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jueves, 28 de mayo de 2026

CERVANTES POR UNA ALUMNA DE TERCERO. Rosa Campos. La sonrisa de Cervantes / Textos cervantinos 26. Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 39. Mayo Parte II

                                              Don Quijote y Sancho, vistos en Álcazar de San Juan

 

 

CERVANTES                                                                                                                         

POR UNA ALUMNA DE TERCERO                     
                                                                                  

 

Yo amé a Cervantes sin saberlo entonces.

Daba tercer curso y pocos años en mi haber sumaba.

En la Calle Mayor tenía sus estancias la Escuela.

 

Éramos dueñas en el aula de un ventanal grande

por donde sentíamos brillar la mañana,

compañeras ancladas al pupitre de madera

donde el libro de Lengua posaba boca arriba,

en su portada Don Quijote y Sancho Panza, a su vera,

cabalgaban a Rocinante y Rucio

a la vez que, en sigilo, pasaban a ser parte de los míos.

 

Nos aguardaban dentro, en las asombrosas páginas,

aquel batallar frente a gigantes  

-de molinos de viento y de pellejos de vino enmascarados-,

a punto de ser vencidos y arrojados a los pies del mundo…

¡Ah, caballero andante que ansiaba ser valiente

queriendo proteger al débil y aplicar justicia

para ser merecedor ante el mirar de su preciada dama.

 

A los veinticinco leí todo El Quijote,

ternura, risas y viajes me embargaron,

fui aventurera junto al Ingenioso Hidalgo y su escudero,

pudiendo, en similares tragos,

beber de la locura y la cordura.

El efecto sigue a pesar de la lluvia

caída sobre mis bastantes días.

 

Me complace si citan al Quijote

en sus libros autores extranjeros o en el cine,

reverencian a Cervantes ellos, yo me inclino,

alegrarse con lo bueno de otro amar es.

 

En el estuche de mi memoria

aquellas lecturas y su creador

siempre en vanguardia…

Saber de Aldonza Lorenzo o Dulcinea,

tener el chocolate con su nombre en casa.

Disentir con el cura del pueblo, Pedro Pérez,

duro dos veces, como piedra doble.

Entender con Marcela aquel libre albedrío.

Admirar la ascensión a altas alcurnias

de mujeres en condición precaria,

diciéndonos verdades desde abajo.

Seguir recorriendo siglos de caminos polvorientos

como aprendiz incansable de palabras,

por si aún tiempo hubiera de desfacer entuertos.

 

Visité Madrid y, con afán, aquella calle

donde todavía se sostiene en pie su humilde casa.

 

Sonreí al ver, en un ayer reciente,

en la plaza del manchego pueblo

las familiares efigies

que me adentraron de nuevo

en aquel tiempo novicio

con el rayo de sol sobre el pupitre

y sobre él el libro

en el que Don Miguel de Cervantes

se introducía en los personajes míticos

que ilustraban la portada

de aquel fértil ejemplar de Lengua

de mi tercer curso.

 

                                              Rosa Campos

 

 

Rosa Campos Gómez (Calasparra, Murcia). Colabora con el Grupo poético de Cieza La sierpe y el Laúd.

Licenciada en Historia del Arte y CAP en Geografía e Historia (UMU). Curso de Educación Literaria y Comunicación Intercultural (UNED).

Reside en Cieza (Murcia). Editora en Editorial Almadenes. Imparte talleres de texto, dibujo y pintura.

 

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