El pedroplanismo, expresión de moda (En la diana de lo ridículo)
El pedoplanismo es una expresión de moda que circula en redes. En pedroplanista se ha convertido la masa del PSOE. Lo hemos visto en las imágenes, que han dado los medios, de un reciente mitin de Pedro Sánchez en Valencia. La palma del ridículo es colectiva, se la reparten el Mentiroso habitual (no conocía, dijo, al que fue su chófer investigado por la Guardia Civil); la ministra de Universidades, Diana Morant, en la diana de lo ridículo y a la altura de lo patético esforzando el galillo para gritar con ardor su compasión por las víctimas de las que su colega dimitido tiene responsabilidad; y el resto de los cabestros mentales que aplaudieron y corearon el nombre de ese sujeto innombrable, quien apenas hace una semana no se atrevió ni a mirar a la cara a los heridos y familiares de las sesenta y nueve víctimas de tren en la provincia de Toledo.
Pero, más allá de esa dimisión de la razón de una parte de ciudadanos de este país, de los militantes del Partido Socialista, me preocupa lo que está por suceder después de las elecciones del 29 de noviembre.
Hay muchos problemas a la vista: podría referirme a la intensificación de la presión social, sindical y del terrorismo callejero* contra el Gobierno que surja de las urnas; presión que comenzará, con una huelga política, apenas quince días antes de los comicios, una huelga en apoyo del Gobierno, como en la Rumanía comunista del clan Ceausescu.
Ya es tan habitual lo anormal y extravagante, que apenas nos extrañamos: huelga política no contra el Gobierno, sino contra la alternativa; como tampoco nos extrañamos, ni aun a posteriori, menos aún en el momento de suceder, de que el partido que fue el segundo votado en 2023, el PSOE, comprara los votos de unas minorías para obtener el poder democrático a cambio de prebendas y dádivas de todo tipo, a esos partidos que sumaron pro Sánchez (incluyendo etarrones y separatistas); muchos dineros de Europa destinados al tren se fueron al País Vasco y a Cataluña "naturalmente"; de ahí que hablemos, ad litteram y metafóricamente, de "compra del poder", para describir el modo en que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa: con una argucia, si permitida por la ley, errónea desde un buen funcionamiento de la democracia (y que se debería impedir en el futuro, antes de que el mismo Sánchez u otro gobiernen contra los intereses de todos comprando votos de sus señorías a cambio de hipotecar el país y a los que nos sucedan).
Sé que algunos, muchos pero no todos, entre la izquierda, preferirían que no ganara la derecha, como es natural; a algunos en la siniestra les agradaría o convendría más que, de ganar la derecha, tuviera que gobernar con Vox, con la que llaman la ultraderecha. Y creo que si preguntaran a muchos de los "progresistas" convencidos: ¿qué estarías dispuesto a hacer para que no gane la derecha? Responderían: todo. ¿Todo? Incluso matar, contestarían los más próximos a la banda... de ETA.
A tal extremo ha llegado la polarización impulsada desde tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero y consagrada por su mala secuela, Pedro Sánchez, que ya no es un dislate preguntarles a los pedroplanistas** a qué extremos estarían dispuestos para segar cualquier alternancia democrática. Y lo terrible, ya no es descabellado tampoco que nosotros pensemos que están dispuestos a todo.
Literalmente, a todo.
El guerracivilismo empezó siendo una sombra del pasado, traída para tensionar a los españoles y encerrarlos en dos trincheras irrespirables. El guerracivilismo lo han abonado con cualquier excusa: anteayer mismo en el Congreso, unas cómicas interpretando a unas mujeres rapadas por falangistas illo tempore; en la prensa, el anuncio pagado del Ministerio de Infracultura utilizando la imagen y el nombre de Federico García Lorca, al rebujo de una película sospechosamente promocionada por el propio Ministerio.
En consecuencia, quieren el guerracivilismo de ahora, actual, un guerracivilismo más virulento que nunca en tiempo de pre-campaña y campaña electoral. Son unos miserables.
Espero que el próximo gobierno nos depare una buena gestión de lo público (lo público que ha abandonado el gobierno de Sánchez y que algunos de los más conspicuos sanchistas han saqueado hasta empeñar la capaza). Pero, además, pido enérgicamente al próximo gobierno que cumpla con dos importantes expectativas de quienes vamos a votar por el cambio: la justicia y la cultura. No les puede salir gratis tamaña rapacería, y se les tiene que rebatir en cualquier término su propaganda.
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*La estatua de Carlos III, en Sol, vandalizada. Evidentes atentados, como ese, contra el patrimonio cultural deberían tener una sanción legal, al menos el alejamiento de por vida. Me preocupan la amnesia y la insensibilidad sancionadora frente un terrorismo contra las personas, la imagen de un país y los símbolos, que se hace por la puerta de atrás, a espaldas del terrorismo más burdo, de incendio y barricada.
** Muy recomendable el artículo de Enrique Mesa: "Pedroplanistas". cf.
https://www.europasur.es/opinion/articulos/pedroplanistas_0_2008426047.html
Fulgencio Martínez
Huesca, 7 de noviembre de 2026


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