ÁGORA. ULTIMOS NUMEROS DISPONIBLES EN DIGITAL

lunes, 4 de mayo de 2026

CUATRO POEMAS DE JOSÉ ALFARO (Incluyen el inédito "Contra la rutina"). Ágora-Papeles de Arte Gramático. N. 38. Nueva Col. / Diario de la creación. Panorama de la poesía actual en español

                                                                               José Javier Alfaro Calvo. Foto cortesía del autor
 

 

 

CUATRO POEMAS DE JOSÉ ALFARO

 

 

        AHORA

 

                                  (a Federico García Lorca)

 

           

              Ahora

que una luna de verde

se cierne sobre el Hudson con fondo de guitarras...

          Ahora que se han dormido

los dos perros asirios de rancio pedigrí

que ladraban sin pausa, entre tus cejas,

a las estrellas...

          Ahora que el Bronx y el Sacromonte

                                                  (metálico claqué y zapateado

                                                    con palmas en el cielo)

han mezclado su llanto de jazz y cante jondo...

          Ahora que Wall Street

se ha curado por fin de sus 29 depresiones

a base de gritos y depósitos,

de dólares y dolores...

      Ahora que se desbordan los teatros de Broadway por las calles

y cada día hay 1986 crucifixiones

con nocturnos de guerra fría y sangre

y lagos remansados de sangre

y niñas ahogadas en un pozo

de sangre

y sangre anegando la cúpula del Chrysler Building

desde                                                  donde mirabas sorprendido (con ganas de orinar a los

                                                                                                            pasantes)

 

aquel New York de vítrea geometría...

          Ahora que hace ya 50

años

y en Viznar hay granadas

y heridas

abiertas lentamente en tu memoria...

          Ahora, sí, precisamente ahora, a las 0:40 AM,

cuando se han acallado los niños y los perros

y las emisoras han difundido sus últimos partes de guerra,

este miércoles, 24 de setiembre,

me gustaría, ahora, Federico,

dedicarte un poema.

 

                                           (De Asfalto y piel, Ed. Gobierno de Navarra, 1999)

 

 

        POSTVENECIANO

                        

 

                                                 Entonces nos sentamos en el puente, con el rumbo fijo,

                                                Y así, con vela tensa, bogamos hasta el fin del día.

                                                                                              Ezra Pound

 

 

Nos recibe Venecia

con un cristal añil de niebla de murano

y un toque de sirena que semeja un suspiro.

Es por darse importancia le comento a mi cónyuge

que sonríe, sin entender que existen todavía

ciudades por el mundo que fingen sentimientos,

todo con tal de llamar la atención

y dejarse querer.

 

La Plaza de San Marcos

nos recoge solícita, mientras emana

mil y una querencias que son noches

y finge ahogamientos

para que esta horda de turistas de serie

le vayamos haciendo el boca a boca,

Y es que es así Venecia: ninfómana y muy suya

dentro de su disfraz de porcelana y sedas.

 

Voy buscando la calle donde vivió Ezra Pound,

pero nadie ha oído hablar de un estadounidense

que viniera a aquellas tierras ¿o debo decir aguas?

prendado de un nosequé romántico

mitad desnudo de Giorgione, humedad vomitiva

y atmósfera de Turner. Así que, al final,

desisto del empeño y sigo a ese grupo gregario

al que dirige un guía de troquel

con ademanes de comisionista.

Y, así, mientras un maestro cristalero

sopla el vidrio rusiente y lo moldea

a la exacta medida de los sueños,

otros maestros, hijos de mercaderes venecianos,

nos soplan a su vez la visa de oro

en un juego malabar de amor, de charlatanería

y de prostituciones. 

 

Toda ciudad tiene una fuente sin historia

con magia de ida y vuelta. Yo bebo, como todos.

Y mientras unos salen para ver una ópera

de estreno en La Fenice, y mi cónyuge rota

se acuesta derrotada, yo me sigo perdiendo,

sin el hilo de Ariadna, por calles repetidas

y canales copiados, buscando a un Ezra Pound

que jamás existió.

 

Desde una pensión sórdida,

Venecia oro y barro

me convoca, de rojo, a su lujuria.

 

                                    (Premio de Poesía “Luis  López Anglada” 2006)

 

 

            UNA SONRISA

 

Una sonrisa: eso es la mañana.

Despertarme de nuevo, comprobar que estoy vivo

y escuchar las noticias que traspasan el pecho

con guerras sin palabras, sangre sobre el asfalto

y violencias domésticas.

 

Raisa, nuestra yorksyre-terrier, me mira

con gesto de extrañeza. Se sorprende

de verme allí a deshora, haciendo aquello

que solía realizar su dueña. Le explico

que soy yo el amo de casa,

el que la sacará a olfatear farolas

y a saludar a todos sus congéneres,

y que deberá esperarme sentada

mientras entro a coger el pan,

la prensa y el resto de la lista de la compra.

 

A pesar del cruento noticiario, que habla sobre Bagdad,

sonrío a Raisa. No quiero

que se entere del desastre

en que hemos convertido el Paraíso.

 

                                   (De Maneras de quitar el polvo, KRK Ediciones, 2011)

 

 

 

(INÉDITO)

 

        CONTRA LA RUTINA                

 

¿Y si la vida

no fuera el purgatorio que sufres

entre media pasión y alguna que otra

aventura, generalmente previsible?

 

Porque lo más cercano, no lo dudes,

es un puro espejismo. Y tú ya sabes

adónde te conduce

tanta crónica en verso (no sin efluvios líricos)

junto a los diccionarios, de celulosa u online,

que expurgan sus entrañas para dejarte

en el paladar tan sólo un filtro

a la carta de un sinfín de miserias programadas.

 

Y aquí estás: contemplándote.

Ese lugar exacto, que eres tú,

desde donde te miras,

es secular arena en la vasija

reencarnada de tu cuerpo serrano

que fue arena de mar ayer y, pasado mañana, será

arena de un reloj de vaivenes dictados

o “polvo enamorado”, en el peor de los casos,

que diría el ínclito Quevedo.

 

Pero tal como nos duelen las aliteraciones

sobre siembras de  sombras de un invierno de infiernos

así duele la carne tan dentro de otra carne

en la blanda rutina que el calendario impone

cada día lectivo. Y, lo que es aún peor,

ahora ocurre lo mismo los fines de semana.

 

Así que mientras tu cuerpo amaga

un cálido merengue de inconsciencias,

el alma va por libre

en busca de otro cuerpo que le quite ese óxido

del que tú le has dotado a fuerza de desusos.

Tu culpabilidad la llevas tú contigo.

 

No es de extrañar que, en sueños,

ese alma remolona que, ahora, se te torna transitable,

te conduzca por los bosques y estepas

donde nunca estuviste, volando con las alas

de sílex de las prohibiciones.


 

 

José Javier Alfaro Calvo nació en Cortes (Navarra) en 1947. Reside en Tudela. Maestro de Matemáticas y Licenciado en Filología Española. Ha dirigido varios “Talleres de escritura creativa”. Forma parte del Consejo de Dirección de TRASLAPUENTE, Revista Literaria de la Ribera de Navarra Ha publicado 14 libros de poemas y uno de microrrelatos, y obtenido másde un centenar de premios literarios. Con Asfalto y piel ganó el Premio a la Creación del Gobierno de Navarra y con Maneras de quitar el polvo el Premio Ateneo Jovellanos de Gijón. En relato ha conseguido, entre otros, el “Premio La Felguera” en 2006.y el “Premio de cuentos Fundación Fernández Lema de Luarca” en 2008.

 

 

.

No hay comentarios:

Publicar un comentario