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lunes, 16 de marzo de 2026

CUATRO POEMAS DE JOSÉ LUIS MARTÍNEZ (selección del autor, marzo 2026. Poemas de "El tiempo de la vida" y "Florecimiento del daño"). Avance de Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 38. Nueva Col. Abril-Mayo 2026 / Co-lección Ágora Poesía

 

                                                               José Luis Martínez Rodríguez. Fuente: Renacimiento.

 

FLORECIMIENTO DE JOSÉ LUIS MARTÍNEZ RODRÍGUEZ. EN HOMENAJE AL POETA VALENCIANO

 

En sus versos -ternura y lucidez, conocimiento e inocencia-, se da una visión entusiasta de la vida: intensidad en el dolor y en la alegría, como si no existiera la tibieza, como si sólo hubiéramos venido para arder, para brillar un instante entre el polvo y la ceniza. Poemas como Una edad del corazón, El camino que lleva a un árbol, El tiempo de la vida, Bajo el signo menos, Florecimiento del daño, Abluciones o Ejercicio de relajación se encuentran, entre lo más granado que la escritura ha ido regalándole”. No encontramos mejores palabras que ésas, de Vicente Gallego, para presentar la poesía de José Luis Martínez. Las recogemos de la antología de este autor, Camino de ningún final, publicada en 2013 en Sevilla, por Renacimiento, en edición del también poeta Vicente Gallego.

Recomendamos dicha antología a nuestros lectores que deseen conocer una panorámica temporal  incompleta pero significativa del quehacer poético de José Luis Martínez. Su obra no se paró y, tras superar una grave enfermedad, el poeta vuelve a escribir y pronto a publicar.

En espera de conocer nuevos frutos del talento y la sensibilidad de este poeta valenciano, le hemos pedido una muestra de sus poemas. Amablemente, José Luis Martínez Rodríguez ha elaborado una selección propia, que incluye cuatro grandes textos, de dos de sus poemarios: El tiempo de la vida (2000) y Florecimiento del daño (2007).


José Luis Martínez Rodríguez nace en Valencia, en 1959. Profesor de Literatura española, poeta.

Ha publicado, en poesía: Culture Club (Universidad de Valencia, 1986), Pameos y meopas de Rosa Silla (Mestral Libros, 1989), Abandonadas ocupaciones (Editorial Aguaclara, 1997), El tiempo de la vida (Editorial Pre-Textos, 2000) y Florecimiento del daño (Visor Libros, 2007). Y en 2013, la referida antología: Camino de ningún final (Edición de Vicente Gallego, Renacimiento, Sevilla). 

 


 

Para conocer más sobre esta antología y sobre el autor:

https://www.editorialrenacimiento.com/autores/526__martinez-rodriguez-jose-luis

 

En 2025, publicó Ágora tres poemas seleccionados y enviados por el propio autor: dos poemas de Florecimiento del daño (uno con el mismo título que ese libro, y “Voracidad), además de otro tercero inédito: "Oficina del día".

https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2025/06/dos-poemas-de-florecimiento-del-dano-y.html

 



CUATRO POEMAS DE JOSÉ LUIS MARTÍNEZ. 

SELECCIÓN DEL PROPIO AUTOR (Marzo, 2026)


Los poemas "Tiempo de juego" y "Una edad del corazón" pertenecen al libro El tiempo de la vida, Ed. Pre-Textos, Valencia, 2000.

"El ángel impaciente" y "Abluciones" forman parte de Florecimiento del daño (libro que obtuvo el XIX Premio de Poesía "Cáceres Patrimonio de la Humanidad"), Ed. Visor, Madrid, 2007.

 



TIEMPO DE JUEGO

  

Cada día, un día decisivo,

una competición agotadora,

una dejada del futuro.

 

Tus acciones,

                        errores no forzados,

golpes en una línea gris

que nunca limpia nadie,

golpes que nadie da por buenos.

 

Derrotas invisibles.

Y una nueva igualdad.

 

Victorias invisibles.

Y una nueva ventaja.

 

Y así siempre,

                          aunque a veces

no queramos jugar,

                                    no podamos jugar,

nos duela que la vida sea un tiempo

de juego obligatorio, irrenunciable.

 

Un conjunto de normas que respetas,

que intentas encontrar sensatas,

aunque no aporten a tu vida

una razón de ser,

a este juego mortal ningún sentido.

 

 

 

UNA EDAD DEL CORAZÓN

 

Cuántas veces quisimos ofrecer

al amor que llegaba,

a la nueva amistad,

fruta madura, hojas,

leña y flor, sombra y nido.

 

Sufríamos, pues nos decepcionaba

la dura realidad.

                               Moríamos:

nada nos parecía suficiente

para el amor recién nacido,

para la amistad nueva.

 

Sufríamos, moríamos,

porque sólo la vida entera

–la vida cruel, feraz y ubicua–

puede ofrecerlo todo: sombra, hojas,

leña y flor, nido y fruta ya madura.

 

Quién volviera a sentir deseos

de entregarse completamente,

de regalarle a alguien cuanto tiene.


Quién pudiera volver a darse

como en aquella edad del corazón.

 

       De El tiempo de la vida, Editorial Pre-Textos, 2000

 

 

 

 


 

 

EL ÁNGEL IMPACIENTE

 

El vientre de tu madre,

primorosa película de vida,

deja pasar la luz,

                               toda esta luz

del mundo que te da la bienvenida

y propaga el sonido de tu nombre,

tu latido de ángel impaciente

que propina dulcísimos codazos,

ángel desesperado por nacer.

 

Pero tranquila, criatura,

porque se acerca el día del milagro,

el delirio de lágrimas y sangre

que asolará el lugar en donde habita

tu condición de pez que forja en agua

anillos como albricias temblorosas, concéntricas,

las posibles auroras de tu rostro,

los perfiles de ensueño de tu ser.

 

Y aunque vivir resulta peligroso

(abrir la boca quema, y amar mata),

tuyas serán las estaciones,

tuyos los animales,

tuyas todas las cosas:

el ocio y el esfuerzo,

la carne y el espíritu,

mi vida si la quieres.

 

Naces, amor nacido del amor,

nenúfar de raíz sanguinolenta,

para que todo resucite,

para que no muramos todavía.

 

Si acertamos a darte nuestro amor,

querrás y te querrán,

darás y tomarás a manos llenas.

 

Serás indestructible.

 

Serás mágica.

 

 

  

  

ABLUCIONES

 

Nos lavamos la cara con las manos,

con el agua del mundo que se deja atrapar.

 

Y ese acto sonámbulo y humilde,

insuficiente a todas luces,

contra todo pronóstico nos saca

inopinadamente a flote,

consigue que zarpemos rumbo al día.

 

Abandonar los rasgos heredados

y de nuevo encontrarlos en el agua,

reblandecer el barro que nos cubre,

caer en el abismo cotidiano

–salto del ángel: agua–

de quedar a merced de la corriente,

de volver a ponernos nuestra piel

y secarla con mimo al sol.

 

Nuestra fe, nuestro escurridizo credo:

la verdad transparente,

la fuerza sin color del agua.

 

Agua la piel amiga,

el alimento delicioso,

la melodía suave.

 

Para los rostros consumidos, agua.

Para los rostros resurrectos, agua.

 

Agua para la faz del mundo,

verdad y fuerza,

                              agua,

                                         agua,

                                                    agua…

 

 

        De Florecimiento del daño (XIX Premio «Cáceres Patrimonio de la Humanidad»), Editorial Visor, 2007.

 

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ 

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