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miércoles, 30 de marzo de 2022

Presentación del volumen 3 de Ágora, en el Instituto Cultural Rumano en Madrid. Será este viernes 1 de abril de 2022, a las 19 h.

 

Presentación del vol. 3 de la revista Ágora-Papeles de Arte Gramático. "De Galdós a a Max Blecher"
 
Ponentes: Eugenia Popeangă, catedrática honorífica de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid y Fulgencio Martínez, profesor, director y editor de la revista Ágora.
 
Lugar: Instituto Cultural Rumano de Madrid
(Plaza del Cordón 1, bajo dcha, 28014 Madrid). 

Hora. 19 h. 
 
 
 
 
Os invitamos a la presentación del volumen 3 de «Ágora /Papeles de Arte Gramático - De Galdós a Max Blecher» el próximo viernes, 1️⃣ de abril, a las 19 h. en el Instituto Cultural Rumano de Madrid (Plaza del Cordón 1, bajo dcha.). En el marco de «Los debates Alexandru Busuioceanu». 
 
☝🏼 Ponencias de Eugenia Popeangă, catedrática honorífica de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid y Fulgencio Martínez, profesor de filosofía y autor de libros y ensayos, creador de la revista Ágora, en 1998.
 
Se trata del volumen impreso del Anuario 2021 de la revista de crítica y creación literaria Ágora, que rinde homenaje al escritor rumano Max Blecher. Un homenaje que parte de la celebración de la traducción al español del libro “Poesía completa” de Max Blecher (en traducción de Joaquín Garrigós y publicado en Madrid por Hermida Editores). 
 
Las aproximadamente 60 páginas del dossier dedicado a Blecher recorren también su presencia bibliográfica en castellano, tanto de su obra poética como prosística. La presencia de la literatura rumana actual en este número-volumen doble se amplía con otros grandes nombres de la poesía, como Dinu Flămând y Marta Petreu, directora de la revista Apostrof.
El homenaje a Blecher en Ágora lo firman escritores, traductores de literatura rumana al español y catedráticos españoles y también rumanos, como Natalia Carbajosa, José Luis Martínez Valero, Fulgencio Martínez, Inés Mesonero, Joaquín Garrigós Bueno (ex director del Instituto Cervantes en Bucarest), Corina Oproae, Alicia Rodríguez, Coriolano González y Bojana Bogdanovska.
 
La revista se encuentra en Portal del hispanismo, del Instituto Cervantes:
Y la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes:
 
icrmadrid@icr.ro, 917 589 566

miércoles, 10 de noviembre de 2021

La poesía de Max Blecher. La palabra que acalla el ruido de las pesadillas. Por Corina Oproae. REVISTA ÁGORA DIGITAL N. 10. ÁGORA-PAPELES DE ARTE GRAMÁTICO. dossier Poesía Completa de Max Blecher

 

                                                                              Corina Oproae.   Fuente: paper de vidre.

 

LA POESÍA DE MAX BLECHER. LA PALABRA QUE ACALLA EL RUIDO DE LAS PESADILLAS

 

                                                                                  

 

                                                       Por Corina Oproae

 

 

La poesía de Max Blecher, tal vez por el número reducido de los textos o por la contundencia de su obra en prosa, ella misma olvidada y silenciada durante largo tiempo por razones extraliterarias, no ha recibido siempre la atención merecida en su propio país de origen. De hecho, desde 1934, fecha de publicación de Cuerpo Transparente en Rumanía, transcurrieron ocho décadas hasta que sus poemas fueran reeditados en 2014 por la pequeña editorial rumana Aius, de Craiova (a excepción de la reedición parcial por Sașa Pană en 1971, junto a La guarida iluminada) y solamente en 2017 fueron publicadas por la Academia Rumana sus Obras Completas, que también incluían, claro está, los poemas. Por lo tanto, el sostenido interés de Joaquín Garrigós en sacar el polvo que se había ido posando sobre los huesos todavía tan visibles de este Cuerpo transparente de Blecher, es un hecho que me parece digno de subrayar y de alabar. 

Yo llegué a Blecher poeta a través de la edición que publicó la editorial barcelonesa Rosa Cúbica en 2008. Como si de haikus se tratara, recuerdo que leí cada poema dos veces, una en rumano y otra en español, con la emoción de saber que hallaba en la tarea de completar mi lectura de la inmensa propuesta literaria que el escritor rumano de origen judío nos había legado en sus pocos años de vida y de enfermedad. Recuerdo que en ese momento estaba interesada en rastrear las conexiones de esos poemas con las vanguardias, en concreto con el surrealismo. Pero más allá de ese aspecto, a fecha de hoy ya bastante analizado por la crítica, siento que los poemas germinaron en mí hasta que llegó el momento en que estaba en mejor predisposición para incorporarlos, no solo a mi experiencia lectora, sino a mi experiencia personal, las cuales siempre convergen y desembocan de forma misteriosa en los poemas que una escribe. Fue a finales de 2020, en plena pandemia, año en que muy acertadamente Hermida Editores publicó la totalidad de los poemas escritos por Max Blecher en su corta vida.

Y ahora que me he dispuesto a escribir algunas líneas para saludar el acierto de esta voz de Blecher en español, los versos que me interpelaron en esa primera lectura me vuelven a interpelar ahora, pero desde otro lugar y con otra intensidad. Lo que he entendido en este segundo acercamiento a Cuerpo transparente es que tengo ante mis ojos un cuerpo poético proteico, el germen de lo que tal vez habría llegado a ser su producción poética si el ser humano que palpita debajo de estos pocos versos maravillosos hubiese contado con una vida más dilatada en el tiempo. Ya desde el primer poema (“A modo de introducción”, un arte poética en sí) sentí con contundencia la poesía truncada por la muerte. Después de escribir estos poemas, Blecher solo escribió prosa, pero una prosa en la que hay, indudablemente, mucha poesía. Tal vez, ese silencio poético dos veces impuesto, una vez por él mismo y otra por la brevedad de su tiempo en este mundo, fuera señal de que el poeta, como Mallarmé, sabía que la grandeza de toda poesía está en el silencio, o como bien dice otra poeta rumana bien conocida en España, Ana Blandiana, que “el significado del poema consiste en restablecer el silencio”.

Dicho esto, intentaré ir al corazón de ese silencio del poeta, a los poemas y me centraré en un solo poema y en un solo elemento que considero representativo para el significado global de Cuerpo transparente. Me refiero al eros como elemento catalizador de los dos conceptos fundamentales para su poética, revelados ya desde el título: la corporeidad y la transparencia. Si en sus libros en prosa el eros se halla bajo el signo de la degradación, de la enfermedad o incluso de la confusión, el eros de los poemas es cálido, diáfano y lleno de misterio. Y es precisamente esta naturaleza primera del eros la que consigue imprimir claridad, poema a poema, verso a verso, a la densidad del cuerpo que pesa. El deseo es lo que lo dinamita todo: el sentimiento de amor del que se deriva una visión bellísima y diáfana de la mujer, pero también la necesidad de decir poéticamente el mundo. Y el mundo que el poeta dice es el suyo, pero también es el de todos. La corporeidad y la transparencia se buscan hasta que llegan a un estado de harmonía y de unión. Y lo que me parece muy interesante es que hay un proceso paralelo que es identificable en todo aquello que sucede entre la palabra y el concepto. Y, como apuntaba antes, la clave de toda esta interpretación la tenemos, diría, en “Poema”. Leamos lo que nos dicen los versos:

 

Tu envoltura

Como un pájaro en el nido del corazón

En ríos de sangre te bañas

Y vuelas por la punta de mis dedos

 

Cuando te vas

El cuerpo recobra su infinito peso

Y el paisaje abierto de par en par

Encarna tu ausencia

 

Como si hundieras las manos en un cesto

Me sacas del océano del sueño

Y la cabeza me zumba como una caracola

 

Tú piedra arrojada al lago

Tú círculo de agua que te abandona

 

Quizás esperándote resucite

El cadáver de una palabra

Que con su linterna ciega me pasee por la noche

 

Tu pelo será su oscuridad

Y yo me sumergiré en la noche.

La corporeidad se recupera cuando la mujer que ama desaparece. (“Cuando te vas/ El cuerpo recobra su infinito peso”). El paisaje es presagio de esa transparencia a la que el cuerpo que pesa aspira ante la ausencia del objeto del amor (hay en los poemas diversos símbolos de esta transparencia, como son el cielo, ese “principio de azul/En este paisaje terrestre”, la estela de un cometa, el vuelo de un ave, el movimiento de una mujer, de la mujer, los cristales, las ventanas, esas “vitrinas lunares con ángeles y sables”, “el corazón de un fruto se simplifica se aplasta se petaliza”, que “se vuelve flor”). El poeta sabe que ese estado del yo, esa transparencia puede ser alcanzada porque es intrínseca al amor y vuela en la punta de sus dedos, sacándolo de la densidad, del “océano del sueño” o “del sueño descolorido de la muerte”, como nos lo dice en otro poema titulado “El caballo”. Esa transparencia es la que reconcilia el adentro y el afuera, la que enciende “el cadáver de una palabra”, la que le da nuevos sentidos a la palabra que ha perdido su significado (aquí Blecher se inscribe en la línea abierta por el gran clásico de la imposibilidad del decir, del desgaste de la palabra, Hugo von Hofmannsthal en su Carta de Lord Chandos.) El poema mismo es para Blecher escenario de la transparencia, el lugar exacto en que el amor se dice, se materializa. La poesía se convierte de esta forma en el espacio propicio para esa unión entre corporeidad y transparencia que, una vez alcanzada, revelará el “cuerpo transparente”.

El eros, la sexualidad transferida en algunos poemas hacia la realidad circundante, es, en el fondo, una confirmación de ese cuerpo necesitado de transparencia. Como ya señala la crítica rumana, el cuerpo transparente significa el cuerpo interior transfigurado y el poeta llega a ese estado a través de la presencia femenina. La mujer, que actúa como principio catalizador del estado de transparencia y es belleza en estado puro, merecería un estudio per se en la poesía de Blecher. Es esa mujer “…dando vueltas / Como un huso / Y copiando su delta / En el delta de las aguas.” Y tal vez el cuerpo transparente de Blecher sea ese otro cuerpo que transciende lo físico, ese cuerpo iluminado por el amor que surge al borrar los límites de los cuerpos físicos en la unión de quienes aman y se aman.

         Es evidente que la dualidad corporeidad/transparencia está presente en diversos poemas y bajo diversas apariencias en el libro. La transparencia es, entre otras cosas, lo opuesto a aquella muerte en vida que paraliza los sentidos, que es la aburrida banalidad de lo cotidiano a la que alude el poema “Viejo vals”. “Me rodean cosas demasiado normales, me da miedo”, dice un verso del poema. Esta manera de irrumpir desde el yo más profundo, desde lo confesional y con matices surrealistas (o simbolistas en este último poema citado) es un recurso que consigue, por un lado, revelar ese deseo de transcender la realidad y la corporalidad y, por otro, es un elemento que facilita el acercamiento del lector al poema, desde la emoción. Recordemos que What Whitman decía que el poema es un templo donde entrar y sentir. Eso pueden ser los poemas de Max Blecher para el lector. Templos donde entrar para pensar y para sentir. Para acallar con el vuelo de la palabra el ruido de las pesadillas. Y así complacer al poeta que decía: “Me gusta creer que en el mundo del sueño existe, al menos, una plaqueta de versos firmada por mí, y que hay personas que la leen en sus pesadillas.”

           

 

Bellver de Cerdanya, octubre 2021

 

 

 

 

 


CORINA OPROAE (Transilvania, Rumanía). Es poeta y traductora. Reside en Cataluña desde 1998. Escribe en español y en catalán. Sus libros de poemas en español son Mil y una muertes (La Garúa Poesía, 2016), Intermitencias (Sabina Editorial, 2018) y Desde dónde amar (Pre-Textos, 2021). Temprana Eternidad (Caza de Libros, 2019) es una antología personal publicada en Colombia. En catalán ha publicado La mà que tremola (La mano que tiembla) (Cafè Central & Llibres del Segle, 2020). Ha traducido del rumano y del inglés al catalán y al español autores como Lucian Blaga, Gellu Naum, Marin Sorescu, Ana Blandiana, Ioan Es. Pop o Mary Oliver. 

 

ÁGORA DIGITAL / CONTENIDOS DE ÁGORA 10. OTOÑO 2021

 

 

 

 

 

lunes, 8 de noviembre de 2021

Blecher y sus metáforas. Por Alicia Rodríguez Sánchez. REVISTA ÁGORA DIGITAL N. 10 OTOÑO 2021. ÁGORA-PAPELES DE ARTE GRAMÁTICO. Dossier Poesía Completa de Max Blecher

 

 


BLECHER Y SUS METÁFORAS

 

 

por Alicia Rodríguez Sánchez

 


 

Este escritor rumano de efímera existencia vivió durante la convulsa primera mitad del siglo XX (1909 – 1938). Durante ese breve lapso de tiempo, fue autor de varios poemarios y novelas. Dentro de estas últimas, personalmente me gustaría destacar Corazones cicatrizados[1], escrita durante el periodo de entreguerras y marcada por la influencia de una enfermedad que le produjo esa particular visión tanto del mundo como de sí mismo.                                                                                                                                                                                         

Se concibe su obra con rasgos surrealistas y, en este sentido, cabe destacar que prima ante todo el humor negro con el objetivo de destruir todo matiz sentimentalista y racional.  Estos los podemos observar en la primera cita médica de la que tenemos constancia: “en el umbral apareció una figura pequeña, oscura, como un animal asustado que sale de su madriguera” (página 10), donde realiza un símil con la figura del cazador y su presa a punto de ser cazada, similar al mito de Apolo y Dafne, pero donde no se encuentra presente el cariz afectivo-sexual, y en el cual no hay una transfiguración salvo la conversión en una persona curada, que finalmente no se producirá.

Asimismo, a lo largo de la novela observamos una lista de tópicos literarios como amor ferus en la pregunta retórica: “¿de qué le servía la libertad y la limpieza de otro cuerpo?” (página 123), en la cual se observa el enfado consigo mismo y en donde toma como uno de sus detrimentos a Solange cual Pandora abriendo los males que le acechan al protagonista y expandiéndolos por el sanatorio y sus alrededores; o el tan socorrido tempus fugit: “agotamiento de la vida más esencial…” (página 108) o “la enfermedad se burló de él hasta el final” (página 109), donde nos viene a la mente la figura de Emanuel como el héroe griego Teseo, quien se ofrece como víctima ante el minotauro, que no es más que el sanatorio al que ha ido a curarse.                           

Es constante la presencia de comparaciones con el mundo submarino: “en el pecho se le había hecho un vacío tal que se le oía con claridad un bramido, como el murmullo del interior de una concha marina cuando uno se la acerca al oído” (página 13), en la cual Emanuel es la ballena que ha engullido a Jonás (el llamado profeta rebelde), que no es otra sino su enfermedad, de la que, a pesar de los esfuerzos por curarse, nunca va a poder librarse. La excepción a todo ello la encontramos en que, a diferencia de Jonás, que se salva gracias a la intervención divina, Emanuel no lo logrará, ya que se define como “el único animal submarino de aquellas profundidades oceánicas y Emanuel el último ahogado” (página 22).

 

Cabe mencionar también el empleo de metáforas con elementos de la naturaleza o elementos cotidianos que acercan al lector al sentido de la vida que nos refleja el propio escritor en expresiones tales como “así pues, el cuerpo se le podía quebrar de un momento a otro, como un árbol carcomido, como una muñeca de trapo” (página 13) o “también él ahora se arrastraba más que andaba.  Se sentía identificado con aquel ratón hasta en la menor actitud.  Iba igual de aterrado y aturdido” (página 14). A través de las cuales entendemos la fragilidad del cuerpo y, por ende, la consiguiente brevedad de la existencia humana como si hubiese un ser superior que nos vigila y que mueve los hilos de nuestra propia vida.                                             

No podemos pasar por alto tampoco las metáforas musicales: “el médico empezó a palpar despacio, con atención, la columna vertebral de arriba abajo, apretando en cada vértebra, como un afinador las teclas de un piano […] la misma nota clara de dolor” (página 16), donde, con una sutil ironía, establece correlaciones con respecto al umbral de dolor que puede soportar una persona, o “el fondo de un murmullo coral en una ópera” (página 32), en la cual compara los coloquios que se mantienen en un tren con un sonido de fondo de maquinaria, vagones y demás elementos relacionados con el mundo de las locomotoras.

 

Asimismo, no debemos dejar de lado tampoco las metáforas relacionadas con lo fúnebre y la muerte: “las sombras negras que representaban su esqueleto;  la más secreta e íntima estructura de su cuerpo ingresa allí en transparencias oscuras y fúnebres” (página 14), en donde observamos una reminiscencia con similitudes de La Parca y su vestimenta tradicional,  o bien podríamos considerarlo también como un paso previo que conduce a la muerte, entendida esta como la separación del cuerpo y el alma, donde el cuerpo sería el de Emanuel y el alma la radiografía que en ese mismo instante le está enseñando el doctor.

 

Al principio de la novela observamos que el protagonista, alter ego literario del escritor, está bastante animado debido a los deseos del padre: “Allí está tu curación…ni se nota que estás enfermo” (página 29), pero ello irá cambiando y transformándose en negación e incluso en ira, por ej.,“yacía inerte con todas sus fuerzas anuladas, prisionero dentro del corsé”, “ lo manejaban como si fuera un maniquí inerte” (página 67), “tuvo una terrible sensación de aniquilación como solamente había sentido en sueños” (página 68). Frases lapidarias que muestran a dicho enfermo sin la menor posibilidad de sanarse; dolor: “Emanuel sintió en el pecho una gran debilidad, diríase que respiraba algo de vacío y la desolación de aquella tarde melancólica”; “ningún libro del mundo podía llenar el vacío inmenso de un día tibio e íntimo de sufrimiento; “el día volvía a caer en la monotonía” (páginas 27-28) donde ni tan siquiera le consuela una lectura de una obra literaria, actitud vital similar donde aunamos el pesimismo y la melancolía, aspectos latentes en la Generación del 98 española; negociación: “la paradoja residía en existir y, sin embargo, en no estar completamente vivo(página 45), al haberle puesto el corsé de yeso que le acompañaría durante bastante tiempo, se sentía prisionero dentro de su propio cuerpo, cual parálisis del sueño en la cual tu mente está despierta, pero no así tu cuerpo y finalmente, aceptación: “allí tuvo por vez primera la auténtica sensación de la atroz categoría vital en la que había entrado” (página 38), donde se nos hace patente la figura de un enfermo consciente de sus propias limitaciones y que sabe con certeza su trágico destino final.

A lo largo del libro, la ironía queda patente en expresiones como “pase, por favor, la guillotina está preparada” (página 18), cual reo que espera su destino final en el cadalso ante una multitud enfervorecida en la plaza del pueblo o “me está vistiendo exactamente igual que a un cadáver” (página 37),  donde lo están amortajando en vida sin esperar a que el cuerpo se vuelva inerte, o cuando escribe “Encerraban a Emanuel en una túnica blanca desde el cuello hasta la cadera” (página 67), cual enfermo mental con una camisa de fuerza atada para que no se lastime. Observamos también la imagen figurada de una esfinge que protege la entrada del templo al igual que lo realiza el corsé para con el cuerpo del enfermo: “descubrió que se había convertido en una estatua completamente híbrida, en una extraña combinación de piel y yeso” (página 68).

Aparecen ciertas reminiscencias del mito del Ave Fénix, ese ser mitológico de fuego que presenta la capacidad de renacer y de resurgir de sus propias cenizas, que simboliza también el poder de la resiliencia, esa capacidad inigualable mediante la cual uno puede renovarse en un ser más fuerte, valiente y, sin lugar a dudas,  luminoso cuando le mencionan la posibilidad de quitarle la escayola y “sentir de nuevo libre el cuerpo le parecía algo insólito, un acontecimiento propio de una vida que empieza, como venir otra vez al mundo” (página 143), donde también podemos observar dicho resurgimiento tras la llegada del triste final, como es la muerte, pero que queda olvidada tras la reencarnación en una vida mejor, como así lo espera el protagonista de la novela.

         Muchos estudiosos han considerado a Blecher como el Kafka rumano. Esta similitud es debida a que ambos tratan la soledad del ser humano con una perspectiva similar, como cuando menciona “la soledad del mundo se había vuelto infinita” (página 190), remarcando que ya se encuentra solo, que había dejado atrás a sus amigos, la villa Elseneur, a la señora Tils y a su antigua novia, Solange, ya que el protagonista no siente consuelo alguno entre ellos y se marcha a otro lugar en busca de la anhelada sanación, que nunca conseguiría y que, irremediablemente, acabaría produciendo su muerte a una edad muy temprana. Asimismo, también evoca a Kafka ante la frustración de no poder sanarse, hecho que transmite a través de su alter ego: “Emanuel sintió en el pecho una gran debilidad, diríase que respiraba algo del vacío y la desolación de aquella tarde melancólica”.

 

         El título del libro, Corazones cicatrizados, presenta una explicación lógica que el mismo autor reafirma al escribir “los corazones de los enfermos han recibido a lo largo de su vida tantas puñaladas que se han transformado en tejido cicatrizado […] insensibles al frío […] al calor […] y al dolor […] Insensibles y amoratados de tan duros” (página 120), donde queda patente la aceptación ante una actitud vital de resignación, como si se tratase de animales maltratados por sus dueños que siguen con ellos en una suerte de pleitesía, como el lacayo que se postra ante los pies de su señor. Dichas cicatrices llegan hasta el alma misma donde quedan por siempre permanentes cual latido acompasado en un corazón sano.

 

         Por lo que respecta a la prosa es directa, sencilla, plagada de metáforas e ironías que nos transportan al mundo del surrealismo en donde la vis cómica tiene gran cabida y donde el lector puede adentrarse en el mundo de un enfermo, que realmente es consciente de su enfermedad, que intenta sanar por todos los medios posibles pero que tristemente no lo consigue.

 

         Por último, no debemos terminar la reflexión en torno al libro sin realizar una mención a las palabras finales de este: “A lo lejos, la ciudad, como un vapor que se hunde, desaparecía en la oscuridad”, donde Emanuel observa que deja atrás su pasado y que intenta borrar toda huella de ese pasado, similar al vapor de agua que se condensa y se evapora; así quiere que sea su vida a partir de ahora donde quizás espere un Paraíso terrenal frente al limbo vital en el que se encuentra.

         A la hora de enfrentarme a la obra de Max Blecher, iba con la idea preconcebida de que la novela de un enfermo iba a parecerme similar a la titulada Diario de un enfermo de José Martínez Ruiz (conocido unos años después por su seudónimo de Azorín) donde finalmente se intuye con “A la luz indecisa del crepúsculo, refleja, nikelado, sobre la mesa. Me levanto:  lo cojo. -He sonreído”, que ha terminado su vida suicidándose ante el mundo que le ha tocado vivir y del que siempre ha renegado. Al contrario de Azorín, observo en Blecher un deseo de vivir, de olvidar la ciudad y dejarlo todo atrás, comenzar de nuevo cual frase lapidaria de Solange tras su partida: “olvida esta ciudad…olvida sus miserias”, para que así el enfermo pueda sanar como en un balneario con sus aguas termales, emplazamiento donde tratan algunas dolencias o enfermedades y donde la persona puede llegar a sanar de algunas de ellas.  Ha sido una grata sorpresa encontrar a un escritor de este calibre que, pese a haber fallecido “en la plenitud de la vida”, nos ha legado una obra para las generaciones venideras como un referente al máximo nivel que no tiene nada que envidiar a otros de renombre, tales como Camil Petrescu.

         Considero que este autor debería ser leído por aquellas personas que puedan estar en esos momentos de la vida donde no se tiene consuelo alguno debido a problemas personales o de otro calibre, dado que concibo la obra con una gran fuerza emocional que traslada al lector al sufrimiento, pero al mismo tiempo a la esperanza de que se puede cambiar o intentar al menos variar nuestro destino, que no debemos conformarnos con simplemente una única opinión o bien con una única salida, puesto que el protagonista se marchará a otro sanatorio, al igual que su alter ego, ya que no se rinde ante las adversidades que le proporciona la vida e intentará solventar todos los obstáculos que esta le oponga.

 

 

 

 


 

ALICIA RODRÍGUEZ SÁNCHEZ es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante.  Actualmente, ejerce como profesora de carrera en el Centro Integrado de Formación Profesional (CIPFP) Canastell de la localidad alicantina de San Vicente del Raspeig.  En este centro, imparte la materia de Lengua castellana y literatura. Su primera incursión en el mundo de la literatura para adultos fue con la recopilación medieval de cuentos titulada Las mil y una noches a los que le siguieron otras obras clásicas españolas de autores como Mariano José de Larra, Gustavo Adolfo Bécquer o Lope de Vega, entre otros grandes de la literatura.

 

 

    ÁGORA DIGITAL/ NOVIEMBRE 2021/ CONTENIDOS DE ÁGORA 10/ Max Blecher

 



[1] Max Blecher, Corazones cicatrizados, Ed. Pre-Textos, Valencia. Traducción J. Garrigós. N. de la A.