Fuente. El Español
UN PAÍS "ATASCAO"
El reciente incendio en Los Gallardos y Bédar, en el Levante de Almería, que ha ocasionado trece pérdidas de vidas humanas y la devastación de miles de hectáreas, se originó (según informe de la Guardia Civil, que investigó in situ), por la caída de un poste eléctrico cuyo cable no estaba desactivado a pesar de que su servicio a un local vecino se había dado de baja, al parecer, desde hacía años; se trataba de un restaurante que había cerrado en 2009. La red eléctrica española se ha apresurado a desentenderse, también las compañías eléctricas posiblemente afectadas.
Alguien, alguna agencia u organismo será el responsable del mantenimiento de dicho poste cuyo desolvido –pues ni siquiera se olvidaron de revisarlo y mantenerlo con cierta periodicidad–, fue la causa próxima, la causa material y la eficiente, que diría Aristóteles, de la deflagración. El viento hizo su parte a continuación. Y está por ver la parte humana si pudo prevenir, evitar o al menos reducir, constreñir y derrotar con más rapidez el desatado ímpetu del fuego.
Esa parte humana comenzaría con una política forestal humanista y por humanista ecologista, cuidadosa en verdad del entorno humano en primer lugar, lo contrario de lo que vienen haciendo en los últimos años los ministerios gubernamentales responsables: el de Transición y de Agricultura. Pero, también la falta de una previsión y un protocolo rápido de coordinación estatal para solucionar un problema endémico (cada año rebrota este tipo de incendios devoradores, en cuya extinción han muerto en ocasiones retenes de bomberos, servidores del Estado) es un índice humano; y la no utilización del Ejército español, con todas sus unidades necesarias (no solo de unos cuantos miembros y equipos de la UME, Unidad Militar de Emergencias); el ejército español que dispone de zapadores, pontoneros, aviadores, expertos en orografía, equipos aéreos y terrestres y otros recursos humanos y materiales, y sobre todo, de disciplina y mando al margen de las pequeñas políticas, y que haría bien en desplegar el Gobierno de España y en concreto, la ministra del ramo, Margarita Robles, para luchar contra el fuego (como lo debió hacer, y no hizo, contra la dana en Valencia. Al Ejército lo tuvo encerrado en Bétera, a menos de 25 kilómetros de Paiporta y del punto cero del desastre. Incluso dos semanas después de la dana el ejército español que pedía colaborar seguía atado por unas órdenes ideológicas de sus mandos políticos. Lo comprobé indirectamente, pues al pasar en coche por la autopista hacia Valencia en la proximidad de Bétera un camión militar que se desplazaría para otro asunto vi enarbolando banderas de España en las manos de un grupo de soldados alegres, saludándonos con ellas desde la trasera del camión, como reivindicando su deseo de ayudar, un deseo de servicio reprimido incomprensiblemente por Pedro Sánchez y Margarita Robles, servidores de partidos catalanes y vascos de los que depende el Gobierno. Aún había mucho lodo, cuánto olor a lodo en todo el trayecto de la autovía próxima al Turia y al mar, y posiblemente algunos desaparecidos por encontrar. Me acordé de los malditos versos de Rafael Alberti, en la guerra incivil entre españoles: ¡A cabalgar, a cabalgar, / hasta enterrarlos en el mar!" a la otra mitad de España. Ahora Sánchez no necesita el ardor guerrero lírico, como tampoco lo necesitó para alentar el odio contra un equipo hebreo participante en la Vuelta ciclista a España. Tiene la Televisión Pública Española, y a Bildu).
Pero, en el tiempo inmediato a una catástrofe con resultado de víctimas humanas, más que ocuparse de las causas no próximas, habría que levantar de manera urgente una investigación independiente, judicial, antes de que se alteren los datos y comiencen los falsos relatos -como ocurrió en el terrible accidente de Adamuz-, y antes de que los posibles culpables pongan sus manos in situ en el lugar de los hechos y se lleven o alteren las posibles pruebas. Y esa investigación no debería depender de la casualidad local, del juzgado más próximo al siniestro; sino de una instancia judicial nacional.
Correspondería realizar esa pronta investigación imparcial (al margen también de las consignas partidistas), a un órgano especial de ámbito nacional, formado por un fiscal y un juez para investigación de catástrofes, los cuales se apoyen en sus propios técnicos y asesores en el asunto investigado. Aquí, en particular, en el siniestro de Almería, hubiera sido urgente que un fiscal y un juez se hubieran desplazado al punto álgido del incendio el mismo día de declararse, y junto a sus técnicos y expertos hubieran iniciado una averiguación con el fin de determinar a quién corresponde la responsabilidad de la causa primera eficiente y material (el poste eléctrico), para eso hay que revisar contratos, actuaciones, si hubo negligencia por parte de la red eléctrica, si hubo algún tipo de fraude (enganche a la red por la cara), que tanto ocurre en muchos puntos de la picaresca Iberia, si hubo por ahí asaltadores de locales, dícense ellos "Okupas", si hubo por ello mano ancha, mirar para otro lado por parte de los propios responsables de las eléctricas, quienes a cualquier ciudadano corriente cortan la luz al segundo recibido no abonado...
El desorden en España mata, no el "cambio climático" de Al Gore, depredador-divulgador de ese evangelio apócrifo que ha desenterrado como causa universal de todo problema Pedro Sánchez para ocultar su habitual ausencia de gestión, su ausencia personal en los desastres, y su ausencia absoluta de empatía.
En mi pueblo huertano, en Puebla de Soto, se decía de un niño que no hace caso de nada, que era un atascao. Atascado también significa testarudo sin remedio. Y por supuesto, atascado significa, en español, véase una fontanería atascada, un "no funciona" a veces mantenido sine die. Así España, la españa in-progresista de Sánchez, se contenta y se regodea con ser un país triplemente atascado desde hace 6 o 7 años. Ni mejoraremos ni daremos solución a los problemas del mal funcionamiento del país porque no se atajan los problemas (estos quedan sepultados casi siempre por infantil autosuficiencia o pasotería). Y además, hay una gran parte de españoles que justifica la cloaca que empantana el pulso de la nación.
Poco espero que los políticos inventen medidas excepcionales para solucionar los previsibles incendios y otras catástrofes, y para investigar sus causas eficientes y materiales próximas por medio de un juzgado especial de ámbito estatal -eso sí sería inventar en positivo, no inventar relatos y mentiras a la Puente.
Fulgencio Martínez
14 de julio 2026, Murcia.

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