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jueves, 28 de febrero de 2019

FELIPE JUARISTI, EL ÁNGULO DEL ÁNGEL (Aingeruaren angelua). RECOMENDAMOS EL POETA DE LA SEMANA/ Poetas en Antología actual de poesía española/2 Revista Ágora


FELIPE JUARISTI, EL ÁNGULO DEL ÁNGEL (AINGERUAREN ANGELUA)

FELIPE JUARISTI, POETA BILINGÜE, EN ESPAÑOL Y EN EUSKERA

Felipe Juaristi ha publicado últimamente, en poesía: Aingeruaren angelua/ El ángulo del angel (2011, Luces de Gálibo); Piztutako etxea (2014, Erein); y en  Literatura juvenil: Iraganik gabe (2017. Erein).

Nuestro poeta es también un gran novelista, como demuestra una novela como Airezko Emakumeak (Mujeres de aire), inspirada en Alma Roses, sobrina del compositor Gustav Mahler y virtuosa pianista que fue internada en el campo de concentración de Auschwitz y donde acabó dirigiendo una orquesta de mujeres. La música frente al horror nazi. 

Véase este artículo publicado en EL PAÍS: https://elpais.com/diario/2003/11/22/paisvasco/1069533611_850215.html


Felipe Juaristi es habitual colaborador del periódico EL CORREO VASCO.  https://www.elcorreo.com/autor/felipe-juaristi-1142.html

Es el segundo de los poetas incluidos en la Antología actual de poesía española, a cargo de Fulgencio Martínez con prólogo de Luis Alberto de Cuenca.


                      REVISTA ÁGORA DIGITAL 2019

miércoles, 27 de febrero de 2019

"Barceloba" de Agustín Kong. La otra realidad. Crítica de Anna Rossell. Revista Ágora digital


 

LA OTRA REALIDAD


Agustín Kong,
Barceloba. Livin’ Leaving la vida blogger
Penguin Random House, 2017, 365 págs.
Novela actual.


Agustín Kong se presenta en la escena literaria con una novela (la primera que publica, no la primera que escribe), que nos sumerge en el submundo de las redes sociales y los blogs. Un mundo paralelo, el único para quien vive en él y de él. Y hay que ser experto en su código específico, lingüístico y estratégico, altamente especializado, para sobrevivir en un universo donde impera la rivalidad feroz de los egobloggers, en su pugna por convertirse en influencers, ganar followers y hasta haters, en la medida en que estos revalorizan su marca a partir de hashtags, instagramers, trend topics, youtubers, hipsters, swaggers… todo vale, si ello ayuda a escalar el éxito basado en la fachada, en la construcción del personaje al dictado de lo que vende en el ultimísimo momento. Son las reglas del juego, las más salvajes de un mercado basado en la fachada, lo superficial, la mentira. La novela es un retrato de esta otra realidad virtual, que ha ido ganando espacio a la tradicional para imponerse como única y definitiva a golpe de generación.

Eva Gris, cuarentañera egobloguera de éxito, inventora de la dumping pose, antes enfermera, que sueña con ser escritora, nos pasea por los subambientes de Barcelona, acompañada de la representante de su agencia, que saca partido de su encumbramiento en las redes sociales para negociar con marcas de todo tipo vendiendo su imagen en lugares estratégicos de la ciudad condal.

La novela, escrita en primera persona, se compone de una amplia variedad de tipos de texto: notas de Eva, textos subidos a las redes, vídeos en youtube, conversaciones telefónicas, whatsapps… Los textos son un reflejo del mundo que el autor quiere transmitir: una vida sin privacidad, donde impera la sobreexposición de una figura construida para el escaparate, a base de falacia.

Es indudable que Kong maneja bien el mundillo, lo conoce bien y lo presenta tal cual sin pretensión moralizante. Mucho contribuye a ello el registro lingüístico por el que apuesta: un lenguaje frívolo, a menudo irónico, que, por su frivolidad, confiere al texto la misma superficialidad que aparentemente pretende denunciar, y que, por la ironía que acompaña a menudo los pensamientos de Eva, da fe de la conciencia social que la define. Sin embargo el personaje hace el juego a lo que parece reprobar sin que manifieste una posición crítica ostensible. Esta ambigüedad de la protagonista, con quien simpatiza el autor, que no abandona el registro liviano, se impone, y acaba por prevalecer la superficialidad. A ello contribuye el hecho de que la novela se recrea en lo reiterativo, innecesario, en tanto que la historia no requeriría tantos capítulos para transmitir lo esencial. La novela sucumbe a la reiteración, en mi opinión forzada, por la voluntad de embutir en la narración todos los barrios emblemáticos de Barcelona, en los que los ambientes insustanciales y cínicos se manifiestan supuestamente con matices diferentes, matices que por su trivialidad no tiene interés plasmar de más.

Sin embargo, la novela tiene muchas virtudes: nos permite conocer subculturas urbanas (no solo barcelonesas) ignoradas por buena parte de los lectores, en el lenguaje que los caracteriza, de modo desenfadado. Kong domina el registro por el que opta y sabe mantener el gusto del lector por la justa dosis de mordacidad con que adoba la narración. La técnica narrativa logra transmitir el ritmo frenético —capítulos cortos, frases breves, que transcriben la ausencia de vida privada (hasta la muerte de una amiga y la recuperación de los otrora sensibles nexos de amistad se ven envueltos en la maraña de la red insustancial que determina la cotidianidad del personaje— dan fe del tempo enajenado en que vive inmersa la protagonista, prototipo de un perfil no emergente, sino consolidado, como el de Celia Fuentes, persona real que se suicidó el pasado año «porque todo era fachada y se sentía sola», víctima de las consecuencias de esta vida carente de valores y metas, que atrapa  y engulle a quien se deja. 

La novela tiene el mérito de plasmar literariamente, con mucho realismo, esta otra realidad. Agustín Kong sabe escribir y tiene buen olfato. Su escritura promete, si madura y no hace concesiones a la tiranía que plasma en Barceloba.   

                                                                                                  © Anna Rossell



  REVISTA ÁGORA DIGITAL 2019/1

martes, 26 de febrero de 2019

LUZ DE SEFARAD, PROGRAMA DE RTVE DEDICADO A LA POETA MARGALIT MATITIAHU /Poeta de la semana/Poetas en Antología actual de poesía española/1 REVISTA AGORA FEBRERO 2019


 RECOMENDAMOS

Rtve dedica a la poeta y escritora sefardí MARGALIT MATITIAHU el programa Luz de sefarad.
  (emisión 12-1-2019). 


http://www.rtve.es/alacarta/audios/luz-de-sefarad/2030-luz-sefarad-120119-margalit-matitiahu-2019-01-11t14-48-141501339/4936077/


Margalit Matitiahu es el primer nombre que forma la ANTOLOGÍA ACTUAL DE POESÍA ESPAÑOLA, selección de Fulgencio Martínez y prólogo de Luis Alberto de Cuenca.

La mayoría de sus libros están en la editorial Verbum. Uno de los últimos es Luz cortada (2015, Verbum).
"Margalit Matitiahu es una gran activista en favor de la resurrección de la lírica judeo-española".




POETA DE LA SEMANA/poetas en la ANTOLOGÍA ACTUAL DE POESÍA ESPAÑOLA/1.    REVISTA ÁGORA FEBRERO 2019

domingo, 24 de febrero de 2019

Error Arrimadas, Miseria histórica Sánchez, grande y solitario el ejemplo de Unamuno. Diario político y literario de FM T2019/4






ERROR ARRIMADAS, MISERIA HISTÓRICA SÁNCHEZ, GRANDE Y SOLITARIO EL EJEMPLO DE UNAMUNO


Crónica de un domingo de febrero en el ensayo de la campaña

                                  
 A mis compañeros del instituto y a mi profesor de Literatura Venancio Iglesias Martín (otro Individuo), que nos llevó a visitar en Salamanca la tumba de Unamuno


Manuel Azaña y Antonio Machado son, para muchos de nosotros, dos referencias de la cultura española del siglo XX. Como también lo es Unamuno, a quien nadie le ha pedido perdón ni le ha visitado ningún presidente en su tumba del cementerio de Salamanca. 

Pues, sabéis, niños, que Miguel de Unamuno era todo un hombre, un individuo, alguien que confesaba ser un entero, no un partido, y quien -para escándalo de algún gacetillero- declaraba que tenía que taparse la boca para no vomitar delante de uno de esos políticos. Los de entonces como los de ahora. Cuando están en campaña, y están casi siempre, dan asco. Escupen, no hablan. 

Volviendo a don Miguel, ya ancianito, en un acto en la Universidad de Salamanca se enfrentó solo a los generales. Uno de ellos llegó a levantar su arma, y le habría apuntado al rector de Salamanca y posiblemente le hubiera descerrajado un par de tiros si doña Carmen Polo de Franco no se hubiese interpuesto, tomando al Individuo del brazo y dando por concluido el acto solemne de apertura del curso nada más y nada menos que de la Universidad española más conocida universalmente, templo de la ciencia, la cultura y la paz. 

Eso fue en octubre del 36. Comenzada apenas unos meses la guerra. Estaban los ánimos calientes, ganosos de matar poetas, pronto cayó García Lorca. 

Unamuno, no hay que olvidarlo, fue el primero y que sepamos nosotros el único español que se enfrentó él solo, él solo, a los generales rebeldes. Grande y solitario su ejemplo. 

Imagínaos si Carmen Polo no hubiera estado lista. Unamuno, nuevo Sócrates, ya viejo, no le importaba sacrificarse. España hubiera recibido todo el apoyo internacional. Los rebeldes no se hubieran inventado otra España que sustituyó a aquella. Hubiéramos llegado al siglo XXI siendo una democracia quizá con menos problemas que la que surgió de la Constitución de 1978. Pero no cuento con otra variable.


El Partido Comunista soviético, después de meter su caballo de Troya en el PSOE, mover la ficha de las Juventudes socialistas, avivar a Largo Caballero, aniquilar al PSOE y a otros partidos de izquierda y dominar los ministerios de Propaganda y de Guerra (todo ello sin que pareciera evidente) habría suplantado el Estado y cambiado el rumbo de la guerra con el balón de oxígeno del caso Unamuno que despertara la conciencia y la ayuda internacional de las democracias, revocando el veto y, por fin, el comunismo habría derrotado al ejército rebelde e implantado la dictadura del proletariado. Que nadie quería dictadura, pues toma. Habríamos llegado quizá a la España democrática después de caer el muro de Berlín, y aún, con un poco de suerte, según algunos románticos, ni eso debía ocurrir. Mira Cuba, allí no hay democracia y qué bien les va. 

Todo esto, niños, no pretende infundiros miedo a las fábulas; más miedo dan esas otras mentiras que dividen la bondad y la maldad por la línea de sus rencores o, lo que es peor, de sus mezquinos intereses. 

Venimos así, niños, al 24 de febrero de 2019, domingo. Domingo de paz. ¿De paz? ¿De 2019 o de 1936? Si vemos las telecampañas… Pedro Sánchez ha ido a Francia a pescar votos republicanos; Inés Arrimadas que por hacer la gracia (“la república no existe”) menosprecia el valor sentimental republicano. 

El primero se olvida de que es presidente del reino de España, Estado que hizo una transición política a la democracia que fue modelo de reconciliación (sí, parece tópico, pero con el tiempo uno se da cuenta de que el tópico es cada día más acertado; por aquello del dicho de que otros peores vendrán que bueno te harán, y porque por aquel entonces solo se podía hacer una cosa y se acertó al encontrar precisamente esa cosa, la fórmula equilibrada).

La segunda (y sigue siéndolo, hasta que tenga mente de estado y no se pierda con Puchi cuando se están dirimiendo temas de alto calibre histórico, nacional y cultural), Inés Arrimadas, a quien admiro de corazón por otra parte, se equivoca. La candidata de un posible partido con vocación de Estado, centrado, de centro izquierda, se equivoca dramáticamente al distraerse y, además, comete el enorme error de jugar al juego separatista (aunque sea para oponerse con una bromita) pues los estrategas independentistas utilizan con toda ambigüedad y cálculo el nombre de república para apelar a la simpatía previa que en muchos españoles despierta este nombre. Casi la mitad del país podría declararse simpatizante de una república española, nunca de una España rota, más pobre que la de hoy. Pero hay pocos españoles que recuerden o hayan estudiado (ya se encargan los libros de texto de Historia de no tocar esos sensibles temas o de tergivérsarlos) la rebelión de los separatistas contra la república española; y la poca afortunada respuesta a ella: la república debió pararles los pies, y no lo hizo, o no lo suficiente, al parecer. 

Y por eso, niños, Unamuno se batió en duelo ante los generales, quienes habían aplaudido el insulto a todos los catalanes y vascos, a una parte de España, cegados por el odio a los separatistas vascos y catalanes.  “Venceréis pero no convenceréis”, les dijo el Individuo a los generales envalentonados al grito de “¡Viva la muerte!”. Y lo mismo decidle vosotros a los políticos en campaña. A los que desean la muerte moral de todos los españoles, de todo un país, para ganar el favor de unos rebotándolos en contra de otros.  ¡Basta de tanta estupidez sectaria! ¡Viva el juego limpio!

                                 Fulgencio Martínez

1.Sobre el incidente entre Unamuno y los generales:

Extracto del discurso de Unamuno:
 [...] sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso -por llamarlo de algún modo- del profesor Maldonado, que se encuentra entre nosotros. Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir lo mismo. El señor obispo lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona, y aquí está para enseñar la doctrina cristiana que no queréis conocer. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao y llevo toda mi vida enseñando la lengua española...” 

Acabo de oír el necrófilo e insensato grito "¡Viva la muerte!". Esto me suena lo mismo que "¡Muera la vida!". Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Como ha sido proclamada en homenaje al último orador, entiendo que va dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de las masas. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como he dicho, que no tenga esta superioridad de espíritu es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor. El general Millán Astray desea crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por eso quisiera una España mutilada (...)”


Es cuando Millán hace el primer amago de amenazar con su arma al filósofo, pero el sabio anciano no se acobarda y sigue: “(...) Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho.” 



La tensión era tal que cuentan muchos de los asistentes que si no hubiese sido por Carmen Polo, la mujer de Franco, el general legionario hubiera partido la cara al intelectual allí mismo o, más dramático aún, descerrajado su pistola en el enjuto cuerpo de don Miguel de Unamuno. Lo que es cierto es que Unamuno, como demuestra la foto, salió a empujones y rodeado de encolerizados exaltados que enarbolando el saludo fascista no dejaban de gritar: ¡Viva la Muerte! ¡Mueran los intelectuales!