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martes, 16 de diciembre de 2025

JOSÉ MARÍA HERRANZ, POETA DE VANGUARDIA (Comentario de "hombre" y "Los mitos incendiados"). Por Fulgencio Martínez. Ágora-Papeles de Arte Gramático n. 36. Invierno 2025-2026. Bibliotheca Grammatica / Poesía. Co-lección Ágora Poesía, José María Herranz

 


 

JOSÉ MARÍA HERRANZ, POETA DE VANGUARDIA 

  

Cuando alguna vez pienso en si es exagerada la visión del futuro que presentan las distopías en los relatos llevados al cine (1984, de Orwell; Un mundo feliz, de Huxley; o la versión desustanciada e irreconocible  del relato "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", de Philip K. Dick, llevado a la pantalla con el título de "Blade runner" por el director Ridley Scott), me pregunto si tienen cabida en esos mundos los libros de poemas. Me respondo que tal vez no. No le veo allí ningún sentido, y eso me da que pensar dos cosas: por una parte, que esos mundos futuros o alternativos son más tétricos de cómo el cine los pinta; y por otra parte, por retruque o compensación, según lo quieras ver, y pues aún existen e incluso alguien los lee los libros de poemas en el mundo real, aventuro que éste no debe ser tan ingrato como aquellos otros.

Esa "asperanza", que diría José María Herranz en su poemario "hombre", me da cierta tranquilidad y más aún, cuando me recuerdo libros y títulos de poesía que he leído en mi juventud, como "Áspero mundo", de Ángel González (quien, por cierto, de conocer el término poético inventado por ese poeta actual, "asperanza", lo habría adoptado con gusto). 

Quiero comentar, en este artículo, los dos recientes libros de José María Herranz. Por casualidad, o destino, este mismo 2025 han aparecido, con diferencia de pocos meses, dos títulos nuevos de este poeta, tras un largo silencio. Los mitos incendiados y el ya mencionado, titulado hombre (con minúscula, pues se refiere al hombre masculino; aunque en nuestra lengua, no así en otras, como la francesa o la alemana, no se suele usar mucho la mayúscula - el Hombre- para referirse a lo humano o al hombre en la primera acepción, más general, del término; nuestra lengua deja opción para que en el contexto se entienda si se refiere a hombre -varón- o al Hombre -género humano-).

Otro rasgo común a ambos libros, además de la coincidencia temporal en su publicación, es que fueron escritos en años hoy ya remotos (la década de los ochenta del siglo XX) pero que también fueron revisados y reescritos en fechas más cercanas (2012 en caso de hombre, y 2024 para Los mitos incenciados). Ambos libros, pues, no fueron publicados en su momento, quizá porque el autor no los consideró acabados o porque esperaban su hora; así ocurre -nos ocurre- con muchas cosas que emprendemos: que hemos de dejar que el tiempo las recorra y culmine, antes de salir al fin a la luz.

La apuesta, lector, como ves -me permito tutearte esta vez- no puede ser más atractiva. Nos gusta especialmente, como lectores, que un poemario transmita la comunicación del poeta con el escuchante y leyente de la obra.

Pero es que, además, la apuesta se dobla en este caso, en los dos textos de José María Herranz. Junto a los poemas originales, escritos en su día (no sé si alterados textualmente o no, pero que remiten en todo caso a su nicho temporal y al contexto personal y cultural del autor en la época en que los escribió: juventud, idealismo, búsqueda de la identidad), Herranz introduce unos comentarios o "coda" (en Los mitos incendiados) o un nuevo poema -en hombre-, o en su caso un texto poético-aforemático, u otras veces, de forma muy bella, un "nihil obstat", un "conforme" con el texto juvenil, que se convierte de este modo en cita o texto traído de otro sitio y que se analiza, crítica o con el que se acuerda. De forma que el texto en ambos libros adquiere espesor, se convierte en un palimpsesto.

Me interesa muchísimo, como lector atento de poesía, ese juego. Siempre que esté justificado, como en este caso.

Hay que considerar, también, que los textos tienen además una tercera revisión, un tercer elemento temporal de mediación o diálogo en el palimpsesto de las dos obras. La fecha de su publicación: 2025. (Aunque nada haya sido modificado textualmente, la publicación implica un "nihil obstat" nuevo).

Comenzaré por comentar, brevemente, algunos rasgos del libro hombre. Esta obra fue finalista del Noveno Certamen poesía "Poeta Juan Calderón Matador". Lo ha publicado Ediciones Agoeiro, en Pontevedra (Galicia).

Bien explica la información previa del libro: "escrito inicialmente en 1984, y reelaborado posteriormente en 2012", conforma un diálogo en forma de aserciones y réplicas u objeciones a los poemas originales que obligan a reflexionar de algún modo al lector". El subrayado es nuestro.

Esta última frase da una clave muy interesante para entender la poética de José María Herranz, tanto en este libro como en el otro, Los mitos incendiados. (Por lo que conocemos de su obra, también nos remite a otro texto suyo, Las razones del lobo, que en su día comentamos; quizá su poemario icono hasta esos dos últimos.) 

Que un poeta se proponga hacer reflexionar, obligar incluso a reflexionar, a sus lectores, parece de otra galaxia. En efecto, Herranz se anticipó en su día -principios de los 80, cuando está de moda "la experiencia" o la banalidad- a la poesía cívica (así llamé yo, y así llamaron también otros, a la poesía que había que hacer en la primera década del siglo XXI). La discrepancia, que luego Herranz ha anotado, respecto a aquella época ilusoria e ingenua de los ochenta del pasado siglo es que entonces, como dice el propio poeta en hombre, se decía que lo personal es político. En cambio, los poetas en el XXI aprendimos que lo personal debía ser personal y lo político cívico, ciudadano, abierto a la tolerancia ideológica y dispuesto a huir del dictado de lo gregario y colectivo. Los poetas, al menos, lo aprendieron; no sé si los lectores también. La búsqueda de lo personal a través de lo colectivo degeneró pronto en nuevas cadenas, se necesitó repensar, volverse a la intimidad insobornable, al encuentro y diálogo con la voz propia. Lógico que estética y hasta formalmente aquellos libros de Herranz debieran completarse con el diálogo, desde un sentir más escéptico y maduro, con los "mitos" de juventud -sobre todo, en el segundo libro- o con el "camino de perfección" de lo personal en la lucha política colectiva. Regreso a encontrar la voz propia, más allá de la condición que se tenga o adopte, pues todo es, parece, adquisición por asimilación al grupo de lucha. 

hombre tiene poemas "originales" extraordinarios, y sobre todo, una libertad de palabra, no vigilada, ni siquiera por la conciencia del autor, y una riqueza de forma y léxico impresivas. La búsqueda personal de identidad -sexual, social, personal- y la respuesta poemática rupturalista, rebelde, rimbaudiana, ante las normas y el inmovilismo represor, dan fruto en unos cuantos poemas que hieren como cuchillos aún en el texto. He de decir que el comentario, el poema más actual, no siempre es de menor calidad. Pero me gustan especialmente aquellos poemas, breves, cristalinos (su estructura me recuerda a cristales) a los que el autor acompaña con un "nihil obstat".

 

D *

 amanezco

 

quién soy

dónde voy

 

un sol brillante gira

los cabos de mi golfo

 

construyo un dique un embarcadero

 

son las tres de la tarde mastico mis arenas

muge la galerna

 

las circunvoluciones las olas en el mar de mi cerebro

 

parto

vengo

contemplo emocionado

el desgarro de ese río el injerto de ese océano

 

eres todo

dónde estás

 

caminando entre las aguas

anochezco 

 

 

Precioso poema. Tiene una lectura a lo "Joyce" (destacar el magnífico estudio, de Javier Díaz, que precede a los poemas del libro y donde se enuncian algunas técnicas de la poesía de Herranz, como "el flujo de conciencia" o también la afinidad con el neosurrealismo en boga en los ochenta).

 


Hablemos un poco, ya más brevemente, de Los mitos incendiados (Los libros del Missisippi, Madrid, 2025). También externamente -la historia cuenta- tenemos un texto revisado. "Este libro fue escrito en 1982, en un momento político y social muy distinto al actual", dice la información previa a los poemas.

La renovación tanto formal como temática, la recuperación de las vanguardias y el "eco" de la gran poesía del siglo XX (personalmente, yo destacaría a César Vallejo como referencia) están muy vivos en los poemas originales de este libro. Y aquí no pongo entre comillas originales. Los textos de "aggiornamento", escritos en estos años más próximos, no añaden, en mi opinión, un plus poético, de contraste con el original desde la poesía. Son, y no es poco mérito, como esas reflexiones y justificaciones de San Juan de la Cruz a sus grandes poesías. 

Sin embargo, aunque sinceramente este lector ha dicho su opinión sobre ello, hay que preguntarse siempre la función desde el punto de vista del autor. ¿Por qué el autor da en poner esas consideraciones junto a sus poemas de antes? Bien, está en su derecho, desde luego. Los paratextos son hermosos, dicen del autor y de la circunstancia de una obra, invitan a la comunicación con el lector (No hay cosa más horrible, para mí, que esos poemarios crípticos, voluntariamente herméticos y presentados en libro, ante un lector, que no conocemos ni le hemos invitado, como si fueran las tablas de la ley bajadas directamente del Sinaí). Así que los paratextos tienen o pueden tener virtudes que hemos de descubrir, y que el autor ha considerado.

Me gustan especialmente, en este libro, un grupo de textos, casi una tercera parte del libro, que son sonetos libres, blancos (algunos de ellos tienen ese esqueleto del soneto que también usa César Vallejo en Trilce; pues el soneto, más allá de su estructura externa y sus catorce versos canónicos, es una estructura profunda, que en el subconsciente lector nos remite a una condensación de una vivencia bien compuesta y compartida; decíase que el soneto era una máquina perfecta de enamorar, de seducir, pero también podría decirse de comunicar, de captar la atención en su brevedad y densidad).

Los sonetos de Herranz que más me gustan en este libro son aquellos que evocan cierta melodía rota. Así, este soneto esdrújulo bellísimo:

 

    Besa la nada un instante patético

donde comienza el color sintagmático

a carcomer, cultural, polimórfico, 

nuestro presente tristoso, quimérico.

 

    Brinda la nada sus dones pragmáticos,

muestra, orgullosa, los fines pretéritos

del soliloquio en parajes desérticos 

sin constatar su cifrar paradójico.

 

    Borra la nada el rencor de la copa,

las profecías, el más sicopático,

los corazones del mal, su sonido.

 

    Y duda la duda, calla la boca,

perfilan con baba lo sintomático,

husmean el centro, buscan testigo...

 

También destacan aquellos poemas que se vierten en un verso largo libre, y que tienen articulación de trenes mágicos circulando como en un reino de libertad, de orgásmica vía:

Así, en este fragmento del poema XIII: ** 

 

Siete jueces me definen y una escalera viva me arrastra al cielo,

mientras un desprecio se acepta

y la mujer bellísima sigue llorando sentada en el fiel de la balanza;

la condición humana está idéntica,

el mismo campo de clavos y herrumbre estéril

para bruñir la soledad

del suelo,

que a medias hace lo que la contradicción a enteras

otro sueño químico de la superlativa raza aria.

 

Estos poemas tienen una doble luz o lectura, la lectura moral entierra a veces el clímax, el pecado acecha el sueño de placer, pero como en la vida misma. La poesía da constancia de un lado y de otro de nuestros síntomas.

 

Dice la coda XIII:

 

Y si así no percibieseis una historial personal en estos versos, lo diré de otro modo:

La conquista de la propia identidad es tarea ardua,

comprender a las mujeres y abrazar su sufrimiento siendo un hombre

puede enseñarte a discernir la violencia o el amor en sus conductas. 

 

Es original la apuesta de Herranz por enseñar desde la poesía, quizá el excesivo empeño de la poesía de los últimos tiempos en confundir valores éticos con aquellos más propios del poema y del arte nos ha vuelto un tanto recelosos como lectores. Pero hemos de reconocer, en cada poeta, su voz, su horizonte de explicaciones. Nosotros nos quedamos con "la duda duda", como más fiel referencia a lo poético. Celebramos, en suma, la publicación de los dos libros de José María Herranz: Los mitos incendiados y hombre, con ellos ganamos la voz de un poeta de vanguardia -en su día, y ahora en nuestros días.

 

 

 Fulgencio Martínez

 

 

____

* Los poemas en este libro, hombre, están presentados en su título con una letra del abecedario. Mayúscula para los poemas "originales", minúscula, para los textos que dialogan con aquellos. El término "rupturalista", empleado unas líneas más arriba, hace mención no solo a la ruptura con algo pero aún informe (rupturista) sino a la creación de nueva forma (ruptura y forma son los dos pilares de la creación poética). No viene mal recordar a Viktor Shklovsky, el padre del formalismo ruso: "La literatura es forma, no solo forma, pero al menos forma." 

* * En Los mitos incendiados, los poemas se introducen con números romanos, y van acompañados de su correspondiente coda también numerada en romano. 

 

 Enlace para leer los Poemas inéditos de José María Herranz (publicados en Ágora n. 36) y en este blog.

 https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2025/11/poemas-ineditos-de-jose-maria-herranz.html

 

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