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domingo, 18 de enero de 2026

La poesía de Juan Chabás: de la primera vanguardia al transtierro. Artículo del profesor Francisco Javier Díez de Revenga / Avance de Ágora 37 Nueva Col. Febrero-marzo 2026. / Artículos literarios / Homenaje a la Generación del 27 / 1

 

Salón de actos de la Sociedad Económica de Amigos del País de la calle Rioja en Sevilla: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego. Junto a ellos, los ateneístas Manuel Blasco Garzón y José María Romero Martínez (17 de diciembre de 1927).



La poesía de Juan Chabás:

de la primera vanguardia al transtierro [1]

  

                                         Por Francisco Javier Díez de Revenga

                                                         Universidad de Murcia

 

 

Con el presente artículo iniciamos una serie en homenaje a la Generación del 27, que iremos publicando en Ágora a lo largo de este año y en 2027, cuando se cumplirá su centenario. El escritor y profesor murciano Francisco Javier Díez de Revenga analiza la obra de uno de los autores de dicha Generación, Juan Chabás (menos conocido tal vez entre los lectores en general), especialmente trata el artículo sobre la poesía del alicantino. El texto fue redactado para una Mesa redonda en homenaje a Juan Chabás en la sede madrileña del Instituto Cervantes.

 

 

La figura de Juan Chabás (Denia, 1900-La Habana, 1954), sobresaliente en el mundo de la vanguardia por su obra en prosa tanto narrativa como ensayística, interesa también como creador de una obra poética vanguardista, que, aunque muy breve, responde bien a sus afanes innovadores. Muchas veces postergado a un segundo plano, o considerado un poeta menor, caminó junto a los renovadores de la literatura de su tiempo y contribuyó con su obra al logro de nuevos horizontes literarios (Diez de Revenga, 2001: 115-117). En la presente intervención recuperamos poemas publicados por Chabás en las revistas de la primera vanguardia, durante los años 1921 y 1922, por ser lo suficientemente iluminadores sobre las evoluciones y vaivenes de su insegura trayectoria como poeta.

Pero también nos vamos a referir a los incluidos en las revistas murcianas de la generación del 27 y terminaremos con una referencia detallada a la poesía escrita durante el exilio. En efecto, los poemas publicados en aquellos años de la vanguardia histórica nos muestran a un anhelante y juvenil escritor que busca una identidad que posiblemente no llegó a lograr. Tienen estas composiciones también un interés documental indudable, ya que algunos de estos poemas, no han sido conocidos hasta la publicación de los facsímiles de las correspondientes revistas.

Su primer libro, Espejos (1921) se publicó en la misma colección y editorial, de Don Manuel Machado, que Poemas puros, poemillas de la ciudad, de Dámaso Alonso, quien relata, en páginas inolvidables de Poetas españoles contemporáneos, la visita a don Manolito Machado para pedirle que publicara ambos volúmenes juveniles en su editorial (Galatea) (1969: 66 y 69). Espejos recoge los poemas iniciales y tiene el mérito de ser uno de los pocos libros íntegramente ultraístas. Javier Pérez Bazo, rechazando las clasificaciones de ultraísta (hecha por Gloria Videla (1971: 186) y de «laxo, cansino y simplista» (realizada por Guillermo de Torre (1965: 100), considera, sin embargo, que «encierra no pocas características de aquella estética, si bien es permeable asimismo a valores literarios determinantes en la España de la época […] Su redacción responde de modo convergente, por un lado, a la conmoción artística que supuso la moda ultraísta y su tropismo; por otro, en él confluyen tanto el eco modernista como las soluciones de purismo  poético» (1992: 56).

En 1923 anunció la aparición (en 1922) de un segundo libro poético, Ondas, que no llegó a publicar; en él, sin duda, pretendía recoger todas las poesías que dio a conocer en aquellos años en las revistas, y en las que fue transitando desde el ultraísmo hacia un personal cultivo del neopopularismo, tal como se advierte en sus colaboraciones en el Suplemento Literario de La Verdad (Diez de Revenga, 1990), como estudié en un libro mío anterior (1979: 106). Pero esos son ya poemas más tardíos, de 1924. En 1927, cuando colabora en Verso y Prosa (Diez de Revenga, 1976), sus textos serán ya fragmentos de novelas. Justamente en ese mismo 1927 participó en el acto gongorino del Ateneo de Sevilla, donde se fotografió con sus amigos en la famosa instantánea que ha dado tantas vueltas al mundo.

 

Importante es recordar sus colaboraciones en las revistas murcianas de la generación del 27. Los poemas de La Verdad, de 1924, Son dos canciones muy de época vinculables a la poesía pura prendida a un paisaje ideal de horizonte, luz y mar, que firmaba con su nombre literario de entonces: J. Chabás y Martí. La primera, titulada «Canción» aparece en el Suplemento número 9, 9 de marzo de 1924:


Eras, tan solo, brisa.

 

Todas tus palabras

temblaban en el mar

y un momento se iban

contigo,

con la brisa

lejos.

 

Te decían adiós todas las velas

en la otra playa azul del horizonte.

 

Tú,

eras tan solo

  brisa.

 

La segunda, titulada «Valle» se publica en el Suplemento número 23, 15 de junio de 1924:


Toda la mañana rodaba hacia el mar

pero el pueblo estaba

en el valle hundido.

 

—Paz en los campos que tiene cipreses

y el agua de la fuente

y los olivos—.

 

Subía al cielo desde el pueblo,

una campana.

  

En 1927, a partir de ese año, desencantado posiblemente por lo poco innovadora que resultaba su poesía, se dedicó a la novela, en cuyo ámbito alcanzó reconocimiento, así como al ensayo. ¿Contribuiría a este desencanto la burla de que fue objeto, cuando vio dos de sus coplas, que habían aparecido en 1927 en Verso y Prosa, incluidas en 1928, en la Tontología de Gerardo Diego, aunque atribuidas erróneamente a Dámaso Alonso?

En efecto, en la Tontología, que reunió Gerardo Diego, de forma jocosa y divertida, en su revista Lola en 1928 (Diego, 2009, 2915) se recogen, firmadas por Dámaso Alonso, dos «Coplas», de las que se indica que están publicadas en Verso y Prosa, número 5, de 1927. Pero Dámaso Alonso no publicó ningún poema en Verso y Prosa. Únicamente, su prosa, no recogida en Obras completas, «Acuario en virgo». Las dos «Coplas» merecedoras de figurar en la curiosa antología de poemas «tontos» son de Juan Chabás, y son las siguientes (la II):

 

Toda la noche he tenido

en mi regazo un lucero;

cuando se quedó dormido

lo envolví con un pañuelo.

 

Y la otra (la V):


Ábreme los ojos

sobre este dolor,

acaricialó

con tu claridad.

 

De manera que podemos confirmar la «participación» de Juan Chabás en la famosa Tontología, en la que comparte páginas con Antonio y Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez, E. Díez-Canedo, Ramón Pérez de Ayala, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Manuel Altolaguirre, Federico García Lorca, Dámaso Alonso y Rafael Alberti. La Tontología se escribe recogiendo poemas tontos no de poetas malos, sino de poetas consagrados, porque —dice «El Tontólogo» (Gerardo Diego)— resulta «de una conmovedora edificación el recoger algunos de los muchos resbalones de los poetas capaces de escribir versos buenos». Pues bien, entre ellos, se encuentra Juan Chabás, aunque su nombre no figure, ya que él es, y no Dámaso, el firmante de las canciones en Verso y Prosa.

        Debemos preguntarnos e intentar comprender el significado de esta importante «errata de imprenta», que no creemos en absoluto inocente. Chabás, sin duda, como tantos otros de mayor categoría que él (pensemos en Juan Ramón Jiménez, cuyo disgusto por su inclusión en la Tontología manifestó a su fiel Juan Guerrero Ruiz), fue elegido por el grupo de amigos para figurar en el peregrino florilegio de Lola, pero a la hora de incluirlo, un duende de imprenta atribuyó estos poemas a otro, al que fuera, daba lo mismo, cualquiera servía menos el nombre de Juan Chabás, que, sin duda (estamos en el terreno de la broma) fue sustituido para evitar los maleficios de gafe que tantos le atribuían. En Lola no hay erratas, ya que Gerardo Diego era especialmente cuidadoso. De esta forma, la broma para Chabás fue doble: fue incluido en la Tontología y además fue escamoteado su nombre al pie de poemas que, en fin, eran hijos suyos.

Sus otras colaboraciones en Verso y Prosa son un texto en prosa, «Góngora en expreso» (número 6, 1927), en el homenaje al poeta cordobés, un magnífico, y curioso relato que lo presenta como clásico redivivo al estilo de las producciones de su comprovinciano Azorín. En un tren, en el que el autor del cuento se dirige a Madrid, se encuentra a don Luis de Góngora, quien le dice que no va a Madrid a la misa que va a celebrar en su centenario, sino a lo de siempre, a buscar «beneficios, recomendaciones, favores de corte». Al final, el autor despierta y, comprendiendo que todo es un sueño, se prepara para ir a la misa de Góngora. Y tres fragmentos de novelas, «El amor anclado», número 1, 1927; «Caleta de sombra», número 8, 1927; y «Trozo», número 11, 1928. Todas sus colaboraciones en Verso y Prosa iban firmadas por el nuevo nombre literario: Juan Chabás. He aquí el resto de las coplas recogidas por la revista murciana, en su número 5, 1927, en la única colaboración en verso que Chabás publicó en sus páginas.

 

  

 

I

Yo no sé qué fuente clara

me dijo aquella canción.

«Lo mismo que brota el agua

te ha de brotar el amor».

 

III

Los lucerillos de Santa Lucía

tienen de agua de mar las pupilas;

los lucerillos de Santa Lucía

siempre se duermen y no ven el día.

 

IV

De mantilla viene

    la madrugada:

de mantilla viene

    muy nubarrada.

 

VI

Prendido del alto cielo

el ramaje de mi anhelo;

¡más la virtud de mi vida

aquí en la tierra, qué hundida!

 

VII

Hacia la aurora mi sueño

vino con la campanita

que me trajo tu recuerdo—

¡Torre del convento, limpia!

 

       

        Como se advierte, Chabás sigue fiel, independientemente del criterio de Gerardo Diego y sus amigos, al escoger dos de estas canciones para la Tontología, al tipo de verso galante con una fuerte presencia de la contemplación de la naturaleza en sus diversas fases, con fondo marinero: de la noche al día, con presencia del amanecer (la aurora, la madrugada) y presencia de pequeños nocturnos, en el que brilla la magia de la luz de las estrellas o los luceros. Las notas de sonido vuelven a completar alguno de estos cuadros, mientras en todos ellos la versificación breve llena de gracia las diversas evocaciones de la naturaleza. A diferencia, y bien notable, de los poemas aparecidos en La Verdad en 1924, en estas coplas Chabás se entrega plenamente a la lírica neopopular y cancioneril que sus colegas de generación difundieron en aquellos años.

A partir de 1927, desencantado posiblemente por lo poco innovadora que resultaba su poesía, se dedicó a la novela, en cuyo ámbito alcanzó reconocimiento, así como al ensayo. Novelas: Sin velas desvelada (1927), Puerto de sombras (1928), Agor sin fin (1930). Puerto de sombras. Agor sin fin las reedita Javier Pérez Bazo (1998). Ensayo: Vuelo y estilo (1934). Aun así, Meseta (Corral Castanedo, 1984) recogería, en 1928, todavía tres poemas suyos de corte neopopular, los titulados «Playa», «Liliana» y «Viento», indudablemente ya en esa fecha muy trasnochados. Sus poesías han aparecido en algunas antologías, aunque carece de edición de obras completas (1985, 1998).

  

                                           Juan Chabás, según Gregorio Prieto. Óleo sobre lienzo. Museo Gregorio Prieto.

 

        Sus primeros poemas aparecen en la revista España, en los primeros días de 1921. Así, «Tormenta» en el número 296 (de 1 de enero) y «Bebé» en el número 297 (de 8 de enero). También la revista Vltra (Sarmiento-Barrera, 1993) dio a conocer algunos de sus poemas de los primeros años veinte. Todas estas composiciones nos muestran a un poeta deslumbrado por los nuevos escenarios, por la vida moderna y por los inventos que la pueblan, aunque, fuera de la ortodoxia ultraísta, tiende a mostrar la presencia de sentimientos de nostalgia o melancolía. La vida urbana es la protagonista de algunas de estas representaciones, como en el poema «Ciudad llovida en invierno» (Vltra, 14, 20 de junio de 1921), en el que las imágenes creacionistas realizan el papel establecido en sus avanzados cánones:

 

Un espejo de agua en los ojos puros

de la ciudad, estaba

invirtiendo la imagen de las calles.

 

Las aceras calcaban

la desnudez mojada de las cosas.

 

Y todos los paraguas

        eran cúpulas buenas

                  para nuestras palabras.

 


Sobre la base de la pura imagen, deformada por los espejos, de manera que la ciudad aparece invertida, el poema encuentra finalmente otra metáfora formal (paraguas=cúpulas) para contener la bondad de la palabra poética. Una de las obsesiones del poeta, los espejos, que dio título a su primer libro, aparecido al mismo tiempo que este poema, se hace presente en este cuadro urbano, en el que la voz «imagen» forma parte de su propio vocabulario, mostrando la posibilidad de «crear» otra ciudad.  En el número siguiente, una nueva representación del espectáculo de la lluvia queda refleja en «Tormenta» (Vltra, 15, 30 de junio de 1921):

 

Brandaban por el cielo

las nubes

                              como en un naufragio de velas sucias

 

La noche

                                  se había vestido de ropas viejas

 

Estaban las estrellas en la calle

y en las lámparas hondas

 

                                               de los balcones

                                               abiertos

 

Mi alma

                                 como una niña triste

                                 por todos los rincones

                        

        La relación, neorromántica o neosimbolista, de paisaje y estado de ánimo, inevitable en el Chabás juvenil, no impide, sin embargo, el recreo en las imágenes vanguardistas que pueblan la ciudad. El galicismo inicial intenta sorprender, en su inocente novedad, con un toque cosmopolita no muy conseguido, en verdad. En otro poema también de Vltra (19, 1 de diciembre de 1921) titulado «Calle larga», muestra nuevamente su capacidad de creación de imágenes, entre cubismo y greguería, como tantos otros hacían en la misma revista. Pero un tono de nostalgia melancólica, quizá juanramoniano, mostraba ya, en 1921, que Chabás partía hacia otros destinos:

 

Calle larga, nave

de nuestro soñar;

el alma se va sonámbula

por tus aceras de la madrugada.

 

Los árboles desnudos, secos,

tejen madejas de estrellas

que se cuelgan de sus ramas.

 

Pasan

los tranvías vacíos, que se llevan

la dormida ciudad a su cochera.

 

                  Y las lucecillas de los portales

                  cantan y juegan

                  con los reverberos y las estrellas.

 

Y el alma ⎯ pisadas huecas⎯

tristezas de madrugada,

se va por la calle larga.

 

La convergencia

de las aceras

se abre y ensancha, para

que pase la Nave

de nuestro soñar.

 

        Como advertimos, y así lo ha señalado Javier Pérez Bazo, la poesía de Chabás de estos años se distingue por un claro hibridismo en el que entran componentes diversos de la tradición estética del momento (1992: 54). El espectáculo urbano de la calle solitaria no impide que estén presentes en él los tranvías, pero a éstos se les otorga un papel sentimental. Es decir que futurismo y un cierto neosimbolismo nostálgico se mezclan en esta singular evocación de Juan Chabás. En Vltra dio a conocer algunos otros poemas: «Farolillo flotante» (21, 1 de enero de 1922), en el que se muestra un nuevo cuadro nocturno, con algún hallazgo imaginístico notable («La noche apaga sus luces / en todos los caminos», con el que se cierra el poema); «Madrugada» (22, 15 de enero de 1922), en el que prescinde por primera vez del segundo apellido; y «Ondas. Tarde» (24, 15 de marzo de 1922), que lleva el título del libro proyectado y que no llegó a publicar (Nuevamente paisaje y estado de ánimo confluyen entre representaciones vanguardistas de la naturaleza, algunas acertadas: «Y un nácar imposible de arco iris / llenaba de canciones / nuestros ojos»). En Vltra, Chabás también dio a conocer un texto en prosa, titulado «La calle» (23, 1 de febrero de 1922). De todas estas composiciones primigenias, la más interesante es «Madrugada», en la que metáfora vanguardista, greguería e imágenes tradicionales (como lo es la figura del gallo) conjuntan una composición nada desdeñable, en la que intimismo simbolista y paisaje sublimado construyen la escena donde los enamorados juegan con las formas de la naturaleza:

 

Sin viento, velas blancas

quietas

    en nuestras almas

Un airecillo de rocío

llueve rosas con luna

              sobre los ojos

Y nuestras manos

              puras

aún de madrugada

                        ovillan

una madeja de estrellas últimas

que ha roto un gallo en su garganta

 


        En aquel mismo 1922, Chabás se vio favorecido nada menos que por Juan Ramón Jiménez cuando en el número 4 (de 2 de enero) de su revista Índice (Esteban, 1987) vio recogidos tres poemas suyos, que sorprenden porque son muy diferentes de los aparecidos en Vltra. Se mueve ahora Chabás en los espacios de la más estricta retórica juanramoniana, lo que debió complacer no poco al andaluz universal, al verse retratado en uno de sus discípulos, aunque sólo sea momentáneamente. En este mismo número 4, como en los tres anteriores, otros muchos poetas jóvenes reflejan con nitidez su juanramonismo. Tres poemas de Salinas, que figuran este mismo último número de Índice, (dos de ellos posteriormente corregidos) reflejan esta misma dependencia discipular, de la que afortunadamente el gran poeta madrileño se separaría contundentemente poco más tarde.

He aquí los tres poemas juanramonianos de Chabás, publicados con el título común de «Poemas» y cierta unidad temática, ya que cada uno de ellos se refiere a un tiempo del día. El primero de ellos es «Tarde»:

 

La orilla lenta y larga

 

Van las cabras

como en viñeta dibujadas

 

El mar tiene un silencio

      sencillo

y una vela remota

                está sin viento en nuestra alma

 

Ya la tarde se marcha

cojeando un poquito

 

Un cascabel de agua

le va diciendo a una cabrita blanca

su madrigal en la garganta

 

 

Como puede advertirse, se trata de una estampa neomodernista convertida en una estática representación del paisaje, muy influido en su plasticidad por la poesía pura, que transmite al poema la economía en el uso de la palabra característica en sus formulaciones poéticas paisajísticas. Laconismo que afecta incluso, como es el caso de los tres poemas publicados en Índice, a los títulos de las composiciones. El alma, como receptora y beneficiaria de los efectos estéticos del paisaje, puede gozarse con los elementos «dibujados» en el poema, como si de un cuadro («viñeta» se le llama) naíf se tratase. El propio término «dibujadas» forma parte de la arquitectura estética del poema, mientras que los sonidos quedan reducidos al cascabel que se oye en la escena. Todo lo demás es silencio. No muy alejado de los mismos supuestos de escuela es «Noche»:

 

La vela blanca y sonora

flameando las estrellas

en el agua

          Viajera

iba la luna en tu mirada

 

          Y todos los caminos

          colgábanse de luces

          al borde de la noche

 

Este «nocturno» aporta, al conjunto de poemas «horarios» la magia de la noche estrellada y lunar. La imagen del satélite, reflejada en la mirada de la destinataria del poema, símbolo, otro más, neomodernista, no impedirá, sin embargo, el violento juego de imágenes con el que la breve composición se cierra. Se trata igualmente de una representación estática del paisaje muy de aquellos años, emparentable con similares construcciones de Aleixandre, Salinas, Prados, Guillén…

          Y, por último, «Mediodía», en el que el modelo de Juan Ramón Jiménez se advierte aún más:

 

Un sol de agrias notas rompe

sus cristales de oro

        en el mar de las doce

 

Pulsa el viento sonoro

estradivarius en las velas

 

Y hay en el alma una alegría

de diamantes encendidos

por la luz de mediodía.


 

Es un poema definitivamente adscribible a lo que podríamos denominar más estricta poesía pura, ligada al maestro Juan Ramón. Las metáforas formales, la referencia al tiempo por medio del reloj, la transformación de los sonidos naturales en sonidos instrumentales (con una antonomasia muy el gusto parnasiano de los jóvenes modernistas) y, sobre todo, la presencia del alma como sujeto paciente del entusiasmo ante el paisaje, adscriben plenamente este poema a la estética más pura de la poesía española de los años veinte. La economía verbal, antes señalada, advertible incluso en el título del poema y la mínima acción, hace que la plasticidad de la composición se acentúe de forma extraordinaria.

 


 

        Todavía en 1922, en el misterioso número 1 de Horizonte (Barrera, 1991), cuya fecha desconocemos, aunque se supone publicado en noviembre de aquel año (hasta 1987 nadie modernamente había visto tal primer número de la revista), Chabás daría a conocer dos poemas, titulados «Madrigal» y «Eco», que hasta hace poco estaban absolutamente ignorados por la crítica especializada, como explica José María Barrera (1991: 6-7); y, en efecto, son dos poemas del máximo interés para seguir la evolución de Chabás que busca, en este momento, una expresión personal. Preside a los dos poemas el título de «Ondas», naturalmente el del libro que proyecto y no llegó a editar, aunque se anuncia todavía en enero de 1923, en los tres poemas que recogerá el número 4 de Horizonte, titulados «Tormenta», «Tristeza» y «Arco-Iris», y firmados con el nombre de Juan Chabás, mientras que los del número 1, van firmados por J. Chabás y Martí. Volviendo a éstos, advertimos las mismas características ya señaladas para los tres poemas de Índice. Así «Madrigal»:

 

Se riza en tus cabellos la mañana

alegre de mar y sol.

 

Y en tus ojos la brisa

juega con tus sonrisas.

 

Bajo de tu sombrilla,

iluminan la sombra tus palabras

y mis versos te besan las mejillas.

 

Sobre tu falda,

vas deshojando con las manos

tus canciones.

 

        Es muy curioso observar en el poema antes transcrito, el valencianismo que a Chabás se le ha deslizado a la hora de utilizar la preposición bajo, en función adverbial, dialectalismo habitual en los valenciano-parlantes aún persistente. El otro poema, «Eco» insiste en lo ya señalado:

 

Estrellas

        arpas de la noche

en el fondo del mar

                         cantando

 

se va y viene el eco

columpio del viento,

 

eco marinero

rodando en el cielo.

 

Al derecho y al revés,

como la onda va y viene,

 

se va y viene el eco

columpio del viento;

 

eco marinero

rodando en el cielo.

 

        La aventura literaria de Chabás continuó a través de los años y de las publicaciones. En las distintas etapas de su vida acentuó su cultivo de un género u otro, pero fundamentalmente, como hemos señalado, novela y estudios literarios. A la poesía no volvió de forma continuada sino esporádicamente, y, dicho sea con todo el rigor, ya sin el encanto que tienen las composiciones juveniles, vacilantes, que hemos transcrito completas en esta intervención por ser tan poco conocidas, por estar relegadas al olvido más absoluto, a pesar de responder a los alientos que dieron tanta fama a otros compañeros de generación, hoy consagrados canónicamente para la historia literaria como máximos representantes de la poesía española del siglo XX.

Pero la historia poética de Juan Chabás continuó en el exilio. La editorial Tulús (París, Toulouse, Madrid) ha dado conocer el volumen Poemas del transtierro, de Juan Chabás, en edición al cuidado de Javier Pérez Bazo (2025), interesante recuperación de un poeta de la generación del 27 olvidado. La aventura literaria de Chabás continuó a través de los años y de las publicaciones. En las distintas etapas de su vida acentuó su cultivo de un género u otro, pero fundamentalmente novela y estudios literarios. A la poesía no volvió de forma continuada sino esporádicamente, porque su vida atravesó etapas de extrema dureza que finalizó en un cruel exilio en Francia, República Dominicana, Cuba, Venezuela (de donde tuvo que huir por su pertenencia al partido comunista) y nuevamente en Cuba donde murió.

        Recoge este volumen la poesía realizada por Chabás en «el largo laberinto del transtierro», según expresión del propio escritor, tanto la editada como la inédita. La primera sección el libro recoge el libro póstumo Árbol de ti nacido, según la ordenación que dispuso su viuda, Aida Valls. Los cinco sonetos con que comienza este libro aparecieron en El Nacional de Caracas en 1948; los demás poemas son inéditos y no fueron escritos para ser publicados. Son poemas de trasfondo sociopolítico y amorosos presididos por un emotivo tono romántico tardío. La edición se basa en los originales manuscritos o mecanoscritos que se conservan en su archivo personal en la biblioteca de Denia, en Alicante. Todos los demás textos son inéditos.

 


 

        Se recupera también el conjunto Veinte poemas de amor y una canción dedicada, que ya dio a conocer en 1996 Pérez Bazo, utilizando un manuscrito que le facilitó Aida Valls, en aquel momento también inédito. Se cierra el volumen con dos secciones tituladas Versos cotidianos y España aún tan cerca, también en su mayor parte inéditos, aunque tres de ellos aparecieron en 1942 en las revistas españolas del exilio Nosotros y en España Republicana, tras la muerte de Chabás. Como señala Pérez Bazo, «la producción lírica del exilio español de 1939 quedaría injustamente amputada sin la poesía que Juan Chabás escribió durante el periplo de su transtierro: desde la Francia ocupada a Cuba. Su póstumo Árbol de ti nacido y otras composiciones inéditas sobresalen en el canon del verso exiliado por su bella y clásica factura, sensibilidad delicada y emoción patrióticas».

        Interesa esta poesía porque contiene muchos sentimientos encontrados de la voz poética del exilio, ya que, junto a las imprecaciones y lamentos de carácter político, rechazando la persecución y la dictadura, surge la nostalgia de la España perdida, aunque el poeta trate de acercarla a su afán de cada día para superar la pérdida irremediable de entornos, naturaleza y paisajes inolvidables. Si bien los recuerdos de algunos poemas recuperan lugares concretos, se siente en estas evocaciones el aire de Levante que puede ser advertido en una palmera o en el lento discurrir de un río. España peregrina recuperada en sentimientos y a través de una palabra conmovedora, en la que junto a la belleza de una evocación de la luna en La Habana surgen silencios y sombras, oscuridades y temores que revelan inseguridades y desalientos. Aunque triunfó como narrador muy original en una época de vanguardia muy difícil, es evidente que en estos poemas de exilio nunca olvidó al poeta que inició su vida de escritor, aquel poeta que en los primeros años veinte contemplaba la naturaleza en sus diversas fases, junto al mar, con sus amaneceres (la aurora, la madrugada) y sus nocturnos con la magia de la luz de las estrellas y los luceros.

 

 


 

 

Obras citadas

 

Alonso, Dámaso, Poetas españoles contemporáneos, Madrid, Gredos, 1969.

Barrera, José María (ed.), Horizonte, Sevilla, Renacimiento, 1991.

          Corral Castanedo, Antonio (ed.) Meseta, en Tres revistas vallisoletanas de vanguardia. Meseta (1928-29), DDOOSS (1931) y A la Nueva Ventura (1934), Valladolid, Ateneo de Valladolid, 1984.

Chabás y Martí, Juan, Espejos, Galatea, Madrid, 1921.

Chabás, Juan, Puerto de sombras, Caro Raggio, Madrid, 1928.

Chabás, Juan, Agor sin fin, Madrid, Ulises, 1930.

Chabás, Juan, Sin velas desvelada, Barcelona, Gustavo Gili, 1927.

Chabás, Juan, Vuelo y estilo, Madrid, Sociedad General Española de Librería, 1934.

Chabás, Juan, Puerto de sombras. Agor sin fin. edición de Javier Pérez Bazo, Madrid, Espasa, 1998.

Chabás, Juan, Sueño perseguido (Antología poética), edición de Javier Pérez Bazo, Alicante, Aitana, 1998.

Chabás, Juan, Poemas del transtierro, edición de Javier Pérez Bazo, París-Toulouse-Madrid, Tulús, 2025.

Diego, Gerardo, Tontología, edición de Francisco Javier Díez de Revenga, Málaga, Centro Cultural de la Generación del 27, 2009.

Diego, Gerardo, Tontología, edición de Francisco Javier Díez de Revenga, Santander, Librería Rafael Alberti-Fundación Gerardo Diego, 2015.

Díez de Revenga, Francisco Javier (ed.), Verso y Prosa, Murcia, Chys Galería de Arte, 1976.

Díez de Revenga. Francisco Javier, Revistas murcianas relacionadas con la generación del 27, Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 1979.

Díez de Revenga, Francisco Javier (ed.), Suplemento Literario de La Verdad, Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 1990.

Díez de Revenga, Francisco Javier, La poesía de vanguardia, Madrid, Ediciones del Laberinto, 2001.

Esteban, José (ed.), Índice (Revista de definición y concordia). Madrid, 1921-1922. Madrid, José Esteban Editor-Ediciones del El Museo Universal, 1987.

Pérez Bazo, Javier, Juan Chabás y Martí. Vida y obra, Ayuntamiento de Denia, Denia, 1985.

Pérez Bazo, Javier Juan Chabás y su tiempo. De la poética de vanguardia a la estética del compromiso, Barcelona, Anthropos, 1992.

Sarmiento, José Antonio-Barrera, José María (eds), Vltra, Madrid, Visor-Comunidad de Madrid, 1993.

Torre, Guillermo de, Historia de las literaturas de vanguardia, Madrid, Guadarrama, 1965.

Videla, Gloria, El ultraísmo. Estudios sobre movimientos poéticos de vanguardia en España, Madrid, Gredos, 1971.

 


 

Francisco Javier Díez de Revenga. Catedrático de Literatura y profesor emérito de la Universidad de Murcia. Entre su extensa bibliografía destacan libros como Carmen Conde desde su edén, o el más reciente, Carmen Conde, en la luz de sus palabras: estudios sobre la poeta cartagenera del 27 y primera mujer que fue miembro de la Real Academia Española; o Miguel Hernández: en las lunas del perito (publicado por la Fundación Miguel Hernández) que, junto con otros estudios de referencia sobre el poeta oriolano y su contexto, Los poetas del 27: clásicos y modernos (Ed. Tres Fronteras) o Panorama crítico de la Generación del 27 (Ed. Castalia) constituyen hitos en la historia de la crítica literaria. Publica semanalmente "Entre Letras", una página dedicada a las novedades literarias, en especial, a los libros de poesía, en el diario La Opinión.



[1] Texto de la intervención en la Mesa redonda del Homenaje a Juan Chabás con motivo de la entrega en la Caja de las Letras del Legado del escritor, Instituto Cervantes, Madrid, 2 diciembre de 2025.

 

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