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domingo, 22 de febrero de 2015

La cara de Podemos. Diario político y literario T3/38

http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2015/02/23/cara/627600.html

La cara de Podemos



Cada día vemos más claro que Podemos no es sino otra versión de la España que traga con la corrupción. Conste que la corrupción no es solo una cuestión de  dineros, sino también de engaño y simulación ideológica. Podemos es una simulación de partido de izquierdas o, como gustan presentarse ahora, transversal. En el centro de la corrupción la adhesión ideológica de los dirigentes de los círculos de Podemos al dictador Chaves. Dinero sórdido cuanto menos, omertá a un tirano, silencio en los círculos de abajo, dibujan una falsa imagen de democracia concéntrica, que en realidad enmascara un concepto autocrático del poder. Los círculos no se encuadran en horizontal sino en una perspectiva vertical que desarma cualquier opinión disidente. Cualquier demócrata, a poco que piense, verá que el partido de la catira desconoce principios básicos de ética y de política democrática. Siguiendo la imagen de los círculos comunicantes, la corrupción va pasando del círculo superior a la esfera intermedia, mediática, de los portavoces del partido. Sustitituir las razones por el argumentario partidista, repetido por tragaldabas que no se inmutan ante la actitud de sus imanes, justificar los medios por el fin del partido y ocultar las sospechas y la investigación interna bajo la pólvora descalificadora del contrario o el argumento del tú más, es la tarea asignada a esos círculos de mando intermedios. Portavoz se ha convertido en una palabra maleta. No es tonto, es portavoz. No es mentiroso, es portavoz. No sabe hacer la O con un canuto: tiene condiciones de portavoz. Niño, estudia, para que el día de mañana no seas portavoz. Tiene la fe del carbonero o del creyente en Monedero, luego es portavoz nato. La corrupción empieza siempre desde arriba, pero no tarda en extenderse y profundizarse, por complicidad, silencio, o, lo que es más común: por ansia de tocar también poder los de abajo.

Toda la simpatía, y en algunos, ilusión, que había despertado Podemos se ha disuelto al ver las imágenes de Pablo Iglesias, Monedero et alii entre los cachorros de la dinastía venezolana. “Tienes agallas, comandante”, dice el apóstol Pablo; eres el mejor, dice Monedero, la lengua de su amo. Monedero investido con el brazalete fascista del régimen de un militar que abusaba de la retórica: al menos, el comandante cometía este tipo de abusos, ¿no es cierto?


Los ideales regeneradores de justicia, igualdad y solidaridad siguen en pie, siempre jóvenes. Pero ya no están en esa papeleta que ha envejecido. Podemos que predicó la katarsis y limpieza del sistema se ha quejado de que sus posibles casos de corrupción han ocupado estas semanas las portadas de los periódicos. Que un ateo no vaya a misa no es noticia; que no vaya un católico, puede serlo. Pero si hay indicios de que el papa no escucha misa ni cree en Dios, eso hay que publicarlo. Lo contrario sería suponer el privilegio de los partidos a disponer de una especie de carnet de malas prácticas, solo cuando a un partido se le agotaran los puntos tomaría medidas contra la corrupción propia. Pero nos tememos que en este partido jamás podrán pensar los dirigentes en aplicar medidas de código ético porque la ética es cosa de la casta y han nacido ya en la corrupción. Todo lo que les vale para tomar el poder es bueno, se justifica la mentira política.

Alguien puede decir que eso ya ha pasado con los partidos del “régimen del 78”. ¿Hasta cuánto se puede corromper Podemos? ¿En lo económico, hasta llegar a la cifra de corrupción del PP de Bárcenas y la Gürtel, o hasta igualar la marca de sinvergonzonería del PSOE andaluz de los ERES? Porque en el ideario político y ético, Podemos ya tocó fondo: se le ha visto la cara muy pronto. No quiero ser pesimista, pues sé de muchas personas que sinceramente han creído al inicio en Podemos (y yo fui de ellos, lo siento). Pero el mejor favor al presente y futuro de la izquierda regeneradora de este país pasa por denunciar públicamente los gestos y antecedentes antidemocráticos de Podemos. Se juega mucho la izquierda en diferenciarse y en recuperar las señas de una izquierda crítica y democrática. Nada de deprimirse.

Fulgencio Martínez

Profesor de Filosofía y escritor

sábado, 21 de febrero de 2015

Cambiar la paleta de España. Diario político y literario de FM/ T3/37

Publicado en LA CRONICA DEL PAJARITO: 23-2-2015
http://www.lacronicadelpajarito.es/blog/fulgenciom/2015/02/cambiemos-paleta-espana

 
CAMBIAR LA PALETA DE ESPAÑA


Cambiar la paleta de España fue el móvil de toda una generación a principios del siglo XX. Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, los más jóvenes como Rosa Chacel e incluso los mayores como Antonio Machado se sumaron a dicho proyecto “pictórico”, intelectual y político. Nos lo ha recordado el profesor José Luis Martínez Valero en un artículo recientemente publicado en la revista ÁGORA a propósito del centenario de Platero y yo. 

En 1914 coincidieron dos libros fundamentales: Platero y yo, de Juan Ramón, y Meditaciones del Quijote, de Ortega. En este pensamiento orteguiano se cifra el giro antisolipsista del pensamiento español: Yo soy yo y mi circunstancia, si no la salvo a ella, no me salvo yo.  Pero el solipsismo tradicional de cualquier empresa o proyecto llega en España hasta hoy; como nos lo ha recordado José Luis Vidal Coy en un artículo en La crónica del Pajarito: La responsabilidad de Podemos. 

Cambiar el tono de España, del negro o el gris, a una España polícroma, moderna, es una tarea que exige generosidad de todos; ha sido y es el objetivo de un pensamiento político de izquierdas que se arraiga en los valores del republicanismo español (Giner de los Ríos, Manuel Azaña, Ortega, Pablo Iglesias, el joven Unamuno socialista). Esa es, en mi opinión, la mejor referencia en nuestra historia intelectual y a la que habríamos de remitirnos, y ningún santo nuevo puede venir a protagonizar la bandera del cambio. Aunque la autoestima de los partidos de izquierda esté hoy día en horas tan bajas, de ningún modo pueden ceder su responsabilidad histórica. 
Los ciudadanos que nos reclamamos de los valores de esa izquierda española, tampoco. No cedamos un gramo a la tentación de un nuevo solipsismo ni al dejar hacer, pero tampoco aceptemos acomodarnos acríticamente con cualquiera que se presente como sujeto del cambio.  Creo que los españoles actuales tenemos ante nosotros un compromiso al que hay que responder con todo nuestro ser. Transformar por fin este país. No puede perderse el esfuerzo regenerador pero no lo dejemos dilapidarse crédulamente bajo el sometimiento a quienes, manipulando en la depresión de la izquierda, han acaparado mediáticamente la imagen de esa izquierda española desde una ideología totalitaria, neorreligiosa y personalista. Importa que no cometamos en este país, de nuevo, el error inocente de confiar en celestiales legiones de apóstoles. 

El daño presente y futuro que podemos hacer, si callamos, a la izquierda española puede ser irreparable.
 
Fulgencio Martínez

jueves, 19 de febrero de 2015

DISPONIBLE YA EL NÚMERO DE PRIMAVERA DE LA REVISTA ÁGORA-PAPELES DE ARTE GRAMÁTICO EN EDICIÓN ELECTRÓNICA

Revista ÁGora Digital N 7 Nueva Colección Primavera 2015 Edición Electrónica De ÁGora Papeles De Arte Gramático
Número de Primavera 2015 de la revista literaria Ágora. Incluye en avance un texto de Fernando Arrabal (traducción de Lidia Barquero), del monográfico en preparación de ÁGORA dedicado a Michel Houellebecq (coordina Antonio Muñoz)
Artículos y ensayos literarios de Antonio Chueca, Fulgencio Martínez, Andrés Acedo y José Luis Martínez Valero, sobre Antonio Machado, Francisco Giner de los Ríos, Juan Ramón Jiménez, Luis García Montero, Leandro Fernández de Moratín. Además de poesía: Jordi Llané-LLigé, poeta catalán en Antología actual de poesía española; Maximiliano Hernández Marcos en Textos Magistrales, y Juan Tomás Frutos en Diario de Creación. Relato de Fulgencio Martínez de su libro inédito "El taxidermista y otros del estilo". Crítica de libros y actualidad literaria. Félix Maraña, Vicente Luis Mora, Joaquín Garrigós, Juan Zapato, Salvador García Ramírez, Anna Rossell.

EL NUEVO NÚMERO ESTA YA DISPONIBLE EN CALAMEO:


miércoles, 18 de febrero de 2015

Reedición de Comentario a "Elegía a las Musas" de Leandro Fernández Moratín. Por Andrés Acedo/ Nuestros maestros

           Moratín pintado por Goya, con quien compartió exilio en Burdeos

      LA ELEGÍA A LAS MUSAS, 

 DE LEANDRO FERNÁNDEZ

DE MORATÍN

                                    Andrés Acedo

Leandro Fernández Moratín escribió dos poemas cuyo tema es la despedida.

Uno de ellos tiene ese motivo en su título, se trata del soneto que dice:



Nací de honesta madre: dióme el Cielo
fácil ingenio en gracias, afluente:
dirigir supo el ánimo inocente
a la virtud, el paternal desvelo.


Con sabio estudio, infatigable anhelo, 
pude adquirir coronas a mi frente: 
la corva escena resonó en frecuente 
aplauso, alzando de mi nombre el vuelo.

Dócil, veraz, de muchos ofendido,
de ninguno ofensor, las Musas bellas 
mi pasión fueron, el honor mi guía.

Pero si así las leyes atropellas, 
si para ti los méritos han sido 
culpas; adiós, ingrata patria mía.

                    (“La despedida”) 

Sin embargo, en otro poema de Moratín, la “Elegía a las Musas”, el motivo de la despedida entrega una resonancia que transciende al sujeto poético - un yo héroe literario incomprendido en su patria, de cuyo retrato se ocupa el primer poema, el soneto, que termina, en unos versos elegíacos, despidiéndose con amargura de la ingratitud de su patria-público.(Un final imprecatorio, de teatro, nada feliz, bastante atípico, por cierto, en una elegía clásica. A esa rebeldía del poeta Moratín frente a la univocidad de los géneros nos asomamos ya en ese soneto, obra mucho menos conseguida y menos compleja que la "Elegía"). 

La lectura de la “Elegía a las Musas” nos deja una inquietud y desazón más honda –que el sentimiento reactivo de dolor por el desdén o la ingratitud del mundo. El retrato ocupaba un plano central en el soneto (retrato allí exterior, por las obras-hazañas, lugar común del "recuerdo" de la imagen que causa el planto, y valor de contraste con el tema de la ingratitud). En la "Elegía" es esquivado por medio de una cálida presencia, en confesión, que se dibuja al fondo de todo el poema; y que acompaña el narrar de otra galería; se consigue, así, un retrato más existencial, más creíble poéticamente, se nos da el testigo de un tiempo histórico y del propio vivir del poeta. No quiere ello decir que la "Elegía" no cumpla con la condición de presentarnos un retrato (¿cómo, si no, funcionaría la empatía con un ser concreto, propia del género elegía?). Al contrario, se presenta una etopeya más cercana al lector. 

Estaríamos equivocados si, como se suele leer, se le leyera como un poema biográfico, de exilio. Tampoco como una palinodia, ni como una fe de fracaso existencial. Hay, sí, en la "Elegía" un fondo de desesperación, pero, como un color que se apunta al final de su lectura, deja asomar un aura de satisfacción, de orgullo, de vida cumplida. De forma un tanto inexpresable, el poema revive un “carmen”, un canto, casi de victoria, epinicio o encomio, al sujeto que vivió, sufrió, tomó partido, fracasó y se alzó sobre cualquier fortuna y partidismo. El papel de interlocutor cambia en la “Elegía” respecto al soneto –todo poema es comunicación, o ensayo de ella, en primer grado, con un interlocutor interno, y en segundo o tercero, con el propio autor y con un lector-; el primer interlocutor del soneto era la patria, en la “Elegía” parece ser el destino –el destino de un hombre. Ese trueque comunicacional del poema afecta a la función en él de la “patria”, que aparece ahora como una especie de Dios –de un Dios para un ilustrado no creyente, como era Moratín, quien midió su vida por el afán de servir a esa Divinidad de su Nación. Ese Dios podría ordenar por encima del fatum humano, de desgracias personales y políticas, y no lo hace, ni es justo en reconocer méritos. Pero ya no tiene ningún sentido quejarse ante Él. Más bien, el silencio de ese Dios aplaza solo la última palabra de la Historia, que vencerá al destino –leído el poema desde aquel color de serena satisfacción, y de cierto orgullo, que resuena tras su lectura.

El motivo de la despedida casi siempre lo modulan los poetas en torno elegíaco, y se aboca, pues, pero no necesariamente, al género de la elegía; (¡puede haber otro tono subdominante en un poema elegíaco, un matiz gozoso y de serena expresión de orgullo!). Ese motivo puede ser tratado, en el poema, en tiempo actual o en pretérito, y en cada uno de estos tiempos puede estar el tono en pasado o en un presente actual desde el sentimiento. Las célebres Coplas de Jorge Manrique lloran una pérdida reciente, actual en el ánimo, la del padre; aunque el tiempo de la voz narrativa en el poema sea el pasado, ya que finó el interlocutor al que se dirige el poeta: ese interlocutor es ya un muerto, una ausencia física, aunque esté presente en la emoción.

Pero, por esta parte de la "Elegía" de don Leandro las cosas no se apañan a ese esquema. La despedida es de un viviente, quien sin embargo se ve a sí mismo como ya pasado. Si es una elegía del tipo heroico, trata de un héroe incompleto, pues le falta la épica, además de cierto lustre en la opinión de su patria y de sus contemporáneos.

El tiempo del poema es un presente, "in fieri", biográfico, pues el poeta se despide, se va, en la realidad del poema y en su vida. Y, sin embargo, extrañamente, la voz habla como si todo instante vital hubiera pasado; la inspiración, el numen con que le favorecieron las Musas -submotivo de la gratitud a las Musas, en contraste con la ingratitud hacia el héroe; ese motivo de gratitud a la poesía vence todo resentimiento, y compensa y supera la espina del soneto "La despedida"-. Y el "horror" de la historia también ha pasado; ha encontrado -dice en el poema ese pájaro o sujeto poético-, ha encontrado "descanso y vida" el "oprimido ánimo" en "región extraña" (no es esta solo un lugar físico, una ciudad extranjera donde continuar la vida del destierro; ese tema del exilio también está superado)...¡"Descanso y vida"!, sugiere esa "y" una continuación, a modo de versión del tema de la vida perdurable... ¿en el mismo vivir? (la vida continúa, como dice con verdad el pueblo; la vida siempre se ha de continuar haciéndose); o, quizá, ¿vida en una estación del ánimo, que solo la sugiere el poema; acaso en una convicción moral, o en la vuelta al seno de aquel Dios patrio desde la misión cumplida y el autoexamen con final absolutorio, y la autoaprobación?

Si es una elegía del tipo patriótico -lectura alegórica que puede hacerse del poema, tomando la vida de Moratín como modelo del infortunio de España- esa modalidad elegíaca está aun trascendida. El treno por la "patria infeliz" no es tampoco el resplandor final que nos deja la lectura del poema.
Ni elegía funeral (a sí mismo), ni elegía política, patriótica; ni elegía heroica, que conlleva siempre una justificación o reivindicación. (Y todo eso, también) ¿Qué nos deja, finalmente, este poema, tan rico en intertextualidad genérica, y un más de vacío, de inclasificable?
Lo específico poético escapa, pues, al intento de remontarnos en la comprensión de un poema a sus fuentes literarias, al uso de géneros codificados, etc. La “desautomatización” que para el formalismo es el signo de un texto literario anida más allá de la forma literaria, y de los cauces o cruces de cauces genéricos en que se vierte el poema. Ese “don del estilo”, que diría Fray Luis de León, ese saber decir, intuimos que procede de un anterior “saber pensar y saber sentir” íntimo al poeta. Los tres planos  (sentir, entender lo que se siente y saber decirlo) se dan, a veces, felizmente conjuntos y logrados: en los grandes poemas.

La “Elegía a las Musas” es la obra maestra de Moratín, su legado para nuestra historia de la poesía. Hemos de aprender sus valores –literarios, humanos-. Además de inclasificable (desde la teoría literaria; lo cual no sería un mérito en sí del poema) la elegía es y no es misteriosa. Cela un secreto. Nos aproximamos a él -solo nos aproximamos- al reparar en la estrofa última: hay un doble "rito funeral": un enterramiento ("tumba", "Mármoles"), que se hace o dispone para el cuerpo; y una incineración ("ocultad entre flores mis cenizas"), ruego que tiene por objeto el alma, o en concreto, la poesía, ya identificada con la vida humana. Desde ahí cobra total sentido la dedicatoria "A las Musas", que huyeron con la senectud. A ellas se dirige la petición final del poema. Comenzamos por leer este, antes de seguir comentando. Lo que he querido compartir contigo, lector, quizá lo encuentres tú, de otra manera, a tu manera. Perdóname este comentario. No se puede empezar la casa por el tejado de la crítica, que no te puede ayudar a saber sentir.





ELEGÍA.
  A LAS MUSAS




Esta corona, adorno de mi frente,
esta sonante lira y flautas de oro
y máscaras alegres, que algún día
me disteis, sacras Musas, de mis manos
trémulas recibid, y el canto acabe,
que fuera osado intento repetirle.
He visto ya cómo la edad ligera,
apresurando a no volver las horas,
robó con ellas su vigor al numen.
Sé que negáis vuestro favor divino
a la cansada senectud, y en vano
fuera implorarle; pero en tanto, bellas
ninfas, del verde Pindo habitadoras,
no me neguéis que os agradezca humilde
los bienes que os debí. Si pude un día,
no indigno sucesor de nombre ilustre,
dilatarle famoso; a vos fue dado
llevar al fin mi atrevimiento. Sólo
pudo bastar vuestro amoroso anhelo
a prestarme constancia en los afanes
que turbaron mi paz, cuando insolente,
vano saber, enconos y venganzas,
codicia y ambición la patria mía
abandonaron a civil discordia.

Yo vi del polvo levantarse audaces
a dominar y perecer tiranos,
atropellarse efímeras las leyes,
y llamarse virtudes los delitos.
Vi las fraternas armas nuestros muros
bañar en sangre nuestra, combatirse,
vencido y vencedor, hijos de España,
y el trono desplomándose al vendido
ímpetu popular. De las arenas
que el mar sacude en la fenicia Gades,
a las que el Tajo lusitano envuelve
en oro y conchas, uno y otro imperio,
iras, desorden esparciendo y luto,
comunicarse el funeral estrago.
Así cuando en Sicilia el Etna ronco
revienta incendios, su bifronte cima
cubre el Vesubio en humo denso y llamas,
turba el Averno sus calladas ondas;
y allá del Tibre en la ribera etrusca
se estremece la cúpula soberbia,
que da sepulcro al sucesor de Cristo.*

¿Quién pudo en tanto horror mover el plectro?
¿Quién dar al verso acordes armonías,
oyendo resonar grito de muerte?
Tronó la tempestad: bramó iracundo
el huracán, y arrebató a los campos
sus frutos, su matiz; la rica pompa
destrozó de los árboles sombríos;
todas huyeron tímidas las aves
del blando nido, en el espanto mudas:
no más trinos de amor. Así agitaron
los tardos años mi existencia, y pudo
solo en región extraña el oprimido
ánimo hallar dulce descanso y vida.

Breve será, que ya la tumba aguarda
y sus mármoles abre a recibirme;
ya los voy a ocupar... Si no es eterno
el rigor de los hados, y reservan
a mi patria infeliz mayor ventura,
dénsela presto, y mi postrer suspiro
será por ella... Prevenid en tanto
flébiles tonos, enlazad coronas
de ciprés funeral, Musas celestes;
y donde a las del mar sus aguas mezcla
el Garona opulento, en silencioso
bosque de lauros y menudos mirtos,
ocultad entre flores mis cenizas.


                            

                       Leandro Fernández de Moratín


                                        Comentario de Andrés Acedo



  Bibliografía- webgrafía:
 
Recomendable la página:


Y el artículo:


El primer enlace da una amplia muestra de la bibliografía de Moratín. El segundo es un ensayo de Paz Díaz-Taboada ("La despedida, moderno subgénero de la elegía") publicado por la revista SIGNA (núm 6, 1997). 


               REVISTA ÁGORA DIGITAL DICIEMBRE 2013