ÁGORA. ULTIMOS NUMEROS DISPONIBLES EN DIGITAL

Mostrando entradas con la etiqueta Javier Marías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Javier Marías. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de septiembre de 2022

El escritor Javier Marías. Artículo de José Luis Martínez Valero. Ágora-Papeles de Arte Gramático / septiembre 2022/ Artículos literarios


                                               Javier Marías. Fuente: www.jotdown.es. Fotografía de Gonzalo Merat

 

 

    EL ESCRITOR JAVIER MARÍAS

 

                        

                                                                                                         Por José Luis Martínez Valero 

 

 

La pasada semana murió Javier Marías, setenta años, hijo de Julián Marías y Dolores Franco, ambos intelectuales, filósofo su padre; filóloga e investigadora de nuestra historia literaria, su madre. Comentaba Javier que quien escribe dice y no dice, ¿significa que el arte de escribir es el arte de callar, ocultar, algo secreto?

El escritor nos pone en contacto con lo escondido, aquello que no ven nuestros ojos, que no tocamos con las manos, aunque su presencia se haga realidad, porque de repente aparece en el curso de la escritura. Por tanto, puede que escribir se haga para hacer visibles zonas que aún permanecen en sombra.

Quien escribe no dice por decir, su hablar se convierte en fábula, una peculiar manera que conduce a ver, amplía la realidad y la hace legible. El escritor orienta, descubre puertas, que aguardaban como sobres cerrados, como botellas con mensajes borrosos que encontramos entre las piedras de las playas.

El escritor, cuando escribe pone orden en el caos de la prisa. Atribuye a un personaje cierto protagonismo que lo convierte en depósito del ser que hubiésemos pretendido, compone un modelo donde protagonista y realidad forman parte del mundo. De ahí que la lectura altere el sueño despierto en el que vivimos, por un instante nos aleja de la banda sonora, monótona del tiempo, luego se instala entre palabras cotidianas y rompe el papel que envuelve al día. 

Hemos dicho que el escritor dice y calla. ¿Qué es lo que calla? En algunos momentos está claro, en periodos de Dictadura, se calla para hacer presente la ausencia. Corresponde al lector completar ese vacío que ha sido previamente anotado como que no debe ser nombrada. Hay otro decir, otro silencio, cuya existencia descubrimos en el propio discurso, cuando la palabra como una piragua transcurre sobre la superficie de la página, permite ver el fondo, donde escritor y lector perciben esos mensajes misteriosos que apuntan los peces.

Ahora, Javier Marías, desde el otro silencio, nos sigue acompañando entre sus libros.

   

 

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO es catedrático emérito de Literatura, en 2022 ha publicado Otoño en Babel. (Ed. La fea burguesía). 

Ha publicado también, entre otros libros: en prosa, Sintaxis (La fea burguesía) y en poesía:  La isla (ed. El bardo), La espalda del fotógrafo (Editora Regional de Murcia), Poemas (Editora Regional), La Puerta Falsa, Puerto de sombra (Ed. La fea burguesía), Libro abierto (La sierpe y el laúd).

lunes, 12 de septiembre de 2022

"JAVIER MARÍAS". Por Fulgencio Martínez. Diario político y literario de FM /2022

 

                                                     El escritor Javier Marías. Fuente: Real Academia Española

 

 Artículo publicado en el periódico La opinión de Murcia: "Javier Marías, articulista" (13-9-2022)

 https://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2022/09/13/javier-marias-articulista-75347775.html

 

                                                           JAVIER MARÍAS 

Cuando, a principios de los años 80, era un estudiante universitario en Madrid encontré (creo que en la librería Fuentetaja) un ejemplar de La moneda de Hierro, una revista mínima y mítica, con tapas de cartulina, con apenas ocho páginas escritas con poesías. El ejemplar costaba poco dinero y estaba ahí, sorprendentemente, al alcance de mis posibilidades. Lo adquirí, como el que se hace con un objeto único y raro. Era la revista una leyenda ya entre nosotros, aprendices de poetas y constructores de tertulias. Aunque sería su primer o segundo número, si es que llegó a salir por segunda vez, La moneda de Hierro tenía fama de ser el sello colectivo de los novísimos madrileños. De algunos de ellos solo conocía el nombre, como era el caso de Javier Marías, de quien alguna de mis amigas poetas había escrito y leído en tertulia algún verso panegírico dedicado a la belleza de su rostro.

En verdad, yo a quien había leído y mucho, desde mi adolescencia, era a su padre, el filósofo Julián Marías, autor de una Historia de la Filosofía, de un ensayo sobre el pensamiento de Miguel de Unamuno, y, en los 70, de unos artículos dominicales sobre cine -muy bien escritos- que publicaba la revista Blanco y Negro, de ABC, y que esperaba con avidez cada fin de semana, en el único kiosco de prensa de mi pueblo: el de la estación, de la Renfe. (Ya desaparecidos, estación y kiosco, como también han ido desapareciendo casi todos los kioscos de prensa y casi todas las estaciones de tren de pueblo).

Con el paso del tiempo me aficioné a leer, cada domingo, desde los 90, el artículo de Javier Marías en el dominical El Semanal (1) y después, en El País. Durante ese tiempo y hasta hace cuatro o cinco años compraba el citado periódico "independiente" solo para leer a Marías. Su prosa, densa y a la vez fluida, culta y argumentada, que no rehuía la polémica sobre asuntos de actualidad ni se escondía tras la barrera de lo en cada caso políticamente correcto, y el talante y tono del escritor hacían de cada uno de sus artículos una pieza literaria plena de pensamiento y de sensibilidad, y, es más,  sociológicamente, si se puede decir así, cada uno de los artículos de Javier Marías era, para este lector, un termómetro del grado de intolerancia y estupidez intelectual contra las que se enfrentaba el escritor (amablemente, casi siempre; otras, pocas veces, con cierta irritada molestia). En no pocas semanas, en los últimos años, respondían sus artículos a campañas, insultos, provocaciones soeces, dirigidas contra él, convertido en isla solitaria de independencia en el citado periódico.

Sus novelas apenas las he seguido, salvo dos que cayeron en mis manos. Lo que más recuerdo de una de ellas es que recrea con chispeante humor satírico la convivencia profesoral de los colleges británicos - en la novela, el oxoniense. Confieso que sus complejas tramas y alusiones eruditas me han alejado del posible encanto de sus novelas. He seguido más al Javier Marías articulista (2) que al Marías novelista; y quién sabe si en el futuro podré corregir esta falta.

No es estímulo para ello el disparatado incienso póstumo que le ha empezado a llover, algunos poniéndolo ipso facto a la altura de un premio Nobel. Por seguir el politicismo bifronte en el que quieren encerrar y dividir también la literatura, esos interesados...

Espero encontrar modo de disfrutar de un prosista excelente, que nos ha dejado de forma inesperada, con obra que sin duda merece una mejor lectura pausada.

Gracias por tu vida y tus obras, Javier Marías. Descansa en tu Soria del alma, en paz. 

 Fulgencio Martínez

_____________________

(1) Por lapsus de memoria, en la primera versión del artículo confundí el dominical El Semanal con El País Semanal. En ambos suplementos escribió Javier Marías, en tiempos distintos.

 (2) En este mismo blog (en la sección De lo bueno, lo mejor en internet) recomendé un artículo de Javier Marías en El País semanal, que me pareció antológico: el titulado "Lerdos, y gracias" Encabecé mi recomendación con este titular: Javier Marías en estado puro. Uno de los pocos valientes. (8-9-2013)

 Enlace permanente

https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2013/09/lerdos-y-gracias-por-javier-marias-el.html

 Enlace a El País semanal.
http://elpais.com/elpais/2013/09/05/eps/1378403440_774568.html

 

REVISTA ÁGORA-PAPELES DE ARTE GRAMÁTICO/ SEPTIEMBRE 2022/ DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FM

domingo, 8 de septiembre de 2013

Lerdos, y gracias. Por Javier Marías. El País semanal.




Enlace a El País semanal.
http://elpais.com/elpais/2013/09/05/eps/1378403440_774568.html

Javier Marías en estado puro. Uno de los pocos valientes.
                                   

             Lerdos, y gracias

 

  "Todo empresario desalmado siente nostalgia de los días en que los empleados carecían de derechos y de protección, cuando podían contratar y despedir sin aviso ni indemnización alguna".


Aunque los desapruebe, uno a veces comprende los procederes canallescos de políticos y empresarios. Entiende que quieran hacer lo que les venga en gana, que barran siempre para casa, que los unos aspiren a disfrutar de un poder cada vez más absoluto y amedrentador y los otros a mejorar hasta el infinito sus márgenes de beneficio a costa de la explotación de sus trabajadores y de encarecer sus productos. Uno se explica, hasta cierto punto, que todos añoren los tiempos de los señores feudales y ansíen retroceder lo más posible hasta ellos; al fin y al cabo, les resulta lo más cómodo y ventajoso. Todo partido político mira con envidia las épocas totalitarias (o los regímenes, que perduran en demasiados lugares), y su sueño sería, en el fondo, obtener en las elecciones lo que una vez se llamó “mayorías a la búlgara”, es decir, un porcentaje de votos del 98% o así. Y todo empresario desalmado siente nostalgia de los días en que los empleados carecían de derechos y de protección, cuando podían contratar y despedir sin aviso ni indemnización alguna, cuando nada era “improcedente” en su ámbito y decidían a diario, caprichosamente, qué jornaleros trabajaban y cuáles no, tanto en las faenas del campo como en numerosas fábricas. Echan de menos ser temidos y también ser vistos como “dispensadores de favores”, como individuos magnánimos que podían espetarle a un desesperado: “Mira, te voy a hacer el inmenso favor de permitirte trabajar hoy para mí. Como el favor es inmenso, habrás de agradecerme que te pague una miseria y que disponga de todo tu tiempo a mi voluntad. No te quejarás de nada, faltaría más, ni pretenderás conseguir más de mí, ni por tu eficacia ni por tu antigüedad. Ten en cuenta que si te retiro el favor, tú y los tuyos no tendríais ni qué comer”. Expresado así, este discursillo suena a siglo XIX si no a medieval, pero si suavizan un poco los términos y se paran a pensar, verán que de hecho es a lo que se intenta volver, en gran parte del globo y desde luego en nuestro país.
Y ya digo, uno lo entiende, que estas condiciones las quieran recuperar los políticos y empresarios sin escrúpulos. Lo que ya le cuesta más concebir es que, tras un larguísimo periodo en el que las relaciones laborales no han sido así, en el que la gente ha aprendido a luchar por sus derechos y a trabajar con dignidad, esos individuos sean tan tarados (lo utilizo como se hace en el lenguaje coloquial) que ni siquiera sepan disimular y llevar a cabo su retroceso con discreción. Creo que todos nos condenamos y perdemos mucho más por lo que decimos que por lo que hacemos, y que se tolera mejor el doblegamiento y la explotación que la chulería y el recochineo. Son estos últimos los que a veces llevan a la gente a saltar, a agarrar una tea e incendiar unas oficinas o un banco, o a agredir al cretino de turno que ofende además de pisotear. La CEOE –los empresarios españoles– parece estar en manos de completos idiotas desde hace mucho, ellos sabrán por qué los eligen, o quizá es que en sus filas no hay más. Fue Presidente suyo Díaz-Ferrán, que no se abstuvo de soltar vilezas antes de parar en la cárcel acusado de delitos de gravedad. Ahora la preside Juan Rosell, que recientemente ha hablado de los “privilegios” de los contratos indefinidos (se refería a derechos, pero para él es “privilegio” cuanto no sea sometimiento e indefensión del trabajador) y ha propuesto retirárselos para incrementárselos a los contratos temporales, como si eso fuera a ser verdad. Es tan falso como que la reducción de salarios redunde en mayor empleo: redunda tan sólo en el dinero que los empresarios se ahorran y guardan, y eso lo saben hasta las cabras, aunque no el FMI ni el comisario europeo Olli Rehn.

Rosell ha destacado que los temporales son el 90% de los contratos que se hacen, y ha añadido como un ceporro: “y gracias”. Esa chulería y ese recochineo encorajinan a la gente infinitamente más que las propias condiciones abusivas de la “reforma laboral” de este Gobierno. Como, más que ver emigrar a los vástagos porque no encuentran empleo aquí, a los padres los enfurece que Esperanza Aguirre afirmara: “Los jóvenes se van por espíritu aventurero”, o que Fátima Báñez, precisamente Ministra de Empleo, redujera el forzoso éxodo a mera “movilidad exterior”. O que el de Educación, Wert, sostuviera que si los chicos no estudian, no es por las caras tasas que ha impuesto, sino porque muchas familias “no quieren dedicar dinero a la educación de sus hijos”; cuando es sabido que es lo primero que los padres procuran desde tiempo inmemorial. Aún más que ver a sus niños malnutridos, a la gente le indigna que los tertulianos afines al PP critiquen que en Andalucía se les diera una modesta merienda a esos críos y la califiquen de abuso al contribuyente y clamen: “Ya, y qué más. Que les regalen también una bici, si te parece”.

He hablado otras veces de la conveniencia de la hipocresía. Cuando los empresarios y políticos son tan zotes que prescinden de ella y se dedican a chulearse, están tensando demasiado la cuerda, y ninguno queremos ver agresiones ni teas. Lo sabe cualquiera que haya leído dos libros de historia. Ya se ve que estos sujetos ni siquiera han leído uno en su vida. ¿Qué hacen ahí, tamaños lerdos?
                                                                                  Javier Marías


elpaissemanal@elpais.es