Este fin de semana, en previsión de tormentas, nos quedamos en casa. Sacamos de la Biblioteca Pública Luis Buñuel cuatro películas. Doctor Zhivago, de David Lean; Del rosa al amarillo, de Summers, Hamlet, de Franco Zeffirelli, y A complete Unknown (Un completo desconocido), de James Mangold, sobre los inicios de la carrera del músico de Minnesota.
Puesto que en mi último comentario sobre cine, hablé de la película "Hamnet"1, para seguir la hebra, comentaré aquí la impresión que he tenido al ver el film de Zeffirelli, con un reparto soberbio, donde destaca un joven Mel Gibson, en el papel de Hamlet.
Hamlet, el honor de la venganza se lanzó en 1990, y recibió en su día una crítica despiadada con unos juicios vacíos, o más bien, prejuicios, sobre el director Zeffirelli y sobre el actor principal. Ambos habían hecho otros trabajos de índole muy distinta a este sobre el clásico de Shakespeare. Parece que la crítica no podía otorgarles nueva palma por este nuevo trabajo cuya maestría le rompía los clisés adjudicados al director italiano y al actor australiano. (Mel Gilson había tenido que realizar la película creando su propia productora: Icon Production. Tan poco creían en su trabajo, que esa creencia previa influyó posiblemente en la fría recepción).
La impresión del castillo de Elsinore es soberbia, así como la ambientación, el vestuario, la caracterización; el inicio es magistral y fantástica la tensión dramática que adquieren pronto las imágenes, las cuales te atrapan nada más sentarte delante de ellas y no te sueltan hasta el final. En pocos minutos consiguen trasladarte al centro de un relato gótico (con el fantasma del Padre de Hamlet clamando venganza), y a un drama metafísico sobre el sentido de la vida, en el que resuena la filosofía estoica, se abordan radicales asuntos humanos (la muerte, la conciencia, el suicidio, el sentido de la acción) y todo ello sin aparente censura religiosa.
Además de lo narrativo maravilloso, y de lo filosófico, "Hamlet" está lleno de referencias a la poesía, a motivos de la tradición de la gran poesía tanto latina como europea, medieval y moderna (Ronsard).2 También es un drama psicológico, que tiene ribetes psicoanalíticos.
La interpretación de Hamlet por parte de Gibson es, a mi juicio, un recital de encanto y de maestría, a la altura de la complejidad del Hamlet literario. Un personaje que representa tanto la duda, la determinación a la venganza, la debilidad y la dependencia afectiva materna, como el honor, la constante mira al ejemplo inalcanzable del padre; un personaje por momentos histriónico, bufonesco, taimado o fingidor y por momentos transparente, sensible al amor, a la belleza y a amistad leal. Nunca es un personaje con moral de culpa, de moral cristiana, sino despiadado, vengativo y que incluso tras matar accidentalmente, sin intención, a Polonio, no siente ningún remordimiento o culpa, ni cree que deba tenerlos, vaya.
La madre de Hamlet y reina de Dinamarca corre a cargo de Glenn Close, actriz extraordinaria. La actriz venía de brillar en "Atracción fatal" y en "Las amistades peligrosas", destacadas películas de la década de los 80. En "Hamlet" vuelve a deslumbrar por su versatilidad para expresar la sensualidad, y ese ambiguo terreno entre lo inmoral y lo sensible. Ahora bien, cuando decimos "inmoral", en la tragedia de Shakespeare, como en otras grandes obras, hemos de referirnos a otra cosa diferente al criterio moral al uso.
¿Quiénes son los malos o inmorales en esta película, en suma, en la tragedia de Shakespeare en que se basa? Observemos que el más malo es el rey traidor, asesino del anterior rey y hermano. Todo el leitmotiv de la obra está basado, aun con cierto aire de suspensión de credibilidad, en la venganza por la muerte del anterior rey, padre de Hamlet, y en el subsiguiente castigo del nuevo, quien desposa a la reina y madre de Hamlet al mes de morir el rey Hamlet por supuesto veneno de serpiente. (Hay, sin embargo, cierta duda de si toda su maldad no es delirio de Hamlet hijo y realmente el mensaje que da a este el fantasma del rey muerto que clama venganza no es sino un deseo monstruoso que se realiza al final, a costa del propio Hamlet). Cabe al menos la duda, durante parte de la acción. Porque realmente la actuación del malo, del rey Claudio (interpretado genialmente por Alan Bates) es inmoral según los parámetros morales al uso (envenena, mata y ordena matar, traiciona...pero solo a lo que amenaza su poder; en todo lo demás, puede mostrarse piadoso, compasivo, etc, como muestra ante la locura de Ofelia).3 Esta psicología del personaje inmoral es sumamente dañina, porque le vuelve muchas veces un tipo corriente, moral, amable...En todo cuanto no le afecte a su juguete predilecto, como un niño egoísta.
En este sentido, no sería inmoral si para defender su reino emplea cualquier medio a su disposición. Entonces, ¿en qué radica su condición de malo, de villano de la obra? En su condición de usurpador, que le obliga a ser además fementido, taimado, cómico y adulador (ya desde el principio, contradiciéndose en llamar a Hamlet "mi sobrino y nuestro hijo", etc).4 No es inmoral porque defienda el poder con el veneno si es necesario; sino por su condición espuria de rey.
Un acierto, en fin, la apuesta personal de Mel Gibson por incorporar a su Hamlet; logro que repetiría luego el actor australiano con otro símbolo: Jesucristo.5
Fulgencio Martínez
domingo, 15 de Febrero 2025
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1. Cf: https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2026/02/hamnet-entre-el-drama-familiar-y-el.html
2. Como yo, creo que muchos españoles tenemos pendiente leer a Shakespeare en una buena traducción en verso (si no en su versión original). Los primeros diálogos de la obra de Zeffirelli respetan el ritmo del verso de Shakespeare, acorde con la primera escena: la escena ritual del funeral de Rey Hamlet. A partir del diálogo entre Hamlet hijo y Horacio, quien le anuncia las apariciones del espectro del antiguo rey, comienza a desarrollarse con más viveza la acción y a sonar en prosa. Es de agradecer que algunas grandes películas -recordemos la española "El perro del hortelano", de Pilar Miró (1996)-, nos regalen los oídos con el verso cuando este está bien servido a la presentación de la acción y la versión cinematográfica se basa en grandes obras en verso, como las de Shakespeare, Lope de Vega o García Lorca.
3. Ofelia. Personaje magistralmente representado por Helena Bohan Carter; su muerte, ahogada en un arroyo, evoca leyendas del folklore, en que se inspirarán luego muchos poemas sobre ahogados, como el famoso "Niña ahogada en un pozo", de Federico García Lorca. Por otra parte, el fantasma del rey Hamlet lo representa Paul Scofield; así como el del consejero Polonio, Iam Holm. Destacables todos, y también el actor que incorpora a Horacio Stephen Dillane, cuya entrada vivifica la acción que se volverá asombrosa, inquietante, en la noche del castillo.
4. Ya el toque de humor y de ridículo en esa frase del rey Claudio, al principio de la obra, denota al villano. Es un guiño de complicidad también hacia el público, que no salvaría nunca al malo ridículo, cuya doblez y felonía van unidas en un alma maligna a lo cómico. (siniestro).
5. The Passion of the Christ / "La pasión de Cristo" (2004), dirigida por Mel Gibson.


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