ÁGORA. ULTIMOS NUMEROS DISPONIBLES EN DIGITAL

Mostrando entradas con la etiqueta Paco Fernández Mengual. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paco Fernández Mengual. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de febrero de 2026

RECUPERAR LA SENSIBILIDAD POR LO HUMANO. "A propósito de Ética" de Joaquín Jareño Alarcón. Por Paco Fernández Mengual. Ágora de Arte Gramático N. 37. Nueva Col. Febrero-Marzo 2026 / Bibliotheca Grammatica / Ensayo


 


 

RECUPERAR LA SENSIBILIDAD POR LO HUMANO

A propósito de Ética de Joaquín Jareño Alarcón

 

por Paco Fernández Mengual

 

 

 

Si tuviera que escribir un libro de moral, tendría cien páginas y noventa y nueve estarían en blanco. En la última página escribiría: Solo conozco un deber, y es amar.

                     Albert Camus

 

 

A propósito de Ética

Joaquín Jareño Alarcón

BAC (Biblioteca de autores

cristianos), col. Popular

2026

 

El profesor Joaquín Jareño Alarcón cuenta en su haber con una producción filosófica importante en la que ha reflexionado sobre cuestiones filosóficas de distinta índole. Citaré algunas de sus obras más relevantes. Ha escrito sobre filosofía política en Sobre el ciudadano libre, filosofía de la ciencia en Mundos en paralelo, historia de la filosofía en Historia de la filosofía moderna y filosofía de la religión en Retratos seculares. Pero, a mi juicio, hay tres obras que destacan sobre el resto, y son las dedicadas al pensamiento del Wittgenstein: Religión y relativismo en Wittgenstein, La tumba del filósofo y Ludwig Wittgenstein: The Meaning of Life.

A propósito de Ética no es la primera incursión de Jareño en el terreno de la reflexión moral. Ya publicó en 2012 un libro de ética aplicada: Ética y periodismo. Constato en este nuevo libro del profesor Joaquín Jareño que, a pesar de las diferencias entre nuestros puntos de partida, presupuestos, axiomas o principios, al final, llegamos a coincidir en nuestras conclusiones. Yo, un escéptico y relativista metodológico, él, un defensor ilustrado del humanismo cristiano.

Hay que diferenciar entre ser moral, ser moralizador y ser moralista. El primero hace de la autoexigencia un rasgo de su carácter, el segundo traslada esta exigencia a los demás, y el tercero escribe sobre cuestiones morales, es decir, rebasa el ámbito de la moral para adentrarse en el del conocimiento y formular, de un modo patente o latente, una ética. Acierto de pleno si afirmo que Jareño es un moralista y un ser moral, pues la figura del moralizador le es, sin duda alguna, completamente ajena, tal y como se muestra a lo largo del libro.

El libro de Jareño -consciente, el autor, de que la acción moral es universal en su contenido y singular en su ejecución-, es un ejercicio de filosofía mundana al modo que plantea Javier Gomá en su libro Filosofía mundana: a) habla sobre lo actual e inmediato, no sobre libros que hablan de ello; de hecho, el detonante fue la pregunta de una alumna en la que mostraba su perplejidad por la falta de respuestas concluyentes propias de la asignatura: “Profesor, en Ética hay muchas preguntas, pero, ¿es que no es posible encontrar respuestas?” (p. 13); b) para todo el mundo: el texto es una larga respuesta a la pregunta formulada por la citada alumna; c) con la dosis necesaria de retórica persuasiva: escrito con buen gusto y con la amenidad que caracteriza la producción filosófica del autor.

El texto es, al mismo tiempo, una manual de ética y una introducción a la filosofía. Y no pasa desapercibido su marcado carácter divulgativo que el autor conjuga a la perfección con la reflexión profunda que exigen ciertas cuestiones tratadas en el libro. 

El título -que hace referencia a una película en la que el protagonista no es la ética, sino Henry- me llama la atención por la elipsis de un artículo siempre presente en este tipo de publicaciones: A propósito de ética, no de “la” ética. No es una cuestión baladí. Quizás la ausencia del artículo remite a un intento de alejarse de los análisis de las teorías o doctrinas éticas propuestas a lo largo de la historia y situarse en un enclave sociocultural mundano en el que los términos ética y moral se utilizan como sinónimos. Es decir, no se trata de un libro teórico sobre cuestiones éticas, sino un análisis orientado a la praxis cuya pregunta sobre lo bueno y lo malo solamente tiene sentido cuando las respuestas tienen el objetivo de responder a la cuestión de “cómo hacer el bien” (p. 20). Así pues, el libro gira en torno a las dos grandes cuestiones presentes en todas las reflexiones históricas sobre la ética: ¿qué es el bien? ¿Cómo hacerlo? La conclusión la aporta el propio autor y adquiere la forma de un imperativo categórico: “Obra siguiendo una fórmula tal, que seas digno de que tu epitafio rece: ‘Pasó haciendo el bien’” (p. 277).                                                       

 

EL TRIÁNGULO DE LA ÉTICA

Jareño reflexiona sobre los tres grandes tópicos que configuran el triángulo equilátero de la ética: la noción de bien, de libertad y de felicidad. Su estrategia parte del reconocimiento del carácter inadmisible de la paradoja naturalista -el paso ilegítimo del ser (observación) al deber ser (prescripción)- formulada por David Hume del siguiente modo:

En todos los sistemas de moralidad con los que me he encontrado hasta ahora, siempre he observado que el autor procede durante algún tiempo de la manera ordinaria de razonar, y establece la existencia de un Dios, o hace observaciones sobre los asuntos humanos; cuando de repente me sorprendo al encontrar que, en lugar de las cópulas usuales de las proposiciones, es y no es, no encuentro ninguna proposición que no esté conectada con un deber o un no deber.


A partir de aquí, la tarea consiste en recurrir a la antropología para identificar aquellos rasgos propios del ser humano en los que se fundamenta la ética. Tras pasar revista a los clásicos de la filosofía que se han planteado la cuestión de lo malo y lo bueno en el ser humano, concluye con la idea del “egoísmo razonable” que él mismo sintetiza en la fórmula: “Somos egoístas y aprendemos a ser altruistas” (p. 46). Y he aquí donde Jareño destaca el papel de la educación en la formación moral de los individuos. Una educación que dote de las herramientas necesarias y suficientes para hacer el bien. Es decir, una formación en la que el papel de las tan denostadas “humanidades” adquiera la relevancia que los tiempos actuales exigen. Estas se presentan como un antídoto contra las ideologías contemporáneas, en tanto dispositivos cuyo objetivo es la institucionalización de la ignorancia colectiva.

Ahora bien, ¿cuál ese bien que hay que hacer? Aquí, el autor, apunta la necesidad de acudir a la metafísica como disciplina óptima para afrontar la cuestión. Su conclusión presenta una actitud vitalista que renuncia a la substantivación del bien y se inclina por considerarlo un calificativo de las acciones humanas: hay acciones buenas y malas, objetivamente hablando. Coincido, en general, con el tipo de acciones que el autor considera buenas o malas, pero difiero de su carácter: allí donde Jareño ve objetividad y esencialidad, yo veo concreciones históricas consensuadas. 

Aunque enfocado a la praxis moral, el libro de Jareño no es un libro de autoayuda al uso, ni engaña, ni se engaña. Es de agradecer el espacio que dedica a ejemplos concretos donde muestra la aplicación de sus orientaciones teóricas a ciertos problemas propios de la sociedad contemporánea. Por ejemplo, el aborto, la guerra, el suicidio, la eugenesia, etc. Firme defensor del libre albedrio, de la libertad en sus dos sentidos básicos: “libertad de” y “libertad para”, combate implacablemente los diferentes rostros que adquiere el determinismo. Y se afianza en la, a mi juicio, evidencia de que sin libertad no hay responsabilidad, y que los condicionamientos sociales, antropológicos y culturales son, precisamente, la conditio sine qua non de la libertad, no los argumentos que justificarían un presunto determinismo de la conducta humana.

En cuanto a la felicidad, la tesis de Jareño huye de la esencialidad de las diferentes éticas, tanto materiales como formales, que han propuesto la tesis de que la felicidad está vinculado con “algo” que se debe perseguir, sea el placer (hedonismo) o la sabiduría (eudemonismo aristotélico), por citar solo dos ejemplos. Así, dice Jareño: “Trataré de defender que la felicidad es una actitud y que no es imposible poseerla” (p. 178). Una “actitud providencialista” (p. 186) resumida en la frase: “una vida feliz es una vida que posee sentido” (p. 186), una vida de plenitud en la que el ideal no deshumaniza, como ocurre en las utopías conocidas, sino que, mediatizado por la virtud cardinal de la prudencia, humaniza “la percepción moral que tenemos sobre los demás” (p. 219). Más allá o más acá de los transhumanismos y los posthumanismos contemporáneos, A propósito de ética es un libro que tiene como objetivo, en palabras del autor, “Recuperar la sensibilidad por lo humano” (p. 241). En ello está Joaquín Jareño, en ello estamos.

 

 


                                                                                                    Paco Fernández Mengual


Paco Fernández Mengual es profesor de filosofía y ensayista. Dirige la revista Individualia (Revista Sin Ideas), fundada en 2013. Anteriormente fue redactor de la prestigiosa revista de ensayo Malleus. Es colaborador habitual también en la revista Ágora-Papeles de Arte Gramático. Es autor del libro Albert Camus. Acordes y desacuerdos (disponible en Amazon). Y ha publicado los libros de ensayo filosófico: ¿Para qué sirve la filosofía? (Editorial Tres Fronteras, Murcia) y Café y humo en el laberinto. Imposturas y desvaríos aforemáticos (Diego Marín Editor, Murcia).


domingo, 24 de agosto de 2025

La filosofía aragonesa (o murciana) en relación con la universal. (Comentario del libro "Historia narrada de la filosofía aragonesa, y su relación con la universal", de Carlos Lorenzo Lizalde). Por Fulgencio Martínez / Ágora digital

 


LA FILOSOFÍA ARAGONESA (O MURCIANA) 

         EN RELACIÓN CON LA UNIVERSAL *

                                                                                        

por Fulgencio Martínez López   

 

 

LA FILOSOFÍA COMO CRÍTICA DE LIBROS

He leído hace pocas fechas un libro extraordinario. (Ya saben ustedes que sostengo que la filosofía, desde Platón y Aristóteles, es sobre todo crítica de libros. Y el maestro de ambos, Sócrates, el más radical crítico de la lectura, y quien mejor ejerció su bisturí de análisis conceptual sobre la retórica oratoria escrita de los grandes Sofistas).

El libro que hoy comento es “Historia narrada de la Filosofía aragonesa y su relación con la Universal”. Ese título largo, que recuerda al de alguna obra del Kant pre-crítico, tiene un autor: Carlos Lorenzo Lizalde, que fue profesor de filosofía en un Instituto aragonés, y profesor asociado del Departamento de Historia de la Ciencia en la Universidad de Zaragoza. Universidad en la que se formó Lizalde, y que con cariño recuerda también quien escribe este artículo al haber tenido el honor de estudiar en ella con Joaquín Lomba Fuentes.

Historia narrada de la filosofía aragonesa…”, lo publicó Mira editores, en 2002, con la colaboración del Departamento de Educación y Ciencia del Gobierno de Aragón. Este dato es relevante.

Dejando al margen el tono y la vocación narrativa e informativa del libro, dirigido a un público de Bachillerato, y yendo al meollo, el trabajo de Lizalde (quien publicó anteriormente un libro fundamental sobre la historia del pensamiento y la ciencia española, El pensamiento de Cajal, 1991) es original y enriquecedor (y añado: estimulante también para nosotros los historiadores y críticos de la filosofía en otros lares).

 

RENACIMIENTO Y SIGLOS MODERNOS

Parte el autor de una selección de autores relacionados con Aragón (pensadores, escritores, en un sentido más amplio que el de “filósofos” académicos o profesionales). Volviendo a citar al maestro de Königsberg, se trata de presentar la filosofía mundana pensada en el Valle del Ebro, en una lengua española con cultura e idiosincrasia aragonesa (pensemos, en primera instancia, en Servet, en Miguel de Molinos o en Gracián, tan admirado por Nietzsche y Schopenhauer).

Pero la lista no se encierra en la lengua romance que se hablaba en aquella parte de Hispania, sino que se remonta, como debe ser, al latín (con la inclusión de Marcial, el gran poeta epigramático, y seguidor de esa corriente ecléctica entre estoica y epicúrea, que también tiene su expresión en las grandes odas de Horacio, que busca la paz del alma en el retiro de la sociedad y la armonía con la naturaleza).

Porque (lo indicamos ya) uno de los grandes méritos del libro de Lizalde es relacionar a los autores con su contexto concreto y con las corrientes de filosofía que les influyen o en las que se insertan de algún modo, aunque sea como eco de un espíritu de época.

 


             

Para no ser prolijo, citaré solo algunos pocos autores más, de distintas épocas. En la Edad Media musulmana, destacan filósofos y sabios como Avempace (bien estudiado en un ensayo de Lomba Fuentes, quien fue hasta fu fallecimiento la referencia de los estudios sobre filosofía islámica en Zaragoza), y Arnaldo Vilanova o el papa Pedro de Luna, entre otros. Pero son los primeros siglos modernos los que aportan a esta historia los nombres quizá más conocidos: Miguel Servet y Miguel de Molinos, médico-teólogo el primero y místico el segundo, y los primeros españoles que tuvieron el honor de ser perseguidos y censurados por la inquisición de una Europa protestante y por la católica de Roma. Miguel Servet, quien se anticipó al racionalismo de Descartes, Spinoza y Leibniz, fue quemado en la Ginebra de Calvino. Me gusta recordar el lema que puso en el frontispicio de sus obras, y que, quiero imaginarlo así, repitió mientras sufría el suplicio en la hoguera: “Libertatem meam mecum porto”. Si pretendían quitarle esa libertad los censores, no lo consiguieron, la llevó consigo y sólo eliminaron uno de sus soportes físicos.  ¡Qué lección y qué carácter el de estos héroes de la ciencia!

Miguel de Molinos es un pensador extrañísimo aún hoy. Lo relaciono con el pensador y poeta Antonio Machado, con el maestro Echkart y con el Heidegger más profundo de sus últimos escritos. El turolense (de Muniesa), autor de la Guía espiritual fue condenado en Roma por un pensamiento aniquilador, nihilizante, diríamos hoy, disolvente del dogmatismo teológico y teocrático católico.

El autor del siglo barroco, el gran heterodoxo aragonés Gracián (jesuita, censurado por su propia Orden, firmó con seudónimos como Lorenzo, Critilo, etc, en esto anticipo de otro pensador único: Kierkegaard). Gracián un extraordinario escritor, como pensador se anticipa a su manera al pensamiento criticista de Kant. El aragonés viene más bien de Francis Bacon y de su lucha contra los “ídolos”. Su teatro crítico universal y su denuncia de la estupidez y la moral política y católica de su tiempo es un documento aún vivo y estimulante para cualquier aprendiz de filósofo. Si algo es o debiera ser siempre la filosofía, es una voz alerta y crítica contra los prejuicios y la propaganda interesada de las ideologías, veneno inoculado bajo apariencia socialmente benefactora y que controla cualquier atisbo de discrepancia bajo la amenaza de poner en peligro “ídolos” (como el progreso, la ecología, la sostenibilidad, el socialismo, etc, algunos de ellos sustitutos descarados de ídolos religiosos).

 

FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA

Cinco nombres más destacan en el siglo XIX y XX: Goya, Cajal, Buñuel, Sender y Laín Entralgo. Como ves, cada uno de ellos fue un grande en su campo (en una relación de la filosofía con el pensamiento interdisciplinar en campos como el arte, el cine, la literatura, el ensayo y la medicina).

No pudo extenderme más y quisiera solo recomendar la visión amplia de la filosofía que propone el profesor Lizalde. Aquellos nombres se conectan con sus respectivas corrientes filosóficas (Goya, con la Ilustración: ·el sueño de la razón produce monstruos”; Cajal, con el positivismo de Comte y el evolucionismo positiva de Spencer; Buñuel, con Nietzsche y Freud; Sender, el gran novelista, con el existencialismo; y Laín Entralgo, filósofo-médico, quizá el mejor ensayista del siglo XX tras Ortega y Unamuno, y el autor del primer estudio sobre la Generación del 98, que dedicó sus últimos libros al problema de la entidad de la mente y del cerebro, en línea con los estudios sobre el emergentismo, la crítica al dualismo y al monismo metafísicos (dos substancias, cuerpo y alma, o una sola); un autor cuyo trasfondo de preocupaciones podría encuadrarse en la línea del personalismo y en la investigación antropológica siempre con un hilo de conexión con la ciencia.

Recuerdo que, en mis años de impartir clase en Mahón, hube de dar, en COU, dentro de la lista de autores “clásicos” de Filosofía, a Ramón Llull. Lo hice con mucho gusto, y me sirvió para aprender.  Además, a Llull lo asocié con la Divina Comedia, de Dante. Algo, creo, que supe explicarles a mis alumnos menorquines (casi todos hijos de emigrantes murcianos o andaluces) sobre Dante, a propósito de Llull. Saldría ganando la Filosofía, la poesía y hasta la Teología. Quiero creer. (Y la fe es eso, como dijo Unamuno).

 

TRASVASE DEL EBRO A MURCIA

¿Por qué la Consejería de Educación de Murcia no promueve un libro como este? Autores relacionados con el solar murciano no faltarían: San Isidoro, Ibn Arabí, Saavedra Fajardo, incluso el Licenciado Cascales, y más cerca de nuestro tiempo, Ramón Gaya, Miguel Espinosa, Joaquín Lomba, Francisco Jarauta, Dionisia García y José Luis Martínez Valero. Me dejo, seguramente, otros que ustedes podrían añadir en la lista de nombres, pensadores, artistas, ensayistas, literatos, que desde la Región de Murcia se podrían poner en relación con la filosofía universal.

 

 

 

Fulgencio Martínez ha publicado, entre otros libros de poemas, Carta partida, La segunda persona, La escritura plural (33 poetas entre la dispersión y la continuidad de una cultura), una antología de poesía española actual en cinco idiomas (español, catalán, euskera, gallego y sefardí), publicada por Ars poetica, Oviedo, España. Ha estudiado también la poesía y la filosofía de Antonio Machado. 

 

 __________

*El texto fue publicado en la revista Individualia, n. 13, marzo 2025, dirigida por el filósofo Paco Fernández Mengual