de la noche.
Espacio para una urna
RETORNO
Como el que se quita tierra de los ojos
he venido de nuevo a ver esta ciudad invisible
que se prendió a mi corazón
cuando anduvo huérfano de su nido
No sé qué embrujo se inició
hace ya algunos años
y continuó bajo tiempos y lugares diversos
y sigue hasta hoy guardándome la ausencia
Septiembre, 2024
Espacio para una urna
TRANSPORTE
Y había allí un lento estribillo
que repetían los ojos de las cosas,
una imagen musical, de agua y tiempo,
serena melancolía casi palpable
para unas manos abiertas,
con las palmas hacia arriba,
suplicando -¿a qué dioses?-
agradeciendo -¡¿a quién?!-
aquella fina lluvia renovadora,
que invadía, suave, la tierra sedienta
en un mes de septiembre igual que este,
igual de perdido en su tránsito en la luz.
Espacio para una urna
EL SUFRIMIENTO DE LA OBRA
PASTOR DE LLUVIA
Me moriré en París con aguacero…
César Vallejo
Miro con fiebre desnudarse el árbol
de mis sensaciones, y quedo suelto
como un color o un timbre de voz en la montaña.
Arriba mece el cierzo las melodías
de las flores y los pájaros, y corre
lento el paso del arroyo hermano
de las sombras del uro extinguido.
Al pie de su corriente hay una cabaña
que toda la verde luz de la tierra recibe.
Allí me sentaré, como llevado de un sueño.
Escribo ahora mis recuerdos de la lluvia,
cuando la cabeza puedo domar con la mano
y esta norma no escrita, la de no mentir,
me impone su corrección por delante.
Llovía y salieron de los picos más altos
un tordo y un cuervo, a volar sobre valles y cumbres.
Sin dolor ni llanto encontré la muerte.
La tregua, el remanso, la calma de morir
mientras caían las gotas de agua como furtivos.
En todos los momentos que he vivido
después, me he preguntado por qué temo,
qué espanto me tuerce el gesto y me asombra
la vida, hasta hacer de mí un carnero viejo,
maltratado por la cuerda que arrastra
al cuello, y lo más terrible,
por su propia consciencia de víctima.
Inédito. El sufrimiento de la obra
NO BASTA
Ocurre lentamente, como una amistad
que se hace con el susurro de muchos pasos
camino de un mismo pozo;
y apenas sucede, destiñe como la luna nueva,
se vierte en recuerdos de una vida posible
más alta que esta vida
que precisa a diario cuidados y renuncias.
Es el oro de su corta eternidad
la imagen de la noche,
la sombra compañera, la inmensa
sed de algo nuevo.
Sabemos que ocurre, tenemos una
prueba en el amanecer,
pero no basta.
Inédito. El sufrimiento de la obra
ALGO ROTO
Todas tus huellas, amor, puse
en un álbum, y me olvidé.
No de ti, de mí, de mi necesidad de amarte
precisamente a ti,
de aquella mi carrera fatal hacia tu rostro
desde el origen y el primer bostezo del mundo.
Todas tus señas corporales,
todas tus cicatrices, poses y secretas ternuras
logré prender, como el taxidermista, en una imagen
que ya no es sino la escoria heráldica de un amor
al que entregué mi vida, al que lancé a la noche.
¿Por qué, sin embargo, aún miro a los astros
por encima de la luna
cuando tengo en el pecho un rumor, algo roto?
Inédito. El sufrimiento de la obra
MURAL LÍQUIDO
En mi fin está mi comienzo.
T. S. Eliot
Pongo tiempo y pulso en las palabras
que llevo dibujadas en la memoria
sentimental. A veces, cruzo un río
donde las ondas ceden al avance
de mis brazos;
mas casi siempre,
retrocedo, en mi torpeza, contra mi madera,
sin lograr evocar aquellas justas.
En mi fin comienzo. En mi principio
recuerdo toda la vida,
el misterio del tiempo es una línea
que sube y baja a cada latido, ahora:
la suma de este otro y de ese otro que fui
me llama y me nombra con el yo
al que voy, al que estoy yendo
y que me impulsa ya.
No conseguirás, en vano lo intentes,
separar de la madeja un solo hilo
ante el que creas poder decirte:
eso soy yo, mi forma. No hay objeto,
nada hay delante de ti, nada sino
un río de pensamiento y murmuraciones.
Inédito. El sufrimiento de la obra
TEMBLOR DE HOJAS
Días de intensa luz, urnas de viento
de pronto restablecen la atmósfera.
La tibia tierra, dulce, hermosamente
como una libélula ritma sus alas
A los valles hondos de las palabras,
viajero sin destino, llego en mi ocaso.
Toda la jornada por delante, tras la puerta
de otro día con aire de frente y a mi espalda
Surco final o túnel que me impulsa
a iniciar la senda invisible adivinada
apenas por los ritmos del corazón,
por el temblor de hojas enloquecidas
en el preámbulo de la tormenta, jubilosas,
apretadas en su verdor, sobre el mástil
de su árbol viviente y recortado
contra la densa niebla de Junio que entra
Me enseñáis, vosotras, ramas temblorosas,
hojas inquietas, a celebrar mis pasos por igual,
hacia la luz o hacia la sombra, hacia la dicha
o el dolor, y a dejar de todo el verbo tembloroso
30 de Mayo 2025. Huesca
Inédito. El sufrimiento de la obra
LA GRAN DECISIÓN
Homenaje a Le petit Prince (“El principito”)
de Antoine de Saint-Exupéry
No vienen con nosotros en nuestro equipaje,
desertaron felizmente como humo,
se fueron a una isla donde no hay humanos,
y yacen entre arrullos de palmeras y nubes.
Las palabras un día nos abandonaron.
Fue la gran decisión. El alba más luciente.
Desde entonces andan libres de sospecha,
y nosotros, libres
de la culpa de haberlas recreado y deformado
para sustituir por ellas los hechos.
Inédito. El sufrimiento de la obra
BAÑO DE MADRUGADA
(Recuerdo de Menorca)
Quise tocar y retener la ola,
y mis manos se volvieron ríos.
Era de Venus divina escultura líquida.
De madrugada me arrojé en ese mar,
resina se me hicieron mis dedos
intentando retener lo inefable…
Entonces, comprendí que las deidades,
más allá de morar un lugar bello,
gustan transformarse por una temporada
en una materia, una planta, un río o una roca,
en una muchacha -¿por qué no?-, y en una ola.
Y que esos seres y elementos mortales
no son solo adjetivos o atributos divinos;
son la misma divinidad sustantiva y voluble.
Compañía de quimera
inédito. Publicado en catalán (traducción de Anna Rossell) en Senderes d'hiver
Un zumbido de abejas en el hueco de un tojo
Si hay consciencia allá,
si el pensar no concluye,
si persiste en lo roto del olvido
y con celo lustra, como un jazmín solitario,
la invernada...
y pasos que rehúyes
te acercan, ardientes, a un zumbido
que deberíamos curar con nuestros
solos brazos ahora,
como se apaga, dulcemente,
un fuego de violetas en marzo;
las brasas que quedan,
solo los niños saben
quién las compra desde el tabuco más mísero...
Si tu dama negra existe y su seno
puntiagudo de interrogaciones existe
-acorralado animal desde que piensas:
"tal vez, cuando yo muera, ella siga
profundizando en mi inconsciencia,
que me frota, como un gusano, en vida"...-
Si hay consciencia allá
si el pensar no concluye...
agua sonámbula, vete
a grandes tragos tentando el lecho;
la ansiada greña que te salve
de tu nevado laberinto.
del ciclo Libro del esplendor. Poemas publicados en el libro antología: I Y II ENCUENTROS DE Poetas en Águilas (coord. Jesús Cánovas Martinez)
LA TRANSFORMACIÓN 3
ESCRITURA Y MUERTE
Platón comparó lo escrito con un jardín de Adonis, símbolo de lo bello efímero.
As rosas amo dos jardins de Adónis (…)
Fernando Pessoa. Odas de Ricardo Reis
EL ÚLTIMO VERANO
El mar, ebrio,
visible en los claros de las cortinas,
tropieza en la penumbra
de la alcoba
de la casa alquilada para el verano.
Al fondo, mi mujer se lava los cabellos.
La vida no tiene fondo ni orillas,
es más grande que el mar
y que el tiempo.
Con otro rostro vuelve,
con la misma luz y distinta;
para adivinar su dulce
transparencia, abre tus manos.
de Compañía de quimera
del ciclo Línea de cumbres, inédito
FINALMENTE
Finalmente,
los labios en el aire,
respiramos la luz enamorada.
La conciencia se volvió a la rosa
y al pájaro,
al ritmo
de la ola, a la ventana
y al sol.
Pero llamarnos, no podemos.
Hablamos y no suenan las palabras.
de Compañía de quimera
del ciclo Línea de cumbres, inédito
POEMAS DE SENECTUD
1
Tú nunca pensaste
en llegar un día a escribir
“poemas de senectud”,
expresión que ennoblece
y no engaña, sin embargo,
acerca de lo que encierra
de rigor, de incrédula aceptación,
de temor a la redundancia,
y de otros temores metafísicos
adheridos a los literarios
que sin duda al poeta,
cuando es viejo, le asaltan.
2
Y a su fiel manera
vuelve siempre el reloj
por sus horas, lo mismo
que vuelve la mano que escribe
a su costa explorada ya
y jamás conocida del todo
3
Sobre los difíciles dedos
van atándose hilos.
Yo recuerdo
un rastro de palabras
que fueron siempre mi apuesta
las he llevado y las llevaré conmigo
y apostaré a ellas
hasta que me quede en silencio
El sufrimiento de la obra
HUERTA, ATARDECER, LIBRO.
ESBOZO DE AUTORRETRATO CON PAISAJE
a Eloy Sánchez Rosillo
1
Los recodos del río me tientan sus cansadas aguas reflejan mi imagen cuando me siento en un soto a leer
al roce de la brisa
y dentro a mi cabeza vuelven los pájaros…
2
Solo y mundo,
hacia el atardecer,
al final de una senda -cualquier senda perdida-
puedes encontrarme leyendo un libro.
Hilo de oro este que, ahora, habita en mis manos.
(2014)
Inédito. Verano, Murcia
Compañía de quimera
REINICIO
Como si cerrar los ojos
fuera el bálsamo
de una vida hecha,
y los brazos caídos,
la lengua muda y sorda,
supieran resistir el ventisquero
cuando el último paso nunca damos.
Todo permanece helado y resuena
su corteza en otra corteza dura.
El sufrimiento de la obra
HORAS DE LABOR
Los ojos abiertos en la noche oscura en que mentes más lúcidas desertaron
cuando todo es baraja y yesca pisada por duros cascos
y se compran las ventanas que dan mejor vista.
Ahora, recién anunciado Junio,
vamos descontando hábitos,
nubes, ecos, páginas de rencores, ¡abrimos en nuestro castillo un muro! para cuando llegue a él un mensajero de otro mundo ofreciéndonos el presente de haber vivido y haber respirado la tinta de un poema.
El sufrimiento de la obra
EL REINO DE ESTE MUNDO
Con rumores de verano
ruedan antorchas
en los parques neblinosos
Junio trajo el reino
de los sempiternos adioses
Aunque andamos por calles y asfalto
volamos en realidad
adonde los sueños nos llevan
6 de Junio 2025. Huesca.
El sufrimiento de la obra
PARQUE MIGUEL SERVET
Por parecer ramas vivas
alzamos los brazos,
también los árboles
gozan la resaca del viento
y se dirigen las primeras
crías de los pájaros
a volar sobre ellos,
y más arriba, y vuelven
a encontrar su escondite.
El sufrimiento de la obra
FE POÉTICA
A Valeriu Stancu
Te protege un genio
cuando escribes poesía.
Equivocándote, rectificando,
cambiando, si es necesario,
de pensamiento y de lealtades
nunca te equivocas ni cambias,
mantienes en tu alma un perseguidor del bien.
Ese mismo espíritu vuelve siempre que escribes.
Ahora cuando piensas que no cambia el mundo
(su cambio casi siempre es excusa
para dar vuelo al error y relevo a la adormidera),
afirmas tu fe en la poesía, por encima de todo.
Inéditos de El sufrimiento de la obra.
Fulgencio Martínez / Andrés Acedo
DEBERES
A veces miro la calle Esther Festini solitaria.
Me refugio en el aliento amoroso
que me aguarda.
Y con infinita ternura me duermo confiado
que la noche no es eterna.
Carlos Zúñiga Segura
1
Madre,
ocupas el centro de mis recuerdos
cuando miro el acerico,
las puntas de los alfileres
hundidos ahí, como en blanda escarcha;
el montón de telas y ropas,
y el dedal de oro que llevaste en un dedo,
tu aguja, y tu silla
donde cada tarde te sentabas a coser.
Y poco a poco, de la visión
de aquellos mudos alfileres
que reunían años de trabajo,
muchas tardes de labores y sueños
despiertos, y de estas otras cosas
que me evocan tu voz ya sin sonido,
he ido, poco a poco, a tocar vivas tus manos.
A besarlas y agradecerles que sigas conmigo.
.
2
Solo hubo un propósito,
un único proyecto: vivir,
como nos aconsejabas,
madre, dedicándole
a cada día su afán:
hay más días que longanizas,
era tu refrán preferido
para enseñarnos paciencia,
a no tirar por el medio
para llegar pronto y hacer mucho,
sino poner el alma en cada
tarea que nos exigía
(para la que nos exigía madre)
tomarnos tiempo
y saber soltarlo.
3
Con más frecuencia
últimamente,
me paralizo
ante el trabajo por hacer,
pero tu voz silenciosa
me calma enseguida
recoger y soltar para que vayan volviendo
cuando les hagas su sitio:
las cosas esperan tus órdenes
Verano 2025. Murcia
El sufrimiento de la obra
CUATRO RIMAS DE BIENVENIDA AL TIEMPO DEL OTOÑO
Cuando llegan los primeros fríos
el alma ansía renovarse.
El peso gastado de sus alas
nota de improviso la ligereza
y en el hueco de las horas,
donde tanto estío tuvo asiento
hasta ayer -octavo día de septiembre-,
hay una mañana fresca esperándonos.
Un goce de intimidad besada
que deja abiertos los deseos
de vivir y de compartir la vida.
A veces simple y hermosa verbena.
Ese regalo debo a un lugar
y a un tiempo de otoño,
a los que había ya proscrito
el sofocante calendario.
inédito
9 de sept. 2026
Compañía de quimera
PRÓLOGO
La cuestión de la nada. El poner en claro la nada, o sea, la vida. Hallar sentido a la vida, pero aun a la muerte. Caminantenohaycamino. A cierta altura de la vida uno entiende y no resuelve la aporía de Zenón, o tiene que admitir que la vida la resuelva por uno: Aquiles convertido en Tortuga, al final anulado por su propio devenir.
Flechado cada uno de nosotros en nuestro talón de
Aquiles.
Solo nos queda un optimismo que estaba en nuestros genes: evitar la depresión cognitiva a toda costa, huir del deprimido cognitivo. Eso, nunca.
En fin, la novela, como la vida misma, desde la grieta que nos invita a explorar, nos da una pequeña razón de vida, nos dice del amor a la palabra, del valor de la paideia. Para quien le pueda servir.
Cf. artículo de Fulgencio Martínez: PARA QUIEN LE PUEDA SERVIR. NOTAS DE LECTURA DE LA NOVELA DE VENANCIO IGLESIAS MARTÍN LA CIUDAD DE LOS MIL OJOS
29 de octubre de 2019. blog de Ágora:
https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2019/10/notas-de-lectura-de-la-novela-de.html
¿QUIERE USTED UN VERSO, AMIGO?
DE LA TRANSFORMACIÓN DE AQUILES EN AQUILEA,
PASANDO POR LA TORTUGA DE LA APORÍA DE ZENÓN DE ELEA
Poner en verso la vida de uno tal como uno la ha servido, no tanto como la ha soñado, tiene un desarrollo y un desenlace amargos. De normal, es así. (“De normal”, qué bella expresión que oí cierta vez en Huesca: “De normal llevo dos o tres… en el bolso”. Yo también suelo llevar dos o tres pájaros en la cabeza y cuando ando por estos parques creóme que por los jardines de Adonis. ¿Quiere usted un verso, amigo?).
He dejado -me impongo- constancia de mi breve sueño de poeta, por encima de cualquier otra cosa que me haya ocupado. Unos cuantos libros, luego otras tantas penitencias, pues cada libro llama a otro que tal vez no sea mejor que el anterior, solo más terne. Más ingenuo, quiero decir. Por suceder a una larga cola de desaparecidos, y creer en la vuelta de nuestro ADÁN.
En esta antología recojo una colección de poemas publicados en libros míos, otros poemas se publican aquí por primera vez, y pertenecen a poemarios inéditos y/o inacabados. No he desdeñado incluir nuevas versiones o transformaciones de algunos poemas ya publicados en libro (aunque estos cambios son en menor número que en mi anterior antología, Tras el desorden. Musa epigramática).
La antología se ordena en tres tiempos interiores, trayendo a la superficie los poemas como por un impulso evocativo. (1). En el fondo, transformarse en letra no es la vocación del poema; cómo lo diría: eso es su muerte. El poema surge de una viveza del espíritu, de un relámpago: lo que atrapa de esa emoción (perdonad la simpleza de mi palabra), lo que logra o no transmitir vivo en la escritura es, sí, la poesía: algo que el lector y el escritor a veces notan en complicidad cuando se halla en un poema.
De ahí, de estas dudas y certezas, nacen mis vacilaciones, y mis desencantos y, a veces, mis gozos cuando descubro, como lector mío, un nuevo giro, un verso que me satisface.
De un tiempo a esta parte desconfío de la claridad jesuita, de las distinciones y capítulos en los libros de versos.
Lo que ves, es lo que hay. Es una deuda estética que pago a la tierra aragonesa que me ha acogido.
Fulgencio Martínez
Lunes, 14 de septiembre de 2026
La transformación de Aquiles, 2. Antología. Fulgencio Martínez. La obra está registrada y se publicará en libro por una editorial española en el curso 2026-2027.
Nota:
1. El título del libro o del ciclo a que pertenecen los poemas se da al final de página. Pero a veces también se escriben al inicio, en mayúscula, a modo de rótulos para avisar al lector de las zonas de los poemas que se desarrollan en cada uno de los tres tiempos de la antología.
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