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viernes, 28 de noviembre de 2025

"ALGUNAS METAMORFOSIS", DE PAZ HINOJOSA MELLADO. Artículo de Fulgencio Martínez / Ágora-Papeles de Arte Gramático n. 36. Nueva col. N. 35-36 Invierno 2025 / Bibliotheca Grammatica / Narrativa

 


 

 

 ALGUNAS METAMORFOSIS, DE PAZ HINOJOSA MELLADO

 

 

Paz Mellado Hinojosa ha publicado un tercer libro de relatos: Algunas metamorfosis (ed. Loto azul, Valencia, 2025). La escritora granadina, afincada en Murcia, publicó en 2023 su anterior volumen de narrativa breve: Miradas perdidas (ed. La fea burguesía, Murcia). En ese volumen primaban el guiño a la narrativa fantástica y la escritura cuidadosa, en algún pasaje de alta calidad poética, como ya nos acostumbró la autora en el primer libro que publicara: Poetas como dioses (también en la editorial La fea Burguesía, 2020). Si bien en Miradas perdidas la escritora se servía de esos recursos para proponer una indagación sobre la fragilidad de lo real, y la inquietud metafísica asomaba en los finales de los relatos con una suave sfumato irónico. Esa tendencia a la suave ironía, con dosis de humor manifiesto, ha intensificado su presencia en el nuevo libro, Algunas metamorfosis. Las preguntas que laten, tras los tropos, imágenes, personajes y situaciones de los textos, aquellas cuestiones que con suavidad casi de copo de nieve caen de la mano de la autora sobre los ojos del lector, son las ya apuntadas en Miradas... La mirada del otro, de los otros, allí era convocada para hacer o más bien deshacer la identidad del personaje literario. Aquí, en el nuevo texto, los personajes acusados también de la sombra proyectada por los otros han renunciado a su identidad, pues de algún modo comprendieron las condiciones de la realidad, su esencial vocación de cambio. 

   El cambio, precisamente, la transformación o metamorfosis (alusión acertada al poema ovidiano ya en el título de la nueva obra de Paz Hinojosa) es una constante en los quince relatos de esta nueva entrega.

    La transformación, a veces inesperada, como en el magistral relato "Un caso difícil", sorprende a algún personaje, le cambia su anodina personalidad y le convierte en un ser poético, abierto al azar del mundo. Como en la obra del poeta latino hay metamorfosis "positivas" (como la referida en ese texto), y otras "negativas" o decepcionantes para los personajes; así en otro de los magistrales cuentos, pues es casi cuento (hasta con cierto final de apólogo moral), el titulado "Zapatos", que culmina de forma abrupta y desencantada desde el punto de vista de la protagonista. En ese relato, quizá el más sostenido y denso de todos, se pueden estudiar las características esenciales de los relatos de Paz Hinojosa en el libro que comentamos: primero, un asunto conductor, que varía en cada caso (aquí el fetichismo de un profesor y la correspondiente necesidad de un grupo de alumnas, en especial de la protagonista, de atraer la mirada del profesor para reafirmar su propia identidad en el grupo y para sí cada una), y los elementos constantes: el humor, la ironía de lo real, es decir la distancia que la realidad cambiante pone finalmente entre ella y los deseos o ensueños de los protagonistas...  (aunque, a veces, como hemos ya visto en otro caso, para bien; no siempre lo real da forma negativa a lo que persiguen los personajes). En "Zapatos", la narración compleja más que en otros relatos, se presenta en tercera persona; por la voz narradora sabemos de Marina, la protagonista, del profesor Miralles, pero también de otros personajes secundarios (Dora, y la madre de Marina, y la rival que se destaca sobre el grupo de chicas rivales, Soledad; además, las botas, el calzado, y el fetichismo por extensión como "actantes" además de temas...,un universo real, resaltado por la caricatura). 

    En la mayoría de los relatos cortos es el narrador o narradora la primera persona protagonista y casi única información sobre las cosas que se cuentan. Esa variación del punto de vista es un elemento también, junto con el asunto, interesante para hacer atractiva una colección o libro de relatos. Pero no olvidemos las constantes en los mismos, que dan el sabor y espesor de la obra. El efecto de caricatura, como, en general, de final feliz, de comedia, se combina con un registro narrativo de humor (extra personajes, voz profunda narrativa).

    En algunos pasajes, como en el relato "Espacio", donde el personaje se achica hasta el extremo de devenir tan minúsculo que termina durmiendo en una caja de cerillas, nos provoca una hilaridad sana y desenfadada (a pesar de lo trágico del mundo descrito en el relato: la incomunicación conyugal). La mirada de la autora o de la narradora profunda, para ser más exactos, es siempre humorística, cómica. Como en Los sueños, de Francisco de Quevedo, el autor ve desde arrriba el mundo y a sus pobres sombras. Sólo que la mirada de Paz Hinojosa está llena de sutileza y bien (esta es otra constante de su obra). Incluso en un relato como "Gris ceniza" (que se disputaría en nuestra opinión el ser considerado el mejor del libro junto con otros dos o tres) la muerte es atemperada por el humor y la finura bondadosa de la escritora. Por cierto, ese relato, "Gris ceniza", podría incluirse en cualquier antología actual de narraciones breves.

    La escritora no solo es narradora, también es poeta (ganó el V Premio internacional de poesía "Andrés Salom" en 2023, con una colección de poemas titulada "Brasas"). Además es profesora de Lengua y Literatura.

    Queremos decir que la presencia del mundo literario, las lecturas y, en especial, de la literatura clásica española y de la poesía, pero también del ensayo del siglo XX, son temas o asuntos que habitan en los relatos de Paz Hinojosa. Pero, además, algunos de ellos, pues el leitmotiv de todos es la transformación, recurren a la misma literatura como mundo alternativo en el que la imaginación transformadora de lo real tiene su natural cabida. ("El coleccionista de palabras" merecería un comentario aparte. Ahí el animismo en función de lo poético dota al relato de un encanto especial). (1)

    Uno de los relatos más divertidos, "Agencia de detectives" plantea la posibilidad de una agencia que admitiría encargos para averiguar qué ocurrió realmente en la cueva de Montesinos, o dónde encontrar el País de las Maravillas, o Macondo. 

 

Fulgencio Martínez

27 de noviembre 2025 

 

_____________ 

1. Nota: El animismo es una constante en los cuentos. En otro relato de este libro de Paz Hinojosa, en "La mirada" nos sorprende la expresión "manada de coches". "...sorteó como pudo la manada de coches, que le dedicó una sonora pitada." (p. 84. Algunas metamorfosis, 2025)

 

Información editorial sobre el libro de Paz Hinojosa Mellado, Algunas Metamorfosis:

 https://www.editoriallotoazul.com/libro/algunas-metamorfosis_165847/

viernes, 20 de junio de 2025

DE UN TIEMPO INOCENTE, ENTRE EL PASADO Y EL FUTURO. Comentario a "La edad de la inocencia" de Antonio Ortega Fernández. Fulgencio Martínez / Bibliotheca Grammatica / Relatos / Ágora N. 33. Nueva Col. Verano 2025

 

 



Antonio Ortega Fernández

La edad de la inocencia y otros relatos

Arráez ed. Almería, 2025

Presentación: Domingo Fernández Zurano

Prólogo: Pedro Felipe Granados

Ilustración de portada: Lucrecia Parra 



DE UN TIEMPO INOCENTE, ENTRE EL PASADO Y EL FUTURO

  

La edad de la inocencia (y otros relatos sobre Huércal-Overa), del escritor y profesor Antonio Ortega Fernández, acaba de ser publicado por la editorial almeriense Arráez. Lo componen quince narraciones, casi todas ellas breves, y salvo una, que es de ambiente medieval, situadas en dos tiempos hoy casi míticos en nuestra actual aceleración: el de los años 60 del siglo XX, correspondientes con la infancia del autor y de sus prolongaciones en la colección de relatos, y el de los años de la guerra o más exactamente de la inmediata posguerra, principios de los 40, el tiempo de los abuelos. 

    Hay una temperatura emocional, por así decir, y un estilo, poético, evocador y documentado en la propia experiencia, que se mantiene a lo largo de la escritura de las quince narraciones (salvo quizá la referida a la época medieval, la única que flojea en tan magnífico conjunto). 

    Para este lector, que vivió su infancia en una pedanía de Murcia, y que nació casi por los mismos años que los sujetos infantiles de las narraciones de Ortega Fernández y, por ende, por las mismas calendas que el autor (Huércal-Overa, Almería 1959) la lectura de este libro le ha resultado sencillamente deliciosa, emotiva, punzante en cuanto me ha evocado, a cada página, el trabajo de una no regalada existencia, la pena pero también el esfuerzo ilusionante y la honestidad a prueba de cualquier infortunio, de esas gentes que fueron (por desgracia, casi ya debo decir fueron) nuestros padres, nuestros abuelos o bisabuelos, de origen campesino o menestral, luchadores épicos por un elemental derecho: a que nada ni nadie les despojase de la dignidad de sus vidas, y a que mejoraran sus hijos, nosotros, los que nacimos en lo rural y pudimos, ya a mediados de los 60, acudir a decentes escuelas públicas, y en los 70, quién lo iba a pensar, a institutos y, en los finales de los setenta y principios de los ochenta, con la democracia a la puerta o en la plena explosión primaveral de la democracia y la cultura, a la Universidad. Vaya, si el hijo de un obrero o de un agricultor o emigrante consigue ir a la Universidad es que el mérito del trabajo de tantos emigrantes, obreros, campesinos, menestrales no ha sido en vano. De ese trabajo algo fue, sin duda, para secundar y fomentar el esfuerzo intelectual y formativo de generaciones. También la vida diaria, el confort, nada despreciable, se empezó a notar en la España de finales de los 60 y sobre todo en los 70: vacaciones, seiscientos, agua corriente en las casas (en muchas de ellas fuera de las urbes no había ni agua corriente; había que ir a lavar o a lavarse al río o a la acequia, como ocurría en mi pueblo; claro que de muy críos nos bañaba madre en un barreño, y el váter era una sentina con un agujero tapado con una madera).

 

                                                                                       Antonio Ortega Fernández
 

 

El cronotopo narrativo, en el libro de Ortega Fernández, está dibujado vivídamente, con tanta calidad de emoción y de buena prosa. Espacialmente, lo constituye, como núcleo, el mundo cercano a Huércal-Overa, de casas y campos medio perdidos (Úrcal, Los Reyes, El saltador),  claro, que también hay "periferia" y alusiones a lo que queda fuera, pues todo ámbito delimitado necesita esas alusiones a lo exterior o lo que limita: referencia a Granada, la propia Huércal-Overa, Lorca, Almería o Murcia, como nudos de otras conexiones culturales, sociales. Y temporalmente, se nuclea en unos años correspondientes al título "La edad de la inocencia", cuando los dos hermanos y protagonistas infantiles tienen 7 y 8 años respectivamente, u 8 y 9: principios de los 60 (hasta el enero del 66, bombas de Palomares, en el último relato "Te juro que lo vi", cuando los niños van a un colegio rural, o incluso hasta 1969 o 1970 cuando van internos al Instituto Cura Valera para más adelante, tras seis años, ingresar a la Universidad de Granada). También aquí la marca temporal se abre a un tiempo anterior y posterior: el anterior es clave, el tiempo de la dura posguerra, el inicio de la dictadura de Franco (los años 40), pero también se alude en varios relatos al final de esa dictadura, coincidente con los iniciales años universitarios donde los jóvenes adquieren conciencia de los nuevos tiempos y de la inminente y deseada democracia.

    En el interior de ese cronotopo, que, como vemos, es elástico pero bien nucleado en unos años decisivos para la formación de los caracteres principales (luego diré de otros, sobre todo, la madre, el padre ausente, emigrante en Hamburgo, y el abuelo; así como el personaje colectivo de los vecinos), existe una contraposición de dos tiempos temáticos (por así decir), que centran las narraciones: el pasado y el futuro. El pasado, referente al mundo del abuelo, es un pasado de miedo, que a veces vuelve como en el magnífico relato "El pozo Nº 7", donde el abuelo no acude a una citación de la Guardia Civil. 

("El abuelo agarró las riendas de su mula y se marchó para su casa como alma que lleva el diablo. No quería enfrentarse de nuevo a su pasado. Los dos años en la cueva fueron suficiente. Alimentándose de manera precaria, salvo las veces que podías subirle a escondidas comida reciente de la casa, malviviendo en la oscuridad de una cueva inhóspita. Un suplicio que no quería rememorar. Un episodio al que había puesto un candado de amargura. Por eso, se fue esa tarde después de beber un vaso de agua, así lo recuerdo, desapareciendo en el horizonte del camino entre los naranjos del vecino José Juan". pp. 197.198 La edad de la inocencia). 

Ese relato enlaza con otro previo, "La cueva del agua picante", quizá uno de los más destacados del libro, en que se narra la "aventura" del abuelo joven obligado a luchar en el bando republicano y metido en un camión camino del frente. ¿Desertó? No, se liberó, porque aquello fue ilegal, y se escondió en una cueva no muy lejos de Úrcal y de la casa perdida en que vivía su familia, podía ver a lo lejos a sus seres queridos pero vivía en absoluta privación y soledad. Hasta que "en la mañana del último día de agosto del año 1940" lo descubrió una pareja de la guardia civil. A partir de ahí, vivió siempre con el miedo y con la sospecha sobre él por parte de las cerriles autoridades del Régimen que no comprendieron nunca que había más de dos Españas, las enfrentadas con saña cainita. (Esa historia, la puedo confirmar en mi propia familia, donde mi abuelo materno secuestrado por la República para ir al frente de Granada huyó en algún momento y volvió a pie a su casa en Alcantarilla, Murcia; allí estuvo oculto, como topo, en un altillo cerrado, durante casi una década, mientras sus hijas, entre ellas mi madre, la mayor, se ocupaban de la casa y de la abuela enferma y justificaban ante las vecinas el ruido que podía salir de aquel escondite). Para los vencedores todos los que no estuvieron con ellos fueron sospechosos, así se comprende el terror dictatorial sentado sobre las conciencias (conciencias vueltas cómplices en algunos casos) durante décadas de "silencio", incluso en años en que ya se había iniciado o se empezaba a notar en algunas regiones más pobres el "desarrollismo", simbolizado por la llegada del agua a algunas zonas de los secarrales almerienses. Lo explica muy bien el narrador de La edad de la inocencia, en el citado relato "El pozo Nº 7": 

"El abuelo dudaba. No había hecho nada. Pero la historia de delaciones y venganzas estaba llena de inocentes. Sabía que la policía de Franco aún perseguía a fugitivos de toda índole. Conocía a gente que no salía de su casa. Más de un vecino pasó noches enteras en los calabozos de la cárcel. A todos les interrogaban en busca de saldar cuentas con el pasado. En busca de culpables, lo fueran o no. Una forma ingeniosa de sentir el poderoso influjo del poder. En los pueblos, en las ciudades, en cualquier lugar, el anuncio de la detención de un prófugo, de un delator, de un filocomunista o de un ateo era un triunfo del Régimen y, consecuentemente, merecedor de una medalla el héroe que había logrado tal hazaña de llevar a la cárcel a un ememigo del todopoderoso dictador."  p. 197. op. cit). 

    Para ser honestos, hemos de decir que lo mismo, la sed de venganza y el colaboracionismo, ocurrió, en proporciones distintas sin duda, en los mismos años anteriores, en los años de la República y sobre todo en los años de la guerra civil, y en las dos zonas: quien no estaba con quien mandaba (y mandaban muchos en cada zona, sindicatos, partidos, milicianos, ejército sublevado, la Falange) era un traidor o en todo caso un sospechoso. Mi abuelo, por cierto, nos explicó a sus nietos mocitos por qué dejó él las armas y abandonó el frente de los dos Caínes:

 - Porque no sentía odio por nadie, recuerdo que dijo.

    Ahora que nos han cascado una trola con la memoria histórica, deshonesta, falta de imparcialidad, importa reflexionar de nuevo sobre esos tiempos para comprender lo que viene.

 

Volviendo al drama, a la tensión que es la profunda rueda de las narraciones de La edad de la inocencia, hay que hablar de otro polo temático: el futuro. Ya que el presente, en realidad, es un tiempo detenido, espacio de la evocación lírica, pero también importante en su papel de uncir pasado y futuro: los registros bien recogidos en las narraciones del mundo rural, del esfuerzo por sobrevivir, de las circunstancias de la emigración, los pocos incidentes, como el de las bombas americanas termonucleares caídas, tras un accidente de dos aeronaves, sobre la comarca de Almanzora y Palomares, una de ellas encontradas en el mar levantino por un pescador de Águilas.

    El futuro está representado por los hijos, por los niños de las historias, para quienes los padres laboran con tesón fruto de un fatalismo no resignado, valga la contradicción gramatical, no vital; también por el discurso interior que los propios personajes adultos, la madre, el padre, tienen para justificar su soledad, su sacrificio, uno en un país extranjero, otra sin compañía del hombre en la casa. Adquirir una poca tierra propia, una casa en propiedad, criar y dar educación a los retoños, y sobre todo, quitarse la tristeza y la mala sombra de un pasado que volvía con su maldición. Nada menos que esas humildes victorias eran los objetivos de unas vidas honestas que sobrellevaban todo por la esperanza de un bien futuro.

    Dejo sin comentar otros muchos aspectos de la obra. Destacaría brevemente la capacidad de hacer creíbles y de dar vida a los caracteres. Central es el papel de la madre, auténtico foco de todas las historias. Los vecinos, como un coro de buenas gentes solícitas, componen también un papel importante. Los personajes masculinos, aparte de los niños protagonistas (el principal, el niño Antonio, hilo narrador y trasunto del autor), el abuelo, del que se nos dibuja una vida amarga que no ha doblegado su carácter ni su poder de supervivencia (es quien sabe de las cosas del campo, pues las generaciones de los hijos adultos "trabajaban" en los años 50 y 60 en otras actividades "con más futuro", urbanas, fabriles o mercantiles, aunque luego esa generación, que es también la de mi padre, fue la última en levantar el campo y trabajarlo) ni ha extirpado la ternura hacia los niños, a los que pasea en su mula, como lo hiciera el mismísimo poeta de Moguer en Platero. Delicioso pasaje.

    La obra trata, en fin, de un tiempo inocente, conservado en la narración, un tiempo entre el pasado y el futuro. De Cuando era feliz e indocumentado, como reza el título de aquellas crónicas de García Márquez, puede decir Antonio.

    Invito a leer esta obra que no les va a dejar indiferentes, sobre todo a aquellos que han vivido y recuerdan esos años del cronotopo, pero también a aquellos que pueden calar en lo más entrañable y actual de la novela, el drama del pasado y el futuro, un drama siempre actual y pertinente a cualquier generación. 

 


 

Quiero subrayar, finalmente, las precisas palabras de presentación del libro, por parte del alcalde de Huércal-Overa, Domingo Fernández Zurano, y el prólogo, excelente, sabio, como todo lo que sale de sus manos, del escritor, columnista y profesor Pedro Felipe Granados.

    El libro, publicado en la colección Cabezo La Jara, se acompaña de unas ilustraciones en su interior que nos ponen visualmente en antecedente de los respectivos relatos. Son obras de los artistas gráficos Andrés García Ibáñez, Emilio Sánchez Guillermo, Pedro Soler y Lucrecia Parra, autora también de la ilustración de portada alusiva a la planta símbolo del Parque natural de Cabo de Gata y en general de la tierra de Almería, tan entrañable, tan vital y resistente como la pita.

 

Fulgencio Martínez

viernes, 1 de marzo de 2024

LA FASCINACIÓN DE LO IRREAL. Por Francisco Javier Díez de Revenga (Que trata del libro de relatos de Jesús Cánovas: "Toda mi vida matando tontos y ahora voy y me convierto en un conspiranoico y otros relatos del encierro" ). Bibliotheca Grammatica /Relato. Avance de Ágora n. 25 (Nueva Col.)

 


 

LA FASCINACIÓN DE LO IRREAL

 

 

Por Francisco Javier Díez de Revenga

 

 

 

Jesús Cánovas Martínez (Hellín, 1956), catedrático de Filosofía y singular narrador y poeta, ha demostrado en sus anteriores entregas de narrativa breve su particular visión de la realidad que ha amenizado con una serie de argumentos surgidos de una imaginación fértil, un buen sentido del humor y una visión sarcástica de la existencia, en la que ha censurado la petulancia, la estupidez y sobre todo la falsedad en los comportamientos, que han ido encumbrando a los tontos por encima de la gente respetable y sensata. Por eso se ha llegado a convertir nuestro narrador en una especie de personal conspiranoico, como el protagonista del cuento inicial de su colección de relatos recién publicada en Almería en Círculo Rojo.

Porque en su último libro, Toda mi vida matando tontos y ahora voy y me convierto en un conspiranoico y otros relatos del encierro, reúne catorce narraciones breves absolutamente sorprendentes, aunque perfectamente encuadrables en su habitual universo de narrador. En este caso, los catorce relatos están llevados al extremo más alucinante, ya que se producen bajo el impacto que la reciente y desoladora pandemia de la covid-19 produjo en la población universal. Sobre todo, cuando, de forma inesperada, el narrador envuelve a su lector en catorce posibilidades de descubrir ultramundos psicológicos próximos a la sinrazón y a la locura, producidos por la situación claustrofóbica y apocalíptica vivida.

Pero no estamos ante una colección de relatos de terror ni tan siquiera de ciencia ficción, porque es el particular estilo del narrador el que con su constante y sana ironía conduce a su lector, a través de catorce tramas diferentes, a espacios de auténtico recreo, aunque la cosa desde luego no estuviera para muchas bromas. Pero llevar hasta lo inimaginable las reacciones humanas ante el encierro obligado y superar los obstáculos con un buen sentido del humor, consigue que la amenidad de sus relatos, las hipérboles personales sugeridas, las situaciones generalmente disparatadas demuestren, una vez más, la poderosa imaginación del narrador y sobre todo la fluidez de su palabra a la hora de encauzar los materiales narrativos por derroteros que, en más de una ocasión, alcanzan finales inesperados e imprevistos, de manera que el lector queda seducido por la fascinación de lo irreal.

En unas palabras preliminares, Jesús Cánovas explica muy bien el origen y la intención de este conjunto de relatos cuando señala que exploran catorce posibles escenarios que podrían haber sucedido durante la dura etapa del confinamiento debido a la pandemia, y los ofrece como diferentes perspectivas literarias, con la misma finalidad y función que las teselas de un mosaico que se suman unas a otras y ninguna se excluye, pero que entre todas conjuntan una totalidad, aunque personajes, situaciones, argumentos e incluso planteamientos estilísticos sean distintos en cada cuento, porque cada uno tiene su asunto y su propósito. Asuntos tan vitales como la soledad, los miedos ancestrales, las preguntas sin sentido, la locura, la vejez, el desconcierto ante lo desconocido, la sospecha de una muerte próxima, evidencian reacciones humanas imprevisibles en tiempos de desolación. Y en cuanto al tono y la temperatura que llegan a alcanzar los relatos,«Jesús Cánovas lo aclara con nitidez al referirse a la ironía como algo consustancial junto al «estilo claustrofóbico», el «subrepticio elemento fantástico» y «la amenaza latente».

Destacables son en todo caso las capacidades del narrador para la creación de sus personajes, esas criaturas literarias que no alcanzarán el paraíso de los mitos de la literatura eterna, pero que representan muy bien seres angustiados por la realidad y no solo por la circunstancial de la pandemia. Vidas familiares rotas o subvertidas, ambientes vecinales extraídos de una realidad esperpéntica, calles lúgubres habitadas por los más mayores cuya vida se sitúa en la irónica «antesala» que da nombre a una siniestra residencia de ancianos.

Porque la convivencia es muy dura y, si las circunstancias aprietan, las reacciones son imprevisibles y los trastornos mentales inmediatos e incurables. Seres destruidos por su propia existencia que sienten un final inmediato para el que no estaban destinados. Es justamente el encierro, la privación de libertad, la inmovilidad obligada, la necesidad de la huida y, desde luego, el conocimiento de la patética cuenta de resultados, los que definen la intención de todos los relatos en este volumen reunido por Jesús Cánovas Martínez: un ajuste de cuentas contra la injusticia social y sobre todo una sátira implacable contra la petulancia y la vanidosa arrogancia de tantos tontos, de cuyas incapacitadas acciones son víctimas las criaturas que, con tanta ternura, ha creado el autor para que protagonicen sus cuentos y consigan un buen fin a pesar de todo. (1)

 

 

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(1) El texto del profesor Díez de Revenga ha sido publicado el viernes 23 de febrero de 2024, en el periódico La Opinión. Agradecimientos al autor del artículo.

 

 


Francisco Javier Díez de Revenga (Murcia, 1946) es catedrático emérito de Literatura Española en la Universidad de Murcia. Ha publicado (entre otros libros de investigación literaria) Azorín, entre los clásicos y con los modernos, Estudios sobre Miguel Hernández, y el volumen Miguel Hernández: En las lunas del perito. Ha realizado ediciones de autores clásicos. De entre su producción cabe destacar también Los poetas del 27. Tradiciones y vanguardias, que continúa la obra de referencia sobre esa Generación poética:  Panorama crítico de la generación del 27 (1987). Es Académico de Número de la Real Academia Alfonso X el Sabio y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Su vocación y curiosidad ininterrumpidas por la poesía más reciente se plasma en su columna Literatura que publica semanalmente el diario La Opinión de Murcia y en libros como Poetas españoles del siglo XXI (2015).

 

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Para adquirir el libro Toda mi vida matando tontos y ahora voy y me convierto en un conspiranoico y otros relatos del encierro:

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domingo, 17 de diciembre de 2023

LA REALIDAD DE LA FICCIÓN. Por Francisco Javier Díez de Revenga (Sobre "Miradas perdidas", relatos de Paz Hinojosa Mellado, ed. La fea burguesía) / Bibliotheca Grammatica / ÁGORA-PAPELES DE ARTE GRAMÁTICO N. 24. Nueva Col. Invierno 2023. Parte II

 

 


     LA REALIDAD DE LA FICCIÓN

            Por Francisco Javier Díez de Revenga

 

 

Paz Hinojosa Mellado

Miradas perdidas

La fea Burguesía,

Murcia, 2023

 

 

Paz Hinojosa Mellado acaba de publicar en La Fea Burguesía una colección de relatos que ha titulado Miradas perdidas. Doctora en Hispánicas y profesora de Lengua y Literatura del Instituto Miguel de Cervantes, ha reunido en esta colección una serie de relatos de diversa contextura, pero cohesionados por esa mirada reflejada en el título del libro, no una mirada cualquiera sino varias y confluyentes miradas en un proceso de análisis del mundo que resulta verdaderamente revelador. Porque Paz Hinojosa es una excelente escritora de raza, imaginativa y creadora de un estilo impecable, en el que la claridad expresiva se conjuga muy bien con la intensidad de sus argumentos, evidentemente complejos.

Aunque presididos todos ellos por una misma concepción de la realidad que atraviesa las fronteras de la ficción en un viaje de ida y vuelta.

Porque si de la realidad cotidiana podríamos juzgar que surgen sus argumentos, ese realismo enseguida recibe una serie de componentes que, en algún caso, lo integran en un evidente realismo mágico, como sucede con toda claridad en el relato que abre la colección Mamá en su jardín. Superando realidades, surgen pájaros en la cabeza, se multiplican recuerdos infantiles, se inventan ingenios mecánicos que convierten la realidad en ficción y se descubren miradas y más miradas, multiplicadas en los relatos que componen este conjunto, miradas que no son tan perdidas como se avisa en el título del libro, sino más bien miradas encontradas. Porque otro de los signos que unifican a esta colección son precisamente los encuentros, los hallazgos, surgidos tras las pérdidas anunciadas en el título del volumen.

Se dice en sus páginas que lo real puede ser una puerta a lo fantástico, y en la cuarta de cubiertas de la colección se enumeran todas esas miradas que han de atraer al lector, incluso sobrecogerlo con el escalofrío de lo mágico y aun de lo misterioso, para comprender finalmente que lo que Paz Hinojosa ha conseguido ha sido elaborar la ficción de cada relato partiendo de una realidad posible o imposible, pero en definitiva una realidad cualquiera. Porque para entender todo este conjunto no hace falta nada más que confiar en el buen estilo y en la capacidad de convicción que Paz Hinojosa despliega sin alambiques ni artificios raros en esta magnífica colección de cuentos, difícil género al que ciertamente Paz aporta mucho y muy bueno, porque los suyos son cuentos para sobrevivir y superar las procacidades y la vulgaridad tan pedestre de la realidad real. Y más no se puede pedir.

            Acaso lo más atractivo de esta serie de relatos resida precisamente en la variedad de los argumentos, aunque estén presididos por una confesada intención, proclamada en el título de la colección, de reflejar las miradas, que en este mundo de ficción de Paz Hinojosa son, más que miradas, formas de entender el mundo que encarna cada uno de sus personajes, fundamentalmente los protagonistas y las protagonistas de las historias. Es cierto que por los caminos de cada historia van surgiendo los contratiempos que las hacen amenas, atractivas y sugeridoras, lo que se confirma en los finales, algunos inesperados.

Y es que lo importante es mantener, como ha mantenido nuestra escritora, la tensión entre la realidad y la ficción, a que antes se ha aludido, que puede concentrarse en la importancia de un sorprendente pájaro real en la cabeza, con las correspondientes implicaciones del dicho popular, o con el crecimiento de un árbol que es el árbol de la vida, o con la penetrante mirada ante una pantalla cinematográfica, como se sugiere incluso en la propia portada y contraportada del libro (obra de Fernando Fernández Villa) que alude a un final de película, un «the end», que no deja de poseer su propio misterio. Las concomitancias con el realismo mágico animan la colección con las obligadas y consiguientes sorprendentes situaciones y sus propios insólitos desenlaces en algunas ocasiones. Una corriente de misterio agudiza la complejidad de algunos argumentos que conducen al lector a espacios insospechados en los que la intriga acentúa el interés y el hechizo de todo el conjunto.

Aunque la forma de manejar los materiales narrativos varía de unos relatos a otros, no se quiebra en ningún momento la solidez y coherencia de toda la colección, que, de principio a fin, está prendida a la importancia que tiene en todos los cuentos la acción de mirar y contemplar. Es así como se forja un estilo y se construye una forma original de contar con nitidez y con claridad expresiva, con la linealidad de una redacción directa y eficiente, que logra en todo momento descubrir en esas miradas perdidas universos de sobrecogedora sensibilidad.

 

 

 


 Paz Hinojosa: La autora del libro de relatos Miradas perdidas

 Recientemente, ha obtenido el Premio de Poesía Andrés Salom

 

 

 

 


 

Francisco Javier Díez de Revenga (Murcia, 1946) es catedrático emérito de Literatura Española en la Universidad de Murcia. Ha publicado (entre otros libros de investigación literaria) Azorín, entre los clásicos y con los modernos, Estudios sobre Miguel Hernández, y el volumen Miguel Hernández: En las lunas del perito. Ha realizado ediciones de autores clásicos. De entre su producción cabe destacar también Los poetas del 27. Tradiciones y vanguardias, que continúa la obra de referencia sobre esa Generación poética:  Panorama crítico de la generación del 27 (1987). Es Académico de Número de la Real Academia Alfonso X el Sabio y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Su vocación y curiosidad ininterrumpidas por la poesía más reciente se plasma en su columna Literatura que publica semanalmente el diario La Opinión de Murcia y en libros como Poetas españoles del siglo XXI (2015).

 

 

El artículo del profesor Francisco Javier Díez de Revenga "La realidad de la ficción" se publicó en el periódico La Opinión de Murcia el viernes 8 de diciembre de 2023. Agradecemos al profesor su cortesía.