César Oliva. Fuente: La verdad.
ENTREVISTA A CÉSAR
OLIVA. EL TEATRO Y GALDÓS
César Oliva (Murcia, 1945) es ante todo un
hombre de la cultura y un estudioso y pedagogo del teatro. Catedrático en la
Universidad de Murcia, fundó el Teatro Universitario de Murcia, fue el primer director
del Festival de Teatro Clásico de Almagro y del Centro de Documentación Teatral.
Ha escrito, entre otros libros, Historia
básica del arte escénico
(en colaboración con Torres Monreal), Teatro español del siglo XX, La
última escena, Versos y trazas. Un recorrido personal por la comedia
española, e Historia gráfica del arte escénico.
Especialista
en el teatro de Valle Inclán y en el de Federico García Lorca, es también autor
de un lúcido estudio sobre el teatro de Galdós, con especial atención a la obra
dramática El abuelo; accesible, 5 págs, en:
http://www.teatro.es/contenidos/donGalan/donGalanNum10/monografico/el-abuelo-de-galdos/pagina1.html
http://www.teatro.es/contenidos/donGalan/donGalanNum10/monografico/el-abuelo-de-galdos/pagina5.html
Empiezo,
directamente, preguntándole: ¿Qué obra de teatro de Pérez Galdós elegiría usted
para montar en un escenario hoy en día? ¿Por qué?
-César Oliva: Posiblemente
Electra,
aunque le pediría a un buen dramaturgo actualizar el tema. Aunque parezca
mentira, 120 años después de su estreno, el fanatismo no ha desaparecido de
nuestras vidas, a pesar de que ahora sea con nuevos rostros.
Usted
ha estudiado con profundidad lo que llama la “gramática” del teatro de
Galdós. ¿En qué medida le perjudicó el
ser novelista a su escritura dramática, como opinan algunos estudiosos?
- César
Oliva: Más que perjudicarle, lo caracteriza.
Galdós era un novelista que escribía teatro, como otros muchos en Europa, sobre
todo, en Francia. Entonces el teatro era más importante que la novela. Se
ganaba mucho más con el teatro que con la narración, al revés de lo que hoy
pasa. Estaba una escala por encima en la consideración social de la literatura.
Quizás Aristóteles tenga alguna culpa de ello. Claro que en su tiempo no había
novelas como hoy las entendemos. Estaban dentro de epopeyas y tragedias. Esa
enorme técnica narrativa que don Benito tenía le hacía creer, como le pasó a
Zola, que bastante escoger diálogos, meterlos en unos espacios (decorados)
determinados, reducir personajes, y ya tenía un drama. Y la escena dispone de otras
reglas, otras técnicas. Chejov es el mejor ejemplo de escritura teatral moderna,
y también escribió narraciones. Por eso, en algunas obras de Galdós, escritas
para la novela y luego para el teatro, al autor le puede el tono descriptivo, y
elige momentos de la novela prescindibles y quita otros necesarios para el
conflicto dramático que quería. El teatro es otra cosa. Eso lo intento explicar
en el artículo que antes citabas sobre El abuelo.
Hay
un aspecto de la concepción del teatro como tribuna de debate social, que es
compartido tanto por Galdós como por otros autores del siglo XIX y XX, pienso
en Zola, en el primer Ibsen, incluso en Unamuno (como agitador de los
espíritus). Es un aspecto que me parece controvertido. Por un lado, esa función
la ejercen hoy otros medios audiovisuales, y cuando el teatro es portavoz de
una ideología se convierte en mera propaganda intragable, como va ocurriéndole
hoy a esos medios citados. Pero, por otro lado, el teatro, desde Grecia, ha
sido un espectáculo de agitación social, de puesta en común de los problemas de
una cultura viva. Me asegura usted que si veo una obra de Galdós no me arriesgo
a bostezar como, por ejemplo, ante cualquier programa de la Sexta televisión.
- César
Oliva: Dices si veo, no si leo. La
representación tiene otros valores al margen o junto a los literarios. Estoy
seguro de que un Galdós en manos de un buen director y unos buenos actores
sería más que interesante. Tienes razón en lo de la agitación social. Pero, en
mi opinión, todo el teatro, e incluyo en él a la comedia, tiene que decir algo.
No puede pasar de puntillas por los temas candentes de la actualidad. Lo que no
significa que el teatro tenga que adoctrinar. Para eso está la iglesia y los
partidos políticos. Tiene que hacer pensar. Francisco Nieva demostró hace tres
o cuatro décadas, que Galdós se puede ver sin la capa de polvo que el tiempo
inevitablemente pone sobre los textos clásicos. El problema está en que esa
operación, que llamamos dramaturgia, hay que hacerla bien. En el principio de
tu pregunta dabas unos nombres harto significativos: Galdós, Zola, Unamuno…
añade si quieres a Valle-Inclán, Azorín y alguno más. Ninguno ha pasado a la historia como
grandes dramaturgos, aunque el caso de don Ramón es para echarle de comer
aparte.
Me
daría usted un poco de luz sobre esa paradoja del teatro, más allá de Galdós, y
siempre desde su opinión como experto y hombre de teatro, al que le ha dedicado
toda su vida. ¿Qué papel tiene hoy el teatro en la sociedad?
- César
Oliva: El que siempre ha tenido. Ser
conciencia de la sociedad. Las grandes obras españolas de los últimos años son
conciencia de la sociedad: ¡Ay, Carmela!,
de Sanchis Sinisterra; Las bicicletas son
para el verano, de Fernán Gómez; Himmelweg. Camino del cielo, de Juan Mayorga… (hay más). Tampoco me
olvidaría de comedias como Tres sombreros de copa o Ninette, de
Mihura; o Bajarse al moro, de Alonso de Santos. El género ayuda más o
menos, pero no del todo.
Actualmente
he leído en prensa que ha puesto en cómic Luces de Bohemia de Valle.
Galdós tiene en su obra dramática una galería de personajes femeninos fuertes,
voluntariosos: Mariucha, Doña Perfecta, Casandra, Alceste, por ejemplo. Todas
ellas contienen una cierta alusión simbólica a anhelos, vicios, virtudes de la
España que vivió el autor. ¿Sería hoy posible acercar el teatro de Galdós a
través de cómic, o de la llamada novela
gráfica, a la juventud?
- César
Oliva: Por supuesto que sí. Y los
clásicos españoles. Hay excelentes cómics de las obras de Shakespeare. Al ser
formatos distintos abres el abanico de posibilidades al lector. Me encantaría
que después de leer mis Aleluyas de Luces
de Bohemia, la gente acudiera al texto de don Ramón o para leerlo o para
releerlo.
Por
otro lado, ¿podría valorar el protagonismo femenino en la obra teatral de
Galdós?
- César
Oliva: Total. Adolfo Marsillach
decía que el teatro español es un teatro de mujeres. Que los grandes autores
escribían más para ellas que para ellos. Y citaba a García Lorca, a Benavente,
al propio Galdós, incluso a Martín Recuerda. Y la explicación que él daba es
que son mejores las actrices españolas que los actores españoles, de manera que
mejor escribir personajes femeninos que masculinos. Puede que tuviera razón.
Electra, Casandra, Augusta Cisneros (Realidad),
Doña Perfecta, Victoria (La loca de la
casa), son personajes que cualquier actriz quisiera interpretar.
Y
una tercera cosa, ¿por qué se llevaban tan mal Valle y Galdós? ¿Quién era el
genio de los dos, o eran ambos?
- César
Oliva: En esto de las antipatías
entre autores hay también bastante literatura. Valle le tuvo verdadera devoción
a Galdós. Hay muchos testimonios al respecto. Un cuadro del novelista canario
en el estudio madrileño de don Ramón lo ratifica. Hace poco leí que Almudena
Grandes no había encontrado testimonios en Valle-Inclán de aquella enemistad.
Es cierto que en Luces de bohemia lo
llama “don Benito el garbancero”. Y más cierto que, desde que Galdós no
programó en 1913 El embrujado en el
Teatro Español, del que entonces era director, las cosas serían de otra manera.
Incluyamos en ello la negativa de don Ramón a adaptar Marianela. Causas hay para ver una enemistad que, como la mayoría
de las enemistades en el teatro, aparecen en un momento dado por causas
profesionales. A pesar de lo cual no creo que la consideración que se tuvieron
fuera tan negativa como parece.
Hay
otra cuestión cultural que afecta al teatro de la época de Galdós y al de
nuestro tiempo. Pienso, en la época de Galdós, en el llamado “teatro libre”,
que apoyaba el texto escrito y leído; en la conjunción entre espectáculo y
texto leído que era común en el siglo de Galdós (Galdós aprovecha un estreno
para sacar inmediatamente el libro, incluso aprovecha el prólogo de este para
explicar a los lectores y críticos los aspectos de su teatro novedosos o que
Galdós pensaba que el público no estaba preparado para entender; así el prólogo
a la edición de Los condenados). En fin, el teatro entonces era algo más
que lo que subía a un escenario, tenía una dimensión cultural, educativa,
total. Se formaba al público desde las tablas y desde las páginas de los
libros. Hoy, apenas se lee obras de teatro. ¿Sería bueno recuperar ese
complemento de la lectura del libro de teatro?
- César
Oliva: Estás hablando de los cambios
sociales y culturales en un siglo. Son muchos. Ya decía antes que el teatro
estaba por encima de cualquier manifestación artística. Si Valle quería
estrenar era para ganar dinero y ser famoso. Y vender sus libros, incluyendo
los dedicados al teatro. Hoy bien sabemos que la industria editorial va por
otro camino. Nada que ver. Soy pesimista al pensar que se pudiera animar el
teatro escrito. La Asociación de Autores de España lo intenta con enorme coraje,
y no deja de sacar textos escritos actuales. Y otras instituciones colaboran a
ese empeño de que pervivan los textos dramáticos que difícilmente se estrenan.
Pero es minoritario, como dices. Todo en cultura hoy es minoritario, pero no
por ello vamos a cejar en el empeño de darlo a conocer. Lo minoritario tiene
una importancia enorme, pues es consciente de su limitación. Nadie en teatro
quiere competir con Belén Esteban o con un Madrid-Barsa. No merece la pena.
Dicho esto, añado que no veo síntoma alguno de lo que algunos agoreros
pronostican: el fin de las artes escénicas. Las artes escénicas cambiarán, ya
lo están haciendo, pero seguirán. ¡Vaya si seguirán!
Personalmente,
llevaba mucho tiempo sin leer teatro, hasta el verano pasado en que he leído
varias cosas de Albert Camus, pero, sobre todo, Los posesos (después me
metí a leer la novela de Dostoievsky en que se inspira). Me di cuenta de la
belleza de la obra teatral cuando se lee atendiendo al ritmo interno (de la
acción, de la exposición filosófica, del clímax), lo cual requiere una lectura
concentrada, casi ininterrumpida, a diferencia de la novela, cuyo ritmo más
lento se impone al lector sin mucho esfuerzo y a pesar de las interrupciones de
la lectura.
Vuelvo
casi al principio de la entrevista, ¿qué obras de teatro de Galdós recomendaría
usted leer y por qué?
- César
Oliva: Creo que está suficientemente
indicada al principio. Pero ya que insistes, además de Electra se podrían revisar obras como Realidad, Casandra, La loca de la casa (ya hizo una interesante
versión Juan Antonio Hormigón), Voluntad…,
eso sí, todas con profundas versiones. En mi opinión encuentro más valor en las
novelas de Galdós que el teatro. Se podrían hacer estupendas series de
televisión con la Tercera Serie de los Episodios Nacionales o con la
trilogía El doctor Centeno, Tormento y La de Bringas. Nada que
envidiar a producciones inglesas tan interesantes como Los últimos zares o La casa
de las miniaturas.
Entrevista a César Oliva. Por
Fulgencio Martínez. Huesca, 6 de abril 2021

P.S. recomendable leer su conferencia Poética y teatro, en: https://www.march.es/conferencias/poetica-teatro/detalle.aspx?p0=2&p1=17
Fuente: Fundación Juan March
REVISTA ÁGORA-PAPELES DE ARTE GRAMÁTICO/ MAY0 2021/ avance de Ágora n. 10