Portada del libro Dragón custodiando el misterio
EL ASCENSO AL ESPÍRITU POR LA SABIDURÍA DEL MISTERIO. CONVERSACIÓN CON ALFREDO RODRÍGUEZ. (Tercera parte)
Los lectores que ya conocían tu obra poética anterior, Alfredo, esperaban quizá un poemario como Dragón custodiando el misterio, que publicaste en Albacete en 2024, y que constituyó un hito en las publicaciones poéticas de ese año: tu libro no pasó desapercibido a unos pocos lectores aplicados y entusiastas de la buena poesía.
Alfredo Rodríguez: Ojalá que haya sido así. Que el canto haya llegado a su destino, como decía José María Álvarez en aquel viejo verso.
–El poemario tiene como leit-motiv “la celebración del misterio de la creación”, recogiendo una expresión tuya. El dragón, como “custodio” de ese misterio, se mimetiza con el canto, con la poesía y, en suma, con la belleza.
A.R.: Así es, Fulgencio. La celebración del misterio de la creación poética. Una celebración en la que los poetas que hablan, las diferentes voces que se dan en el libro, pueden justificar por fin y poner en valor esa inmortalidad de su arte, esa inmortalidad de su poesía con la que siempre han soñado todos los poetas del mundo. Los grandes poetas, todos parecen haber sido convocados en el libro. Y al final, todo el libro es un viaje hacia el sentido último de la poesía, hacia el propio hecho de escribir poesía, su razón de ser (el porqué de escribir poesía), el acto maravilloso de la creación poética, cuando el poema es verdadero, claro.
–¿En qué medida consideras que estamos ante tu obra poética plena?
A.R.: –Bueno, creo que en este libro, más que en otros míos anteriores, se afirma definitivamente ya una voz propia, dejando atrás las huellas y los influjos de lecturas y maestros. Porque otra cosa que me digo a mí mismo en estos poemas es: olvida lo que has leído y lo que has escrito (o deseado escribir), olvida todo lo que has aprendido hasta ahora y parte desde cero (es el “desaprender lo aprendido” del gran Salvador Pániker y su teoría retroprogresiva), desde tu ‘yo’ más íntimo y genuino de poeta. Haz tabla rasa con tu vida y con tu obra.
Como dice el poeta José Carlos Llop, otro de mis maestros, cada libro de un poeta es una nueva entrega de su autobiografía, entendiendo esta como la vida vivida en su verdadera plenitud. Y, en concreto, cuando se escribe un poema, se escribe con la sospecha de que mientras lo escribimos algo va a suceder, una cosa extraordinaria, algo que nos transformará, que lo transformará todo: un poema es, de alguna manera, una vida nueva, una fuerza que se relaciona íntimamente con nosotros. Cuando terminamos de escribir ese poema parece como si aguardásemos la revelación, una revelación. Y experimentamos con ello, a veces, un sentimiento de plenitud casi mística, es decir, la poesía constituye una actividad espiritual que aspira a conseguir el contacto del alma con lo Sagrado. Por eso he pretendido en este libro escribir una poesía del alma, del trance del alma. Creo que me acerco a ello.
–El título de tu obra, Dragón custodiando el misterio, y la presencia del “dragón” se inspiran en un texto de la gran poeta Clara Janés, cuya cita constituye la apertura del poemario. ¿De dónde procede ese texto y qué afinidad encontraste con Clara?
A.R.: Pues lo tenía anotado en un cuaderno de notas mío donde voy apuntando desde hace muchos años todo aquello que me atrae y me alimenta: una especie de tormenta de ideas infinita que voy guardando para mí y de donde saco luego mucho material para los poemas. La cita no es verso, como algún reseñista ha dicho por ahí, sino prosa. Pertenece a un ensayo suyo titulado La traducción como conjuro, que apareció publicado en una revista digital académica francesa en 2015, y antes ya había aparecido también en la revista poética La alegría de los naufragios, en 2001, en un artículo titulado Como una resistencia pasiva. Bueno, cualquiera que pretenda educar su sensibilidad poética, o profundizar en temas de carácter místico o espiritual, debe acercarse, sin duda, a la obra de Clara Janés. Además de ser una de las más grandes poetas que ha dado este país, como bien sabes, ha destacado como traductora y como poeta en su interés por el diálogo entre las tradiciones culturales y espirituales de Oriente y Occidente. Y es muy clara la sintonía con Oriente que se da en Dragón custodiando el misterio. Este es un libro con espíritu taoísta, algunos poemas tratan de adentrarse en la espontaneidad taoísta.
Clara Janés
–¿Qué importancia cobra en tu propia obra el símbolo del dragón? Aunque sea una pregunta que pueda responder el lector tras su lectura, creo que no está de más recoger de la propia voz de su creador algunas claves u obsesiones de ese mundo simbólico que refleja el libro.
A.R.: Sí, en todo el libro hay una presencia primordial, un gran símbolo que es el del dragón. Los dragones fueron animales místicos que pertenecían a los dos Mundos (el mundo material y el mundo espiritual) y viajaban entre ambos mundos. Poseían poderes sobrenaturales y eran guardianes de los misterios, los tesoros y las doncellas. Ese dragón del que hablo en este libro sería el poeta, defendiendo a su doncella: la Poesía, y combatiendo contra todos los problemas a los que se enfrenta en su vida diaria un poeta, alguien que ha adquirido un compromiso de por vida con la poesía. Pero también ese dragón es la propia Poesía, que custodia la fortaleza inexpugnable del alma, de nuestra alma, la única verdad del mundo, la belleza de la vida, el misterio de la Cultura, lo Sagrado, escrito así también, con mayúscula. Hay diferentes voces que hablan en el libro: en algunos poemas hablo yo como poeta ‒se me distingue fácilmente, un poeta cualquiera muy apasionado eso sí‒, pero en otros poemas son otros poetas los que hablan, poetas antiguos casi todos, maestros o poetas legendarios, vivos o muertos. Como en un todo unitario vagan por el libro todos esos poetas, todas esas voces, y hay como una especie de fino hilo de oro muy sutil que los va hilvanando a todos. Al final, todos esos poetas son El Dragón, distintas caras del dragón, ese dragón que custodia el gran misterio secreto de la poesía, poesía que es a la vez otro dragón. Uno y trino. Como en el mismísimo misterio de la Santísima Trinidad.
–El poemario se divide en tres grupos de textos, sucesivamente, en un orden que recuerda un ritual: Del alma en trance, Las estancias de la memoria y Vida pura en vida, y culmina con un epílogo, escrito por Sonia Betancort, de la que he extraído esta pista, sobre otro símbolo central de la obra: el “bosque”,
Como las serpientes mitológicas entregaron a Nagarjuna las enseñanzas ocultas y este, a su vez, siguió la infinita cadena de transmisión del saber, el bosque de Alfredo Rodríguez comparte su secreto con nosotros, lectores del siglo XXI (…)
(p. 90. op. cit.)
de ese “bosque”, te pido también que nos hables. ¿Tiene que ver con la selva oscura de Dante? ¿Es alegoría de algún estado del alma o de la misma existencia terrenal?
A.R.: Primero, decir que se trata de un epílogo magistral de la poeta y ensayista canaria (de la isla de la Palma), Sonia Betancort, que es profesora de Literatura en la Universidad Camilo José Cela, de Madrid. Creo que su texto es sencillamente maravilloso, un broche de oro para el libro. Pero no, no había pensado en Dante ni en su selva de confusión moral o pecaminosa. En concreto, el poema titulado “En el bosque interior del poeta”, del que Sonia extrae el título para su epílogo, es un poema que habla de lo que queda hoy día de la figura del poeta, los restos del naufragio. Lo que se ha salvado de la quema social de su arte. Se le compara ahí al poeta con aquellos desgraciados que en la Edad Media se les hacía pasearse, como digo en unos versos, llevando un cascabel a la cabeza / Que es símbolo de los vicios más ruines, y ello para llamar la atención del populacho y recibir insultos.
Aunque, bien pensado, tampoco está tan lejos la idea del poema con lo de la selva oscura dantesca a que te refieres. En fin, sobre el bosque sagrado tengo un libro entero preparado a punto de salir no sé cuándo. Deiwos, se titula. Ya sabes que el bosque ha sido siempre considerado como el límite de lo sagrado. Más allá de su umbral comenzaba todo aquello que desconocíamos. En la linde del bosque comenzaba lo que estaba más allá, una realidad que estaba detrás de la realidad que los ojos veían. El bosque y su umbral preservando lo sagrado. Y en el bosque, escuchar la llamada de la armonía, sentir la llamada de una verdad que apacigua, como decía el maestro Antonio Colinas.
–Recuerdo estos versos, del inicio del poema “Vela trahere” [Las estancias interiores]
Lo que nace y muere Tus dioses siguen ahí
La suerte de las almas en el orden del mundo
El soplo del azar
El vértigo de la vida El mensaje
De las viejas religiones también
Y los maestros de las catedrales
Con la desolación de su belleza.
(p. 59. Dragón custodiando el misterio)
Es un poema donde “enumeras” hermosamente lo que permanece en este mundo de aquel esplendor sagrado, cuyo rescoldo aún ilumina y nos provoca el ansia de lo bello a la vez que cierta melancolía ante la belleza “desolada”, como bien dices, y quizá, lo entiendo mal, quiere decir ese adjetivo más del propio ser humano que se siente desgarrado de ella. El poema termina con estos cuatro versos, transformando la experiencia del asombro en veneración, un paso quizá más cerca del corazón del misterio, del que nos sentimos privados, separados, en este mundo.
Tu amor no pide nada
Nadie vela tus armas
Has renunciado a todo
Sientes solamente veneración.
(p. 62, op. cit.)
Te pido que, si quieres, recuerdes primero la gestación del poema (que encierra la almendra del libro, situado también en el centro del poemario), y luego comentes algunas claves que puedas compartir con el lector.
A.R.: Bien. El título, “Vela trahere”, está tomado de Virgilio, de Las Geórgicas. Es el final. Significa “arriar las velas”. Virgilio compara ahí el final de la navegación marítima con el final de la labor poética. Y “Las estancias interiores” son la aventura espiritual a que nos enfrentamos como poetas. Ese viaje liberador que el poeta emprende para marcar el triunfo del reino del espíritu. Este poema en concreto quiere ser un lugar donde Oriente y Occidente se mezclan y unen de un modo intenso y extraño. Busca esa confluencia, trata de aunar ambas tradiciones culturales, trata de unificar esos dos mundos. Hay en el libro unos cuantos poemas de largo aliento, como este, que mezclan épocas y culturas diferentes, y que quizá pudieran ser entendidos como pastiches o poemas casi disparatados, pero yo los considero poemas-totales, poemas-caleidoscopio, que intentan abarcar en su amplitud y generosidad cultural distintas tradiciones culturales y distintas épocas históricas. La idea que conllevan esos largos poemas es la de querer unificarlo todo ello (todas esas culturas y épocas) en un solo poema. Es decir, que ese poema se convierta en un auténtico microcosmos cultural. Pero hay que hablar sobre todo en gran medida de la aventura espiritual del personaje protagonista de este poema hacia la conquista de conocimiento. A este hombre ya no le satisfacen los dramas locales, aislados y anecdóticos; necesita lo universal, lo sagrado, lo más oculto del ser humano, la dimensión de las grandes figuras de poetas y pensadores del pasado, porque sigue haciendo su poesía como una búsqueda interior.
Lo que uno escribe, cuando escribe poesía, ilumina de algún modo los misterios que uno lleva dentro, eso que acaso somos. El poeta, el creador, es un ser misterioso, que tiene necesidades absolutas y profundas. Es alguien que no sabe cuál es el impulso que le lleva a la creación poética. Ha de ir buscando siempre una autenticidad, pero, a la vez, ha de ser toda su vida un aprendiz.
Este libro, y más en concreto este poema, se presenta como una vía de indagación en el lenguaje y en el inconsciente, con una apuesta estética predominante. Nada de escribir como terapia y desahogo de ansiedades o para expresar los sentimientos mundanos. Al contrario, los versos aquí aspiran a transformarse en cultura espiritual, artística, quieren ser simiente y parte viva de ella. Hay una visión del mundo de la Cultura totalmente personal, una preocupación por lo trascendente, y una consiguiente exasperación ante la banalidad, la fealdad, el vacío cultural que nos asola por todas partes. En este sentido este libro evidencia un cambio de rumbo estético importante, que lo aleja definitivamente de la línea de escritura poética más convencional. Y hay un regreso a la Cultura viva, a un lenguaje más exigente y menos perezoso. Siempre veo y entiendo la poesía como una culminación de la intensidad del lenguaje.
–En otro poema inmediatamente anterior, titulado “Nigredo”, también de esa sección central del poemario: “Las estancias de la memoria”, estableces la analogía entre la alquimia y el trabajo del poeta, ¿en qué modo enlaza tu libro con Alquimia ha de ser (2014) y el siguiente a este: Hierofanías (2017).
A.R.: Sí, “Nigredo” sería la primera fase en el proceso de la alquimia. Se corresponde con la purificación del cuerpo en la oscura noche del alma. Y este poema habla de la poesía como ese “Bálsamo de Judea” que servía para curar todo tipo de enfermedades. En cuanto a lo que me preguntas, si en Alquimia ha de ser (el primer libro de esta “trilogía de la alquimia”) se daba una primera incursión en la cultura y el pensamiento primitivo oriental partiendo desde la cultura occidental, es decir, había un viaje desde Occidente hasta Oriente muy claro; y tres años después, en Hierofanías’, como bien dijo mi maestro José María Álvarez, había una inmersión plena y profunda en esa otra cultura, la oriental; en Dragón custodiando el misterio (publicado en 2024) se trata ahora de unir ambas culturas –de hecho, creo que en algún poema, como ese de “Vela trahere”, lo consigo o lo intento, intento esa fusión Oriente-Occidente‒ para al final regresar a nuestra cultura, a nuestras raíces, es decir en este libro hay un viaje de regreso desde Oriente hasta Occidente.
–En el poema “Nigredo” planteas un reto, un “programa”: la lucha por la transformación del poeta en puente, matriz o médium, tras conseguir ser un poeta verdadero, como dices, para que a través suyo se vislumbre (podamos vislumbrar tus lectores) el “Universo de símbolos vivos en el silencio”, que creo es la mejor expresión a la que podamos acercarnos para describir el “misterio” de lo que hay y del hecho de que hay algo, no más bien nada, como diría el filósofo Heidegger:
Ser al fin un poeta verdadero
En lo más interno de sí La alquimia
Del alma quintaesencia Ennoblecerse
En la madre de todo lo existente
Ser la forma la razón y el sentido (…)
Ser aire el origen de la palabra
Con el despertar de la kundalini
Universo de símbolos vivos en el silencio
(p. 58. op. cit.)
¿Con qué varita despierta el poeta esos símbolos vivos en el silencio? ¡Quieres decir que la poesía está delante de nosotros en el mundo, a falta de una actitud de aprehenderla! Me resultan muy hermosos esos versos y, como dijo Wittgenstein de los de Trakl, me resultan difíciles de entender aun sabiendo que son hermosísimos, quizá porque son transparentes…
A.R.: La poesía pertenece al espíritu, puede tratarse de un grito del espíritu, la vida espiritual del yo anhelante; pero para que ese espíritu se manifieste hay que darle cuerpo, carnalidad, corporeidad. La poesía necesita una carne, tomar cuerpo, y esa carne sería el poema. El poeta es alguien que pretende darle caza a ese algo misterioso del espíritu que percibe, y le da cuerpo en forma de poema. Por eso a la poesía hay que inyectarle sangre, hay que encarnarla, tiene que latir viva. Aunque lo pueda parecer en algún momento, no es este un libro sobre budismo, ni sobre meditación taoísta, ni sobre filosofía zen, pero sí un libro que utiliza esos resortes, esas mimbres para hablar del acto de creación poética, para hablar de la escritura de poesía, del mundo del poeta verdadero, de cómo su alma yo siempre he pensado que debería ser, o es, diferente, más hermosa, más auténtica que la de los demás. Aunque este es un tema un poco polémico, peliagudo. Así pues, es un libro que habla sobre el alma de los poetas verdaderos. El alma bella del poeta verdadero es, quizá, el gran tema del libro. Estamos en un mundo, vivimos en un mundo en el que el poeta verdadero casi ha desaparecido, es un ser en extinción, su vida apenas cuenta; pero a pesar de todo, el poeta es quizá el último depositario de la gran Cultura, no han podido con él, no le han vencido aún, es un superviviente de nuestra civilización cultural. El poeta verdadero es aquel cuyos versos dan sentido a su vida y, a la vez, nos hacen vibrar de emoción a sus lectores, porque nos hacen ver el mundo desde una perspectiva nueva y distinta.
–No en vano, el silencio, el silencio obsesiona a los poetas y a los lógicos puros…
A.R.: Claro. La poesía es ver en la oscuridad y oír en el silencio.
–Hay un poema, entre otros que podría citar, que me maravilla: “Satori”. Te lo recuerdo para que nos comentes algunas claves, yo te confieso que desconozco tanto… El verso de cierre es extraordinario.
Es la noche iniciática. El descenso
A la novena esfera
El número maestro del dragón
Hilvanando los hechos
(…)
Entras en el silencio como en tu propio reino
Es una fiesta antigua que ronda lo Sagrado
La íntima y devoradora furia
Para seguir creando
Una holgada túnica de poemas.
(p. 49. op. cit.)
A.R.: Este poema habla de esa noche mágica y silenciosa ‒que todos los poetas del mundo hemos vivido alguna vez‒, esa noche en que los versos fluyen, llegan por fin y traen consigo entonces la felicidad de quien los acomete. “Satori” es un concepto del budismo zen. Es el despertar espiritual, la iluminación, la comprensión profunda, el destello repentino en la conciencia. La idea-madre con este libro, como digo, es traer todos esos conocimientos y principios orientales y aplicárselos, hacer traslación de ellos, al propio proceso creativo artístico del poeta, al propio acto de la creación poética en sí.
–También, el poema “El mito de Dios”, al que precede una cita del maestro Eckhart, “Nada se parece tanto a Dios como el silencio”. Es extraordinario ese poema tuyo, y cómo abordar desde la poesía la paradoja, es el logos-palabra la razón divina y la razón de ser del poeta y sin embargo, el silencio…
Tiempo no pasa en vano sus flujos y corrientes (…)
Su incesante pugna por apropiarse
De tantos modos de vida y de arte
Demiurgo retoma solo el timón del mundo
Y vuelve cada día a combinar
En proporción distinta
El colorido de su obra maestra
(p. 78. op. cit.)
A.R.: Sabes que el “Demiurgo” es la Divinidad, el alma universal. Bien. Pues se trata aquí de una alegoría del poeta como ser divino. Como divino es también el fuego de la creación poética. Trata un poco este libro también de la divinización de la figura del poeta, la reivindicación de su sacralidad de nuevo, como antaño la tuvo, en una sociedad postmoderna y totalmente digitalizada y controlada por los medios y las redes sociales como esta en la que estamos inmersos, que ya no admite ni respeta el viejo mundo de los poetas verdaderos con sus mitos ancestrales y sus ritos culturales. Hay que poner en valor (como se dice ahora) esta actitud radical, a contracorriente, de ruptura, que supone en cada época, la escritura poética. Así pues, se reivindica aquí la figura del poeta como médium, el poeta como ser demiúrgico, casi sagrado. El maestro Eckhart, en el siglo XIV, también decía que “Dios no es nada” y que el mundo existe desde la eternidad. Hay misticismo en este libro, pero es un misticismo sin Dios. Porque es un libro que se declara ajeno a la religión, pero sensible a cualquier forma de manifestación de lo sagrado. En cuanto a la idea del silencio, bueno, la escritura poética, la lectura, todo es llevado a cabo por el poeta en soledad y silencio. El silencio y el alejamiento de la vida cotidiana han sido siempre las condiciones esenciales para llevar a cabo una obra poética.
–Hay otro poema clarividente en esa misma última parte del libro: “Vagos proyectos del arte de vivir”, de algún modo dialoga con el citado “El mito de Dios”, presenta un canto a lo humano frente al reconocimiento de la limitación e insignificancia del Hombre ante el demiurgo.
Inventábamos ritos
Antes de la extinción definitiva
La abolición del tiempo
Su materia obscura La eternidad
Del presente El silencio de las cosas
El ascenso al espíritu
Por la sabiduría del misterio.
(p. 76. op. cit.)
A.R.: Sí, este poema trata de cómo la única vida que le queda hoy al poeta es conservar esa aura que le hace feliz. Por cierto que el título, “Vagos proyectos del arte de vivir” está tomado de un texto en prosa del gran Miguel Sánchez-Ostiz.
Alfredo Rodríguez (Pamplona, 1969). Dragón custodiando el misterio
–¿Estamos “condenados” a vivir en la contradicción, o más suavemente, en la perplejidad? ¿Condenados a hablar, a crear, a manchar el silencio, y aun así hemos de valorar nuestro intento, pues acaso por él, por ese empeño de vivir y crear, consigamos ser libres y dignos, inventores de nuestra esencia? (De nuevo, te felicito por la claridad de tu palabra: y esos dos versos que encierran toda una poética –“El ascenso al espíritu / Por la sabiduría del misterio”).
A.R.: Esos dos versos están sacados de las teorías de Salvador Pániker de las que tanto me empapé durante años. En realidad este libro cuenta la historia de un hombre que sólo cree ya en el poder de la Belleza, de la Poesía, el poder de la Cultura, del Arte, de la escritura artística, ese es su único compromiso en la vida; un hombre que necesita de la creación poética, que necesita de la fabricación de espacios poéticos, de la inspiración artística, como si fuera su aliento de vida (su prana, su tao, su chi, tomando esa terminología oriental), casi su razón de existir. La única contradicción que veo es aquella de la que hablaba Keats: una contradicción entre la belleza inmortal, pero inanimada, del arte y la belleza mortal, pero animada, de la vida. En cuanto a la perplejidad, en los momentos de vacilación o perplejidad es cuando debemos echar mano de nuestros maestros o gurús, formulando la clásica pregunta: ¿qué hubiese dicho o pensado mi maestro en una situación semejante?
John Keats
–El libro lo dedicas a los “viejos maestros”, ¿cuáles te han “dictado” más cerca del corazón en este libro?
A.R.: Sí, está dedicado a mis maestros: y es que uno tiene mucho que agradecerles a esos poetas, a esos escritores que me han acompañado casi como una presencia, y me han ayudado a crecer y a ser más yo mismo, y de alguna manera me han “salvado”. Utilizando un término muy de moda hoy día, ellos han sido mi verdadero “crecimiento personal”. Porque lo que tengo muy claro (un poeta debe tener eso muy claro) es que es a través de los otros, a través de la obra y la vida de esos otros poetas principales y verdaderos, como llegamos a encontrarnos a nosotros mismos y a encontrar nuestro camino, nuestra voz, nuestro mensaje. Eso es determinante. Hay que tener en cuenta que cuando empecé a escribir este libro en 2017, un tiempo que me parece ahora muy lejano, aún estaba plenamente imbuido de lecturas de lo que el maestro Antonio Colinas llama pensamiento primitivo oriental.
Este libro está escrito en una época mía de lecturas muy determinadas: todos los libros del filósofo Salvador Pániker (hay mucho Pániker aquí por todas partes, hasta contacté con su hijo, Agustín Pániker, que dirige actualmente la editorial Kairós que fundó su padre, y le hice llegar un ejemplar del libro y, en sus propias palabras, celebraba “ver cómo sobrevuela el aroma de Salvador por sus páginas”) e incluso de los de otro filósofo y humanista, el rumano Mircea Eliade, el gran historiador de las religiones. De ambos sobre todo sus Diarios y libros de Memorias, que contienen un buen resumen de sus respectivas filosofías. Algo tuvo, todo aquello de mis lecturas de pensamiento oriental de aquellos años, de necesidad evasiva. Pero también hay muchas huellas en Dragón custodiando el misterio de la obra ‒los Diarios y ensayos sobre todo‒ de otro grande, alguien que no tiene nada que ver con ese mundo orientalista, pero por quien yo me he dejado fascinar con su sabiduría de la vida, con su picaresca, con esa lucidez suya hiriente, y que se ha convertido en los últimos años en un nuevo maestro mío, aunque a él no le guste mucho esa palabra: mi paisano Miguel Sánchez-Ostiz.
Miguel Sánchez-Ostiz
Así pues, todos los poemas que escribo son un reflejo de múltiples lecturas, las lecturas de cada momento, lectura sobre todo de libros de prosa. Cada vez soy más un poeta que lee prosa. Pero también está aquí, en este libro, toda la terminología de la alquimia hermética o alquimia espiritual, fundida asimismo con el pensamiento del filófoso griego Epicuro y del principal seguidor del epicureismo, el poeta latino Lucrecio y su obra fascinante: De rerum natura, que habla del placer como principio supremo en la vida del hombre. El concepto epicúreo del placer. El placer como potencia de la vida, como principio y fin de la vida, sin término medio. Algo que o se siente o no se siente.
–Te agradezco, maestro Alfredo, este ciclo de tres entrevistas sobre tu poesía, que espero culmine en una cuarta pronto, tras la publicación de tu próximo y prometido libro de poemas. Me gustaría que nos dejaras algo sobre ese libro, para darnos una primicia. (O si quieres, unos versos o un poema inéditos).
A.R.: No soy ningún maestro de nada, Fulgencio. Yo sí que no lo soy. He sido toda mi vida, y sigo siendo, un aprendiz. Solo soy un poeta y un lector. Que no es poco. Espero publicar en breve ‒insisto, no sé cuándo, porque esto de la publicación de poesía y los editores es un tema muy complicado: desde que un editor te dice que adelante, que le interesa tu libro, hasta que tienes físicamente el libro en tus manos pueden pasar no uno ni dos ni tres, sino hasta siete años‒ espero publicar, digo, no uno sino dos libros de poemas de creación propia. Castildeterra y Deiwos. Te reproduzco a continuación un poema de cada uno, y te reitero mi más profundo agradecimiento por tu trabajo impagable y por tanta generosidad y amabilidad como demuestras siempre conmigo.
VISIR DEL SUR
Traté con hechiceras cíclopes y sirenas
Magos y curanderos portadores de hidrias
En equilibrio todos mis sentidos
Para remediar y proveer de ofrendas
Mis versos reuní bajo banderas
Busqué la muerte gloriosa en combate
Y se acrecentó mi alma
No cupo dentro de mí.
Inmensas soledades del desierto
Hubiera querido un lugar así para siempre
Donde la vida fuera plenitud.
Quién ama ya estas tierras
Ningún juglar hubo que las cantara
Huellas de milicia de jinetes
Solo encuentro a mi paso.
(De Castildeterra)
WILDERNESS
Era peligroso mostrarse débil,
sosegada solitaria criatura
caso de que nadie la molestara,
pero temible y cruel
cuando su territorio se dañaba.
No creer en nada excepto en la muerte
era lo más sensato.
Ver el infierno de fuego y de sangre
como se veía en la mente de los antiguos,
acariciando al lobo.
Quien ha podido mantener su oído
a salvo de los sonidos del monte,
su capa hecha de musgo,
los pies en el verdor del sotobosque,
tan joven se sabe ya para siempre,
como el preferido de la Fortuna.
La oscuridad no invade sus sentidos,
cree vivir una vida diferente,
no será suya la muerte del alma,
vive amado en busca de la pureza,
le escoltarán para su regocijo
las cortes selváticas de Dioniso.
(De Deiwos)
(2 inéditos de Alfredo Rodríguez)
Octubre 2026
Fulgencio Martínez
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Más información editorial sobre Dragón custodiando el misterio, de Alfredo Rodríguez:
https://chamanediciones.es/producto/dragon-custodiando-el-misterio-alfredo-rodriguez/
Enlaces para recuperar las dos conversaciones anteriores con Alfredo Rodríguez:
DIÁLOGO CON EL POETA ALFREDO RODRÍGUEZ Parte Primera. En torno a su libro "De oro y de fuego" (2012). Conversación entre Alfredo Rodríguez y Fulgencio Martínez. Publicado en Ágora-Papeles de Arte Gramático, n, 40. Nueva Col. Número especial doble (40-41) de verano 2026. Parte I
https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2026/07/dialogo-con-el-poeta-alfredo-rodriguez.html
CONVERSACIÓN CON ALFREDO RODRÍGUEZ. PARTE 2. EL AUTOR ANTE SU OBRA (En torno al libro de Alfredo Rodríguez "Alquimia ha de ser", ed. Renacimiento). Publicado en la revista Ágora-Papeles de Arte Gramático, n. 41. Nueva Col. Número especial doble (40-41) de verano 2026. Parte II
https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2026/07/conversacion-con-alfredo-rodriguez.html





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