VERSOS EN LA MEMORIA
ANDRÉS ACEDO
¡Amigo! El cielo está opaco, el aire frío, el día triste.
Ruben Dario, Azul… (“El Rey burgués)
No tengo un cuento alegre, sino estos versos que he vivido, olvidado y conservado en mi memoria, y que con humildad quiero compartir contigo.
JUEGO DEL RESCATE
Estás tan fría
que debo sumergirte
por debajo de mi cintura,
mi mano recogiendo el tumulto de tu pelo.
Estás dispuesta a mi fantasía
y yo dispuesto
a lo que quieras: mírame, amor,
y yo te miro,
pierde quien primero cierra los ojos.
El perder se paga con empezar
de nuevo el juego:
si pierdo yo,
besa con ternura a tu náufrago;
si tú pierdes, hóspedalo con sabor en tu boca.
ESCRITO ESTÁ
Escrito está: páguese en melancolía
el bien de una tarde en que dos se amaron.
Estos jueces, mis poemas, dictaron
sentencia y me condenan todavía….
MÁS LÍRICA POR MENOS DESACUERDOS
Como la poesía,
eres memoria de una esperanza.
Un año prometiste
a mi ternura y te prometí yo.
Por menos desacuerdos,
sin saber cómo, lo hemos terminado
más rápido que si hubiera sido real
y lleno de fantasmas, como todos
los calendarios. Ahora despertamos
recordando un tiempo en la misma vida;
un tiempo que no hemos vivido, o
del que no tenemos consciencia aquí,
que empezó a contar únicamente
desde el minuto de sentirnos separados
de la emoción del tiempo detenido
que construimos.
Ahora, hemos de resucitar un tiempo
para aquel año
con días y horas corrientes,
en la visión, más lírica,
con menos desacuerdos.
ni siquiera treinta andanadas pueden librarme de la angustia de ver aparecer a mi hermano cuando me encuentre cenando con embajadores, o lo que es más terrible, a solas…
Miguel Espinosa
Tu anhelo es íntimo mío, señor.
Ve mi tributo antes de la batalla.
Con ardides y cuerdas lo apresaste
¿y no dispones ya de tu vasallo?
Señor, en tu servicio crucé el fuego
de mis propios y pasé a campo extraño.
Galopa sobre mi entendimiento
gran furor y queja de mi señor.
Galopa sobre mi
entendimiento tu furor, señor.
Como en una de tus celadas
estuve debajo de ti,
tan a merced tuya que decidiste,
señor arbitrario, dejarme vivo.
Vivo, en el corredor de la muerte.
Ni siquiera treinta andanadas
pueden librarme de la angustia
de cabalgar, señor, solo conmigo.
EL PUBIS DE MI AMADA
Se parece el pubis de mi amada
a un lancinante racimo de corcheas.
Melómanos, mis labios
orzan la proa
más allá del meridiano del ombligo,
vendimiando un mar infinito acústico,
como hormigas laboriosas;
hasta tocar una playa
donde, al atardecer,
simulan un desmayo
para morir en los más deliciosos compases.
(Recuerdo de Menorca)
Quise tocar y retener la ola,
y mis manos se volvieron ríos.
Era de Venus divina escultura líquida.
De madrugada me arrojé en ese mar,
resina se me hicieron mis dedos
intentando retener lo inefable…
Entonces, comprendí que las deidades,
más allá de morar un lugar bello,
gustan transformarse por una temporada
en una materia, una planta, un río o una roca,
en una muchacha -¿por qué no?-, y en una ola.
Y que esos seres y elementos mortales
no son solo adjetivos o atributos divinos;
son la misma divinidad sustantiva y voluble.
Versos en la memoria es una plaquette que forma parte de Tiempo revivido. Exposición temporal 1, de Fulgencio Martínez y Andrés Acedo.

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