RECUPERAR LA SENSIBILIDAD POR LO HUMANO
A propósito de Ética de Joaquín Jareño Alarcón
por Paco Fernández Mengual
Si tuviera que escribir un libro de moral, tendría cien páginas y noventa y nueve estarían en blanco. En la última página escribiría: Solo conozco un deber, y es amar.
Albert Camus
A propósito de la Ética
Joaquín Jareño Alarcón
BAC (Biblioteca de autores
cristianos), col. Popular
2026
El profesor Joaquín Jareño Alarcón cuenta en su haber con una producción filosófica importante en la que ha reflexionado sobre cuestiones filosóficas de distinta índole. Citaré algunas de sus obras más relevantes. Ha escrito sobre filosofía política en Sobre el ciudadano libre, filosofía de la ciencia en Mundos en paralelo, historia de la filosofía en Historia de la filosofía moderna y filosofía de la religión en Retratos seculares. Pero, a mi juicio, hay tres obras que destacan sobre el resto, y son las dedicadas al pensamiento del Wittgenstein: Religión y relativismo en Wittgenstein, La tumba del filósofo y Ludwig Wittgenstein: The Meaning of Life.
A propósito de Ética no es la primera incursión de Jareño en el terreno de la reflexión moral. Ya publicó en 2012 un libro de ética aplicada: Ética y periodismo. Constato en este nuevo libro del profesor Joaquín Jareño que, a pesar de las diferencias entre nuestros puntos de partida, presupuestos, axiomas o principios, al final, llegamos a coincidir en nuestras conclusiones. Yo, un escéptico y relativista metodológico, él, un defensor ilustrado del humanismo cristiano.
Hay que diferenciar entre ser moral, ser moralizador y ser moralista. El primero hace de la autoexigencia un rasgo de su carácter, el segundo traslada esta exigencia a los demás, y el tercero escribe sobre cuestiones morales, es decir, rebasa el ámbito de la moral para adentrarse en el del conocimiento y formular, de un modo patente o latente, una ética. Acierto de pleno si afirmo que Jareño es un moralista y un ser moral, pues la figura del moralizador le es, sin duda alguna, completamente ajena, tal y como se muestra a lo largo del libro.
El libro de Jareño -consciente, el autor, de que la acción moral es universal en su contenido y singular en su ejecución-, es un ejercicio de filosofía mundana al modo que plantea Javier Gomá en su libro Filosofía mundana: a) habla sobre lo actual e inmediato, no sobre libros que hablan de ello; de hecho, el detonante fue la pregunta de una alumna en la que mostraba su perplejidad por la falta de respuestas concluyentes propias de la asignatura: “Profesor, en Ética hay muchas preguntas, pero, ¿es que no es posible encontrar respuestas?” (p. 13); b) para todo el mundo: el texto es una larga respuesta a la pregunta formulada por la citada alumna; c) con la dosis necesaria de retórica persuasiva: escrito con buen gusto y con la amenidad que caracteriza la producción filosófica del autor.
El texto es, al mismo tiempo, una manual de ética y una introducción a la filosofía. Y no pasa desapercibido su marcado carácter divulgativo que el autor conjuga a la perfección con la reflexión profunda que exigen ciertas cuestiones tratadas en el libro.
El título -que hace referencia a una película en la que el protagonista no es la ética, sino Henry- me llama la atención por la elipsis de un artículo siempre presente en este tipo de publicaciones: A propósito de ética, no de “la” ética. No es una cuestión baladí. Quizás la ausencia del artículo remite a un intento de alejarse de los análisis de las teorías o doctrinas éticas propuestas a lo largo de la historia y situarse en un enclave sociocultural mundano en el que los términos ética y moral se utilizan como sinónimos. Es decir, no se trata de un libro teórico sobre cuestiones éticas, sino un análisis orientado a la praxis cuya pregunta sobre lo bueno y lo malo solamente tiene sentido cuando las respuestas tienen el objetivo de responder a la cuestión de “cómo hacer el bien” (p. 20). Así pues, el libro gira en torno a las dos grandes cuestiones presentes en todas las reflexiones históricas sobre la ética: ¿qué es el bien? ¿Cómo hacerlo? La conclusión la aporta el propio autor y adquiere la forma de un imperativo categórico: “Obra siguiendo una fórmula tal, que seas digno de que tu epitafio rece: ‘Pasó haciendo el bien’” (p. 277).
EL TRIÁNGULO DE LA ÉTICA
Jareño reflexiona sobre los tres grandes tópicos que configuran el triángulo equilátero de la ética: la noción de bien, de libertad y de felicidad. Su estrategia parte del reconocimiento del carácter inadmisible de la paradoja naturalista -el paso ilegítimo del ser (observación) al deber ser (prescripción)- formulada por David Hume del siguiente modo:
En todos los sistemas de moralidad con los que me he encontrado hasta ahora, siempre he observado que el autor procede durante algún tiempo de la manera ordinaria de razonar, y establece la existencia de un Dios, o hace observaciones sobre los asuntos humanos; cuando de repente me sorprendo al encontrar que, en lugar de las cópulas usuales de las proposiciones, es y no es, no encuentro ninguna proposición que no esté conectada con un deber o un no deber.
A partir de aquí, la tarea consiste en recurrir a la antropología para identificar aquellos rasgos propios del ser humano en los que se fundamenta la ética. Tras pasar revista a los clásicos de la filosofía que se han planteado la cuestión de lo malo y lo bueno en el ser humano, concluye con la idea del “egoísmo razonable” que él mismo sintetiza en la fórmula: “Somos egoístas y aprendemos a ser altruistas” (p. 46). Y he aquí donde Jareño destaca el papel de la educación en la formación moral de los individuos. Una educación que dote de las herramientas necesarias y suficientes para hacer el bien. Es decir, una formación en la que el papel de las tan denostadas “humanidades” adquiera la relevancia que los tiempos actuales exigen. Estas se presentan como un antídoto contra las ideologías contemporáneas, en tanto dispositivos cuyo objetivo es la institucionalización de la ignorancia colectiva.
Ahora bien, ¿cuál ese bien que hay que hacer? Aquí, el autor, apunta la necesidad de acudir a la metafísica como disciplina óptima para afrontar la cuestión. Su conclusión presenta una actitud vitalista que renuncia a la substantivación del bien y se inclina por considerarlo un calificativo de las acciones humanas: hay acciones buenas y malas, objetivamente hablando. Coincido, en general, con el tipo de acciones que el autor considera buenas o malas, pero difiero de su carácter: allí donde Jareño ve objetividad y esencialidad, yo veo concreciones históricas consensuadas.
Aunque enfocado a la praxis moral, el libro de Jareño no es un libro de autoayuda al uso, ni engaña, ni se engaña. Es de agradecer el espacio que dedica a ejemplos concretos donde muestra la aplicación de sus orientaciones teóricas a ciertos problemas propios de la sociedad contemporánea. Por ejemplo, el aborto, la guerra, el suicidio, la eugenesia, etc. Firme defensor del libre albedrio, de la libertad en sus dos sentidos básicos: “libertad de” y “libertad para”, combate implacablemente los diferentes rostros que adquiere el determinismo. Y se afianza en la, a mi juicio, evidencia de que sin libertad no hay responsabilidad, y que los condicionamientos sociales, antropológicos y culturales son, precisamente, la conditio sine qua non de la libertad, no los argumentos que justificarían un presunto determinismo de la conducta humana.
En cuanto a la felicidad, la tesis de Jareño huye de la esencialidad de las diferentes éticas, tanto materiales como formales, que han propuesto la tesis de que la felicidad está vinculado con “algo” que se debe perseguir, sea el placer (hedonismo) o la sabiduría (eudemonismo aristotélico), por citar solo dos ejemplos. Así, dice Jareño: “Trataré de defender que la felicidad es una actitud y que no es imposible poseerla” (p. 178). Una “actitud providencialista” (p. 186) resumida en la frase: “una vida feliz es una vida que posee sentido” (p. 186), una vida de plenitud en la que el ideal no deshumaniza, como ocurre en las utopías conocidas, sino que, mediatizado por la virtud cardinal de la prudencia, humaniza “la percepción moral que tenemos sobre los demás” (p. 219). Más allá o más acá de los transhumanismos y los posthumanismos contemporáneos, A propósito de ética es un libro que tiene como objetivo, en palabras del autor, “Recuperar la sensibilidad por lo humano” (p. 241). En ello está Joaquín Jareño, en ello estamos.
Paco Fernández Mengual es profesor de filosofía y ensayista. Dirige la revista Individualia (Revista Sin Ideas), fundada en 2013. Anteriormente fue redactor de la prestigiosa revista de ensayo Malleus. Es colaborador habitual también en la revista Ágora-Papeles de Arte Gramático. Es autor del libro Albert Camus. Acordes y desacuerdos (disponible en Amazon). Y ha publicado los libros de ensayo filosófico: ¿Para qué sirve la filosofía? (Editorial Tres Fronteras, Murcia) y Café y humo en el laberinto. Imposturas y desvaríos aforemáticos (Diego Marín Editor, Murcia).

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