Fuente La Verdad. Foto de Guillermo Carrión. Fulgencio Martínez, Dionisia García y Francisco Javier Díez de Revenga, en 2013, Museo Gaya (Murcia), en la presentación del número especial monográfico de Ágora (vol. impreso 1) dedicado a Dionisia García: "Señales de una escritura luminosa".
Re-edición del artículo completo de MANUEL MADRID
LAS SENDAS DE FULGENCIO MARTÍNEZ
Las sendas de esperanza y belleza que unieron a Fulgencio Martínez y Dionisia García
Poesía ·
El rapsoda murciano afincado en Huesca y editor y director de 'Ágora' presenta el viernes con Francisco Javier Díez de Revenga en Las Claras su último poemario, con prólogo de la nonagenaria, «que se merece no sólo el premio Cervantes sino el Nobel»
Para lectura exclusiva de amantes de la buena literatura.
(Nota del editor de Ágora)
Copiado de un ejemplar del periódico impreso, propiedad de Fulgencio Martínez. “La Verdad” del martes 21 de Abril de 2026. p. 41. CULTURAS Y SOCIEDAD.
MANUEL MADRID
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Fulgencio Martínez (Murcia, 1960), el poeta murciano afincado en Huesca desde hace décadas, desde donde edita y dirige la revista Ágora-Papeles de Arte Gramático, descubre en Sendas del invierno (Ars poetica, 2025) el encantamiento en el que vive bajo los designios de Dionisia García, “la poeta de la memoria”, que aquí no solo escribe el prólogo. Dionisia leyó el manuscrito, enviado desde Aragón a Murcia por correo postal, “y con todas las dudas del mundo”, Martínez pensaba que la nonagenaria *(sic) poeta le daría “alguna opinión” porque es un volumen breve, aunque de una intensidad pocas veces conocida. “Al mes me devolvió el texto”, cuenta el autor al teléfono, “con todos los poemas con anotaciones y tachaduras, comentados verso a verso”. Hasta el título de lo cambió. “Me quedé muerto, pero muerto de gozo, porque Dionisia es alguien que se preocupa por ti”.
Fue tal “la duda y la desesperación” que sintió el poeta [autor de otros libros como León busca gacela, El cuerpo del día, Línea de cumbres y La segunda persona], que dejó pasar un año enero hasta volver a meterse en ellos y reescribir algunos de ellos, tomando algunas indicaciones de su maestra. Ese año, en realidad, Dionisia y Fulgencio realizaron “un taller literario a distancia”, que además incorporó como novedad al libro. Este juego de metalenguaje recorre toda la obra, pues el autor comenta en anotaciones a pie de página las correcciones que le iba haciendo Dionisia, y el antes y después de la reescritura. Por ejemplo, donde Fulgencio Martínez escribió en un primer momento “coge hasta el poso / de la luz…”, Dionisia anota: “Sigue el declinar / de la luz…”. Un diálogo entre dos poetas, o más bien, como señala Fulgencio, “entre una maestra y un alumno”, entre “un genio poético, con una fuerza mental envidiable, y un alumno”. La capacidad de claridad, de precisión, de ritmo…de la maestra es lo que impresiona al discípulo. “Esa claridad y esa precisión a veces no compaginaban con mi ímpetu barroco, con mi carácter más sureño. Dionisia es más guilleniana, como discípula de Jorge Guillén, pero ella incluso lo supera en emotividad”. Ese juego entre lo que era de Fulgencio y lo que era de Dionisia produce en el lector una sana curiosidad. En cualquier caso funciona, y por primera vez revela el exigente método de la ganadora del Premio de la Crítica en Poesía por Clamor en la memoria (2022), para la que pide “no sólo el premio Cervantes sino el Nobel.
Este devoto lector de Cervantes y de Martínez Valero se pregunta si habrá otro sueño cuando del de vivir despertemos
Sendas de invierno, que en principio se había titulado “Sendas de invierno hacia la primavera”, es prácticamente un juego crítico del propio autor, “algo que me enorgullece, porque podía haber no salido bien, y salió bien”. Según Martínez, “este libro es todo ella, es todo Dionisia García, pues ahí están el cierzo, la luz, la primavera, el invierno… estaciones morales de la edad y la madurez, pero evidentemente tienen un lado físico y de paisaje, y ahí está el florecer de los campos tras un duro invierno… Dionisia tiene un papel predominante, la recojo al final como símbolo”. Hay también una parte social, política, en la segunda parte, donde habla de la pérdida de la referencia de la naturaleza, de los campos, y la tercera parte es un poema-epílogo, “Terrain vague”, la tierra baldía de Eliot, “lo que yo creo que es hoy Europa”.
Fulgencio Martínez, profesor de Filosofía en distintos institutos de la Región de Murcia, Aragón y Baleares, cree que “una única espiga es indicio de primavera fecunda”. En Sendas de invierno recurre a la metafísica para describir sentimientos muy hondos, como “el cansancio de las cosas separadas por la distancia, y juntas en el mismo sentimiento de fugacidad, espera y belleza”, y se pregunta si habrá otro sueño cuando del de vivir despertemos. Devoto lector de Cervantes, de Quevedo y de Calderón de la Barca, de José Hierro…y, especialmente, de José Luis Martínez Valero, poeta de la generación de los 70, un gran memorialista recientemente fallecido, colaborador de Ágora y amigo de Fulgencio Martínez, con quien tenía una bonita afinidad intelectual y del que valora su obra lírica y en particular libros inolvidables como Puerto de sombra.
Dice Fulgencio Martínez que echa mucho de menos sus años bohemios en Murcia. Estos días está ordenando la biblioteca de su casa de Alcantarilla mientras sana un dolor de muelas que no le deja escribir, “aunque espero que este viernes –en Las Claras de la Fundación Cajamurcia, a las 19 horas–, tras la presentación de Sendas de invierno en Murcia pueda tomarme al menos un cubata de Macmillan”, bromea. Le acompañará Francisco Javier Díez de Revenga, catedrático emérito de la Universidad de Murcia, con el que comparte admiración por Gerardo Diego y al que conoció por 1977, cuando La Pasionaria volvió a Madrid tras el fin de la dictadura. “Gente como Díez de Revenga ha sido faro y referencia para otros profesores jóvenes. A gente como él que se ha volcado con la cultura hay que admirarla”.
Manuel Madrid. Fuente: La Verdad.
Manuel Madrid. Periodista y poeta. Nació en Murcia, en 1979. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Jefe de Área de Culturas del diario murciano La Verdad. Ha publicado, en poesía, Fondo de armario (2022, Col. Sudeste, ed. Balduque). Autor de libros de crónicas de viajes: Amarás América y Caladas de Cuba (2017). Es académico correspondiente de la Real Academia Alfonso X el Sabio de Murcia.
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NOTA AL CALCE
* No se especifica en otras si son treintañeras, quincuagenarias, cuarentonas o sexagenarias poetas. No sé por qué aquí ese término que suena vagamente edadista, o está escrito desde el punto de vista de los adolescentes lectores, que no leen. Con decir: poeta mayor… (Nota del editor)


Muchas gracias Fulgencio por enviarme el libro, hay pocas poetas ciertamente que alcancen en activo la edad de Dionisia, no es un dato importante, pero la generalidad de los lectores de un artículo periodístico sí tienen que estar advertidos, dando por hecho que no todos los saben, y quizás no todos la hayan leído. En cualquier caso, lo más relevante aquí es tu poesía. Un abrazo fuerte para ti y para todos los atentos lectores de Ágora y de La Verdad.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu aclaración, Manuel Madrid, poeta y periodista de los grandes. Un abrazo. Fulgencio editor parcial de Ágora
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