ÁGORA. ULTIMOS NUMEROS DISPONIBLES EN DIGITAL

Mostrando entradas con la etiqueta José Belmonte Serrano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Belmonte Serrano. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de junio de 2024

MIGUEL HERNÁNDEZ, “PRIMER POETA DE ESPAÑA”. Artículo del profesor José Belmonte. Avance de Ágora n. 28. Nueva Col. Verano 2024, Tercera Parte / Artículos literarios


 

 

 

MIGUEL HERNÁNDEZ, “PRIMER POETA DE ESPAÑA”

 

 

por JOSÉ BELMONTE SERRANO

 

 

Recurrir al siempre agradecido anecdotario también es una manera, tan legítima como cualquier otra, de ganar adeptos para la Literatura. No todo va a consistir en atenerse al rigor del texto literario, de manera intrínseca, sin otras consideraciones de corte más íntimo y humano. El Ulises, de James Joyce, podrá ser, al margen de una indiscutible obra maestra, uno de los libros más aburridos del mundo, pero cuando se cuenta, pormenorizadamente, cómo se gestó, lo que sufrió su autor para escribirlo y, luego, para poder publicarlo y encajar las despiadadas críticas que le llovieron desde todas partes, las cosas cambian radicalmente y, de inmediato, sentimos una cierta simpatía por esa obra de tanta complejidad.

Sobre Federico García Lorca, que, al menos, por los años ochenta, cuando yo era un asiduo de aquellos lugares, en los ambientes universitarios estadounidenses, es mucho más conocido que Cervantes, y Miguel Hernández, el oriolano que, como el granadino, tuvo un final infausto, atroz, se ha dicho y escrito ya todo. O casi todo. Porque, hasta hoy mismo, nadie había logrado precisar el lugar exacto en el que ambos genios se encontraron por primera vez en sus cortas vidas. Para ello, la labor del profesor Francisco Javier Díez de Revenga, que es mi maestro y es mi amigo, del que he aprendido gran parte de lo poco que sé, ha sido fundamental. No en vano, Díez de Revenga es uno de los hispanistas más reputados en todo el mundo, conocedor, como muy pocos, de lo que ha significado la generación del 27 y el resto de los poetas que pulularon en torno a ella, como el propio Miguel Hernández.

Con una amplia documentación sobre la mesa, que arranca de autores contemporáneos del propio autor de El rayo que no cesa, como Juan Guerrero Zamora, Díez de Revenga, con el que he colaborado durante todo este proceso de búsqueda e identificación, ha llegado a la conclusión, irrebatible, de que García Lorca y Miguel Hernández se encontraron, por vez primera, en la ciudad de Murcia, en la calle de la Merced, lugar aledaño a la Universidad  y a la popular Plaza de Santo Domingo, en el segundo piso de un inmueble, ya desaparecido, situado en el actual número ocho.


                                                                                                                                            Miguel Hernández


 
                             Portada de Perito en Lunas, 1933
 
 
 
 
 
 

El encuentro fue propiciado por el escritor y periodista del diario La Verdad Raimundo de los Reyes, quien llamó a Orihuela a Miguel Hernández para que corrigiera en su propia casa Perito en lunas era la mejor manera de que no se extraviaran las galeradas, su primer libro de poesía, repleto de imágenes barrocas y gongorinas. García Lorca, por su parte, andaba por entonces en la ciudad de Murcia porque recorría España con su Teatro de La Barraca. Alguna foto ha quedado de aquella breve estancia, en la que aparece ataviado con el típico mono de la compañía teatral, paseando alegremente, con una amplia sonrisa dibujada en su boca, por Trapería, la conocida y muy transitada arteria cercana a la catedral.

El encuentro tuvo lugar el lunes, 2 de enero de 1933. Y no fue, precisamente, eso que llaman un “momento mágico” en el que saltan chispas y volutas de amor en el aire; si bien el granadino no escatimó elogios al nuevo libro, aún por publicar, del oriolano. En cualquier caso, nos quedó para siempre el testimonio de un testigo como Raimundo de los Reyes que pudo ver y escuchar cómo Miguel Hernández, al verse de frente con García Lorca, abrió exageradamente los brazos y gritó: “¡Con que soy el primer poeta de España!”.  A Federico, siempre tan delicado, no debió de sentarle demasiado bien el exabrupto, la candorosa e ingenua broma de Hernández, con ese carácter huertano y esa “aspereza cereal de la avena segada”así definió en un poema su manera de ser Pablo Neruda, que era, por entonces, un simple cabrero impetuoso que viajaba en coche de línea y vestía pantalones de pana y alpargatas. García Lorca, mucho más templado era doce años mayor y ya un autor muy conocido en el panorama literario español, sonriente, aunque algo nervioso, reaccionó de inmediato y le espetó: “No tanto, no tanto…”.

Fue el principio de una corta enemistad Lorca fue asesinado sólo tres años después, porque, aunque Federico prometió hablar bien a todo el mundo en Madrid del libro que estaba a punto de publicar Hernández en Murcia, Perito en lunas, lo cierto es que ni siquiera se dignó a responder a todas sus cartas, que, con el paso de los meses, fueron agriándose y poblándose de agravios contra el autor de Romancero gitano: “He pensado, ante su silencio, que usted me tomó el pelo a lo andaluz en Murcia ¿recuerdaaaaa?. Y, ciertamente desesperado, apostilla, más adelante, en esa misma e impaciente misiva: “He maldecido las putas horas y malas en que di a leer un verso a nadie”.

 

 

                                                          

El artículo se publicó en el diario La Verdad, de Murcia, el viernes 24 de mayo de 2024.

Agradecimiento al profesor José Belmonte Serrano por su publicación en Ágora.

 

 

                                                                       José Belmonte. Fuente: Canal Literatura

 

José Belmonte (Murcia, 1957). Profesor de Literatura Española de la Universidad de Murcia. Ha sido profesor invitado en universidades de Europa, América Latina y Norteamérica. Fue director y fundador de la Cátedra Arturo Pérez-Reverte de la Universidad de Murcia.

Ha publicado cinco libros de poesía (el último, de 2023, titulado Paulina, en La Fea Burguesía) y numerosos libros y artículos sobre narrativa española e hispanoamericana actual.

En la actualidad es crítico literario del diario La Verdad y de la Revista digital Zenda.

Colabora semanalmente con Radio Murcia de la Cadena SER.

 
 

viernes, 20 de mayo de 2016

10 años de la publicación de "Cosas que quedaron en la sombra"


En 2016 se cumple una década de la publicación de Cosas que quedaron en la sombra (Ed. Nausícaa), de F. Martínez. Para recordarlo, publicamos en este blog el artículo del profesor José Belmonte, aparecido en el semanario Ababol, del periódico La Verdad.

http://servicios.laverdad.es/ababol/pg070421/suscr/nec1.htm





Cosas que hacer cuando uno está vivo

Foto

Es probable que muchos de los que ahora lean estas líneas no sepan de la existencia de Fulgencio Martínez. Que no conozcan, al menos, su faceta de escritor, de poeta. En los últimos años, su nombre ha estado ligado a la revista Ágora y al Taller de Arte Gramático que él mismo fundó hace algunos años y que en la actualidad dirige. Fulgencio Martínez, sin embargo, publicó su primer libro hace más de veinte años. No fue un oficio que haya olvidado, puesto que ha seguido publicando con asiduidad hasta la aparición de Cosas que quedaron en la sombra, que es motivo de esta reseña. Su condición de hombre alejado de los cenáculos de la cultura, su obstinación por no presentarse a premios ni a juegos florales de las villas de España, le ha llevado, probablemente, a este momentáneo olvido y a que su nombre no figure en ciertas antologías que, de modo un tanto arbitrario, circulan por la geografía española. La poesía de Fulgencio Martínez está, sin embargo, a salvo de tales celebraciones y fastuosidades. Parece, además, como si el escritor se frenara a sí mismo para no caer ni en el preciosismo de ciertos contemporáneos, ni tampoco en la prosaica ordinariez de otros autores que confunden la poesía con la lista de la compra. Pero tampoco rehuye del hecho de tener que enfrentarse a una poesía que tiene cierto sabor tardosocial -por llamarla de alguna manera- en donde se pone sobre el tablero la experiencia personal, soñada o vivida, con la aportación de ingeniosos juegos de palabras y con un evidente dominio de la lengua con la que, en no pocas ocasiones, consigue que el lector se divierta. Pero, en la mayoría de los casos, asistimos a un auténtico concierto de sonoridad como se refleja, por ejemplo, en ciertos sonetos, como el dedicado a Andrés Salom, autor de tantos y tantos libros descastados. Pero, cuando es preciso, Fulgencio Martínez sabe serenar el verbo y domesticar la palabra hasta encauzarla por la senda más amena y sutil. Sucede, en este caso, con poemas elegíacos como el que dedica a la desaparecida María Pilar López. En definitiva, una excelente obra que descubre a un no menos excelente escritor al que no le importa vivir a la sombra de sí mismo.

José Belmonte Serrano ‘Cosas que quedaron en la sombra’. Fulgencio Martínez. Nausícaä. 238 páginas. /14 e







Sinopsis de Cosas que quedaron en la sombra
Cosas que quedaron en la sombra, de Fulgencio Martínez, pone de manifiesto la virtud y la capacidad de su autor para dotar de múltiples voces, como en una obra musical polifónica, aquello que en su conjunto armoniza en un todo perfectamente homogéneo. Este poemario, conformado durante más de quince años (1989-2006), despliega un riquísimo mundo poético que agota con maestría todas las posibilidades del poema. El verso, colmado de lúcida experiencia, desde la primera página hasta la última, emerge destilando una voz poética existencial y auténtica, llena de pureza, cargada de futuro. Pero, no digamos más, que sea el lector quien lo descubra.