Abrazar el vuelo, de Ada Soriano
La poesía escrita por mujeres tuvo una renovada atención crítica en los años 80 del siglo XX, con la irrupción de dos grandes poetas a principios de esa década: Blanca Andreu y Ana Rossetti. Como estela de ellas, la antología Las diosas blancas. Antología de la joven poesía española escrita por mujeres (que apareció en 1986, en la editorial Hiperión, al cuidado y selección de Ramón Buenaventura) y al inicio de los 90, Almudena Guzmán. Entre lo mucho destacable de ese momento de la poesía española, fue un elemento externo a lo poético: su repercusión mediática, fuera del circuito habitual de los libros de poesía, muy restringido en nuestro país. A distancia, sin embargo, observamos que el énfasis en aquel entusiasmo por la poesía y por la poesía "escrita por mujeres" se encontraba más bien en el adjetivo "joven".
Después de ese tiempo, hemos atravesado otro (creo que afortunadamente comenzando a periclitarse) en que el acento cambió y se destacó, ante todo, el sustantivo "mujer". La poesía seguía entribada, utilizada para la reivindicación de una tribu (jóvenes, mujeres...) y los antejuicios sociológicos, ideológicos o simplemente las etiquetas de marketing editorial anulaban o neutralizaban cualquier juicio crítico.
Hemos vuelto con más serenidad a descubir que en ese periodo y llegando a nuestros días presentes, grandísimas poetas y escritoras elaboraban una poesía y una literatura de calado permanente y de calidad incalculable e inutilizable para cualquier causa o eslogan. Cada uno de los lectores puede poner aquí cinco o seis nombres que elija entre un excelente grupo de mujeres poetas. En mi caso, diría: por supuesto, Dionisia García, de la generación de medio siglo, pero que atraviesa en su obra, viva hasta hoy, todos los momentos de la poesía de los últimos cincuenta años. Y añado también, por afinidad lectora, los nombres de Ángela Serna, Ángela Mallén, salmantina una y sevillana la otra Ángela y ambas residentes en Vitoria, en el País Vasco; y Ada Soriano, oriolana, quien puso a uno de sus primeros libros el título tan hernadiano Alimentando lluvias (recuerden los versos de la Elegía a Ramón Sijé).
La edad de unas y otras importa desde luego, pues dice del contexto vital y formativo (y os aseguro que cada día más me importa como lector el contexto para "leer" un texto), pero ya no nos dicen nada las etiquetas externas colectivas, juveniles o séniors, como ocurre con las poetas antes referidas. La edad, y lo diría incluso de la misma condición de mujer de cada escritora -como por otra parte en los hombres- es un índice individual, a tener en cuenta para cada una de ellas, sin la predominancia del marco colectivo que desenfocaba su obra y particularidad personales. Estas poetas son grandes porque ante todo son poetas que destacan, en mi opinión, dentro de una meseta de poetas de calidad (tanto hombres como mujeres), que han publicado desde el inicio de la democracia (1978) hasta hoy, como reflejo quizá de un país de cultura más abierta que el de otras épocas y de una más extensa clase media cultivada. Lejos de los centros (Madrid, Barcelona) y las élites cerradas editoriales, esos cuatro nombres que he citado (con referencia a Murcia y Fuente Álamo-Albacete; Álava, Salamanca y Alcolea del Río-Sevilla, Orihuela) valen como ejemplos de otros posibles nombres.
Conocí la poesía de Ada Soriano a partir de la lectura de dos libros, Cruzar el cielo (2016, Celesta) y Dondequiera que vague el día (2018, Ars poetica). En esos libros de Ada Soriano se puede captar ya la esencia de una voz poética refinada, maestra en la escucha de los signos del mundo exterior (preferentemente, luminosos, diurnos) y del contraste, claroscuro, entre ellos y un mundo interior de la poeta inquieto y a menudo trémulo o angustiado.
Me llegó inmediatamente, un verano, en 2023, un nuevo libro de Ada, Línea continua, del que tuve ocasión de hacer un comentario detallado, que publicó Ágora.1 Este libro nos pareció una obra de madurez, expresión de una compleja y madura sensibilidad, donde Ada Soriano se maneja como pez en el agua en un estilo sencillo, simbolista e impresionista a la vez, donde lo personal y privado está trascendido en una línea de misterio y vaguedad que la poeta acierta a comunicar a los lectores. Sentimos con la autora lo que está sucediendo en el libro: Una constante desazón, expresada con versos cortos, frases de punta, sincopadas a veces, y con palabras sencillas (apenas hay un léxico fuera del discurso cotidiano).
Coincidíamos con un gran estudioso de la poesía de Ada Soriano, el poeta José Lupiáñez, que acertó con las claves de Línea continua en su texto de presentación de ese libro el 1 de junio de 2023 (el texto está publicado también en Ágora.2).
He de mencionar otros dos títulos de libros de la poeta oriolana: el citado Alimentado lluvias (Diputación de Alicante, 2000 y 2023), que alude ya a una referencia elegíaca que será un cierto modelo para la voz elegíaca de la poeta, en otros libros, y sobre todo en el más reciente: Abrazar el vuelo; y por otra parte, Principio y fin de la soledad (Univ. Alicante, 2011, reconstruido por la autora en 2022). Este libro, que hemos conocido en su versión de 2022, nos indica un rasgo propio de la obra de Ada Soriano: la reelaboración y escolio (pues toda nueva elaboración es un comentario, nota o apunte crítico o explicativo del texto primitivo, y en ese continuar tejer y tejer la creación salta como una categoría nueva, un nuevo poema, a la vez que se mantiene un rescoldo vivo del primer fuego). Esa labor, diríamos, prometeica, de fundidor-herrero-orfebre, de artesanía en fin, es tan propia de Ada Soriano como de muchos grandes poetas. Lo propio no es lo único exclusivo, sino aquello a lo que uno (o una) accede, la cima que alcanza por su pie.
Abrazar el vuelo anuncia ya desde el título una propuesta de ascensión. En consonancia con cierto léxico y temas del último Miguel Hernández. No insistiré más en la hermandad entre esta poeta y el autor del Cancionero y romancero de ausencias y de los Poemas póstumos: no se trata aquí de abordar un estudio de las afinidades -que no simples influencias- de un poeta y otro. Señalar solamente, la presencia de lo elegíaco (en el caso de Ada Soriano, vertida en las figuras del padre y del hermano ausentes), de lo espiritual (con matices incluso religiosos, en el sentido de religión como "religio", vínculo de lo humano con lo sobrehumano y divino, y en caso de Ada Soriano, especialmente en sentido de mirada que se levanta y dialoga con ese "Dios" -tal como se expresa ya en el primer poema de Abrazar el vuelo, un excelente poema tan poderoso y destacado, que hace pender sobre él todo el libro, que de algún modo es la respuesta al "silencio", entendible como amenaza o caricia, de esa mirada divina. Y, por último, muy unido a esas dos notas señaladas, la apuntada ya propensión al vuelo, el anhelo de la trascendencia, que, como en la poesía del gran fray Luis de León, implica inevitablemente también el llanto o planto por la miseria, la finitud y la caída.
El libro que comentamos se estructura en cinco partes (la última, con un solo poema: "Epílogo"). Las cinco carecen de sobrenombre o título, y señalan solo con números romanos consecutivos.
De los paratextos del libro, destacamos la dedicatoria "A mi hermano y a mi padre", indicando ya uno de los temas centrales de la obra -la elegía- y los motivos y figuras centrales de la inspiración de Ada Soriano en Abrazar el vuelo. No hemos conocido al pintor Teodomiro (nombre artístico de Manuel Soriano Lidón), el hermano prematuramente arrebatado.3 Tampoco al padre de la autora. La figura del padre transciende a lo elegíaco en esta poesía, y se convierte en un símbolo cósmico (también, de algún modo, trasciende así la figura del hermano).
El otro paratexto es una cita del poeta W. H. Auden, que nos parece decisiva para la lectura del fondo del libro: "Nosotros, condenados a morir, / imploramos un milagro". La imposibilidad de la fe no obsta para remontar el vuelo de la plegaria. Sobre todo, ese término "condenados", del sintagma "condenados a morir" nos obliga no solo a aceptar lo obvio, sino a plantear una mínima alegación. La poesía surge, pues, en ese pequeño umbral o resquicio entre lo natural y aceptado y la protesta metafísica, el deseo o la (también natural) propensión al vuelo -o en palabras más redondas, unamunianas: a la inmortalidad.
La sección I del libro es, sencillamente, magistral. Hemos hablado ya del poema primero, "Epifanía", el cual admite terceras o infinitas lecturas. De ellas sacamos su importancia para el conjunto del poemario, cuyos poemas se convierten, desde él, en comentarios o diversos modos de dialogar con el ojo y la mirada divinas. Esos modos son también el vivir de la poeta, tanto como los poemas, pues ella nace bajo el signo de esa mirada poderosa (¿tal vez compasiva, protectora, o tal vez lo contrario, maldita?)
Ojo que no duerme,
insomnio de mi insomnio,
ojo sin párpado,
errático y salvaje,
quieto ahora frente a mí
en este instante,
mi hora de nacimiento.
(fragmento. p 11. "Epifanía". Abrazar el vuelo. Ed. La Garúa, 2026)
Poemas como "Junto a la cama de mi padre" y "Partida" reflejan el dolor por la pérdida "en vivo" del padre. "Ascensión", uno de los mejores poemas del libro y sintomático del léxico de Ada Soriano, sustenta el recuerdo dolorido del hermano, transfigurado a través de una visión extática:
Bajo el techo de una iglesia,
ya cerrada y en penumbra,
vi a mi hermano
más joven que nunca,
más vivo y sereno que nunca,
aun no estando.
Me habló.
La mirada puesta en mis ojos,
la mirada puesta en los ojos.
A ti también te habló
bajo aquella bóveda de formas
intangibles y colores desvaídos.
Brotó el corazón de las cenizas,
se entregó en cuerpo y alma,
cuerpo y alma religados
que su madre retuvo,
pues se elevó ante el asombro
de su padre.
(p. 13. op. cit).
En otro poema, como "Tiempo", de menos intensidad dolorosa, se da curso a la espera, donde cabe la esperanza de la vuelta dada la amplitud del tiempo que implica también lo que "no vemos": la poeta le pide "Tiempo, busca el paso apresurado de mi hermano, / el paso lento y largo de mi padre". Ese magno poema sintetiza muy bien ambos motivos de elegía, a la par que alude a la luz, a lo aéreo, como perspectiva, a la semántica del vuelo y la ascensión y el cielo del título del libro, y resignifica y concreta ese simbolismo -que tocante con la espiritual "hambre de Dios" y de inmortalidad (cantadas por otros poetas existenciales, como Blas de Otero, Eugenio de Nora, Gabriela Mistral o Miguel de Unamuno) aterriza en el deseo de reencontrarse con los muertos queridos. Posiblemente, como en el origen de la poesía y la religión: el culto a los muertos y el consiguiente amor vivo aún por ellos es un motivo capital para las ceremonias y las palabras dichas con el corazón, sin finalidad ni utilidad más que testimoniar esa herida viva. El poema que nos ocupa culmina con este excelente verso, que incluye una paradoja cordial: "lejana luz que nos acerque".
Tiempo,
dame una amplitud de miras,
una perspectiva aérea,
otra luz,
otra luz...
Lejana luz que nos acerque.
La sección II solo incluye tres poemas, evocadores del padre, curiosamente, a través de gestos cotidianos, fijados en la memoria, o como en el primer poema, titulado "Habitual", en el silencio. ("Tu silencio era reverencial, / de tan inmenso"). O, en el timbre de la voz (como en el poema "Síndrome de Sthendhal"), que "cambiaba el olor del aire / de la noche". Este trino, o Triduo, se cierra con el poema "Estatura", donde la poeta se reconforta en el recuerdo del abrazo del padre.
En la tercera sección los motivos de la pintura, la poesía y el arte en general mueven la pluma de la poeta. Destaca la ecfrásis de cuadros de amigos pintores, como Manuel Pailós o Guillermo Bellod. Y también el poema "Buenos días a medianoche" -quizá el mejor de esta parte del libro- dedicados a poetas mujeres que han significado un impulso para la siembra de esta poeta. "Hermanas espirituales", las llama Ada Soriana.
La cuarta sección retoma de nuevo la altura de la primera. Está dedicada complemente al tema poético de la despedida. Nos ha interesado particularmente este tema, siempre conexo con lo elegíaco. Cada poeta (desde Jorge Manrique a Leandro Fernández Moratín) lo ha modulado a su modo. De nuevo, solo tres poemas en este canto cuarto. "Destellos", "Viento de poniente", y "La verja".
Observemos el tono, en el comienzo de "Destellos":
Eternidad que pasas quedamente,
mira cómo el mundo se deshilvana
y se enhebra con urgencia.
En este nuevo Triduo poemático, el libro y la voz de la poeta alcanzan su clímax.
El segundo poema, "Viento de poniente", comienza con este versos de despedida "alada":
Jamás volveré a veros.
Ya no ocuparéis nuevamente el valle (...)
Definitivamente, la poesía ha cumplido así su sino: trascendencia y memorabilia, doble luz -que pedía Antonio Machado para los versos- la de lo particular y lo universal, lo sentimental y lo metafísico, lo concreto y aun local (el valle del Segura, Orihuela) y el símbolo de un existencialismo (valle de lágrimas, existencia, vida humana terrestre), que, para mi modesto saber, es una nota clarísima de esta poeta perteneciente al ya avanzado siglo XXI.
"Epílogo", único poema de la sección quinta y final, no es la clausura del duelo, sino la pira de la fe siempre encendida: culmina así con estos tres grandísimos versos:
porque el duelo no es un trámite
sino un rememorar
a los pérdidos en la senda.
(p. 52. op. cit).
Nos congratulamos tanto por el contenido como por la belleza material de la edición de Abrazar el vuelo, editado en Barcelona por La Garúa, que se presenta con una ilustración en cubierta de Teodomiro.
Fulgencio Martínez
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Notas:
1. Cf: Aproximación a Línea continua. Fulgencio Martínez:
https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2023/07/aproximacion-linea-continua-de-ada.html
2. Cf: Línea continúa. José Lupiáñez:
https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2023/06/linea-continua-de-ada-soriano-por-jose.html
3. Remitimos al libro homenaje a Teodomiro, Un secreto de libertad; del que informamos en Ágora. Cf:
https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2024/03/exposicion-de-teodomiro-manuel-soriano.html
También al video con la presentación del libro y de la exposicion Un secreto de libertad, de Teodomiro:
https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2024/04/video-de-la-exposicion-de-pinturas-de.html

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