UN VIAJE POR LA VIDA Y LA MEMORIA
por Francisco Javier Díez de Revenga
(…) en esta parábola del barro, redescubrimos al poeta de las inspiraciones cotidianas, las que alumbran su poesía con ingenios y encuentros: me llamo barro, aunque mi piel se asombre (…)
Alberto Chessa (Murcia, 1976) ha publicado un nuevo libro de poesía que se une a su ya dilatada y fructífera ejecutoria poética: Parábola del barro, que ha editado Huerga y Fierro en su colección Signos. «Escribir en tiniebla es un menester pesado: / los días no son largos, anochece privado», anotaba Gonzalo de Berceo en su Vida de Santa Oria hace algunos siglos, y Chessa utiliza estas palabras para uno de los lemas de alguno de los capítulos de su nuevo libro de poemas, un libro que habla de vida, de días, de tiempos, ciudades y veranos, con una luna atrapadora (las heridas de luna no cicatrizan nunca) y un sol (el sol busca en el pasado su sombra mineral) descubriendo espacios que son convivencia y relato de existencia, dilatada sobre el tiempo, de principio a fin. En ella comparecen vivencias y sentimientos y renacen sombras del pasado que, a veces, son evocadas con temor y nostalgia.
Un día cualquiera, en una calle de la ciudad de Madrid, puede surgir el asombro ante una realidad que traspasa la continuidad del presente para convertirse en memoria, en recuerdo o en historia. Todo en este libro es vida, y quizá la palabra que más se repite en sus versos es vivir y más vivir, porque de los días de la existencia están construido todos los poemas de este libro. Un libro, organizado sobre dos extensos intermedios, que acogen poemas divagatorios en dilaciones secuenciales de espacios retenidos en la memoria, dos intermedios cada uno con su sello particular, desde el presente vivido día a día al pasado retenido en evocaciones transmitidas por los recuerdos.
Como no podía ser de otro modo, en un poeta tan intenso como es Albero Chessa, será la propia poesía la que sea indagada por el escritor en una autopoética que quiere, ya al final del poemario, en un poema titulado «Ocurrencia final», establecer que la palabra es la que contiene el tiempo y la vida, aunque esa palabra llegue a ser, por el misterio de su propio sentido, parábola del barro, tal como se proclama con toda claridad en el título del libro: parábola que cuenta y canta el miedo a dejar de ser héroes. La poesía no se piensa, se evoca, se invoca, se conjura; pero la pregunta es la de siempre: ¿de dónde viene la palabra? Lo cierto es que esa parábola del barro es la que ha construido un mundo poético bien armado, que ha forjado un libro con excelencias más que sobresalientes.
Y en esta parábola del barro, redescubrimos al poeta de las inspiraciones cotidianas, las que alumbran su poesía con ingenios y encuentros: me llamo barro, aunque mi piel se asombre, dice en una de las prosas intermedias que alimentan este volumen esporádicamente de reflexiones de interior, para extender en los extensos poemas las reflexiones de exterior: la ciudad, las calles, la urbe que se habita y no se asume (Madrid), la luz de los veranos, el mar y no cualquier mar, el mar familiar y sobre todo la testificación espontánea de la verdad del amor, el amor de siempre (amar es inventar al otro), y el amor doméstico y familiar, filial, paternal: todas son escenas que reflejan, como ya se indicó, la insistencia constante en el vivir y todos sus derivados.
Porque con la vida comparecen los compañeros de siempre: la edad, la llegada a la madurez, el tiempo y su inevitable trascurrir, el devenir, el destino y por supuesto la muerte. Revelada en pensamiento y escena sobrecogedora en la intimidad doméstica de la vida interior, la vida propia discreta que anima tantas estancias de este volumen de intensidades vehementes, de esta parábola del barro. No seremos eternos, pero nacemos de continuo, se dice en uno de los poemas en el que se respira tiempo y existencia… y recuerdos. Porque la memoria también crea estímulos de permanencia que solo la palabra poética puede eternizar garantizando su permanencia.
Vivir es revivirse a cada paso: puede ser este verso, extraído de uno de los poemas, el lema de todo el libro, porque en él no hay sino reflexiones de esencia, pero también de existencia. El poeta sabe muy bien conducir a su lector por los vericuetos del poemario conjuntado, entre prosas y versos, y conducirlo a un destino que concluye en los poemas finales, en los que revela el sentido y el significado de esta parábola del barro: quien dice familia, dice vida, amor, espejos, pisando firmes sobre nubes, y aire, corriendo sin parar. Alberto Chessa recupera en este libro lo mejor de su palabra poética y renueva sin cesar la calidad de una trayectoria poética impecable.
El artículo del profesor Díez de Revenga ha sido publicado en La Opinión, de Murcia, el 4 de septiembre de 2026. Lo reproducimos por gentileza de su autor.
Francisco Javier Díez de Revenga. Fuente: La Verdad.
Francisco Javier Díez de Revenga es Catedrático emérito de Literatura en la Universidad de Murcia. Escritor, ensayista, autor de libros de referencia sobre Miguel Hernández, Carmen Conde, Azorín, y sobre la Generación del 27. Publica semanalmente un comentario sobre libros de actualidad en el periódico La Opinión, de Murcia.


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