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jueves, 4 de mayo de 2023

Camino hacia la madurez. Artículo del profesor Francisco Javier Díez de Revenga (Sobre "Victoria menor" de Luis Escavy, Premio de poesía Adonáis 2022) / Dossier Premios Adonáis 2022/ Ágora N. 18



 

CAMINO HACIA LA MADUREZ

 

por Francisco Javier Díez de Revenga

 

 

 

 

Luis Escavy (Murcia, 1994) obtuvo el premio Adonáis por su libro Victoria menor, que ahora publica Rialp en Madrid. Merecido galardón sin duda, porque el jurado ha sabido valorar la indudable calidad poética de una voz joven, que ha irrumpido súbitamente en su primera madurez intelectual y desde luego psicológica. El libro contiene dos largas estancias o secciones que, mostrando una realidad argumental distinta, tal como se revela en la solapa del volumen, responden a un mismo proceso de indagación de la propia identidad del poeta. Se ha descubierto, acaso innecesariamente, que la primera parte del libro surge de la ruptura con su pareja, una vez que el amor se ha extinguido; mientras que la segunda sección reúne y celebra las experiencias de un comienzo cuando un nuevo amor ha surgido y con él la pasión, el deseo y la felicidad. Pero las heridas de la primera historia no parecen haber cicatrizado y las cautelas, en la segunda, mediatizan la nueva pasión.

          Es imposible dejar de lado esta realidad vital doble y tan expresivamente representada en todos y cada uno de los poemas. Y no lo hacemos. Pero es preciso valorar la inmensa calidad del idioma poético de Luis Escavy y su originalidad. Graduado en filología clásica y profesor y lector de griegos y latinos, no prodiga alardes eruditos ni citas extemporáneas, pero a cada paso se advierte que Escavy forja su mundo poético sobre unos cimientos de clasicidad que convencen porque forman parte del imaginario del autor. De ahí que sean, más que oportunos, necesarios.

          Muy originales surgen los numerosos momentos en que Escavy se descubre a sí mismo en los poemas, tanto en las elegías como en los himnos, tanto a la hora de las sombras como en los días de los gozos. Ese hombre que deja de ser niño y que contempla en el espejo las huellas de la batalla, ese reflexivo pensador sobre los secretos del amor, que una y otra vez quiere comprender, entenderlo y saber explicarlo. Aunque sea imposible y no lo logre. Aunque se sirva de una expresión muchas veces cotidiana, y converse con su lector para convencerlo de que algo decisivo ha ocurrido y está ocurriendo en uno y en el otro lado de la vida y de la experiencia. Porque su lenguaje está construido con una imaginística sabia y bien administrada y con una contenida pasión por los símbolos hasta convertirlos en hitos de su propia historia personal.

          Hay que detenerse en la trascendencia espiritual del poeta creyente sin ahondar mucho en profundidades creenciales y de fe que no son sino maneras de entender la vida, el destino, la convivencia, la soledad y la introspección. Porque este poeta continúa, poema a poema, investigándose e indagando qué es lo que está ocurriendo con su vida en este camino imparable hacia la madurez que está ennobleciendo y apaciguando su voz joven, como se advirtió al principio. Aunque permanezcan los gestos cotidianos y las memorias familiares, los recuerdos de infancia y adolescencia, los encuentros con seres muy cercanos, la fuerza de los proyectos y la decepción por lo no conseguido. Aunque el mundo siga con sus encantos y las impresiones, sin embargo, las que se reciben, no sean siempre las mejores. Pero el futuro cobra en este libro también el optimismo de lo proyectado, ya debidamente mediatizado por la no poca experiencia de aquellos años más jóvenes. Escavy consagra así las claves de su riqueza expresiva y argumental.

          Porque, en efecto, no se trata de una «victoria menor», como se escribe en el poema final y conclusivo, que comparte título con todo el libro. Un poema en el que se habla de victoria y de euforia, pero también de miedo y de dolor, aunque este sea sereno y victorioso. Todo para clausurar la escritura de un poeta que asegura no tener poética, cuando en un momento dado recurre a lo que tantos poetas han incluido en sus libros al preguntarse qué es la poesía y para qué sirve. Nada quiere inventar, nada nuevo que no sean los paseos, los mares, las llanuras de siempre, las inscripciones antiguas o algunos árboles…. esa es su poética, la de su propia existencia, la de su vida, captada intensamente en esta victoria menor.

          Luis Escavy ha logrado una obra que sobresale por su coherencia, por su cohesión y por su solidez como conjunto bien armonizado y mejor logrado con un lenguaje personal que ha establecido un estilo, el suyo, que ya le es propio e inconfundible. Victoria menor merece el galardón obtenido y su autor se consagra con este libro como un poeta con el que habrá que contar.

 

 Francisco Javier Díez de Revenga

 

ÁGORA PAPELES DE ARTE GRAMÁTICO N. 18

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El artículo se publicó en La Opinión el 21 de Abril de 2023. Lo reproducimos por cortesía de su autor.

lunes, 27 de marzo de 2023

ENTREVISTA AL POETA LUIS ESCAVY. Por Fulgencio Martínez. Conversaciones con / Revista Ágora-Papeles de Arte Gramático / Marzo 2023/ Avance en Ágora digital del n. 18 (Nueva Col.)

 

                                                                                       Luis Escavy. Fuente: Publishsnews

 

ENTREVISTA AL POETA LUIS ESCAVY


 "Sin la existencia de ese amor casi espiritual no habría “victoria”, por muy menor que sea. Nunca pensé que mi trayectoria vital fuera a ser un espejo de la literaria"

                                        

Luis Escavy ganó el Premio Adonáis 2022 con Victoria menor, libro que ha publicado Rialp en  este marzo de 2023.  El poeta ha tenido la amabilidad de responder a unas preguntas que en nombre de los lectores de Ágora le hemos transmitido.

 

                                            Entrevista de Fulgencio Martínez / Ágora / 24 de marzo 2023                                                                          ________________________

 

Fulgencio:  Por una vez la luz tiene sentido. / No es solo otra ventana.

Me podría decir algo sobre este poema, como si no fuera suyo.

 

Luis Escavy: Es difícil hablar sobre un poema que es mío como si no lo fuera. Recuerdo cuándo y dónde lo escribí y cómo fue el proceso, pero si tuviera que decir algo desde una perspectiva ajena diría que es una llamada a la esperanza, o a la ilusión de una esperanza.


P. Con esos dos versos, que le sobran y bastan para darnos un poema, abre la segunda sección de su libro: la titulada La casa de cualquiera. La primera sección, “Edificios sin luz” es, quizá, donde se evidencia más el dolor del amor. Llega a llamarlo “ese fuego negado” (“A ese fuego negado / le consagras la única vida que tienes / y lo llamas amor” (“Vesta”).

Le pregunto, en primer lugar, por cómo describiría usted las diferencias entre las dos partes del libro, en cuanto a la exploración de su temática.

Y dos, en poemas como ese que cito arriba, hay un cierto reproche o autorreproche al autor, aunque la comparación con el sacrificio virginal vestal profundiza en otra dimensión menos psicológica y más metafísica del amor en ese poema. Me podría comentar estas sugerencias, si le parece, o el poema en cuestión, que creo clave en su libro.

 

R. Las dos partes están bien diferenciadas, aunque en una coge fuerza la búsqueda de la identidad a través del dolor y en la otra la consolidación del amor a través de la fe. La naturaleza de ambas es, no obstante, el amor, y el amor tiene la misma fuerza, o más, cuando termina que cuando empieza. El poema Vesta es la pregunta que cualquier amante despechado lanza al cielo: ¿por qué sacrificamos tanto en nombre de tan poco? Las vírgenes vestales tenían un voto, igual que los amantes. Es un compromiso que se hace en solitario y que muchas veces no es sencillo deshacer. Por suerte, igual que aquellas vírgenes consagradas al fuego eterno, también yo encontré la certeza de que ni siquiera el dolor es vano, si está protegido por el amor.

 

P. Entiendo que en gran medida el resto de la primera parte y, sobre todo, la segunda, que me parece extraordinaria -dicho sea de paso- dialogan y tratan de contrarrestar o de ahondar, no sé, en esa disputa sobre el amor planteada en aquel poema. Los datos vitales quizá interesen si quiere comentarlos, pero me interesan más las decisiones poéticas que están en esa colección de la segunda parte. Le acerca más a lo clásico, al epigrama, y aunque aborda, en algunos poemas, la anécdota sabes extraer de ella un jugo… ¿Cómo le sugieron esos poemas de la segunda parte?


R. La segunda parte le dio sentido al libro. Sin la existencia de ese amor casi espiritual no habría “victoria”, por muy menor que sea. Nunca pensé que mi trayectoria vital fuera a ser un espejo de la literaria. No hablaré aquí de mi vida personal, pero es indudable que cuando uno convierte en literatura sus accidentes personales, está “obligado” a hablar de ellos con cierta naturalidad. Esta parte comenzó a escribirse en el Convento de la Magdalena, en Massamagrell. Yo pasaba en Valencia unos días, porque iba a presentar mi otro libro y porque me había enamorado de una chica que también andaba por allí. Como no tenía dónde quedarme sin que quedara demasiado claro que había ido por ella, decidí refugiarme con los frailes Capuchinos. Allí volví a conectar con el amor, con el amor a la fe y con la fe en el amor, y esos cuatro días que pasé recluido fueron suficientes para cambiar la perspectiva que tenía de mi vida y de este libro. 

 

P. Casi por último, ha publicado otro libro, Otra noche en el mundo. ¿Qué diferencias destaca, si las hay, entre ese libro y Victoria menor?

R. Diferencias muchas. Sorpresas pocas. Quien haya leído “Otra noche en el mundo” encontrará esencialmente al mismo hombre que estaba preocupado por las ruinas y por los dioses, pero “Victoria menor” responde a las preguntas que planteaba el otro libro. Creo que hay más certezas y menos dudas, pero el diálogo con lo espiritual y la pasión por el pasado se mantienen. No hay un cambio poético demasiado brusco, porque sigo defendiendo lo mismo, aunque es evidente que he crecido un poco.

 

P. Gracias por la poesía que nos ha dado hasta ahora. Le expreso sinceramente mi admiración. Podría decirnos, a mí y a los lectores, si sus nuevos poemas, inéditos, van en otra dirección dentro de su senda ya iniciada y recorrida con fruto, a mi parecer, excelente.

R. Llevo un tiempo sin escribir nada. Las palabras siempre eligen el momento y en este momento eligen el silencio. Escribiré cuando tenga algo que decir, pero no creo que la dirección cambie. Siempre voy a lo mismo, a la pregunta, a la respuesta, al amor, a la fe, a comprenderme.

 

 

                                                    Luis Escavy



En este blog también hemos publicado una selección propia de poemas de Luis Escavy y un artículo de crítica sobre Victoria menor. Disponibles en estos enlaces:

https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2023/01/cuatro-poemas-de-luis-escavy-premio.html

 https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2023/03/victoria-menor-de-luis-escavy.html

 

 

REVISTA ÁGORA DIGITAL / CONVERSACIONES CON... / MARZO 2023

 

miércoles, 22 de marzo de 2023

"Victoria menor", de Luis Escavy. Comentario de Fulgencio Martínez. Avance de Ágora n. 18 (Nueva Col.) /Bibliotheca Grammatica/ Estudios de poesía española (Actual) II


 

 

Victoria menor es el segundo libro de poemas de Luis Escavy (Murcia, 1994). Antes el autor publicó el poemario Otra noche en el mundo.

Victoria menor, recién publicado en marzo de 2023 por ediciones Rialp, mereció el primer premio en la 76ª edición del prestigioso Premio de Poesía Adonáis. El jurado destacó en el libro, según se puede leer en la solapa del mismo, “el sentido del ritmo, el respeto a los maestros” y llama al poemario “un cancionero amoroso con timbres trascendentes”. Todas esas notas que destaca en Victoria menor la valoración del jurado del premio, creo que son atinadas. Se evidencian ya en la primera lectura de esta obra. Pero, creo también, como lector de poesía, que el libro se mantiene e incluso gana en una segunda o tercera lectura personal. Es obra de una voz valiente (lo cual no contradice la opinión, también reflejada en la solapa del mismo, de que estamos ante un poeta “amable, intenso, asentado en la mejor tradición lírica que irrumpe a partir del mundo clásico y que tiene en él a un destacado continuador”). Considero que un poema como “Sahena” sólo se puede escribir hoy en día desde una valentía a prueba de gustos estereotipados y dominantes. El poema da voz a lo sagrado al mismo tiempo que es cauce de una experiencia personal sencilla, propia de un hombre, aún joven, que ama como cualquier otro joven de su tiempo. Dice el poema:

 

                    Te conocí en el día que empezaba

                    la Cuaresma. Un miércoles como este

                    Jesús entró desnudo en el desierto

                    igual que entró mi vida por la tuya.

                    Cuarenta días, ochocientas noches,

                    ayuno y abstinencia, amor, dolor,

                    y luz y más vacío. Ayer, domingo,

                    Jesús salió desnudo de la muerte

                    igual que entraste tú en mi dormitorio

                    celebrando que cumples veinticinco.

 

                                       (“Sahena”)

 

Unos diez versos solo, agrupados en una sola estrofa (parecido en esto a  los epigramas latinos) le bastan al poeta para sugerir su mundo poético rico en contrastes. El ansia de amor, frustrada y reavivada constantemente, y la necesidad interior del propio hombre. Esa necesidad que va unida a la forja de una persona en lucha espiritual con sus límites y desgarros, también con la jerarquía disputada entre sus deseos y su necesidad espiritual.

          El libro transmite un “mensaje” amable, lo cual no quiere decir que no haya antítesis, contradicciones en esta voz poética. Los poemas, sin embargo, están escritos al final de la lucha, que implícitamente aparece en ellos, dándoles una segunda lectura que los enriquece. Como en este otro poema, titulado “Lluvia”:

         

           Lo mejor que te puedo dar ahora

no es una de mis noches, ni mi cuerpo,

ni soy yo ni siquiera, ni es quererte.

Lo mejor que ahora puedo darte

es un silencio tranquilo, un paseo muy largo

mientras vamos hablando de tu vida y la mía

y corremos a casa, para huir de este tiempo,

para huir de ese miedo del que estamos cansados.

Amor también se dice lentamente

con palabras pequeñas como lluvia.

 

 Brevemente, quisiera destacar algunos aspectos formales, compositivos. La mayoría de los poemas de Victoria menor son monoestróficos, se presentan en una sola estrofa, tal que un diálogo interno del poeta. Es un inmenso acierto, en un autor aún joven, haber adoptado esta forma de composición, que de paso refuerza la unidad del libro. Como digo, salvo en los poemas más narrativos, que son solo unos cinco, el poeta emplea, con gran acierto, la composición más parecida al epigrama latino, herencia poética clásica que evidencia conocer con maestría este poeta y profesor. También es un acierto escoger la composición poliestrófica para los poemas más narrativos, en los que desarrolla una reflexión a partir de una anécdota (como en “Las costumbres de mi madre”).

Me gustan mucho esos poemas narrativos que, a pesar de permitirse una mayor extensión versal, el poeta ciñe a unas pocas referencias anecdóticas, para dejarnos una ceñida impresión poética más honda. Si los lectores me lo permiten, lean estos versos, y reparen en sus términos, como “oración”, que llaman la atención y se alejan del trivial poema de “la experiencia”; y de nuevo, igual que entre el amor y la necesidad espiritual, adviertan ahora la antítesis entre necesidad de soledad y el amor a la madre, con lo que conlleva indudablemente de necesidad emocional para el poeta; resuelta la contradicción de una manera tranquila, “amable”.

 

Me gusta trabajar cuando estoy solo

sin que nada interrumpa este lugar

que con mis propias sombras he creado.

 

A menudo mi madre me sorprende

con ruidos silenciosos y preguntas

que son como puñales que aceleran

el pulso del que no está prevenido.

 

Acepto que interrumpa mi oración

porque cuando era niño me asustaban

los pasos de la noche,

y solo su alboroto familiar,

el débil tintineo de su voz a lo lejos,

podía liberarme del espanto.

 

La tengo autorizada a sorprenderme.

Me acuerdo de su voz, y la perdono.

 

 

Son, no obstante, mis poemas preferidos en el libro aquellos que, monoestróficos, además de ser un monólogo interior o un diálogo in absentia con otra voz femenina, se ciñen a unos pocos versos, como eran en su origen los epigramas, composición clásica a la que he venido aludiendo. Me interesa destacar esta reactualización que lleva a cabo Luis Escavy. Dos poetas grandes, Francisco Brines y Luis Alberto de Cuenca, han actualizado el epigrama, pero en los aspectos más usuales de esta composición, el humor satírico o el guiño paródico, actualizados por estos poetas con un lenguaje moderno, vivo.

Pero Luis Escavy no reactualiza el epigrama en esos sentidos indicados, sino en otro, quizá más originario del epigrama: el filosófico, el sentencioso, próximo a su primo el aforismo, en prosa. Esa palabra reflexiva la tiñe de reflexión sobre su propia tema: el amor en lucha y abrazo con la necesidad de crecimiento espiritual. Seis o siete breves poemas magistrales podría citar en el libro; destaco dos: el titulado, con cita horaciana en el título: “Animae dimidium meae”, y “Nada raro hay en esta noche”.

Para que veamos esa extraordinaria actualización del epigrama que lleva a cabo Luis Escavy, tendríamos que abundar más en este artículo en cuanto al entronque, clásico, de su poesía con la de Juan Gil-Albert, que de todos los poetas que conozco del s.XX es el que me parece más próximo, por vías y fuentes, a este poeta nuevo, novísimo, en sentido latino, y tan maduro ya.

 

 Fulgencio Martínez

14 de Marzo 2023

 

ÁGORA DIGITAL / BIBLIOTHECA GRAMMATICA /  MARZO 2023