Siger de Brabante, en Sala Dante, Casino Massimo, Roma
VIVIMOS EN UNA PARODIA
Como Averroes, en su recinto de Córdoba, Aristóteles y Platón vivieron en sus "celdas" o mundos intelectuales apartados, sus repúblicas ideales en Atenas: el Liceo y la Academia eran refugios de vida intelectual y de vida en común; especie de repúblicas de Weimar, como fue esta ciudad para intelectuales como Goethe. Cuántos de ellos podrían vivir en una tiranía. Por ellos, hemos de derrotarla. Los sabios solo necesitan un poco de alimento y vivir una vida libre dedicada al goce del pensamiento y la creación.
Vivimos en una parodia que tiene visos de acabar un día en tragedia. Hemos comentado, en otro lugar, nuestra posición contraria a los extremos radicales, a los Hunos y a los Hotros. (Recuerden: la H es de Unamuno, para este tipo de boutade y asalto a la ortografía en nombre de la exactitud semántica. Debéisle, vosotros, pagar sus honorarios cuando pateáis "odio" con H). Pues bien, yendo al asunto, hemos escrito contra la prepotencia insana de un líder como Trump, el pelirrojo: así lo reconocía mi padre cada vez que veía esa jeta torcidita en la televisión; menudo poseído de hybris, los dioses griegos le pondrían tres ciclos de castigos existenciales hasta que en una cuarta reencarnación o transmigración de su presunta alma deviniese un sencillo ser humano; que pueda pasársele por la chola destruir una civilización, como ha dicho, es en apariencia inconcebible, Hegel le animaría a pensar lo inconcebible con una batería de conceptos impensables para la lógica común; quizá Donald Trump piensa que de la destrucción puede surgir una síntesis, siempre que aquella no abunde hasta la nada, pues como incluso Hegel sostendría, y con él la saga de los filósofos (Parménides, Aristóteles, Averroes, Siger de Brabante) es absolutamente imposible la creación de un mundo de la nada; el dogma cristiano de la Creación es solo retórica, una "buena explicación verosímil" o un "relato" para mentes sencillas que necesitan la imaginación para entender, y en otro orden, para teológos de oficio, creyentes ya convencidos de la creación del mundo por una especie de superhombre-Dios: lo que le parece un sinsentido a Averroes, o sea, Ibn Rush, el gran poeta-filósofo de Córdoba, quien, según Étienne Gilson*, fue el semillero de todo el pensamiento europeo racionalista en su época, siglo XII, más tarde, continuado por el genio Tomás de Aquino, y hasta Descartes, Voltaire y la Ilustración dieciochesca.
Por estas calles de Córdoba piso el segundo Aristóteles
Averroes recoge el pensamiento griego, fundamentalmente la filosofía aristotélica, de la que se constituirá en el gran comentador, reconocido por todos los pensadores europeos de la Edad Media y la Moderna; pero también la tradición siria y persa, y por supuesto el legado español autóctono, en contacto con el hebreo peninsular. Maimónides es el otro altísimo pensador medieval, desde la filosofía judía. Trump quizá, o no, desconoce la doctrina de la verdad racional, basada en una "fe" irresoluta en la verdad que se puede demostrar o en algún caso solo argumentar, pero que siempre se investiga con independencia de los compromisos con la fe religiosa y la teología, que, en el fondo, no son sino compromisos políticos basados en la imposición de un orden social que el poderoso ha macerado para su imperfecta gobernación. Quien cuestiona los "prejuicios" en que el poderoso quiera siempre encarcelar a sus gobernados, ese será malquisto siempre, en cualquier religión, en cualquier siglo. Averroes, según Gilson, uno de los más grandes filósofos que han existido, murió en el exilio en Marruecos. Como Maimónides sufrió la represión de los intransigentes almohades. Córdoba fue el espacio en que vivió la mayor parte de su vida. Como Averroes, en su recinto de Córdoba, Aristóteles y Platón vivieron en sus "celdas" o mundos intelectuales apartados, sus repúblicas ideales en Atenas: el Liceo y la Academia eran refugios de vida intelectual y de vida en común; especie de repúblicas de Weimar, como fue esta ciudad para intelectuales como Goethe. Cuántos de ellos podrían vivir en una tiranía. Por ellos, hemos de derrotarla. Los sabios solo necesitan un poco de alimento y vivir una vida libre dedicada al goce del pensamiento y la creación. Cuántos de estos sabios han vivido y han movido el mundo desde el fondo de la oscuridad, sin que casi ellos le dieran importancia, y sin que nosotros, los que ni siquiera los vemos, tengamos necesidad de su compañía. No son ángeles, ni dominaciones ni arcángeles: son solo filósofos, con las ideas y el corazón llenos de savia, inagotables en su investigación sobre lo que importa como hombres: qué somos, qué sentido tiene este vivir y este ir para la muerte, cómo construimos una vida mejor, qué es lo bueno, lo justo, lo verdadero, y sobre todo, por qué he de responsabilizarme de mí, amarme a mí sobre todo. Sócrates, y el griego español Unamuno son grandes y casi únicos ejemplos de esta sabiduría del amor a uno mismo, como condición para llegar a ser un hombre digno de tal nombre; el amor al prójimo es una consecuencia, lo primero es saber cuánto amor tengo para dar, empezando por el cuidado y el amor a mí mismo, eres como el centinela en su puesto, no puedes desertar, has de cuidarte sí o sí: es tu primer deber, deón, porque tu ón, tu ser, se construye con tu deber, con las acciones -praxis, ética- encaminadas a realizarte. Sócrates inventó algo más que una ética o moral entre mil, y no una religión (aunque él fuera respetuoso con los ritos); creó la Ética, el cuidado de sí, el deber de cuidarse como primer asunto de tu vivir. De tal nacimiento surgirían, con el correr, caer y renacer de los tiempos, los Derechos del Hombre. La tradición ética ha sido a veces manchada, y lo es hoy más que nunca, por quienes han hecho una interpretación jurídica torticera y unilateral del llamado Derecho Internacional, que solo es un convenio, y que ni siquiera ha dado más frutos que ciertos acuerdos parciales en caso de guerra (o en su mejor versión, cuando aún estaba de fondo en él el derecho natural de los neoescolásticos católicos españoles, un trato humano de aquellos sometidos al poder, vale que sean los de etnias distintas, como los propios naturales sometidos por el poder de un imperio; hubo hasta cierto punto, en el siglo XVI, más respeto al "indio" americano que al judío, morisco, criptojudío o simplemente católico sencillo en la España interior; pero que decir de Inglaterra, de Francia, de China, Japón, Irán... y en muchos de esos imperios aún hoy en día no se aplica el derecho natural sino la ingeniería social más propia de una distopía de rebaños vigilados y diezmados cuando alguna oveja se vuelve indócil). Qué Derecho internacional rige ahí, si ni siquiera el natural...
Asombra la frivolidad de los medios de comunicación de masas (en mi país, pero creo que en otros también, y salvas las excepciones pertinentes). Presentan al "demonio" Trump y esconden al demonio Ayatola, radical islamista, por definición enemigo de la libertad de elección en cualquier materia u orden vital. Trump quiere destruirlos, lanza un ultimátum que pone en jaque virtual a los ayatolas, y estos ricamente, como si fuera de suyo moral, exponen a una parte de su población sometida o voluntaria, a ser escudos humanos. Ya sabemos lo que hicieron en Gaza, donde sus "terroristas" usaron la misma estrategia inmoral, cobarde e ilegítima. Sin embargo, en pocos medios (la televisión, menos; la televisión del siglo XXI es decididamente un medio más tonto que la televisión del XX) se cuestiona ese cinismo asesino contra la propia población. Hay testimonios de iraníes en el exilio que aseguran que los líderes iraníes se reúnen en colegios y en edificios camuflados entre viviendas normales, para que de ese modo si son atacados, provocar daños en la población que luego achacan a sus enemigos, Israel o Estados Unidos. Así es la guerra de propaganda, previamente programada por la política cínica del uso de la población como escudos humanos de terroristas y dictadores. ¿Quién incumple la legislación internacional? ¿Quién prohíbe ese abuso intolerable de sacrificar a la propia población en tiempo de guerra, además de asesinarla, secuestrarla y privarla de libertad en cualquier momento?, pues toda dictadura, como la de Irán, es un régimen de excepción; (por cierto, también la china, o la de Venezuela del Heliocoide, o la de Cuba o Corea del Norte. No nos callarán porque Trump les dé excusas).
Trump lanzó el órdago de destruir toda una gran civilización, para destruir una tiranía, de menos de un siglo (pero eso sí, erizada con más de doscientos mil "guardianes" de la revolución, y apoyada por pseudopacifístas pasivos agresivos como Sánchez en España, y bajo la sombra del Partido Comunista Chino, único que puede llamarse partido en esa nación), y Trump tuvo que achantárselas. Hoy ya 9 de abril seguimos expectantes, la cosa no es para tomarla a broma ni hacer caritas a lo Bolaños. Qué cera tienen en las orejas que tanto ríen...
Tengamos más comercio y amistad con Maimónides, Averroes, Ibn Rush, Ibn Arabi, Hafez de Shiraz, Walt Whitman, Dante, Fernando de Rojas, Cervantes, Samuel Johnson, Shakespeare, Hölderlin, y Unamuno, Sócrates, esos griegos.
Fulgencio Martínez
2 H, 9 de Abril 2026
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* Cf. Gilson, Étienne: Razón y revelación en la Edad Media. (1937, versión en español, editorial Rialp, Madrid, 2025).


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