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viernes, 22 de febrero de 2019

Celebración de Antonio Machado, más allá del frentismo. Diario político y literario de FM T2019/3





CELEBRACIÓN DE ANTONIO MACHADO, MÁS ALLÁ DEL FRENTISMO


El 22 de febrero de 1939 moría en Collioure, Francia, el poeta y filósofo español Antonio Machado. Se han cumplido, pues, ochenta años desde el día en que Machado subió a la nave ("ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar") que nunca ha de tornar. El arte del poeta, la voz del pensador tratan de nuestro destino como seres mortales. Adquieren algo de consistencia y peso cuando logran expresar el sentimiento más profundo de lo humano.  Lo demás se lo lleva el viento. Hoy en que, de nuevo, leemos con avidez a los filósofos estoicos, y buscamos en su enseñanza “recetas” contra el dolor y la insignificancia de las "posturas que adoptamos" ante el destino (al final, solo queda una simple, pura y mantenida mirada ante él), Machado está de moda. Pero no necesita nunca un poeta estar de moda, porque tiene, si lo es (y más aún si es tan grande como Machado) incontables senderos, radiaciones, pálpitos, vuelos y cadencias para que todo ser humano se reconozca espiritualmente en él. Al margen de cualquier ideología simplificadora y falta de amor al otro.

Vivimos tiempos de resentimiento, mezquidad y bajeza moral donde no se reconoce nada que no sea de la propia cuerda ideológica, al extremo nada que no coincida con la consigna del partido (la consigna de hoy mismo, claro; mañana puede que el lorito tenga que decir otra cosa). Pero más burda es la pretensión de manipular, cosificar, clasificar e instrumentalizar a un poeta (o cualquier creador de una obra de espíritu) al servicio de una trinchera, enfrentándolo a otros, incluso retrospectivamente: señalando a unos lectores como falsos por suceder en una supuesta genealogía maldita a  los que fueron los supuestos verdugos del autor. 

Esta mezcolanza de crítica e infamia se hace cómplice con el ruso Ilya Ehremburg, quien tachó a Unamuno de ser partidario de los verdugos, oponiéndolo a Machado, amigo de los comunistas y del pueblo. El precipitado juicio del escritor soviético no comprendió el carácter unamunesco, indoblegable y contradictorio. Su “Carta a Unamuno” se publicó primero en Moscú y luego en España, a finales de agosto del 36 (el 30 de Agosto de ese año la difunde “Nuestra lucha”, un diario comunista editado en Murcia). Pocos días después, Unamuno se enfrentó a los generales rebeldes en el famoso acto de apertura de curso de la Universidad de Salamanca (octubre de 1936) y el ruso tuvo que rectificar y con él la prensa republicana, incluido “Nuestra lucha”, periódico que incluso se había anticipado a las consignas denominando a Unamuno “traidor”, en un  artículo sin firma del 21 de agosto del 36, a poco de iniciarse la guerra y cuando no estaban aún los ánimos para afinar en los adjetivos y a duras penas tampoco en los sustantivos. (Impagable el libro de María Concepción Ruiz Abellán Cultura y ocio en una ciudad de retaguardia durante la guerra civil (Murcia 1936-1939), al que mi artículo debe esta y otras informaciones basadas en un espléndido trabajo de documentación hemerográfica realizado por la autora). (1) 

Machado en su escrito al hispanista ruso Vigodsky (“Carta a David Vigodsky”), reproducido por “Nuestra lucha” en abril del 37, dijo que pueblo, tal como él lo entendía y como lo usaba también García Lorca, no era exactamente lo mismo que pueblo en su sentido marxista. La cultura del pueblo, por ejemplo, no era, para él, la cultura popular enfrentada a la burguesa, sino la verdadera cultura aristocrática. El pueblo era lo más aristocrático, la verdadera aristocracia, la del espíritu. Finezas del pensador Machado, esprit de finesse, que diría Pascal, y que evidentemente no son más que "florituras", y un galimatías, para una mente burdamente ideologizada. Pero si solo fuera eso: una falta de entendimiento. No. El delito es más grande porque, luego, esos que no hacen el esfuerzo por entender se erigen en carceleros de poetas y pensadores, en etiquetadores  ultraortodoxos, que encierran en una casilla a un autor para siempre, y hasta sentencian que ese autor (por más grande que sea) no puede ser reivindicado o leído más que por aquellos que serían sus legítimos herederos ideológicos, es decir, por otro público ultraortodoxo igualmente encarcelado en unas etiquetas simplistas y maniqueas. 

Es verdad que Machado, desde una posición personal, se entregó a la causa de la república, y que el partido comunista le acogió, y protegió (hasta un punto, pues los líderes del partido no escaparon a pie hacia Francia, sino en avión a Moscú). Es verdad que el partido comunista de entonces era un partido, al menos el partido comunista español, con todos sus defectos, influido por valores como la libertad, la tolerancia; cosa que también  tuvo el comunismo de nuestra transición. Así, el mismo partido toleró el pensamiento heterodoxo de Machado, quien en un texto leído ante las  Juventudes dijo que él no era marxista ni podía tener la visión del mundo materialista de los jóvenes comunistas, a los que admiraba por su valentía moral por cierto.

Si “Machado” solo perteneciera a ese momento perdería el Machado del “Retrato”. Aquel que dijo: 

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Los hombres al uso que saben su doctrina son estos de las consignas: los carceleros de poetas o de escritores a los que barren para su aprisco solo. Son estos que solo tienen un punto de vista y con él quieren medir a los demás. Estos que, si pudiera ser, encerrarían en su vaso el mar. Y si pudieran, también, encerrarían a Dante en la ideología güelfa, a Shakespeare en la isabelina, a Miguel Hernández en la estalinista (Miguel que volvió de su viaje a la URSS con una crítica sobre el estalinismo que allí le hubiera costado conocer el gulag), o, por referirme a dos autores santo y seña de dos ciudades como son Murcia y Cartagena: al pintor Ramón Gaya, y a Antonio Oliver Belmás (marido de Carmen Conde) en la ideología comunista o del Frente Popular porque ambos escribieron en "Nuestra lucha", el periódico del Partido. Ellos, igual que Antonio Machado, estaban comprometidos en esa coyuntura histórica con unas ideas pero su obra, su legado artístico y espiritual nos pertenece a todos los que amamos el arte, la literatura, el hacer camino al andar del espíritu humano. Más allá de lo que digan los carceleros ideológicos, seas tú de las ideas que te pete y tengas la condición que tengas, incluso aunque seas un miserable y no te reconozcan de la suprema clase, lee y ama a Machado, a Gaya, a Carmen Conde y a Antonio Oliver: al hacerlo ya muestras más afinidad con ellos y más derecho a llamarlos tuyos que quien se los apropia ilegítimamente, con violencia, simpleza, y casi siempre ruina y mezquidad.

Hace unos meses pasé a Soria a visitar el instituto y el aula donde dio clase Antonio Machado. 

Impresiona leer en uno de los documentos expuestos en el aula la petición hecha por el director del centro, y apoyada por los profesores, para que se llamara el centro con el nombre de Antonio Machado. Lo curioso es que tal petición dirigida al Gobierno fue hecha en pleno régimen franquista, a mitad de los años 60 del siglo pasado (antes se había acordado ya la creación de una cátedra Antonio Machado) y que el régimen del dictador aprobó que el instituto de Soria se denominara con el nombre de un republicano, y no de un republicano cualquiera, sino de uno de los intelectuales indiscutibles de la república y que había alentado con sus artículos la moral del frente y de la retaguardia republicanas; pero lo más curioso, y que expresa lo surreal de este país, es que el instituto de Soria tuviera el nombre de un profesor que ya ni siquiera lo era para el régimen franquista, y por no ser, ya ni era bachiller ni tenía título alguno reconocido por el régimen de Burgos. Curioso. Quien no se toma la molestia de ver más, suele ver corto y deformado, pero aun suele deformar y empequeñecer a otros. No podemos ponernos a un nivel más bajo aun que el de aquellos que son nuestros adversarios, so pena de que estos nos ganen por mano de mayor espíritu.
 
“El Claustro de profesores del Instituto General y Técnico de Soria en sesión ordinaria     del 7 de febrero de 1958, presidido por su Director, el Imo. Sr. Navarro, se ven en la obligación de honrar la memoria del gran poeta D. Antonio Machado Ruiz a cuyo fin proponen:
1º Dar el nombre del poeta a una de las aulas. 2º Colocar una vitrina en la misma con documentos originales o copias e iconografías. 3º Creación de una cátedra de A. Machado a cuya inauguración será invitado el gran poeta, Profesor que fue de este Instituto D. Gerardo Diego.”(2)
Así reza uno de los documentos expuestos en el aula Antonio Machado. En otro se da fe de que, en 1967, el instituto al fin fue denominado con el nombre del poeta, por orden del Boletín Oficial del Estado; y en otro, que a principios de los ochenta, ya con la Democracia, el ministro Federico Mayor Zaragoza rehabilitó al poeta en su condición de catedrático…¡cuando de facto hacía más de veinte años que Soria lo reconocía como su catedrático de honor y más de tres lustros que el centro llevaba oficialmente, en tiempos de silencio, el nombre del poeta! ¡Valerosos numantinos!


1. Ruiz Abellán, María Concepción: Cultura y ocio en una ciudad de retaguardia durante la guerra civil (Murcia, 1936-1939).  1993, Murcia, edición de la academia Alfonso X.


                                                                


                                                     Fulgencio Martínez, profesor de Filosofía

sábado, 16 de febrero de 2019

Elogio de la librería, a propósito de la presentación de "El laberinto de la tía Mara", de Ana Montero del Amo. Diario político y literario de FM... T2019/2

                                          
ELOGIO DE LA LIBRERÍA, A PROPÓSITO DE LA PRESENTACIÓN DE EL LABERINTO DE LA TÍA MARA, DE ANA MONTERO DEL AMO

                                                       

                                         Ana Montero del Amo
                                                             El laberinto de la tía Mara
                                                                http://anamonda.com

 
Definitivamente, cantaré para el hombre. Mañana, después, algún día nos oirán. Sí, poeta Blas de Otero. Definitivamente nos gusta la cultura, conforme cumplimos años no vamos teniendo remedio: nos gusta disfrutar el directo, el pequeño formato, la historia del instante y la emoción biológica, viva, de alimentarnos de palabras, ideas, comunicación. Y ahora, mire usted, mira tú, jovenzano, o usted más joven, ahora hemos descubierto que pueden ser compatibles la librería de toda la vida y la tienda global.

Ayer tarde en la librería Expolibro, de Diego Marín, en el centro de Murcia (si Teruel existe, Murcia resiste, pero eso es otra historia), al lado de la Facultad de Derecho asistí a la presentación del libro de relatos El laberinto de la tía Mara, de Ana Montero del Amo, quien había venido de Madrid para presentar su libro con la exquisita carta de presentación del escritor y poeta Soren Peñalver y de la periodista Beatriz Montero del Amo, hermana de la autora, Beatriz a quien muchos lectores ya conocen por sus colaboraciones con la revista Ágora y el Taller de Arte Gramático.

Mi sorpresa fue, en primer lugar, el espacio físico y humano: la librería, como el título de la película de Isabel Coixet: la librería, y por extensión, la ciudad; pues la librería era una metáfora de la ciudad, una pequeña ciudad amable y agradecida para vivir, donde podemos dar, de vez en cuando, un trago del bon vino del tiempo humanizado, no distraído en los quehaceres y naderías.

Por otro lado, el libro, la historia sencilla y humana de una familia a través de la "tía Mara", de la que Ana Montero del Amo nos leyó un pasaje que consiguió abrir la curiosidad de los oyentes hacia el resto de la narración. Las palabras anteriores de Beatriz Montero, en la presentación inicial del acto,  ya sugerían que el libro debía ser leído en la intimidad, en la "penumbra de una habitación", con ojos "ávidos de conocer, sin juzgar". 

Me parece esta última frase una acuñación, un lema magnífico de lo que debería ser toda lectura; más, si cabe, cuando el autor se desnuda en géneros tan íntimos como la poesía, o como en este tipo de relatos de autoficción, al que creo que pertenece el libro de Ana Montero del Amo (y, por lo que pude comentar posteriormente con la misma autora, así lo es en efecto), pues su historia es una indagación en la identidad personal y familiar, con mezcla de ficción y biografía, donde el lector puede participar en una búsqueda también personal y colectiva. (La literatura cumple así su vieja función de catarsis, tanto del creador como del receptor).

Y las palabras del joven milenario poeta y sabio presocrático griego, más breve, en dos palabras: Soren Peñalver. Nos habló Soren del amor, y de la caridad intelectual: del amor nos dijo que nunca fracasa, pues incluso cuando se pierde o se rompe nos lleva a preguntarnos si hemos sido dignos de él, y a mejorarnos por tanto; y de la caridad intelectual, esa virtud de la generosidad espiritual (para intercambiar palabras laicas y sagradas: adjetivos, espiritual o intelectual, que pueden referirse al mismo sujeto) nos dijo que buena dosis hay en este libro de Ana Montero del Amo, que posa su mirada con amor en todos los personajes y en las más humildes grandezas y debilidades humanas, para continuamente descifrarnos esta verdad honda: "Cuando acepto me comprometo, tomo mi responsabilidad. Ya no espero que nada ni nadie venga a hacer mi trabajo por mí. Soy el responsable de mi propia vida. Dejo de culpar  y responsabilizar a los demás o a las circunstancias, por lo tanto, dejo de juzgar." (p. 51).

El acto tuvo la pauta musical, en vivo y en directo, de Mar de fondo: una cantautora con una voz persuasiva, desgarrada por momentos, como al cantar la eterna pena del amor no correspondido. Mar de fondo actuó acompañada de guitarra y, sobre todo, de poesía y de sensibilidad, dones que notoriamente atesora la cantante.

Agradecido me siento por el "bonico" libro de Ana Montero del Amo; "bonico", ese elogio murciano tan cariñoso, citado por Soren Peñalver y por otros intervinientes en el coloquio que siguió a la lectura de la autora. Agradecido, cómo no, a la librería Diego Marín-Expolibro que mantiene el fuego en estos tiempos nublados (curiosamente, el libro presentado se imprimió y se distribuye por Amazon, lo cual no es óbice para ir a encontrar a sus lectores de carne y hueso en las impagables y tradicionales librerías).


Fulgencio Martínez

lunes, 4 de febrero de 2019

FERNANDO SAVATER. LA DIGNIDAD DE UN FILÓSOFO ANTE LOS BÁRBAROS. Savater en Imprescindibles


FERNANDO SAVATER. O LA DIGNIDAD DE UN FILÓSOFO ANTE LOS BÁRBAROS

El programa de televisión española "IMPRESCINDIBLES" emitió ayer noche una película-reportaje sobre Fernando Savater. Recomendamos vivamente el visionado de este programa.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-fernando-savater-ahora-pienso/4966678/

miércoles, 30 de enero de 2019

La lección de las dictaduras amigables. Diario político y literario de Fulgencio Martínez T2019/1



LA LECCIÓN DE LAS DICTADURAS AMIGABLES


Reanudamos el trabajo literario en este blog con la publicación de una nueva entrega del Diario político y literario de FM.


A los dictadores como Maduro, Chávez, Daniel Ortega o los Castro, siempre hay una pseudoizquierda dispuesta a justificarlos. Hay aquí tantas y tan distintas responsabilidades; no es igual la de quienes apoyaron y apoyan de forma cínica o vergonzante a estos tiranos, que la de aquellos simples comparsas que compraron la tóxica mercancía moral del comunismo populista. Los primeros, en nómina del tirano, deberían ser juzgados por aquellos que han sido víctimas de la tiranía y por los tribunales internacionales. Los segundos posiblemente fueron reos de un chantaje aunque en algún momento debieron abrir los ojos.

El nazismo tuvo su juicio de Núremberg pero el comunismo soviético, no. Después de que los valores fundamentales de la democracia y de los derechos humanos alcanzaran casi un consenso global, los regímenes que se basan en ideologías totalitarias han aprendido que no le es necesario el discurso moral para su supervivencia. Son los crasos éxitos en el terreno económico o su posición de fuerza en la geopolítica sus únicos bastiones. El franquismo, el comunismo estalinista, el nazismo intentaron hacerse fuertes jugando también esas bazas, al igual que hoy hacen el comunismo chino, el coreano del Norte o el nacionalismo ruso de Putin; con la diferencia de que aquellos viejos regímenes totalitarios del siglo XX pretendieron una legitimación moral y buscaron el espejuelo de una fuerza moral para hacer brillar su propaganda, mientras que los actuales no lo necesitan.

Durante los últimos tiempos algunos han vendido como reserva moral el espejismo de las dictaduras amigables en Latinoamérica. A medida que los regímenes totalitarios más triunfantes se acercaban al capitalismo, estas dictaduras en degradadante situación de desarrollo humano se presentaron como una fuerza moral para la democracia. Me interesa analizar este punto de absurdo teórico, mostrando al lector el caso “ejemplar” de un filósofo como Gianni Vattimo. Hacia el final de su libro Ecce comu (Paidós, Barcelona, 2009), Vattimo dedica un capítulo, titulado “El fantasma marxista”, a exponer su teoría sobre el comunismo como ideal regulativo de la democracia avanzada. Es bueno esgrimir aún ese “fantasma”, ya que se trata de abrir un frente de posibilidad, un espejo crítico, en el compacto discurso único de la legitimación del poder. Se trata, en suma, de recuperar las energías democráticas, de acuerdo con la idea de Unger de una “democracia de alta energía”. Piensa Vattimo que ante la falta de proyectos, la desmoralización y desmovilización democrática de nuestras sociedades, es necesario recuperar una energía moral y ello solo es posible mirando hacia adelante, hacia una democracia de alta energía (para este pensamiento mágico, querer es poder, y no hay tampoco trampa en argumentar en círculo). Esta propuesta de Unger, concluye Vattimo, es otra variante del ideal comunista. Así pues, queda rehabilitado el comunismo moral y teórico, y veremos aún adónde nos llevan las restantes conclusiones que extrae el filósofo italiano en el campo de la praxis y la teoría comunistas.

Ciertamente, hay que repensar de nuevo ese ideal desde esta propuesta para ver su posibilidad. Vattimo reconoce que existe, ante todo intento de cambio, un cortafuegos pequeño-burgués, un miedo, fomentado por el poder, que favorece la vuelta a opciones conservadores de seguridad; también ocurre que las iniciativas subversivas recaen pronto en lo práctico-inerte de Sartre. Todos estos razonamientos hacen que no vea Vattimo clara una evolución interna de la democracia hacia una democracia a lo Unger, de alta energía. Su propuesta de sociedad comunista, pues, la mantiene y le sigue pareciendo válida como acercamiento de un horizonte utópico con el que contrastar el presente alienado, cosificado y sin salida, que presenta la violencia del sistema como una violencia necesaria.

Y he aquí donde Vattimo dedica todo un capítulo titulado sin complejos El ejemplo latinoamericano a reflexionar sobre la mejor herencia comunista en el día de hoy. Este capítulo es quizá el menos feliz de Vattimo. Pese a su simpatía por los revolucionarios sinceros de Cuba, menos por el chavismo, Vattimo no advierte que esa “herencia” es negativa para la esperanza comunista. Deberían haberle hecho sonar alguna alarma los casos de pena de muerte, o de presos políticos (o de disidentes en huelga de hambre a los que se deja morir en una cárcel de Cuba).

Se olvida Vattimo de citar al régimen sandinista del comandante Ortega. El clientelismo, la corrupción de la familia de Ortega, el caciquismo en nombre de la revolución, es allí tan normal como el agua. En un reportaje sobre Nicaragua emitido por televisión española decía un campesino entrevistado: aquí no hay otro palo donde ahorcarse. Resignación. Estos regímenes se aprovechan de la misma dialéctica del Poder “imperialista” que oprime a los pueblos, para oprimir a su pueblo; además son toscos regímenes de nepotismo, caciquismo aldeano, corrupción, que ni siquiera, como en España, puede ser cuestionada, menos llevada a tribunales. En fin, quien nunca ha sido comunista (como dice Vattimo) y ahora lo es, no debería sentirse heredero de tal situación, de esos regímenes que corrompen y usan el comunismo para adecentar una dictadura personal: no hay diferencia entre el Tirano Banderas, que ya analizó Valle-Inclán, el tirano a veces simpático, personalista, pero sanguinario, y el tirano ahora con chancletas e ideas comunistas: los tiranos de ahora, como Maduro u Ortega.

            Pero, ¿hay en las ideas comunistas algo valioso traicionado por los dictadores revolucionarios?  Frente a los dictadores comunistas, ¿es posible también la subversión? Con cierto riesgo aventura Vattimo que si hay algo valioso en el “ejemplo” de las dictaduras latinoamericanas hay que encontrarlo en que, aunque sea solo como eslogan, han mantenido las palabras vivas del sentimiento comunista: el espíritu de rebeldía moral contra  la esclavitud, y el sentimiento de decencia moral que es sinónimo, para él, de un comunismo vivo.

            Tras preguntarse Vattimo si se puede hablar de "Democracia de alta energía" en la Venezuela de Chávez o la Cuba de Castro, concluye con esta advertencia: "Agitando el fantasma de las dictaduras y el populismo, los reformistas europeos liquidan estos ejemplos latinoamericanos. El comunismo reformulado debe tenerlos en cuenta, pues no son menos los peligros para la libertad en las democracias neocapitalistas". Si en algo hubiera que tomarlos en cuenta debería ser para aprender la lección y no caer en el chantaje de las dictaduras amigables.

                                               Fulgencio Martínez
                                          Profesor de filosofía y escritor