INVITACIÓN A LA LÓGICA
"La educación no depende de donde uno venga. Porque sea ese chico de Barbastro...." Oigo esa frase, a mi espalda, al pasar por el parque (Miguel Servet) de Huesca (Huesca es un parque rodeado de casas). Al girarme veo a tres adolescentes, dos chicos y una chica, y por el recuerdo del tono de voz atribuyo a ella la frase. Pienso que es un buen ejemplo de razonamiento, pero también de falacia. Me explicaré.
Como razonamiento general, es plausible la conclusión que nos propone la frase de la chica, y que vendría encadenada de una argumentación válida. Lo mismo podría ser en otros supuestos, en los que en vez de ser el referente Barbastro, como lugar de origen, fuese el color de la piel ("La educación no depende del color de la piel. Porque sea blanquito o negro o moreno...); fuese la etnia o la condición de género o sexo, o la condición económico-social ("La educación no depende de la etnia, o de la clase social. Porque uno sea payo o castellano, o bien gitano, moro o judío; rico o pobre, hombre o mujer").. Ya se nos hace un poco difícil asumir el argumento con la premisa de la clase social, pero es lógico que se mantenga: La educación no depende de si eres rico o pobre, de que hayas tenido acceso a buenos colegios o, por el contrario, a la educación pública en la España actual (nada que ver con la educación pública en tiempos mejores pasados, como los que yo he conocido como alumno y como profesor: en la escuela, en la Enseñanza Media y en la Enseñanza Superior o Universitaria, donde recuerdo que eran más altos el nivel de compromiso de los profesores con los contenidos de su materia a inculcar, y la exigencia del medio escolar o educativo que estimulaba a superarse a los alumnos en la adquisición de conocimientos, lo que, no siempre, pero por lo general solía conllevar una actitud de respeto a los profesores responsables de la transmisión de los mismos, respeto que era el principio de una educación ético-moral o educación en sentido pleno del término, al que alude la frase-o máxima- que nos ha traído hasta aquí: "La educación no depende de donde uno venga...").
Bien. Sigamos. "La educación", ¿tampoco depende de la familia de donde una venga?, ¿de la religión que uno profese?, ¿del nivel de educación colectiva, del tono moral del país y del momento histórico del país en que uno viva o de donde proceda?; ¿la educación no depende de que haya también buenos políticos educados, que no digan mentiras, que no roben, que no cometan falacias ni sean malos ejemplos públicos? La educación ¿no depende de buenos medios de comunicación, donde no haya mala información que impulse a la radicalidad de la violencia, verbal o física, a la intolerancia y a la no inclusión de los que opinan diferente a la ola impulsada por los políticos en el poder, los verdaderos editorialistas de la mayoría de los grandes medios de comunicación de masas?
Entonces, ¿de qué depende la educación? Para que aquella máxima de la chica (con la que a priori asentimos) sea verdadera, hemos de concluir una previa conclusión o término medio: la educación es un asunto personal, tiene que ver con cada uno de nosotros, en cada caso, individualmente, una persona la tiene y otra, en circunstancias iguales o parecidas, no. (Salvo que aceptemos el tópico excluyente: de que hay excepciones a las premisas generales: "bueno, en general no depende de la etnia, ni de la clase social, ni de la religión, pero hay casos en que sí: los judíos, los ricos o los pobres" (hoy, llamados vulnerables, aunque esta condición depende de a qué sujetos previamente se quiera otorgar una partida del presupuesto de tal o cual Ministerio: un pastor euskaldún puede ser vulnerable, mientras que un pastor de Mula, Murcia, no); o bien, los homínidos hetero-patriarcales de autoconfesado "género" masculino. Pero esas excepciones (que conllevan discriminación negativa o "positiva") suelen contener una ideología previa excluyente y por lo general una división del mundo que pasa por lo que a mí (o a los míos) me conviene –o, más exactamente, me conviene decir. Si soy de izquierdas de discurso, no diré que los ricos como clase social puedan entrar en la cláusula de la premisa; si soy palestino, odiaré a los judíos, porque me conviene para ser buen palestino, y no diré: "La educación no depende de donde uno proceda o de su nacionalidad o etnia. Porque Samuel sea judío..." Un ejemplo: Pedro Sánchez Pérez-Castejón, aunque no es palestino, sino nada menos que Presidente del Gobierno de España y de la Internacional Socialista.
Pedro Sánchez impuso a la Televisión pública del Reino de España boicotear a Eurovisión y su Festival que ahora pronto se va a volver a celebrar, so pretexto de inmunizar cualquier virus judío, y, por tanto, a cualquier músico o cantante que proceda de ese pueblo; como antes lo hizo el Presidente por similares argumentos con la Vuelta, principal prueba ciclista de España, de larga tradición deportiva, a la que el socialista Pedro Sánchez atacó, apedreó su prestigio y trató de parar ya desde sus primeras etapas del Norte con ayuda de un radical simpatizante de ETA (organización terrorista reconvertida en un banco de moral y ética para los seguidores de Pedro Sánchez) y siempre con sus voceros periodistas al loro piando sobre su hombro de pirata de diseño frío.
Vemos que la frase puede complicar su expectativa de ser una proposición verdadera, una máxima general aceptable de suyo, como de sentido común. Y eso en cuanto le preguntamos a las premisas.
Pero más interesante todavía es considerar la frase como una posible falacia, más que como un razonamiento verdadero. Veamos.
Para ello, hemos de pasar a la lógica dialéctica (otros dirían: a la sofística, o más neutralmente: a la retórica o arte de persuadir).
Si yo quiero persuadir a alguien de que fulanito (que es por cierto un tipo muy mal educado, o incluso un violador o un asesino, ejemplos límite de mala educación como respeto al otro que es la base de toda paideia, y que es precisamente de Barbastro), podría esgrimir dialécticamente (o sofísticamente) el argumento general:
"La educación no depende de donde proceda uno proceda. Porque sea ese chico de Barbastro..."
Automáticamente parece que no solo la falacia o mal uso de un razonamiento válido general nos convence sino que en nuestro ánimo nos inclinamos a considerar a ese chico como una víctima.
"Da la casualidad" de que el razonamiento y la máxima moral que conlleva es válido en general...¡pero en este caso concreto, no! ¿Y en ese otro? Quizá, tampoco. Hay que estudiar cada caso, porque en el fondo, circulo vicioso, la educación depende de cada expediente, de cada individuo; como desentrañamos arriba: cuando la frase la tomamos como válida, no como falacia que contamina nuestras valoraciones, actitudes, discursos, y nos deja a merced de los más hábiles en su uso.
Muchos ejemplos podríamos poner del mal uso de los razonamientos generales, para ocultar responsabilidades particulares. De lo particular a lo particular es muy difícil seguir el rastro por medio de la lógica. Ya Aristóteles enseñó que cualquier conclusión ha de apoyarse al menos en una premisa general o universal, del tipo Todos (A) o Ningún (E).
Es muy útil (bien para usarla a nuestro favor o bien para defendernos de su uso por otros) conocer la lógica, los razonamientos válidos y principalmente las falacias (por ejemplo, la de falsa generalización, la "ad hominem", como esta escuchada hace poco a Ángel Victor Torres sobre el Presidente de la Comunidad de Canarias, Fernando Clavijo, que ha protestado por el ninguneo que ha sufrido su representación, como Presidente de los canarios, en el asunto del barco con hantavirus que fondeó en el Puerto tinerfeño de Granadilla porque así lo mandó Pedro Sánchez para hacerse la foto de humanitario: Ángel Victor Torres le ha enjaretado una falacia ad hominem así de libro: "está nervioso, neurótico, lo que dice es falso por tanto" (referente al presidente de Canarias), "critica al Gobierno porque no está en sus cabales", viene a decir el sofista ministro de la Desmemoria democrática pro-fascistasuna. Incluso, Torres le amenaza a Clavijo veladamente, "además no sabe lo que le conviene decir" (le convendría ser sumiso. Esto se llama falacia ad baculum: amenazar con el garrote, con el bastón del poder. Dos falacias de una tacada, ¡y parecía menos listo Ángel Victor Torres!)
En suma, la frase o máxima nos recuerda que no podemos incurrir en la falacia de la falsa generalización, o de otro modo, en una falacia del tipo la parte por el todo o el todo por la parte. No todos los que vienen de Barbastro son maleducados, es obvio. No todos los de Sicilia o Chicago son mafiosos. Avisa contra un mal uso de la lógica y del sentido moral natural. Pero, ojo, a veces lo puede hacer con aviesa intención, para ocultar al mafioso, al maleducado y en suma al malvado e incluso darle la vuelta y presentarlo como una víctima.
Cuidado pues con las falacias, son como armas de doble filo; incluso cuando alguien nos quiere enseñar a evitarlas, incluso cuando yo, el que escribe, os quiere enseñar a advertirlas.
Fulgencio Martínez
Profesor de Filosofía, en prácticas.
Poeta ayer.
Huesca, miércoles 13 mayo 2026, día de la Virgen de Fátima de Portugal.
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