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lunes, 2 de febrero de 2026

El romance y la morada. Nuestros maestros. Por Andrés Acedo. Avance de Ágora n. 37. Febrero-Marzo 2026

 


  

Nuestros maestros

EL ROMANCE Y LA MORADA

 (Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández, Antonio Machado, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Juan de la Cruz)

                                                          

 

Yo no quería volver
en mí, por miedo de darles
disgusto de árbol distinto
a los árboles iguales.

Los árboles se olvidaron
de mi forma de hombre errante,
y, con mi forma olvidada,
oía hablar a los árboles.

Juan Ramón Jiménez

 

 

El romance, género o subgénero creado en la tradición española, a partir de las crónicas que recogieron cantares de gesta, o como recuerdo oral y colectivo de esos hechos y formas simples de leyendas, pasó de ser una composición “tradicional” (en palabras de Menendez Pidal) a convertirse en un cauce culto, artístico, a partir del siglo XVI. (La posibilidad de imprimirse, dado el auge de la imprenta, debió contribuir a ello, aunque también siguieron circulando oralmente).

       El “romancero viejo” o tradicional fluyó a través del genio de artistas del Siglo de Oro, como Lope de Vega, Quevedo, Góngora, hasta el Duque de Rivas, en el Romanticismo; o, en el siglo XX, García Lorca (“Romancero gitano”), Alberti, Antonio Machado (“La tierra de Alvargonzález”), Juan Ramón Jiménez (este poeta y teórico no solo fue genial en la praxis del romance, sobre todo en su primera época impresionista, pero incluso en uno de sus últimos libros de poesía: Romances de Coral Gables; también, como teórico, escribió el mejor ensayo sobre el romance: El romance, río de la lengua española, publicado en Puerto Rico, donde reivindica el romance como sustrato de la lengua poética española, del español y de las otras lenguas de España, desde la Edad Media hasta la modernidad, llegando a los romances escritos en la Guerra Civil, a pie de ambas trincheras; entre ellos, los más destacados, escritos por otro genial poeta: Miguel Hernández, autor de Viento del pueblo, libro que contiene, entre otro tipo de composiciones, un romancero de la guerra, épico). Miguel dio también el mejor de los cancioneros líricos de su generación: Cancionero y romancero de ausencias, escrito en la cárcel, "Llegó con tres heridas: / la del amor, / la de la muerte, / la de la vida". Asimismo, ese poemario póstumo incluye algunos romances líricos inolvidables, como "Antes del odio", romance sólo al par del anónimo "Romance del Prisionero": 

 

Amor, tu bóveda arriba
y yo abajo siempre, amor,
sin otra luz que estas ansias,
sin otra iluminación.
Mírame aquí encadenado,
escupido, sin calor,
a los pies de la tiniebla
más súbita, más feroz,
comiendo pan y cuchillo
como buen trabajador
y a veces cuchillo sólo,
sólo por amor. 

                           (fragmento)

 

(Ver Notas sobre un poema de Miguel. "Antes del odio". Carlos Bousoño. Texto disponible en: https://cvc.cervantes.es/literatura/cuadernos_de_agora/pdf/49_50/49_50_31.pdf) 

 

 CANCIONERO Y ROMANCERO DE AUSENCIAS (SIN COLECCION) : MIGUEL ...

       

 

        Difícil a veces separar la canción lírica breve del romance. Valga el ejemplo excelso citado, el libro de Miguel Hernández: Cancionero y Romancero de ausencias.  A diferencia de la pura canción lírica (generalmente breve), el romance presenta cierta duración temporal, y exige, por ello, pragmáticamente, un receptor atento y una cierta prolongación de la escucha. El romance cuenta, y tiene en cuenta, en sí mismo, a un receptor (o público de receptores) que se demora y deleita en el recitado novedoso. Aunque se diferencia así de la canción lírica breve (la cual podría autorrepresentarse como la manifestación inmediata de una voz solitaria), el romance tiende a expresar una esencia lírica, lirismo que lo hermana con la forma "canción" -sin descontextualizarse del todo de un marco o contexto, como una cárcel, frontera o frente de batalla, y sin dejar de ser narración, o en ocasiones monólogo o diálogo dramático: aspectos que también recoge la canción lírica breve a su modo quintaesenciado. No creo, dicho sea de paso, que el contexto sea casual o insignificante; tanto en la canción como en el romance. En este, los contextos remiten, en su origen, a un escenario bélico.

     El romance puede ser un subgénero lírico o narrativo, dada la virtualidad histórica y pragmática (comunicativa de noticia o emoción desnuda) de su esencia genérica. Y también puede incorporar la voz dialogada, lo dramático. 

    Suele expresarse a través de octosílabos u otro tipo de versos de arte menor, con preferencia a la rima (asonantada). Una curiosa variación del romance, con gran rendimiento métrico y melódico, sería el tipo de romance-silva, sin rima, con versos de arte menor de diverso tipo, octosílabos, pentasílabos, heptasílabos, etc, que utiliza otro gran poeta del 27, Pedro Salinas, en sus primeros libros, Fábula y signo, Seguro azar, La voz a ti debida.

    Suele utilizar estructuras paralelísticas (que le dan coherencia interna) y figuras retóricas (que le dan buen color y cuerpo): de omisión (como la elipsis), o de repetición: anáforas, anadiplosis, epanadiplosis (“que por mayo era, por mayo"), los mejores ejemplos de romance, donde se encuentran reunidas todas esas cualidades, son, en mi opinión, el anónimo Romance del prisionero, el citado "Antes del odio" miguelhernandiano, y el Romance del Duero, de Gerardo Diego (poeta no menor de dicha Generación del 27), dedicado a Soria y al río de la vieja Castilla: “Río Duero, río Duero, / nadie a acompañarte baja…”; que termina con “palabras de amor, palabras”: una epanadiplosis en el verso final, como un calderón en música. 

    En nuestro pódium romancesco, claro es, podría estar el "Romance sonámbulo", de Federico García Lorca; "Verde que te quiero verde": aquí en ese poema el verso inicial luce una sonora epanadiplosis, el efecto es de chispa, ascendente, pero pronto, en los versos que siguen, se amansa, con anáforas, repeticiones, paralelismos sintácticos: 

Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.

    Ese tono reiterativo cadencioso, lírico y a la vez distante-épico, es lo propio del romance.

    La paleta amplia del mismo abarca, incluso, el tipo de poema gnómico, sapiencial, o proverbio, como los profundos y bellos Proverbios y Cantares de Antonio Machado. Recordemos uno de los más famosos, cantado por Joan Manuel Serrat (valga el homenaje al cantautor catalán, a quien siempre estaremos agradecidos los amantes de la poesía. Para escuchar al maestro Serrat:  https://www.youtube.com/watch?v=CPSrNgoMBnk ).

    Reiteración, anadiplosis perfecta: Todo pasa y todo queda, / pero lo nuestro es pasar, / pasar haciendo caminos, / caminos sobre la mar.

    O, finalmente, recordemos los poemas de Sem Tob, el rabino y maestro judío castellano, sus “Proverbios morales”, especie de romance filosófico.


  Non val el açor menos

  por nacer de mal nido

  nin los enxemplos buenos

  por los dezir judío.

  

    El romance está también en la poesía teológica del místico San Juan de la Cruz, quizá el más grande espíritu de España: Romance sobre el pasaje evangélico “In principio erat Verbum”, acerca de la Santísima Trinidad.

    Repárese en la dificultad de explicar cómo la Segunda Persona no ha sido creada, sino engendrada. San Agustín ya se las vio y deseó con el asunto, que el místico resuelve con plena gracia de poesía. Ser creado por Dios implica ser creado de la nada, como cualquier cosa contingente, animal, árbol, roca, usted o yo, como todo: hijos de nada y de luz; en cambio, Cristo-Verbo es nacido de Dios, no creado; porque, según el místico, Dios no es tanto una persona-unidad como una morada- de amor, que implica uno-y-otro, una relación, una familia; el místico supera, incluso, lo que Abel Martín-Machado denominó la esencial alteridad del ser: ser uno implica ser otro, o al menos aspirar a ser otro, con el consiguiente fracaso metafísico, para Abel Martín. En cualquier caso, solo cordialmente se puede entender que Dios es una morada*; hay morada allí donde el amante es el amado, el padre (símbolo de progenitor- cuidador) es el hijo (símbolo de lo engendrado- cuidado) y el amor el nudo que une y revierte los signos (el hijo cuida al padre, el amado al amante).

 

En el principio moraba
el Verbo, y en Dios vivía,
en quien su felicidad
infinita poseía.

El mismo Verbo Dios era,
que el principio se decía;
él moraba en el principio,
y principio no tenía.

Él era el mismo principio;
por eso de él carecía.
El Verbo se llama Hijo,
que del principio nacía;
hale siempre concebido
y siempre le concebía;

dale siempre su sustancia,
y siempre se la tenía.
Y así la gloria del Hijo
es la que en el Padre había
y toda su gloria el Padre
en el Hijo poseía.

Como amado en el amante
uno en otro residía,
y aquese amor que los une
en lo mismo convenía
con el uno y con el otro
en igualdad y valía.

Tres Personas y un amado
entre todos tres había,
y un amor en todas ellas
y un amante las hacía,
y el amante es el amado
en que cada cual vivía;

que el ser que los tres poseen
cada cual le poseía,
y cada cual de ellos ama
a la que este ser tenía.

Este ser es cada una,
y éste solo las unía
en un inefable nudo
que decir no se sabía;

por lo cual era infinito
el amor que las unía,
porque un solo amor tres tienen
que su esencia se decía;

que el amor cuanto más uno,
tanto más amor hacía.

 

 

Andrés Acedo

2-2-2026

 

 

 


                                                                                        Retrato de San Juan de la Cruz por Jean Baptiste de Wael. Biblioteca Nacional de España

 

* "Juan de Yepes Álvarez (San Juan de la Cruz) nació en el seno de una familia pobre y humilde de origen toledano. El padre, Gonzalo Yepes, falleció a los tres años del nacimiento de Juan, dejando a su esposa, Catalina Álvarez, con tres niños: Francisco, mayor que Juan, y Luis, el menor, que murió a los pocos años. La familia apenas disponía de lo necesario para sobrevivir trabajando en un elemental telar de buratos. Catalina Álvarez buscó ayuda entre los parientes del difunto marido, trasladándose con sus hijos a los lugares toledanos de origen (Torrijos, Gálvez), pero no halló el apoyo esperado, por lo que al cabo de año y medio regresó a Fontiveros. Allí moría Luis, el menor de los hijos, en fecha desconocida. En busca de solución para sacar adelante a los otros dos, emigró a otros pueblos del contorno, estableciéndose a partir de 1548 en Arévalo (Ávila). Tampoco encontró allí salida para la extrema pobreza que atenazaba a la familia. No mejoró la situación al contraer matrimonio Francisco Yepes, el mayor de los hermanos, con Ana Izquierdo, también de familia humilde.

Cuando Juan rondaba los diez años, la familia realizó el intento definitivo para remediar la emergencia crónica que venía arrastrando. Se trasladó en 1551 a Medina del Campo, donde existían mayores posibilidades no sólo económicas, sino también para la formación de Juan. Efectivamente, al poco tiempo de instalarse la familia en Medina, éste era admitido en el Colegio de los Doctrinos, anejo al convento de la Magdalena. Junto con otros compañeros del mismo centro, Juan tenía que asistir a los servicios religiosos de la iglesia y de la casa y recoger limosnas para el monasterio; éste, por su parte, le procuraba alojo, alimentación, estudios elementales (...) ". 

Recogido de la Real Academia de la Historia. Más sobre la vida de Juan de la Cruz:

 

 https://historia-hispanica.rah.es/biografias/25137-san-juan-de-la-cruz

 

 

domingo, 1 de febrero de 2026

El Senador de las Arenas. Microrrelato de Sylvette Cabrera Nieves. Desde Puerto Rico. Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 37 Nueva Col. Febrero-Marzo 2026 / Microrrelatos

                                                                                                Ñame con corbata
 

 

 

El Senador de las Arenas

 

 

El senador de las Arenas se quitó las gafas al entrar en su despacho. Recordó que tenía dos caras, como el dios romano Jano, protector del Estado. Desterrado por Júpiter y dotado con la gracia de conocer el pasado y el futuro simultáneamente. A Jano se le atribuye la invención de la moneda, y por supuesto, tiene dos caras también. El senador juró abrir grandes puertas dentro de la Casa de las Leyes.

Minutos previos este empedernido legislador, con su insulso discurso y elocución, repetía a sus constituyentes la frase manida Soy del pueblo y para el pueblo trabajo. Todos lo vitorearon. Mientras él agradecido se emborrachaba con sus propias palabras y con su gigantesco amor propio.

Pero un anciano con mucha experiencia de vida le gritó:

– Ese, ese es un ñame con corbata[1], solo eso. Ya lo verán, señores. Van a perder el tiempo.

– Cállate que no sabes lo que dices, le contestaron varios ciudadanos molestos.

A fuerza de venderse bien, frente los grandes intereses de turno, logró ganar el señor. Posó con su plástica sonrisa para las cámaras, con su verbo florido respondió con enjundia todas las preguntas de los periodistas. Luego se sintió satisfecho porque le hacían genuflexiones. Entonces, con ojos de buitre, vio un coro de hermosas mujeres, que lo aplaudían con ardor, cual si fuera un consagrado artista de Hollywood y con un guiño de picardía logró conquistarlas.

Celebraba su triunfo sirviéndose un coñac, de la fina botella, que le regaló un prominente contribuyente del partido. Como nadie lo veía, comenzó a darle palmadas a su escritorio como si fuera un bongó y se sirvió un trago y otro y otro. Así continuó saboreando su victoria a puros tragos, en la penumbra, y sin ningún cargo de conciencia. En tanto, mentalmente preparaba su agenda con la cual atraer fondos y donativos a sus arcas.

 

Sylvette Cabrera Nieves



[1] Un ñame con corbata es una persona inepta, mentecata, inculta o bruta, pero por su vestimenta y manera de proyectarse hace creer que es apta e inteligente. En Puerto Rico, Cuba y Santo Domingo es el término que se emplea para referirse a los políticos. (Nota de la Autora).

 

 


Sylvette C. Cabrera Nieves. "El Senador de las Arenas" es el segundo de los microrrelatos que publica la escritora puertorriqueña Sylvette Cabrera Nieves (San Juan, Puerto Rico, 1958) en el número digital 37 de Ágora (Nueva Col. Febrero-Marzo 2026) que saldrá a mediados del próximo mes. El anterior relato, titulado "Aquel honorable", se puede leer en este enlace:

 https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2026/01/aquel-honorable-un-microrrelato-de.html

La escritora es psicóloga escolar, se ha desempeñado en el área de relaciones públicas y la educación, en instituciones sin fines de lucro y colegios profesionales. Es autora de poemas, relatos breves y microrrelatos. Ha publicado en revistas literarias y en obras colectivas: entre otras publicaciones, en la Antología Literaria de INISA (México, 2022), en  Confesiones Gritos de Silencio (Revista La Manzana Mordida, Lima, Perú-2022) en Revista Literaria Voces y Letras, (Guadalajara, México, 2022). Obtuvo una Mención de Honor en el Certamen “Mi vida en el Barrio” por su relato Liniers y el más acá, (Argentina, 2022). Colaboradora y "corresponsal" de la revista Ágora.

 Página de Sylvette Cabrera en blog de Ágora-Papeles de Arte Gramático:

 https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/search?q=Sylvette+Cabrera