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miércoles, 14 de enero de 2026

Manuel González de Ávila. "Semiótica: La experiencia del sentido a través del arte y de la literatura". Por José María Piñeiro. Bibliotheca Grammatica / Ensayo / Ágora n. 36

 


Manuel González de Ávila. Semiótica:

La experiencia del sentido a través del arte y de la literatura

 

 

Uno podría creer que la semiótica ya vivió sus episodios de gloria, que escuelas, tendencias y autores alcanzaron y agotaron el límite de sus investigaciones y logros cognoscitivos, que poca cosa nueva le quedaría a esta disciplina por clasificar y articular en lineaciones de insuperable lucidez tras los trabajos de autores como Barthes, Umberto Eco, Yuri Lotman, Julia Kristeva, Paolo Fabri, etc... Pero si la materia que se desprende a través de lo que entendemos como signo es el sentido, este no viene a ser mero producto de las determinaciones analíticas de una doctrina sino emergencia súbita de las diferentes cosas y procesos del mundo. Ocurre como con la fotografía que, históricamente, ha experimentado momentos de importantes eclosiones artísticas así como de modas - la fotografía pictorialista, la realista, la surrealista, etc... - pero cuya matriz que la constituye no es una tendencia estética concreta sino la propia realidad. Cualquier ocasión fotografiable legitima la imagen obtenida y no la disposición teórica pura.

    Teniendo en cuenta que el venero de todo visor semiótico es la propia semiosis generada por el mundo social y artístico, es en tal flujo donde Manuel González de Ávila, fija su atención y localiza su poderío analítico. Detectar un sentido en cualquier fenómeno que se produzca en el ámbito humano supone un hallazgo intelectual de primera magnitud. Nada más y nada menos que “un sentido”, es decir, una orientación conceptual, un destino, una voluntariedad, un querer urdir y articular la complejidad de un mensaje. La fuente de tales mensajes la encuentra González de Ávila,  en el espacio privilegiado del arte y de la literatura. A primera vista pareciera que tal cosa no supondría novedad alguna, pues es en estos ámbitos de lo metafórico y la expresión donde el signo pulula en frondosas ondas continua. La peculiaridad que González de Ávila agrega al volumen general de todo lo estudiado es la sustancialidad específica que advierte emitiéndose desde todo producto artístico notable y lo que implica humana e intelectualmente llevar a cabo tal proceso de desciframiento. No nos encontramos ejecutando relaciones lógicas de uno u otro contenido abstracto cualquiera, sino conociendo y asimilando lo que una película, un poema o un cuadro contienen y nos dicen. El humanismo del más alto grado no deja de insinuarse aquí ante la interpretación comprometida de ese conjunto de signos en acción que pueden articular una novela o un conjunto arquitectónico. González de Ávila, conociendo y admitiendo la relevancia de la obra artística, es contundente con respecto a la misión que hay que desempeñar: “porque depositamos una fe en los objetos y estados del mundo alimentamos, también, la creencia en sus representaciones verbales…El sujeto que lee el texto, y el sujeto que percibe y siente el mundo, son un único y mismo sujeto en convergencia, una síntesis de materia-energía y de espíritu: una conciencia encarnada”.

    González de Ávila afirma que lo real no se confunde con lo objetivo, pues el hombre busca  experimentar presencias de distinta índole en su rastreo de la realidad. Desplegar el ejercicio semiótico supone, pues, emprender una observación  más allá del acopio minucioso para detectar lo que un cuerpo, una sensibilidad protagoniza, ligándonos a la fertilidad de su circunstancia. Registrar un sentido en algo implica desenterrar o descubrir un valor y tal operación sí tiene consecuencias en el universo de la comunicación. Esta aventura a la caza del sentido que tiene como recompensa el poner en escena un valor, es lo que González de Ávila pretende realizar a través de su examen de lo que significa leer, mirar o escuchar imágenes y textos. Este es el notable matiz que la Semiótica de González de Ávila alberga en sus proposiciones de estudio y reflexión. La nueva semiótica ya no es tanto un despliegue de lucidez y sistematización como de localización de lo que humanamente nos compete y de cuyas expresiones el mundo del arte y de la literatura son importantes reservas. El semiólogo italiano Mirko Lampis nos ha ofrecido en los últimos años destacadas obras destinadas a renovar el empaque direccional de las grandes escuelas semióticas. Creo que el libro de González de Ávila representa una renovación del estudio semiótico más íntimo y sustancial, más significativo en tanto que la dilucidación semiótica ya no obra en el lujo del vacío sino que pone en contacto contenidos concretos con expectaciones propias, modificando el grado de nuestras esperanzas y deseos.   

 

José María Piñeiro



José María Piñeiro (Orihuela, Alicante, 1963). Ensayista, crítico literario y poeta. Autor de Suma de auras (Frutos del tiempo, Elche, 2023). En 1985 fue uno de los fundadores de la prestigiosa revista Empireuma, junto con Ada Soriano y José Luis Zerón Huguet. Ha publicado también el libro de aforismos y fragmentos de reflexiones estéticas: Ars fragminis (2015, Ed. Celesta). En poesía, ha publicado, entre otros poemarios, Las raíces del velo (2019, Ed. Celesta), Profano demiurgo (2013) y Margen harmónico (2010). Fue Premio Andrés Salom de Ensayo breve en 2011. Colaborador habitual de Ágora con su serie Breviarios.

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Más información sobre el libro SEMIOTICA: LA EXPERIENCIA DEL SENTIDO A TRAVÉS DEL ARTE Y LA LITERATURA, de Manuel González de Ávila:

Abada Editores, Madrid, 2021

 https://abadaeditores.com/catedra-del-museo-del-prado/598-semiotica-la-experiencia-del-sentido-a-traves-del-arte-y-la-literatura.html

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