LEYENDO A DON JORGE
por Francisco Javier Díez de Revenga
Se acaba de publicar en Barcelona (Galaxia Gutenberg) un volumen excepcional del poeta Jorge Guillén: Cartas a Teresa (1948-1984). La edición, prologada por Guadalupe Arbona Abascal, ha estado a cargo de tres investigadoras, Rosa Fernández Urtasun, Margarita Garbisu y María Pilar Saiz Cerreda, autoras también de tres estudios introductorios que revelan pormenores y detalles de cómo se gestó la trascripción y edición de un epistolario tan valioso. Descubrirá el lector en este nuevo libro la imagen del poeta en sus últimos años de vida y lo escuchará, en su voz cotidiana y familiar de los textos epistolares, lo que supone una experiencia única porque, al leer estas cartas, se vuelve a recuperar la palabra intensa, variada, divertida e incluso irónica, pero de gran riqueza intelectual, de don Jorge en sus últimos años. Una época en la que, con su habitual y sorprendente prontitud, atendía, desde su Málaga refugio, a multitud de visitantes mientras continuaba con su obra poética y respondía puntualmente a las cartas que le enviaban sus numerosos corresponsales, no importa si eran muy conocidos o simplemente estudiosos que le preguntaban por su poesía o le invitaban a participar, con textos suyos, en conmemoraciones y homenajes, a los que atendía con generosidad.
Es una recuperación de la palabra de Jorge Guillén, porque recoge el volumen la correspondencia, hasta ahora inédita, sostenida entre el poeta y su hija Teresa entre 1948 y 1984. Tras la muerte de la primera esposa, Germaine Cahen en 1947, Teresa, la hija mayor del matrimonio, se convierte en el soporte de la familia. Se da la circunstancia de que ella, casada con el hispanista norteamericano Stephen Gilman, vivió en diversas ciudades de Estados Unidos, mientras que don Jorge, una vez jubilado de su cátedra de Wellesley College en Massachusetts, asimismo residió en diferentes lugares de América, especialmente en La Jolla de California donde trabajaba como catedrático su hijo Claudio; pero también de Europa, fundamentalmente Italia, en Florencia y Roma, donde conocería a su nueva esposa Irene Mochi-Sismondi, con la que se casaría en 1961, en una de sus estancias como profesor invitado, en Bogotá. Igualmente residiría en París y en Niza, y no quiso volver a España hasta que no se restauró la democracia, cuando por fin se instaló en Málaga, en un apartamento del Paseo Marítimo que alternó con estancias más o menos breves en casa de los Gilman en Cambridge, Massachusetts.
El epistolario reúne centenares de misivas que se convierten en un valioso testimonio de la vida de Guillén tanto en el exilio como en la etapa de regreso a España, entre 1977 y 1983: la última carta es de febrero de aquel año, tras cumplir los noventa, uno antes de su muerte. Los textos recopilados nos acercan a su memoria familiar, a sus quehaceres cotidianos (preocupaciones, viajes, reuniones, gastos), a los trabajos ordinarios a los que obliga el oficio de escritor (composición de poemas, tratos con editores, correcciones de pruebas) o a las relaciones académicas y sociales que fue estableciendo a lo largo de su trayectoria profesional. Pero estas cartas son también un valioso testimonio de la categoría intelectual y humana de Teresa Gilman en su faceta no solo familiar sino también cultural e intelectual. Las Cartas a Teresa reflejan la intensa actividad creativa, editorial, y epistolar de don Jorge cuando está finalizando en 1950 su mítico libro Cántico mientras van creciendo los restantes libros: Clamor, Homenaje, Y otros poemas y Final, que clausura un ciclo vital y literario de asombrosa plenitud.
Acaso las cartas más emotivas sean justamente las últimas, la de los años finales de Málaga entre 1977 y 1983, cuando el poeta, desde una privilegiada ciudad del paraíso, luminosa y mediterránea, relataba a Teresa los pormenores de una existencia que, en la senectud, iba sufriendo los achaques e inconvenientes de la edad, pero que nunca desanimaban al gran maestro de la palabra, feliz con las muchas iniciativas y atenciones que iban produciéndose en torno a su vida y a su obra, siempre con el apoyo y la compañía inmejorable de Irene, su mujer, con la que cada día trabajaba en el progreso de su obra y en la atención a sus lectores y seguidores. No es de extrañar que surjan muchos nombres entre aquellos que estuvieron cerca de don Jorge como el de Dionisia García, su indiscutible discípula, que un día, con su familia, acude desde Murcia a la casa del Paseo Marítimo para realizar una entrevista periodística al maestro y al poeta. Toda una vida de atención literaria y de emoción poética que Guillén continuó hasta sus últimos días, ya cumplidos los noventa años en aquel dilecto paisaje de una Málaga acogedora.
El artículo se publica por cortesía de su autor. Díez de Revenga publicó este artículo en La Opinión de Murcia el viernes 20 de marzo de 2026.
Francisco Javier Díez de Revenga. Fuente: La Verdad.
Francisco Javier Díez de Revenga. Catedrático de Literatura y profesor emérito de la Universidad de Murcia. Entre su extensa bibliografía destacan libros como Carmen Conde desde su edén, o el más reciente, Carmen Conde, en la luz de sus palabras: estudios sobre la poeta cartagenera del 27 y primera mujer que fue miembro de la Real Academia Española; o Miguel Hernández: en las lunas del perito (publicado por la Fundación Miguel Hernández) que, junto con otros estudios de referencia sobre el poeta oriolano y su contexto, Los poetas del 27: clásicos y modernos (Ed. Tres Fronteras) o Panorama crítico de la Generación del 27 (Ed. Castalia) constituyen hitos en la historia de la crítica literaria. Publica semanalmente "Entre Letras", una página dedicada a las novedades literarias, en especial, a los libros de poesía, en el diario La Opinión.
ADENDA

Hacia el final
Llegamos al final,
A la etapa final de una existencia.
¿Habrá un fin a mi amor, a mis afectos?
Sólo concluirán
Bajo el tajante golpe decisivo.
¿Habrá un fin al saber?
Nunca, nunca. Se está siempre al principio
De una curiosidad inextinguible
Frente a infinita vida.
¿Habrá un fin a la obra?
Por supuesto.
Y si aspira a unidad,
Por la propia exigencia del conjunto.
¿Destino?
No, mejor: la vocación
Más íntima.
Poema de Jorge Guillén


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