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sábado, 4 de junio de 2022

LA ESTAFETA ROMÁNTICA (GABINETE DE CURIOSIDADES ANTROPOLÓGICAS). / Diario político y literario de FM / Junio 2022

 


LA ESTAFETA ROMÁNTICA

(GABINETE DE CURIOSIDADES ANTROPOLÓGICAS)

 

              "Tú, joven inteligente y lleno de vida, archivarás este como otros sucesos que te he contado, para que los perpetúes si quieres, dedicándote a la enseñanza de gentes y a la extirpación de la ignorancia, el más grande mal que hay sobre la tierra". Así dice un personaje de Galdós, en uno de sus "episodios nacionales", La estafeta romántica, cuya acción se sitúa hacia 1836-37 en plena guerra civil entre carlistas y liberales.

En otros artículos os he hablado ya de algún momento destacado de estos Episodios galdosianos, que voy leyendo a ritmo de tren lento, tren de los de antes: aquellos que te dejaban observar bien el paisaje. Os recomiendo mucho su lectura, sobre todo a aquellos que amáis la lengua castellana. También a los curiosos de las cosas antropológicas de la Historia moderna de España.

 Así, en este Episodio, La estafeta romántica, que hace el número 26 (III Serie), encuentro la más viva y dramática recreación de la muerte de Mariano José de Larra, uno de los mayores genios de nuestra literatura, que se suicidó con apenas 28 años. 

           "Era una lástima ver aquel ingenio prodigioso caído para siempre (...) No podía vivir, no. Demasiado había vivido; moría de viejo, a los veintiocho años, caduco ya de la voluntad, decrépito, agotado. Eso pensaba yo, y salí, como te digo. suspirando, y me fui a ver  a Pepe Espronceda, que estaba en cama con reúma articular, que le tenía en un grito (...)  el cual, de improviso, dio un fuerte golpe en el brazo del sillón, diciendo: "¡Qué demonio! Ha hecho bien"."

Qué superior estuvo ahí el diestro Espronceda. Antes había una solidaridad, una camaradería de este y del otro lado de la muerte, entre los escritores. Quizá porque escribir en España era estar ya muerto en vida (me refiero a la escritura independiente, no sujeta al dictamen de los partidos ni a los caprichos del público).

En el famoso pasaje del entierro de Larra, en el cementerio civil de Madrid, como saben, se reveló al mundo literario un joven: José  Zorrilla, el futuro autor de Don Juan Tenorio.

Pero lo más impresionante de esa escena, para un lector de hoy, es sin duda el detalle antropológico de la despedida del amigo muerto, que tenía lugar unos momentos antes de entregar a la huesa los restos fúnebres. Para ello se destapa durante unos momentos el féretro:

        "...la emoción que nos embargó al descubrir el ataúd y ver las ya macilentas facciones del gran satírico, próximas a desaparecer para siempre en la tierra. Aún nos parecía mentira que del primer ingenio de nuestra época no quedase más que aquel despojo miserable. ¡Veintiocho años, Señor, la edad de vivir!..."

Son cosas curiosas para el mundo actual, y pertenecen ya al archivo antropológico: una, la idea del profesor como médico (pediatra) que extirpa el mal de la ignorancia, se supone que a menudo con suavidad, y otras con anestesia o sin ella; dos, la costumbre de mirar a la cara del muerto antes de bajarlo a la tierra, para despedirse de él o de ella, y entender aquello de la seriedad de la muerte.

Seguro que tú, lector, aprovecharías más la novela para añadir otras mil noticias a tu hipotético gabinete de curiosidades sociales, históricas o antropológicas, como, por ejemplo, la forma natural que tenían los románticos de entender el suicidio, la estimación por la educación de la mujer, en vanguardia de la nueva sensibilidad romántica y promotora en su condición de lectora, asimiladora y en algunos casos excelsos, impulsora y pionera de la literatura romántica en España, y, en general, en Europa. Mientras los hombres, los maridos, siguen más "la inercia social" y el clasicismo, o la cartilla vulgar, ojo, hasta que un giro sentimental les saca de su interior, una sensibilidad heroica escondida. No son tan mulos ellos, solo les faltaba el despertador romántico de una contrariedad a la imagen de sí mismos. Ni ellas (ahora, me refiero a las que tenían acceso a la cultura) tan muñecas de trapo; aunque hacia fuera aún tengan que adoptar una pose de "tontería artificial" para protegerse (de los varones y de otras mujeres, metidos y metidas en religión, sensibilidad y costumbres encorsetadas y murmurantes contra las mujeres sabias o las mujeres románticas). Dice un personaje femenino en la narración que comento: 

    "No solo nos es forzoso disimular nuestras faltas, sino también nuestro talento...la que lo tenga...(...) Es forzoso proporcionarse una tontería artificial. Yo he sido y soy una tonta de trapo; y aunque sé muchas cosas que he aprendido en mis lecturas (y otras que he cursado en mis desgracias) me revisto de una ignorancia deliciosa, que es el encanto de mis amigas. No soy la única que adopta este sistema (...) Rara es la que no se ha creado una representación falaz de su persona para poder vivir; pero en mí el histrionismo es más meritorio que en ninguna, por la enorme distancia entre lo que soy y lo que represento, entre mi ingenio secreto y mi estolidez pública".

La escisión, en el alma romántica, entre el anhelo infinito y la realidad tiene en la mujer una brecha mayor, que tiene que ver con esa necesidad nueva, alimentada por el romanticismo, de ganar por ella misma una imagen pública coherente con la imagen valiosa de sí misma que le han proporcionado su educación y capacidad de asimilación de las experiencias tanto como de la cultura de su época.

Una cierta semejanza y una enorme diferencia, en esta actitud, respecto a las reivindicaciones colegiadas, colectivas y aborregadas de nuestra época, en cualquier ámbito, no sólo en el de la mujer. La abstracción, en este y en otros casos, puede secar el impulso romántico y desenfocar el mérito individual. Se ha acuñado, incluso, el término meritocracia, como denuesto lanzado contra todo aquel o aquella que lucha por que se le reconozca por sí mismo o por sí misma. No me interesa, como lector, nada que venga precedido del marchamo de "feminista", "homosexual" o de un colectivo xy o xx, o xxxy. Sinceramente, me pone un obstáculo innecesario a mi provecho y valoración. Ni Carmen Conde, ni la Nobel Gabriela Mistral, ni Alejandra Pizarnik, la gran escritora argentina de raíces ucranianas, necesitan más motivos que su literatura para ser leídas y valoradas. Ellas como ellos (Miguel Hernández, Neruda, Ezra Pound, Eliot, Céline) tienen igual derecho a ser leídos, y a quedar con el tiempo, en el valor de escritores sin que les ayude a unos el sectarismo imperante ni la etiqueta de comunista, fascista, machista o antisemita, ni a otros u otras sus etiquetas supuestamente contrarias, de feminista, ecologista o de cualquier rasgo "positivo". Almudena Grandes está ahora en las llamas del sectarismo, de doble lengua, de izquierdas y feminista, esperemos que pase pronto al otro lado, y ocupe el lugar que la literatura le otorgue, junto a Rosa Chacel, esta escritora ya considerada entre los mejores novelistas españoles del siglo XX sin que importe mucho su condición sexual ni su ideología.

                                                                                                                           Murcia, 5 de junio 2022

 

Fulgencio Martínez

Profesor jubilado, escritor y editor de Ágora

jueves, 12 de mayo de 2022

Desolación, 1922. Gabriela Mistral (1889-1957). Por José Luis Martínez Valero. Homenaje a Gabriela Mistral, 100 años de Desolación. Avance de Ágora.Papeles de Arte Gramático n. 12. /Co-lección Ágora

 


 

 

DESOLACIÓN, 1922

GABRIELA MISTRAL (1889-1957)

 

 

 

 

                                              Por José Luis Martínez Valero,                                                                                                                 poeta y catedrático de Literatura

 

Gabriela Mistral, chilena, fue diplomática, profesora y poeta. Recibió el premio Nobel de Literatura en 1945. Permanece en una fotografía donde parece que escribe o lee, abstraída, sería o rígida, también con los ojos entornados. Siempre lejos de sí misma, como si ocultase algo, como si se quisiera escondida.

 


De ella quiero recordar uno de sus libros, aparecido cuatro años después del final de la Primera Gran Guerra con millones de muertos, que abrió el signo trágico del siglo XX y sus revoluciones, y acabaron con aquel mundo, abriendo las puertas de una crisis permanente que, transformaría de raíz, la función de la mujer en la sociedad. 

Aquellos primeros veinte, soportaban el peso de todos los muertos. T. S. Eliot estaba escribiendo La tierra baldía, recordaréis: Abril es el mes más cruel hace/ brotar lilas en tierra muerta,…César Vallejo, Trilce, también sus primeros: Quién hace tanta bulla y ni deja / testar las islas que van quedando…Un libro donde quiere llevar la palabra hasta el límite, para que todos sepan que este mundo no es una burbuja gozosa, sino un peso que nos cae sobre el cuerpo y sobre el alma. 

El mismo año que Gabriela publica: Desolación, 1922. Aparecen La tierra baldía y Trilce.   Los tres tienen conciencia del dolor, de la soledad, la frustración, la convalecencia. El hombre y la mujer son seres heridos, tanto en la carne como en el espíritu, seres que buscan, se buscan.

Eliot presenta la cotidianidad, como si se tratase de un recuerdo, las lecturas, la rutina; la repetición a veces se convierte en un calmante. ¿Gabriela, transforma en fervor su frustración? Reviste su pasión carnal. Cristo se convierte en un dolorido poder ser contra todo convencionalismo. Un modelo, un ejemplo, que se vela y se devela. No hay hipocresía ni simulación, sino experiencia.

Gabriela nacida en una familia humilde, lejos de amigos influyentes, dotada de una inteligencia superior, creativa, tanto para la poesía como para le enseñanza, en la que hay que romper con tantas autoridades: ya sea lo que siempre se ha hecho, la memoria, el examen, el castigo, la repetición hasta el cansancio. Y, todo ello, sustituirlo por una relación afectiva, el amor al trabajo, lo bien hecho, no el premio, pero si la satisfacción de dar por terminado algo, hacerle ver al alumno que todo puede estar a su alcance, romper con los compartimentos estancos de las clases sociales, de los centros excluyentes.  

Dice Gabriela: Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con actitud, el gesto y la palabra.

Sobre esta enseñanza es oportuno agregar las palabras que años más tarde le dedica a Carmen Conde en el prólogo, septiembre de 1933, Madrid,  para su libro Júbilos, 1934, de Ediciones Sudeste. Hay en él un texto garante de la unión Poesía y Pedagogía que define la inquietud de esos años, cuando se propone la cultura como componente efectivo en la transformación de un país, dice así:

Carmen Conde está casada con un poeta, Antonio Oliver Belmás. Ambos han creado en la Cartagena levantina la Universidad Popular, y trabajan en ella con una doble pasión de maestros y poetas. Este casamiento de Pedagogía y Poesía, que los profesionales suelen no aceptar ni tener por válido, yo sé que es de las mejorcitas alianzas y de las más serviciales. La Poesía significa, entre otras cosas, un sostenido nivel azuzado de pasión, y la Pedagogía padece de una tal sequía, de unos tales peladeros de aridez que atravesándolos las pobrecitas criaturas echan de menos, de día a día, el agua de la vida, la buena agua que nutre jugando, puerileando; el agua que sí da los sulfatos, hace también las nubes

Gabriela Mistral siente una pasión, una sexualidad que muchos no ven, trataré de mostrar esas ambigüedades que no lo son tanto en sus textos. Porque la poesía se convierte en la tierra de la verdad y en ella no se puede mentir. Desterrada, ajena, aunque con la certeza de que se puede ser distinta. La culpa calderoniana que carga sobre el católico, es algo universal, tiranía de la que Cristo nos liberó.   

Juan Miguel, conocido como Yin Yin, nacido en Barcelona, 1925, cuya madre biológica fue Gabriela, pasa como su sobrino e hijo adoptivo, que apenas convive con la madre, porque ella anda de aquí para allá. Cuando definitivamente se reúnen en Petrópolis, en 1943, ahora es la otra guerra, donde coinciden con Stefan Zweig, cuando siendo un muchacho de diecisiete años, se suicida. En la nota que deja dice que no ha sabido vencer, que quizá exista otro lugar donde vivir sea más fácil.

Frente a una poesía luminosa, serena, como un mar tranquilo, Gabriela Mistral compone su visión trágica, expresionista, resultado estético y moral de aquella primera gran guerra que había cubierto de luto el mundo, no distorsiona la realidad que describe, sino que muestra el alma dolorida, el sufrimiento definitivo instalado sobre las familias.

Entre tanto el mundo poético, recién salido de un modernismo de parques exóticos, cisnes, princesas, se inclina por las vanguardias. El Futurismo ha mostrado su entusiasmo por las máquinas, esa vida que parece más consistente que la propia, sin sentimientos que entorpezcan la toma de decisiones, que pronto se declara afín y cooperante del fascismo. Está a punto de aparecer el Surrealismo que explorará el otro continente de los sueños, la abolición de la razón, rompe con prejuicios ancestrales, se impone la juventud, mientras el mundo parece condenado a una alienación sin remedio.

Sin embargo, la poesía de Gabriela Mistral trenza sus versos a la manera clásica, rima asonante y consonante, se inclina formalmente por sonetos y cuartetos. Se mueve entre alejandrinos, endecasílabos, eneasílabos, octosílabos, también utiliza los versos de siete y seis sílabas.

Desolación es un libro triste, su primer poema, a modo de prólogo el Pensador de Rodin contextualiza aquellos primeros años de posguerra: el Pensador se acuerda que es carne de la huesa, / carne fatal, delante del destino desnuda, /carne que odia la muerte y tembló de belleza. Termina con este verso: crispados como este hombre que medita en la muerte. La carne, la huesa, la muerte corresponden a una atmósfera de víctimas. Tras la gran guerra todos habían perdido algo.

Fundamental la presencia de un Cristo en la Cruz, el de las venas vaciadas en ríos. El diálogo con quien se ha sacrificado por todos: estas pobres gentes del siglo están muertas.  Parece que el tiempo hubiese llegado a su final, que hemos sido abandonados en un mundo donde la alegría ha sido desterrada. La poeta se siente cómplice: ¡Odio mi pan, mi estrofa y mi alegría, / porque Jesús padece!

Se trata de un Dios humano, unamuniano, a imagen del hombre creado. Quizá el poema que mejor lo representa sea EL DIOS TRISTE: Y en esta tarde lenta como una hebra de llanto/ por la alameda de oro y de rojez yo siento/ un Dios de otoño, un dios sin ardor y sin canto/ ¡y lo conozco triste, lleno de desaliento! El texto concluye con estos versos, oración y epifonema, que reconocen su grandeza, pero atribulado y vencido: “Padre, nada te pido, pues te miro a la frente/ y eres inmenso, ¡inmenso!, pero herido.

Con carácter premonitorio el poema INTERROGACIONES, enciende la luz que ilumina un territorio apenas explorado,  basta con leer el primer verso: Cómo quedan, Señor, durmiendo los suicidas?  Yin  Yin, y el padre de Doris Dana, su compañera estadounidense, se suicidaron, circunstancia que las une en esa realidad imprecisa, fantasmal, dudosa. Las sucesivas interrogaciones ofrecen un mundo inestable, nada es seguro; sin embargo, la poeta se niega a llamar Justicia a los hechos y los transforma en amor.

En COPLAS alumbra esas relaciones que con el tiempo se irán desvelando: Yo no tengo otro oficio/ después del callado de amarte, / que este oficio de lágrimas, duro,/ que tú me dejaste. Muestra situaciones íntimas: ¡Tengo una vergüenza / de vivir de este modo cobarde!/ ¡Ni voy en tu busca/ ni consigo tampoco olvidarte!

En EL AMOR QUE CALLA, define su amor: Si yo te odiara, mi odio te daría/ en las palabras, rotundo y seguro; / pero te amo y mi amor no se confía/ a este hablar de los hombres, tan oscuro. ¿Por qué esa oscuridad? Se refiere al silencio del título, o a la torpeza, la incapacidad para poner en palabras este amor.

 Sin duda es una declaración. Gabriela Mistral para unos fue una santa, una mística; otros, quizá pudieron advertir su inclinación homófila. En CERAS ETERNAS, leemos: Ah, ¡Nunca conocerá tu boca/ la vergüenza del beso que chorreaba /concupiscencia como espesa lava!

 Sus versos están dotados de una carnalidad que pretenden transmutar el espíritu, encarnarlo. Vinculada a la maternidad, como fuerza genésica, confirma un vitalismo opuesto al suicidio colectivo, que debió suponer la guerra, aquella esterilidad. He aquí el POEMA DEL HIJO, dedicado a Alfonsina Storni: Un hijo, un hijo, un hijo! Yo quise un hijo tuyo/ y mío, allá en los días del éxtasis ardiente, / en los que hasta mis huesos temblaron de tu arrullo/ y un ancho resplandor creció sobre mi frente.

A menudo aparece la frustración, veamos la primera estrofa de EL SURTIDOR: Soy cual el surtidor abandonado/ que muerto sigue oyendo su rumor./ En tus labios de piedra se ha quedado/ tal como en mis entrañas el fragor.

¿Hasta qué punto los muertos, representantes del pasado, condicionan el presente? Recordemos que Kant llamaba a España, y creo que se debe extender a todos los territorios de lengua española, el país de los antepasados. En LOS HUESOS DE LOS MUERTOS, tercera estrofa Mistral declara: Los huesos de los muertos / pueden más que la carne de los vivos./ ¡Aun desgajados hacen eslabones/ fuertes, donde nos tienen sumisos y cautivos!

Imágenes de sueño y pesadilla, atención a las estaciones, que  expresan la atmósfera, el clima afectivo, invierno y muerte, orfandad, soledad. Los atardeceres, el ocaso sangriento. A veces repite como una salmodia reiterativa que se parece más a una oración. A menudo hay una nota tremendista, el amor no es algo calmo, sino pasión trágica, acechada por la muerte.

El ARBOL MUERTO, recuerda al poeta Antonio Machado y su poema A un olmo seco. Leamos: En el medio del llano,/ un árbol seco su blasfemia alarga; /un árbol. Blanco, roto/ y mordido de llagas,/ en el que el viento, vuelto/ mi desesperación, aulla y pasa.

Para completar estas anotaciones recomiendo el documental Locas mujeres que toma el título de la primera parte de su libro Lagar, publicado en 1954. Obra de María Elena Wood que recoge el encuentro e historia de amor entre Doris Dana y Gabriela Mistral. Asistimos a la cotidianidad, a la intimidad, de una relación con sus testimonios autógrafos, visuales y sonoros.  

 

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO es catedrático emérito de Literatura, ha publicado Sintaxis (La fea burguesía ediciones), un diario novelado donde junta ensayo, poesía, memorias de infancia y juventud e impresiones de la ciudad. Es autor de una larga serie de títulos tanto en verso como en prosa, siempre reinterpretando y acercando los géneros literarios (del ensayo, la epístola, la poesía y el cuento, entre otros). Ha publicado La isla (ed. El bardo), La espalda del fotógrafo (Editora Regional de Murcia), Poemas (Editora Regional), La Puerta Falsa, Puerto de sombra (Ed. La fea burguesía), Libro abierto (La sierpe y el laúd ed), Plaza de Belluga, Daniel en Auderghem (Diego Marín ed) y Merced 22.

 

REVISTA ÁGORA DIGITAL/ homenaje a Gabriela Mistral, 100 años de Desolación.