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jueves, 5 de febrero de 2026

Al margen de la música de Dios. Comentario de la novela "Panocho's metal", de Jesús Cánovas Martínez. Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 37. Nueva Col. / Bibliotheca Grammatica / Novela

 


 

AL MARGEN DE LA MÚSICA DE DIOS. COMENTARIO DE LA NOVELA PANOCHO'S METAL

 

Con anterioridad ya me había ocurrido algo semejante; en dos ocasiones si soy preciso. La primera fue cuando era adolescente. Iba con mi padre en la cabina de un TER (junto con los Talgo, los trenes de lujo de aquella época) camino de Lisboa. Mi padre, el maquinista, hablaba con su ayudante, y yo iba absorto contemplando cómo el paisaje pasaba veloz ante mis ojos; sentía deslizarse las ruedas del tren por los raíles como si emitieran un lento y prolongado silbido, o un suave y dulce chirrido, o un amortiguado aullido que invitara al sueño. Al doblar una curva, mi mente se alejó kilómetros de súbito y entró en una especie de cápsula donde cualquier tipo de sonido quedó eclipsado. Oía a mi padre hablar con el ayudante, pero no lo oía; oía aquel deslizarse de las ruedas por los raíles, ero no lo oía. Sabía que estaba en aquella cabina contemplando el rápido paso de un fugaz paisaje, pero yo no estaba allí. Fue porque me tocó el oído un coro de voces angelicales (por preciosas, indescriptibles; por excelsas, imposibles) que me mecieron allende los mundos. Mi mente o mi alma, voy a hablar de este modo, se desdobló y salió fuera de mi cuerpo, no sé dónde; a un lugar lejano, mágico y bello. No sabría decir cuánto duró aquella sensación o experiencia. Supongo que en el tiempo que miden los relojes resultó demasiado breve; inmensa en ese otro que escapa a la férula del hierro del reloj.  (Panocho's metal, 2025, pp. 291-292)

 

 

Esas líneas citadas arriba nos dan directamente el tenor de la prosa empleada en la nueva novela de Jesús Cánovas Martínez. Estamos ante una escritura literaria, que se puede releer y releer con delectación. No ante una redacción neutra, donde la vista y el oído resbalan rápidamente. 

    Ese pasaje también evidencia un rasgo de estilo: la capacidad del autor de expresar una experiencia interna, y de indagar morosamente en lo esencial, en busca de un interioridad más profunda, más profunda aun que el yo, la mente o el alma. Saltando del tiempo bergsoniano (doble cárcel temporal: el de la sucesión mecánica, "férrea", del tiempo de los relojes y el de la duración o vivencia psicológica del tiempo donde nos cegamos como la mosca ante el vidrio luminoso de una única ventana, la conciencia) a una zona ignota, en la que el alma naufraga como en un mar infinito. Leopardi, claro, y Pedro Salinas ("esta corporeidad mortal y rosa, / donde el amor inventa su infinito"), Plotino, san Agustín, muchas lecturas de poetas, místicos y filósofos están detrás de ese texto, en apariencia tan sencillo y claro. Apenas debe notarse, en la buena literatura, el mucho acervo de saber de quien la escribe. El autor, Jesús Cánovas Martínez, es filósofo, escritor, profesor y, sobre todo, poeta. Ha publicado, anteriormente a esta novela que comentamos, una amplia y exquisita obra poética, con títulos muy destacables, como, por ejemplo, Convocada soledad, Otra vez la luz, palomas, Transluminaciones y presencias, La luz herida, Estridularia, o su inicial libro A la desnuda vida creciente de la nada (1989). Desde 2009 ha ido también tejiendo y publicando, a cuentagotas, una obra narrativa de rasgos muy personales. Relatos y novelas. Relatos a veces agrupados en "tandas", y donde se asoman personajes, asuntos u obsesiones del autor, que, a modo del genio de don Pío Baroja, apuntan en una narración y se abandonan para luego recogerse en otra, como si tal cosa. A veces basta una sola alusión al personaje o al tema que ha obsesionado al autor en otro libro. Ese rasgo estilístico se repite también en esta novela, Panocho's metal, con menciones al Cagarrutio o a la Mochales, de modo que aquellos personajes in absentiam están también convocados en este nuevo episodio narrativo, como dando a entender su autor (ya no solo el autor aparente del relato, sino el autor implícito) la unidad y continuidad de un mundo narrativo. Donde el humor, la sátira de tipos humanos de toda condición, incluso lo grotesco, al modo de Quevedo o de Rabelais, no excluyen lo metafísico, el misterio, el pulso por lo espiritual y latente del ser humano más allá de sus máscaras absurdas (al modo de novelas como El hombre que fue Jueves: Una pesadilla, del inglés G. K. Chesterton, con el cual el narrador Jesús Cánovas guarda, en nuestra opinión, una secreta afinidad, ambos ensayan la indagación metafísica a través del humor).

 


 

    La sátira moral, escatológica, a lo Luciano y a lo Quevedo, es verdad que predomina en apariencia en la mayoría de los relatos y novelas del autor murciano y manchego-albaceteño (Nacido en Hellín, Albacete, 1959, recriado en Madrid y naturalizado murciano de la huerta y la ciudad de Murcia, tras su paso por la bella población costera de Águilas, cuna del actor Francisco Rabal, limítrofe con Almería). 

    Citemos solo algunos textos: Aires del sur (tres tandas, o tres colecciones de relatos publicados entre 2017 y 2018), la novela El Baboso (2022) y la anterior publicación, Todo mi vida matando tontos y ahora voy me convierto en un conspiranoico y otros relatos del encierro, de largo título, como un homenaje a títulos extensos de relatos de Gabriel García Márquez: La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada.

 

                                                Jesús Cánovas
 

El bisturí satírico tiende, en los relatos de Jesús Cánovas Martínez, a hurgar y mostrar en vivo las úlceras más escondidas de los personajes, que en su mayor porción son seres ridículos, pero falsos, o unos "preciosos" o pedantes pagados de su ilustración, o incluso de su maldad. Esos personajes caricaturizados en las obras narrativas de Cánovas Martínez no son, sin embargo, meros cartones animados; el autor los humaniza y a veces incluso, sorpresivamente, en medio de un relato, adopta su punto de vista, y nos los presenta con cierta "inmaculada" inocencia. El secreto "magistral" del narrador, que consigue humanizar a esos personajes irrisorios o fuleros, y que no sean simples muñecos de guiñol, está en contrastarlos con un narrador, presentado también casi siempre como protagonista, incluso desdoblado este personaje protagonista en un doble formado por su mujer, su pareja, con la que mantiene sabrosas y divertidas conversaciones y observaciones sobre la historia que el propio narrador intradiegético nos cuenta. Ella lo corrige, le apunta, y lo trata casi como a otro de los personajes satirizados. (La autoironía está presente, cosa rara en los relatos al uso).

    Ese recurso de contraste, en fin, lo lleva a su máximo la novela que comentamos: Panocho's metal, a través de la presentación de un narrador testigo doble, variable. El contraste relativiza, y enriquece la perspectiva de la narración, apertura su foco, y al último, revierte toda la historia hacia la pareja de los propios narradores-testigos, que quedan enfocados para el lector como el principal enigma a descifrar.

    El personaje doble, pues, es una variación del típico narrador en primera persona, intradiégético (perdone el lector el vocablo). La participación en la historia (seguimos la gramatología de Gerald Genette), no convierte a este personaje-protagonista-narrador en el único foco; la focalización es variable, dialógica (por así decir), al tener en cuenta las advertencias (a menudo, fisicas, golpes incluidos) de Blanca, la esposa de Sebas, el prota-narrador. Manotazos y puñados en la espalda, intencionales, "terapéuticos", propiciados por la fémina que hemos de leer como metáforas de la participación de un doble punto de vista o focalización, y que, además de despertar el entendimiento del marido, víctima aparente de una pequeña violencia doméstica, ironizada por propio narrador, tienen también la virtud narrativa de "relativizar" y poner en el mismo juego y a la misma altura al testigo crítico, Sebas, y a los personajes satirizados -de los que luego hablaremos-; de modo que se lima, así, un peligro: el de parecer el relato una narración olímpica, distanciada de lo humano, hecha desde una ser impoluto, peligro siempre próximo a los discursos y narraciones morales, a veces hipermorales en perjuicio de lo literario, que es siempre mezcla y espejo de la complejidad humana, así como de bien y mal, de virtud y vicio, de estupidez e inteligencia, aspecto este sobre el que también luego volveremos). 

    Los personajes "negativos" satirizados son básicamente la pareja, la extraña pareja, de Rosendo y Rosita, amigos del matrimonio de testigos-narradores, Sebas y Blanca. Aunque también hay otro personaje influyente en la historia de manera secreta, don Ciruelo, maestro y dómine, que en la imaginación de Sebas juega un papel decisivo en lo relativo a uno de los subtemas centrales de la novela: la música. Don Ciruelo al negarle a Sebas el acceso a una educación musical, le expone a éste a la curiosidad inicial por el mundo de los arcanos musicales y al delirio mistagógico del personaje Rosendo. Este extraño ser está poseído de una soberbia diabólica a la par que de una "ignorancia invencible", como diría el lógico Pedro Abelardo; es decir, es dueño de una creencia en que él lo sabe todo de todo pero, especialmente, de la música y del tritono, ese intervalo de disonancia que sierra el oído, llamado también diabolus in musica. Ya puede el lector imaginarse la comicidad que propicia un personaje así, y que hábilmente sabe el narrador desvelar progresivamente a lo largo de la novela Panocho's metal. La estupidez nunca es absoluta, aunque parezca invencible en un tipo. El rasgo humano del personaje se presenta en relación con su mujer, Rosita, incluso, con la madre del propio Rosendo; quienes sufren sus delirios, casi tanto como el propio Sebas, mistéricamente atraído por la personalidad desquiciada del tipo. La locura va explotando poco a poco en la narración, hasta el final, donde, sobre los delirios y sobre los temas de discusión, metafísicos a veces, predomina el lado humano, cierta empatía o compasión por la humanidad del orate, ignorante invencible, no malvado por conocimiento y voluntad, sino nacido ya con una cierta querencia irreprimible, como la cabra tira al monte.

    Leemos las últimas líneas de la novela: un final magistral, donde reaparece y triunfa la mezcla, lo literario, la imposibilidad de un división cátara entre el bien y el mal, entre el demiurgo malo y el Dios bueno:

    Despedida Rosita, Blanca ya en casa, sentí, o mejor, viví por tercera vez aquella experiencia inefable; al igual que las anteriores duró lo que dura una fracción de segundo. Suficiente para ser transportado lejos y oír cómo vibraban las tétricas cuerdas de una guitarra, las cuerdas de una guitarra eléctrica y trágica, ya que enredado entre sus bellísimos acordes reconocí de fondo el siniestro tritono del diablo. (op. cit. pp. 292-293)

 

Panocho's metal ha sido publicado en Murcia en noviembre de 2025, por AESC editores. 

 

Fulgencio Martínez

Huesca, 5 de febrero 2026

 

 Fulgencio Martínez: “Soy un poeta español, es decir, en español”;  entrevista por Wilkins Román Samot

Fulgencio Martínez es autor de varios libros de poesía (el más reciente: Sendas de invierno, Ars poetica, Oviedo, 2025). Dirige y edita Ágora-Papeles de Arte Gramático. Profesor de filosofía en prácticas. Guadalquivir y el Ebro le guardan las espaldas.

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