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martes, 16 de septiembre de 2025

El pistolero (Sobre el boicot a la Vuelta). Diario político y literario de FM / Nueva temporada 25-26 /1

                                                    Fuente Efe. Crónica Balear. es

Violencia en Madrid durante el final de La Vuelta: 22 policías heridos en protestas propalestinas  (Titulares de la noticia en Crónica Balear.es, 15-9-2025).

  

EL PISTOLERO

 

 

 

                                                              Pedro Sánchez. Fuente. Ondacero.es

                                        

La prensa internacional presenta el boicot a la Vuelta Ciclista a España de manera diferente a como lo hace el Presidente de mi país, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, quien se manifestó "orgulloso" de los boicoteadores y del "pueblo español" que según su oráculo estaría por la violencia contra los deportistas si esta es con buen fin, por una buena causa. La prensa internacional se hace cruces y no comprende la ola de irracionalidad que ha irrumpido en la vieja piel de toro a golpes contra la policía, la ley y la imagen del país. 

Perico Delgado, ciclista ganador de un Tour de Francia y comentarista de Televisión Española en la Vuelta, ha manifestado que la culpa fue del Presidente Sánchez. La Televisión Española ha gastado muchos millones de los bolsillos de los contribuyentes de España para cubrir la Vuelta y esperamos que le reclame a los culpables el dinero perdido por la no retransmisión en condiciones óptimas del espectáculo deportivo. 

El propio Primer Ministro español siembra vientos y utiliza una mala generalización, una falacia desarrollada por su mente tacticista (algunos dicen que para evitar que se hable de los escándalos de corrupción que le afectan a él personalmente y a su familia), tomando por el conjunto del pueblo español a un grupo de violentos  "neonazis" de la nueva ola totalitaria, con los que él se identifica. Él, pero también, a su voz de mando, sus ministros, su partido, el PSOE; y por conveniencia, sus socios, comunistas y filoterroristas, de Bildu, Sumar y Podemos, partido que nunca ha desmentido su vinculación con el radicalismo islámico de Irán opresor de los Derechos Humanos. 

Esos neonazis, que se escudan cínicamente detrás del derecho a la protesta, decidieron ya de inicio, guiados por la consigna de un ex-etarra, que no había de celebrarse la Vuelta, ¡por sus narices, que no! Y como creen en la acción directa, como los anarquistas rusos, como los "demócratas" Lenin y Stalin, como las escuadras de Mussolini, pues pusieron manos a la obra. La acción directa es una forma de terrorismo que causa pocas víctimas pero que es o puede ser muy eficaz en la guerra de propaganda. Jürgen Habermas advirtió ya de su utilización, a mediados de los sesenta del pasado siglo, por una neoizquierda fascista, que atraía a una fracción de jóvenes, pero también a adultos acomplejados ávidos de reivindicarse y de mostrar su ira (no importa tanto la causa como la acción violenta, que exalta el ego supermoral y la libido).

 En mi país, algún cerebro mugriento de Sumar o Podemos ha propuesto que se etiqueten de manera ostensible los productos de origen israelita. Pronto, quizá Sánchez o un nuevo Führer pedirá que se les ponga la estrella de David y se les margine en ghettos a los judíos. ¿Iremos a un nuevo Reich de Sánchez de los mil años?  ¿Me llamarán, nos llamarán a todos, judíos y gentiles que no tenemos ninguna religión ni ideología, y nos meterán en campos de concentración, en cámaras de gas o en estadios de fútbol como en el Chile de Pinochet?

Es terrible la falta de cordura que está sembrando este político acosado por su propio pasado: su mujer y su suegro eran dueños de burdeles y saunas; su mujer, Begoña Gómez, está encausada por cinco posibles delitos, entre ellos, y quizá sea el menos grave penalmente, se consiguió una cátedra en la Universidad Complutense fungiendo como doctora pese a no tener título más que de bachillera, pero utilizando con astucia su posición en La Moncloa y la complicidad del Rector, aún no dimitido; dije que quizá sea eso lo menos grave penalmente, pero para mí es lo más vergonzoso e indicativo del derrumbe moral y la miseria de la educación del país llamado España, del retraso de su Universidad y de la carencia de ética de los militantes de los partidos políticos que apoyan al Presidente Sánchez; el mismo que llamó "fachoesfera" a todos los que no le apoyan o le critican o piensan distinto a él, estén o no en partidos de la Oposición; un insulto que bien merecería, por sí solo, la descalificación de Sánchez como digno Presidente del Gobierno del conjunto de los españoles, y, por otra parte, que estos, con un punto mayor de dignidad, le presentaran al Presidente denuncias diarias por atentado a su honor y por difamación, pues llamar a alguien facha o fascista está claro que tiene un sentido ofensivo y que el insulto te identifica a un tipo de terrorista o violento seguidor de Benito Mussolini. ¿O es que los españoles de hoy no saben nada de Historia? Desde entonces, no me cae bien este difamador de españoles. Pero su penúltima campaña de beligerancia pasa de castaño oscuro; ha sacado de la chistera del subconsciente ibérico el antisemitismo, para ocultar sus miserias y villanías en el poder, y para seguir enturbiando el ambiente, dividiendo a la opinión pública y machacando con su revólver "genocida" a cuantos le discuten en la barra del bar. ¡Que la Ley lo detenga, más pronto que tarde!

 

Fulgencio Martínez

poeta, editor de Ágora 

miércoles, 30 de octubre de 2024

De la fotocopiadora a la librería. Diario político y literario de FM / 2024


DE LA FOTOCOPIADORA A LA LIBRERÍA

 


Ya tengo, lector de Ágora, mi revista impresa y encuadernada. El número 29, dedicado a Unamuno y "Teresa" anda ya en mis manos y ante mis ojos, suave y limpio al tacto y más dulce a la vista que una garza. En dos minutos de trabajo se hicieron las copias de las 188 páginas del número y se encuadernaron; solo la primera hoja de portada, a color: precio 16,76 euros, de los cuales 3,76 corresponden al IVA; o sea, un quinto de cada uno de mis gastos en cultura se fueron para las cacicas y los caciques de arriba.  El dueño de la fotocopiadora me preguntó si Ágora era donde se reunían en Roma, y le dije que sí, pero primero fue en Atenas y en otras ciudades griegas. La cultura luego ha pasado a ser la vaca flaca, deprimida de Europa, desangrada por las sanguijuelas de las políticas que le ponen impuestos igual que si fuera otro artículo de lujo. Así, engordan los llamados "fondos europeos", que luego regalan, o nos hacen creer que regalan, como maná, a los pueblos paganos sometidos a la burocracia euro-alemana.

    Gustó a mi fotoimpresor la revista, admirativamente la calibró por su número de páginas, y hasta me recomienda un pequeño editor de Huesca, que es especialista en autoedición, para ver si me arreglo con él para una edición mínima, de culto. A lo mejor, lo hago. Pero no sé si desearía volver a pagar otro quinto extra. Aunque igual lo pagaré si voy al cine o al teatro o me compro un libro: una novedad de esas que valen 22 o 23 euros, como estoy tentado a comprarme ahora en la librería Santos Ochoa, de Huesca: hojeo la última de Arturo Pérez Reverte La isla de la mujer dormida; y al final compro La casa limón (19 euros), de Corina Oproae, usted se ahorra unas monedas, pero vuelve a ponerles, en el cepillo de sus "fondos", otro quinto. ¡Se emborrachen de cerveza y les duela la barriga!

 

Miércoles, 30 de Octubre 2024 

 

Fulgencio Martínez

miércoles, 1 de mayo de 2024

Español de todas partes. (Reflexión posterior al "lunes de Sánchez"). Diario político y literario de FM. Abril 2024

 

                       

 

 

 

 

 

 

 

 Nicolas Sakorzy fue presidente de la V República francesa y en 2021 fue condenado a tres años de prisión por delito de tráfico de influencias y corrupción. (Wikipedia).


 

ESPAÑOL DE TODAS PARTES

 (Reflexión posterior al "lunes de Sánchez")

 

He seguido la jornada del día lunes 29 de abril con auténtica expresión de español. Decía alguien que un español es lo más parecido a otro que hay en el mundo. Esta sospecha la confirmé hace algunos lustros. Estaba en Eurodisney, en París, con mi hija, entonces pequeña. Jugábamos a adivinar, entre las multitudes de turistas, qué grupos eran españoles. Antes de oírles hablar y de tenerlos cerca, mi hija y yo nos guiñábamos: mira, por ahí va una "cuadrilla", y por allí, otra. A los grupos anárquicos les llamábamos cuadrillas.

Este juego lo continuamos en las calles céntricas de París. Mirando las terrazas de los cafés, adivinábamos dónde había españoles; o por donde habían pasado. Las mesas y sillas en desorden; un parroquiano mirando al norte y otro al sur, uno frente a otro o incluso encima de otro. En cambio, el mobiliario de la terraza del café estaba en perfecto orden de revista cartesiana allí donde no había españoles (o no habían aún pasado paisanos míos); los parisinos (y turistas asimilados a la civilizada Lutecia) solían estar sentados codo con codo, a respetable distancia entre codo y codo, en filas que miraban al frente, al paseo, como en contemplación del espectáculo cotidiano de París; a los ojos míos de español, parecían público de un teatro, más que contertulios o tertulianos de café. Nada de estar revueltos y enfrentados unos y otros. Y nada de dirigirse al camarero para pedir un servicio como...un café con hielo, silvuplé.  (Oiga, se lo digo en español, hablando claro).  En el país donde se inventó el surrealismo, ese servicio era impensable, literalmente un contrasentido. Un café solo, caliente (no glacé, no un café helado) y un hielo para enfriarlo, café caliente y hielo, hierro de madera (diría Heidegger, un francés de Alemania, de la filosofía cristiana; pensamiento navarro, diría Baroja: otro ejemplo de contradicción en los términos: Pío Baroja). Claro es que donde impera la cultura cartesiana se necesitaba el invento del surrealismo. ¡Qué buen sitio encontró Salvador Dalí para ser acogido! Hay que ir a París y asomarse a sus terrazas para entender por qué ellos "descubrieron" el surrealismo, mientras que en otras partes el surrealismo se mamaba desde chicos. (En España, y quizá en lo más parecido a España, en Rusia, según Cioran, pueblos de carácter trágico, y cómico a la vez; o sea, tragicómicos, surrealistas avant la lettre).

Los españoles somos cuadrilla, nos gusta reconocernos en la "burbuja" de la cuadrilla, y, sobre todo, lo que más nos mola, somos de una cuadrilla contra otra cuadrilla; de una burbuja contra las demás. Hacer de una cuadrilla un equipo eso es una tarea costosa, difícil. Pero hacer de un equipo, un país, un nación, un Estado, es casi quimera.

Pero, por más diferentes que seamos, las cuadrillas, todas han nacido en la piel de toro (y no hay que avergonzarse de ello, si Europa es vaca mitológicamente, ¿por qué ha de sentirse menos el español que el resto de los hijos de la vaca Europa, que el europeo no español?)

Sin embargo, hay dos maneras de tomarse esto: una, simplemente, pasando de lado por algunos problemas que acarrea ese panorama de cuadrículas, cada una con su gesticulante modo y sus señas de identidad, sus insignias y sus rangos, su historial de méritos y trofeos en competición con otras cuadrículas (ridículas, y valga el juego de palabras, ya que desde tres líneas anteriores cambié el nombre de cuadrilla por el de cuadrícula, que es a lo que tiende toda cuadrilla en un movimiento centrípeto que se dirige a la unimismidad, por así decir; lo contrario también es verdadero, el movimiento centrífugo, de expansión, en un intento de agraciarse con más número de puntos y juntar miembros semejantes y "abrirse" de la pandilla a cuadrilla, a bandería, a partido, frente, equipo, club, región, regimiento, división, ejército...). La otra manera de tomárselo, es... a lo Kierkegaard, con temor y temblor. (Y ya estoy pensando y hablando como cuadrilla...En la cuadrilla está uno solo y nuestras reacciones ante el peligro fluctúan entre el miedo y la ira.)

Yo mismo, me reconozco a veces cuadrícula cero, mónada, un yo solo; otras veces cuadrícula par y cuadrícula impar; otras, las menos, cuadrilla de unos cuantos y así, hasta nación con un solo Estado o un Estado compuesto de varios cantones "independientes" (en el país de Baroja, ya saben que esa contradicción no es tal).

Pues decía, al principio de este parlamento, que pasé el día lunes 29 como un español. No atónito. En mi salsa, disfrutando del disparate del espectáculo mediático del Presidente Sánchez. (Entre nosotros, creo que todo ese fingimiento del Presidente y el aturullo que ha despertado -regeneración democrática, etc- esconden el miedo a que un juez le llame a él mismo a declarar por futuras causas abiertas a su persona.  ¡Cómo se atreven, los jueves, digo, los jueces! No estamos en la Francia de Sarkozy).

 

 

30 de abril 2024

Fulgencio Martínez

viernes, 15 de marzo de 2024

CARTA ABIERTA AL RECTOR DON JOAQUÍN GOYACHE GOÑI. Diario político y literario de FM / Ágora. Crítica cultural

 


 

CARTA ABIERTA AL RECTOR DON JOAQUÍN GOYACHE GOÑI


 

Las costumbres cambian, es cierto; los estudios se renuevan y el tiempo es -como todos sabemos- un niño que juega a inventar nuevas formas. Lo que no entiendo, sinceramente, es lo que ocurre en este "trozo de planeta" que es mi país, España. La Universidad no solo ofrece titulaciones, ahora ofrece cátedras. Para lo primero, la Universidad aún exige (creo) matrícula y algún tiempo empleado en obtenerlas, pequeñas o grandes molestias y esfuerzos intelectuales; a cambio, junto al título oficial otorga a su huésped prestigio y alimentos imaginarios, esos que, cuando no tengas los otros de verdad, te confortan durante cinco minutos (el conocimiento sigue valiendo algo, aún lo creo, sí).

Las cátedras entendía que eran (en un tiempo antiguo) asiento de sabiduría, consecuencia de una vida estudiosa, monacalmente dedicada a los libros, a la investigación y (viniendo a tiempos más recientes) también, a esquivar envidias y a juntar apoyos de colegas. Aunque siempre han cocido habas, ha habido disputas: recuerda el caso de fray Luis de León, el gran poeta y profesor en la cátedra de Santo Tomás y luego en Filosofía Moral y Sagrada Escritura en la Universidad de Salamanca, quien allá en 1572 fue encerrado en una lúgubre prisión durante cuatro largos años por envidias y rencillas entre aspirantes a cátedras. Escribió a la salida de la cárcel esta hermosa décima:

    

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso.

 

Es fama que al volver a las aulas salmantinas pronunció la frase: "Decíamos ayer..." Las cosas volvían así a su curso.

La novedad del día es otra que ha de salir a explicar el actual rector de la Universidad Complutense de Madrid, el rector Joaquín Goyache Goñi. Tendríamos derecho los ciudadanos, los estudiantes y, por qué no, aquellos como yo que un día pisamos las aulas de la Complu, a saber qué cátedra se dio a doña Begoña Gómez, en qué concurso de méritos, a qué nivel de sentina o corrupción hay que descender para comprarse una cátedra en la Universidad antaño más prestigiosa del orbe educativo en español.

Pero lo peor no es (como ocurre en otros casos) el hecho, grave o no, en todo caso falto de explicar, sino el sospechoso silencio, meditado o cobarde, de quienes tienen que dar explicación al frente de la institución, explicación no ante este o aquel partidario, sino ante el público ¿universal?; sino, al menos, ante la comunidad universitaria. 

 

Fulgencio Martínez

15 de marzo 2024


jueves, 18 de enero de 2024

Cuando los malos son iguales que los buenos. Diario político y literario de FM / 2024 /1

 


 

 

CUANDO LOS MALOS SON IGUALES QUE LOS BUENOS

 

                                               

 

Cuando los malos son iguales que los buenos, o estos actúan como los malos, la ganancia siempre es para los malos. Esta máxima puedo aplicarla al Partido Popular y al PSOE, tanto monta. Ambos partidos políticos, o mejor, sus dirigentes Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, monta tanto, se han puesto de acuerdo en una flagrante discriminación de las “personas con discapacidad” que tengan además la condición sexual masculina.

En la ley que va a ser aprobada por el Congreso español, si no lo ha sido ya, tras la fase de propuesta de enmiendas y mejoras, aprovechando el “buen fin” de introducir el cambio semántico de la expresión “disminuidos” por “personas con discapacidad”, nuestros “padres y madres de la Patria” van a consagrar, nada menos que en la Constitución española, de 1978, la discriminación por “género”, es decir, por la condición sexual, si hablamos no en inglés mal traducido sino en español de Cervantes, Ortega y Gasset y María Zambrano.

Nuestra Constitución dice expresamente en su Artículo 14:

 “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Pero, sobre ser esta discriminación tan irracional como antiética, desde la ética moderna de la igualdad de todos los ciudadanos regidos por una ley común, la Constitución, la ley pretende, en su añadido y en su justificación, subsumir al ciudadano sujeto de derecho bajo el epígrafe de una “asociación” o colectivo defensor de sus derechos, y otorga a este la titularidad de los mismos en la práctica, de modo que si una organización o colectivo considera que debe dedicar toda la subvención recibida por el Estado sólo a sus protegidos, y que estos lo sean solo mujeres, o solo mujeres progresistas o conservadoras, o solo gays, o hetero, o del tipo o condición que el colectivo tenga a bien proteger, no estaría incumpliendo la Constitución.

Esto es la gravedad del asunto. Primero, la aparente reforma “inocente” de la Constitución privilegia a los colectivos sobre los ciudadanos individuales, las personas, a las que sin embargo reconoce sujetos del derecho (“personas con discapacidad”), incurriendo, además, en una contradicción interna en la ley. Segundo, abre la puerta para que en la práctica los colectivos delinquen legalmente, estableciendo una nueva discriminación por razones de cualquier tipo, idiosincráticas de la organización privada que se ofrezca a recibir subvenciones para atender a las “personas discapacitadas” (ya sería grave si con su dinero propio, el colectivo discriminara por razones idiosincráticas, atentando contra la igualdad de los ciudadanos, por su raza, sexo, condición social, etc; como pasa en aquellas organizaciones educativas que discriminan, en la enseñanza, por género o condición económica a sus pupilos).

Las palabras de justificación que ayer escuché del líder del PP, en una entrevista en radio, me corroboraron que el PP tiene un gran compromiso con ciertas asociaciones de la discapacidad, a las que apoya; sin embargo, no expresó el líder conservador ninguna sensibilidad hacia la igualdad consagrada en la Constitución. Su argumento filosóficamente es tan débil como cualquier otro que los asesores de Sánchez, tanto monta, suelen proporcionarle a este para que lo lance en la ocasión que convenga. De que hay más mujeres discapacitadas (se supone que en España, no sé si se refiere solo a mujeres protegidas por la asociación que cita como ejemplo Feijóo) no se puede “saltar” a que la ley (general) consagre ese cuidado “especialmente a mujeres”. La aplicación práctica de la ley (general) puede tener en cuenta el hecho sociológico, pero ante dos casos semejantes donde se deba prestar ayuda, si uno es justo, no debe discriminar a un hombre concreto ni a una mujer concreta, ya que ambos son sujetos de derechos, “personas con discapacidad” (1) con iguales derechos, tal como recoge en su primer párrafo la propia ley modificada con ese mismo acento en el término “persona”. No se es más persona ni menos persona por ser hombre o ser mujer. O eso creo yo, vamos.

 

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Nota.

(1) Personalmente, estimo mejor el término "personas discapacitadas" que el propuesto de "personas con discapacidad". El adjetivo, en este caso concreto, es preferible a la determinación del sustantivo por medio de una expresión adjetival de régimen preposicional. Bajo la aparente sensibilidad lingüística hacia las personas discapacitadas se puede deslizar la analogía con "personas con”... o  "sin" (y hacer equivalentes personas con sombrero, con cargas familiares, con estudios plurilingües, con necesidades especiales, con trabajo o en paro, con techo o sin techo). El adjetivo calificativo no expresa un rasgo siempre esencial de la persona, pero sí una cualidad o falta de ella, que la distingue, y de eso va la particularidad de la ley y por eso se hace la distinción en la Constitución. Porque no es una determinación más de la persona, sino una limitación importante y en algunos casos de por vida, que no la inhabilita en absoluto, ni mucho menos, a la persona, pero que sí la vuelve precisamente más merecedora del apoyo de la ley. 

La expresión teóricamente más "correcta", en realidad incorrecta lógicamente, de "con dis- capacidad" (dis, prefijo negativo) puede ser abusada con facilidad en muchos casos, de modo que se produzca una auténtica discriminación de las personas verdaderamente afectadas por la diferencia. Las personas con pies planos, ¿qué? Y las personas con perro a su cargo. O aquellas con tristeza y melancolía. Basta pensar esas expresiones, u otras, como negatividades. Emplear en un mismo plano "con" y "dis", en un determinante formado por una proposición positiva con un prefijo negativo en el sustantivo ("con discapacidad"), tiene ese riesgo, de la diseminación analógica, del que el legislador ha de ser consciente.

Además, la diseminación podría saltar a otros dos planos, fuera del reconocimiento y protección a las personas con discapacidad. Podría ser el principio de reconocer constitucionalmente la supremacía de la mujer sobre el varón (en cualquier ámbito, económico, familiar, cultural, etc), y en el orden político, la hiperinflación de particularidades y privilegios al hilo de la expresión “particularmente las mujeres y los niños”: lo que supondría, a corto plazo, el fin de la Ley de Leyes. (¿Pero, no va de esto, en el fondo, en la intención de algunos partidos que apoyan en estos términos la reforma del artículo 49?).

 

18 de enero 2024

Fulgencio Martínez es profesor de Filosofía jubilado, poeta, dirige la revista Ágora.

sábado, 20 de mayo de 2023

¿Dónde hay un político digno al que pueda votar? Diario político y literario de FM

 Pericles, conoce la increíble historia del líder de Atenas

 ¿DÓNDE HAY UN POLÍTICO DIGNO AL QUE PUEDA VOTAR?

 

Falta una semana para las elecciones municipales y autonómicas. Escribo desde mi circunstancia personal, para que usted compruebe de antemano mis cartas. Como no soy de una secta política -que eso son los partidos o asociaciones de dogmáticos-, no tengo que pagar peaje ni demostrar filias y fobias para merecimiento y medro presente o futuro. Tampoco pertenezco a la ley del grupo o los grupos de apoyo a los políticos que se presentan a competir, ni soy de aquellos del buen comer y satisfacerse en compañía de los suyos, de los compañeros de ideología o partido; generalmente a costa de los dineros de todos, de los que no y de los que sí comulgan juntos. Si no tuviera, aún, una preocupación por el devenir de mi país, de España, que es el nombre de este país, pues me retiraría al silencio y solo diría mi canción a quien conmigo va.

Me preocupa la falta de altura democrática de los políticos españoles de hoy en día. No voy a citar a fantoches, aunque podría, y podéis. Esas figuras de cera en que se han convertido aquellos que, más o menos preparados y vocados a la cosa pública hace unos diez años, han descubierto después las minas del rey Salomón en un escaño del Congreso, en un acta de la Asamblea o del Ayuntamiento. ¡Y a mí, Sabino, que los arrollo! (Creo que ese era el grito de la furia futbolística española, aunque ese grito tenía mejores piernas y cabeza que las de estos y estas palomas).

Los políticos actuales, en brega aún, por mantenerse o llegar al poder, utilizan toda la artillería mediática para suprimir, rebajar y lanzar de la arena al fondo del mar al político rival, preferentemente al cadáver del rival. Este no es, de comienzo, el político del partido rival, sino el socio y compañero de la misma asociación: recordemos, dogmática; donde está excluido el pluralismo interno, donde solo puedes pertenecer a un dueño. Curioso que la supuesta democracia moderna se base en la exigencia de jurar un dogma, y un solo dogma; una iglesia y solo una. No podría usted pertenecer a varias iglesias, como puede ser miembro de varias organizaciones civiles, lúdicas o deportivas. ¡No! La democracia, o esa cosa que llaman los partidos democracia, en realidad, partitocracia, no admite más que un género en política. A diferencia del espíritu original democrático; pues, como sabe, en la Atenas de Pericles no había partidos políticos sino electores libres y con derecho a la autorepresentación en la asamblea o ecclesía gracias al derecho básico democrático: el derecho a la isagoría, o sea, a que el ciudadano como tal pueda proponer leyes, vetar leyes, opinar y convencer a otros y, como contrapartida, si una de sus propuestas llevadas a ley se demostraba con el tiempo que era perjudicial para el Estado, sobre todo, si conllevaba de suyo un interés únicamente particular, entonces debía atenerse el ponente a una multa, al exilio o incluso a algún castigo mayor.

Pero, esos políticos de hogaño no solo te exigen una identidad política a prueba de algodón, sino que te obligan a definirte, bajo su mentirosa retórica, en un bloque contra otro. Lo último, que le he oído, en un programa de radio, al presidente de la Comunidad de Extremadura (y dice este en alto lo que piensan los actuales dirigentes del PSOE) es que, si en caso de necesitar el Presidente Sánchez el voto de Bildu para seguir mandando, tendría que hacerlo, porque, si no, ¿quién iba a gobernar? ¿La derecha? Es ese razonamiento lo que más me ha hecho pensar que la izquierda enloqueció hace tiempo, aspirada por el ansia de poder, si es que alguna vez en la supuesta izquierda entendieron que la democracia consiste en que la derecha, el centro, la izquierda, e incluso la extrema derecha o la extrema izquierda, tienen que disputarse el poder pacíficamente, sin recurrir a las pistolas, ni al chantaje o el secuestro de la imagen, y a veces, más que de la imagen, de la persona que milita en otro partido contrario. Y, por supuesto, creo yo, sin linchar ni al propio ni al extraño, como vi que hicieron los buitres de una televisión el otro día, y en hora punta de la tarde, con el Presidente de la Comunidad de Castilla La Mancha. No me cae simpático el tal, pero de censurarlo a utilizar su imagen y un comentario suyo para lincharlo públicamente hay, o debería haber, una diferencia. Los políticos, se me ha olvidado decir antes, no suelen ser peores que los periodistas de las cadenas públicas o privadas. Solo que terminan, unos en el poder, rescullando cuando les falta el papel y diciendo por su cuenta unas enormes gilipolleces; otros, en la sombra del poder, esperando a que aquellos se estrellen.

De todo ello se desprende que a los problemas que acusadamente se presentan en el día a día de este país (vengo de hacer la compra, mira, y vengo más pobre que ayer, pero menos que mañana), se suma el primero que he mencionado, el de la poca calidad de los políticos, un incordio que a mí (no sé si me hizo demasiado sensible Dios, o el demonio), no me deja ver el bosque. Otro día hablaré del odio a la cultura que tienen esos analfabetos con ínfulas de poder, que son incluso ministros de cultura, Universidad y Educación, y que tienen títulos de doctores. Hablaremos quizá alguna vez de los problemas reales. Por ahora, mi inquietud gira como noria sin agua. ¿Dónde hay un político digno al que pueda votar, dónde?

 

Fulgencio Martínez 

19/ 5/2923

domingo, 14 de mayo de 2023

Remedio contra ladrones de casas. Por Fulgencio Martínez. Diario político y literario de FM / Ágora n. 19 / Relatos

 


 REMEDIO CONTRA LADRONES DE CASAS


Entonces, mi madre, con aplomo, mandó en voz alta: "¡Antón, trae la escopeta!". Como del oficial a su ayudante, esa orden fue dicha con rutina natural, sin apenas alterar el tono respecto a otras órdenes domésticas. 

Sin embargo, esa vez, mi buena madre estaba sola en casa, y lo que ocurrió fue que, mientras iba de un lado a otro en alguna de sus faenas, entre el patio interior, la cocina pequeña y la cuadra -las tres zonas más prácticas de la casa de huerta cuya disposición recordaba en cierto modo la de la vivienda hispano-romana centrada hacia el interior- alguien extraño, un intruso, se deslizaba por el tejado y estaba a punto de saltar al compluvium, que mi padre había hecho techar con uralita transparente para cubrir el cielo desde la puerta del patio a la cocina de diario donde estaba la chimenea de leña. Otra posibilidad era que el extraño saltara directamente de la media altura del tejado de esa cocina o que, sencillamente, pusiera ambos pies en el piso firme de la terraza, donde había un espacio para tender la ropa, que también servía de secadero de panochas o patatas, y una pequeña covacha o habitación trastero, y bajara a sus anchas por la escalera que daba a aquel patio interior que era el corazón de la casa. Esta, desde su construcción a principios de los setenta del siglo pasado, no había sufrido ningún robo. Mi familia se había acostumbrado a no tener perro desde que murió Tarzán, que llegó siendo cachorro a la casa. Solo recuerdo un pequeño sobresalto una noche. Aún vivía Tarzán y precisamente fueron sus ladridos, quizá -no tengo certeza ahora-, unos ladridos de perro desacostumbrados en aquella tranquila noche de verano y en aquella casa solitaria en un carril de huerta y tan segura como un cuartel, lo que provocó que mi padre se tirara de la cama, cogiera la linterna y que me pidiese que le siguiera por si tenía que sostenerle la luz... (yo tenía por entonces diez u once años pero estaba ya ducho en acompañarle, linterna en mano, a regar cuando le daban turno como a las tres de la mañana, en plena noche oscura. Más que a regar, en realidad era a encender el motor, rito obligado para que el milagro del agua se hiciera efectivo. Luego, el riego se producía solo, durante un par de horas. Volvía mi padre entonces, sobre las cinco, antes de irse a trabajar a la fábrica y ya sin volverse a acostar después. Pero para aquella vuelta no me solía despertar).

Mi padre y yo nos asomamos al carril, muertos de miedo en verdad los dos, olvidando que otras muchas noches habíamos salido por él y recorrido en la oscuridad la pequeña distancia hasta la casilla donde estaba el motor de regar. Bajaron de una furgoneta dos hombres rubios, altos, al mismo tiempo que una mujer al volante apagaba el motor y las luces del vehículo. Tenían aspecto de hippies cuando se acercaron. Nos dijeron, chapurreando el español con el francés, que se habían perdido, creyendo que por ahí continuaba la carretera que venía de Almería a Murcia.

Muchos años después, como unos diez o doce años después, mi madre estaba sola en la casa, en pleno día, y de arriba llovía un verdadero ladrón de desconocidas proporciones.

 

Fulgencio Martínez López 

14-5-2023

martes, 2 de noviembre de 2021

Miguel Hernández, 111 años de su nacimiento. "Miguel Hernández y las generaciones" Por Fulgencio Martínez. Revista Ágora digital. Diario político y literario de FM


 

MIGUEL HERNÁNDEZ, 111 AÑOS DE SU NACIMIENTO

 

Un 30 de octubre de 1910 nacía en Orihuela Miguel Hernández. Se han cumplido 111 años y han nacido seis o siete generaciones después. Si nos atenemos (con Ortega y Gasset) a la escala temporal de quince años para una generación: la de los niños y adolescentes de la guerra, nacidos entre 1925 y el 39, a la que perteneció mi padre y entre los que han caído muchos por la covid o el covid; la de la posguerra (entre el 40 y el 55), la del desarrollo económico (entre el 56 y el 70), a la que yo pertenezco; la de la crisis y la democracia (entre el 71 y el 85); la de fin de siglo (entre el 86 y el 99), la milenial (entre 2000 y el 2015) y la actual baby (a partir de 2016).

Miguel Hernández fue de la generación enérgica que, tanto en el bando republicano como en el nacional, se alistaron en las filas de los combatientes de la guerra civil del 36-39. Sin embargo, esta generación había sido, en España, la generación de la paz, de la paz neutral española durante el primer gran conflicto bélico europeo del siglo XX.

Algunos de la anterior generación de jóvenes fueron enviados, para cumplir con el servicio militar, a los conflictos de África (como fue el caso de Ramón J. Sender, nacido en 1901, quien alcanzó el grado de alférez provisional en la Guerra de Marruecos, entre 1922 y 1924). Y más atrás de esa generación del fin del siglo XIX, se cuenta la que sufrió el desastre del 98, la generación que cumplió su servicio militar en Cuba o en Filipinas; generación mártir, diezmada por las guerras y las enfermedades, que se cebaron sobre muchos soldados de extracción proletaria que no podían pagar su redención del servicio. No vayamos más atrás para hacerse cada uno de los lectores una idea de la situación y de su situación en ella. Alguno de ustedes aún recordará la historia de algún abuelo en la guerra de Cuba.

Tengo a Miguel Hernández por título de abuelo. Mi verdadero abuelo Fulgencio, al que no conocí, fue guardia de asalto. (Ya sé lo del chiste: que no es lo mismo ser guardia de asalto que dar saltos alrededor de un guardia) Mi otro abuelo, el materno, desertó de soldado forzado republicano (que no todos eran milicianos alegres, armados hasta los dientes de ideología, tanto en uno como en otro bando). Y la razón que nos dio una vez a sus nietos, nos convenció: “Es que no tenía odio a nadie”.

Ya está bien de presumir de odios y de abuelos o bisabuelos. Pongamos de moda el pacifismo, la no confrontación entre españoles, no enseñemos el odio porque el odio envejece, incluso a los niños.

Miguel Hernández escribió casi a finales de la guerra su libro El hombre acecha (1938-39). Este libro, compuesto de 19 textos, contiene siete u ocho poemas mayores (entre otros, desgastados y menos valiosos poéticamente). Pero los genios están para crear tres o cuatro piezas inolvidables, no para hacer carpintería y bulto.

El hombre acecha es la cumbre de la poesía social. Atrás queda Viento del pueblo, su poemario épico; y en pocos meses Miguel será arrastrado al calvario de las cárceles de Franco, donde escribirá su, quizá, definitivo testamento lírico (y humano), su gran Cancionero y romancero de ausencias, y los poemas últimos, póstumos (grandiosos, tremendamente verdaderos y emocionantes) que reunió para su publicación su amigo, el genial, pacífico Vicente Aleixandre. Nadie más opuesto a Miguel y nadie más igual a él en grandeza, humanidad y generosidad que este Vicente, que dio de comer a la viuda y al hijo del poeta oriolano en la más dura posguerra.

¿Por qué valoro tanto El hombre acecha de Miguel Hernández y sin embargo cuestiono hoy la poesía social? Repara en que en nuestros días hasta alguien corregiría su título por no ser “poligénero”. Escribí en enero de este año una reflexión sobre Miguel Hernández y la poesía social, que ha publicado la Fundación Miguel Hernández de Orihuela en un libro colectivo, y en el mismo periódico La opinión de Murcia publiqué también una “poética errática” donde dejo un poco asomar mi perplejidad y termino diciendo que solo se puede hacer hoy una poesía de crítica política o personal. ¿Por qué no gusto de la etiqueta social? Mire, aquí pasa como en todo: las marcas se confunden con las cosas, como lo de "desarrollo sostenible" o "feminismo" con las realidades y problemas que esas marcas invisibilizan bajo pretexto de visibilizar, pero solo parcial e ideológicamente: estoy en contra por sistema, preventivamente, de todas esas marcas (palabras-eco trampas). Igual me pasa con "valores", "democracia". Yo, hace unos años, más ingenuo que hoy pero con olfato de la diferencia, que es lo que Heráclito recomienda aplicar a las cosas, distinguí entre poesía cívica y poesía social. Yo en 2010 y hasta 2014 creía en la poesía cívica, que habla desde la conciencia ciudadana, etc… Incluso lo social, que era en el siglo XX el realismo social (en el fondo, todo lo que fuera procomunista o compañero de viaje del comunismo) habría de reescribirse en nuevos términos cívicos, incluso cívico-ilustrados, valores, derechos humanos, democracia, libertad, justicia, etc, etc.

Ocurre que a) los "valores" y demás son otras palabras trampa, tal como las han reacuñado -Nietzsche diría: transvalorizado, como la moneda cambiando el valor pero manteniendo la palabra-efigie misma, y qué grande fue aquel Diógenes falsificador de monedas por hacer la contraria. Lo suyo era ya propaganda por el hecho, como hacían los anarquistas con sus atentados; como ya hizo, antes que el cínico, incluso Sócrates, o el Sócrates al que se atribuye haber dicho, ante el escaparate de una tienda, ¡cuántas cosas...no necesito!

Pero b) no les podemos dejar el campo libre a los que se fingen demócratas para que se apropien de esas armas dialécticas. Esa es su táctica, que te autoexcluyas, digas que no eres demócrata o renuncies a las palabras y las cosas que ellos han secuestrado, y te quedes al margen. Dialécticamente, no hay que darles esa ventaja, hay que vencer con el argumento circular (Aristóteles), como el que vence en un pulso, aprovechando la fuerza del contrario, es decir, desentendiéndolos y poniéndoles contra sus propias palabras-trampa. ¿Fascistas? También hay fascistas de izquierdas: que se acostumbren a oírlo... Solo así puede uno de verdad plantearse una búsqueda equilibrada, entre la crítica y el compromiso en la situación.

Los valores están bien custodiados en los poetas (en Vallejo, en García Lorca, en Hernández, en el mejor Machado, Antonio, y en Manuel, grandísimo poeta este, en Rubén sobre todo, el más grande de los grandes). Los valores, que los políticos tanto manosean y desgastan... convertidos en palabras consignas ideológicas, y muchas veces hipócritas. Pero, ¿por qué nos siguen gustando tanto versos como estos de El hombre acecha, el mejor libro de poesía social, o cívica, fuera de un contexto concreto bélico? “Para la libertad sangro, lucho, pervivo, / para la libertad mis ojos y mis manos / como un árbol carnal, generoso, cautivo, /doy a los cirujanos...

O cuando leemos La voz a ti debida, de Salinas, nos volvemos al puro sentido del amor que alguna vez y siempre... Y es no entender el arte, ni un poema, que es creación total única en el momento y en lo eterno, querer releer los valores del mismo por la biografía sentimental del poeta. Casi no importa, no afecta y distrae del valor de la iluminación del texto escrito en un momento (de enamoramiento o de fulgurante vida), qué me importa lo que haga o hizo después el escritor, como si se mete a húsar. La poesía es, el poema, unos pocos poemas, como unos pocos textos, novelas, cuadros, sinfonías, justifican a un gran autor.

En este otoño, estación en que vio su primera luz, recién cumplidos 111 años de su nacimiento, invito a las generaciones de mis contemporáneos a leer a Miguel Hernández, ya un clásico a prueba de su utilización sectaria; y a mirar más allá de nosotros, y vosotros, a la situación. Como escribí en otro lugar: “Hoy, igual que mañana, compadres, necesitamos a este poeta grande, rescatado de los puños y las banderas enfrentadas” (“Encuentros con la poesía”, Fundación Cultural Miguel Hernández, 2021, p. 41).

 

 

Fulgencio Martínez

escritor, fue profesor de filosofía

  

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