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viernes, 5 de diciembre de 2025

"Núremberg", de Vanderbilt (2025). Comentarios sobre cine / 2025-2026. Por Fulgencio Martínez

 


 

NÚREMBERG, DE VANDERBILT (2025)

 

Las expectativas que tenía sobre la película Núremberg se han cumplido con creces. Casi dos horas y media ante la gran pantalla (de mi cine Mundo en Huesca) se me han hecho livianas. No podría decir que evadido de la realidad, pero sí elevado de mi realidad y los asuntos que en mi mente trasiego hasta cuando salgo a pasear. Me concedo, perdonen estas confidencias, una tarde libre, tarde de miércoles o de jueves, en mitad de la semana, como ocurría en mis tiempos escolares: teníamos entonces tarde libre los jueves. No ordenador, no habitáculo de estudio, no asuntos premiosos y embarulladamente urgentes. Darse un respiro, un descanso: "un" break, que diría un becado en "London" (retorciendo la gramática española), y que no nos importe dejarlo todo aparcado por una tarde, incluso el llamado de la tinta. En mi ciudad provinciana, a mucha honra lo de provinciana, en esta ciudad-balneario, tengo la suerte de tener un cine a cien metros de casa. (También una espléndida Biblioteca Pública Provincial, bien provista de todo tipo de revistas, libros y de videos y audios). En algunas contadas ocasiones disfruto de una obra de teatro, de un concierto, de una conferencia o de una presentación de libros, y mejor cuando esta tiene lugar en una tertulia literaria (la otra tarde, por ejemplo, estuve en la tertulia de un club de lectura de la Biblioteca Pública, donde presentaba su novela Años de vida la escritora altoaragonesa, afincada en Barcelona, Marta Borraz. Me encantó la comunicación y la simpatía de la escritora y el castellano que manejaba en sus respuestas, tan bueno como el de las mujeres y hombres de entre público que hicieron uso de la palabra. En general, en Aragón se habla un excelente castellano o español, lo comprobé también hace un par de años cuando vivía en la zona del Moncayo, en Tarazona). Pero la mayoría de las veces, en mis tardes libres semanales me encuentro a gusto en la sala de cine, aguantando a veces algún que otro bodrio, como saben algunos que siguen estos comentarios míos.

    Recordad lo que comenté hace poco sobre el cine americano actual, que parecía un campo de coles picado por el pedrisco. Aún me dan náuseas las imágenes que guardo de películas como Una batalla tras otra. He oído opiniones incluso de amigos que gustan del cómic y les ha parecido espantosa. Con Núremberg he de decir, sinceramente, que los americanos saben hacer, cuando quieren, buen cine, el mejor cine. Digo cuando quieren dirigirse a un público adulto o joven pero no vacío de neuromina. La neuromina, que algún día sintetizará la ciencia química, instila y riega los circuitos Zeta o Meta del cerebro cuando este se emplea en la curiosidad, en una lectura interesante, donde ha de poner cierto continuum de atención, o en el disfrute de un cuadro, una película o de una música que mantengan la mente interesada por algo que no sea su corriente cotidiana de pensamientos y en un quid que después le vuelva como alimento. No la simple evasión, que puede ser útil o recomendable en algún caso, en algunas ocasiones, si no es la norma o el hábito de la mente encapsulada en ciclos de trabajo-ocio, sin que pocas cosas le alimenten con reflexiones, recuerdos gozosos, preocupaciones que trasciendan su mundo-puerto.

 

Núremberg es un drama psicológico, básicamente sostenido por el tríángulo formado por Göring, su psiquiatra en la prisión de Núremberg y el fiscal norteamericano que dio el impulso a los juicios a los nazis. Pero es mucho más. Los protagonistas secundarios son importantes en la trama y en el desenlace (algo que no pasa en otras muchas pelis). Los detalles que se presentan en el planteamiento (la película sigue el consejo aristotélico para estructurar la unidad que se llama obra, en este caso cinematográfica) juegan otro papel en el nudo o desarrollo y finalmente nos dejan, en el desenlace y postgusto y reflexión final del espectador, pistas o sugerencias sin necesidad de hacer repetir escenas del pasado, ni traer "autocitas", en fin, sin dar mascada la cosa como para un espectador menor de edad mental.

    Con la película "Núremberg" cumple, sí, lo de no desvelar el final, pues hay suspense y aun doble, que se "resuelve" en los hechos pero que en el plano psicológico y en el modus operandi del cómo pudo ser el hecho nos deja intrigados y abiertos a reunir pistas procedentes de las dos partes anteriores: la primera, el planteamiento: todo lo previo al comienzo de las sesiones del juicio (aquí una peli psicológica, moral, donde se plantean dilemas sobre el derecho a la pena de muerte); la segunda, el nudo gordiano del juicio (aquí una peli política, histórica, sobre cómo no dejar que ganen el relato los nazis), y finamente, el desenlace, un peli de suspense, un drama humano. Y todo esa variedad no deslíe sino enriquece la unidad de la obra.

    Algunos lectores me han achacado amistosamente que hago eso que llaman espóiler (y que no sé escribir bien) en mis comentarios. ¡Como si toda película fuera un film de suspense! ¡¡Como si en la mayoría de los bodrios no diera igual comenzar por el final o por el medio!!

    Pero cuando una peli encierra de verdad una intriga y hay un giro final, entonces sí merece este guardarse en secreto, para que el leyente y posible futuro espectador lo descubra. Los finales de Göring y del psiquiatra...

    Soberbia la interpretación de Russell Crowe en el papel del segundo de Adolf Hitler, Hermann Göring. Sin desmerecer las interpretaciones de Rami Malek (en el rol del psiquiatra Kelley), Michael Shannon (como el fiscal Jackson) y de todos los demás actores. 

    La película del director Vanderbilt tiene, por último, un aspecto filosófico muy interesante. Pocas veces nos damos cuenta de que detrás de los acontecimientos hay personas que han empeñado su voluntad para que esos ocurrieran. Así, la actuación del fiscal norteamericano de la película respecto a la posibilidad insólita en su época de que hubiera los juicios de Núremberg. O la del psiquiatra, ayudado por el fiscal norteamericano, por el joven traductor de origen germano-hebreo, y por el decisivo fiscal inglés. Sin ellos, quizá el relato nazi hubiera seguido vivo. Hasta su última palabra el largometraje propicia la reflexión, una cita del filósofo Collingwood (me ha alegrado el reconocer este nombre del filósofo inglés de la Historia, al que leí en mis primeros años de la carrera de Filosofía y que no he olvidado). La frase suya da que pensar, búsquenla,* ** o esperen como yo hice, en mi asiento, hasta que pasen todos los créditos y se enciendan las luces de la sala de proyección.

    La película nos hace reflexionar sobre el peligro de caer en la empatía con personajes narcisistas como Hermann Göring, y valga este personaje como metáfora del peligro que representa la simpatía por el mal que aún reside en muchos sectores de la izquierda de mi país. 

     Destacar "el lado humano" de un exterminador no dice nada. Tan humano es el bien como el mal. En efecto hay hombres asesinos, viles, y para los que todo gira en redor suyo, narcisistas que parece que no se dan cuenta del mal que puede afectar a otros y que ellos mismos utilizan para mantener viva el ara de su ego. En la película también se hace una alusión a las excusas que los alemanes o ciertos historiadores, no solo alemanes, pusieron para justificar su voluntad de dominio. Ya se sabe la cantilena: Tratado de Versalles injusto, etc. Lo que explicaría el avance del nazismo. No se entiende pues cómo una Alemania pequeña, disminuida en población y poder, en una década se prepare para dominar el orbe. No. Son unos hombres, unos dirigentes de partido y unos dirigentes de la economía alemana (no olvidemos esto, ojo) los que se prepararon durante casi diez años, en un tour de force armamentístico y propagandístico, hasta la invasión de Polonia. El ladrón usa la noche para perpetrar su robo pero no es esta la causa del mismo.

    Esos personajes monstruosos se aprovecharon de las condiciones históricas objetivas, y sentaron su poder sobre el desprecio a cualquier derecho a la vida humana, a la ciudadanía, la libertad, la democracia y las propiedades de sus mismos conciudadanos alemanes, de la oposición política que fue eliminada y de unos grupos, judíos, intelectuales, gitanos, que fueron utilizados como chivos expiatorios. No hubiera sido ello posible sin unos dirigentes económicos y políticos. La película centra el juicio en Göring, como el sucesor de Hitler, tras el suicidio de éste en Berlin. Göring maestro de la simulación y la manipulación semántica: en los documentos que firma no pone nunca eliminación de los judíos que envía a los campos, sino emigración (eufemismo), ni solución final, sino "completa, última" (otra acepción eufemística de "endlich"). Pero los dirigentes de las grandes empresas alemanas que apoyaron o se lucraron con la guerra siguieron vivos y dominando tras los juicios de Nüremberg a los nazis. (También siguen campeando en mi país algunos conspicuos cómplices del terror: empresarios y dirigentes de la Iglesia católica, algunos de los cuales pudieron ayudar en sus colegios episcopales a ocultar a huidos y rehenes de ETA. Sería ese tema interesante de investigar igual que el de los abusos, pues tal complicidad acarreó sufrimiento y muertes).

    Es humano el mal y también la empatía por el mal. Pero es humana la rectitud, la bondad, el respeto e incluso el amor a los demás. El malo sabe, y casi todo lo que sabe son argucias para confundir al bueno. Una de las argucias malignas está muy bien expuesta en la película por boca de Göring, en advertencia al Kelley, cuando este psiquiatra está pasando un momento débil: "Que alguien sea tu aliado no significa que esté de tu parte". Por ahí entra el mal, con el resquemor hacia el aliado enfrentándolo como no amigo, porque el malo, en efecto, sabe que hay un bien que tiene que atraer a lo suyo.

    De la película extraemos también una reflexión para nuestro país. ¿Por qué los demócratas españoles, aliados como deberíamos estar aunque no fuésemos íntimos, nos hemos dejado robar el relato, hemos dejado que Bildu, hijo de la ETA, dicte las razones de la llamada memoria democrática, todo bajo el poder de un presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, que en persona asistió a la destrucción de las armas que usó la ETA y que serían posibles pruebas en las causas sobre los muchos crímenes de ETA aún no resueltos? ¿Y por qué ningún juez o fiscal español ha llevado todavía a juicio a los líderes políticos de la Organización terrorista que han causado un millar de muertos, más miles de heridos, viudas, huérfanos, y por qué a los sí juzgados no se les han aplicado una pena más rigurosa de acuerdo con sus horrendos crímenes contra la población civil en tiempos de paz, y teniendo en cuenta que lo que representaron los nazis para Europa lo ha representado y representa la ETA para España? ¿Por qué la democracia no ha sabido hasta ahora protegerse a sí misma con leyes que obliguen a juzgar, no sólo a los ejecutores de los crímenes de ETA, a los miembros de sus comandos, sino también a sus dirigentes y propagandistas políticos donde hoy estén: en el PNV, el PSOE, BILDU, PODEMOS, el Partido comunista de Euskadi o en la Iglesia?

    

 

 Fulgencio Martínez

editor de Ágora, poeta y filósofo en prácticas

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NOTAS:

* cf.  https://www.larepublica.ec/blog/2025/12/04/crowe-redime-la-nueva-adaptacion-de-los-juicios-de-nuremberg/

Interesante leer esta entrada, aunque no entendamos qué quiere decir en el título de la misma el verbo "redime"  y menos en el contexto de la cadena de palabras. ¿Redime qué? ¿La película, los juicios, la adaptación nueva? (pero la película de Vanderbilt no es adaptación de otras películas, ni otros guiones sobre los juicios; se basa en el libro de El nazi y el psiquiátra, de Jack El-Hai;  como bien dice la leyenda al final de la película). Yo no sé si un problema de semántica o de no estar atentos a la pantalla hasta que se encienden las luces. Por otra parte, la comparativa que establece el artículo con otras películas y series sobre Núremberg es muy interesante. 

 

 ** Actualización.

«La única pista para saber lo que el hombre puede hacer es lo que el hombre ha hecho»  

Robin George Collingwood

He vuelto a ver la película ayer sábado, 6 de diciembre 2025, me ha vuelto a sorprender y a gustar mucho. La cita del filósofo inglés me parece muy bien traída y la entiendo como un comentario de las palabras del fiscal inglés, que desmonta al cínico Göring con la mención a hechos cuyo desconocimiento hubiera sido imposible para alguien que se vanagloria de su poder. Le da en el blanco de su vanidad, no en su sentido de culpa, pero eso basta para desmontarlo.

También anoche, tras volver del cine, vi la miniserie en Youtube (a la que se refiere el artículo de la página que he citado). La miniserie "Núremberg" (2000) con Alec Baldwin como el fiscal Jackson. Aunque el enfoque y el tempo es muy distinto a los de la película de Vanderbilt, reconozco que hay ciertas repeticiones de situaciones que pueden hacer pensar en una readaptación. En todo caso, mi crítica a la crítica que hice arriba, no se sostiene del todo. Discrepo, eso sí, del articulista en que valoro la totalidad de la película de Vanderbilt como excelente (no solo la actuación de Crowe). Recomiendo por cierto ver la miniserie: https://www.youtube.com/watch?v=2eOAOwvDj4o, miniserie canadiense-americana, dirigida por Ives Simoneau, basada en libro de Joseph E. Persico.

 

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