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domingo, 25 de octubre de 2026

LA NORMALIZACIÓN ES VOTAR EN PAZ. Diario político y literario de Fulgencio Martínez / T-26

 Manos blancas | Serendipia Editorial

 

 Dedicatoria: El artículo lo dedicamos a la memoria de Miguel Ángel Blanco. Asesinado en el País Vasco por la ETA. Su tumba fue vandalizada en varias ocasiones por abertzales, de modo que la familia hubo de trasladar los restos de Blanco a Galicia. No normalizan bien allí aún. ¡O normalizan la desviación!

 

LA NORMALIZACIÓN

"La socióloga Diana Vaughan estudió la "normalización de la desviación" al prosperar una cultura complaciente con los extravíos legales y estándares sociales normalizándose las malas prácticas. Con esa filosofía política Sánchez ha llegado a legitimar probablemente una de las mayores muestras de corrupción en nuestra historia democrática: la compra de votos a cambio de amnistiar graves delitos y otorgar importantes concesiones a partidos nacionalistas que apoyan la violencia contra el Estado", escribe Rogelio Alonso (ABC, 24-10-2026).

    Cuestiono ese concepto de normalización de las malas prácticas en la sociedad democrática en que, no supuestamente, sino normativamente vivimos, por lo menos aún vivimos. Muchos nos sentimos cada día más concernidos personalmente, éticamente, en la defensa de la democracia y en la crítica de aquellos partidos y aquellos políticos que intentan destruir los consensos en que se ha basado y se basa la convivencia, política, urbana y existencial, en España. Ninguna lucha por un derecho concreto (vivienda, trabajo, pensión, etc) justifica matar la democracia y la paz civil. La normalización es votar en paz.  No aceptamos, desde el sano criticismo, que haya triunfado la normalización de la desviación.


    Nos rebelamos contra otra especie de normalidad vacía de respuestas críticas. Nos rebelamos, pacífica, democráticamente; no estamos en una dictadura, situación que tal vez legitimaría la manifestación antilegal, nunca, creemos, el órdago incendiario. Pensamos que es en democracia precisamente donde menos hay lugar para el violento, y que por tanto la ley tiene que responder inmediatamente para contener su hybris. 

    Nos manifestamos en la calle, unos, apoyando el domingo a las mujeres caballas, otros, por otro motivo; y unos y otros también en silencio, o a gritos; nos expresamos con testimonios, con opiniones, sin agudeza o con ella, con más o menos capacidad de análisis; nos rebelamos contra los que nos quieren imponer la violencia en la plaza pública y recetarnos el miedo a hablar y a opinar libremente.

   Seamos conscientes -los libres- de que no estar con los bárbaros de un bando ni de otro exige un vivir fiero: te hostigarán todos, te aviso.


VOTAD EN PAZ

La normalización de las malas prácticas (vuelvo al tema del inicio de esta reflexión) es un fenómeno que se produce, sí: entre la grey de esos partidos y de esos políticos no democráticos que se dicen dueños de la calle. 

    Los torcidos no denuncian las coacciones, la acción violenta, los asesinatos, salvo cuando los pueden adjudicar a sus adversarios. El mal que ellos hacen no es mal, es un medio, aséptico. Los torcidos (como les llamo) pueden estar en la izquierda, o en la derecha.

    Místicamente hacen partícipes en su no culpabilidad al grupo que los apoya; eventualmente puede haber entre estos algunos filántropos, quienes tampoco se indignan con los desaguisados y desmanes cometidos por sus líderes, se indignarán solo por las causas a las que sus ídolos den el visto bueno; quizá la acumulación de faltas les produce hastío. Enumerando solo unas: robos, apropiaciones de patrimonio, mentiras, joyas, ¿les suena?, complicidad con el terror, compra de votos del terror para llegar al Gobierno, a cambio de conceder o prometer  amnistía a los terroristas (1), mientras manubrian el censo electoral dando apariencia de ley ("Ley de nietos") a lo que es un posible fraude, pero más que eso: tentativamente es un borrón del voto ciudadano. (2)

   Sobre esto último: los torcidos saben desviar el foco de lo que en realidad pretenden: vaciar de sentido el voto de los ciudadanos y ciudadanas españoles en las próximas elecciones generales, pensando que a corto o a largo plazo eso les beneficia (3): la cuestión no es tanto el número de los que entran de nuevo a votar, como del valor menguante del poder de mi voto, de cada voto; como bien sabía Florentino Pérez ante el intento del que fuera su contrincante a la presidencia en las últimas elecciones en el club de fútbol Real Madrid: el tal candidato pretendía introducir unos cientos de miles nuevos socios con derecho a voto, para desvirtuar los de los socios ya existentes. Es como si en mi junta de vecinos de mi casa en Murcia votaran también ciento y mil de Guadalajara, México o de Guadalajara, España, ¿en qué se queda el valor de mi voto para decidir? 

    A los partidos populistas les va mejor cuanto menos control tiene el ciudadano sobre su vida, cuanto más dependencia, cuanto menos vale su voto. 

    El incremento del censo de votantes no debería ser alterado de forma artificial, y eso es lo que pretende la famosa "Ley de nietos", susto que viene de la ley de "memoria histórica" de la ETA, los encapuchados que dejaron en Venezuela y en Cuba (por ejemplo) unos cuantos asesinos que no han sido juzgados aún en España. Memoria, pero no para juzgarles en democracia a todos los etarras dispersos en "el exilio" y despatarrados, a sus anchas hoy, en Euskadi y Navarra, ¡alabado sea el PSOE! (¡no se acuerdan ya de Ernest LLuch! Socialista, asesinado, con dos tiros en la cabeza, por la ETA, en su ciudad, Barcelona).

 Ernest Lluch, una vida truncada

                                        Ernest LLuch

   

     De modo que esto (y otrosí) no lo podemos normalizar. Voten en paz, ite... 

    (¿Me he expresao?, ¿o no?).

 

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NOTAS 

(1) Es reciente la amnistía a los CDR, guerrilla terrorista urbana. 

(2) Han hecho creer ilusamente a medio país que no vale mucho el voto de un español, ¿por qué no puede votar cualquier persona sea de España o de Singapur en este país? ¿Qué es eso de tener derecho como español?, ¿a qué? Si la tarta es la misma, no tocamos ni a una lámina, ni a una beca, ni a un auxilio médico, ni a medio capón por persona... 

(3) Bien para tener votos en el morral en próximas elecciones, o bien para imponer una autocracia con apariencia de democracia y república. 

 


Fulgencio Martínez

24 de octubre 2026 

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