CUATRO POEMAS DE JOSÉ ALFARO
AHORA
(a Federico García Lorca)
Ahora
que una luna de verde
se cierne sobre el Hudson con fondo de guitarras...
Ahora que se han dormido
los dos perros asirios de rancio pedigrí
que ladraban sin pausa, entre tus cejas,
a las estrellas...
Ahora que el Bronx y el Sacromonte
(metálico claqué y zapateado
con palmas en el cielo)
han mezclado su llanto de jazz y cante jondo...
Ahora que Wall Street
se ha curado por fin de sus 29 depresiones
a base de gritos y depósitos,
de dólares y dolores...
Ahora que se desbordan los teatros de Broadway por las calles
y cada día hay 1986 crucifixiones
con nocturnos de guerra fría y sangre
y lagos remansados de sangre
y niñas ahogadas en un pozo
de sangre
y sangre anegando la cúpula del Chrysler Building
desde donde mirabas sorprendido (con ganas de orinar a los
pasantes)
aquel New York de vítrea geometría...
Ahora que hace ya 50
años
y en Viznar hay granadas
y heridas
abiertas lentamente en tu memoria...
Ahora, sí, precisamente ahora, a las 0:40 AM,
cuando se han acallado los niños y los perros
y las emisoras han difundido sus últimos partes de guerra,
este miércoles, 24 de setiembre,
me gustaría, ahora, Federico,
dedicarte un poema.
(De Asfalto y piel, Ed. Gobierno de Navarra, 1999)
POSTVENECIANO
Entonces nos sentamos en el puente, con el rumbo fijo,
Y así, con vela tensa, bogamos hasta el fin del día.
Ezra Pound
Nos recibe Venecia
con un cristal añil de niebla de murano
y un toque de sirena que semeja un suspiro.
Es por darse importancia –le comento a mi cónyuge–
que sonríe, sin entender que existen todavía
ciudades por el mundo que fingen sentimientos,
todo con tal de llamar la atención
y dejarse querer.
La Plaza de San Marcos
nos recoge solícita, mientras emana
mil y una querencias que son noches
y finge ahogamientos
para que esta horda de turistas de serie
le vayamos haciendo el boca a boca,
Y es que es así Venecia: ninfómana y muy suya
dentro de su disfraz de porcelana y sedas.
Voy buscando la calle donde vivió Ezra Pound,
pero nadie ha oído hablar de un estadounidense
que viniera a aquellas tierras –¿o debo decir aguas?–
prendado de un nosequé romántico
mitad desnudo de Giorgione, humedad vomitiva
y atmósfera de Turner. Así que, al final,
desisto del empeño y sigo a ese grupo gregario
al que dirige un guía de troquel
con ademanes de comisionista.
Y, así, mientras un maestro cristalero
sopla el vidrio rusiente y lo moldea
a la exacta medida de los sueños,
otros maestros, hijos de mercaderes venecianos,
nos soplan a su vez la visa de oro
en un juego malabar de amor, de charlatanería
y de prostituciones.
Toda ciudad tiene una fuente sin historia
con magia de ida y vuelta. Yo bebo, como todos.
Y mientras unos salen para ver una ópera
de estreno en La Fenice, y mi cónyuge –rota–
se acuesta derrotada, yo me sigo perdiendo,
sin el hilo de Ariadna, por calles repetidas
y canales copiados, buscando a un Ezra Pound
que jamás existió.
Desde una pensión sórdida,
Venecia –oro y barro–
me convoca, de rojo, a su lujuria.
(Premio de Poesía “Luis López Anglada” 2006)
UNA SONRISA
Una sonrisa: eso es la mañana.
Despertarme de nuevo, comprobar que estoy vivo
y escuchar las noticias que traspasan el pecho
con guerras sin palabras, sangre sobre el asfalto
y violencias domésticas.
Raisa, nuestra yorksyre-terrier, me mira
con gesto de extrañeza. Se sorprende
de verme allí a deshora, haciendo aquello
que solía realizar su dueña. Le explico
que soy yo el amo de casa,
el que la sacará a olfatear farolas
y a saludar a todos sus congéneres,
y que deberá esperarme sentada
mientras entro a coger el pan,
la prensa y el resto de la lista de la compra.
A pesar del cruento noticiario, que habla sobre Bagdad,
sonrío a Raisa. No quiero
que se entere del desastre
en que hemos convertido el Paraíso.
(De Maneras de quitar el polvo, KRK Ediciones, 2011)
(INÉDITO)
CONTRA LA RUTINA
¿Y si la vida
no fuera el purgatorio que sufres
entre media pasión y alguna que otra
aventura, generalmente previsible?
Porque lo más cercano, no lo dudes,
es un puro espejismo. Y tú ya sabes
adónde te conduce
tanta crónica en verso (no sin efluvios líricos)
junto a los diccionarios, de celulosa u online,
que expurgan sus entrañas para dejarte
en el paladar tan sólo un filtro
a la carta de un sinfín de miserias programadas.
Y aquí estás: contemplándote.
Ese lugar exacto, que eres tú,
desde donde te miras,
es secular arena en la vasija
reencarnada de tu cuerpo serrano
que fue arena de mar ayer y, pasado mañana, será
arena de un reloj de vaivenes dictados
o “polvo enamorado”, en el peor de los casos,
que diría el ínclito Quevedo.
Pero tal como nos duelen las aliteraciones
sobre siembras de sombras de un invierno de infiernos
así duele la carne tan dentro de otra carne
en la blanda rutina que el calendario impone
cada día lectivo. Y, lo que es aún peor,
ahora ocurre lo mismo los fines de semana.
Así que mientras tu cuerpo amaga
un cálido merengue de inconsciencias,
el alma va por libre
en busca de otro cuerpo que le quite ese óxido
del que tú le has dotado a fuerza de desusos.
Tu culpabilidad la llevas tú contigo.
No es de extrañar que, en sueños,
ese alma remolona que, ahora, se te torna transitable,
te conduzca por los bosques y estepas
donde nunca estuviste, volando con las alas
de sílex de las prohibiciones.
José Javier Alfaro Calvo nació en Cortes (Navarra) en 1947. Reside en Tudela. Maestro de Matemáticas y Licenciado en Filología Española. Ha dirigido varios “Talleres de escritura creativa”. Forma parte del Consejo de Dirección de TRASLAPUENTE, Revista Literaria de la Ribera de Navarra Ha publicado 14 libros de poemas y uno de microrrelatos, y obtenido másde un centenar de premios literarios. Con Asfalto y piel ganó el Premio a la Creación del Gobierno de Navarra y con Maneras de quitar el polvo el Premio Ateneo Jovellanos de Gijón. En relato ha conseguido, entre otros, el “Premio La Felguera” en 2006.y el “Premio de cuentos Fundación Fernández Lema de Luarca” en 2008.
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