Victor Olmos
Historia del Ateneo de Madrid.
Doscientos años de cultura.
Ed. Almuzara, Córdoba. 2024
NOTICIA Y BREVE COMENTARIO DEL LIBRO HISTORIA DEL ATENEO DE MADRID, DE VÍCTOR OLMOS
Victor Olmos (Madrid, 1935), periodista e historiador, ha publicado Historia del Ateneo de Madrid en septiembre de 2024 (editorial Almuzara). El libro es un compendio de otro más amplio del mismo autor: la trilogía que lleva el hermoso título: Ágora de la Libertad. Historia del Ateneo de Madrid (Ediciones Ulises). Ahí se dividía en tres volúmenes la materia -nada menos que la historia del Ateneo, desde sus inicios en 1820, con el primitivo Ateneo, luego refundado por los liberales románticos en 1835, hasta las vísperas de la celebración del segundo centenario de la Docta Casa (2020).1
No conocíamos ninguna de estas obras. Como lector he tenido la suerte de encontrarme en una biblioteca pública (en Huesca) con el primer título, Historia del Ateneo de Madrid: un compendio de lectura sabrosa, que recorre sin cansar al lector la historia bicentenaria de una institución madrileña que está unida tan vívidamente a la literatura, al arte, las ciencias, y también a la política: a la cultura, en su universalidad, de este país llamado España.
Frecuenté el Ateneo de Madrid en mi juventud y he vuelto a ser socio ateneísta desde primeros de este año 2026, por lo que la lectura del libro de Víctor Olmos tiene algo para mí de rito de iniciación, o si quieren, de confirmación. En efecto, me reconozco en la historia grande del Ateneo, tal como la relata en su libro el maestro Víctor Olmos: una historia de pasión intelectual y literaria, y a la vez una escuela de carácter, de tolerancia y de atrevimiento ("sapere aude" kantiano), de sentir el pensamiento y de pensar el sentimiento (que pedía Unamuno, el gran don Miguel, uno de los que dirigieron la Casa).
Larra, primer carnet de socio del Ateneo
En la historia grande hay por supuesto pequeñas miserias, pero prevalece el espíritu magno y liberal, el amor por el saber y el culto a las Musas como emblemas con los que todos nos podemos identificar.
Así en la historia pequeña de cada uno de nosotros, buscadores de la verdad y la belleza, habrá pasajes de niebla pero se ha mantenido la luz en toda esa aventura que es el vivir y verse vivir y cumplir años. A mis 65, soy el que soy, y me siento ateneísta (de corazón, de mente y hasta de materia), y parte, una gran parte de ello, se lo debo a la lectura de este libro de Víctor Olmos.
Diré, vaya delante la crítica, que me ha resultado un tanto pesado la historia administrativa. Digamos que no es culpa del historiador en absoluto. Culpa en todo caso de la idiosincrasia ateneísta, que no cambia en siglos (y en parte, eso es admirable), con el prurito de discutir y rehacer lo rehecho. También es que no me logro interesar por las disputas de poder, que a la base están en el relatos de los intentos de cambios de reglamentos, estatutos, nombramientos, etc.
Si de mí dependiera..., me gusta la idea inicial (casi debería ser un intocable): que cada año se elijan los cargos representativos (por supuesto, en listas abiertas) y que ¡cada mes! (salvo el de agosto no laborable) se convoquen asambleas generales.
Pero me doy cuenta que yo también he entrado en la batalla, casi sin querer.
Tampoco he seguido con facilidad la historia económica de la institución, y sus vicisitudes, creo que, como la administración, muy bien registradas y exhaustivamente reflejadas en el relato del libro de Víctor Olmos. Relato que por encima de todo se mantiene (lo mantiene la escritura del autor) con voluntad de épica.
Lo que, en serio, me parece un milagro (también en la Cultura los hay) es que el Ateneo haya podido sobrevivir durante dos siglos, y con una (relativa) independencia económica, pero, lo más significativo, con independencia de los poderes fácticos y de los oportunismos y los dogmatismos ideológicos que en cada época han soplado con fuerza sobre una institución privada (de interés público, cultural) como el Ateneo.
En parte, ese milagro es explicable por algo así como la fuerza, el karma, con la que lo impregnaron las grandes personalidades que forjaron su pasado, un pasado que prácticamente llega hasta ayer mismo y que se funde con el presente, enriqueciendo a este en nobleza, tolerancia hacia la ideas pero también en espíritu indomable.
Como consignó uno de los presidentes del Ateneo, el político conservador Antonio Cánovas (y por venir de un supuesto conservador o moderado tiene quizá más valor la frase): en el Ateneo "se podía decir lo que en otro lugar no estaba permitido", y, como ayer hoy: cualquier idea, aun "la más radical" se puede expresar y defender.
Personalidades, como el fundador del Ateneo madrileño en 1835, el Duque de Rivas, o su primer socio (de cuota), Mariano José de Larra, Benito Pérez Galdós y la Condesa de Pardo Bazán en el siglo XIX; o Manuel Azaña, Miguel de Unamuno, Ramón del Valle Inclán, Fernando de los Ríos en el siglo XX; o más cerca a nosotros, en el XXI, Carlos Paris o el también filósofo José Luis Abellán. Son algunas de esas lumbreras que han abierto la senda que el Ateneo ha seguido hasta la fecha. Su actual presidente, Luis Arroyo Martínez, científico social, ha sido el instigador del libro que comentamos, con el propósito de acercar al lector a la historia del Ateneo de Madrid a través de una síntesis significativa y a la vez amena.
Carlos Paris fue presidente del Ateneo de Madrid.
El libro de Víctor Olmos, en sus cuatrocientas páginas, está dividido en ocho Partes que contienen en total 57 Capítulos. A lo que hay que añadir una amplia Bibliografía y un índice onomástico (¡muy de agradecer en un libro histórico que también ha de servirle al lector de obra de consulta cuando quiera rápidamente dirigirse a un nombre o un dato!). El libro tiene, además, tres textos iniciales (Dos paratextos: Presentación, por Luis Arroyo; Nota explicativa de la condensación de la trilogía sobre la historia del Ateneo publicada anteriormente por el mismo autor, Víctor Olmos; y la Introducción propiamente dicha al libro).
La secuencia en capítulos y partes facilita la amenidad y logra captar con atención el decurso histórico de la Institución. Mérito literario del autor del libro es centrarlos en unos temas (bien internos o externos a la propia vida del Ateneo pero repercutidores sobre la misma). La historia política de la España del XIX, apenas extendido el espíritu liberal de las Cortes de Cádiz tropezaría pronto con un periodo de censura, de oscuridad (absolutismo): el primer Ateneo, fundado en 1820, a raíz de aquel espíritu de Cádiz, será clausurado, pero no apagado. Revive con la vuelta de Londres de los liberales, con Martínez de la Rosa, el Duque de Rivas (primer presidente del Ateneo de Madrid tal como hoy se conoce).
Víctor Olmos sabe ligar extraordinariamente bien los temas externos con los internos a la Casa, que el lector apenas deja de interesarse, une cabos y ansía seguir leyendo, a ver qué pasa, qué nube o nubarrón nuevo caerá sobre ella, pero también qué nuevas energías, nuevos impulsos (de personas, de ideas) surgirán. Como La historia interminable de Ende.
Hemos señalado ya algunos de esos temas "internos", que tejen la trama del libro. Pero añadimos ahora otros, quizá los más relevantes: la forja de la biblioteca del Ateneo, ese tesoro, que yo mismo he tenido ocasión de disfrutar, tanto en mis ocios como en mi horas dedicadas a preparar Oposiciones en Madrid. Una de las bibliotecas mayores del Reino, sin duda, cuyos primeros impulsos se debieron a la labor del bibliotecario del Ateneo, figura esencial en la misma institución (nos recuerda un poco a la famosa novela de Umberto Eco el énfasis, no exagerado sino realista, en esta figura destacada por el libro de Víctor Olmos). Ramón de Mesonero Romanos, Ramón Menéndez Pidal, Ana Santos son en el arco del tiempo, desde el siglo XIX hasta el actual, han impulsado, junto a otros muchos, la gran biblioteca del Ateneo, un lugar que a Borges no le resultaría extraño.
Las cátedras, que ya inició el presidente Antonio Cánovas del Castillo, llegaron a ser tan "populares" -especie de Universidad abierta- que la sociedad madrileña, tanto mujeres como hombres, acudían a aprender, en ellas, el saber de científicos, artistas, ingenieros, arquitectos, literatos de primera. No olvidemos en la historia del el papel de la ciencia, representada por nombres como el premio Nobel Santiago Ramón y Cajal.
Pedro Salinas, fue director de la sección de Literatura del Ateneo de Madrid
El arte, la política, las ideas sociales, estaban también presentes en exposiciones, tertulias, revistas y boletines. La división en secciones del Ateneo favorecía el impulso de cada iniciativa de los ateneístas y su canalización. En la actualidad, existen más de 20 secciones, de lo más diverso en cuanto a ideología, ámbito de curiosidad, pero todas con el mismo espíritu de diálogo y búsqueda del saber, como fue desde el inicio de la sociedad liberal que creyó en una institución como el Ateneo de Madrid: Ateneo científico, artístico y literario. El Ateneo actual todavía es la última ratio de la Ilustración, de aquel espíritu de las Luces que se materializó, durante el siglo XVIII, en Sociedades de Amigos del País y en la Sociedad Económica Matritense, liberal, presidida por José Guerrero, con su posterior secuela: la tertulia del Parnasillo y la creación del primer Ateneo, en 1820, ejemplo y musa del Ateneo de Madrid (aquí, en España, no hemos sido tan anti-ilustrados como nos pintan, o nos pintamos a veces nosotros mismos).
Lo demás que sigue, lo podrá leer el lector curioso.
Fulgencio Martínez
Dirige la revista Ágora-Papeles de Arte Gramático. Profesor de filosofía en prácticas y poeta publicado.
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Notas
1. Ágora de la Libertad. Historia del Ateneo de Madrid (Trilogía). Víctor Olmos. Ediciones Ulises.
Tomo I (1820-1923). Tomo II (1923-1962). Tomo III (1962-2019).
Más información sobre este libro y sobre su síntesis: Historia del Ateneo de Madrid. Doscientos años de cultura, en la página:
https://ateneodemadrid.com/historia/





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