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miércoles, 20 de enero de 2016

Del claroscuro a la fotografía en blanco y negro. Texto de Fulgencio Martínez, fragmento del ensayo "Vuelta al lugar donde se hiceron las preguntas (II)"


DEL CLAROSCURO A LA FOTOGRAFÍA EN BLANCO Y NEGRO


 Este texto recoge una reflexión sobre el claroscuro, a partir de una insinuación de Schelling, de que el claroscuro, ese juego de luces y sombras, de blanco y negro y del matiz (la perfección de la obra de arte está, recuerda el filósofo, en los detalles)capta fielmente los juegos (contrastes) del alma de la naturaleza, y por tanto es un momento de la perfección formal perseguida; lo que apuntamos resultará más entendible después cuando lo relacionemos con el tema del lenguaje.



El claroscuro no es solo una técnica, sino una visión que capta una de las maneras esenciales de la naturaleza; por tanto, si quisiéramos expresarnos platónicamente, una idea de la naturaleza, es decir, del todo. 


En ese juego dinámico de luces y sombras se obliga de algo modo (diríamos kantianamente) a responder a la naturaleza, a manifestarse en una de sus formas esenciales: a mostrar su alma, diría Schelling. En efecto, si hacemos la experiencia de contemplar un paisaje y le abstraemos las sombras, la perspectiva, los matices de intensidad, luz y color, podríamos sólo obtener una visión del paisaje como algo plano, un campo heteróclito de colores (cado uno definido en su individualidad) o como un conjunto de líneas geométricas. Pero así no forzamos a la naturaleza a presentarse como tal, como un todo, una unidad en la que los colores, sus brillos, se corresponden (como diría Baudelaire), las líneas se corresponden, conversan, convergen, se rechazan o se modifican mutuamente. No vemos, en fin, nada real, sino nuestra apariencia de idea, una abstracción. (Una abstracción no en el sentido moderno vanguardista, sino como una carencia resultado de una falta de atención a los detalles y a su lugar en el todo, un déficit en el órgano sensorial, así como se produce nuestra percepción la mayoría de las veces; con una ausencia de atención, en el fondo. Para ver la naturaleza, en fin, hemos de prestar atención, mirar con toda nuestra alma y con los cinco sentidos puestos, como se suele decir).


Sin casi darnos cuenta, en ese experimento aparecemos nosotros también, el propio observador, nuestra subjetividad.


Veamos el cuadro de Friedrich, El monje frente al mar.
Se han dado varias lecturas filosóficas y culturales de dicho cuadro. Aquí queremos hacer ver que la expresión de lo infinito, el encuentro, en cierto modo anulador e inquietante, entre la naturaleza abierta y la subjetividad abierta se produce por el juego de la luz, del blanco (del cielo) y el negro (del mar), y que no se puede representar de otro modo, sino así, de ese modo que capta una nueva forma, la experiencia de infinitud que expresa el cuadro. Una visión deconstructora, atomista, destruiría esta captación, lo mismo que una visión que exaltara los colores, impresionista, o la realista histórica. Lo importante ahí no es el momento en sí, del encuentro entre dos infinitos, ni por supuesto el documento histórico, sino el representarse puro, el aparecer en un lugar y momento de una experiencia estética y de una nueva forma de sensibilidad, y de lenguaje.

Este arte, por tanto, tiene en sí su propio lenguaje.


Hacemos una comparativa con la fotografía, que también nos enseña por sí nuevas formas de sensibilidad. Planteamos otra experiencia, o constatación. La fotografía en blanco y negro se dice que tiene un encanto, un aura y expresividad únicas. Pero tiene algo más. Su técnica fuerza una manera propia de presentarse la naturaleza, la realidad, que no puede ser la misma que la fotografía en color. 


En relación con el claroscuro, y esa manera de objetivarse la realidad en la red de casillas del blanco y negro y de los grises que alcanza a tocar una clave esencial de la forma general de presentarse las cosas. Ahí, en esa simplicidad, parece que hay menos presencias de formas y colores que nos distraen de lo esencial, del alma de las cosas y de nosotros. No es el tiempo tampoco, detenido y apresado, ese momento irrecuperable lo que guarda la fotografía de arte en blanco y negro. Y hacemos también abstracción del posible valor histórico. Si no tiene ni un valor impresionista ni histórico, qué da la fotografía en blanco y negro, sino el alma: el modo general de su existir en el tiempo (no en este o aquel fragmento de tiempo), un encuentro con algo real y a la vez su desenfoque ante lo real, que hace presente la distancia que hay respecto a nosotros mismos ante lo real, como ante algo que fue y aún no ha pasado. En fin, nos plantea una nueva experiencia, un nuevo lenguaje, desde su propio lenguaje artístico y técnico.

                                   Fulgencio Martínez

martes, 30 de abril de 2013

MAÑANA PRIMERO DE MAYO 2013. ÁGORA CON LOS TRABAJADORES/ MIGUEL HERNÁNDEZ Y LA POESÍA SOCIAL, CONFERENCIA DE FULGENCIO MARTÍNEZ PARA CELEBRAR LA FIESTA



ÁGORA CON EL 1º DE MAYO, CON LOS TRABAJADORES DE ESPAÑA Y DEL MUNDO

¡UNIDOS CONTRA LA TIRANÍA DE LOS GOBIERNOS SERVILES Y CONTRA LOS INTERESES DEL CAPITALISMO FINANCIERO QUE HAN ASALTADO EL PLANETA HUMANO Y LA RAZÓN, DICTANDO SUS LEYES Y SU MIEDO!  

El silencio del hombre de cultura es cómplice de los injustos ¡Hagamos la democracia! No solo la veamos representada en un papel, en una muda Constitución. Como escribió Miguel Hernández, somos viento del pueblo. Nunca al viento podrán asentar ni doblegar mientras viva la poesía.


                      MIGUEL HERNÁNDEZ Y LA POESÍA SOCIAL


¿Por qué nos interesa tanto el caso Miguel Hernández? Porque nos exige, con su poesía, con el conjunto de su obra literaria, y con su vida, pensar la literatura, la teoría y la poética literarias más allá de la imagen del mundo de la burguesía: una figura histórica muy concreta que dominó y domina el mundo y que todavía impone su doctrina sobre la función de la literatura y del arte en general.


                                                                 Por Fulgencio Martínez

                                       (estracto de una conferencia pronunciada en el casino del pueblo)

Miguel Hernández es el creador de la poesía social, antes, incluso, que Pablo Neruda. Miguel Hernández, en sus libros Viento del pueblo y El hombre acecha, escritos en los años 1937 y 1938, durante la Guerra civil en España, revoluciona la poesía de la Generación del 27 y pone su voz al servicio del pueblo. En la dedicatoria a Vicente Aleixandre dice Miguel “Los poetas somos viento del pueblo”. 

La poesía social de Miguel Hernández es una poesía humanista, comprometida con los Derechos Humanos; reivindica la cultura, el valor de la mujer, la dignidad humana, la libertad, la justicia; y denuncia la pobreza, la esclavitud y el sometimiento a la ignorancia y al oscurantismo que ejercen sobre el pueblo los poderes reaccionarios.

A fuerza de ser humanista, esta poesía social es política y revolucionaria. Todos los poetas y cantautores, españoles y americanos, de décadas posteriores tendrán en el autor de “El niño yuntero" su referente.

Pero la poesía de Miguel Hernández no se limita a la defensa de las reivindicaciones de una clase social, como son los trabajadores y, en concreto, los trabajadores de la tierra que él conoció, con sus penalidades y en la situación de servidumbre en que vivían en su época. La poesía de Miguel defiende al ser humano de cualquier época y clase social al que se le priva de su dignidad y derechos. Poemas como “Las manos”, “El sudor” son claros ejemplos de esta poesía social, en la que Miguel Hernández grita, en nombre de los trabajadores: “Ayudadme a ser hombre”.

Su denuncia se podría dirigir no sólo contra la explotación económica y cultural del trabajador, sino contra cualquier régimen social que cosifique y deshumanice al ser humano. El trabajador no es una cosa, no es un instrumento, como un tractor o una fábrica; el hombre, dice Miguel, es “instrumentalista”, no instrumento. De este modo la poesía de Miguel anticipa, en los años 30 del siglo XX, el humanismo marxista, crítico con toda forma social de explotación y alienación del hombre.

Por supuesto, la poesía social de Miguel tiene también un fuerte componente de denuncia del momento, como en los poemas “Alba de hachas” y “Sonreídme -anteriores a los libros citados, y escritos bajo el fervor republicano y dirigidos contra el oscurecimiento de la Iglesia católica y la oligarquía rancia que mantenían a este país en situación deprimente.

Un aspecto inseparable de la poesía social de Miguel es su teatro social, escrito en la guerra, y que solo recientemente se empieza a valorar.

¿Por qué nos interesa tanto el caso Miguel Hernández? Porque nos exige, con su poesía, con el conjunto de su obra literaria, y con su vida, pensar la literatura, la teoría y la poética literarias más allá de la imagen del mundo de la burguesía: una figura histórica muy concreta que dominó y domina el mundo y que todavía impone su doctrina sobre la función de la literatura y del arte en general. Piénsenlo.

Este ejercicio de análisis les mando para el Primero de Mayo.
      
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