NECESIDAD DE UNA ALTERNATIVA DE GOBIERNO QUE ESCUCHE EL VIENTO DEL PUEBLO
Escribo estas notas un jueves 12 de febrero de 2026, en una ventosa Huesca, la ciudad del filósofo Gracián, tan admirable y admirado por lectores como Schopenhauer y Nietzsche. Recientes, el pasado domingo, las elecciones a las Cortes de Aragón, apenas he salido de la catarata política cuando entro en otra y en otra. No, decididamente no podemos ser sino animales sociales, o políticos, ya que vivimos en poleis, en Estados. Y no en un mundo sin dioses, ni Dios ni Estados, al que aspiraba Nietzsche (o, al menos, su personaje Zaratustra), ni tampoco, aún no, en la sociedad sin clases comunista, desaparecidos el Estado, el Capital y la Nación y superada la fase de la Dictadura del Partido (aunque siempre nos quedará el Partido, por eso a la pregunta de si te gustaría vivir en un país comunista, algunos responden: sí, pero como dirigente del Partido; esos sí que viven bien, querido Gabi). La mundialización anunciada a finales del siglo pasado, sí, se ha realizado en forma de flujo de comunicación virtual global, lo cual tiene algún inconveniente, ante todo, para autócratas y dictadores (vean los casos donde se limita el internet y las redes sociales a los propios gobernados, siervos indóciles, como China, Cuba, o donde se intentan decapitar y controlar, como en la socialista España de don Catrín de la Fachenda Sánchez). Pero, a fin de cuentas, todo nos ha producido y produce descontento. Hasta el punto de añorar la felicidad en el rostro de nuestros padres y nuestros abuelos, de nuestras madres y nuestras abuelas, que no teniendo nada, o mucho menos que estas generaciones quejosas en las que yo mismo milito, tenían algo muy importante: la alegría, la alegría, que no es un nombre de una petarda, comensal en la mesa de un zafio. Hablo de esa alegría que se aneja a los corazones y sale por los rostros, cuando se respira esperanza. Como en aquella España -cada cual puede situar la data de esa España amoldándola a su vivencia- en que reían los españoles sanamente frente al futuro. Se quería entonces una cosa tan humana, sencilla y difícil de negar a cualquiera: prosperidad, progreso, que las cosas permitieran vivir con dignidad y comodidades, merecidas gracias al esfuerzo, a uno o a varios trabajos ejercidos con voluntad y no siempre entusiasmo pero con expectativas de mejor futuro. Los hijos disfrutarían de una cultura más rica o refinada, de una posición en la vida, se decía; lo que les diera la gana.
Todo ese clima ha devenido (me refiero ahora a España, en particular) en esta bazofia en ruinas, fachada de socialismo y progresismo fake.
Hay que decirlo alto y claro, a ver si se enteran: los españoles, en general -y sé que hablo desde mí, vaya que sí, pero también puedo pensar en lo que piensa un español ideal, tipo, siguiendo el método de la sociología de Max Weber, ojo, no de Tezanos el bombo (sic)- queremos progreso de verdad, seguridad para uno y su familia, respeto a la igualdad, al intocable derecho a los bienes que uno ha obtenido honradamente, acceso a una sanidad eficiente, a la que uno ha contribuido con sus aportaciones, no regalada como limosna; a un país donde se pueda vivir, viajar, en tren o en coche y si fuera posible en avión, entre sus ciudades y pueblos; a un campo cuidado, comenzando por recibir sus gentes el trato que merecen... En igualdad, en respeto al derecho a defender su supervivencia. Sin embargo, desde arriba son motejados de no ser progresistas. Lo progresista, al parecer, es lo contrario: que una ciudadana, tal de nombre Begoña Gómez, consiga muceta de doctora sin méritos ni estudios; disponer de licencia para acudir o no a un juzgado, si es llamada por un juez para tal día y tal hora; a poder dilatar su causa y esconder pruebas, pasaportes o documentos pedidos por un representante legal del pueblo. Aquí no hay igualdad, si no todos comemos carnero, aunque no seamos la esposa del Catrín.
El catrín de la Fachenda.
Tanto no hay igualdad, en este falso progresismo discursivo, que incluso al Rey de España, don Felipe VI, se le exige la renuncia a la herencia de su padre, el anterior Rey, don Juan Carlos I. Bien, el Rey cumple y renuncia a lo que sería una fortuna vergonzante. Porque previamente los progresistas y los cómplices asesinos etarrones, fascistasunos, como Otegi, decidieron con ellos y cacarearon que aceptar tal legado el Rey le comprometía. ¡Qué fineza moral! Como si a ellos, matadores de más de ochocientas personas, les importara mucho o poco la ética, la ética del Rey o la de ellos mismos.
Lo estrecho para ti, y lo ancho para mí...que soy socialista, o progresista. No es posible que nadie en las filas del Progreso y la Moral haya exigido o simplemente sugerido que la familia Gómez-Sánchez Pérez-Castejón (incluidos descendientes mayores de edad) renuncie notarialmente a la herencia de Sabiniano Gómez, el abuelo de las hijas del Catrín, presuntamente amasada con la honrosa prostitución y el no menos honroso proxenetismo. Los papeles de Sabiniano, ¿cuándo se harán públicos, como lo son ya los papeles del proxeneta y traficante Epstein? ¡Qué escándalo, aquí se juega! El PSOEZ se tapa la nariz y mira a la ultra, y no al Plus Ultra.
Si la igualdad ha sido prostituida, no digamos que anda con mejor salud la libertad. Se respira el miedo, Fromm, tronco: miedo a escribir, miedo a ser cancelado, a no ser de los buenos ni estar en el lado no facha del "muro" que ha levantado, para uso de unos españoles, el gran mago y Catrín del progresismo -ojo, presidente de la internacional catrinesca -el presidente de la Internacional-Fake socialista (o lo que queda de socialismo que es sinónimo de crimen y violencia contra los derechos humanos, en Cuba, en la Venezuela del Helicoide, en China... ¡y en España!, también en España, porque los que callan otorgan y aquí han callado y otorgado mucho los votantes de los partidos como el PSOE y sus clanes "progresistas").
Si este Gobierno antisemita y racista (recuérdese la indignidad de atacar a todo lo judío, ordenado por Sánchez y la televisión que manda), si este Gobierno disfrazado de social y progresista fuera un adalid de la igualdad y la justicia, ya estaría pidiendo la extradición de los asesinos jefes de ETA que ampara el régimen de Venezuela todavía. No hubiera pactado con los etarrones para acercar los infectos criminales a Euskadi, ni dado la manija de las cárceles vascas a quien se la exigió a cambio de apoyo a la investidura del Catrín de la Moncloa. Los asesinos múltiples, como un tal Txeroki, no puede ser más "iguales" que otro ciudadano ante la justicia. Ni dos años ha estado en la mazmorra, ese etarrón, gracias a Sánchez y a su corazón de Jesús.
Matar es barato. Txeroqui en semilibertad. Fuente: El Español
Alto y claro, como prometí decir: los españoles no queremos sino vivir bien, tenemos aspiraciones liberales y socialdemócratas que no satisfacen, ni pueden nunca satisfacer, los partidos fake progresistas. Aquel partido que recoja esas aspiraciones, tendrá mi voto. No será ya un partido de izquierda ni de derechas, ni de extrema derecha ni de extrema izquierda; ni siquiera nacionalista o estatalista centralista. Sería un partido que, como diría Miguel Hernández, tiene el oído puesto al viento de lo que pasa hoy y escucha las demandas del pueblo, como hacen los poetas que han crecido entre ese pueblo.
Ese partido, o coalición de partidos que recoge el viento del pueblo, lo primero que debe hacer es elaborar un programa para toda la nación. Con unos puntos básicos, pocos puntos en común asenso. Será una alternativa de gobierno para ahora ya, o para dentro de dos años, enérgica y eficaz, preparada y decidida a levantar y limpiar la mierda.
– Ya hemos arreglado el mundo...
Fulgencio Martínez
director y editor de Ágora-papeles de Arte Gramático. Profesor de filosofía en prácticas.



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